Desclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Cap.9

Piano.

Mis dedos se deslizaban por sobre las teclas casi automáticamente, hacía tanto tiempo que no tocaba que sentía como si yo hubiera sido un pez fuera de su pecera por mucho tiempo y ahora volvía a zambullirme en ella.

El leve sonido de la puerta de mi habitación siendo abierta me hizo voltear, ahí, parada en el umbral estaba Bella, con su pijama y envuelta en la manta que le había puesto horas atrás.

—Lo siento, no quise interrumpirte— me dijo tímida, yo negué y extendí mi mano hacia ella, pareció entender lo que trataba de decirle y se acercó a mí, lentamente, se veía tremendamente adorable caminando despacio, como un ratoncito envuelta en la frazada.

Le hice espacio en el banco de mi piano y ella se sentó junto a mí.

— ¿Te he despertado? —le pregunté inquieto, había estado tocando muy suavemente para no despertar al bello ángel que descansaba en su habitación, el frío y duro diván no era apropiado para ella así que la había llevado hasta allí.

—No, casi siempre me despierto a esta hora, pero no quería estar sola— me confesó, con un leve rubor, suponía que si Bella no estuviera enferma su rostro sería de un rojo escarlata.

—Me alegro que hayas venido conmigo, yo tampoco podía dormir— le confesé.

—Edward, ¿Lo que te he dicho ha sido demasiado para ti? — Preguntó temerosa— Porque si lo ha sido, no tienes la obligación de hacer nada— me dijo, evitando mi mirada en todo momento.

—Bella— la llamé, me volteé hacia ella y tomé su rostro gentilmente entre mis mano. — Yo no me iré a ningún lado, todo esto, no es nada, yo por ti haría cualquier cosa— finalmente le dije, ella me miraba con los ojos abiertos y el rostro confuso.

— ¿Por qué? — preguntó tan bajo que pensé que en realidad no lo había dicho.

—Porque, Bella…yo no podrá vivir sin ti— le confesé, ella no me miró, tenía su vista fija en las teclas, pero sonrió, la sonrisa más grande que hubiera visto en su rostro.

—Yo tampoco, Edward— susurró, tocando varias teclas al azar, pero lentamente se formaba una melodía.

— ¿Tocas? — le pregunté, curioso.

—Mi madre solía enseñarme una que otra pieza, creo que aun recuerdo las teclas, esta es Do, ¿Cierto? — dijo tocando la tecla que se encontraba en medio de todo el piano.

—Así es.

—Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si— tocó y cantó cada nota, llegando justo al tono, con su voz aguda.

—Exacto— Ella sonrió satisfecha de recordar las notas y posicionó sus dedos, lentamente comenzó a tocar una melodía que Esme solía tocar para mí cuando comenzaba a aprender.

—Casi no recuerdo bien— confesó, no terminando la canción.

—Serías una excelente pianista— le dije, sonriendo, ella se sonrojó y volvió a tocar una nota, tocó Si, como preguntando.

—Por supuesto. — ella siguió tocando, a veces la ayudaba a tocar algunas notas, se veía tan apacible y tranquila, así que solté lo que me estaba ahogando la garganta.

—Bella, ¿Quieres ser mi novia? — ella no me miró, sus ojos se abrieron tan grandes que creí que se saldrían de sus cuencas y la sonrisa que antes había visto ahora fue mucho más amplia, se mordió su labio de una manera demasiado tentadora y para mi gracia tocó una nota otra vez, Si.

— ¿Eso es un sí? — ella rió y asintió, apartó su mirada del teclado y me miró larga y profundamente, justo como me gustaba que lo hiciera.

Nuestra distancia se fue haciendo de a poco menor, hasta que nuestras frentes y narices se tocaron, acariciándose levemente.

—Hazlo— me ordenó y con eso junté mis labios con los de ella, al principio sólo fue un roce, un leve toque de mariposa, delicado, sin prisas, tan natural y dulce como era Bella en sí, poco a poco aumentó la profundidad, ella separó levemente los labios permitiéndome tomar con mayor facilidad su labio superior, Bella sabía a vainilla, una esencia que me traspasaba hasta el fondo del estomago, de ida y vuelta.

No quería presionarla, el beso se estaba tornando tan largo y perfecto, pero necesitaba un poco más, sólo un poco más de su aliento a vainilla, pero debía recordar que ella era frágil, su constitución era pequeña y su enfermedad no le permitía ni siquiera estar en la casa sin su abrigo, debía refrenarme, por ella, por su seguridad, pero dudaba que ella estuviera pensando en ello, se levantó levemente del banco y tomó mi rostro entre sus manos presionando más su boca contra la mía, sin rudeza, pero sí con mucha intensidad, sin embargo, éramos unos simples humanos y los pulmones necesitaban oxigeno, no quería que Bella volviera a desmayarse.

Lenta, muy lentamente nos separamos, pero no permití que se fuera muy lejos, mantuve mi frente pegada a la de ella y su rostro entre mis manos, acariciaba levemente su respingada y pequeña nariz con la mía, provocando una pequeña risita por su parte.

—Tengo miedo— dijo en un susurro, como si temiera romper la armonía del momento.

—Lo sé, yo también— dije, bajando mis manos de su rostro y entrelazándolas con las suyas— Pero sea lo que sea que venga, lo afrontaremos juntos— apreté más sus manos, enfatizando lo que le decía, ella asintió con su frente aun pegada a la mía, y volvió a juntar rápidamente sus labios con los míos.

—Muero de sueño— reí y asentí.

—Yo también. — dije aun riendo.

— ¿Puedo…?— preguntó nerviosa, yo sabía lo que quería decir.

—Puedes quedarte las veces que quieras— le aseguré, ella se sonrojó, mucho, pero igual se levantó del banco y se acomodó en la cama, colocándose la manta encima.

—Bella, puedes meterte en la cama— le aseguré, ella negó.

—No quiero que estés incómodo.

—Tonterías— le dije, tomando su mano y jalándola para acomodar las sabanas y que ella pudiera meterse en la cama.

Lo hizo rápidamente, suponía que tenía un frío terrible, yo por el contrario busqué otra manta y la coloqué sobre mí, para no incomodarla.

—Edward— se quejó ella.

—Es mejor Bella, podría hacerte daño, confía en mí— le supliqué.

—Al menos…al menos, ¿Podrías abrazarme? — me preguntó con vergüenza pero a mí me parecía el más adorable ser que haya pisado el planeta.

Con cuidado la rodeé con mis brazos y la pegué a mi pecho, ella suspiró de alivio, al igual que yo, su respiración acompasada me hacía relajarme de manera que no había experimentado en muchos años, ella pronto se quedó dormida y yo, viendo que estaba segura y en paz me uní a ella en el mundo de los sueños.

Desperté muy a mi pesar demasiado temprano, con el pequeño cuerpo de Bella aferrado al mío, una gran sonrisa se instaló en mi boca, pero debía ir a trabajar, maldición.

Con cuidado de no despertarla, la acomodé en la cama y me levanté, lo primero que sentí al estar lejos de ella fue una gran y profundo vacío, y además preocupación, su piel pálida se veía casi azul por el frío y moradas ojeras estaban bajo sus ojos, no podía dejarla sola en aquella condición, tomé mi celular y marqué el número de mi hermana, ella contestó al segundo tono.

¿Por qué llamas a las cinco y media de la mañana, Edward Cullen? — me saludó enfurruñada por despertarla tan temprano, sabía que estaba despierta desde hace un rato porque Jasper también debía ir al hospital, pero le molestaba que interrumpiera su tiempo con su prometido.

—Alice, quiero que vengas a cuidar a Bella, ella no puede quedarse en casa sola.

¿Qué le pasa? — preguntó alarmada, muy tarde me di cuenta que mi hermana no sabía nada de lo que yo me había enterado la noche anterior, "prométeme que no le dirás a Alice" fueron las palabras exactas de Bella.

—Sigue resfriada— le dije recordando la excusa que le había dado ella a su compañera de trabajo.

Estaré ahí antes de que te vayas al trabajo— me aseguró.

—Gracias Alice, sólo asegúrate de no atosigarla mucho, está muy débil y lo que menos necesita es tu locura sofocándola, compórtate— le advertí.

Lo que sea, te veré en un rato— finalizó la llamada, suspiré, esperando que me hiciera caso, un carraspeo a mis espaldas me asustó levemente, me di la vuelta quedando de frente a Bella, quien me miraba con una expresión interrogante.

—Buenos días, dulzura— le dije, esperando sonar casual, un leve sonrojo adorno su rostro el cual besé con lentitud y cariño, pero su expresión no cambió mucho, o lo hizo pero rápidamente volvió a ser el mismo.

— ¿Qué fue eso?

— ¿El qué? — traté de sonar inocente, la tomé de la mano y la jalé hacia dentro de la habitación de nuevo.

—Edward, te he escuchado, ¿Por qué has llamado a Alice?

—No quería que te quedaras sola— le confesé sentándome en mis rodillas, sobre la cama, en frente de ella, nervioso, no se veía molesta, pero tampoco muy contenta.

—No debiste hacerlo, ¿Qué tal si se llega a dar cuenta que no sólo tengo un resfriado? — me preguntó, ella se sentó en la mismo posición que yo sobre la cama y se acomodó una de las frazadas sobre sus hombros.

— ¿Qué tal si algo te pasaba en mi ausencia? No podría estar tranquilo en todo el día pensando en que podrías desmayarte o tener alguna emergencia— ella tomó mi rostro entre sus manos, enviando muchas cosquillas directo a mi estomago de inmediato.

—Edward, eres muy dulce, pero he estado casi cuatro años viviendo sola con este mal y he podido cuidar de mí misma sin problema, te lo agradezco pero no era necesario— me aclaró, yo tomé su rostro con cuidado y besé la punta de su nariz, para después bajar lentamente hasta sus labios y rozarlos levemente con los míos.

—Sé que puedes cuidarte sola, pero ahora me tienes a mí, y yo quiero cuidarte tanto como sea posible, si algo te pasara, yo no…— ella detuvo mi perorata con otro beso, mucho más profundo que el mío pero menos que el de la noche anterior.

—Yo sólo no quiero que Alice se una a la lista de personas preocupadas por mí— me confesó, hablando sobre mis labios, yo aun no estaba listo para que se separara de mí.

—Va a ser inevitable que lo sepa— le dije, sobre sus labios también.

—Bueno, vamos a evitarle la pena durante un poco más de tiempo, ¿De acuerdo? — me pidió separándose finalmente, yo suspiré y asentí, jamás podría negarle nada.

—Está bien, pero no trates de alejarla, ¿Sí? Alice realmente te quiere— le dije abrazándola y tirándome junto con ella de nuevo a la cama, cuidando de caer suavemente para no lastimarla.

—Yo también la quiero, por eso mismo vamos a esperar para decirle sobre lo que me pasa.

—Está bien. — besé el tope de su cabeza y acaricié levemente su espalda por sobre su abrigo y la manta que la cubría, cuanto me gustaría poder sentir su espalda realmente, pero sabía que ella necesitaba de ese calor que su cuerpo escasamente producía.

Mucho antes de lo que quería me tuve que levantar de la cama, apremiado por Bella para no llegar tarde a mi trabajo, ya había faltado mucho esta semana y no podía darme el lujo de hacerlo un día más y tener que trabajar el domingo.

Estaba disfrutando de un desayuno exprés cuando tocaron a la puerta, no tenía ni idea de cómo Alice se las seguía ingeniando para entrar a mi edificio si ya no tenía llave, corrí para abrir la puerta.

Alice como siempre se veía radiante y feliz, producto de sabrá sólo ella qué consumía, a veces pensaba que ingería algún tipo de droga, pero un día de tanto molestarla con eso fue a una clínica y se hizo análisis de antidoping que aseguraban que ella estaba libre de cualquier substancia nociva.

—He tocado la puerta como me lo has pedido— me saludó alegremente, colgándose de mi cuello y plantándome un beso en cada mejilla.

—Buenos días, Alice— saludó amablemente Bella.

— ¡Bella! ¿Qué haces levantada? ¡Debes estar en cama! No te preocupes por nada, yo cuidaré de ti— le dijo abrazándola por los hombros, yo le sonreí en disculpa, quizás hubiera sido más fácil llamar a alguien más, pero sabía que Bella se hubiera sentido peor si Esme o Rose se enteraban de su enfermedad.

—Alice— le advertí, ella me sacó la lengua y se llevó a Bella con ella.

—Creo que se te hace tarde para el trabajo, ¿No? — me dijo obviamente molesta, comenzó a remover cosas por la cocina, Bella sólo la miraba divertida— Te haré el mejor desayuno de toda tu vida, si no te sientes mejor con eso me dejo de llamar Alice Cullen.

—Alice, te pedí que vinieras a cuidarla, no a terminar de enfermarla— le dije en broma, pero ella no se lo tomó a bien, si había algo que pudiera molestarla era que se metieran con su cocina, ella estaba preparada para gritarme hasta de lo que me iba a morir, pero algo la detuvo, abrió sus ojos desmesuradamente y su boca formó una perfecta "O" de la impresión, no supe que le había pasado hasta que me di cuenta que inconscientemente había pasado mis brazos por los hombros de Bella y ella estaba recargada en mi pecho, acariciando suavemente uno de mis brazos.

—Ustedes…— nos señaló con el dedo y se cubrió la boca para no gritar.

—Alice— le advertí, pero era tan típico de mi hermana ignorarme que ya ni me sorprendió cuando comenzó a gritar y a saltar.

— ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué no me dijeron? ¡Qué emoción! — gritó como loca, asustando a Bella y haciendo que se pegara más a mi pecho, protegiéndose, pero no era temor, a diferencia de otras personas Bella nunca le tendría miedo a mi hermana.

—Alice, cálmate—le pedí, pero siguió gritando un montón de incoherencias y saltando como un pequeño resorte.

—Bella, no sólo serás mi mejor amiga si no que también serás mi hermana, ¡Qué increíble! — Bella ahogó un grito y supe que era momento de parar al tornado Alice.

—Mary basta— le dije colocando a Bella detrás de mí, protectoramente y sostuve a mi hermana por los hombros, en cuanto escuchó su primer nombre se calmó.

—Tú…— ni siquiera pudo hacer su frase, sólo me sacó la lengua y se cruzó de brazos.

—Al, debo ir a trabajar, cuida de Bella y trata de ser prudente, no la atosigues, por una vez en tu vida no me ignores y haz lo que te pido, hermanita— ella hizo un gesto pero asintió, me acerqué a ella y le di un beso en la frente.

—Después te cuento— le susurré, apaciguando su cólera, ella hizo una amplia sonrisa y asintió.

Me llevé a Bella lejos de ella, dejándola cocinando, me encaminé a la puerta con Bella a mi lado, en el resquicio de la puerta quedé frente a ella y le di un beso suave y largo, no tenía ni la más mínima idea de cómo resistiría tantas horas sin ella, si desde que nos habíamos despertado no había parado de abrazarla y besarla.

—Cuídate— le pedí, ella asintió y volvió a unir sus labios con los míos, al parecer no era el único que lamentaba separarnos por tanto tiempo.

—Te veré en la cena— me respondió, besando mi mejilla y acariciándola con ternura, besé su nariz y con todo el pesar de mi corazón me alejé de ella, mientras me despedía con la mano desde la calidez de nuestro apartamento.

Estás iban a ser unas muy, muy largas horas.


¡Ay, ay, ay! Estos dos son más dulces que las golosinas que a mí me encantan, es que son una ternura. Es uno de los mejores y más dulces capítulos de los que he escrito, estos dos hacen lo que quiere, ¿Cómo ven la onda? Yo estoy súper feliz, les cuento rapidísimo que POR FIN, me voy de vacaciones, sólo dos días, pero algo es algo, así que mañana estaré comprando cosas y moviéndome de aquí para allá, así que no los vería en un tiempo considerable y NO podía dejarlas así como así, sin saber qué pasó después, así que aquí está, el siguiente capítulo.

Espero que les siga gustando tanto como hasta ahora la historia, saben que todo esto es por ustedes, las adoro y les agradezco infinitamente todo, les mando muchos besos enormes, unas abrazos bien apretados y mis mejores vibras, An.