Destino
Capítulo XIV
¿Descubrimiento inusual?
—¡Weón, espérame! —escuchó como lo llamaban fuertemente y volteó para encontrarse con Diego, su mejor amigo.
Se paró y esperó a que el chico llegara junto a él. Diego era castaño con reflejos rubios y tenía los ojos celestes, casi calipso y ocupaba anteojos.
—¿Qué pasa? —cuestionó un chico con los cabellos castaño oscuro y los ojos verdes.
—¿Cómo que qué pasa? Pasa, Alexis, que me dejas atrás siendo que debemos ir a mi casa. ¿Acaso piensas subirte al bus sin mí?
—Sí, sé llegar a tu casa.
—Pero los cuadernos los tengo yo ¿recuerdas?
—Entonces te espero a que llegues en el próximo bus —le dijo él encogiéndose de hombros.
Su amigo volteó los ojos y luego siguieron caminando en silencio, hasta que llegaron al terminal de buses de La Ligua. Se subieron al bus que tenía un cartel que decía "Cabildo, Petorca, Chincolco" aunque ellos ni siquiera alcanzarían a llegar a Cabildo, ya que se bajarían El bosque, como se llamaba un pequeño poblado que quedaba entre La Ligua y Cabildo, un poco después de la Higuera, que era otro poblado que había ahí.
Mientras el paisaje pasaba ante sus ojos rápidamente, mareándolo un poco, Diego comenzó a hablar.
—Todavía no entiendo por qué faltaste hoy y ahora me esperas a la salida del colegio para que te preste las materias. No me cuadra. No estás enfermo, pero faltas, como si el colegio no te importara, pero luego te consigues las materias conmigo todo afligido. Eres extraño.
"No es culpa mía, es culpa de mi tío Kei y sus deseos de venganza"
—Y este mes has faltado mucho, aunque… no te va mal en el colegio por eso.
—Eso es porque me consigo las materias con el mateo del curso, sabelotodo —le dijo con burla a su mejor amigo.
Diego era el mejor de la clase y era el que le prestaba las materias y los apuntes cuando faltaba, entonces él después estudiaba eso para las pruebas y lógicamente se sacaba buenas notas, aunque no tan buenas como las de Diego.
Luego su rostro volvió a la seria expresión.
Diego tenía razón, ese último mes había faltado mucho y no porque quisiera, sino porque ocupaba ese tiempo para entrenar. Él se juntaba a entrenar junto a su tío y su maestro y algunos miembros del clan, en el país del remolino, con el cual había una diferencia horaria de diez u once horas. Entre Suna y remolino eran seis horas, y aunque estuvieran en diferentes dimensiones, la diferencia horaria entre Suna y Chile era de cuatro horas. Ahora eran cinco de la tarde, en Suna eran la una de la tarde y en remolino eran las siete de la mañana. Por lo que… como en remolino entrenaba mayormente de noche, su horario de entrenamientos chocaba con el horario de colegio.
Lo había conversado con Kei, que era el que legalmente estaba a cargo de él, ya que su madre había muerto al darlo a luz y su padre ni siquiera sabía que existía. Kei le había dicho que lo más importante era su entrenamiento y el que fuera a ese colegio desde los seis años y viviera en aquella ciudad de la dimensión "global" era solamente una tapadera.
Pero la verdad era que él no lo consideraba una tapadera. Él amaba esa vida en esa ciudad, en ese mundo donde no habían dos clanes que se odiaban a muerte, en que no habían ninjas, en el cual él era un simple niño y no el destinado a hacer "eso". Él quería estudiar en un futuro, ir a la universidad, titularse, pero sabía que Kei no se lo permitiría.
Tenía un gran resentimiento hacia Kei, lo obligaba a hacer cosas que él no quería, pero no tenía a nadie más. Su madre había muerto y no conocía a sus otros tíos. Kei le había dicho que además de él, tenía un tío, dos tías, entre ellas la gemela de su madre y la melliza de Kei. Sabía que rondaban los treinta y que todos eran parecidos, piel caucásica, cabello castaño oscuro con reflejos rojizos -como su cabello– y ojos ambarinos. Según sabía tenía también una hermana, muy parecida a él, con los ojos verdes al igual que él, pero Kei le decía que eran unos traidores y que debían estar muertos para ellos.
De su padre, por otro lado, poco sabía realmente. Al parecer ni siquiera se había enterado de su existencia y había abandonado a su madre y hermana cuando él aún no nacía. De aquel hombre había heredado sus ojos, unos ojos verdes azulados y que siempre habían sido una condena.
Él adoraba sus ojos, pero el resto del clan lo veían como algo anormal. Todos los miembros del clan tenían los cabellos oscuros –que podía ir desde el negro hasta el castaño- y los ojos ambarinos y hasta amarillos. Los ojos sobretodo, era un rasgo determinante de su clan y él era el único miembro que los tenía de un color diferente…
¡Mierda!
No, odiaba sus ojos, por hacerlo diferente al resto. Odiaba a su padre, por ni siquiera saber de él. A veces deseaba que su padre llegara (sabía que lo reconocería aunque nunca lo hubiese visto)…deseaba que se lo llevara lejos, que lo defendiera de lo que querían que hiciera. Dios…no quería convertirse en eso, en lo usualmente llamado asesino. No quería matar. Manchar sus manos con sangre, él no quería eso.
Sintió un golpe en su hombro y miró a su amigo desorientado.
—¡Párate, weón! Si no nos pasaremos —dijo Diego mientras le tendía la mano para pararse.
La tomó y se sintió tranquilo. Su amigo era como un hermano. Le conocía desde los ocho años y siempre habían estado juntos…
…aunque no le pudiera decirle absolutamente nada de su problema.
Diego no sabía nada de nada, no sabía que se pasaba viajando entre dimensiones ni que tenía habilidades únicas, como los súper héroes. Su amigo pensaba que era otro niño común y corriente, como todos los que vivían en aquella ciudad, aunque… en eso también se equivocaba, ya que él y su tío no eran los únicos de ese clan que vivían ahí.
Cuando llegaron a la casa, él saludó a los padres de Diego, pero sólo recibió respuesta de la madre, ya que el papá de su amigo no era muy simpático, al menos no con él.
—No pesques a mi papá. Sabes cómo es de amañado.
Él asintió. Sabía de primera mano cómo era la relación de Diego con su padre. Él era el único hijo al que trataba con frialdad, como si no lo considerara su hijo, todo contrario a como trataba a Dakota, la cual era la niña de sus ojos y Dante, que tenían una excelente relación con Don Aurelio, que era como se llamaba el padre de Diego.
Antes de llegar a la habitación, pasaron por la habitación de Dakota, que estaba enferma del estómago ese día.
—Hola, moribunda —había saludado el "casi" rubio a su hermana melliza.
Dakota realmente no se parecía casi nada a Diego, pero él prefería no decirlo. La chica tenía el cabellos rubio dorado y Diego castaño claro con reflejos dorados; ella, los ojos azules como lapislázuli y él, celestes; la piel de la niña era caucásica, bordeando el blanco leche y su amigo tenía la piel algo bronceada, aunque no al punto de ser morena, pero era un tono beige… Eso sin contar claro que las facciones en el rostro también eran algo diferentes.
A decir verdad, una sola vez le había dicho a Diego esas diferencias, hace más o menos dos años, agregando además la única explicación que encontraba lógica. La explicación ahora le daba algo de vergüenza por lo que había dicho: supuestamente que su madre había participado en un trío y que, al ser mellizos, como se liberaban dos óvulos, cada ovulo había sido fecundado por un espermatozoide de un sujeto distinto y que como la señora Carolina era rubia, ambos habían salido medios rubios y que la cosa no se notaba tanto.
Recordaba que después de eso Diego lo había mirado estupefacto y segundos después le había dado el tremendo puñete en la cara, tirándose encima de él para golpearle más cómodamente.
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— ¿Cómo se te ocurre decir eso, weón? ¡Estamos hablando de mi mamá! —dijo mientras lo seguía golpeando con furia.
No tenía idea como, pero la fuerza de Diego se había duplicado y ahora realmente los golpes le dolían. En un rápido movimiento, controló a Diego y logró tomar el control de la pelea.
—Ya, weón, cálmate. No me puedes negar que la cosa da para pensar —dijo él.
—Si ya sé que da para dudar, pero no te pongas a pensar eso. Weón depravado…
—¿A quién le vienes a decir depravado si tú eres miles de veces más pervertido que yo?
—Pero yo no ando diciendo cosas de tu madre, que en paz descanse, tonto desubicado.
—Ya, sé que las cagué —se disculpó.
A la mañana siguiente, sin embargo, Diego había llegado al colegio con una cara de tres metros, y no fue necesario que le preguntara que le pasaba para que él se lo dijera.
—Ayer le pregunté a mi mamá sutilmente mi duda… ¿y sabes lo que conseguí? Que me abrazara y que se largara a llorar mientras decía "¡Ay! Mi pequeño" —dijo un poco acongojado—. Tenías razón, weón… parece que soy adoptado…
—¿Cómo vas a ser adoptado si naciste el mismo día que Dakota y en el mismo hospital? No seas tonto. —Claro, ni él se convencía de eso, pero por ver a su amigo bien se podía creer lo que fuera.
Eso había animado un poco a su amigo y él, por su parte, no había vuelto a hacer ningún comentario un tanto indiscreto.
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Volvió de vuelta a la realidad cuando escuchó el quejido de Dakota.
—No te burles de mi desgracia.
—Ya, venía a ver como estabas. Vamos, Alexis —dijo mientras se iba y abría la puerta de su habitación.
Sin embargo, Alexis no le prestó la más mínima atención y siguió mirando a Dakota desde la puerta. Incluso toda demacrada y pálida, le parecía la más linda del mundo…
—¿Y tú? ¿No me piensas dar nada?
—… —realmente no sabía a qué se refería la muchacha con eso.
—Un besito en la mejilla para que me mejore. No es contagioso así que no hay problema.
—Uh…supongo…
No sabía realmente de donde había salido eso, pero por él estaba bien, no ponía ninguna queja. Le dio un suave beso en la mejilla y luego se marchó todo colorado a la habitación de Diego, dejando a una Dakota más colorada que él.
Mientras pasaba la materia de Matemáticas, sintió la mirada de Diego -que usualmente la tenía puesta en los dibujos que hacía- fija en él. Cuando la situación se hizo insoportable, resopló y miró a su amigo.
—¿Qué pasa ahora? ¿Tengo monos en la cara acaso?
—¿Qué te traes con mi hermana? —conciso y directo, ¡cómo le agradaba su amigo a veces!
Diego, al ver que se había quedado en un estado de shock, resopló y le mandó un pequeño golpe en la mejilla, para que se "despertara"
—Lo digo porque… Gómez, ¿te acuerdas del tipo de primero medio? —Él asintió. Gómez era un año mayor que ellos—. Pues… Dakota le gusta y me preguntó si se la puede jugar por ella. Ya sabes que yo soy medio sobre protector —dijo mientras se sacaba las gafas de marcos al aire y se pasaba la mano por los ojos.
Ahí sintió como la sangre se le helaba y como segundos después comenzaba a hervir descontroladamente.
—¿Y? —atinó a decir, fingiendo desinterés.
—¿Cómo que "y"? No te hagas el weón conmigo, sé que mi hermana te gusta. —Cuando iba a decir algo, Diego lo cortó—. Y no me lo niegues porque sabes que soy muy observador cuando me lo propongo. Ahora, a lo que voy, prefiero realmente mil veces ver a mi hermana contigo que con ese idiota arrogante y maricón de Gómez.
Miró a su amigo sorprendido… ¿eso significaba que Diego le estaba dando el pase para que cortejara a su hermana? Antes no había querido hacerlo precisamente por respeto a la amistad que sostenía con el castaño (para Diego era una ley eso de respetar a la hermana del amigo), pero ahora… Diego le decía que podía pedirle pololeo…
Pero luego, la realidad cayó sobre sus hombros. ¿Qué iba a hacer con Dakota cuando tuviera que cumplir aquel condenado destino? ¿Querría estar ella con un asesino, con alguien despreciable? No…
De pronto comenzó a sentir como si la cabeza le diera vueltas. ¿Tanto le afectaba el problema de Dakota? ¿O acaso era algo más? Realmente no pudo seguir preguntándose cosas, ya que quedó sumido en la inconsciencia.
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Al llegar, Gaara vio con fastidio, que se trataba del restorán donde trabajaba Fujiwara Kiosuke. Tenía unas ganas tremendas de darse media vuelta e irse, pero qué le iba a hacer, ya estaba ahí y estaba seguro que Kankuro seguiría fastidiándolo, cuando no quería que lo molestaran.
Se sentaron en unas de las mesas ubicadas en la entrada y mientras venían a buscar su pedido, Kankuro intentó buscar algún tema de conversación. Aunque claro…no sabía que había ocupado el equivocado.
—¿Qué habrá estado haciendo Dani ayer?
Gaara no le puso la más mínima atención, parecía que hoy estaba más ausente de lo normal. Con malicia se acercó a su oído…
—¡Hey Gaara! —dijo haciendo casi saltar a su hermano del asiento.
—¿Qué pasa? —cuestionó desubicado cuando su corazón volvió a latir a un ritmo irregular.
—Nada, es solo que te estaba preguntando por qué habrá llegado Dani en esa pinta a la casa, pero como siempre, tú pareces estar en las nubes —respondió resoplando. Su hermano realmente era un desconsiderado a veces.
Gaara frunció el ceño al escuchar el nombre de la muchacha. Aún estaba molesto porque la chica se había escapado y más encima a Kankuro no se le ocurría nada mejor que hablar de ella.
—Lo siento —se disculpó.
Meditándolo… sí, realmente había estado muy ausente ese día.
—Ya, no te preocupes, estoy acostumbrado. Pero, ¿qué crees que le pasó?
Al parecer su hermano era para nada perceptivo y se empeñaba en hablar de la muchacha. A veces realmente le daban ganas de darle unos buenos golpes, pero luego recordaba que su hermano no tenía arena para protegerse y que él además pegaba bien duro cuando se enojaba, así que no quería dejar a Kankuro muy machucado… y nótese, él no era una persona violenta.
—No lo sé —respondió secamente, tal vez con eso su hermano dejaría de molestar.
—¿Todavía no descubres como llegó aquí?
¡Pero claro! Kankuro no captaba las indirectas. De todos modos, se limitó a negar con la cabeza.
—Genial, Izumi y Rei hallarán la forma de poner eso a su favor.
Oh, vaya, el tema comenzaba a ponerse interesante. Debía olvidar su molestia con la chica y preocuparse realmente para que no se fuera de la aldea. No, debía preocuparse de que no la echaran a patadas. Aunque él era el Kazekage, las decisiones de ese tipo eran tomadas de forma democrática, por lo que, si más de la mayoría estaba de acuerdo en que se marchara, él no podría hacer nada.
—Supongo que tienes razón, pero eso no es lo que más me preocupa.
No, ciertamente no era lo que más le preocupaba. En cierta forma sabía que la mayoría del consejo —de alguna forma u otra— quería que la chica se quedara en la aldea para investigarla más a fondo.
Eso realmente no le hacía mucha gracia, después de todo Dani no era un espécimen es exhibición, pero si así estaba la oportunidad que se quedara hasta que él la devolviera a su mundo, estaba bien.
—¿Entonces qué es? —cuestionó Kankuro interesado.
—Hay algo extraño en ella —dijo mientras tenía un salero en las manos, mirándolo con gran interés.
—Dime algo que no sepa —Kankuro no pudo evitar voltear los ojos.
¿Qué le pasaba últimamente a su hermano pequeño? Definitivamente andaba hablando puras huevadas, como era que decía Dani. Dios… debería dejar de hablar tanto con la muchacha, ya estaba hablando como ella y a veces no podía evitar que se le saliera un "huevón" sin su permiso de vez en cuando.
—Me refiero a su chakra. Sólo lo pude percibir cuando toqué su tatuaje, es imperceptible, pero a la vez muy poderoso. El hecho es que había muy pocas personas con ese tipo de chakra y todos eran ninjas muy habilidosos —dijo en un tono más bajo del que estaba ocupando, haciéndole entender así a su hermano que el tema era delicado.
—¿Eran?
—La mayoría de las personas que tenían ese chakra murieron hace más de veinte años. Todos ellos pertenecían a un clan, más bien dos y su chakra pasaba de generación en generación.
Eso es lo que había encontrado curioseando en unos libros que le habían traído desde la biblioteca de la aldea. Kokoro, precisamente, fue la que le había pasado los libros. Había sido raro. Kokoro solía comportarse, pero ese día había llegado muy agitada preguntando si era verdad aquello de la niña de otro mundo, al afirmarlo, Gaara se vio sometido a un gran interrogatorio, sin posibilidad de negarse, debido a la expresión de su antigua compañera de misiones. Recordaba que luego al día siguiente había llegado con varios libros y con una pequeña carpeta.
"Puede que eso ayude a entender sobre ese chakra que comentaste. Ah… y el informe de mi misión te lo mando luego. Créeme, es mucho más interesante lo de esta niña… o bueno, al menos es más prioritario"
Ni siquiera había tenido posibilidad de pedirle que se explicara, pues le había dejado solo, con un montón de libros sobre el escritorio. Al comenzar a leer los libros, comprendió un poco la emoción de Kokoro, así como el hecho de que le parecer había muchas cosas de la que ella tenía conocimiento y él era ignorante.
Ahora, luego de la exposición de la mujer en la sala de reuniones, se preguntaba que más cosas sabía Kokoro y por qué tanto interés en Dani, aparte de la razón obvia.
—¿Por qué tendrá Dani el mismo tipo de chakra? —cuestionó curioso.
—Puede que lo haya provocado alguna variación genética en ella o quizá todas las personas de su mundo son iguales —aunque aquello era una posibilidad muy probable —aún no había información sobre las demás personas que habitaban la dimensión "global"—, él no estaba muy seguro. Bueno, al parecer tendría que arruinar las pequeñas vacaciones de Kokoro y mandarla nuevamente a Tec. Dios… ya imaginaba como se pondría. En ese momento, cuando visualizaba a una mujer de cabellos naranjas muy enojada y con instintos asesinos, agradecía que la arena lo protegiese.
—Supongo que tendré que guardar el secreto —dijo Kankuro mientras suspiraba pesadamente.
—Sí, si el consejo se entera, aunque Kokoro, Kaito y Baki la protejan, ten por seguro que volverán a decir que se vaya de la aldea.
—Cosa que ni tú ni yo queremos.
—Exacto —dijo a bocajarro y luego, cuando su hermano lo miró con una sonrisita un tanto picaresca, se dio cuenta de lo que había dicho.
Se sintió extraño. Él no quería que la chica se fuera de la aldea, pero no porque fuera un espécimen interesante o porque le había prometido que la devolvería a su mundo, no quería que se fuera, simplemente eso… pero… ¿por qué?
Kankuro, notando la incomodidad que mostraba su hermano en esos momentos, decidió cambiar de tema. Otro día se divertiría un poco más.
—Oye, ¿hablabas en serio con hacerla tu alumna?
—Sí, le voy a proponer que se convierta en ninja —contestó agradeciéndole interiormente por haber cambiado el tema
—Y así pasaran más tiempo los dos juntitos —murmuró en tono pícaro.
De acuerdo, había decidido no molestar más a su hermano por ese día, pero realmente era algo que lo sobrepasaba. Gaara ni siquiera habló, pero con su mirada lo dijo todo. A su hermano realmente le encantaba molestar y él ya estaba reconsiderando molerlo a golpes, total, existía el hospital para que el joven se recuperara.
Kankuro notó la mirada asesina que le dirigía su hermano y reconsideró por un momento hacer bromas. Tal parecía que ni Gaara ni Temari tenían un buen sentido del humor, y como él no quería morir joven y además virgen, tomaría una sabia y dura elección: dejaría de molestar a su hermano por ese día.
—¡Mira! ahí viene la camarera —dijo apuntando a una chica de cabellos plateados, con la esperanza de que su hermano dejara de mirarlo de forma asesina.
—Hola, me llamo Karen. Tengan la carta —dijo sonriente.
En ese momento, una chica que estaba atendiendo la mesa de al lado, se le acercó con una expresión seria y algo preocupada.
—…Karen… ¿puedo hablar contigo un momento? Es sobre Dani-chan —le susurró a la chica de pelo plateado, pero él gracias a su agudo sentido de la audición, pudo oírla.
Dani… ¿Qué pasaba con Dani?
Karen se disculpó con ellos y se alejó un poco, quedando entre dos mesas, donde la rubia comenzó a hablar casi de forma normal. Gaara afinó el oído para poder escuchar mejor.
—¿Qué sucede Kasumi? —cuestionó Karen abandonando su faceta de chica alegre, y mostrando una seria expresión.
Gaara por el rabillo del ojo, notó como esa actitud parecía confundir enormemente a la chica rubia.
—Dani-chan está tosiendo demasiado ¿Qué le pasará? Kio-kun me dijo que la cuidara pero… —dijo preocupada.
Dani está tosiendo demasiado…
Así que Dani estaba ahí, ¿eh? Claro, como no se le había ocurrido antes. La chica llamada Kasumi lucía muy preocupada… ¿Qué le había pasado a Dani? ¿Acaso el resfriado había empeorado? Ahora realmente se arrepentía de haber deseado que la chica se pusiera más enferma. Verdaderamente, no se sentiría bien diciéndole el contundente "Te lo dije" que había pensado decirle.
—¿Y qué se yo? Nada que tenga que ver con ella me importa —respondió de mala manera.
—¡Uy! No puedes ser así, ella no te ha hecho nada —le recriminó Kasumi molesta.
Él se preguntaba por qué aquella chica de pelo plateado le guardaba tanto rencor a Daniela. Comprendía que Dani podía ser irritante a veces, pero ciertamente, no la consideraba una persona que pudiera despertar tanto rencor en otra. Pero bueno, ¿que sabía él de todos modos?
—Es la novia de Kiosuke-kun ¿te parece poco? A mí siempre me ha gustado Kiosuke-kun, y cuando estaba consiguiendo algo con él, llega ella y lo estropea todo —respondió en un tono más alto.
¡Plaf!
Realmente eso se había sentido como una tremenda cachetada en la cara y conste, él no podía ser golpeado, pero aquello había dolido más que aquella vez en que Uchiha Sasuke le había lastimado el hombro.
—No puedes asegurar eso. Él no se fija en ninguna chica porque él ya está enamorado, así que no creas que se fijaría en ti. Además, no eres lo bastante buena para mi amigo ¿sabes? Preferiría mil veces que Dani fuera su novia…o cualquiera menos tú. Que te quede bien claro, él le tiene mucho cariño a Dani, pero sólo como un hermano. Y ¿sabes algo? No te permitiré que le hables así a mi amiga.
Eso lo alivió un poco, la chica parecía ser amiga de Kiosuke así que supuso que lo que dijo era verdad ¿para qué iba a estar mintiendo? Y aparte… ¿Por qué le interesaba tanto aquello?
—¿Terminaste?
—Has cambiado Karen, antes no eras así —dijo la rubia decepcionada.
—Cállate, no te importa —digo cortante—. Ahora ¿me puedes dejar trabajar? Anda donde tu amiga Dani si tanto te preocupa.
—Fíjate que eso haré.
—¡Suerte! —dijo sarcástica mientras se acercaba a la mesa componiendo su cara con una sonrisa—. Disculpen la demora ¿ya saben qué van a pedir? —cuestionó sonriente.
Realmente se admiró por sus capacidades para la actuación. Si no la hubiese oído, pensaría que era una chica adorable.
—Sí, tráeme…
Gaara no parecía oír nada de lo que su hermano decía. Seguía con la mirada puesta en aquella rubia que se dirigía al fondo del restorán, cerca de la cocina. Se detuvo y se puso al lado de una chica castaña "Dani" pensó un tanto aliviado, pero… ¿por qué estaba vestida de camarera? Así que ese era el motivo porque Dani salía temprano todas las mañanas y llegaba a la hora de la cena. La verdad no entendía por qué lo había ocultado. Se sintió un poco decepcionado de que ella no confiara lo suficiente en él ni en sus hermanos.
En el rostro de la rubia había una mirada de preocupación y, tal vez para tranquilizarla, la castaña le sonrió débilmente. Kasumi pareció enojarse y Dani le tocó el hombro, sonriéndole. La rubia la miró con duda pero luego se rindió y luego de lanzar un suspiro, le pasó un papel para luego ir adonde se encontraba Kiosuke.
Daniela se fue a la cocina y después de algunos minutos salió de ahí con una bandeja repleta de distintos platos. Luego, comenzó a acercare a las mesas en que estaban ellos, pero antes de llegar, se le cayeron los platos y ella se desvaneció.
Gaara ya veía que la cabeza de la chica se estrellaba contra el suelo y estaba ordenándole a su arena que la atrapara, cuando Kiosuke, en un parpadeo apareció a su lado y evitó que se cayera.
Kankuro al igual que él había visto todo.
—¡Dani! —exclamó su hermano preocupado acercándose junto a él.
Gaara vio intrigado como Kiosuke tomó a la castaña en brazos. El chico se sintió observado y le devolvió la mirada, una mirada que no pudo interpretar.
—¡Dani-chan! —dijo Kasumi preocupada, acercándose—. ¡Uy! Es tan terca. Estaba hirviendo en fiebre y no decía nada.
—Cuando despierte podrás regañarla todo lo que quieras, pero por ahora debe descansar. Llevémosla a la casa —dijo el pelinegro dirigiéndose a unas escaleras bajo la mirada curiosa de muchos clientes incluyendo la de Gaara y Kankuro.
Kasumi también subió, seguida por los dos hermanos. Al llegar una chica de cabello rubio cobrizo, los recibió con una gran sonrisa.
— ¡Kiosuke-nii-chan! —gritó eufórica para abrazarlo, pero luego vio a la castaña en sus brazos—. ¿Qué le sucede a Dani-nee-chan? ¡¿Qué le hiciste?!
Gaara inmediatamente se estremeció ante eso. Él no confiaba en Kiosuke y ahora esa niña decía eso. El chico de cabellos negros no le hizo caso y Gaara se sintió intrigado por la relación de esos dos.
—Hitomi, deja de jugar a las muñecas y dime, ¿dónde está Magdalena? —El tono de urgencia que ocupó no daba lugar a reclamos, ni menos a pensar de que el pelinegro quisiera lastimar a Daniela.
"Dios… Deberías parar un poco con la paranoia, Gaara y admitir que él tiene buenas intenciones" se dijo a sí mismo.
—Está haciendo dormir a Sarah-chan, en su habitación, segundo piso. —Dirigió una mirada preocupada a la castaña que parecía quejarse y Gaara, en ese momento, vio que para su corta edad, la niña ponía la expresión de un adulto. Cuando volvió a hablar, lo hizo en un tono un tanto autoritario y seguro—. Kiosuke-nii-chan, llévala al cuarto en el que durmió el otro día. Kasu-nee-chan, por favor ve a buscar a mi mamá, dile que es urgente.
Los dos asintieron y subieron al piso de arriba.
"Vaya, que poder, pequeña"
Gaara se dispuso a seguirles, pero la niña de cabellos cobrizos lo tomó del brazo y le dirigió una seria mirada.
—Lo siento, Kazekage-sama, pero me temo que no puede ir. Si quiere puede esperar en el living. Vengan, los llevaré. —El tono de la niña seguía siendo autoritario, pero en su mirada, pudo notar cierta compasión. Demonios, ¿tan preocupado lucía?
—¿Cómo te llamas? —preguntó Gaara cuando llegaron al espacioso living, en un intento de quitarse de encima la mirada penetrante de la niña y de pensar en otra cosa que no fuera la muchacha de cabellos castaños que estaba en el piso de arriba.
—Fujiwara Hitomi —contestó la niña con ahora una sonrisa, volviendo a una actitud más congruente con su edad—. Kiosuke-nii-chan es mi tío paterno.
A Gaara le sorprendió la aclaración, en gran parte, porque él no había hecho ninguna pregunta.
—Qué extraño. Tu padre y él no se parecen —comentó fingiendo desinterés, mirando de reojo la reacción de la niña, sintiéndose curioso cuando la notó tensarse por unos segundos, para luego volver a la calma habitual y levantar la mirada, al mismo tiempo que él sentía el chakra de Kiosuke. Qué raro, hasta ese momento no había percibido su chakra.
—Hay hermanos que no se parecen mucho —escuchó la voz de Kiosuke desde la entrada—. Lo que pasa es que somos hermanos por parte de padre, aunque sinceramente creo que eso no te importa en lo más mínimo.
—Tienes razón, ahora lo más importante es Dani —respondió de manera desafiante.
Kankuro miró a su hermano un tanto extrañado, al parecer su enemistad con el pelinegro había aumentado en esas semanas.
—Vaya, no sabía que Dani-chan te importara tanto. Hmp, que curioso.
Gaara hizo un ademan de responderle, pero Kasumi llegó corriendo preocupada, alarmándolos a todos.
—Kio-kun, Magdalena-sama te necesita. Dani está delirando —y todos se pararon rápidamente para ir donde Daniela estaba inconsciente.
