Destino

Capitulo XI

La familia de Ryou


Habían pasado tres semanas desde que Kiosuke desactivó el sello. En un principio a la castaña le fue algo difícil ejecutar el henge. Pero después cuando comenzó a perfeccionarse y le encontró el truco, los otros jutsus primarios, como el bunshin no jutsu y kawarimi no jutsu, le fueron más fáciles de hacer. Incluso podría decirse que después de una o dos semanas ya dominaba el jutsu casi a la perfección, cosa que impresionó a Ryou y a Kiosuke, pero sobre todo a este último, que no se imaginó que la muchacha tuviera esa clase de potencial. Y además porque ella llegó a Suna hace unas pocas semanas y aprendió en un tiempo record lo que en Konoha, al menos eso recordaba, era una prueba para graduarse de la academia ninja.

Su taijutsu también había mejorado bastante, al menos ahora Kiosuke se demoraba más en dejarla tirada en el suelo. Y además el muchacho le enseñó uno que otro truco con los kunais y shurikens. Aunque había que reconocer que la puntería de la chica, por ahora, no era muy buena, había que agradecer que al menos sabía utilizarlos y no cortarse la mano en el intento, eso ya era un gran logro ¿verdad?

En cuanto al tema del genjutsu, todavía Kiosuke no la había metido en ninguno -no que ella supiera-, si no que solamente le había estado enseñando lo teórico, en unas aburridas clases en una biblioteca privada que estaba al lado del despacho de Ryou, en las cuales sólo se pasaba leyendo libros de un grosor inimaginable y que solamente hablaban de chakra, ninjutsu, genjutsu, dojutsu (algo que no entendió muy bien) y…chakra y más chakra.

Durante estas tres semanas la muchacha solamente entrenaba y aprendía todo lo posible que su mente le permitía hasta mediodía; a esa hora almorzaba y luego comenzaba a trabajar en el local, hasta la hora que cerraban para luego ir al departamento de Kiosuke o a la casa de Gaara.

Claro que nada de eso ocurría el domingo que era su día sagrado para divertirse, comprar lo que le faltaba, o en esos domingos cuando Temari no tenía misión, pasar encerrada en su pieza conversando cosas de chicas.

Además del domingo, habían otros días en los que se salía de la rutina y estos eran cuando no podía ni mover ni un dedo y se quedaba adolorida en su cama gracias a las veces en las que Kio olvidaba que era una completa novata y trapeaba el piso con ella, en el sentido más literal de la palabra. O también cuando en un principio ocupaba todo su chakra y llegaba a casa en estado de zombi para tenderse en su cama y quedar cercana al coma por a veces más de 24 horas.

Su única complicación en todo esto, era un chico pelirrojo que no lograba sacarse de la cabeza en ningún momento; cuando lo veía, bajaba instintivamente la mirada con vergüenza por ese insignificante beso en la mejilla y trataba de hablar lo menos posible con él.

"Pero si sólo fue un beso en la mejilla" se reprochaba repetidamente, sin embargo, su actitud hacia él no cambiaba.

A veces, Dani sinceramente pensaba que uno de los motivos por los que entrenaba sin descanso, además de querer convertirse en ninja, era distraerse; ya sea para no recordar a su familia o para no pensar todo el día en Gaara, este ultimo motivo era a veces -la mayoría de la veces- la verdadera razón.

Ya no pensaba tanto en su familia, de cierto modo ya se había resignado la primera semana a que lo más probable era que no los volvería a ver, así que atesoraba cada momento que había pasado junto ellos cuatro. Pero era difícil, muy difícil. Ella nunca antes había estado tan lejos de casa y le dolía. Podían llamarla mamona, como le decía Jorge, pero ella era así, regalona. Añoraba los juegos que hacían a veces, las discusiones tontas, cuando su mamá se enojaba con su papá y éste en vez de arreglar el asunto, la molestaba más, hasta el punto de que su civilizada madre se tiraba encima de él y ahí recibían en un pack las clases de defensa de su padre junto a las maneras más rápidas de cometer homicidio gracias a su madre. Aquello recuerdos siempre lograban sacarle una sonrisa divertida, pero luego provocaban que se acurrucara en su cama y sollozara hasta altas horas de la noche, en silencio para no molestar a los demás. Debía agradecer a Kiosuke, Ryou y también a Kasumi, por siempre apoyarla cuando pasaba por esas crisis de papitis, mamitis y hermanitis aguda. Con ellos además logró formar un lazo muy fuerte y ahora los considera como su segunda familia. Con los hermanos Sabaku también le pasaba algo similar, pero con ellos no es lo mismo ya que no había la misma confianza.

Cuando le quedaba algo de tiempo libre, casi siempre en la noche, se ponía a escribir en el portatil cada cosa que le pasaba a diario, con la esperanza de que si alguna vez volvía a su mundo, pudiera tener un registro para convencerse de que lo que le había tocado vivir no era un sueño. Ese era un diario de vida que tenía desde pequeña, pero un tanto extraño, ya que en realidad eran cartas dirigidas a su hermano gemelo, que murió al nacer. Eso lo hacía para sentirse más cerca de él y con la esperanza de que su hermano la escuchara desde donde fuera que estuviera. Siempre se había preguntado cómo sería su hermano si estuviera vivo… ¿hubiera sido cuando pequeño tan travieso como ella? ¿Tendrían los ojos del mismo color o él los tendría más oscuros, como su padre? ¿Cómo luciría a los trece años? ¿Tendría algunas pretendientes? ¿Sería celoso con ella? ¿Se llevarían bien? ¿Sería igual de aplicado en el colegio como ella, sería igual de inteligente, tendrían las mismas notas o serían todo lo contrario? ¿Cómo sería su sonrisa? ¿También habría sido él tele transportado a ese mundo? Se hacía todas esas preguntas, sin saber que tal vez alguna vez sería respondidas.

Cuando quería distraerse, como en ese momento, su cuaderno era muy útil, ya que el dibujar y tratar de hacer su obra tan perfecta, se olvidaba de todo lo demás. El problema radicaba en que…bueno…, nunca elegía los momentos más oportunos para dibujar.

—Oye, en vez de dibujar ¿sabes lo que podrías hacer? ¿Te parece ayudar a los chicos que están haciendo malabares para entregar los pedidos? —Era lo que le solía decir Kiosuke cada vez que la pillaba dibujando escondida en un rincón del restorán esos días en el que el restorán estaba repleto, o sea, casi siempre.

El restorán Fujiwara aunque era el más lujoso de Suna y era reconocido por ser el favorito de las personas de clase alta y de los señores feudales que visitaban la aldea, estaba también al alcance de las personas con una situación económica normal.

En los dos pisos superiores de la construcción, Ryou vivía con su esposa y sus dos hijas, Hitomi de nueve años y la pequeña Sarah de once meses; el nombre de esta última sorprendió a Daniela y su sorpresa fue mayor cuando se enteró que la esposa de Ryou se llamaba Magdalena.

—Qué extraño que se llame Magdalena, ¿no te parece? —comentó la castaña mientras cerraban el local.

—Para nada —contestó el chico con una sonrisa.

—Tuve la vaga impresión de que aquí no existían nombres como esos —dijo ignorando la respuesta de su amigo, pensativa.

Kio miró de reojo a la chica y sonrió divertido, esa muchacha sí que era curiosa.

—Bueno, es posible que alguna persona haya comenzado a inventar palabras y la hubiera dejado como nombre. Aquí al menos, al igual que el tuyo, ese es un nombre único —dijo encogiéndose de hombros—. No le des importancia, puede que sea una casualidad del destino o alguna de esas idioteces.

—Creo en las casualidades del destino, creo que mi llegada aquí fue una, pero no me trago tal casualidad. Es casi imposible que a alguien se le haya ocurrido ese nombre de la nada, al menos no aquí.

Y dele con la tontera… ¿es que acaso la chica no podía dejar pasar el tema y ya?

—Bueno, en todos los lugares, todos los lenguajes se crean de la misma forma ¿no crees?

—A eso me refiero, por ejemplo, los nombres que se usan en esta ciudad y al parecer en Konoha también, en mi mundo son nombres propios de Japón. Pero el nombre Magdalena proviene de otro idioma, una lengua que no creo que se hable aquí. Por que por lo que me dijiste al parecer en todos lados existen el mismo tipo de nombres y además la lengua es una sola, y no es japonés aunque ocupan algunas palabritas, también ocupan algunas palabras en inglés. O sea, no hay forma de que a alguien se le haya ocurrido el nombre —dijo haciendo una especie de comillas con sus dedos mientras decía lo último.

Kiosuke suspiró negando con la cabeza.

—¿Sabes?, si piensas mucho se te va a chamuscar el cerebro. Aunque en tu caso creo que el calor ya lo hizo, por eso hablas puras idioteces —dijo con una media sonrisa esperando el golpe que se le venía.

Pero en vez de eso, la castaña ignoró el gracioso comentario de su hermano y se quedó pensativa.

—¿Alguna vez Ryou te comentó donde la conoció? —cuestionó con una mirada analítica y calculadora.

Uff…y seguía con lo mismo.

—¿Debería? Esas cosas son de él. Ni tú ni yo tenemos derecho a…

—¿Qué cosas son de él? —cuestionó una mujer que apareció detrás de Kiosuke.

Era una mujer de alrededor de treinta años, debía medir cerca del metro setenta, de tez pálida y grandes ojos color miel. Su largo cabello ondulado era de un castaño rojizo y lo llevaba tomado en una coleta baja.

Dani se quedó observándola fijamente por algunos segundos. Aquella mujer le recordaba a alguien, pero no sabría decir a quien en estos momentos.

—¿Dani? —dijo Kiosuke con una media sonrisa haciéndole un gesto para que contestara.

Dani maldijo su suerte y maldijo a Kiosuke también por no ayudarla y tirarle todo a ella.

—Eh…bueno…yo —balbuceaba sin saber que decir. La pregunta le llegó por sorpresa y no podía responder que estaba hablando acerca de su nombre. Además ni siquiera la conocía, sólo la había visto algunas veces pero no había hablado con ella—. Yo…le estaba diciendo a Kio-nii-chan que… —En ese momento notó que su cuaderno estaba cerca y se le prendió la ampolleta justo a tiempo—. Bueno, le estaba diciendo que hay unos dibujos que ha hecho mi papá que yo quiero botar y él me decía que no debería porque los dibujos son de él…y sí, creo que tienes razón, Kio.

La castaña le dirigió una rápida mirada a su amigo y vio que este la miraba con una ceja levantada, incrédulo.

—Dibujas, vaya que interesante ¿me dejas verlos? —pidió la mujer amablemente.

—…Eh…por supuesto, lo que usted quiera —respondió con una sonrisa nerviosa tendiéndole el cuaderno.

—Vaya, son hermosos, eres muy talentos.

—Hmp, muy talentosa y también mentirosa —susurró Kiosuke mirándola con los ojos entrecerrados.

—Kio, ¿dijiste algo? —cuestionó extrañada Magdalena mirándolo.

Él se encogió de hombros en un gesto muy suyo.

—No. ¿Y cómo has estado, Magdalena?

—Bien. Un tanto curiosa por conocer a la niña de quien tanto habla Ryou y que tú estás entrenando. ¿Y cómo te llamas? —cuestionó la mujer nuevamente poniendo su atención en ella.

Ella se sobresaltó, temiendo que la mujer se haya dado cuenta de que estaba analizándola.

—Mi nombre es Daniela.

— ¿Daniela cuanto? —continuó sin siquiera sorprenderse de su nombre, como si ahí fuera lo más normal del mundo.

—Daniela Rozen Sepúlveda, pero me puede decir Dani, Magdalena-sama.

Magdalena sonrió de una forma muy parecida a como había sonreído Ryou cuando la conoció, como si la conociera perfectamente. Luego puso una expresión molesta en el rostro.

—¡No me digas así! —Se quejó la mujer—. Vamos, tutéame o si no me siento vieja.

— ¿Magda?

—¡Así está mejor! Ahora, ¿Qué les parece si te quedas a cenar? El local ya cerró, así aprovechamos de conocernos, tú también te quedas Kio.

—No lo sé, está anocheciendo —dijo Dani.

—Vamos, eso no es problema, tenemos suficientes habitaciones para que puedan dormir. Además mañana es domingo, lo pueden aprovechar para entrenar y hasta puedo enseñarte algún jutsu —dijo guiñándole el ojo en la última parte.

Como si la palabra "jutsu" fuera mágica, Daniela sonrió; no podía desaprovechar ninguna oportunidad para aprender algo

—Bueno, de acuerdo— "así que ella también fue ninja"

Al llegar a la casa-o al segundo piso- una niña se tiró encima de Kiosuke. Su cabellos era rubio rojizo y tenía unos hermosos ojos verdes.

—¡Kiosuke-nii-chan! —gritó botándolo—. ¡Kya!, que alegría verte por aquí.

—Hitomi, te he dicho mil veces que no te tires encima de mí —le reprochó el pelinegro fastidiado y quejándose porque la chica le había pegado en el estómago.

—¡Gomenasai! —dijo riéndose a carcajadas.

Dani aguantó como pudo la risa, pero lamentablemente se le escapó una pequeña carcajada. El pelinegro la miró molesto y cabreado.

—¿Y tú de qué te ríes?

—De nada, sólo me rio —respondió divertida molestándolo aun más.

Hitomi la miró extrañada.

—¿Quién es ella?, ¿acaso es tu novia? ¡Ja! Un baka como tú con novia, eso sí que es nuevo —dijo dirigiendo al azabache una mirada burlona.

—No, nada de eso —dijo riéndose. Nunca se imaginó decir a alguien que Kio era feo o algo por el estilo—. Sólo soy una amiga de Kio-nii-chan. Me llamo Daniela, pero me puedes decir Dani.

—¿Daniela? Que nombre más extraño ¿Vienes del país de mi mama? Sí, debes ser de ese país, es el único lugar donde hay nombres tan raros.

Dani miró a Kio afligida ¿de qué país estaba hablando aquella niña?

— ¡Oh! Se me había olvidado decirte que no todo el globo está poblado de aldeas ninjas. Al otro lado del mundo, hay civilizaciones muy distintas con tecnología quizás muy parecida a la de tu mundo. De hecho, muchos de los objetos que ves, como refrigeradores y lavadoras, al igual que las cámaras de vigilancia son traídas desde ahí, claro que hace mucho. Como comprenderá no es fácil llegar ahí, la diferencia de horarios es de doce horas en suna.

"Wow, es como la diferencia horaria que hay entre Chile y China"

—Esto puede que aclare muchas de tus dudas… —agregó el chico con un tono insinuante y ella lo miró fulminante. Hubiese empezado por ahí primero antes de que ella haya comenzado a imaginar todas las estupideces que se le pasaron por la mente.

—No…yo soy de otro mundo —contestó la muchacha un tanto incomoda.

Hitomi, por su parte, la miró por un rato con rostro serio y luego esbozó una sonrisa amigable.

—Eso sí que es nuevo. En fin, me llamo Fujiwara Hitomi y este feo que tengo al lado es mi tío.

—Gracias enana por tu explicación.

—No hay de que, cara de zombi —dijo con una falsa sonrisa.

—Hmp, cállate desastre de la naturaleza —contraatacó él con una sonrisa.

—Qué te crees…

—¡No lo puedo creer!, apenas se ven y ya se van a poner a pelear. Kio, sinceramente no me lo esperaba de ti —comentó Magdalena divertida.

Dani no se lo podía creer. Su amigo, al que ella consideraba una persona madura y cuerda, se estaba comportando como un infante.

—Hmp, mejor dile a esa enana que no se cruce en mi camino —gruñó fastidiado.

En ese momento, pensó que Hitomi en vez de ser su sobrina, calzaría mejor como una hermana menor.

— ¡Uy! ¡Estúpido Uchiha! —gritó la niña enojada para luego taparse la boca muy arrepentida—. Kiosuke-nii-chan, disculpa. Yo no quería…

—No te preocupes, ya me dijo todo sobre el clan Uchiha, así que no te sientas culpable —le aclaró ella luego de soltar una pequeña carcajada.

Y en ese instante Magdalena miró a Kiosuke enarcando una ceja. Habían varias cosas que su cuñadito y su esposito no le habían dicho durante esas semanas. Ella sabía que estaban entrenando a una niña que había llegado de improviso a la aldea, pero no sabía de donde era ni mucho menos como se llamaba. El Uchiha le dirigió una mirada de disculpa.

—¡Uf! ¡Qué alivio! Ya me estaba preparando para lo que me haría Kio-nii-chan —dijo Hitomi realmente aliviada—. ¡Ven te mostraré mi habitación y todos mis juguetes! —exclamó entusiasmada arrastrando a la castaña para que subiese las escaleras para llegar al tercer piso del edificio.

Magdalena y el moreno se quedaron mirando divertidos como la emocionada niña empujaba a una sonriente Dani.

—Bueno, creo que ahora tendrá a alguien con quien jugar, con Sarah se lleva por ocho años, ¿no te parece, Magdalena? —comentó Kiosuke con una sonrisa.

—Sí… —dijo mirándolo con el ceño fruncido—, ¿de dónde viene?

—De una ciudad llamada Viña del mar. El país se llama Chile.

—Vaya, vaya. Así que aún viven ahí.

—¿Qué? —dijo mirándolo extrañado.

—Nada, no importa. Por cierto, haz que entrene duro —dijo para luego dejarlo ahí solo,

El Uchiha chasqueó la lengua. Se suponía que Magdalena era la que no sabía nada y ahora parecía como si supiese más que él. Debía decir que ella y Ryou a veces tenían muchos secretos. De hecho, el también se preguntaba por el origen del nombre de la mujer.

ooo

—Qué bueno que te despertaste —dijo Magdalena cuando vio a la castaña entrar en la cocina—. Ya es la hora de almuerzo.

—Disculpa, es que me quedé jugando hasta tarde con Hitomi —aclaró bostezando mientras Magdalena le servía el almuerzo—. Es una niña con mucha energía.

—Sí, las pilas no se le agotan nunca —dijo la mujer volteando los ojos para luego reír junto a la muchacha.

La pequeña Sarah al verlas reír, comenzó a aplaudir mientras ella también sonreía, mostrando dos pequeño dientes.

—Vaya, le agradaste —comentó Magdalena.

—¿Habla? —cuestionó sonriéndole a la pequeña bebe rubia de ojos color miel.

—Está muy pequeña todavía, sólo dice mamá y papá.

—¿Cuál dijo primero? —inquirió con curiosidad.

—…Papá—respondió algo decepcionada—. Hitomi también dijo primero papá.

Y Dani se carcajeó divertida al recodar que su primera palabra también había sido papá.

—Hablando de ella… ¿Dónde está?

—Entrenando con Kio —respondió la mujer de primeras.

—Ya termine. Muchas gracias, estaba delicioso —dijo la chica parándose de la mesa apurada al recordar que debían entrenar..

Los sonidos de alguien siendo derribado constantemente se hacían más fuertes a medida que bajaba hacia el dojo.

—¡Demasiado lenta!, ¡detrás de ti! ¿Pero qué te pasa? —se oía decir a Kiosuke antes de que se escuchara el sonido de la madera siendo golpeada fuertemente.

—¡Ouch! ¡Me las pagaras! —oyó decir a una Hitomi que estaba más que molesta.

Se paró dudosa frente a la puerta. Lo que fuera que Kiosuke le estuviera haciendo a la pequeña Hitomi comenzaría a hacérselo a ella también.

Abrió la puerta lentamente y observó incrédula como en el dojo había palos de bambú por doquier. Tenían una altura de alrededor de cuatro metros y sobre ellos Hitomi y Kiosuke estaban luchando. A la niña le costaba mantener el equilibrio y Kiosuke parecía aprovechar eso para derribarla constantemente. La niña caía al suelo parada y de una forma que le hacía recordar a un gato.

Carraspeó un poco para que repararan en ella. Al verla Kiosuke había sonreído con algo de diversión y Dani comenzó a arrepentirse de haber bajado.

—Dani-chan—dijo botando por última vez a la pobre niña— llegas tarde.

—Je je y…supongo que yo también tendré que luchar contra ti sobre eso ¿o me equivoco? —cuestionó rogando interiormente haberse equivocado…

—Hmp, estás en lo correcto, pero antes tendrás que subir de un salto hasta aquí arriba.

…claro, pero como ella tenía tanta suerte.

—¿Estás loco? ¡Yo no puedo hacer eso! —exclamó alterada.

¿Es que acaso le faltaban palos pa`l puente a su amigo?

—Bueno, para eso existe la práctica. Hitomi practicó sin descanso hasta que lo logró, aunque demoró varios días —dijo serio.

"¡Claro! Hitomi pudo, pero porque lleva toda una vida entrenando, yo con suerte llevo tres semanas".

—Vendré a buscarte para el almuerzo…

—Ya almorcé… —dijo arrepintiéndose. Iba a terminar por vomitar con aquel entrenamiento.

—Mejor, así no tendrás interrupciones —dijo para luego dirigir la mirada a la peli cobriza—. Hitomi, es todo por hoy. Lo hiciste bien, aunque no lo suficiente como para ganarme…

—Como si alguien pudiera ganarte —dijeron al unísono las dos mirándolo de manera asesina.

—De acuerdo, corrijo, no lo hiciste tan bien como otras veces. Algunas oportunidades ha sido un poco difícil derribarte, pero ahora pareciera que tu cabeza está en otra parte.

—… Es verdad… —dijo la niña con desgana.

Kiosuke la miró un tanto preocupado y luego suspiró.

—No te preocupes, después me lo explicas. —Miró a la castaña—. Dani-chan, suerte, puedes lograrlo —dijo esbozando una media sonrisa antes de salir del dojo acompañado de su sobrina.

—Eso espero… —dijo suspirando.

Se alejó un poco de uno de los palos y luego se acercó corriendo, impulsándose con su cuerpo para saltar lo más alto posible, pero sus pies apenas llegaron al metro y medio.

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—En el nombre del padre, del hijo y el espíritu santo…amen — dijo el sacerdote dando comienzo a la misa en su honor.

Todos los alumnos estaban reunidos ahí…el motivo… hoy, veinticuatro de mayo de dos mil quince se cumplía un mes desde que una alumna de octavo básico y una de las más sobresaliente del colegio había desaparecido misteriosamente durante el recreo.

Aunque era un día domingo, todos estaban vestidos de forma ordenada con el uniforme. Aunque la chica había desaparecido el veintidós de abril habían decidido hacer la misa un día domingo.

Sin embargo, no todos los alumnos del colegio estaban presentes. Faltaban cinco personas que se habían negado a entrar a la ceremonia y que en cambio ahora permanecían en una de las muchas playas viñamarinas.

—Ni les cuento el sermón que nos dará la profe Mónica mañana. Creo que ni el teacher (como le decían al profesor de inglés y que además era el profesor jefe del curso) nos salvará esta vez —dijo Joussette mientras sacudía su rubio cabello.

—Realmente…poco me importa lo que diga esa viej—comentó el único chico del grupo mientras gruñía por lo bajo.

—Ir a la misa era obligación —dijo Francisca mientras miraba el cielo nublado—. Creo que aparte del sermón de la vieja Mónica nos tendremos que mamar el sermón del teacher además. Saben que con este pastelito que nos mandamos le llegará una amonestación y se descargará con nosotros cinco.

—A decir verdad Fran, a estas alturas poco me importa que me llamen la atención —dijo Makarena, la mayor del grupo.

—La Maka tiene razón. Si nos suspenden, ¿qué más da? Nosotros sólo estamos defendiendo nuestro punto de vista —habló Antonia que hasta ese momento se había mantenido fuera de la conversación.

—Anda decirle eso a la vieja Mónica, de seguro mañana nos estará esperando en la puerta del cole. Ya nos advirtió. Nos dijo que si no íbamos a la misa nos íbamos una semana suspendidos —dijo Fran cerrando los ojos, molesta—, pero a mí ni muerta me meten a esa misa.

— ¡Por la mierda! ¿Como pretenden que vayamos a esa cagá de misa cuando poco menos están dando a Dani por muerta? —explotó Jorge—. Si mañana nos dicen algo, tengan por seguro que mi vieja va estar media hora después declarándoles la tercera guerra mundial.

—La mía igual —contestaron Joussette, Antonia y Francisca al unísono.

—Y también la tía Laura y el tío Jan —dijo Makarena nombrando a los padres de su querida prima que también eran como sus padres, ya que su madre había muerto dos meses antes de que su prima naciera.

—Sí y después de eso nos expulsan —comentó Antonia divertida y un tanto sarcástica.

—Entonces ahí le pedimos ayuda al tío William, de seguro todo queda olvidado con unos cuantos millones —comentó Makarena volteando los ojos.

—De seguro, si la directora del cole es una vieja materialista de mierda —dijo nuevamente Jorge escupiéndole mierda a todos los de ese colegio.

—…Jorge, en honor a nuestra desaparecida amiga Dani ¿podrías decir una oración que no tenga una garabato metido entre medio? —cuestionó Francisca mirándolo con el ceño fruncido y con ganas de estrangularlo.

—Hn…esa v…perdón señora se lo merece…

—Tú no cambias —suspiró la chica mirando el cielo del cual estaban comenzando a caer finas gotas de lluvia.

—¿Alguien vio ayer el informe del tiempo? —cuestionó la única rubia mientras miraba el cielo con resentimiento.

Y los otros cuatro negaron con la cabeza.

—Genial. Si lo hubiera visto hubiera traído paraguas por lo menos.

—Probablemente si lo hubieras traído, se estarían cayendo los patos asados —replicó Makarena, suspirando pesadamente por el resfriado que de seguro les esperaba y maldiciendo por no haberse juntado en alguna casa, si no que estaban en la playa y ninguna de las cinco casas quedaba cerca.

Jorge sólo se limitó a mirar el cielo en silencio. Que coincidencia que se pusiera llover justo cuando la misa en honor a su amiga estaba comenzando.

En el colegio ya se comenzaba a comentar que la chica nunca más aparecería y no solamente por el hecho de que ya llevaban cerca de un mes buscándola por cielo mar y tierra, si no que por su extraña desaparición. Por lo que le habían comentado un rayo de luz había envuelto a la chica y luego esta había caído inconsciente al suelo y luego a los pocos minutos su cuerpo había desaparecido completamente…y él no pudo estar con ella en esos últimos minutos por que justamente ese maldito día había tenido que faltar por un resfriado.

Si bien todos la estaban dando por muerta, él todavía no perdía las esperanzas, ni sus amigas tampoco. William Rozen, el abuelo de su amiga, apenas se había enterado de lo ocurrido a su nieta consentida, había tomado el primer vuelo hacia Chile desde New york y él estaba ocupando todas sus influencias en Chile y en el extranjero para encontrarla. Eso le daba un poco de esperanza.

—Tal vez debimos haber ido a la misa. Nos evitaríamos el drama de mañana y sólo es una misa en honor a nuestra amiga —dijo Antonia mientras se ponía el gorro de la chaqueta del colegio. Aunque no hubieran ido a la misa estaba todos vestidos de colegiales.

—Sí, una misa conmemorando un mes desde su desaparición. La otra misa que habrá será una con un ataúd vacio en el altar y celebrándose su funeral simbólico y luego el maldito entierro simbólico ¿Es que no lo entiendes? Falta poco para que la den por muerta —dijo Joussette mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos grises.

Antonia, al escuchar eso, bajó la mirada mientras las lágrimas desbordaban de sus marrones ojos y pequeños sollozos se escuchaban. Jorge bajó la mirada, quedando sus azules ojos tapados, mientras apretaba fuertemente los puños, hasta el punto de hacerse daño y su mandíbula se ponía rígida. Francisca cerró sus ojos claros mientras se abrazaba a sí misma y las lágrimas caían sin control, necesitaba a su mejor amiga. Y Makarena frunció el ceño limpiándose de inmediato las lágrimas de sus verdes ojos, ojos que había heredado del idiota que la había hecho. Y luego, como estaba entre Jorge y Francisca, los abrazó a ambos.

—Vengan pa´ca ustedes dos, tontos llorones —dijo mientras reía sin ganas.

Joussette también abrazó a Antonia, su mejor amiga, y ambas rompieron en un amargo llanto.

— ¡Bah! otras dos que se ponen a llorar. Como si no fuera poco con los dos llorones que tengo acá.

—Yo no estoy llorando —dijo Jorge mientras la miraba molesto.

—Deberías, te haría bien —dijo mirando el cielo, que al parecer compartía su tristeza porque se había puesto a llover más fuerte.

Y así pasaron varios minutos, en un silencio que se rompía sólo por las gotas de lluvia golpeando en la arena y los sollozos.

—Ella, ella no está muerta, ¿verdad? No puede morir —dijo en modo de suplica Francisca.

—Ella, ella está bien. Estoy seguro que esté donde esté, ella está bien..

—Tienes razón, Jorge. Ella es fuerte. Siempre lo ha sido —dijo Maka mientras miraba a Anto y Joussette que asentían con un brillo de esperanza en sus ojos—. Y ahora si no les molesta, sería bueno que nos vayamos de acá, o si no terminaremos bien resfriados.

Y todos se pararon mientras observaban su ropa. Realmente no era muy recomendable sentarse en la arena cuando estaba lloviendo.

—¿Qué casa queda más cerca?

—La de Dani es la que queda más cerca, pero como a unas diez cuadras aprox.

—De seguro a la tía Laura no le molestaría recibirnos ¿Alguien tiene plata como para irnos en un taxi? —cuestionó mientras recordaba que ella no andaba con dinero.

Y todos negaron con la cabeza con una sonrisa nerviosa.

—Estamos perdidos.

Jorge ajeno a toda la conversación y de cómo Makarena les reprochaba que como no podían andar con dinero. Recordaba que a su amiga Dani no le gustaba la lluvia ni como tampoco le gustaba el calor extremo. Su amiga disfrutaba de los días templados, como de primavera, aparte que la chica había nacido en primavera.

Sonrió al recordar lo obsesionada que era con los signos zodiacales. Ella era escorpio…y la Maka y el también lo eran. Él era del once de noviembre y la Maka del treinta y uno de octubre. Y gracias a eso los tres se confabulaban contra las otras tres. Joussette era leo, Francisca y Antonia eran Cáncer. Dani era la menor de todos ellos. Realmente esperaba que su amiga Dani donde estuviera, estuviera bien…

Y en ese mismo instante tuvo una extraña sensación. Un escalofrió le recorrió el espinazo. Miró a Makarena y se dio cuenta de que esta también al parecer lo había sentido y ahora miraba hacia todos lados buscando algo. Sus miradas se encontraron y se miraron extrañados.

—Hey… ¿les pasa algo?

—¿Sintieron eso? —cuestionó Makarena en un murmullo.

— ¿Qué cosa?

—¿De verdad no lo sintieron? —cuestiono ahora él, incrédulo—. Es como si alguien nos estuviera observando.

—Realmente la lluvia les está haciendo mal… —comentó Antonia con una sonrisa de diversión.

—Sí, debe ser eso —coincidió Makarena mientras miraba incómoda hacia el mar—. Vámonos. Ya que como ninguno de nosotros anda con plata, tendremos que caminar —se quejó mirando acusadoramente a los demás.

Todos asintieron y comenzaron a irse de la playa. Cuando iban llegando a la vereda escucharon una bocina y vieron un auto que se había vuelto bastante conocido durante esas últimas semanas. Un Audi negro con vidrios polarizados…el conductor: el padre de su desaparecida amiga.

—¡Tío Jan! —llamó Jorge acercándose seguido de todas las chicas.

—Hola, enano. ¿Ustedes no deberían estar en la misa?

—A mi ni muerta me meten a esa misa —comentó Maka.

—Y en vez de eso se vienen a mojar acá—dijo el sarcástico.

—Cuando llegamos no estaba lloviendo.

—Maka, todo el mundo sabía que iba llover, lo habían anunciado como dos días seguidos. Según el informe del tiempo, lloverá como por tres días —aclaró Jan incrédulo ¿Cómo podían ser tan despistados?

—Pero tío Jan, a nadie de los cinco superdotados que ve acá se le ocurrió ver el informe del tiempo.

—No se preocupen, no me esperaba más de ustedes —comentó con una sonrisa arrogante.

"Ja-ja-ja que chistoso" pensó Maka mirando fulminante a su tío. Ese día, al parecer, andaba con ganas de molestar a medio mundo.

—Bueno, ¿y qué esperan para entrar? ¿Acaso quieren una tarjeta de invitación?

E inmediatamente todos se subieron al auto, por supuesto que no estaban dispuestos a quedarse ahí parados bajo la lluvia. Mientras Jorge se subía en el asiento del copiloto y las chicas se decidían por quien se iría en las piernas de la otra, Jan miró con el ceño fruncido hacia la playa de la cual venían los chicos. Había sentido algo extraño, muy extraño. Frunció aun más el entrecejo cuando divisó una figura, vestida completamente de negro, parada en las aguas del mar.

—Tío, ¿le sucede algo?

—No, enano —dijo desviando la mirada a regañadientes.

ooo

Una figura a la cual sólo se le podían distinguir unos ojos rojos con tres aspas en ellos, se hallaba parado en el mismo lugar donde anteriormente habían estado los jóvenes, los cuales segundos antes se habían ido del lugar y subido a un extraño aparato. Su capa negra con nubes rojas se hallaba totalmente empapada, pero aquello no le importaba en lo absoluto.

Hace solamente algunas semanas se había enterado de que el momento había llegado. En aproximadamente tres años más, una profecía se cumpliría y él tenía una cierta participación en ella. No sabía que es lo que tenía que hacer, pero por lo menos sabía de quienes era aliado, aunque él no los conocía, no que él supiera.

Frunció el ceño cuando sintió una extraña energía. Debería ser un chakra, pero no estaba seguro, era casi imperceptible. Unos segundos después pudo divisar una figura parada tranquilamente sobre las aguas.

El individuo sólo sonrió burlonamente y desapareció dejando una pequeña neblina.

Se quedó pensativo por algunos segundos hasta que decidió que el también debía desaparecer de ese lugar, tal vez vendría en otra oportunidad para entender algunas cosas. Rápidamente hizo unos sellos y desapareció de ahí en un torbellino de fuego negro. Tenía otras cosas que hacer en aquel mundo y no podía darse el lujo de quedarse ahí en esa playa.

ooo

Una sombra apareció en las afueras de una pequeña ciudad, junto a una algo espesa neblina. Cuando se disipó se sacó la capucha dejando ver a un hombre de cabellos blancos y ojos del mismo color. Rondaba por los treinta y pocos, y en su rostro se podía notar una expresión entre molesta y divertida.

Uchiha. Así que los Uchiha también estaban metidos en eso, bueno, al menos dos: Uchiha Itachi y Uchiha Kiosuke. No pensó que el otro clan, aquellos cuyo dojutsu era un ojo negro con la pupila blanca, comenzara a buscar aliados, lo que indicaba que era un clan más debilitado que ellos.

Ellos en realidad contaban con más de diez adultos y la mayoría de ellos tenían descendencia, por lo que el clan de a poco comenzaba a ser igual que antaño; se preguntaba cómo sería el estado del clan contrario.

Sonrió de forma maquiavélica.

Había un Uchiha, que estaba claro que aunque tuvieran un contrato de sangre, no se uniría a los "otros". Un Uchiha legendario y sin duda, el más poderoso.

Su sonrisa aumentó. Sí, esa guerra parecía estar ganada incluso antes de su comienzo. Ahora sólo quedaba deshacerse de los obstáculos y eso, por ahora, era demasiado fácil.

Sintió como alguien aparecía a su lado. No fue necesario que volteara para saber quién era.

— ¿Qué sucede ahora? —cuestionó al hombre de ojos negros y de pupila blanca.

Sí, además ellos contaban con un desertor del clan contrario. Hmp, las cosas no podrían ser mejor.

—Madara aceptó el trato. —Aquello era excelente—. Tiene una condición…

—y ¿Cuál es esa condición?

—Nibi. Desea que capturemos el Nibi para él. Nos ha dado bastante plazo, más de un año. Si no cumplimos con su condición, él mandará a sus Akatsukis…

El Nibi, el único Bijū sobre el cual el clan suyo y el clan de su interlocutor, tenían la facultad de controlar. Madara sabía eso y aprovechaba las circunstancias para solicitarlo, a pesar de que su dojutsu poseía la capacidad de controlar a los nueve Bijū. Ellos, por otro lado, sólo podían controlar al Nibi porque tenían la capacidad de controlar a los gatos, sin importar como fuese este. Sin embargo, ahora aquel bijou natural de las tierras del remolino, estaba dentro de la chica de Kumogakure no sato, Yugito Nī.

—Dile que el clan acepta sus condiciones.

Hmp, gozaría capturando a esa mujer, sobre todo porque había decidido unirse al otro bando.

—De acuerdo, Kei.

El hombre pelinegro se marchó, despareciendo en un remolino. Él se quedó mirando el lugar donde su aliado había estado. No le simpatizaba en lo absoluto aquel hombre. Sentía repulsión hacia él por el sólo hecho de que era su enemigo natural, pero la oportunidad de tenerlo entre sus filas era tentadora, luego de que hubiese desertado a su propio clan, pero por eso mismo, le daba una gran desconfianza.

Desactivo su keke genkai, provocando que su cabello blanco tomara su color original al igual que sus ojos. Comenzó a caminar tranquilamente, saliendo de aquel sitio eriazo. Se detuvo cuando vio un cartel frente a él.

"Bienvenido a La Ligua"

Sonrió. Aquel lugar era perfecto. Los ciudadanos de aquel lugar no sabían a quienes acogían en su ciudad.


Notas de autora:

Merece un review?