Lo siento, lo siento, lo siento. ¡No es mi culpa!, son las profesoras que disfrutan torturando a los alumnos y no nos dan pausa.

Lamento la tardanza y NO, no abandonaré la historia. Espero que lo disfrutéis, aunque no este perfecto. Bueno, como dije en el capítulo anterior; los personajes son de Cassandra Clare, yo solo juego con ellos.

Capítulo 2

Los rayos del sol consiguieron traspasar la ventana y llegar hasta mis parpados. Perezosamente me levanté de la cama y me dirigí hacía la puerta para bajar lentamente las escaleras.

El comedor estaba hecho un desastre. Por todos lados había botellas, vasos y ¡¿zapatos?! Con un chasquido de mis dedos todo desapareció, dejando la casa completamente ordenada.

Ya en la cocina me preparé unas tostadas con mermelada de arándanos y sin poder evitarlo tomé helado de chocolate del congelador. Según tenía entendido los mundanos lo tomaban cuando estaban deprimidos y si a ellos les funcionaba, ¿por qué no podría funcionarme a mí? Estuve bastante rato con el helado, creo que me comí medio pote y con ello no conseguí nada más que aumentar mi depresión. ¿Ahora que haría para matar el tiempo? ¡Lo de siempre!

Fui a mi habitación y con cierta brusquedad tomé todos los pintauñas de los cajones y busqué el más indicado para el momento. No me costó localizarlo ya que era un color que sobresalía por encima de los otros. Negro. Me tomé mi tiempo para pintarlas ya que, ¿qué más podría hacer? A lo mejor podría.., no, mejor si…, tampoco. ¿Qué tal si...? ¡Joder! No se me ocurría que hacer.

El teléfono sonó y al cuarto pitido apareció el contestador automático:

"Habla el grande, magnifico y excepcional brujo de Brooklyn. Si cree que es suficientemente importante para hacerme perder el tiempo deje su mensaje después de la señal. Gracias"

-Magnus, soy Alec. Sé que me estás escuchando, por lo que ¿te importaría coger el teléfono para que te lo explique? Todo ha sido un malentendido. Gracias.

Suspiré pesadamente. ¡Ni un malentendido ni leches! ¡Se estaba liando con esa chica! ¡Y además en mi jardín! ¿No tenían sitios? ¿Por qué?, ¿Por qué tenía que haberme engañado? ¡No le había dado motivos! ¡Ni uno!

-Mags, otra vez soy yo. ¿Podrías coger el teléfono, por favor?

¿Para que? ¿Qué me diría? Lo dejé sonar.

-Magnus, por favor. Sé que estás disgustado per...

-¡Magnus! Coge el puñetero teléfono de una vez o te juro por el Ángel qu...

-¡JaceWayland, Morgenstern, Lightwood, Herondale o como mierda quiera que té llames! Ni se té ocurra hablarle así a mi novio. ¿Te queda claro? Todo esto es tú culpa, así que ¡Deja que lo arreglé yo!

-¡Claro! Es mi culpa. ¡Siempre es mi culpa!

-¡Por el Ángel Jace! ¡Baja de tu perfecto mundo y acepta que la acabas de cagar!-acabo gritando Alec.

-¡No es mi culpa si tu novio es un sensible!-Jace hizo un vago intento por defenderse.

-¿Ahora la culpa es de Magnus?-pregunto Alec exasperado.

-¡Parar los dos de una vez!-intervino Izzy- Alec, deja de llamarlo. ¡Por el Ángel! Tienes una dignidad que mantener. Y tú, Jace. Tu ego no puede ser tan grande. Has cometido un error y has de aceptarlo. Aquí la única perfecta soy YO -finalizó con prepotencia.

-¡Si claro!, doña perfecta al habla... –la voz de Jace se volvió a escuchar.

-Más perfecta que tú si, o es que...- contrataco con rapidez.

-Chicos, dejarlo por favor.- mi hermoso novio sonó cansado, y después de varios intentos sin lograr nada se puso a gritar.

-¡Callaros de una vez! Todo esto es vuestra culpa, fue vuestra idea y yo como un tonto caí en ella. Así que dejar de una vez esta estúpida conversación y ayudarme a pensar en algo para recuperar a Magnus.

-De acuerdo hermano, lo siento.

-Lo siento Alec. El momento ha podido conmigo, sé que Jace es un infantil y era mi obligación parar la conversación, como la ÚNICA adulta que soy.

-¡Pero que dices! Yo soy más maduro que tú. Puedes preguntarle a Clary, ella te lo dirá.

-Pues tú pregúntaselo a Simón a ver que te dice.

-Si claro, él es tu novio, ¡seguro que te apoya!

-¿Y Clary no es tu novia?

-¿Por qué?¿Por qué?¿Por qué?- iba diciendo Alec mientras ese par empezaba una nueva discusión.

-¡Por el Ángel! Aún estoy llamando, espero que no lo haya escuchado todo.-dijo mi amor, para luego colgar.

Me reí internamente, ese era mi chico, tan despistado como siempre. Un agudo dolor me cruzo por el pecho. Alec ya no era mi chico, él estaba con esa ... Esta vez el dolor solo tuvo lugar en mi corazón. Caí de rodillas al suelo, abrazado a mi mismo y llorando como nunca antes lo había hecho. Lloraba por mis padres, por ser como era, por no poder mantener al amor de mi vida a mi lado. Todas las lágrimas que llevaba la vida reteniendo salieron a la luz. Todas y cada una de ellas me pasaron factura en ese momento, desbordándose lentamente por mis mejillas libres de maquillaje y purpurina.

Un ruido me alertó. Alguien había entrado en mi casa, pero no le di importancia y continué en la misma posición. Quienquiera que fuera se iría rápido, la casa tenía hechizos de protección, nadie podría pasar más allá de la entrada principal.

El ruido cada vez se hacía más cercano, un golpeteo regular contra el suelo. Tacones. Intenté levantarme para saludar a la única persona en el mundo que podría haber burlado mi seguridad, pero me fue imposible. Una parte de mi quería morirse, tumbarse en el suelo hasta que todo no fuera más que otro viejo recuerdo, pero la otra parte me animaba a levantarme, a seguir, a no mantenerme débil. Obviamente ganó la primera, ya que mi cuerpo parecía haber encontrado la posición perfecta para estar allí un par de siglos.

-¡Por Raziel ….. ¿Se puede saber que haces en ese estado tan deplorable Magnus Bane?

Mientras levantaba la cabeza fui dándole un repaso a la única persona que ha estado conmigo en cualquier momento y en cualquier circunstancia. Catarina Loss, mi madre, mi hermana, mi amiga, mi alma gemela, mi todo.

Los zapatos rojos se adaptaban perfectamente a sus pequeños pies, unas medias transparentes le daban cierto toque de luminosidad a sus hermosas piernas y el vestido. Ahh el vestido. Le moldeaba perfectamente cada una de sus curvas, a demás ese rojo pasión hacía que sus preciosos ojos marrones resaltaran aún más, si eso era posible.

-Si ya has acabado la inspección, ¿Te importaría decirme porque estas en tan pésimas condiciones?- pregunto enfadada.

Y fue entonces cuando me fije en sus brazos, los tenía en jarra. Al igual que una madre cuando riñe a un niño pequeño.

Una amarga carcajada se escapó entre mis labios. ¡Dios como la había extrañado!

-Cat, ¿Cómo tu por aquí? Te hacía en Londres.

-Ya ves, como no contestabas mis mensajes decidí venir a verte. Por favor dime que no estas así por ese nefilin novio tuyo. – me suplico con esa mirada típica que solo saben poner las mujeres. ¡Lo digo por experiencia! ¡Lo he probado mil veces y nunca consigo que me salga!

-Bueno… ¿Cómo empezar?

-Mags, brujito de mi alma, caramelito de mi corazón. ¿Por qué no empiezas por el principio?-me dijo dulcemente mientras hacía referencia a los apodos de cuando éramos más jóvenes.

-Es que, es que, es que estaba yo en la fiesta y.. –Dije entre hipos-me fui a fuera y..y.. allí estaba él. Liándose con una mundana, con una chica.-acabé llorando y ella, como siempre, me acogió entre sus brazos mientras me acariciaba la espalda, realizando pequeños círculos en ella.

-Mags, amor, no he venido aquí a ver como te me derrumbas, porque tu no eres este. Así que, ¿te importaría decirme dónde están los quilos y quilos de purpurina que impiden a todo el mundo ver ese perfecto cuerpo? Y las uñas de color negro, ¿por un maldito nefilin que no sabe lo que se pierde?

Tomó aire y se sentó a mi lado suspirando. Con un chasquido de dedos hizo aparecer un centenar de botellas y dijo:

-El alcohol es un buen método de olvido, ¿te apuntas?