Destino
Capitulo XV
Pesadilla
Todo a su alrededor se encontraba en silencio y la oscuridad de aquel lugar contrastaba con el resplandor de su cuerpo completamente desnudo.
«¿Dónde estoy?» sus pensamientos retumbaban como un eco a su alrededor.
Abrió su boca para hablar, pero sus cuerdas vocales no emitieron sonido alguno.
«¿Qué está ocurriendo?, ¿Qué es este lugar?, ¿Por qué estoy completamente desnuda?» se preguntaba sin encontrar respuesta y frustrándose por ello.
Esa tenebrosa oscuridad, ese silencio que te permitía oír hasta tus propios pensamientos, esa soledad; eran sensaciones que realmente no quería experimentar.
De pronto un punto de luz apareció en frente de ella, daba la impresión de que se iba acercando, puesto que su tamaño aumentaba conforme pasaban los segundos… ¿o acaso eran horas?
—No temas — le dijo el extraño punto que tenía una suave voz femenina.
Movió sus labios para decir algo, pero nuevamente fue un caso perdido. Frustrada resopló, aquello realmente era desesperante.
—No te esfuerces, aquí no puedes hablar, nadie puede. Ahora mismo yo me estoy comunicando contigo telepáticamente —le dijo nuevamente aquel punto, que mientras se acercaba iba tomando la forma de un gato.
—¿Quién eres? —cuestionó mentalmente mirándola a los ojos, unos profundos ojos azules de pupila alargada.
—Quien soy no tiene mucha importancia en estos momentos —le comunicó la pequeña gatita, cuyo pelaje era blanco, tan blanco como la nieve —. Pero debes saber que estoy aquí para protegerte.
Bueno, al menos eso era algo bueno… pero… ¿protegerla de qué?
—¿Qué es este lugar? —cuestionó preocupada; realmente, aquello de ser protegida era más alarmante que tranquilizador, a fin de cuentas.
—Es un lugar del que podrás salir sólo si yo quiero
Y esa oración le dio demasiada mala espina.
La pequeña minina en un parpadeo se convirtió en una felina del tamaño de un tigre adulto, blanca como la nieve, de pelaje similar al de una leona y con dos alas de ángel que nacían de su espalda. En sus patas tenía unos brazaletes dorados, en los cuales estaba grabado un extraño escudo; incrustado en la frente llevaba una especie de rombo dorado en el cual había grabada una estrella de cinco puntas dentro de un circulo.
Dani se quedó ahí parada, con una mirada tranquila, no sabía el porqué, pero la criatura que tenía frente a ella, por alguna extraña razón, le parecía vagamente familiar.
—¿Por qué estoy aquí? —cuestionó con una expresión calmada.
—Te desmayaste. Esto es una especie de sueño, pero del cual sólo podrás salir si así yo lo quiero. Ahora estás delirando allá afuera. Digamos que lo que piensas aquí lo repites en voz alta —respondió seria—. Si así yo lo quiero, nunca más despertarás. ―Su voz tenebrosa provocó un escalofrío en la niña―. Pero tranquila, no tengo necesidad. Bien, ahora te mostraré lo que realmente debes ver.
En un parpadeo la oscuridad desapareció y se encontró en un bosque.
La gata hizo un ademán para que la siguiera. Caminaron por un sendero y divisaron finalmente un lugar que estaba lleno de ruinas; al menos, eso parecía a lo lejos.
La ciudad ocupaba varios kilómetros cuadrados. Realmente era grande para ser una ciudad de ese mundo, porque considerando el tamaño de Suna… Y a diferencia de su primera impresión, lo que quedaba de esa ciudad parecía mantenerse en buenas condiciones; eran pocos realmente los edificios que estaban demolidos completamente, ya que la mayoría estaba todavía en pie. Al parecer la ciudad fue deshabitada a causa de una guerra, pues había varias casas que parecían haber sido quemadas y también porque a medida que avanzaba podía apreciar huesos y cráneos humanos esparcidos por las calles.
El ruido de las olas captó su atención. Buscó un lugar despejado y logró divisar una playa, sus arenas eran blancas y sus aguas cristalinas. Emocionada se acercó, el mar siempre le había gustado después de todo.
Mientras corría vio una construcción que captó su atención, se acercó y se dio cuenta de que era una especie de entrada a alguna comunidad.
En el centro de la gran puerta que debía medir fácilmente sus cuatro metros de alto, se podía apreciar una estrella de cinco puntas dentro de un círculo. Arriba de la puerta, había una extraña gema de un rojo sangre y a cada lado de la entrada había dos estatuas, parecían ser feroces gatos gigantes con enormes alas de ángel. A decir verdad, eran iguales a la gata que la acompañaba, con la diferencia que esta tenía una expresión mucho más amigable.
Sus expresiones amenazantes dejaban un mensaje bien claro: NO ENTRAR.
«Y tampoco pensaba hacerlo» pensó dando media vuelta, mientras se hacía la distraída, silbando y todo.
—Entra —escuchó la voz mental de la felina al lado de ella—. Debes entrar.
«Pero si no quieren que entre».
A regañadientes se acercó a la puerta y la empujó inútilmente y luego miró a la felina, como diciéndole: "¿Viste?"
—Aléjate — le ordenó la gata blanca.
En ese momento la felina abrió la boca, comenzando a juntar una extraña energía, que salió disparada en un rayo de luz a la extraña gema, la cual comenzó a brillar al concentrar aquella energía. Los ojos azules de las estatuas comenzaron a brillar y sus bocas se abrieron, iluminándose, para segundos después volver a tornarse opacos. En ese preciso instante, el símbolo de la puerta se iluminaba tenuemente, justo momentos antes de que se abriera de par en par.
Dani no ocultó su sorpresa y se quedó estática en su lugar. Bien… ¿Qué era todo eso?
La gata, ajena a su estupefacción, comenzó a avanzar hacia el interior.
—Sígueme — dijo mirándola por el rabillo del ojo.
Caminaron unos cien metros y Dani no dejaba de maravillarse con el tamaño de aquellas hermosas mansiones, porque realmente eran hermosas; aun cuando estaban descuidadas, se podía notar.
Súbitamente la felina se detuvo, lo que provocó que Dani al no poner atención, se tropezara y cayera.
—¡Ouch! ¿Por qué te detienes? —le recriminó molesta mientras se sobaba el trasero.
La felina se mantuvo en su lugar, con la mirada puesta al frente, tensa, su pelaje estaba erizado y de su pecho salía un fuerte gruñido.
—Párate ―el tono que la felina ocupó fue extremadamente severo.
La castaña obedeció sin chistar, con ese tono ¿quién no? Levantó la mirada al frente y vio como a unos escasos cinco metros de ella, se encontraba un chico que aparentaba ser de su misma edad. Su cabello era blanco; su piel pálida, la piel más pálida que jamás había visto y sus ojos de un blanco cristalino casi transparentes. Al igual que ella, estaba desnudo y su rostro mostraba la total confusión. En un momento de todo eso, Dani cayó en la cuenta de que estaba desnuda, desnuda frente a un chico y que él también estaba desnudo.
«¡Oh por dios!» pensó mientras trataba de cubrir sus partes intimas.
—¿Que mierda estás haciendo? —cuestionó la gata confundida, ya que, al estar ensimismada en otra cosa, no cayó en la cuenta de lo que le pasaba a la niña.
—Pues tapándome, ¿Qué crees? Estoy frente a un chico, vísteme y también vístelo a él. Tú controlas este sueño ¿no es así?
La gata bufó y rodó sus ojos. En ese preciso instante sobre el cuerpo de ambos aparecieron una polera y unos pantalones con la única diferencia que la ropa de Dani era blanca y la del chico, negra.
Dani, llevada por una extraña sensación se acercó lentamente al albino, que la miraba extrañado con sus desconcertantes ojos blancos.
—¡Daniela! ¡Vuelve acá ahora mismo jovencita! —exclamó la gata con voz firme, pero con una nota de pánico.
Sin embargo, ella no se detuvo hasta que ambos quedaron a un metro y medio de distancia, lo observó a esos orbes blancos e intentó dar otro paso, pero algo se lo impidió. De un momento a otro, el chico lucía como de diecisiete años y esa mirada de extrañeza se convirtió en una de ira y odio, mucho odio.
La castaña no pudo comprender lo que sucedió a continuación. Se suponía que ella estaba al frente del chico, pero ahora su lugar lo ocupaba una chica diecisiete años. Su brillante pelo azabache le llegaba hasta el final de su espalda y sus ojos eran igual o más desconcertantes que los del chico: eran negros y la pupila era blanca, como una estrella brillante en medio de la noche. Estaba vestida con un vestido blanco que le llegaba un poco más arriba de las rodillas.
Dani se encontraba a una distancia de seis metros y los podía ver a ambos de perfil
«¿Qué está pasando?»
La gata que estaba en el mismo lugar de antes, maldijo un poco y en un parpadeo apareció a un costado de la castaña. La chica la miró en busca de una respuesta.
—No te diré nada.
—Gracias —dijo sarcástica volviendo su mirada hacia los desconocidos que no hacían otra cosa que mirarse.
El viento mecía los largos cabellos de la pelinegra, que miraba al albino a sus blancos ojos sin expresión alguna. Sin decir ninguna palabra da un paso deliberado y majestuoso.
El muchacho, ante eso, se enfureció y en un movimiento rápido, desenfundó su katana, listo para atacar. La pelinegra, al oír el sonido del metal, se quedó quieta, calmada, con su rostro sin ninguna expresión.
— ¿Te vas a quedar ahí parada? —cuestionó el joven con el ceño fruncido.
Dani se sorprendió al oírlo hablar ¿Qué no se suponía que en ese lugar no se podía hablar?
La pelinegra, por su parte, se quedó en completo silencio.
—¡Di algo! —gritó molesto, perdiendo los estribos.
—Detente. No sigas —dijo la pelinegra con un tono calmado, muy calmado para estar en esa situación.
Eso fue la gota que rebasó el vaso. El chico en un parpadeo se posicionó detrás de ella con su katana en posición.
Dani se aterró ante esa escena, intentó gritar para detener al muchacho, pero la voz no le salía
«Mierda»
No puedes hablar, aquí te comunicas por telepatía, recordó lo dicho por la felina que estaba a su lado
«Tal vez no pueda hablar, pero ellos si me pueden oír en mi mente»
—Te equivocas —le dijo la gata en respuesta a sus pensamientos—. Ellos no pueden oírte en sus pensamientos, es inútil.
—¿Quién fue el genio que hizo esta pesadilla? —cuestionó mientras miraba a la gata con una mirada acusadora.
—A veces las cosas se salen de control.
—Sí, TIPICO de una pesadilla, aunque pensé que este era un sueño bonito.
—Yo no he dicho que sea pesadilla, ni tampoco que sea un sueño bonito
—Tienes razón en un sueño bonito aparecerían mis amigos y mi familia.
Un aterrador sonido captó su atención, giró su mirada lentamente y lo que vio la dejó sin habla. La chica pelinegra estaba siendo atravesada completamente la katana del chico, el cual tenía una sonrisa de satisfacción en el rostro. Luego, el joven bajó lentamente su cabeza, hasta quedar a la altura del oído de la muchacha.
—Muere, muere con aquel bebe maldito que llevas en tu vientre —aquellas palabras cargadas de satisfacción, resonaron por todos lados.
La pelinegra quedó con la mirada perdida y por sus mejillas comenzaron a caer gruesas lágrimas. Con sus manos temblorosas rodeó su todavía plano vientre en forma protectora y esbozó una sonrisa de infinita tristeza.
—Que lastima por ti, mi pequeño bebe, que recién comenzabas a vivir. Lamento no haber podido protegerte mejor... —Una gran cantidad de sangre salió de su boca, manchando su inmaculado vestido y su piel―. E-estoy s-segura que hu-hubieras sido un gran shinobi, igual que t-tu p-papá. T-te am… — pero no alcanzó a terminar la palabra y escupió otra fuente de sangre.
El chico furioso retiró la katana y la pelinegra, sin fuerzas para mantenerse de pie, cayó como un trapo viejo, sin dejar de tocar su abdomen.
—¿Cómo puede ser que hasta en el momento de tu muerte trates de proteger al hijo de ese maldito? —dijo con desprecio en la voz.
Dani observó horrorizada como aquella pelinegra estaba en el suelo, moribunda. La chica la miró, le sonrió débilmente, como si intentara transmitirle algo y luego cerró sus ojos, sumamente cansada.
La castaña se llevó las manos a su boca, aún en shock. Un punzante dolor en su pecho captó su atención, sentía como ese lugar estaba sospechosamente húmedo, como si un líquido emanara de ahí. Con su mano derecha tocó el lugar y observó confundida como se llenaba de sangre.
—¿Q-qué pasa? — fue lo último que pensó antes de caer desmayada.
—Mierda —maldijo la felina—, se supone que esto no pasaría.
Sin mayor esfuerzo logró poner a la castaña sobre su lomo, manchando su blanco pelaje con el carmesí de la sangre. Rápidamente emprendió vuelo, no sin antes dirigir una última mirada a la pelinegra y al albino.
Este se dio cuenta de la mirada asesina y la miró fríamente.
—Maldito—dijo.
La gata cerró los ojos, todo aquello le parecía un extraño deja vu, cuando los volvió a abrir, notó que además de la pelinegra y el albino, había una tercera persona ahí, un chico al parecer castaño. Abrió sus ojos desmesuradamente y luego se alejó a toda velocidad de ahí, rumbo a la playa.
.
Kiosuke seguido por Kasumi, Gaara y Kankuro llegaron a la habitación.
—Esperen aquí afuera —dijo el pelinegro abriendo la puerta de la habitación, con la intención de entrar solo.
—No, yo quiero entrar —dijo Gaara mirándolo seriamente.
Kiosuke lo pensó por algunos segundos y al notar como en los ojos del muchacho se podía ver una gran ansiedad, accedió resignado.
—De acuerdo. Los demás se quedan aquí.
Entraron cerrando la puerta tras de ellos y Gaara se sorprendió al ver que la habitación se asemejaba a una sala de hospital, obviamente sacando el color rosado y la gran cama en donde la chica estaba recostada. Dani se encontraba dormida y cuando se acercaron, la escucharon murmurar cosas. Su frente esta sudada, y aunque no tenía nada conectado a ella, los aparatos estaban ahí por si acaso.
—¿Qué le sucede a Dani? —preguntó, ocultado su preocupación y mostrando su habitual rostro serio.
La joven mujer lo miró algo sorprendida y luego dirigió su mirada a Kiosuke con el ceño fruncido, esperando una explicación.
—No pude hacer nada. Dijera lo que le dijera no se quedaría afuera —dijo Kiosuke en un tono despreocupado, cambiando drásticamente a uno preocupado cuando volvió a hablar―. ¿Qué le sucede?
—Está delirando y su fiebre es muy alta, al parecer este no es un simple resfriado.
—Tienes razón, en un sueño bonito aparecerían mis amigos y mi familia —murmuró la castaña, los tres la miraron confundidos.
¿Qué era todo eso?
La expresión de la castaña pasó a ser una de horror. Tapó su boca con ambas manos y lagrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Abrió sus ojos, pero no miró a ninguno de los tres; los celestes orbes estaban opacos y su rostro palidecía. Tocó su pecho y en ese instante las sabanas comenzaron a mancharse con sangre.
Bajo la mirada de shock de los tres, miró su mano llena del líquido carmesí confundida
—¿Qué pasa? —pronunció débilmente.
Luego de eso, su cuerpo comenzó a convulsionar.
Magdalena, rápidamente salió de la impresión y se apresuró a tratar de tranquilizarla, seguido de él, que le tomo los brazos, manchándose a su vez con la sangre que salía a borbotones. Kiosuke también salió del shock y le pasó a Magdalena una jeringa, con un líquido transparente en el interior, el cual fue completamente inyectado en el sistema de la chica.
—¿Qué sucede? —cuestionó ahora si preocupado y asustado por lo que le estaba sucediendo, mientras seguía sosteniendo sus brazos para que no se lastimara.
Era demasiada sangre, por todos lados, mucha sangre.
—No hay tiempo para las explicaciones —dijo la mujer rápidamente.
Destapó a la castaña y botó las sabanas al suelo. Aquello ni siquiera le importó a él y aparte, la sangre no permitía ver nada muy tentador, sólo una horrible herida que la atravesaba por completo, justo a la mitad del pecho.
—Suerte que no fue en el corazón. Ahí no se hubiera podido hacer mucho.
«Eso es realmente tranquilizador» pensó con un poco de sarcasmo. Es decir… ¿Qué aquella herida pudo haberla matado?, ¿así de fácil?, ¡pero si nadie le había lastimado!
Las convulsiones comenzaron a cesar y cuando la niña se tranquilizó, él soltó sus brazos y se alejó, para dejar que la mujer hiciera su trabajo.
Sin preocuparse por su presencia, comenzó a liberar un chakra verde de sus manos y se dispuso a sanar a la chica antes de que perdiera más sangre.
Gaara, sin importarle aquello, miró sus manos llenas de sangre. Miró a la chica nuevamente y se vio en la necesidad de salir de ahí. No podía seguir ahí. No sabía por qué, pero todo aquello lo ponía enfermo, pese a que había visto la sangre de sus innumerables víctimas en el pasado.
Cuando salió, se encontró con Kankuro que, al ver sus manos llenas de sangre, lo miró asustado. Su hermano se acercó a él y le preguntó:
— ¿Qué pasó? ¿Cómo está? ¿Por qué tus manos…? —dejó la pregunta al aire, sabiendo que Gaara lo entendería.
Él, por su parte, se encogió de hombros y miró a la pequeña Hitomi, que le indicó donde se encontraba el baño. Kankuro, sin entender que quería estar solo, lo siguió hasta ahí. Mientras se lavaba las manos, su hermano se mantenía apoyado en el marco de la puerta, mirándolo de forma inquisidora. Luego de suspirar, comenzó a hablar.
—No sé qué le pasó. No creo que alguien pueda estar bien con una herida que la atraviese por completo y por eso mismo tengo las manos con sangre, salía a borbotones de la herida… ¿contento?
Kankuro no dijo nada, sólo asintió rápidamente.
.
Realmente no entendía nada y aquello lo frustraba. ¿Qué había sido todo aquello? Aquella escena que había visto anteriormente: esa chica pelinegra siendo atravesada por una espada, por alguien que pertenecía a su clan. La chica era del clan contrario… ¿acaso aquello significaba…?
Apretó los dientes fuertemente… ¿entonces aquello era lo que llegaría a hacer?, ¿aquel chico era él mismo?
No, eso es lo que sucedió
Escuchó una voz que no sabría decir de adonde venía.
Claro, eso había sido lo que sucedió hace cientos de años…lo que había marcado la enemistad de ambos clanes. Pero… ¿entonces eso significaba que él no podía hacer nada para evitar aquel destino?, ¿significaba que tendría que manchar sus manos con sangre a pesar de todo?, pero él no quería hacerlo.
Siempre puedes elegir. A veces las profecías son interpretadas de distinta forma. Interpreta tú mismo lo que acabas de ver, así encontrarás la repuesta
¿Qué él mismo lo interpretara?
De pronto le venía un tremendo dolor de cabeza.
Comenzó a sentir que lo llamaban, percibió un zarandeo y luego algo que se posaba en su boca y le proporcionaba un aire cálido. Y fue ahí cuando abrió los ojos.
Lo primero que vio fueron unos ojos cerrados a una muy escaza distancia y sintió una boca que se acoplaba perfectamente a la suya. Los ojos se abrieron, dejando ver dos irises de un azul intenso. La dueña de aquellos ojos se alejó rápidamente, con un pequeño sonrojo y luego desvió la vista.
—Diego me dijo que te hiciera respiración boca a boca. Disculpa si te molestó.
—¿Cómo crees? Claro que no le molestó —dijo Diego mirándolo de forma burlona.
Él, por su parte, estaba tan desorientado que no sabía realmente qué hacer o qué decir. Primero aquel sueño y luego aquel "beso" que Dakota le había dado. Aquella no había sido la mejor forma de despertar.
—No, no me molesta —dijo mientras se incorporaba y trataba de ubicarse—. ¿A que vino eso de la respiración boca a boca?
Ambos hermanos se miraron.
—Es que te desmayaste tan de pronto y no despertaste ni a patadas, que pensé que te había pasado algo grave, por eso llamé a Dakota para que te diera respiración artificial. No esperarás que yo te la dé ¿no?
No, prefería morir asfixiado antes de recibir esos primeros auxilios por parte de Diego.
—Buen punto.
.
La felina la depositó en la orilla de la playa, hizo desaparecer la molesta ropa y comenzó a revisar la herida que la atravesaba por completo. Sonrió aliviada al notar que la herida comenzaba a cerrarse, seguramente en la realidad estarían sanándola; al menos eso le hacía más fácil el trabajo. Puso una de sus patas delanteras suavemente sobre la herida y una energía blanca comenzó a emanar de ella. A medida que sanaba la herida, las mejillas de la castaña volvían a su color natural, otorgándole un tono saludable y la temperatura del cuerpo volvía poco a poco a la normalidad.
Dani comenzó a abrir lentamente sus ojos y lo primero que vio fue el rostro de la felina que la miraba con una sonrisa. Un grito involuntario salió de sus labios, provocando que el animal frunciera el ceño con molestia.
—Si te pones a gritar supongo que ya estás bien —dijo refunfuñando.
Dani se sentó y comenzó a mirar a los alrededores para ubicarse. ¿Todavía estaba en aquel sueño? ¿Por qué se lo tomaba todo con tanta tranquilidad? Estaba en un sueño, tal vez por eso, quizás su subconsciente le decía que en algo que era producto de su propia imaginación, no le podía hacer daño.
Claro que ella no sabía que nada de aquello había sido producto de su imaginación, no tenía una imaginación tan fabulosa como para crear todo aquello.
—¿Qué pasó con aquella chica? —cuestionó cuando recordó lo que había sucedido hace… ¿Cuánto había pasado realmente?
La felina lanzó un gruñido que la hizo encogerse en el lugar.
—Ya no tiene importancia —fue la escueta respuesta que recibió.
—Ese chico… ¿Quién es? ¿Por qué la mató? —cuestionó confundida—. ¿Quién eres tú?
—Ese chico… aquello no tiene importancia. Y en cuanto a mi, bueno, pronto sabrás quien soy. Muy pronto.
Intentó pararse, pero sintió un gran dolor en el pecho, que la obligó a quedarse estática en el lugar.
—Todavía estás muy débil —le dijo la felina, quien la empujó delicadamente para que quedara nuevamente sentada.
—¿Puedo saber qué me pasó? —cuestionó cuando el dolor en el pecho acabó y pudo respirar sin ningún problema.
—Desmayada producto de una herida —dijo tranquilamente mientras se echaba a su lado.
—¿Una herida?, ¿Quién me hirió? —cuestionó confundida posando su mirada en el pelaje de la felina—. ¿Te hirieron también? —al verlo manchado con abundante sangre, no pudo evitar alarmarse.
—No, no me paso nada, esta sangre no es mía —dijo divertida—. Bueno, creo que lo mejor es que te vayas despertando, tus amigos y tu novio deben estar muy confundidos con el montón de cosas raras que has dicho. La próxima vez, te prometo que no repetirás todas estas cosas, bueno creo, casi nunca ocupo esta técnica — comentó pensativa.
—¡Yo no tengo novio! —dijo mas roja que un tomate—. ¿Y a que te refieres con eso de la próxima vez?
—Nada, nada. Bueno, hasta la próxima. Tu novio de seguro estará muy preocupado por ti —dijo riéndose entre dientes antes de desaparecer.
Dani se encontraba nuevamente rodeada de oscuridad, asustada, sin comprender nada y, además, sonrojada.
—Yo no tengo novio —dijo avergonzada—. Kiosuke no es mi novio.
—No me refería a él — escuchó la voz de la gata—. Él es solo tu amigo y tú lo ves de esa forma, yo me refería a alguien más.
—¿Que no te habías ido? —cuestionó de pronto fastidiada.
—Aún no entiendo como hay gente que te soporta —escuchó nuevamente la voz de aquella felina.
Escuchó algo parecido a un chasquido y luego vio como un punto de luz, que se acercaba a gran velocidad, la envolvía por completo.
Notas de autora:
Ese momento en que decides actualizar un fanfic que tienes abandonado hace como dos años, que necesita una buena edición desde el primer capítulo y que quizás nadie leerá, pero no escribes el capítulo del fanfic (de otro fandom) que debes tener para mañana. Bien, Nikky, definitivamente tienes claras tus prioridades xD.
