Mientras Black y Malfoy se miraban asustados por lo que acababa de decir la muchacha, unas llamas verdes se levantaron en la chimenea del despacho de Cygnus. Los tres presentes voltearon y se encontraron con un demacrado pelirrojo.
—¿Cómo te atreves a venir aquí después de todos los problemas que has ocasionado? Asquerosa escoria. —Escupió Cygnus quien parecía que sacaría llamas de los ojos, lucía fuera de sí como si estuviera endemoniado la verdad era para dar miedo, pero eso no le importó en lo más mínimo a Weasley pues con paso decidido se acercó a su esposa.
—¿Problemas? Usted fue el único problema. Es un desalmado. —dijo con repugnancia. —¿No se da cuenta de a cuantas personas daña su estúpido egoísmo?, ¿no le importa ni siquiera si daña a su propia sangre?, es peor que un animal.
Cygnus estaba paralizado ante las palabras de aquel joven, se sentía avergonzado, peor que un asqueroso elfo. Tan shockeado estaba que ni siquiera pudo lograr percatarse de todo lo que paso segundos después.
Todo fue tan rápido que nadie pudo evitarlo
—Ya estoy harto de esto. —Se hizo notar Malfoy. — ¡Expelliarmus!
El pelirrojo fue despojado de su varita y dado que Narcissa no poseía la suya desde el ataque ambos eran vulnerables. Phil puso tras de sí a la rubia y un segundo después Abraxas ataco de nuevo, esta vez su maldición había hecho que Weasley cayera en el suelo sangrando, era como si dos enormes espadas le hubiesen perforado el torso. Narcissa tenía los ojos como platos, y enormes lágrimas caían por sus mejillas, estaba tumbada junto a su amado, ambos se tomaron de la mano, manos que estaban bañadas en sangre. El pelirrojo estaba ahogándose y respiraba entrecortado mientras miraba a la chica a los ojos con gran desesperación.
—No nos dejes Phil. —suplicaba a mar de lágrimas. —Te necesito, te necesitamos. Te amo.
—Yo también… las amo… a las dos... y seguiré… contigo… te estaré esperando.—A grandes esfuerzos logro hablar. —Te… Amo. —fue lo último que salió de su boca antes de que se quedará con la mirada fija en ella y la boca abierta.
Narcissa se echó a llorar sobre el cuerpo de su esposo, le beso la frente y lo abrazo tan fuerte tratando de seguir sintiendo su calor, pero solo ocasiono bañarse más en sangre. Con muchos esfuerzos se puso de pie y al verlo y verse a si misma grito con furia y desesperación, estaba aterrada. Sentía que caería en cualquier segundo.
Se acercó a Malfoy como pudo—¡Es un maldito asesino! —le escupió en la cara. La rubia sintió como un líquido caliente comenzaba a caer por sus piernas, sin más volteo al suelo y se encontró con un charco de sangre que seguía escurriendo.
—¡No! ¡No! ¡NO! —cayó desmayada.
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Un día después Narcissa por fin abrió los ojos, sobresaltada lo primero que hizo fue tocar su vientre pero el pánico la invadió cuando no sintió el pequeño bultito de sus casi ya tres meses.
—Señorita Black, cálmese, necesita descansar. —Un medimago se acercó a la chica y trato de que regresara a la cama.
—¿Pero qué ha pasado? ¿Mi bebe? Mi pequeña…—De nuevo comenzó a llorar amargamente.
—Beba esto por favor. — La chica negaba y dado que el medimago pensaba obligarla comenzó a dar manotazos y a gritar que no quería nada.
Al final no pudo más y bebió el tónico para los nervios, aunque eso no curo la infinita tristeza que sentía al haber perdido a sus dos grandes amores.
Cygnus Black que no aguantaba el peso de culpa, evitaba incluso pasar junto a la habitación en la que estaba su hija pues sus sollozos y gritos le desgarraban el alma. Realmente no aguantaba ya ese tormento, ya no entendía cuál era el sentido de su vida, había errado en todo lo que planeo por años. Su hija mayor se había ido y hacía mucho no le veía, ni siquiera había tenido la dicha de conocer a su nieta y ahora que lo pensaba no le importaba en lo más mínimo si la niña era una mestiza ella seguiría llevando sangre Black. Por otro lado Bellatrix ahora parecía demente, se veía que era infeliz junto a Rodolphus y quizás jamás formarían un hogar. Pero lo que en verdad le hacía sentir el peor bastardo del mundo era el hecho de ser culpable por la infelicidad y destrucción del matrimonio de su pequeña, incluso era el culpable de la muerta de su nieta que ni siquiera tuvo oportunidad de vivir. Ya nada tenía sentido para él, nada. Jamás podría remediar aquello y ahora estaba condenado.
Pasando algunos días Cygnus recordó lo que Cissy había dicho sobre su matrimonio y recordó el juramento que había hecho con Malfoy hace más de 22 años justo unos días después del nacimiento de Narcissa. La curiosidad le hizo sacar su pensadero y al hundirse en sus propios recuerdos pudo ver como el trato con Abraxas no había sido que su hija se casara con Lucius, sino que ambos al llegar a la edad apropiada se unirían para traer un heredero a ambas familias.
Cuando el hombre salió del pensadero se sintió aun peor pues sí que había sido un tonto al jurar semejante estupidez, la verdad ya no le importaba cumplir esa promesa, morir, vivir cual era la diferencia ya estaba en el infierno y se había llevado a su familia con él. No cabía duda la gloria de los Black había terminado y no solo lo decía por su familia pues su hermano vivía una situación bastante similar.
Pasaron cerca de dos semanas para que Malfoy se presentara de nuevo en casa de Black.
—¿A qué has venido?
Malfoy sonrió malicioso de lado. —Te recuerdo que aún no cumples tu promesa y si no quieres que esto sea por las malas más te vale hacerte cargo de una buena vez.
—Esa estúpida promesa ya no vale nada.
—No te olvides de qué lado estas Cygnus, tu hija aún puede limpiar su historia haremos que su incidente con Weasley jamás paso, pero si no copera será encarcelada por alta traición a la sangre, yo mismo vendré para escoltarla a Azkaban y no solo me encargare de ella sino también de tu otra traidora.
Cuando Malfoy desapareció Black como león enjaulado permaneció horas dándole vueltas al asunto, si bien ya había arruinado la vida de todos no quería empeorar las cosas así que al final tomo una decisión.
