Desclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
"Se detuvo mi tiempo y empecé a vivir el suyo, que no era el de los relojes".- Laura Restrepo.
Cap.4
Hospital.
—Hey, hermano— me llamó Emmett, desde su lugar en la cafetería del hospital, estaba sentado junto con mi padre y Jasper, desayunando animadamente.
—Buenos días— saludé a todos.
—Emmett recién me contaba lo bien que se la pasaron ayer, espero conocer pronto a tu nueva compañera, ¿Por qué no nos contaste a tu madre y a mí sobre ella? — me preguntó mi querido padre.
—No pensé que fuera necesario— dije encogiéndome de hombros y pidiendo un café.
—Pues deberías llevarla a la próxima comida con Esme— me sugirió Jasper, a lo que sólo pude abrir desmesuradamente mis ojos, casi atragantándome con el café.
— ¿Estás loco? Apenas tiene tres días viviendo conmigo, ¿Cómo quieres que la lleve a casa de mi madre? — le pregunté medio histérico.
—Ed, Ed, estoy diciendo que la lleves como tu amiga, no como otra cosa, ¿En qué estás pensando? — me dijo burlón Jasper, Emmett y mi padre rieron por lo bajo, yo sólo bufé, mi localizador sonó en ese momento, me levanté y sólo tomé un poco del café que tenía en frente de mí.
—Los veré luego.
—Salúdanos a Bella— me gritó Emmett cuando ya me iba.
Llegué a la sala de urgencias donde una pequeña de unos seis o siete años estaba siendo bajada de la ambulancia en una camilla, con el cuello inmovilizado por un collarín y con oxigeno, la madre venía detrás de los camilleros hecha un mar de lágrimas.
—Señora, por favor, debe ir a la sala de espera en lo que atendemos a su hija— ella apenas si me escuchó así que llamé a una enfermera para que la acompañara.
Corrí hacia la niña que ahora estaba en una cama del hospital, sus signos vitales eran muy bajos, apenas si podía respirar.
—Diagnostico— pedí al camillero.
—Tenemos al menos dos costillas rotas, posible perforación en el pulmón, golpe en la cabeza con posible conmoción y una pierna rota— pedí a la enfermera que me apoyaba unos cuantos medicamentos para aumentar el ritmo cardiaco y mandé a que hicieran radiografías de inmediato.
Las radiografías estuvieron listas minutos después, la perforación en el pulmón fue descartada pero era necesario que las costillas rotas dejaran de ejercer presión y pudiera respirar normalmente, también ordené un encefalograma para descartar la contusión, por desgracia ésta sí estaba presente, igual se pondría mejor en cuento reparáramos sus costillas y la pierna rota, necesitaba a Emmett.
—Llamen al doctor Emmett, preparen para cirugía, tenemos unas costillas que arreglar— las enfermeras salieron disparadas y Emmett llegó en un santiamén.
—Listo y dispuesto— me dijo Emmett una vez revisó las lesiones, nos lavamos y nos preparamos para la cirugía, yo le ayudaría.
Una hora después salimos de cirugía, las costillas estaban en su lugar al igual que la rodilla, ahora sólo necesitaba que viniera Jasper para que revisara la contusión.
—Creo que serías un buen ortopedista— me dijo Emm mientras nos lavábamos.
—No lo sé, no creo que pueda operar todos los días con The doors como fondo de sonido— le dije, sí, él había tenido la música en alto mientras ayudaba a la pequeña.
—Es sólo para equilibrar el estrés, hermano.
—Me doy cuenta— le dije, me despedí y salí esperando que Jasper ya estuviera con la niña.
—Jasper— fue un alivio verlo revisando las pupilas de la niña.
—Descuida, Edward, la niña está bien, si las costillas hubieran seguido ejerciendo presión la conmoción hubiera empeorado, pronto comenzará a desinflamarse la lesión y ella podrá irse a casa— me dijo guardando su linterna y acomodándose la bata.
—Me alegro.
—Quizás deberías considerar entrar a neurología, te sentaría bien— me dijo, reí pues Emmett me había dicho lo mismo, pero referente a su especialidad.
—No lo sé, el cerebro humano es muy complejo.
—Ya lo creo, hermano— me aseguró, su bipper sonó y tuvo que irse como de rayo.
Una vez la niña estuvo estable y preparada para que la trasladaran a un cuarto, me dirigí a la sala de espera en busca de la madre, la encontré en una de las bancas, totalmente encorvada, llorando.
—Señora. — la llamé, ella inmediatamente levantó su rostro.
—Mi hija…— comenzó pero la detuve.
—Ella está bien, tiene una conmoción por lo que se tendrá que quedar unos días en observación pero ella está fuera de peligro— le informé, ella soltó más lágrimas y se tiró a llorar a mi pecho.
—Gracias, gracias doctor, es usted un ángel, un ángel que ha salvado a mi niña— sus palabras junto con su reacción me hicieron sentir sobrecogido, yo había salvado la vida de una pequeña, una niña que tenía toda una vida por delante, inevitablemente las palabras de Bella de unas noches atrás regresaron a mí, ella tenía tanta razón.
Cuando dejé a la mujer tranquila me di la vuelta dispuesto a regresar a la sala de urgencias pero antes de poder si quiera dar un paso una cabellera castaña llamó mi atención, salía de uno de los consultorios, no sabía exactamente cuál, pero quería saber si era o no Bella, cuando estaba a punto de alcanzarla mi bipper sonó, maldición, no me quedó más remedio que tomarlo y regresar corriendo a la sala.
— ¿Estás seguro? — me volvió a preguntar mi hermano.
—Ya te dije que no, Emmett, me pareció verla pero no estoy seguro— dije con frustración.
—Bueno, dices que le cayó mal la comida, seguramente vino a hacerse un chequeo o algo así— me dijo mi hermano despreocupado.
—De ser así, ¿Por qué no me pidió ayuda? Ella sabe que soy médico.
—Y eres su compañero de apartamento, no puedes culpar a la chica por ser un poco pudorosa— dijo con una mirada sugestiva, provocando malas miradas por mi parte, tenía mucha suerte de que estuviéramos en la recepción del hospital, con todas esas personas mirándonos, preparándonos para salir.
—En lugar de hacerte líos sólo pregúntale y se acabó, cuando llegues a casa seguramente estará ahí— me dijo Emmett como si fuera lo más fácil del mundo, y lo era, pero por alguna extraña razón sentía que hoy no vería a Bella llegando a casa.
—Vale, salúdame a Rose— el asintió y se fue en su enorme jeep.
Yo me tomé un poco más de tiempo pero igual me monté en mi Volvo adorado y viaje tranquilo por las calles de Nueva York hasta mi casa, al entrar me sorprendió el olor a comida casera, pero se podía notar que era de hace tiempo, como lo supuse Bella no estaba, y se sentía condenadamente mal, pero una cacerola estaba en el horno con una nota encima.
"Estaré fuera hasta la noche, disfruta tu cena, Bella." Decía la nota, pero era tan impersonal y fría que en lugar de hacerme sentir mejor hizo que mi ánimo decayera.
Necesitaba con tanta urgencia que Bella llegara a casa para poder disipar mis dudas, pero las horas pasaban y pasaban y yo no podía sentirme más intranquilo, finalmente cuando dieron las ocho de la noche tomé una ducha rápida y me coloqué unos pantalones sueltos junto con una gran sudadera, listo para mi turno de la noche, me sentía inseguro de irme sin haber visto a mi compañera pero se me estaba haciendo tarde y debía irme, con un fuerte suspiro tomé mis llaves y salí del apartamento.
Llegué justo a tiempo al hospital para ver salir a mi padre, quien salía con un rostro cansado pero satisfecho, me alegraba que fuera así, en su especialidad no siempre había buenas noticas.
—Papá— lo llamé mientras tomaba mi uniforme y mi bata.
—Hijo.
— ¿Qué tal tu día? — le pregunté realmente interesado.
—Excelente, creo que fue un día muy relajado, pronto dejaremos que la señora Brooks se vaya y la cirugía de Alex ha sido un éxito— me informó mi padre, yo conocía la mayoría de sus casos clínicos, él siempre podía contar con que yo lo escuchara, cuando se es un cirujano especialista en oncología a veces es necesario tener un apoyo que sepa lo difícil que era, y yo siempre estaba dispuesto a serlo.
—Me alegro tanto, la señora Brooks ha estado impaciente por salir y estoy seguro que los padres de Alex están eufóricos— mi padre asintió y sonrió ligeramente.
—Así es hijo, tú entiendes estas cosas, quizás debería decirte que entraras a mi especialidad pero con Jasper y Emmett peleándose por ti es más que suficiente— dijo bromeando.
— ¿De verdad? ¿Ellos se han peleado por mí? ¡Vaya! — aunque podía esperarlo de mi cuñado y mi hermano, no era menos sorprendente.
—Sí, bueno, ellos saben lo excelente médico que serás, como sea, yo sé que cualquier especialidad que elijas harás tu mejor esfuerzo siempre— me dijo orgulloso.
—Gracias, papá— le di un ligero abrazo y me despedí de él, seguro de que Esme ya lo estaría esperando y porque debía comenzar mi ronda de siempre.
Comencé con algunos casos menores, pero justo cuando salía, mi enfermera predilecta salió a mi encuentro, Ángela, que era una chica muy atenta y demasiado enamorada de su novio como para pasarse todo su tiempo coqueteando conmigo y descuidar su trabajo.
—Edward, te necesito en la cama 420, la madre de la paciente no deja de hablarle a su hija del ángel que la salvo y ha hecho que la niña se ponga inquieta, ni siquiera quiere comer, sólo quiere ver a su "ángel" — me hizo burla, yo bufé pero igual le sonreí y le agradecí.
Caminé hasta el cuarto que me indicó y abrí con cuidado, esperando no molestarlas demasiado, por supuesto no lo conseguí, tan pronto como la señora me vio saltó de su lugar logrando que la niña se inquietara de inmediato.
— ¡Doctor! ¡Qué bueno que ha venido, mi niña tenía tantas ganas de conocerlo! — noté una mueca en el rostro de la pequeña pero fue tan fugaz que apenas si lo percibí, después fingió una sonrisa y asintió con vehemencia a las palabras de su madre.
—Señora, disculpe pero no puede estar gritando así, ni agitando demasiado a la niña cuando tiene una conmoción como la que tuvo, le voy a pedir que salga un momento en lo que reviso a su hija— la madre miro apenada y sólo asintió, besó el tope de la cabeza de la pequeña y salió sin hacer el menor ruido, cuando se trataba de mis pacientes no me importaba ser estricto y hasta un poco rudo.
— ¿Cómo te sientes, pequeña? — le pregunté mientras le revisaba las pupilas y su ritmo cardiaco.
—Sophie— me aclaró ella, la miré un momento, pero después asentí.
— ¿Cómo te sientes, Sophie? — volví a preguntar.
—Me duele— dijo señalando su cabeza.
—Es normal, tuviste un gran golpe, pero se pasara en unos pocos días y podrás irte pronto— le aseguré, revisé el vendaje de sus costados y el de su pierna, asegurándome de que estuviera en su lugar.
—No le diga a mi mamá que no le agradecí con miles de besos el haberme salvado, por favor— me pidió con nerviosismo, rayos, estos padres cada vez eran peores.
—Descuida, Sophie, en realidad no esperaba que lo hicieras, pero me gustaría saber, ¿Qué te pasó? — ella se sonrojó, ese gesto me recordó muchísimo a Bella, aunque ella sólo llegaba a un tono levemente rosa y Sophie parecía un tomate.
—Iba tarde para el colegio y para no perder el autobús solté la mano de mi mamá y me crucé la calle sin fijarme, el conductor de verdad quería frenar, yo lo noté, pero fue todo muy rápido— me aclaró.
—Estoy seguro que no era su intención atropellarte, pero debes tener más cuidado, Sophie, tuviste mucha suerte— le recordé ahora que había terminado con su chequeo y todo estaba en orden.
—Sí, lo tuve a usted como mi doctor— me dijo ella volviéndose a sonrojar, yo sonreí por sus palabras y le revolví su cabello rubio ligeramente.
—Sólo cuídate de acuerdo, y cuida de tu madre— ella sonrió y asintió, le recordé que no debía hacer eso y le ordené descansar, aun le quedaban varios días por delante, me escabullí de la ruidosa madre antes de que me atrapara y no me dejara ir jamás, aun tenía muchos pacientes que atender.
La noche pasó larga y demasiado lenta, sólo hubo un caso de apendicitis que fue solucionado rápidamente, la operación no era tan complicada y por suerte el paciente había sido llevado al hospital en cuestión de minutos, lo que ayudó mucho.
Cerca de las dos y media de la madrugada regresé a casa, estaba molido, y aunque me moría de ganas por asegurarme que Bella estaba sana y salva en casa no pude hacer nada más que tirar mi abrigo al piso y echarme sobre el diván, inmediatamente el sueño llegó a mí pero claramente pude sentir cómo algo suave y abrigador era puesto sobre mi cuerpo y mi pesada cabeza era colocada sobre algo mucho más blando que el incómodo respaldo del diván.
—Descansa, Edward— escuché que susurraban pero mi estado de inconsciencia crecía más y más, así que no podía asegurar si había sido mi imaginación o la realidad, sin embargo esas dulces palabras habían hecho que mi cuerpo se relajara por completo y la obscuridad de la noche se apropiara de mí.
Hola preciosas, ¿Cómo ha estado su semana? Para mí bastante aburrida y aun así, muy pesada, me faltan pocos días para vacaciones y me iré a una escapada a acampar y después con unas amigas, estoy muy emocionada con eso, a decir verdad, PERO antes de irme, me gustaría subir uno o dos capítulos más y hacerles saber cómo van los avances de mis nuevas historias (aun no publicadas) si quieren saber de qué tratarán pueden mandarme un mp o buscarme en Twitter como (arroba) iSoyAndy, responderé todo lo que quieran, Entonces ¿Les gustó el capítulo? ¿Apoco no Edward es un excelente médico? Sinceramente a mí Emmett me encanta como cirujano, y Jasper, bueno, es Jasper, las adoro con todo el corazón, agradezco siempre sus comentarios y el apoyo que siempre me dan, son un amor, nos leeremos pronto, besos, An.
