Hola a todos, lamento no haber podido publicar ayer, pero la parte buena es que ya estamos aquí y que con esta doble entrega terminamos esta historia.

DISCLAMER.- Todo lo que puedan reconocer le pertenece a J.K. Rowling, la Warner y no sé a quien más, yo solo escribo por diversión y sin ánimo de lucro. La estrofa del principio de la historia le pertenece al grupo Sylvania y la canción se llama No Sé Que Será De Mi.

Este trabajo está dedicado a Violette Moore.


OTRO LUGAR

por

Adrel Black


EL OTRO LUGAR

Sé que de nuevo ha de volver
a brillar esa luz en tu interior
Sé que las estrellas pondré,
la luna despertaré
para hacerte esta canción.

(No sé qué será de mí, Sylvania)

Abrí los ojos de golpe, la luz me cegó y tuve que cerrarlos de nuevo, las lágrimas me corrieron por las mejillas a causa del dolor que me causó.

Harry, Ron y un hombre al que reconocí como el medimago al que había amenazado estaban a los pies de mi cama hablando. Los tres hombres se quedaron callados por la sorpresa y me lanzaron miradas desconcertadas. Un revuelo de personas cruzaron frente a la puerta abierta que daba al pasillo hablando muy fuerte.

—Hermione. —Dijeron Ron y Harry al momento.

Despegué la vista de la puerta y me centré de nuevo en los rostros de mis amigos.

— ¿Que sucedió? —pregunté al mirarme vestida con una de las batas que usaban los pacientes de San Mungo y postrada en la cama.

—No podíamos despertarte.

— ¿Qué?

El sanador sin perder tiempo se había acercado a la cabecera y realizaba movimientos extraños con su varita mientras susurraba palabras y encantamientos uno tras otro. Quise decirle que se callara, pero no lo hice. No entendía qué pasaba, yo no estaba herida cuando llegué a San Mungo, tenía rasguños y moretones, pero nada serio. Incluso ahora no me sentía herida, solo adolorida por el tiempo que había pasado postrada, esa era mi suposición.

— ¿Cómo es que llegué aquí, Harry?

Harry parpadeó confundido, Ron hizo una mueca que no me pasó desapercibida y se apartó un paso de la cama.

—Trajiste al profesor Snape.

Sé que entorné los ojos, con confusión, recordaba eso, pero en este momento ya no sabía qué había sido real. Asentí.

—Luego la encontramos en las sillas que hay en el pasillo. Parecía desmayada —siguió diciendo el medimago.

— ¿Desmayada?

—Por decirlo de alguna manera.

—Disculpe, no comprendo —respondí.

—Ni nosotros —aclaró Harry.

Los tres miramos al hombre vestido de color lima en espera de alguna respuesta, pero este se encogió de hombros.

—No tiene ningún daño —murmuró mientras bajaba la varita. —No hay heridas y no puedo ver ningún golpe que haya provocado un daño a tal grado. Su cuerpo se ve resentido por la batalla, pero además de eso no hay nada.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Tres días —dijo Ron hablando por primera vez.

Los cuatro nos quedamos en silencio, las miradas de los tres hombres estaban clavadas en mí, de pronto recordé a Snape y sentí la añoranza de haberme quedado dormida, perdida, vagando con Snape por los terrenos del castillo.

Una mujer irrumpió de golpe en la habitación, los cuatro nos sobresaltamos.

—Augustus —se dirigió al medimago. —El Señor Snape despertó.

El hombre frunció el ceño, me lanzó una mirada y luego salió apresurado de la habitación, yo por mi parte tardé un tanto más en entender lo que aquellas palabras significaban. "El Señor Snape despertó"… "El Señor Snape Despertó".

—El Profesor Snape está vivo. —No lo estaba preguntando, de hecho no estaba diciéndoselo a nadie en particular, más que nada intentaba que mi propio cerebro entendiera. — ¿El Profesor Snape está vivo? —levanté la vista hacia mis amigos.

Harry y Ron se miraron.

—Lo medimagos lograron salvarlo, —dijo Harry parecía un tanto contrariado —pero no podían despertarlo.

—Tengo que verlo —me bajé de la cama.

—Hermione…

—No Hermione.

Ambos trataron de detenerme, no dudo que sus intenciones fueran buenas.

—Tengo que verlo, necesito verlo.

No dudo que entre ambos hubieran podido detenerme, pero una vez que Harry vio que no iba a calmarme me dejó salir.

Miré hacia ambos lados del pasillo intentando decidir hacia dónde debía de ir. A mi derecha puedo ver algunos medimagos saliendo apresurados de una habitación, me encamino hacia allí, desde la puerta puedo ver al Profesor Snape, el medimago al que la enfermera llamó Augustus le pasa la varita por el cuerpo tal y como ha hecho conmigo momentos antes, otro medimago sale de la habitación, me mira con curiosidad al toparse conmigo en la puerta pero no dice nada.

Snape se ve extraño con el cabello un poco revuelto y la bata verde lima, incluso a pesar de la distancia puedo ver la enorme cicatriz que le ha quedado en el cuello; es un amasijo de piel abultada y enrojecida que se ramifica hacia su cuello y su clavícula.

El hombre mira hacia el techo con expresión insondable, el medimago por su parte tararea, parece contento.

—Creí que no lo lograría —dice a Snape.

El Profesor desvía la vista hacia él, es entonces cuando me ve, aun de pie junto a la puerta; en un pensamiento incoherente pienso en cuál será mi aspecto, descalza, con la bata verde y el cabello revuelto. Siento un escalofrío; el medimago repara también en mi presencia.

—Apenas lo puedo creer —dice el hombre, mientras aun hace movimientos complicados con la varita —creí que ambos se morían y ahora los dos han despertado. ¿No es extraño? —Ninguno de nosotros responde, miro de nuevo al Profesor, su rostro sigue impertérrito.

—Augustus ¿no? —le pregunto al hombre.

—Sí. —Sonríe, —no pude presentarme mientras me apuntaba con su varita —es joven, tal vez un par de años mayor que yo, es extraño ver a alguien sonreír.

—Lamento eso —le digo. Con un gesto de su mano le quita importancia a mis palabras, luego suelto la pregunta que realmente quiero hacer — ¿Usted conoce a la Profesora McGonagall?

—Por supuesto —aclara —yo también fui a Hogwarts.

— ¿Ella está aquí?

—La Profesora McGonagall falleció, en Hogwarts —miro a Snape, sus ojos están clavados en los míos, no hay duda de que está pensando lo mismo que yo. —Lo lamento, pensé que usted lo sabría.

Niego con la cabeza sin decir más. En mi cabeza surge una avalancha de ideas sobre lo que pudo haber ocurrido.

— ¿Está usted bien? —Yo asiento —parece algo pálida, debería volver a su habitación, descansar.

La atmósfera ha cambiado de forma perceptible, el hombre que en un principio parecía rebosante de felicidad por que sus pacientes vuelven a la vida ahora se ve incómodo.

—Si pudiera permitirme hablar con el profesor Snape.

—Claro. Debo ver a otros pacientes —el hombre se dirige hacia la puerta, desde allí me dice —no se alteren, ninguno de los dos y debe volver a su habitación Señorita Granger.

—Por supuesto —contesto, Snape sigue en silencio.

Cierro la puerta tras el hombre de San Mungo y miro a mi Profesor. Tiene los ojos clavados en mí, pero no parece dispuesto a hablar. Se ha sentado en la cama con ayuda de un par de almohadas, tiene las manos cruzadas sobre el pecho y parece dispuesto a asesinar a cualquiera que le haga alguna pregunta; aun así me arriesgo.

— ¿Lo recuerda?

—Si Granger.

— ¿Cómo es que?... ¿Qué fue lo que ocurrió?

—Cómo voy a saberlo, Granger. —No respondo, obviamente él está tan perdido como yo. Me siento en la única silla de la habitación, justo al lado de su cama, ambos en silencio. Intento pensar en lo que ocurrió, pero estoy cansada, me sorprende un poco cuando escucho su voz decir: —creo que de alguna manera Albus y Minerva tuvieron algo que ver.

—Si —es una conjetura sin sentido, pero nada parece tenerlo. Lo único claro es que estuvimos juntos en otro lugar y que de alguna manera volvimos juntos. — ¿Recuerda todo? —Clavo la vista en el suelo.

—Si —responde él.

Luego ambos nos quedamos en silencio de nuevo.

.o.O.o.

Dado que mi cuerpo no presenta signos de heridas de ningún tipo soy dada de alta de San Mungo al día siguiente. La comunidad mágica está sumergida en un caos post-guerra que hace que todo sea inusual, aquí y allá se puede ver a gente reconstruyendo, buscando familiares que se perdieron o que tuvieron que huir durante los meses en que Voldemort se hizo con el poder del Ministerio.

Ron pasa mucho tiempo con su familia, más que nada ayudando a George en Sortilegios Weasley.

Harry por su parte se ha unido a las brigadas organizadas por la Oficina de Aurores en la búsqueda de los mortífagos que huyeron en desbandada al ver caer al Señor Tenebroso.

Yo por mi parte me encuentro sola, pensé por algún momento traer a mis padres de vuelta, pero parece egoísta, en este año ellos han construido una vida nueva, incluso, por lo que logré averiguar han estado hablando de adoptar hijos. No puedo hacerles eso.

Es así como mis pasos me llevan una y otra vez a San Mungo, hasta la habitación del Profesor Snape. En los primeros días él pasaba muchas horas dormido, pero ahora su salud ha mejorado, le he acercado algunos libros sobre pociones y sobre maldiciones, pasamos mucho del tiempo leyendo, cada uno por su cuenta. Aun así agradezco que él no me eche de su compañía.

—Ayer por la tarde —dice de pronto interrumpiendo mi lectura y la suya —luego de que usted se había ido Shacklebolt estuvo aquí.

La inocencia o culpabilidad de Severus Snape es uno de los temas más discutidos de la comunidad mágica, hay quienes claman por que sea enviado a Azkabán junto con los mortífagos que sobrevivieron; por otro lado, hay quienes le llaman héroe y piden que se le restituya en su puesto de Director de Hogwarts.

Su principal defensor es por supuesto Harry Potter que se empeña a decirle a cualquiera que le preste atención que Snape fue el motivo por el que ganaron la guerra.

— ¿Le trajo noticias? —pregunto.

—Me han absuelto —dice sin ningún tipo de entonación —me devolverán mi lugar en Hogwarts.

—Eso es estupendo —le sonrió estoy tentada a tocar su mejilla, pero no hemos hablado sobre lo que ocurrió allá, en el otro lugar, aprieto la mano y sigo hablando —de momento nadie se está haciendo cargo de Hogwarts, la mayoría de las personas están ocupadas con sus propios hogares y el castillo está… destruido.

Él asiente, por un instante creo que dirá algo más, pero al final vuelve la vista a su libro y después de un momento yo hago lo mismo.

.o.O.o.

Esto se ha vuelto una especie de rutina, cada día aparezco en la recepción, camino hasta la habitación de Snape, como en la cafetería de San Mungo y vuelvo junto a él, luego cuando la noche ya está avanzada salgo por la entrada muggle y detengo el autobús noctámbulo para que me lleve rumbo al Caldero Chorreante.

Podría solo aparecer y desaparecer, pero Augustus me ha dicho que la aparición podría ser demasiado demandante y que debo descansar, así que una aparición al día y un paseo en el autobús noctámbulo.

Camino hasta el pasillo que ya conozco, pero al ver la habitación vacía me quedo parada de golpe en el dintel de la puerta. Una enfermera de uniforme verde hace la cama y con la varita pone orden a su alrededor.

—Disculpe —digo llamando su atención, ella se vuelve — ¿el Profesor Snape?

—El medimago Augustus le ha dado de alta. Acaba de irse, querida.

Siento un vacío, asiento y me doy media vuelta. El estómago se me revuelve, tengo una sensación difícil de describir, algo que está justo a la mitad entre la tristeza y el enfado.

Nunca debí hacerme demasiadas ilusiones de que él me estaba aceptando en su vida solo porque había permitido que estuviera con él en su convalecencia. Aun así la sensación de enfado me invade, que cobarde de su parte simplemente desaparecer.

Empiezo a caminar hacia la salida, ahora creo que voy a la deriva, Snape era lo único que me quedaba, dejé ir el resto por estar junto a él y ahora él ha seguido adelante y yo me quedé sola.

Sigo andando rumbo a la salida abro la puerta mágica y aparezco en una calle de Londres, junto a un aparador con la varita en la mano lista para pedir el autobús, aunque solo sea por costumbre; Snape está de pie junto al aparador.

—Nunca me dijo como llegaba aquí —aclara —solo me dijo que se iba en el autobús, sabía que tendría que pasar por aquí en algún momento. —Las palabras no me salen, no entiendo lo que pasa así que él continúa. —Tenía que devolverle sus libros —me entrega los tres últimos libros que traje y dice: —Creyó que me iría así… sin más.

—Si —respondo.

Él asiente.

—Iré a Hogwarts —continúa —alguien tiene que empezar la reconstrucción y Shacklebolt me ha nombrado Director Provisional, al menos hasta que podamos abrir un nuevo curso.

—Eso es maravilloso Profesor Snape.

—Sabe Señorita Granger —parece un poco contrariado sobre cómo continuar —es discreción del Director nombrar a los profesores y Minerva siempre alababa sus aptitudes para las transformaciones. —Pienso hacia donde se dirige esa conversación y me obligo a no tener expectativas —tal vez usted quisiera volver a Hogwarts alguna vez, —me mira y el corazón me late en el estómago — la vacante que Minerva McGonagall dejó es suya, al menos mientras yo sea el Director.

Suelto el aire contenido, no hay ningún otro lugar al que quisiera ir con más ahínco que Hogwarts.

—Piénselo —murmura él al ver que yo no respondo, quizás el piense que no quiero, pero la verdad es que las palabras no salen de mi boca —yo voy hacia allá y puede encontrarme ahí si toma la decisión de intentar enseñar a un montón de críos ineptos —no puedo evitar reír.

—Yo… es lo que más quiero, es el único lugar al que quiero ir —le digo.

—En ese caso, puede presentarse a su puesto lo antes posible, hay mucho trabajo por hacer.

—Puedo ir ahora mismo —respondo y las palabras suenan un poco a pregunta.

—Por supuesto —luego parece pensarlo mejor y aclara —aunque… he hablado con algunos de los profesores y están dispuestos ayudar… dentro de algún tiempo, la mayoría desean estar con sus familias ahora, y solo yo estaré en Hogwarts —sonrío aún más, lo dice como si aquello fuera a desalentarme.

Está tan cerca, ruego porque mis actos no tiren por la borda lo poco que hay entre nosotros, acaricio su mejilla con sencillez, esperando una reacción, él me mira, no dice nada pero no se aleja.

— ¿Recuerda allá en el otro lugar? —Asiento —dijo que me quería —asiento de nuevo, mi mano sigue en su mejilla, la cicatriz de su herida está casi cubierta por el cuello de su levita, aun así algunas ramificaciones de tono escarlata son visibles.

—Lo hago, —digo —le quiero, desde aquel día en que llevo mi carta.

—Lo recuerdo —dice y continúa: —me salvó la vida. Ese día en que estaba tan devastado y siendo un niña me abrazó, luego en la casa de los gritos cuando todos se habían rendido y usted fue por mí y en el otro lugar estoy seguro que usted me trajo de vuelta, estoy seguro que yo me estaba yendo junto a Albus y Minerva y usted me arrastró de nuevo hasta esta vida.

No puedo evitarlo, me acerco y le abrazo, porque le quiero, porque no quiero dejarlo, porque no quiero que se rinda, porque no quiero que le hagan más daño, le abrazo porque aunque el sentimiento no sea mutuo el mío es demasiado.

Sus manos pasan por mi espalda y me arrebujan en su capa.

—Hogwarts parece un buen lugar para comenzar a reconstruir.

Siento que habla de sí mismo más que del castillo y aunque intento no hacerle espacio a las esperanzas éstas nacen en mi pecho y su abrazo apretado y su capa que nos cubre a los dos de los vientos fríos de Londres evita que las esperanzas escapen.


En teoría este debería de ser el final, pero vamos por un pequeño epílogo.

Adrel