Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.

AVISO: Por el bien de este fic, Hermione y Ron solo tienen un hijo, que es Hugo, no Rose. Hugo es menor que Albus por un año (en el libro tienen la misma edad)... y eso es todo.

Este fic participa en el Reto #10: "Primero de Setiembre" del foro Hogwarts a través de los tiempos.

UPDATE: GANAMOOOOOS WUUUU~ Este fic consiguió el primer lugar en el reto! Gracias a todos por leerme y en especial gracias a quienes votaron por mí, los amo 3


- Cuida a Granger. – susurró Narcissa en un último esfuerzo de proteger a su hijo.

- ¿Granger? – preguntó Draco asombrado. ¿De qué hablaba su madre?

- Cuídala. – repitió su madre, para luego cerrar los ojos.

Draco lo supo, su madre no volvería a abrirlos, vio la vida dejar su cuerpo y sintió que su mundo se caía a pedazos.

Se sentía muerto, como si un gran vacío en su alma estuviera absorbiendo cualquier pensamiento positivo.

Su madre, su adorada madre yacía muerta en frente suyo. Su madre, la única que lo había entendido.

¿Por qué su madre había hablado de Granger? No la veía desde la guerra, al pensar en la castaña un profundo dolor de cabeza lo sorprendió.

- ¿Cómo está? – preguntó su padre quien acababa de entrar.

- Madre ha fallecido. – contestó él con rabia. – Y tú no estuviste aquí para acompañarla en sus últimos momentos. ¿Qué clase de esposo eres? Te crees un gran hombre, pero no estas para acompañar a tu mujer que yace en una cama de hospital.

- Mide tus palabras, Draco. – le advirtió su padre.

Draco salió del cuarto furioso.

Se sentó en uno de los sillones del exterior y sintió un bulto en su bolsillo, al sacar el objeto encontró el anillo de la familia de su madre. Las lágrimas se abultaron en sus ojos, su madre. Su amada madre.


- Ahora que Scorpius se ha ido no sé qué haré con tanto tiempo libre. – dijo Draco quien observaba el partir del expreso de Hogwarts.

- Eres afortunado, Malfoy. – contestó Harry, Ginny asintió. – En casa tenemos todavía a dos que cuidar, si quieres te paso a uno.

Draco rio. – Merlín me libre.

- ¿Cómo está tu padre, Draco? – preguntó Ginny, Hermione alzó la mirada de pronto.

- Su enfermedad avanza rápidamente, pero el hombre es tan terco que se niega a ser tratado en un hospital muggle.

- ¿Qué enfermedad tiene? – preguntó ella de pronto, no había podido controlarse.

- Cáncer, se inició en la espina dorsal y ahora ha migrado al cerebro. – contestó él sin emoción.

- He hablado con algunos médicos muggles y me dijeron que lo pueden tratar con radiación, pero para mi padre la idea de ir a un lugar para muggles o estar en contacto con uno, es horrorosa. Se está dejando morir.

- Eso suena mal, Draco. – dijo Ginny con pesar.

- Es mi padre y por eso he intentado ayudarlo, pero si él no quiere ayudarse a sí mismo, no hay nada que pueda hacer al respecto. – declaró él.

Hermione se mordió el labio. Se sentía una pésima persona al desear la muerte de Lucius Malfoy.

- La contratación me esta yendo excelente esta temporada. – dijo Ginny intentando cambiar de tema.

- Solo espero que esta vez no te salgas del presupuesto. – contestó Draco, aceptando el cambio de tema.

- ¿Quieres que tu equipo sea tricampeón o perder la Liga? – preguntó Ginny frunciendo el ceño.

- Mira Potter, eres la mejor entrenadora de Quidditch del mundo, pero si vuelves a hacer los gastos de hace dos temporadas, me vas a quebrar.

- Estas charlas de Quidditch se llevan mejor con algo de comida. – dijo Harry.

- Buena idea, querido. – dijo Ginny. – Tenemos a la niñera por un par de horas más, creo que podemos ir al Caldero Chorreante. ¿Draco? ¿Hermione?

- Como dije, tengo mucho tiempo libre ahora mismo. – dijo Draco.

- Yo no creo que pueda, tengo que…

- ¡Hermione Jane Granger, ni se te ocurra inventar una excusa patética! Sé que las cosas han estado raras desde el divorcio, pero somos amigos y los amigos salen juntos.

- Yo…

- Yo nada, Mione. – la cortó Harry. – No quiero que me dejes solo con estos dos maniáticos de las estrategias de Quidditch.

Draco la miraba expectante. Sus miradas encajaron y Hermione se perdió en sus ojos, esos ojos que hace años la miraban con adoración. La castaña suspiró. – Bien.

Al cabo de unos minutos estuvieron los cuatro sentados en una mesa del Caldero Chorreante, charlando y comiendo. Hermione no podía creer la situación en la que se encontraba.

Se había convencido a si misma que estar cerca de Draco podría ser fatal; sin embargo, no se sentía del todo incómoda.

La situación empeoró rápidamente cuando los Potter tuvieron que irse y Draco se ofreció para acompañarla a su casa.


Tres más y terminamos FIUUUU