Desclaimer: Los personajes pertenecen única y exclusivamente a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento. *LEER NOTA*


"Una mujer se vuelve mágica cuando las circunstancias la obligan a hacer magia".- Xavier Velasco

Cap.3

Medianoche.

— ¡Cariño! — me saludó efusivamente mi madre tan pronto me tuvo frente a ella en la entrada de su casa.

—También te he extrañado, mamá— la piqué un poco, ella me soltó para darme un ligero coscorrón, nada que no mereciera.

—Tu padre está adentro— me dijo mi madre, colgándose de mi brazo y entrando conmigo a la gran mansión blanca.

Era increíble cómo a pesar del paso de los años aquella casa seguía idéntica, como si el tiempo no la tocara, los muebles, los colores, las fotografías, éstas últimas habían ido aumentando con el paso de los años, pero las mismas de mis hermanos y yo de bebés seguían en su lugar, como si nunca las removieran, el inconfundible aroma de las flores de Esme y la música proveniente del despacho de mi padre.

—Pensé que hoy trabajaba— le dije distraídamente.

—Tiene el día porque cubrió a un doctor unos días antes.

—Ah— fue lo único que pude decirle, entramos a la sala de la casa y nos sentamos en los amplios sillones que habían, la casa mi mis padre siempre me había parecido acogedora, un lugar en el que me podía refugiar y encontrar tranquilidad, pero hoy, por alguna razón no me hacía sentir como en casa.

— ¿Qué te ocurre, cielo? — me preguntó mi madre, Esme siempre había sido perspicaz cuando se trataba de sus hijos, pero conmigo, parecía como si pudiera leerme la mente.

—Mamá no sé qué me pasa, quizás esté resfriado.

—Has estado trabajando demasiado, cariño, recuerdo cuando tu padre lo hacía, el pobre apenas si podía verme— dijo con pena, seguro recordando su época de novios.

— ¿Qué crees que deba hacer? — le pregunté esperanzado, ella siempre había sabido darme una respuesta correcta.

—Quizás deberías empezar a buscar a alguien más con quién compartir tu tiempo, ya sabes, dejar un poco el trabajo y salir— me dijo sonriendo divertida.

— ¿Estás insinuando que debo buscarme una novia? — pregunté entre divertido y escéptico.

—No lo insinúo, cariño, insinuar es de chismoso, yo te lo estoy sugiriendo, mira a tus hermanos, Emmett va a hacer casi un año de casado con Rosalie y Alice se ha comprometido— me recordó.

—Es diferente, ellos se conocen desde que tenían pañales— le recordé a mi vez.

—El que ellos hayan encontrado al amor de sus vidas en frente de su casa no significa que tú no puedas hacerlo.

—No lo sé mamá, además ellos ya tienen su especialidad, a mí aun me falta un poco para terminar mi residencia en el hospital.

—No te estoy diciendo que te comprometas y te cases con tu vecina, cariño, sólo te estoy diciendo que salgas un poco más, conozcas a más personas, por favor Edward, estamos en Nueva York, no creo que no puedas encontrar entre todo este mundo de gente a una persona que por lo menos te atraiga— me reprendió.

—Hace tanto tiempo de la última vez que salí, que ya ni sé cómo es que alguien te atraiga, mamá— le dije escondiendo mi rostro entre mis manos, con pena, mi madre me acarició el cabello y la espalda.

—Edward, mi cielo, no te avergüences, tu padre era igual cuando lo conocí, tendría unos veinte años y él empezaba en la facultad de medicina, tu tío Eleazar tuvo que forzarlo a ir con él a un club una noche— dijo mi madre recordando.

—Mamá, conozco su historia no tienes que…

—Pues parece que debo recordártela para que entiendas, no me interrumpas y escucha— ahora sabía de dónde había sacado Alice semejante carácter.

—Yo trabajaba como mesera en ese club, pero no quería atender su mesa, así que mi amiga Carmen y yo intercambiamos mesa, en lugar de atender a tu padre atendí a unos tipos que sólo querían ir a causar problemas, Carmen había quedado prendada de Eleazar desde el primer momento, pero cuando se dio cuenta que me estaban molestando no dudo en ir a ayudarme, como Eleazar también se había quedado fascinado con ella corrió a ayudarla, pero no Carlisle, él no sabía qué podía hacer, así que sólo se quedó ahí sentado, cuando se dio cuenta que ni Carmen ni Eleazar podían hacer mucho se armó de valor y se acercó.

—La rodeé por la cintura y me la llevé conmigo, así de sencillo— terminó de decir mi padre quien llegaba en ese momento, sentándose junto a mi madre, verlos sonriéndose me conmovió, ambos perdidos en sus recuerdos, Esme con su cabello caramelo hasta los hombros, su piel blanca y sus ojos verdes como los míos, Carlisle con su cabello rubio, su piel igual de blanca y los ojos azules como los de mis hermanos, sin duda ellos combinaban a la perfección.

—Papá, mamá— los llamé una vez me di cuenta que no saldrían de su trance por sí solos.

—Lo siento, hijo, es inevitable— sonrió mi padre, abrazando a mi mamá por la cintura.

—El caso es, cariño, que tu padre tampoco sabía qué hacer, sólo siguió su instinto, lo que le dictaba la razón, cuando menos lo pensó él y yo ya estábamos saliendo— ambos rieron y yo los acompañé.

—Escucha a tu madre, hijo, ella sabe lo que dice— me aconsejó mi padre, sabiendo que no podría haber mejor persona para confiar que Esme Cullen.

—Ambos tienen razón, gracias, mamá— la abracé afectuosamente. — Y gracias, papá, no pudiste haber elegido a una mejor madre para tus hijos— él sonrió y asintió, a él también lo abracé y prometí visitarlos más seguido, salí del lugar con más ánimos que con los que había llegado.

Subí a mi auto y conduje de regreso a mi apartamento, sabía que necesitaba hacer un cambio en mi vida, salir y buscar a esa persona con la que pasaría mi vida entera, sólo esperaba que ella me estuviera esperando a mí.

Al llegar a mi casa el olor a pizza y chocolate me pegó fuerte, incluso sin abrir la puerta, risas detrás de ella también se llegaban a escuchar, decidí dejarme de especulaciones y abrí la puerta.

Me quedé de piedra al encontrar a mis amigos y hermanos conversando animadamente entre ellos, ¿Cómo rayos habían entrado a mi casa? ¿No se suponía que Alice me había entregado su llave? Tan pronto como mis preguntas se realizaron fueron contestadas, una muy sonriente Bella regresaba de la cocina junto con Alice.

— ¡Al fin llegas! — me recriminó Emmett, quien estaba sentado junto con Rosalie y Jasper.

— ¿Qué está pasando?

— ¿Qué crees que está pasando, tontito? Como siempre nos dejas plantados cuando hacemos planes, le pregunté a Bella si había problema en reunirnos aquí y a ella, a diferencia de ti, le pareció una grandiosa idea— me aclaró Alice, sentándose en las piernas de su prometido, quien devoraba un gran trozo de pizza casera.

—Espero que no te moleste — me dijo Bella, sonrojada.

—No hay problema— le dije tranquilizándola, digo, me hubiera molestado antes de esta tarde, pero Esme tenía razón, debía dejar de evitar a la gente y relajarme.

Tomé un pedazo de pizza y me senté en el diván, junto a Bella, ya que Emmett y Rosalie abarcaban todo el sillón de tres plazas y Alice junto con Jasper se habían apropiado del sillón de dos plazas.

—La pizza está deliciosa— concedí una vez me tragué mi primer pedazo, sí me lo tragué, creo que apenas si lo mastiqué.

—Bella la hizo, hombre es una gran cocinera, creo que se ha robado una parte de mi corazón— concedió Emmett, ganándose una mala mirada por parte de Rosalie.

—Claro que tú siempre tendrás mi alma, bebé—la reconfortó él, ella alisó su ceño y se quedo contenta.

— ¿Por qué querías esconder a Bella solo para ti, eh, Edward? — me preguntó Rosalie, molestándome, rayos, ella no podía ser más perfecta para Emmett.

—Quizás yo era quien me estaba escondiendo de ustedes, Rose— me defendió Bella, aunque estaba sonrojada no quitaba su mirada de la de Rosalie, ella la miró mal por haber arruinado su broma pero después sonrió y le guiño el ojo.

—Demonios, esta chica me agrada— dijo Rose, todos rieron, incluyéndome y le devolví una sonrisa agradecida a Bella por haberme salvado, cosa que nadie nunca había hecho, al menos con mi cuñada.

La noche pasó de lo más divertida, decidimos jugar un poco de tenis en nuestra consola Wii, Bella se había negado educadamente a jugar, pero se reía de todos y cada uno de nuestros movimientos, tratando de ganar, por supuesto quien se llevo la victoria fue Alice, nadie había podido con ella, yo había estado cerca, pero me venció en el último punto por unos centímetros.

—Yo creo que lo hiciste genial— me consoló Bella, sentada nuevamente junto a mí, en el diván.

—Pero aun así, no se le quita lo perdedor, ¿Cuándo vas a entender que no puedes contra Alice "saque de fuego" Cullen? — todos rieron por las locuras de mi hermana.

—El próximo domingo quiero la revancha— la reté, todos se quedaron callados y exceptuando a Bella, todo me miraban con la boca abierta.

— ¿De verdad? ¿Nos veremos la próxima semana? — preguntó esperanzado Emmett, yo los vi raro pero igual asentí.

Todos se me vinieron encima, incluso aplastando a Bella y uniéndola al abrazo grupal.

—Oh, gracias hermanito, gracias— lloriqueó Alice.

— ¿Por qué me agradeces? — pregunté aun más extrañado.

—Edward, es tan raro que nos dejes estar cerca de ti, ya ni siquiera te veíamos en las comidas de Esme— me explicó Jasper, ¿Así que era sólo por eso? ¿Sería que de verdad había alejado tanto a mi familia?

—Están exagerando— les dije, pero Rosalie me cortó.

—Claro que no, tú nos estabas evitando como si fuéramos unos malditos leprosos, y no te atrevas a negarlo, Cullen, ¿Sabes cuánto tiempo tiene desde la última vez que te vi? Ocho meses, ¡Ocho malditos meses! — me recriminó Rosalie, rayos, de verdad lo había arruinado.

—Chicos, lo lamento, de verdad, para compensarlos pueden venir todos los domingos que quieran— les aseguré, ellos sólo asintieron y me aseguraron que aquí estarían todos los domingos posible, sólo si Bella cocinaba.

—Haré lo que pueda — les prometió.

Cerca de las diez de la noche comenzaron a irse, primero Rosalie y Emmett, pues él tenía turno en el hospital muy temprano y Rose una sesión fotográfica, media hora más tarde se fueron Jasper y Alice, o más bien los eché de la casa en cuanto vi lo cansada que estaba Bella.

—La noche ha sido magnifica, hermanito, agradécele a Bella que haya hecho esto por ti— me recomendó mi hermana antes de saltar fuera del que antes era su apartamento.

—Ya era hora de que salieras de tu cueva, amigo— se burló Jasper, saliendo detrás de su novia.

Al regresar a la sala me encontré con Bella levantando los platos y limpiando todo a su paso, rápidamente la detuve y le quite un vaso de su mano, volviendo a sentir su fría mano en el camino.

—Bella, deja esto, ya has hecho el desayuno hoy y la cena de todos nosotros, deberías irte a dormir, luces muy pálida— a pesar de su piel blanca se veía aun más pálida, ella abrió grandes sus ojos en cuento le dije eso y soltó el vaso, de no ser porque yo lo tenía sujeto éste hubiera caído.

—Buenas noches— me dijo quedamente y se fue a su habitación, esta vez sin beso en la mejilla.

Terminé de limpiar todo y dejé que el lavavajillas se encargara de los platos y vasos sucios y yo sólo limpié la sala.

Cerca de las doce terminé mi labor, incluida la descarga del lavavajillas y decidí que hoy había estado suficientemente sucio así que tomé una ducha y me rasuré la creciente barba, fuera como fuera en el hospital pedían una excelente higiene personal, salí sólo con una camiseta y unos pantalones holgados y viejos de pijama, me estaba secando el pelo con la toalla cuando lo escuché, fue un sonido muy bajo pero fue lo suficientemente claro como para que lo escuchara y mi corazón se detuviera, sólo para recomenzar su ritmo más rápidamente, la toalla se resbaló de mi mano y corrí hacía la puerta de la habitación de Bella, me detuve antes de abrir la puerta porque supe que no sería buena idea molestarla de aquella manera, sin embargo el sonido se volvió a escuchar.

Era un quejido muy bajo, sordo y gutural, podía escuchar una respiración agitada, como si acabara de correr un maratón, después el sonido fue mucho más alto, más agudo y le siguieron unos leves quejidos, ya no podía quedarme ahí, tenía que entrar, pero la puerta estaba cerrada con seguro, maldita sea.

—Bella— la llamé tratando de controlar mi pánico, pero no contestaron. — Bella— la volví a llamar, nada.

Comencé a forcejear con el pomo de la puerta, pero no podía abrirla.

—Bella, Bella, por favor, Bella, ¿Estás bien?, ¡Bella! — le grité sin poder ocultar más mi pánico.

— ¿Edward? — escuché un leve susurró a través de la puerta, logrando que mi corazón saltara.

— ¡Bella! — la llamé en respuesta.

—Edward, vete— fue lo único que escuché a continuación.

—Bella, no puedo irme, ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? — ¿Cómo me pedía que me fuera?

—Estoy bien, me sentó mal la pizza, ahora vete por favor— me dijo entrecortadamente, como si le costara todas las fuerzas de su cuerpo si quiera respirar.

—Bella…

—Vete— fue lo último que escuché, estaba entrando en pánico al creer que se había desmayado o algo parecido pero escuché su ligera respiración acompasada lo que me afirmaba que estaba dormida, con mucha inseguridad me alejé de su puerta y regresé a mi habitación.

Nuevamente no pude dormir, pero a diferencia de la noche pasada fue por preocupación, no podían culparme, yo era un médico, era natural en mí, supongo, no había ninguna otra razón por la qué me preocupaba, ¿O sí?

Cerca de las cinco de la mañana el cansancio pudo conmigo y caí dormido, mi despertador sonó como siempre a las seis y media de la mañana, los lunes sin duda eran los turnos más pesados, me desperecé y tan pronto las imágenes, o más bien los sonidos de la noche anterior regresaron a mi mente me levanté como un rayo, salí de mi habitación prácticamente arrancando la puerta.

Corrí a la habitación de Bella, pero al abrirla no estaba, su habitación estaba vacía, corrí a la cocina pero tampoco estaba ahí, ¿Sería que ella se había ido tan temprano? Hubiera pasado todo el día preguntándome aquello de no haber sido porque mi localizador comenzó a sonar y tuve que salir corriendo rumbo al hospital.


Hola mis bellas lectoras, aquí está el capítulo tres, ¿Qué tal? ¿Les gustó? ¡Espero que sí! ¿Qué tal les parece la historia? Si no les gusta...bueno, no quiero dejar de publicar así que espero que les guste, en serio que eso es lo único que quiero, que ustedes se sientan complacidas con mis historias, a ver, les voy a decir que mi cabeza loca ya está maquinando una nueva historia (estoy enferma) la verdad que ni sé por qué, pero sigo queriendo publicar, es lo único que realmente me llena y me da algo para no quedarme como oruga envuelta en muchas mantas y dormir hasta que llegue el lunes de nuevo, como sea, si quieren pueden buscarme en Twitter como (arroba) iSoyAndy, pueden dejarme una mención y con gusto respondo, si quieren saber de qué va la próxima historia igual pueden preguntar, que tengan un muy bonito (y congelado) sábado, las adoro, besos enormes, An.