Desclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento. *ATENCIÓN! Este capítulo está especialmente dedicado para Jupy, quien fue el primer review de esta historia, miles de gracias hermosa, aquí está lo prometido*
"Y sonreía, como si temiera lastimar con sus palabras" Ángeles Mastretta.
Cap.2
Mudanza.
Revolví de nuevo los huevos en el sartén, cuidando que las tostadas no se quemaran, la cafetera sonó avisando que el café estaba listo, serví un poco de jugo que había exprimido en dos vasos, puse un poco de tocino y también lo freí, escuché cómo se abría la puerta principal y me volteé para ver a una muy feliz Alice entrando por la puerta.
—Al, tú ya no vives aquí, debes tocar como todo el mundo— le dije medio serio, luchando porque no descubriera mi broma, ella sólo me sacó la lengua y dejó su abrigo en el perchero de la entrada, llevaba varias bolsas con ella.
—Oh, has hecho el desayuno—dijo con voz ilusionada, me encogí de hombros y le pasé una taza con café humeante.
— ¿Huevos? — le pregunté sirviéndolos.
—Y jugo de naranja, por favor— dijo sonriente y recargándose en la isla de la cocina.
— ¿A qué has venido? — le pregunté tomando un poco de café, ella prácticamente devoraba su comida.
—Dios, amo a Jazz con toda mi vida pero nunca podrá preparar un desayuno tan delicioso como tú— yo me reí y negué, ella tragó su comida y continuó — He venido porque yo tengo las llaves de Bella, como te habrás dado cuenta— asentí y volví para dejar mi taza en el fregadero.
El intercomunicador sonó y corrí a contestar.
— ¿Sí?
—Soy yo— dijo Bella simplemente, apreté el botón para abrir y momentos después ella tocó la puerta.
—Hola— la saludé con un poco más de entusiasmo del común a lo que ella sonrió, llevaba un abrigo azul eléctrico que le quedaba bastante bien, con su cabello recogido en una coleta alta y la piel como siempre blanca.
—Qué tal Edward, he traído mis cosas, no son muchas claro— dijo un tanto apenada y sonrojándose levemente, tan distraído estaba con sus mejillas que no me di cuenta que ella seguía afuera, congelándose, hasta que llegó Alice.
—Edward, la pobre Bella está afuera y tú estás aquí parado como un tonto, quítate— me empujó, con una fuerza que no se adivinaría en una chica tan pequeña como lo era mi hermana. — ¡Bella! — saltó mi hermana sobre ella, abrazándola.
—Hola, Alice— sonrió y le respondió el abrazo ligeramente, noté que hizo una mueca y tuve que intervenir.
—Bien, Al, será mejor que dejes entrar a Bella— ella la soltó y ambas entraron, algo extraño había sentido cuando pronuncie su nombre, como cierta satisfacción.
—He contratado un camión para mis cosas— nos informó, fue cuando reaccione y volví a abrir la puerta.
—Es cierto, será mejor que bajemos a ayudar.
Bajamos por el ascensor del edificio en el que se encontraba el apartamento, el edificio no era de más de tres apartamentos, el mío, o más bien el nuestro, quedaba en la segunda planta.
Afuera se encontraban dos hombres de mediana edad, se veían un poco cansados pero no fueron groseros en ningún momento, dejaron un escritorio de madera caoba, un librero bastante grande y la cabecera de una cama, por suerte Alice había dejado su colchón en nuestro apartamento, entre Alice, Bella y yo subimos sus cajas, tenía al menos unas cuatro cajas llenas de libros y las otras dos que llevaba apenas si tenían ropa, lo cual molestó muchísimo a mi hermana.
Alice había sido muy amable de pasar su tarde ayudándonos a instalar, desempacar y acomodar todo la habitación de Bella, pero igual había sido mucho trabajo, sobre todo con sus libros, tenía muchísimos.
—De verdad Bella, eres extraña, ¿Cómo puede un chica, o en realidad cualquier persona, tener sólo dos cajas de ropa y zapatos? — chilló mi hermana, una vez estuvimos todos en la sala descansando un poco.
—Bueno, tuve que deshacerme de mucha ropa hace tiempo— dijo ella, sin mostrar ningún sentimiento aparente.
—Deberíamos ir…— pero antes de que mi hermana terminara Bella la cortó.
—No digas la palabra compras, detesto ir — ella se veía tan seria y triste cuando lo dijo que me molesté mucho con mi hermana.
—Alice, creo que ya debes irte.
—Pero, Edward— la corté y negué, ella sólo bufó pero se levantó, tomó su abrigo y se dispuso a irse.
—Alice— la llamó Bella desde su lugar en el diván.
—Dime, Bella— dijo falsamente seria, yo conocía a mi hermana así que sólo bufé por su mala actuación.
—No estás molesta, ¿cierto? — ¿¡Qué!? Alice sonrió con suficiencia y se acercó a ella, yo sólo las veía, estupefacto de que Bella se hubiera creído la treta de mi hermana.
—Me sentí un poco lastimada Bella, pero por culpa de mi hermano, no has hecho nada malo— la reconfortó.
—Me alegro— dijo simplemente, relajada y sonriéndole.
—Adiós, monstruo— se despidió de mí, dándome un beso y saltando fuera del apartamento.
—Ella es especial— dijo Bella, refiriéndose al demonio de mi hermana.
—Yo diría que está loca, pero especial también funciona— dije en broma, ella sonrió pero pronto su sonrisa decayó.
—Bella… ¿Te encuentras bien?
—Estoy un poco cansada por empacar y desempacar todo, pero estoy bien, gracias— me dijo sonriendo.
—Quizás quieras algo de comer— le dije tratando de animarla.
— ¿Tú cocinas? —me preguntó escéptica, me hice el falso ofendido y me volteé justo como lo había hecho Alice.
—Vamos Edward, lo siento, anda, ciérrame la boca y prepara algo para comer.
—Bien, acompáñame— ella se levantó aunque estuvo a punto de caer, por instinto quise sostenerla pero ella se sujetó de la cabecera del diván.
—Creo que me levanté muy rápido, vamos— me alentó y siguió a la cocina.
Saqué varias cosas de la nevera, un poco de carne, unas verduras y de la alacena un poco de pasta.
— ¿En qué puedo ayudar? — me preguntó viendo a todas las cosas que había sobre la cocina.
—Olvídalo, yo haré la cena, tú descuida.
—Bueno, quería asegurarme de que sobreviviéramos esta noche— bromeó nuevamente, provocando que riera también.
Cuando terminé de preparar la cena ambos nos sentamos para poder charlar mucho mejor y conocernos, algo que realmente quería hacer desde que la había visto atravesar la puerta del lugar.
—Bien, me gustaría conocer un poco más sobre ti, Bella, ya sabes, sólo para saber que no eres ninguna psicótica o una asesina a sueldo— ella rió y tomó un poco de soda.
—Bueno, no sé, ¿Hay alguien a quien quieras quitar de tu camino? — dijo siguiéndome el juego.
—No, en absoluto.
—Entonces no soy una asesina a sueldo, por lo otro, bueno ya sabes, mientras tome mis medicinas todo está bien— reí con ganas, hacía tanto tiempo que no pasaba una noche tan relajada, básicamente desde que había entrado a la facultad de medicina y mis hermanos habían hecho sus relaciones mucho más serias.
—Vamos, Edward, mejor cuéntame sobre ti, seguro tienes una vida emocionante— me dijo entusiasta.
—Yo no diría eso, trabajo en un hospital más horas de las que duermo, toco un poco el piano y ya sabes — le dije encogiéndome de hombros, restándole importancia— Paso el tiempo con la loca de mi hermana, mi hermano Emmett y mis amigos, que casualmente son el prometido de Al y la esposa de Emmett.
—Vaya, suena realmente aburrido— yo reí y asentí, era la pura verdad pero ella lo había dicho como si fuera una broma.
— ¿Qué hay de ti?
—Mis padres viven en Forks, un pequeño pueblo de Washington, hace pocos meses vivía en Seattle, pero después decidí mudarme aquí, trabajo en una editorial— dijo como si no fuera nada.
— ¿Te gusta escribir? — por la cantidad de libros que había traído con ella era más que obvio que le gustaba leer.
—Lo hago desde que tengo uso de razón, solía contarle cuantos para dormir a los niños del preescolar de mi madre cuando yo tenía unos seis o siete años— me contó con ojos brillantes y una tímida sonrisa.
—Vaya, eso sí que suena impresionante— le dije de todo corazón.
—Bueno, no tanto como ser médico.
—Eso es lo que todos creen, pero tampoco es la gran cosa— traté de quitarle importancia pero ella me miró mal.
—Edward, en tus manos podrías tener la vida de una persona, salvarla, darle la posibilidad de pasar una navidad más con su familia, de ascender en su trabajo, de que pueda enamorarse, casarse y tener hijos, que los vea crecer, llorar la muerte de sus padres y no al revés, tener nietos, morir cuando es viejo y no por una estúpida enfermedad— sus ojos estaban cristalinos y le temblaba el labio, claramente estaba pensando en algo que yo desconocía, pero regresó de lo profundo de su mente y se aclaró la voz. — Claro que es la gran cosa— me espetó molesta.
—Claro que sí— le dije, no queriendo que se volviera a molestar, al ver mi rostro sonrió con arrepentimiento.
—Lo siento, a veces me pierdo y no sé ni lo digo, debe ser el cansancio, será mejor que me vaya a dormir— se levantó y se dirigió hacia el fregadero, antes de que comenzara a limpiar su plato la detuve.
—Descuida yo lo haré.
—Pero tú has preparado la cena— me dijo como debatiéndose entre dejarme lavar la vajilla o no.
—Y tú has tenido un día muy largo, no te preocupes, no me molesta— la vi fijamente, desde que había llegado había querido hacerlo, pero no me tenía el valor para hacerlo, sin embargo ahora con la corta distancia que nos separaba se me hacía algo muy fácil de hacer, ella apartó su mirada más rápido de lo que hubiera querido.
—Bien, pero mañana yo haré la cena y lavaré la vajilla, ¿de acuerdo? — dijo firmemente.
—Sí, capitán— le dije haciendo un saludo militar, recordando cuando de pequeños Jasper, Emmett y yo jugábamos a los soldados, por supuesto Jasper siempre era el general.
—Bien, y no olvide guardar los restos de la cena, descanse soldado— me dijo ella en tono de soldado también e imitando mi saludo— Hasta mañana, Edward— me dijo tomándome totalmente desprevenido y plantando un beso en mi mejilla, pude ver cómo se había sonrojado débilmente pero salió disparada hacia su habitación.
Como todo un adolescente coloqué mi mano en mi mejilla y la dejé descansar ahí por un buen rato, hasta que sentí que el cosquilleo que el beso de Bella había dejado desaparecía, sacudiendo la cabeza tomé los platos y los fregué todos, no tenía sentido cargar el lavavajillas de todos modos, terminé mi labor y me dirigí hacia mi habitación, pero antes de poder entrar me quedé observando detenidamente a la habitación de mi nueva compañera, no entendía nada de lo que estaba pasando, pero estaba convencido de no podía ser malo, en absoluto.
Me desperté con el olor de panqueques y café, la última vez que había despertado con un olor similar proveniente de la cocina yo aun vivía con mis padres.
Salí de debajo de las sabanas de mi cama como si tuviera un resorte, debía agradecer la calefacción o mis pies se habrían congelado con el frio del piso, aun así debía recordar aumentar unos cuantos grados al termostato, y pronto.
—Buenos días— me saludó una sonriente Bella, envuelta en un enorme suéter de lana, sí, definitivamente debía aumentar unos grados.
—Buenos días, Bella, eso huele delicioso— le dije señalando a lo que cocinaba.
—Me alegro, hace tiempo que no preparo panqueques y temía que fueran un desastre— me dijo nerviosa.
—Pues, créeme, se ven geniales. — ella sonrió y sirvió varios en un amplio plato, bañándolos con miel.
Pasé a su lado y tomé dos tazas para servir un poco de café, pero antes de servir la segunda ella me detuvo.
—Lo siento, pero yo no tomo café.
— ¿Qué? Todo el mundo toma café— le dije desconcertado.
—Lo sé— dijo sonriendo levemente, pero no agregó nada, tomé un vaso y serví en él un poco de leche, ella sólo asintió.
Tomamos nuestros platos y nos sentamos a tener un relajado desayuno.
— ¿Dormiste bien?
—Bastante bien, gracias, debo confesarte que nunca se me ha dado muy bien eso de dormir en lugares extraños, peor este lugar tiene algo…no sé, me relaja— dijo alzándose de hombros.
—Me alegro— fue todo lo que pude decir, a diferencia de ella yo apenas había podido pegar el ojo, me sentía inquieto con ella al otro lado de mi habitación, preguntándome si ella estaba bien o si necesitaría algo, pero al parecer había dormido de lo mejor.
—Parece que tú no dormiste muy bien— afirmó, notando las ojeras bajo mis ojos.
—No pude evitar quedarme pensando en lo que dijiste sobre el ser médico, creo que no había valorado realmente mi trabajo hasta que dijiste todo eso, sobre la vida de una persona— le dije más para no confesarle que su presencia me había puesto…nervioso.
—Fui grosera, lo lamento — se disculpó, yo negué.
—Sólo me dijiste la verdad, me abriste los ojos, gracias Bella — ella se sonrojó y cubrió su cara con su cabello, el resto del desayuno lo pasamos en silencio.
Mientras fregábamos los trastes, después de una discusión sobre quien lo haría, se me ocurrió algo.
— ¿Qué planes tienes para hoy, Bella? — le pregunté cómo no queriendo la cosa, ella pensó un momento y después se tensó levemente.
—Tengo algo que hacer— fue todo lo que dijo, dejo escurriendo los trastes ahora limpios, se secó las manos y salió de la cocina, dejándome ahí parado, sin saber qué hacer o decir.
Me tomó unos poco minutos más despertar de mi estupefacción y salir de la cocina, ¿Había hecho algo malo?, era la pregunta del millón, me senté en el sofá más cercano y encendí la televisión, comencé a cambiar los canales distraídamente, más atento a los leves sonidos que salían de la habitación de Bella que de lo que pasaba en la pantalla, veinte minutos después ella salió, completamente cambiada, con su abrigo blanco cubriéndola y con el cabello atado en un apretado moño.
Traté de que no notara que había estado espiándola a la distancia y me concentré en la televisión, ella se aclaró la garganta y me miró con ojos tristes.
—Edward, lamento haber sido tan descortés hace rato — dijo bajando la mirada.
—Bella— la llamé, tenía muchas más ganas de levantarme y volver a verla directo a los ojos como ayer en la noche, pero me resistí y esperé a que levantara su rostro, cuando lo hizo sus ojos ya no brillaban por las lágrimas pero seguían tristes.
—Fui un poco metiche, no es tu culpa, todo está bien, ¿de acuerdo?— ella asintió y sonrió levemente.
—Debo salir, te veré en la noche— estuve a punto de ofrecerme a llevarla donde fuera pero me callé y sólo asentí, se despidió a lo lejos de mí y salió del apartamento, en cuanto se fue la inquietud desapareció, pero dejó un leve toque de vacío en el lugar, definitivamente me estaba volviendo loco, sólo conocía a una persona que era capaz de calmar la agitación en mi interior, busqué mi celular y marqué el número dos de mi línea directa, al segundo tono contestó.
—Hola cariño, es bueno escuchar de ti— me saludó mi madre al otro lado de la bocina.
—No es como si no te hubiera llamado el miércoles pasado, mamá— ella rió pues era cierto.
—Bien, tienes un punto, ¿Estás bien? — preguntó ahora preocupada.
— ¿Debe haber una emergencia para llamar a mi madre? — pregunté falsamente indignado, ella bufó y rió.
—Por lo general, cariño— yo reí aunque me sentí un poco culpable, pues sí había una emergencia, una emergencia mental.
—Te espero en media hora— fue lo único que dijo mi madre en respuesta de mi silencio, rayos, mi madre era buena.
—Te veré en media hora, mamá— terminé la llamada y corrí a mi habitación para cambiarme, me puse unos pantalones cualquiera y una camisa blanca, tomé una sudadera y una chamarra negra, pues hacía bastante frío afuera, mi cabello era indomable como siempre así que tampoco le vi mucho caso rasurarme, después de todo hoy era domingo, tomé unas gafas negras, aunque no había mucho sol igual me las coloqué, tomé mi cartera, mi celular, mis llaves y salí rumbo a la casa de mis padres.
Uno, dos, tres, probando, Hola, qué tal, ¿Cómo les va en este frío (por lo menos por aquí donde yo vivo hace mucho frío) viernes por la noche? Yo estoy muy, muy, extremadamente, triste, la verdad es que odio el frío y la lluvia (mucho más que Bella lo hace) añadiendo que mis vacaciones ya se acercan y mi viaje planeado se canceló, no tengo nada que hacer en la escuela y mis amigas del alma no podrán estar conmigo hasta dentro de varias semanas todavía, así que me dije "Andy, tú sí tienes algo que hacer, no te deprimas y levántate a actualizar tus historias". Por el momento sólo actualizaré ésta, lo siento de verdad, pero como dije en el capítulo pasado, ya está terminado, sólo tengo que revisar y corregir y subir la historia, si ustedes quieren por supuesto, estaré actualizando pronto mi perfil y así podrán encontrar mi Facebook y mi Twitter donde podrán ponerse en contacto conmigo siempre que quieran, no tengo más que decir sólo que espero que les agrade el capítulo y nos estamos viendo pronto, un enorme abrazo desde aquí (donde escribo) hasta ustedes (donde me leen) LAS AMO, An.
