Desclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


"La intensidad de una pasión se mide por la soledad que le precede".- Xavier Velasco.

Cap.5

Extraños.

Tres semanas, tres semanas tenía que Bella se había mudado al apartamento y de esas tres semanas apenas si había podido verla los primeros tres días, antes de escucharla quejarse del dolor detrás de su habitación y entrar en total pánico.

Los días se habían vuelto así después de aquel domingo, yo me despertaba lo más temprano posible pero cuando me levantaba ella ya se había marchado, dejaba mi comida preparada junto con pequeñas e impersonales notas en los refractarios, sin embargo, guardaba todas y cada una de las notas, como un pequeño tesoro secreto, las apilaba todas y las unía con un clip para poder guardarlas en mi bolsillo de la bata.

Cuando regresaba por la tarde, ella no llegaba a comer, obligándome a irme a mis segundos turnos sin siquiera verla, ya muy entrada la madrugada, cuando yo regresaba apenas con la fuerza suficiente para mantenerme en pie, me tiraba al diván o al primer sillón que encontraba y con apenas un poco de consciencia notaba cómo colocaba una manta encima de mí y una almohada debajo de mi cabeza, despidiéndose siempre con las mismas palabras "Descansa, Edward" había escuchado tantas veces esas palabras que estaba casi convencido de que eran reales y no sólo un sueño.

El viernes que regres temprano y no tenía que volver al hospital, ella había llegado tan tarde que apenas si pude escuchar desde mi habitación cómo la puerta se abría y se cerraba con seguro de nuevo.

El domingo siguiente a ese ella había dejado preparada la cena, como había prometido a todos pero había vuelto a dejar una nota, diciendo que la disculpara con todos por no estar presente pero que debía atender asuntos urgentes que no podían esperar, y así habían seguido todos los días posteriores, este era el último domingo del mes y Bella brillaba, nuevamente, por su ausencia, lo único que la hacía presente era el gran plato de comida que había dejado preparado, otra vez.

—Edward, ¿Por qué no está aquí Bella? Ya lleva tres domingos que nos deja plantados y no la he visto desayunando en el café— me dijo Rosalie medio molesta, mientras acomodaba sus piezas de scrabble y las escondía del tramposo de su marido.

—Es cierto, Eddie, por lo general eres tú quien nos evita— dijo mi hermano, tratando vanamente de espiar las fichas de su esposa.

— ¿Cuál café? — pregunté ignorándolo y guardándome la molestia por el estúpido apodo.

—Ya sabes, al que siempre va a desayunar y eso, la vi hace como dos semanas pero ya no la he visto más— me explicó un poco impaciente Rose.

— ¿Está ella bien? — me preguntó preocupada mi hermana, yo me levanté de mi lugar en el piso de la sala y me alejé hacia la cocina, ganándome miradas curiosas, pero poco me importo.

Bella había estado desayunando fuera de la casa y Rosalie la había visto, pero no me había dicho nada y en los último días no se habían encontrado más, un malestar surcó mi estomago y mi pecho repentinamente.

—Edward— me llamó Rose, quien me había seguido hasta la cocina.

—Estoy bien, Rose— le mentí en balde.

—Edward Anthony Cullen, sabes que te conozco mejor de lo que tú mismo lo haces, no por nada me gané el título de mejor amiga— me dijo molesta y apoyándose en la pared, a un lado de la puerta, mirándome fijamente.

—Rose…

— ¿Qué va mal? — entró preguntando Alice en ese momento, genial.

—Nada enana, vete de aquí— la corrió Rose, ella nos vio mal a ambos y se dio la vuelta, pero antes de irse me dio una mirada de advertencia que claramente decía que le tendría que contar todo me gustara o no.

—Espera Alice, quédate, es mejor que escuches todo a que tenga que repetirlo después— ella aplaudió y se acercó a mí, Rose bufó pero no dijo nada más, esperando a que le contara todo lo que en las últimas semanas me había estado agobiando.

—No sé qué pasa con Bella, los primeros días fueron grandiosos, mejores de lo que esperaba, no pensé que fuera a aceptar tan bien a la banda de lunáticos que tengo por hermanos y amigos, pero lo hizo y después, esa noche— me detuve en ese momento, pero Alice apretó mi brazo en señal de apoyo.

—Esa noche yo me quedé despierto un poco más, lavando la vajilla, después tomé una ducha y cuando salí, escuché a Bella quejándose en su habitación, fue muy leve, apenas si se podía escuchar pero me preocupé mucho, la llamé como desesperadamente por la puerta pero ella no contestó, cuando estaba a punto de derribar la puerta ella me habló, me dijo que sólo le había sentado mal la cena y que estaría bien, pero después de esos días…

— ¿Qué? ¿Qué más pasó? Edward, sabes que detesto el suspenso, escúpelo ya— me ordenó Rose.

—Me evitó como a la peste, en serio, se iba temprano, regresaba tarde, no la veía en absoluto, pero todas las noches que llego como muerto del trabajo ella me cubre con una manta y me acomoda una almohada, para que duerma mejor, y por las mañanas siempre encuentro mi comida preparada, no lo sé siento como si viviera con una extraña, una sombra, a veces siento que ella no es real— confesé pero omití la parte de las notas, ese sería mi secreto para siempre.

—Algo le está pasando, ella no es así— afirmó mi hermana, como si conociera a Bella de toda la vida.

— ¿Crees que esté en drogas? — preguntó Rose, Alice y yo la miramos mal. — ¿Qué? Puede pasar— se defendió, pero obviamente también estaba preocupada, ella, al igual que Alice, prácticamente se había enamorado de Bella, la veía como una gran chica.

—Tenemos que hacer algo, Rose, esa cafetería donde se encontraban, ¿Está cerca de su trabajo? — preguntó Alice, podía ver a la pequeña ardilla que tenía en su cabeza corriendo a todo lo que podía.

—Como a dos cuadras, ¿Por qué? — preguntó entusiasmada mi amiga.

—Bien, iremos mañana juntas, la abordaremos y si tiene algún problema le ayudaremos a resolverlo, pobre cosita la ha de estar pasando muy mal— se lamentó mi hermana.

—Yo voy con ustedes— les dije, ya que claramente me estaba sacando de sus planes, ambas me miraron mal pero no estaba dispuesto a que fueran sin mí.

—Claro que no— me aseguró Alice.

—Claro que sí.

—Que no.

—Qué sí.

—Que no y punto final, Edward no puedes faltar al trabajo— maldije por lo bajo, era cierto, no podía simplemente dejar de ir a trabajar, ambas me miraron con una sonrisa triunfal y recordé que no debía hacerles ninguna grosería, al menos si no quería que mi propia madre viniera hasta mi casa y me recordara algunas clases de cómo tratar a una dama.

No me sentía muy a gusto así que mis dos chicas tomaron a sus respectivos hombres y los empujaron fuera de mi apartamento, prometiendo contarme todo lo que pasara mañana, aunque estaban seguras que para en la tarde Bella volvería a ser la misma, yo realmente esperaba que así fuera.

Me fui a la cama, ordenando todo lo que pude, no me preocupé ni siquiera en darme una ducha, ya lo haría por la mañana, mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, ¿De verdad sentía que vivía con una extraña? Sí, era ahora más fácil aceptarlo una vez que lo había confesado a Alice y a Rose, quizás demasiado gay pero no podía evitarlo, ellas sabían lo que hacía y por todo lo que es justo, eran bastante buenas.

Como siempre la puerta se abrió y se cerró cuidadosamente, pero yo tenía un oído que cualquier músico envidiaría, escuché pisadas y revisé la hora, 1:46 a.m. cada día regresaba más tarde y sólo lograba ponerme más nervioso.

Estuve atento a escuchar el sonido de las pisadas de Bella dirigirse a su habitación, pero no lo hicieron, cambiaron su dirección y caminaron hasta mi cuarto, presa del pánico sólo pude hacer una cosa, fingir que estaba durmiendo, me acomodé lo mejor que pude bajo las sábanas y cerré mis ojos lo suficientemente fuerte, con las luces apagadas ella no se daría cuenta de que estaba despierto aun, esperando a que llegara, en cuanto cerré mis ojos el cansancio llegó a mí, Bella demoró más de lo que pensé en entrar y casi caigo por completo en el sueño, de no haber sido por lo que hizo a continuación.

Su mano acarició levemente mis cabellos desordenados y trató de acomodarlos, en un intento sin sentido, pero rayos, se sentía tan bien, sus movimientos suaves y muy ligeros estaban provocando que mi cuerpo callera en un letargo profundo, como si de un hechizo se tratara.

—Lo siento tanto, Edward— susurró con voz rota, ella estaba llorando, ¡Bella estaba llorando! Ningún musculo de mi cuerpo respondía, sentía la cabeza pesada y los parpados aun más pesado, quería levantarme, rayos si quería, pero literalmente, no podía.

Sentí cómo su frente se posaba en mi mejilla y dos gruesas y calientes lágrimas rodaron de sus mejillas hacia mi barbilla, ella las limpio con cuidado y de pronto sentí un frió en el corazón, ¿Por qué Bella estaba llorando? ¿Había sido todo aquello verdad o sólo era mi mente que quería mostrarme en sueños lo cansado y estresado que estaba? Pero no podía creer que la sensación de las lágrimas recorrer mi rostro pudiera sentirse tan real, ¿O sí? Me quedé dormido en no sé cuál de mis tantas preguntas, pero sí sabía algo, primero me ataban de manos y pies y me lanzaban a al rio con un yunque aferrado a mi cintura antes de que Alice fuera sin mí al trabajo de Bella mañana en la mañana.

Entré a la pequeña editorial en el centro de Nueva York, era realmente acogedor y la calefacción del lugar invitaba a que te quedaras dentro y ya jamás salieras, había varias mujeres, unas jóvenes otras un poco mayores, moviéndose de un lado para otro dentro del pequeño edificio, todo estaba lleno de papeles, olía a tinta y a café, el lugar bien decorado con muebles cafés y paredes claras daban un toque muy sencillo pero encantador, añadiendo que cada esquina del lugar tenía ciertos adornos de las empleadas del lugar.

—Hola, ¿En qué puedo ayudarte? — me preguntó una mujer alta y delgada, rubia y de ojos celestes.

—Estoy buscando a…— el sonido de unas voces provenientes de unos pasillos algo lejanos me detuvieron, podría reconocer la voz tranquila de Bella y el agudo chillido que mi hermana tenía por voz en cualquier lugar. —Ya no importa— la mujer iba a decir algo pero no se lo permití, me escabullí a la salida de nuevo, hacia las frías calles y me encaminé a la cafetería que estaba a pocas cuadras, justo como había dicho Rose.

Me senté en una de las mesas de adentro y pedí un café doble, tomé un periódico de una cesta que estaba cercana al sillón en el que estaba sentado, comencé a ojearlo, sólo prestando real atención a la entrada, pocos minutos después escuché justo lo que estaba esperando.

—No tenías por qué hacer eso— le decía Bella a mi hermana, claramente molesta.

—Pero tu jefa es un encanto, no le molestó en absoluto— decía mi hermana con tono inocente.

—Por eso mismo, no quiero que piensen que me aprovecho de mi jefa ni que me da un trato diferente al que le da a mis compañeras— explicó Bella más calmada.

—Lo siento de verdad, la próxima vez avisaré, como sea, lo que me trae aquí es un asunto realmente serio, Rose quería estar presente pero tuvo una sesión de fotos, así que la representaré en teléfono— esperé unos segundo y se escuchó detrás de la bocina.

Hola, Bella— saludó Rose.

— ¿Qué es todo esto? — preguntó Bella volviendo a irritarse.

—Estamos preocupadas por ti, Bella— le explicó calmadamente mi hermana.

— ¿Por qué?

¿Por qué? Porque, demonios Bella, primero nos tratas a todos muy bien, cenamos, nos divertimos y después nos evitas como si fuéramos la mismísima peste negra, digo, ni siquiera Edward llegaba al punto al que tú has llegado— espetó mi amiga bastante airada, sentía el impulso de ir y callar de una buena vez a Rosalie pero no fue necesario.

—Esto es una tontería, he estado ocupada, eso es todo, ¿Quién se creen que son? — ahora fue el momento de atacar de Bella.

—Tus amigas— dijo tranquilamente Alice, pude ver por sobre el periódico que me ocultaba cómo mi hermana trataba de tomar la mano de Bella y ella la alejaba bruscamente.

—Apenas las conozco de hace unos días, no quieran hablarme ni tratarme como si fuéramos cercanas o algo parecido, porque no lo somos— dijo Bella, pero no parecía molesta, no parecía nada, realmente, su rostro no denotaba ninguna emoción, pero sus ojos, maldita sea, sus ojos estaban rojos y cristalinos por lágrimas no derramadas, tomó su bolso y dejó unos billetes por algo que ni siquiera había tocado y como de rayo salió de la cafetería.

Te llamo después, Al— le dijo Rose a mi hermana y terminó la llamada.

No sabía qué hacer, por un lado estaba Bella, con los ojos anegados en lágrimas y por otro estaban mi hermana y mi mejor amiga, estupefactas por la reciente revelación de Bella.

—Sal de ese maldito periódico de una vez, Edward— me ordenó mi hermana, así lo hice, ella se levantó de su lugar y al igual que Bella dejó unos cuantos billetes sobre la mesa, yo la imité y salí pisándole los talones.

El frio aire de la ciudad nos pegó de lleno sobre la cara, ninguno de los dos hablaba, sólo caminábamos, yo la seguía como autómata, aun en shock, de repente mi hermana se paró y fue cuando me di cuenta que habíamos caminado hacia su auto, en ese momento se volteo y me miró con el ceño fruncido y los ojos rojos por llorar durante todo el trayecto.

—De verdad Edward, si no estuviera segura que Bella será mi mejor amiga para siempre, ahora estaría pateándole el trasero— le di una mueca, no podía hacer otra cosa, no me agradaba la idea de Alice lastimando a Bella, pero sabía que la había herido. — Debes hacer algo, pronto, ella está peor de lo que pensé, y temo que empeore aun más— fue lo último que dijo mi hermana antes de subir a su auto e irse, dejándome ahí, parado en medio de la calle con una nueva misión, pero ahora mi pregunta era, ¿Qué demonios iba a hacer yo para que Bella volviera a ser la misma? ¿Qué podía hacer para ayudarla? Lo que sí tenía bien en claro era que ya no quería seguir en la misma situación, quería que Bella y yo dejáramos de ser extraños.


¡Chicas, chicas! ¡Estoy tan emocionada! ¡Ya quiero saber lo que pasa después con este par, (dirán "Pero Andy, tú escribes la historia") ¡Ya sé! Pero pasa un tiempo y olvido ciertamente lo que escribí y al editarlo me emociono, estoy demente, pero eso ya lo sabían.

Quiero agradecerles lo mucho que me apoyan con esta historia, sin ustedes no podría ser así, son mi mayor motivación.

Además de todo esto, hoy es un día medio triste porque mi novio cumple nueve meses de haber partido a un mejor lugar, mi amado Edgard, donde quiera que estés, tú eres el ángel que inspira mis escritos y mi corazón se queda contigo, el capítulo de hoy está dedicado a él, ya que su confianza por mi talento al escribir siempre será la fuerza que me saque adelante.

Perdón por ese momento emocional, ahora sí, a lo que sigue, espero que les guste el capítulo y nos estaremos leyendo muy pronto, las adoro, les mando miles de besos y un fuerte abrazo, An.