Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.
AVISO: Por el bien de este fic, Hermione y Ron solo tienen un hijo, que es Hugo, no Rose. Hugo es menor que Albus por un año (en el libro tienen la misma edad)... y eso es todo.
Este fic participa en el Reto #10: "Primero de Setiembre" del foro Hogwarts a través de los tiempos.
UPDATE: GANAMOOOOOS WUUUU~ Este fic consiguió el primer lugar en el reto! Gracias a todos por leerme y en especial gracias a quienes votaron por mí, los amo 3
El cuerpo de la castaña se amoldaba perfectamente al suyo. No solo eso, era como si su cuerpo reconociera cada curva del de ella.
- ¿Por qué te estas disculpando, Granger? Dime la verdad ¿Qué está pasando?
Hermione negó con la cabeza. Sus ojos castaños se veían hinchados por tanto llorar. Draco sintió aprensión al verla tan desolada.
- Esta bien, no me digas nada. Solo deja de llorar. – dijo él sin dejar de abrazarla. Por impulso agachó la cabeza para poder oler su cabello, el cual de pronto llamaba mucho su atención.
La mano de Draco descansaba en la espalda baja de Hermione y el rubio pensó que ese era el lugar indicado para él.
No, eso era imposible. No veía a Hermione Granger hace más de 15 años, ¿por qué su cuerpo reaccionaba así? ¿por qué su pulso se había acelerado tanto? ¿por qué de pronto abrazarla se sentía tan normal?
- No tienes idea como te he extrañado. – susurró Hermione. Draco clavó la mirada en ella.
- ¿Cuánto me has extrañado?
- Muchísimo. Hubo días en los que sentí que mi vida ya no tenía sentido. – confesó ella.
- ¿Por qué te sentías así, Hermione?
- Porque te amo tanto, Draco. No importa cuánto tiempo pase te seguiré amando.
- ¿Qué pasó entre nosotros, Hermione? Dímelo, no más mentiras. Dímelo, por favor. – le rogó él. Draco se había sentido vacío por años, pero siempre pensó que esto había sido causado por la muerte de su madre. De pronto muchas cosas en su vida no tenían sentido.
Hermione cogió su rostro entre ambas manos y se puso en puntillas para poder besarlo, el cuerpo de Draco reaccionó por sí mismo.
- Esto es una locura. – dijo Hermione sin dejar de besarlo.
- Lo sé. – contestó él.
- Nadie se debe enterar de esto, Draco. La gente pondría el grito en el cielo si se entera. Ya me imagino los titulares de El Profeta.
Draco asintió. – Lo sé, yo tampoco quiero que se enteren. Mi padre sería capaz de matarme con sus propias manos.
Hermione hizo una mueca.
Draco se quitó la camisa tan rápido como pudo. - ¿Eres una gryffindor en la cama, Hermione? – preguntó sonriendo de lado.
- Puede ser. – contestó ella para luego guiñarle el ojo.
El rubio sonrió, se acercó nuevamente a ella para besarla, al mismo tiempo empezó a deshacer los botones de su blusa. – No te vayas a enamorar de mí, Hermione. – le advirtió él, antes de mordisquear su cuello.
- Tú no te vayas a enamorar de mí, Draco. – respondió ella mientras intentaba deshacerse de la correa de él.
- Nunca. – Draco le soltó el cabello.
Hermione por fin pudo deshacerse de la correa y empezó a abrirle el pantalón. Draco le agarró las manos. – Estas demasiado vestida.
- Significa que no estás haciendo algo bien. - respondió ella alzando una ceja, retándolo.
Draco le quito la blusa por completo y en un instante se había deshecho del sostén también.
- ¡Por Salazar! – exclamó al verla. – Eres más perfecta de lo que imagine.
Hermione se sonrojó ligeramente. – Tú no estás del todo mal. – Draco hizo una mueca.
Hermione terminó de deshacerse de su propia falda y Draco hizo lo propio con su pantalón.
Ambos en ropa interior se miraron. Draco estaba ansioso, sin pensarlo dos veces la levantó y ella entrelazó sus piernas en la espalda de él. Draco colocó sus manos debajo de su trasero. - ¿Cuál de todas esas condenadas puerta es tu habitación, Granger?
- La del medio. – el rubio los llevó a ambos hacia el cuarto. Cuando entró, la depositó en la cama, se colocó sobre ella y la besó.
Sus manos no perdieron el tiempo y empezó a deslizar su ropa interior hasta por fin deshacerse de ella.
- Eres tan perfecta, Hermione. – dijo él mientras besaba su cuerpo.
- Draco, por favor. – susurró ella excitada. – Has estado jugando conmigo toda la noche.
- Quiero jugar contigo aún más. – declaró él, centrándose en sus pezones.
Hermione alzó las caderas para sentirlo. Ambos gimieron.
La mano derecha del rubio se deslizó por el cuerpo de la castaña hasta encontrar su destino.
- Estas tan mojada, Hermione. Realmente me quieres dentro, ¿no? – su dedo se deslizó desde la apertura hasta su clítoris, los gemidos de la castaña invadieron la habitación.
- Deja de jugar. – dijo ella, mientras tiraba de su bóxer intentando desnudarlo.
Draco se levantó y se deshizo de su última prenda. La besó con pasión y se alineó con su entrada.
Ambos gimieron, la sensación era simplemente sublime.
El rubio intentó mantener un ritmo tranquilo, pero Hermione lo incitó a aumentar la velocidad al mover sus caderas.
En poco tiempo ambos estaban jadeando y gimiendo, ambos cuerpos sudorosos. Los besos eran erráticos pues las sensaciones nublaban sus demás sentidos.
Draco rozó su centro nuevamente con sus dedos, sin dejar de moverse. Hermione gimió. – Sigue así. – lo instó, él obedeció.
- Te estas apretando contra mí, ¿te vas a venir?
Ella asintió, Draco aumentó la velocidad de sus estocadas y la presión de sus dedos. Hermione cerró los ojos y se dejó llevar, su cuerpo se sintió blando mientras las oleadas de placer se apoderaban de ella.
Draco siguió penetrándola hasta que él también llego a su orgasmo.
¿Cómo había pasado esto? Hermione estaba atónita. Quince años, quince malditos años y sus cuerpos se habían reconocido como si no hubiera pasado un día, pero el tiempo había pasado y ya no había vuelta atrás.
- ¿Lista para decirme la verdad, Hermione? – preguntó Draco.
