Disclaimer: Los personajes de esta historia (Excepto Esperanza) pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Cap.17

La visita.

Despertamos muy temprano, por insistencia de mi padre desayuné un poco de fruta y café, pero tenía la garganta y el estomago cerrados, no podía ni quería comer nada.

— ¡Edward! — escuché a lo lejos la voz de Emmett, al voltearme encontré a mi hermano corriendo hacia mí, y no venía solo, Renee y Charlie venían con él, parecían recién bajados del avión.

—Emmett, ¿Qué haces aquí? — preguntó mi padre levantándose de su lugar en la mesa que ocupábamos en el comedor del hotel.

—Vengo por ti papá, el hospital quiere que estés allá para atender a Bella y sus padres han querido venir para acompañar a Edward—mi padre me miró por un momento esperanzado, yo lo vi de igual manera, no había persona en la que más confiara para atender a mi Bella que mi padre.

—Nos iremos de inmediato— sentenció después de unos minutos.

—Nosotros estamos aquí para acompañarte con mi madre, Edward— declaró Renee, se vía muy mal, triste y cansada.

—Padre, ellos son Renee y Charles Swan, los padres de Bella— presenté a los recién llegados.

—Es un gusto conocerlo doctor Cullen, me duele mucho que hayan sido en estas circunstancias— saludó Charlie, él no se veía mucho mejor que su esposa.

—Lo mismo digo, Bella se ha convertido en parte de la familia y nos duele mucho todo esto— entablaron una breve conversación y después Emmett apresuró a mi padre ya que su vuelo no tardaría en despegar, agradecía a mi padre y a mi hermano y media hora más tarde se fueron, dejándome con Renee y el jefe Swan.

— ¿Cómo estaba ella? — me atreví a preguntarle a Renee.

—Ni en mis peores pesadillas creí verla en ese estado, oh Edward, mi bebé— lloró Renee en mi hombro, Charlie se encontraba apartado de nosotros, seguramente no quería que su esposa además de todo se preocupara por él.

—Gracias por hacer esto, Edward, otro en tu lugar no lo habría hecho— me dijo el jefe desde su lugar en la esquina de mi habitación.

—La amo, usted sabe eso— él asintió y revisó la hora en su reloj de mano.

—Si están listos deberíamos irnos ya— declaró.

—Vamos ya— pidió su esposa, levantándose de mi hombro y limpiándose el rostro, yo asentí y los seguí fuera de la habitación, bajamos hasta la recepción donde dejé las llaves de la habitación y liquidé la cuenta, ellos esperaron pacientemente y después nos dirigimos al auto que mi padre me había dejado, ya que Emmett había alquilado otro y en ese se habían ido.

El trayecto en el auto fue pesado y tenso, los tres sabíamos que si la abuela de Bella se negaba todo se habría perdido.

Llegamos pronto a un conjunto cerrado donde nos identificamos y sólo después de mostrar nuestras tres credenciales nos dejaron entrar, era un barrio muy fino, con autos lujosos en las entradas de las casas y jardines perfectamente arreglados.

Nos detuvimos frente a una gran casa blanca, con marcos y puertas de color chocolate y un amplio y verde pasto que marcaba el camino hasta la entrada, sin duda era una versión de la casa de los Swan en Forks, pero mucho más grande y decorada.

Salimos los tres del Mercedes alquilado y nos encaminamos a la entrada, Renee se veía nerviosa pero decidida, sabía que hacía mucho tiempo que no veía a su madre, pero lo haría por la vida de su hija y eso lo apreciaba enormemente.

Charlie tocó el timbre y una campana se escuchó, Renee sonrió tristemente y negó.

—No la ha cambiado en todos estos años— dijo más para sí misma que para nosotros.

Minutos después una señora de mediana edad, bajita y regordeta, con ojos grandes totalmente oscuros y cabello castaño nos abrió.

—Buenas tardes, ¿Qué se les ofrece? — nos saludó amablemente, pero distante.

—Clara, ¿No te acuerdas de mí? — se acercó unos pasos Renee a la mujer, quien entrecerró sus ojos y se colocó sus lentes, para después quitárselos y abrir la boca por la impresión.

—Niña Renee, ¿Es usted? —Renee asintió y se dejó abrazar por la mujer quien la reconoció. —Pero si está tan grande y no ha cambiado nada— lloriqueó la mujer, Renee sólo asintió y lloró con ella.

—Está tan bella, se parece tanto a su padre— dijo la mujer cuando se separaron.

—Clara, supongo que recuerdas a Charlie y él es Edward— dijo Renee señalándonos.

—Por supuesto que recuerdo al joven Charlie, está igual de guapo, pero yo pensé que había tenido a una hija, niña Renee— Renee rió ligeramente por su comentario.

—Y así fue nana Clara, él es el prometido de mi hija— la mujer sonrió comprendiendo pero después frunció el ceño.

— ¿Dónde está su hija, niña Renee? — Renee bajó la mirada y fue cuando Charlie intervino.

—Clara, ¿nos permitirías pasar a ver a tu patrona?, tenemos algo muy serio que hablar con ella— Clara miró dudosa hacia el interior de la casa pero al ver el rostro triste y cansado de todos asintió y nos dejó pasar.

El interior de la casa era tan elegante como por fuera, con sillones de colores pastel que combinaban con las paredes, cuadros antiguos y alfombras persas, todo a la vista gritaba, señora de sociedad.

—Clara, ¿Por qué tardas tanto? ¿Quién llamó a la puerta? — se escuchó cómo bajaban de las grandes escaleras de caracol unos tacones, seguida de la voz de la señora.

Renee se tensó al lado de Charlie, y los tres nos quedamos parados a un costado de la gran sala.

Pronto apareció ante nosotros una señora ataviada por un traje claramente caro, de piel blanca y cabello castaño, era increíblemente parecida a Bella, sólo que ella tenía los ojos verdes y era un poco más alta, pero sin duda Bella llegaría a ser idéntica a ella a esa edad.

— ¿Renee? — la mujer se había quedado petrificada en la entrada de la sala.

—Hola, mamá— saludó Renee, tratando de no sonar completamente nerviosa.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó recomponiéndose y acomodando su collar de perlas y sus anillos.

—Tenemos que hablar, es muy serio— la mujer bufó y se volteo.

—Tú y yo no tenemos nada que hablar, así que por favor, vete— Renee se deshizo del abrazo de Charlie y se adelantó hasta quedar detrás de su madre.

—No me iré, estoy aquí por mi hija, no porque quiera pedir el perdón que sé muy bien nunca me darás— en el tiempo que había conocido a Renee nunca la había visto así.

—No le daré ni un céntimo a esa hija tuya— dijo despectivamente, lo que me hizo rabiar, pero Charlie tuvo la sensatez de detenerme por el brazo y dejar que Renee hablara.

—No quiero tu dinero, tampoco mi hija, y jamás estaría aquí si no fuera mi última esperanza— esto llamó la atención de Esperanza, no sé si por indignación o curiosidad, pero se volteó quedando de frente a su hija.

— ¿De qué hablas? — Renee tomó aire y resistió las lágrimas.

—Mi hija se muere, tu nieta Isabella, se muere, mamá— los ojos verdes de Esperanza se abrieron todo lo que podía de impresión.

— ¿Se…muere? — Renee asintió bajando su rostro y regresando al lado de Charlie, quien la recibió y la calmó, sabía que ninguno de los dos podía hablar, así que me adelanté y hablé, tragando el nudo en mi garganta.

—Su nieta fue diagnosticada con Leucemia hace cuatro años, y ahora es imperante encontrar a un donador de medula, sólo le dieron unos días para lograrlo, ninguno de sus padres es compatible, ni yo tampoco, usted es nuestra última esperanza— la mujer me vio recelosa.

— ¿Y tú quien eres, jovencito? — me cuadré de hombros y aclaré mi voz.

—Soy Edward Cullen, el prometido de su nieta— la mujer me examinó y después volvió su rostro nuevamente.

—No entiendo cómo puedo ayudarlos yo— dijo con voz más baja.

—Puede— saqué mi cartera y de él saqué la fotografía que Bella y yo nos habíamos tomado en Acción de Gracias— Ella es la razón de mi existencia— dije mostrándole la fotografía de una Bella feliz, muy parecida a la mujer que tenía en frente— Sea la donadora, haga las pruebas de compatibilidad, es el único pariente que le queda y que puede salvarla.

La mujer tomó la fotografía entre su manos, recorriendo el rostro de Bella con ellas, se adelantó unos pasos y tomó de una repisa un cuadro que no había visto antes, era de un pequeño bebé en vuelto en una manta rosa, que estaba en brazos de unos sonrientes y jóvenes Charlie y Renee, la mujer intercaló su vista entre la fotografía que le había dado y la que ella tenía.

—Sigue igual de hermosa— fue un susurró el que salió de sus labios, pero pude llegar a escucharlo.

—Mamá, no te lo pido por mí, te lo pido por ella, si yo pudiera ser la donante lo haría sin pensarlo, pero no puedo hacerlo, así que te lo suplico, por favor ven con nosotros— Esperanza vio el rostro desolado de su hija y no dijo nada pero regresó el cuadro que tenía y tomó otro, de ella, mucho más joven y mucho más parecida a Bella, con un bebé en sus brazos y un hombre muy apuesto a su lado, el cuadro era tan parecido al de los padres de Bella con ella en brazos, pero sabía que eran Esperanza con Renee y el padre de ésta.

—Clara, acompáñalos a la puerta y que esperen afuera— Renee intentó protestar pero Charlie la detuvo e hizo caso de las palabras de su suegra, Clara nos llevó a la salida mientras veíamos a Esperanza desaparecer por las escaleras por donde había aparecido momentos antes.

—No puedo creerlo, después de todos estos años, lo único que le pido es que tenga un poco de compasión por su nieta y nos da la espalda— lloró Renee, afectada tanto por la visita a su madre como por la situación en la que nos encontrábamos.

—Renee, mi amor, será mejor que esperemos en el auto— le aconsejó Charlie, mi dio a mí una mirada significativa de que hiciera lo mismo.

Subimos los tres al auto, esta vez Charlie iba en la parte trasera con Renee y yo al volante, esperamos como lo había dicho Esperanza y media hora después Clara salía con una gran maleta y Esperanza detrás de ella, con unas gafas y un paño en la cabeza.

Amabas mujeres se despidieron, Clara llorando inconsolablemente, Esperanza le dijo algo al oído y le dio un beso en la frente, ya que era mucho más alta que su ama de llaves.

Charlie salió del auto y ayudó con la maleta de su suegra, Esperanza le dijo algo que no logré escuchar, salí del auto para abrir la puerta del copiloto y ella subió sin decir nada, regresé a mi asiento cuando Charlie ya había subido de nuevo, Renee no decía nada, pero tenía una gran expresión de sorpresa y alivio.

—Gracias, mamá— susurró cuando ya casi llegábamos al aeropuerto.

—Es mi nieta después de todo— fue lo único que dijo, llegamos al aeropuerto con el tiempo justo para que Esperanza checara su equipaje y nosotros los boletos, el avión se demoró todavía media hora más, media hora en la que estuvimos en completo silencio, así que decidí llamar a mi madre para saber qué sucedía, mi madre contesto al primer tono.

Edward cariño, qué bueno que llamas— me saludó mi madre.

—Estamos en el aeropuerto, Esperanza está con nosotros, así que tendrán que tener todo listo para hacer los análisis y el quirófano preparado por si resulta ser compatible— un suspiro de alivio salió del pecho de mi madre.

Eso es maravilloso, Edward, le informaré a tu padre de inmediato, ha estado a cargo de Bella todo este tiempo— eso me alivió a mi también.

—Por favor, dile a Emmett que pase por nosotros en el auto de mi padre— le pedí a mi madre al escuchar el llamado del vuelo.

Se lo diré cariño, estará ahí puntual— me aseguró.

—Gracias mamá— antes de cortar la llamada mi madre me detuvo.

Edward, ella está luchando mucho, se salvará, estoy segura— la voz cansada pero segura de mi mamá me reconfortó un poco.

—Te veré en unas horas, mamá, te quiero— terminé la llamada y alcancé a Renee y a Charlie quienes ya se adelantaban.

Subí al avión a un lado de Esperanza, quien se acomodó en su lugar y sacó una foto de su bolso, me miró intensamente con sus ojos más claros que los míos.

—Sé que la amas, puedo ver en tus ojos el mismo sentimiento que veía en los ojos de mi esposo y en los ojos de Charlie, el día que me trajo esta foto— era una foto de Renee jugando con una Bella de cinco años, ambas se veían tan felices, Bella llevaba un vestido rosa por arriba de las rodillas, que obviamente estaban raspadas y sus dos coletas altas, Renee se veía joven y feliz, con una ropa desgastada y floja, pero se veía más que cómoda y contenta.

—Renee ha sido la madre que yo nunca pude ser y no seré yo quien acabé con eso, mi hija merece tener a su hija más de lo que yo nunca merecí tenerla a ella— la voz de Esperanza estaba muy baja, casi era un susurro.

— ¿Por qué nunca les permitió regresar? — le pregunté con un susurro igual.

—Porque no me los merecía, me había equivocado, Charlie las hizo más feliz de lo que pude imaginar, por el contrario, yo opaqué esa felicidad y no merecía su perdón, prefería que me odiara y fuera feliz lejos de mí a que estuvieran cerca y pudiera romper su felicidad, Isabella es preciosa y no se merecía eso— ella estaba convencida de que les hubiera hecho daño, sin embargo, yo sabía que su distancia las había dañado mucho más.

—Bueno…ahora tiene la oportunidad de remediarlo y darle la mayor felicidad a su hija, a Charlie, a toda mi familia y a mí, salvar a su nieta— Esperanza asintió y no dijo nada más después de eso, se quedó contemplando la fotografía todo el vuelo, hasta que aterrizamos por fin en Nueva York.


Hola, ha pasado menos de un mes (creo) el punto es...que estoy de vuelta, primero que nada, ¡Feliz día a todas las mamás del mundo! Todos mis esfuerzos, mis años de estudios y la felicidad y estabilidad de mi vida no podría tenerlos sin mi madre, la amo con todo mi corazón y sé que sin ella ni siquiera estaría aquí escribiendo para ustedes, MAMI, TE AMO.

Ahora sí, ¿Qué les pareció? Creo que el capítulo quedó ideal para este día de las madres, y además fue muy emotivo, Esperanza es buena a final de cuentas, recuerden algo importante, ella sólo irá para hacerse pruebas, aun no saben si es compatible y si podrá salvar a Bella, pero hay una posibilidad, nos leeremos pronto, muchos besos, An.