Disclaimer: Los personajes (Excepto Esperanza) pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sn mi consentimiento.


Cap.20

La despedida.

—Si no estuviera tan preocupado por mi esposa en este momento estaría pateando el respetable trasero de tu padre, Edward— me confesó Charlie, mientras nos dirigíamos a la habitación de Esperanza.

Después de sentir que mi mundo se derrumbaba por completo, Carlisle finalmente nos dijo que Bella había salido muy bien de la operación, lo que regreso mi alma a su lugar, sin embargo, el estado de Esperanza era delicado y daba muy pocas probabilidades de mejoría.

Ella quería vernos, primero a su hija y minutos después de hablar con ella, quería hablar con Charlie y conmigo.

—Yo también quiero hacerlo, Jefe Swan, pero lo importante es que ella está bien.

Charlie asintió, pero notaba una nota tan aprehensiva sobre lo que fuera que Esperanza estuviera hablando con su esposa, pasó un momento más y Renee salió, con los ojos completamente rojos y lágrimas aun saliendo por sus ojos.

—Iré a ver a Bella, ella quiere que entren— dijo susurrando apenas, llevaba una pequeña llave en sus manos, pero no comenté nada, ni Charlie lo hizo, sólo le dio un pequeño beso en su frente, lo que lo sonrojó y dejó que su esposa se fuera.

—Vamos, entonces— me alentó, aunque parecía que se estaba alentando más a sí mismo a entrar.

Abrimos la puerta y en ella se encontraba una débil y demasiado pálida Esperanza, poco quedaba de la mujer que horas atrás había visto tan altiva y serena.

—Vengan aquí— nos llamó con un movimiento de su mano, ambos, Charlie y yo nos paramos frente a ella, ella respiró con dificultad y procedió.

—Charles, nunca sabré cómo pedirte perdón por lo que les hice a ti y a mi hija, pero agradezco que te haya encontrado, eres el hombre que ella merecía, sólo que no supe verlo a tiempo, cuida bien de ellas, y sigue amándolas tanto como hasta ahora.

—Lo haré, pero usted estará ahí para vigilarme, Esperanza, créame— ella sonrió, mostrando la obvia contradicción que sentía, pero no dijo nada, después posó su mirada en mí.

—Eres un joven muy bueno, ama mucho a mi nieta, dentro de mi maleta hay un collar, tómalo— me pidió, me acerqué a la pequeña maleta que había a un lado del sillón que había en la habitación, encontré fácilmente una pequeña medalla de oro con el nombre "Esperanza" gravada en el centro y debajo de éste había una pequeña esmeralda incrustada en forma de estrella.

—Dásela a mi nieta, quiero que ella lo tenga, y dile que la amo mucho, no importa cuánto tiempo estuve alejada, siempre la tuve en mi corazón, incluso después de mi muerte— Charlie iba a replicar pero me adelanté.

—Esperanza, no tiene nada de qué preocuparse, ella estará bien, y usted igual, estará con su nieta y le dirá lo mucho que la ama.

Ella negó ligeramente, con tranquilidad y con una sonrisa tranquila en su rostro.

—Son muy dulces los dos, pero sé que moriré ahora, lo supe desde el momento en que decidí venir aquí, es por eso que Clara lloraba cuando nos despedimos, ella lo sabe, Renee lo sabe y ustedes lo saben, pero no me arrepiento, prefiero mil veces morir dándole una oportunidad de vida a mi nieta, que sola en mi fría y vieja casa.

Las lágrimas rodaban por mis mejillas, igual que en las de Charlie, pero ninguno dijo nada, Esperanza se despidió una vez más, pidiéndonos de nuevo que cuidáramos y amaramos a su hija y nieta.

La dejamos tranquila, sin preocupaciones y con la conciencia tranquila, repetía que no se arrepentía de nada y lo feliz que era porque Bella viviera, pronto se reuniría con su amado Thomas, como ella repetía.

A las ocho treinta y dos de la noche, del día veintisiete de diciembre del dos mil doce, Esperanza Dwyer, falleció.

Renee estaba inconsolable por la pérdida de su madre, pero también tenía una gran alegría por haber arreglado todas sus diferencias con ella y sobre todo, porque su hija ahora podía curarse.

No me dejaron ver a Bella hasta muy entrada la madrugada, había estado sedada después de la operación, pero una vez despierta, se negó por todos los medios a que la volvieran a drogar y pidió, o más bien demandó, que me dejaran verla, finalmente así lo hicieron.

La habitación estaba obscura, apenas iluminada por la escasa luz de una lámpara y la brillante luna que filtraba su resplandor por entre las cortinas de la habitación, en medio de una gran cama con mantas blancas cubriéndola hasta la barbilla, dándole en aspecto casi irreal, estaba mi Bella, tan pequeña y pálida como siempre, pero su semblante tenía un aspecto diferente.

—Hola— la saludé, tratando de no perturban la calma que se respiraba en el lugar.

—Hola— me saludó con una maravillosa y amplia sonrisa, llena de amor, justo como la mía.

— ¿Cómo te sientes? — le pregunté, ella abrió sus ojos hasta ese momento cerrados, seguían siendo tan hermosamente chocolates como los recordaba.

—Me sentiré mejor cuando me des un beso— me dijo juguetona como siempre, ahí estaba mi Bella, más hermosa que nunca, amándome y pidiéndome lo que yo igualmente anhelaba.

Con cuidado, pero con rapidez, me acerqué y la besé intensamente, transmitiéndole todo el amor que sentía en ese momento por ella.

—Dios, te he extrañado tanto, estos días han sido un tormento— le dije, una vez nos separamos por aire, ella hizo una mueca culpable.

—Lamento no haberte dicho lo mal que me sentía, y por hacerte pasar por esto, te lo juro, no era mi intención— se disculpó, yo negué quedamente.

—Eso ya es pasado, ahora todo irá mejor— le aseguré, ella asintió pero de pronto sus ojos se empañaron.

—Mi abuela…— yo bajé mi rostro, pero me acerqué más a ella y la abracé, protegiéndola de todo lo que le pudiera hacer daño, ella se aferró a mí, llorando ligeramente.

—Ella te amaba muchísimo, y se fue feliz, te aseguro que lo hizo, no podía estar más contenta de haber salvado a su nieta— Bella sollozó pero asintió.

—Sólo me hubiera gustado verla una vez antes de que se fuera.

Inmediatamente recordé el collar que me había dado y se lo entregué.

—Ella quería que lo tuvieras— lo tomó entre sus manos, apretándolo en su pecho, donde se encontraba su corazón y dejando caer más lagrimas silenciosas.

—Siempre la llevaré en mi corazón— susurró más para sí misma que para mí.

—Todos lo haremos, amor, todos lo haremos— le aseguré.

Logré que Bella se calmara después de varios intentos, recordándole que su estado de salud aun era delicado y que podía hacerle daño el llorar tanto, se quedó dormida luciendo como el ángel que era y yo me encargué de vigilar su sueño, asegurándome de que ella estuviera bien y durmiera tranquila, mi vida estaba con ella, y nunca la dejaría ir.

La mañana siguiente amaneció gris y más frío de lo normal para esa fecha, supuse que el clima estaba acorde a como se sentía nuestra familia, realmente todos habían agradecido el acto de Esperanza y el que muriera había sido tanto una sorpresa como un golpe muy duro.

—No entiendo por qué no puedo ir, ella era mi abuela— volvió a quejarse Bella, con un deje de tristeza y frustración.

—Debes estar en observación, ya te lo han dicho y repetido muchas veces— le volvió a decir Rose a Bella, estábamos Alice, sentada a los pies de la cama, Rose, sentada muy tranquila en el sofá de la habitación, y yo acostado a un lado de mi Bella.

—Pero yo quiero estar con ella, con mi madre— dijo triste y recostándose en mi hombro.

—Bella, tu salud es lo primero, si no te recuperas todo lo que hizo tu abuela no habrá tenido ningún sentido— le recordó Alice, sus palabras eran tan ciertas que Bella no pudo refutarlas.

Ellas, junto con toda mi familia, irían esa noche al velorio de Esperanza, Bella por supuesto no podía ir, y yo aunque el sol se apagara no me despegaría de ella.

Tocaron la puerta delicadamente, Alice se levantó, con esos pasos de bailarina que la hacían parecer que flotaba y abrió la puerta con cautela, con la mejoría de Bella el alegre y chispeante ánimo de mi hermana había vuelto.

Alice se volvió hacia nosotros con una mueca en el rostro después de ver quién era la persona que llamaba a la puerta, se acercó a Rosalie, le dijo algo al oído y como un resorte se levantó de su lugar para salir de la habitación.

— ¿Qué les pasa a esas dos? — preguntó curiosa Bella.

—No tengo ni idea, no creo que sea la manada— Bella abrió los ojos desmesuradamente.

— ¿La manada está aquí? — Yo sólo asentí, confundido— ¿Toda la manada? — volvió a preguntar.

—Sí, amor, todos, Sam, Jared, Paul, con sus respectivas novias, Quil, Seth, Embry y…Jacob— el nombre de éste último lo dije con un cierto tono de tensión que esperaba Bella no notara.

— ¿Y Leah está aquí? — me desconcertó un poco su pregunta pero asentí.

—Rayos, ha de estar siendo un martirio para ella— comprendí en ese momento, ella se estaba preocupando por la vida sentimental de su amiga, muy propio de Bella.

—Ella está bien, pasa tiempo con su hermano y los demás chicos, no debes preocuparte por nada, amor.

— ¿Cómo sabes de lo que estaba hablando? — me preguntó entre divertida y suspicaz.

—Digamos que Leah creyó que yo era lo suficientemente confiable como para contarme su historia con Sam— Bella rió y negó.

—Siempre le dije que era una tragicomedia más que una historia— se burló mi novia.

—Y yo siempre dije que eras una desgraciada por decir eso— se escuchó la divertida voz de Leah en la entrada de la habitación, detrás de ella estaba Jacob y su hermano.

—Bueno, tienes que admitir que es absurda— ella le arrugó la nariz y le sacó la lengua, como toda una niña pequeña. —Muy madura, Leah.

Amabas chicas se abrazaron fraternalmente, riendo por alguna cosa que Leah le había dicho al oído y que yo no había podido escuchar.

— ¿Y a nosotros no piensas saludarnos, Bells? — preguntó el chucho, volviendo a desatar mi molestia, pero algo había cambiado, a pesar de que tenía a Bella en frente, no la veía con la misma adoración con la que la había visto antes de su operación, definitivamente algo había cambiado.

— ¡Jake! ¡Seth! Hace tanto tiempo que no los veía, los he extrañado mucho— ambos chicos aplastaron en un fuerte abrazo a Bella, el cual ella respondió con bastante menos fuerza.

Platicaron un poco, de cómo se sentía Bella, de lo que había pasado y de lo mucho que lamentaban la pérdida de Esperanza.

—Estoy segura de que donde quiera que esté, te ve y te cuida, y es muy feliz— dijo Leah, con un deje de tristeza, seguramente recordado la muerte de su propio padre.

Vi cómo Bella estaba a punto de ofrecerle un abrazo para reconfortarla de su repentina nostalgia, pero Jacob ya la había rodeado por los hombros y le susurraba algo al oído, el semblante de Leah cambió, entonces lo supe, y por supuesto que Bella también lo supo, me miró con los ojos muy abiertos y una sonrisa cómplice en el rostro, yo sólo me alcé de hombros, al igual que Seth, quien veía a los dos chicos de la misma manera.

Se despidieron pasado un rato, dejándonos en relativa calma a Bella y a mí hasta que Alice y Rose regresaron, esta vez con sus respectivas parejas detrás de ellas.

—Por lo que veo, tu "mejor amiga" ya se fue — dijo una muy sarcástica Alice, yo rodé los ojos por su actitud tan tonta.

— ¿Es acaso que tenía algo mejor que hacer que estar contigo? — continuó Rosalie, yo bufé, su actitud era ridícula.

— ¿Qué les sucede? — preguntó Bella, realmente preocupada. — ¿De qué hablan?

—Ignóralas, es lo que yo hago— Ambas chicas me miraron mal, pero pareció que Bella lo entendió en ese momento.

—No estarán celosas de Leah, ¿O sí? — preguntó Bella, más divertida que molesta.

—Claro que no, nos encanta que tengas a tu amiga de toda la vida cerca— dijo Alice, destilando veneno, quise decirle algo pero Bella se soltó a reír en ese momento, aumentando la molestia de las chicas.

—No es gracioso, Bella— le reprochó Rosalie.

—Por supuesto que no es gracioso— concedió Bella, sosteniendo su estomago por toda la risa— Chicas, es ridículo.

Mis hermanas estaban enfurruñadas, Jasper y Emmett apenas podían contenerlas sin soltarse a reír junto con Bella y conmigo.

—No es gracioso, Bella— repitió Alice, Bella utilizó toda su fuerza para tranquilizarse y poder hablar.

—Es ridículo, Leah es mi mejor amiga, sí, pero ustedes son eso y más, son mis hermanas, no tienen nada que envidiarle a Leah, jamás podría remplazarlas por nadie, las tres tienen su lugar especial en mi corazón— finalmente logró decirles.

Ambas saltaron sobre Bella y comenzaron a lloriquear, quizás yo lo había visto exagerado, pero para ellas podría haber sido mucho más serio de lo que pensaba.

No sin pesar, todos se retiraron, tenían que ayudar en el funeral de Esperanza, del cual Esme se había estado encargando, se despidieron prometiendo regresar después del sepelio.

—Es tan horrible no poder estar ahí con mis padres— abracé nuevamente a Bella pero no tuvimos muchos tiempo antes de que fuéramos nuevamente interrumpidos, esta vez, por toda la manada.

Con todas sus bromas y energía dejaron a Bella agotada por lo que tuve que pedirles que se fueran muy amablemente.

—Pero no creas que te desharás de nosotros tan fácilmente, chica vampiro— le aseguró Emily.

— ¿Chica vampiro? — pregunté, Bella se rió, pero Emily se adelantó a responderme.

—Cuando solíamos juntarnos, Bella se obsesionaba con todas estas historias de los Quileute sobre vampiros— todos los chicos rieron, incluida Bella.

—Emily y yo solíamos pelear todo el tiempo por eso, ella era la chica lobo y yo la chica vampiro— terminó Bella.

—La única cara pálida en la reserva y además una amante de los vampiros— dijo Paul negando, mientras su novia reía disimuladamente.

—La combinación fatal— terminó Jared, haciendo que todos rieran, pero el cansancio de Bella se volvió más notable y tuvieron que irse, ahora por mandato de la enfermera, por suplicas mías pude quedarme junto a ella hasta que se quedó dormida.

—Duerme bien, mi Bella durmiente— le dije, antes de acomodarme junto a ella en su cama de hospital y quedarme profundamente dormido, abrazado al amor de mi vida.


Hola amores, como muchas de ustedes imaginaron y adivinaron, sí, Esperanza murió, pero como lo han leído, se fue muy feliz dejando a su hija y a su nieta seguras y felices al lado de alguien que las ama.

El próximo es el último capítulo, de ahí ya sólo será el epílogo.

No puedo terminar esta nota sin decirles lo mucho que apreció el apoyo que le dieron a esta historia, sin ustedes no hubiera podido continuar, fue una historia un poco diferente a lo que acostumbro escribir, pero igual de gratificante, nos estamos leyendo pronto en el próximo capítulo.

Besos, An