Lamento la tardanza sé que soy una persona horrible, ¡pero al fin me he decidido a escribir! Espero que la espera haya merecido la pena y prometo que intentaré actualizar más seguido.
Aquí lo tienes Charlotte, ahora es tu turno de actualizar.
Capítulo 4
Entreabrí los labios, permitiéndole el acceso a mi boca, acceso que no dudo en aceptar y al instante nuestras lenguas iniciaron un pequeño baile entre ellas, acariciándose de tal forma que se me escapo un pequeño gemido. Mi amante dejo salir una suave sonrisa, fruto del orgullo de mi último sonido, lo que logro que le diera un pequeño mordisco en su labio inferior y ahora fuera él el que gimiera de placer.
Con más fuerza de la necesaria le tome de la parte posterior del cuello y elimine la poca distancia que nos separaba, al momento nuestros pechos estaban rozándose lo que hizo que sus labios formaran esa sonrisa que tanto me gustaba. Le mire a los ojos y vi amor, devoción y mucho deseo, se sentía genial el saber que yo era el único que podía hacerlo sentir así.
Mi nombre resonó en el silencio de la habitación aumentando el calor que tenía en el cuerpo, ¿cómo podía ser eso posible? El tono con el que lo dijo era delicado, como si temiera que al alzar la voz este momento fuera a desaparecer y a quedar en un simple sueño, tendría que hacerle ver que eso no pasaría. Corte el beso y me acerque a su oreja dejando un rastro de besos mientras iba ascendiendo.
-Alec, -susurre dándole una pequeña mordidita en el lóbulo haciendo que se estremeciera- soy todo tuyo, por siempre. No sé lo que me has hecho, pero estoy adicto a ti.
-Magnus.-gimió mientras volvía a sujetar mi rostro entre sus manos y retomaba el beso que había cesado hacía unos segundos.
Mis manos fueron deslizándose hasta su cintura tomando el fin de su camisa e impulsándola hacia arriba se la saque. Solté un suspiro de satisfacción al ver ese torso tan perfecto, se notaba que los entrenamientos de cazadores le sentaban estupendamente. Nuestras miradas coincidieron y en ese fugaz momento le deje ver todos mis sentimientos y, aunque pareciera ridículo, un ligero rubor tiño sus mejillas, ¡por el Ángel! Lo amaba demasiado.
Sabiendo que podrían faltar siglos a que él tomara la iniciativa me desprendí de mi camisa y al ver que sus ojos se abrían de más solté una sonrisa traviesa mientras colocaba mis manos en sus hombros, deslizándolas hacía abajo realizando pequeñas caricias ovaladas.
-Magnus.
Una fría voz pronuncio mi nombre más lo deje pasar, nadie me arruinaría mi momento, no, nuestro momento.
-¡Magnus!
Cerré los ojos como si eso fuera suficiente para acallar esa molesta voz y procedí a besar ese pecho de Adonis.
-¡MAGNUS!
Abrí los ojos de golpe y lo que vi no me gusto nada, Cat estaba delante de mí mirándome con el ceño fruncido ¡joder! Escondí el rostro entre mis piernas soltando un débil sollozo, no había sido más que una dolorosa quimera. Mala idea, el rápido moviendo hizo que todo el alcohol ingerido la noche anterior se hiciera a notar y ágilmente me levante y fui al baño a vaciar el estomago. Arg, sólo me faltaba esto.
El sonido de unos tacones repiqueteando en el suelo me sacaron de mis pensamientos, Cat se encontraba a mi lado con una pastilla para el dolor de cabeza y una taza con un café recién hecho. El delicioso aroma lleno el baño pero tenía un toque distinto al original, ¿chocolate? Tomé la taza y tras un pequeño sorbo comprobé que estaba en lo cierto, la mezcla entre el sabor amargo del café y la leche quedaba escondida tras el fuerte pero camuflado sabor del chocolate. Es lo mismo que cuando tomo el after eight, no es nada más que un común helado de menta, pero las chispitas de chocolate negro que contiene le daban el toque distintivo, mágico.
Lentamente me levante e intentando evitar mirarme en el espejo empecé a cepillarme los dientes. Tras varias pasadas enjuague y me decidí a tomar la pastilla junto con ese café, por el amor de Dios, que bien que me sentaba, quien diría que el calor de esta bebida lograría hacerme sentir un poco mejor.
-Mags, ¿porqué no vamos a ver un rato la televisión? Te tengo que poner la nueva serie de Sherlock Holmes, son tan aaah ¡para comérselos!
-Ja, ja, ja, ja, ¿en serio Cat? ¿Viciada a una simple serie de mundanos?
-¿Una simple serie dices?-me grito poniendo una extraña cara que vendría a ser la mezcla entre indignación y enfado.- Vamos al salón ya mismito. Una simple serie...ya verás, ya verás.
Hora y media más tarde estaba tragándome mis palabras, dejando de lado que tanto Sherlock como John estaban para comérselos, la serie estaba estupenda. ¿Cómo había podido estar viviendo sin verla?
-Vamos Cat, ¡pon el segundo episodio!
-Nop.-dijo alargando la p.-Lo siento pero no.
-¿Porqué? ¡Necesito saber quién es Moriarty! ¿Y has visto la química que hay entre ellos dos? ¡Debo saber que pasa!
-Tal como yo lo veo, o te arreglas y vamos a comer a un buen restaurante y ya a la vuelta te pongo el resto de capítulos o te quedarás con la intriga de saber que pasa hasta que yo quiera.
-Jum, de acuerdo, voy a cambiarme. ¿Supongo que tú ya estas lista?
-Perfecto brujito de mi alma, de mientras voy haciendo la reserva.-dijo mientras cogía el móvil situado en la mesa del salón.- Y claro que estoy lista, este precioso vestido violeta no está diseñado para utilizarse en casa. Buff, ese nefilim te ha estropeado bastante...
Intentando ignorar ese último comentario me dirigí a la habitación, cogí un traje con ciertos toques verdosos y tras quince minutos en el baño estuve listo. Pelo, uñas, rostro, ropa, parecía que todo volvía a la normalidad. Me sonreí en el espejo, no iba a llorar más, simplemente se trataba de volver a poner los duros muros alrededor del corazón, podía lograrlo.
Decidimos ir paseando, hablando sobre las últimas tendencias y riéndonos de tonterías. Cualquiera que nos viera pensaría que éramos un par de infantiles, pero qué más da, la vida es una y se ha de vivir como cada uno desee. Estábamos a una manzana del restaurante cuando un gran estruendo rompió la tranquilidad en la que nos encontrábamos, nos miramos y echamos a correr. El ruido provenía de una calle perpendicular a nuestra posición, así que llegamos en menos de un minuto y pude ver como Jace y Isa eran derribados por un Marbas. Al instante Alec se puso en medio para evitar que les diera el golpe final.
-Alec.
El nombre escapó de entre mis labios, y el viento se encargo de llevarle el susurro a Alec, quien al instante se giró y fue justo entonces cuando nuestras miradas coincidieron. Terrible error, en una batalla la mínima distracción le da poder a tu contrincante.
Grite su nombre.
Y lo repetí una segunda vez, pero fue tarde. Alec fue propulsado contra una de las paredes del callejón y al caer lo hizo sobre el cristal delantero de un jeep que se encontraba allí aparcado. El corazón se me paro, intenté avanzar pero Cat me tomo del brazo impidiéndomelo, el demonio seguía allí. Volví a dirigir la vista hacía donde estaba mi chico y fue entonces cuando me sentí morir. Eso no podía estar sucediendo, no percibía señales de vida y el hecho de que se estuviera creando un charco de sangre a su alrededor me hacía poner en la peor situación.
Mientras Clary trataba de alejar a ese bicho caí de rodillas y me puse a llorar como un crio, esto no podía estar pasándome a mí, no a mi Alec.
