Naruto © Masashi kishimoto
Capítulo XII
Resfriado vergonzoso
Ya en la tarde, la altura de su salto aumentó a dos metros y medio. Aunque debía reconocer que era lo más alto que había saltado en su vida, todavía le faltaba cerca de un metro y medio para pararse sobre el condenado palo de bambú.
La chica estaba sudada y cansada, sin embargo, continuaba corriendo y saltando. Ella no era de las que se rendían fácilmente, gracias a su entrenamiento junto a su padre y de cheerleader, había aprendido a no rendirse y sacar fuerzas de la flaqueza, a repetir una y otra vez, hasta conseguir lo que quería.
En uno de sus muchas caídas, alcanzó a notar que Kiosuke estaba apoyado en la entrada observando su desempeño. Cuando tocó el piso, él se acercó con una media sonrisa.
—Es todo por hoy —dijo llegando junto a ella y observando el palo de bambú—. Pensé que tendrías una menor marca, puesto que dos metros y medio es algo difícil de lograr en tu primer día. No es algo imposible…pero supongo que te subestimé.
Ella asintió y luego miró el palo de bambú fulminante. Sí, había logrado una buena marca ese día, pero había llegado hasta el tope, dudaba mucho que pudiese saltar más alto que eso.
—Kio-nii-chan, ¿Qué puedo hacer para aumentar la altura de mi salto? Dos metros y medio creo que es lo máximo que puedo lograr.
—Mañana te enseñaré algunos trucos. Pero por ahora descansa, tan solo mírate —dijo al notar el lamentable estado de la castaña—. No deberías exigirte tanto.
Ella volteó los ojos. Kio estaba siendo demasiado permisivo con ella por el hecho de venir de otro mundo, pero ella no necesitaba eso, ni su coach ni su padre eran suaves con el entrenamientos… esperaba que Kio fuera un poco más exigente.
—…De acuerdo… —dijo resignada. Por supuesto que no sacaría nada con decírselo, aquel muchacho era demasiado llevado de su idea.
"Quiero avanzar lo más rápido posible"
Kiosuke ahora dejaba que se fuera sola a casa. La chica ya conocía bien Suna y además estaba seguro de que ella le rompería el rostro a cualquier pervertido que se le acercara demasiado.
Cuando llegó, los hermanos estaban cenando, conversando de quien sabe qué cosa, pues la charla se vio interrumpida cuando ella hizo acto de presencia. Al verla, Temari y Kankuro quedaron boquiabiertos y Gaara sólo se limitó a observarla seriamente.
—¡Hola! ¿Cómo están? —saludó nerviosa tratando de esbozar una sonrisa creíble. Esperaba que no hubiese nadie o que estuvieran de misión, porque esas veces Gaara se quedaba más tiempo en la torre Kazekage—. ¿Tan temprano cenando? —cuestionó como quien no quiere la cosa.
—Son las ocho —respondió Temari divertida—, siempre cenamos a esa hora.
Al escucharla, Dani se golpeó mentalmente. Claro, siempre cenaban a esa hora, pero ella casi nunca cenaba con ellos…
— Hey Dani, ¿Por qué tienes esa pinta? —cuestionó Kankuro apuntándola, señalando su aspecto.
Dani se sobresalto un poco ante lo directa de la pregunta. Kankuro solía ser así, al contrario de Temari que cuando quería saber algo de ella, era más sutil… y bueno, Gaara… él ni siquiera parecía interesarse por lo que le sucedía o los pequeños misterios que la rondaban.
La castaña tenía el pelo desordenado, en la cara tenía unos pequeños rasguños, así como también en los brazos y su ropa estaba algo mojada. Al menos así era como se recordaba cuando había salido del restorán esa tarde y no creía que mágicamente su aspecto se hubiera arreglado.
"Debí haberme arreglado un poco antes de salir del restorán, un día entero saltando hacia un palo tiene su precio" pensó maldiciéndose interiormente, ahora iba a tener que explicar por qué tenía esa pinta y lógicamente no podía responder que estaba entrenando, porque de hacerlo estaría metiendo en problemas a Kiosuke y a Ryou, a Ryou no tanto porque se sabía que era un ninja, pero el caso de Kiosuke era distinto.
Y en ese momento pensó que no era necesario dar una excusa, podría gritarle "¡Y a ti que te importa!" y salir corriendo a su habitación, pero sabía que no lo haría. Y eso era solo por el hecho de que los apreciaba, pues de no haberlos conocido tan bien, eso haría.
Recordó en ese momento lo que su padre le decía:
"Si alguien que no somos tu mamá, tu tío Ricardo, tu abuelo William o yo, te pregunta algo que tú no quieras responder, no te sientas obligada a hacerlo y te permito hasta que los insultes. Y no dejes que nadie más aparte de nosotros cuatro te regañe, ¿me oíste, Daniela?"
Recordaba que aquello se lo había dicho el día en que había llegado llorando de casa de los Sepúlveda. Uno de sus primos le había querido hacer una mala broma, pero ella le había golpeado y el llorón de su primo (que por cierto era un año mayor) había llegado con su tío Marcelo, quien la había regañado duramente.
Recordaba que cuando sus papás habían llegado ese día a buscarla, ella les había contado todo entre sollozos, para luego entrar al auto con su mamá, mientras su papá iba "a conversar algo con su tío Marcelo". Años después había comprendido que aquella conversación había producido un ojo morado y hemorragia nasal en su tío.
De vuelta al presente, Dani suspiró silenciosamente y buscó una excusa convincente.
—Es que me caí. Los perros me odian y pues…uno se largó a perseguirme por toda la aldea. Menos mal que me escapé —dijo, aunque no era del todo mentira. Los perros la odiaban, a excepción de su perro, que era algo raro.
Con una risa mental recordó que su padre le decía que su perro era gay por no tenerle mala.
— ¿Un perro? —cuestionó Gaara con una ceja elevada—. Invéntate una mejor excusa.
Claro, debió suponer que a él no lo lograría convencer.
—Mira Gaara, no ando de ánimos para rogarte que me creas, ese ya es tu problema, pero digo la verdad —se defendió ella con tono cortante antes de dirigirse a su cuarto.
"Mentirosa" se dijo mientras subía las escaleras con una risita interior.
Gaara sólo se limitó a chasquear la lengua, molesto, para luego pararse de su asiento.
—Gracias por la comida —dijo marchándose a su habitación.
Dani se dirigió directamente al baño. Se sentía pegajosa y necesitaba asearse de inmediato. Ahora que no lo necesitaba se le ocurrían miles de excusas mejores que la del perro, pero que le iba a hacer, ya había metido la pata.
Ahora estaba parada frente al espejo, observando su lamentable estado. Sonrió de manera divertida, se veía graciosa. Comenzó a desvestirse y un minuto después estaba debajo del agua, que purificaba su cuerpo, mientras cantaba una canción de moda en su mundo.
ooo
Las luces estaban apagadas, lo cual impedía que se pudiese apreciar claramente su cuarto, pero la luz de la luna llena permitía notar que este estaba casi vacío, solamente había un armario, un escritorio, una estantería con libros, un amplio sofá ubicado frente a la ventana en el cual él se encontraba observando perdidamente la blanca luna y un piano, que hace tiempo no tocaba.
"Ya ha pasado cerca de un mes y todavía no encuentro la forma de hacerla regresar a su mundo" pensaba.
Ciertamente ya había pasado un mes desde que la castaña llegó a Suna y todavía ni siquiera descubría el porqué de su venida. Lo peor de todo es que la chica ya le había dejado de preguntar, al parecer ya se había resignado a no volver a su mundo y eso le frustraba. Él le había prometido que la ayudaría y se sentía comprometido con ello.
Por su parte, la presencia de la castaña en la aldea no le molestaba en lo absoluto, incluso podría decirse que de cierta forma la castaña le agradaba. Aunque sonara descabellado, le divertía discutir con ella. La chica se veía muy divertida cuando se enojaba. Pero el hecho de que ella en la última semana ni siquiera discutiera con él, lo tenía algo inquieto. Porque de hecho, de la única forma que hablaba con ella era a través de discusiones absurdas, que venían desde que ella había besado su mejilla aquella vez.
Todavía recordaba aquel beso en la mejilla. No era realmente importante, sólo un beso en la mejilla, pero había que comprender que él jamás había estado tan cerca de una chica. Esa vez sintió un pequeño calor en el rostro y se quedó paralizado por cerca de un minuto y debía reconocer que le había gustado, al parecer los labios de la chica eran bastante suaves… ¡un momento!
— ¿Pero en que estoy pensando? —se preguntó confundido mientras ocultaba su rostro en las manos.
Acaba de pensar que la acción de la chica le gusto, lo cual no era una buena señal. Eso significaba que pronto la chica comenzaría a gustarle, si es que ya no sentía algo por ella. Eso explicaría el hecho de que se fastidiaba cada vez que la veía junto a ese tal Kiosuke. Incluso explicaría que ese día en la tarde se sintiera ansioso y que por un impulso se pusiera a buscarla por toda la aldea a esas horas de la noche y que luego le hirviera la sangre cuando la vio acorralada en la pared y con ese pervertido tan cerca de ella.
¿Realmente le estaría empezando a gustar la castaña? ¿A él? Qué juró no sentir nada por nadie y sólo amarse a sí mismo.
Con estas preguntas rondando por su mente decidió ir a tomar una ducha, a ver si así lograba relajarse aunque fuera un poco y que se le pasara eso que le sucedía con ella.
"No me puede gustar"
ooo
Después de desenredar su cabello se dispuso a ponerse el pijama, pero recordó que no lo había traído.
"Genial" pensó molesta consigo misma por ser tan despistada "Anque no hay mucho problema en que salga así del baño, mis probabilidades de toparme con alguien son casi nulas" se dijo luego divertida. "No creo que tenga tan mala suerte, además mi pieza está por este mismo pasillo" El problema era que no tenía mala suerte, tenía la peor suerte de todo el mundo.
Se acercó hacia la puerta, quitó el seguro y comenzó a abrirla, pero alguien para su desgracia realizó la acción antes que ella. La puerta comenzó a abrirse y cuando estuvo completamente abierta, se encontró frente, ni más ni menos, con la única persona a la cual no quería ver en esas circunstancias tan vergonzosas.
El pelirrojo que la miraba sorprendido, llevaba solamente un pantalón dejando ver su desnudo torso.
En un principio, cuando había tratado de abrir la puerta esta no respondía, no le dio mayor importancia ya que aquella puerta solía atascarse por la humedad. En el tercer intento, sorpresivamente, la puerta se abrió sin problemas. Y ahí estaba con su cabello mojado que caía sobre sus hombros y un mechón que cubría parte de su rostro. Su impresión fue de sorpresa y se quedó paralizado igual que ella.
No había para que decir que las majillas de la castaña estaban de un intenso carmín y sus ojos estaban mirándolo fijamente. De pronto, dejó de mirarla a los ojos y dirigió una mirada a su cuerpo para luego desviar el rostro rápidamente, con un leve sonrojo en las mejillas. A él solamente se le ocurría mirar. Como si ya no tuviera suficientes dudas rondando por su cabeza, debía ver a la muchacha con esa… diminuta toalla.
En un principio la chica lo miró confundida, pero luego comprendió al ver la facha en la que se encontraba. Completamente roja lo empujó fuertemente de la puerta, haciendo que un poco de arena protegiera al chico y luego salió corriendo a su cuarto, con una gran sonrojo en sus mejillas.
Al llegar a su habitación, se tiró en la cama, enterrando su cabeza en la almohada. Su corazón estaba latiendo a mil por hora y recordar lo que le había ocurrido no le ayudaba a que el desbocado latir, se apaciguara. Su rostro se asemejaba a un tomate bien maduro y su vergüenza era inmensa, definitivamente no iba a hablar con él nunca más en la vida, era oficial.
"¿Por qué a mí?" lloriqueó para sí misma.
Como siempre después de que se duchaba en la noche, el sueño comenzó a llegar. Sin poder evitarlo sus ojos se cerraron involuntariamente y en menos de un minuto, estaba durmiendo plácidamente sobre la cama sin ninguna otra cosa que su toalla.
ooo
Despertó con un intenso dolor de cabeza y la garganta le dolía a horrores. Aunque su cabeza le daba vueltas, trató de incorporarse y logró al menos sentarse. Se levantó de la cama y se dio cuenta que andaba solamente con su toalla, la cual se le cayó cuando estuvo parada
— ¡Maldición!, me resfrié, con razón me duele la cabeza —dijo con una voz ronca.
"Genial, lo que me faltaba"
Tomó su móvil para ver la hora.
"A ver si me acuerdo y compro un reloj"
Atrasada, llegaría atrasada. Ya eran las ocho de la mañana. Se vistió lo más rápido que su cuerpo le permitió con la tenida negra, tomó su mochila, en la cual llevaba ropa para que no la descubriesen y salió corriendo de su habitación.
Al estar tan apurada no se dio cuenta que Gaara iba caminado en sentido contrario hasta que sucede lo inevitable.
— ¡Ouch! Cof cof cof —tosió la castaña en el piso maldiciendo interiormente—. Ga…Gaara lo siento.
"¿Por qué me pasan estas cosas solo a mñi? ¿Por qué siempre me topo con él en las situaciones más inoportunas? ¿No puede ser alguien más?" se quejó de su gran mala suerte.
— ¿Hacia dónde vas tan apurada? —cuestionó ayudándola a pararse, ya que él gracias a la arena, ni siquiera había sentido el choque.
— ¿Eh? Voy a salir —respondió con voz ronca mientras tosía.
El pelirrojo se preocupó por la frecuente tos de la castaña y sin permiso tocó su frente para tomarle la temperatura
—Estás hirviendo en fiebre —dijo en tono normal, pero alarmado interiormente.
—Ah, sí, creo que estoy un poquitín resfriada —respondió en un tono despreocupado—. Ya se me pasará. Siempre me duran algunos días —agregó tratando de mantener la calma y no pensar en que la mano de Gaara aún tocaba su frente—… ¿puedes sacar tu mano de mi frente? Tengo que irme.
—Tú no vas a ningún lado —ordenó serio—, debes mejorarte.
—Pero…en serio. Llevo prisa.
—Si sales en este estado te enfermaras más. Mejor te llevaré a tu cuarto —dijo tomándola en brazos—. No te ofendas, pero eres más pesada de lo que aparentas —agregó para molestarla, la chica no era para nada pesada.
Ella ni siquiera le puso atención. Estaba sonrojada y en esos momentos, su cabeza no funcionaba correctamente. Ni siquiera le servía para reclamar ¿Por qué sería?
Después de dejarla en su cama y asegurarse de que estaba bien arropada y que no escaparía, Gaara se dirigió a la torre Kazekage para comenzar con su importante trabajo, mientras se preguntaba si no hubiese sido mejor dejarla inconsciente, así se aseguraba que la chica no se iría de inmediato.
Dani se quedó sola y recién ahí -cuando la cabeza le volvió a funcionar, hay que agregar- se dio cuenta de que el pelirrojo se había salido con la suya. Su resfriado no era tan grave y además no aguantaba quedarse todo el día en cama.
Se levantó y abrió la ventana, ya que no se iba a arriesgar a salir por la puerta. Era hora de poner en marcha su antiguo plan. Ahora eran dos pisos los que tendría que bajar.
Calculó la distancia que había hasta llegar al suelo. Eran aproximadamente seis metros; no le quedaba otra opción que saltar. Si se ponía a atar sabanas se demoraría mucho y la podían descubrir. El costalazo que se daría dolería, pero su estado no podía empeorar, al menos eso pensaba. Tomó su mochila, su abrigo y se dirigió nuevamente a la ventana. Respiró profundamente para luego saltar. Esperó el golpe pero en vez de eso cayó parada, en un acto reflejo.
—yes! ¡Lo logre! ¡Soy genial! —pero luego de ese ataque de euforia, le vino un ataque de tos que no sabía cómo parar.
"Creo que no fue buena idea hacer eso" pensó mientras trataba desesperadamente de recuperar el aire.
Ya recuperada se dirigió hacia el restorán, pero tomó la precaución de ponerse su abrigo con el gorro, el cual impedía que la reconocieran tan fácilmente.
"Me voy a morir de calor" y sin embargo, estaba temblando.
Al llegar al restorán se encontró con un Kiosuke que la miraba sumamente molesto.
—Llegas tarde —le reprochó con los ojos entrecerrados.
Dani lo miró, incrédula. Él llegaba tarde día por medio y ¿le reprochaba por llegar tarde por primera vez?
—Si… es que me desperté tarde —dijo mientras tosía entre medio.
—Estás tosiendo demasiado —comentó preocupado—. Déjame ver… ¡estas hirviendo en fiebre! —exclamó alarmado mientras tocaba su frente.
—Es que estoy un poco resfriada.
—¿Un poco? Estás tosiendo, estás temblando, y tu frente está ardiendo ¿A eso llamas poco? —le reprochó molesto—. Debiste haberte quedado en la cama.
—Sí, bueno…Gaara me dijo lo mismo. Incluso me lo ordenó, pero… salté por la ventana —respondió con una risita nerviosa mientras retrocedía un poco, ya que aquello no le había hecho ninguna gracia a Kiosuke.
—Hmp, eres una idiota —dijo rolando sus ojos—. Ni sueñes que entrenarás, puedes quedarte a atender…no, mejor no. Te llevaré a casa y le diré a Gaara que te sujete con camisa de fuerzas a la cama
—¡No!, no me quiero quedar en cama —suplicó afligida.
—Erg, está bien. Quédate a atender o a revolotear por ahí, pero si te sientes mal me avisas, ¿de acuerdo?
—Sí… —dijo cruzando el dedo índice y el del medio por detrás de la espalda.
Kiosuke vio por el reflejo de la ventana lo hecho por la castaña y sonrió burlonamente
—No hagas eso, detrás de ti hay una ventana.
La chica volteó y vio la dichosa ventana. En su ojo apareció un pequeño tic, ¿por qué nada le salía como ella quería?
—De acuerdo, te avisaré —dijo rendida aceptando los términos.
—No te preocupes, tendré a Kasumi vigilándote —dijo divertido, para luego mirarla activando su Sharingan—, y no quiero reclamos.
Dani al ver el Sharingan en los ojos de su amigo, desvió la mirada. Aquellos ojos no le gustaban en lo absoluto, aún no se acostumbraba a ellos y dudaba mucho que algún día lo hiciera. Así que por eso, asintió débilmente sin mirarlo todavía.
—A todo esto, ¿Cómo fue que te resfriaste? —cuestionó curioso, haciéndose el que no entendía nada.
—Bueno yo… —comenzó completamente roja al recordar su pequeño incidente.
— ¿Tu? —hizo el además de que continuara, con una sonrisa una sonrisa divertida en su rostro.
—Me acosté encima de las tapas y sin secarme el cabello —dijo lo más creíblemente que le permitía su capacidad para mentir, aunque pensándolo bien, esa había sido la causa real de su resfriado.
—Eres un desastre para mentir —se rió divertido.
—No estoy mintiendo, es la verdad.
¡Pero si no estaba mintiendo! Era verdad.
—Bueno, bueno, es la verdad. Aunque si no me quieres contar lo que ocurrió… y ahora estás completamente roja… sí, creo que ya se quien estuvo involucrado —se rió entre dientes, provocando que el sonrojo de la chica aumentara—. Bueno, si quieres trabajar no veo por qué te quedas ahí parada —agregó entrando tranquilamente, dejando a una castaña cuyo rostro estaba más rojo que el cabello de Gaara.
Llegó el mediodía y el resfriado de Dani estaba empeorando, aunque ella no lo quisiera admitir. Ahora ya no tosía tanto, pero tenía un dolor de cabeza insoportable, fiebre y cuando caminaba sentía que daba vueltas.
—Dani-chan, ¿te encuentras bien? —le preguntó Kasumi, la cual estaba al lado de ella, vigilándola, como le había dicho Kiosuke.
—Sí, no te preocupes Kasumi —dijo con una sonrisa forzada.
—Pero ¿cómo quieres que no me preocupe? ¡Si estas hirviendo en fiebre! —dijo alterada, perdiendo la paciencia que tenía, y utilizando su usual voz escandalosa.
—No te preocupes —dijo tocando su hombro—. ¿Me tienes algún pedido?
—Toma, este es el pedido de la mesa seis, lo quieren de inmediato —dijo rendida, ya que sabía que no la haría cambiar de opinión, pues aquella chica era testaruda como ella sola—. ¡Uy! Eres tan testaruda que me pones de los nervios. Mejor le diré a Kio-kun, a lo mejor él te hace entrar en razón —agregó exasperada mientras se iba.
Se dirigió a la cocina y les entregó el pedido diciéndoles que se apuraran. Después de algunos minutos salió con una bandeja llena de deliciosos platos.
Ya su dolor de cabeza era insoportable. Seguía mareada y sentía que todo a su alrededor le daba vueltas. Sin poder evitarlo de desmayó y lo último que escuchó fue un llamado de… ¿Kankuro?
Notas de autora:
¡Hola! Ha Pasado mucho tiempo, ¿verdad? Hace ya más de un año que no me pasaba para actualizar esta historia. La verdad no tengo muchas excusas para explicar mi ausencia, pero digamos que mucho colegio y algunos problemas personales me lo impidieron.
Espero que este fic le interese a alguien al menos. El próximo capítulo ya lo estoy editando. Será más bien centrado en Gaara y algunas cositas nuevas aparecerán.
Nos leemos!
