Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.

Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)

Capítulo XXIII: no, no, no.

Tan pronto Rosalie regresó con la bandeja, subió a la habitación y después de rogar al Dios de los secuestradores que por favor ella no quisiera escapar tocó la puerta y entró sin esperar que le permitiera el paso. Ella estaba sentada en la cama y apenas lo vio con la bandeja lo miró con desconfianza, tomó una almohada y la abrazó como si ésta la pudiera defender de algo.

-No te creas que esto es para ti.- dijo con naturalidad mientras cerraba la puerta con los pies y daba la vuelta a la cama para sentarse del otro lado.

-no, no pensé eso- respondió extrañada, de hecho si lo había creído, es más pensó que la obligaría a comer.- ¿para quién es?- quiso saber sin soportar la curiosidad.

-para mi.-

-¿para ti?- frunció el ceño.

-aja, ¿Será que puedo comer aquí?- preguntó antes de sentarse en la cama.

-es tu casa- se encogió de hombros.

-tuya también.- ella bajó la mirada, ¿tan malo era que un hombre como Edward asegurara estar casado con ella?

¡por supuesto que es malo! Se respondió a si misma entre pensamientos: Jacob, Jacob, Jacob. Repetía sin cesar, no podía olvidarse de él.

Edward instintivamente necesitaba acercarse, por algunas razones sentía culpa y una sensación irrefrenable porque ella le correspondiera sus sentimientos. Se sentó a su lado en la cama, colocando la bandeja al frente y él siguió sacándole conversación.

-¿como te sientes?-

-prisionera- respondió casi sin pensar.

-si no intentaras escaparte todo el tiempo no tendría que ponerte guardaespaldas-

"si tu no me hubieses secuestrado tampoco los tuviera" Pensó, pero si quería que su plan funcionara no podía darse el lujo de expresar ese tipo de comentarios que terminarían en una pelea segura.

-¿Por qué no comiste con Rosalie?- quiso cambiar de tema a algo que le interesaba más de lo que se atreviera a admitir.

-preferí comer con mi esposa-

-Será en mi cara porque yo no estoy comiendo.-

-porque no quieres, sé que Rose te avisó del almuerzo- a Bella se le desviaron los ojos a la comida de Edward y se le quedaron trabados allí, apenas escuchando lo que él le dijo. Este se percató del acto y algo en su interior le susurró que eso, el no comer, parecía la forma que tenía Bella de llamar su atención… tal vez si…

No, no, no, No quería ilusionarse con ella, no podía dar rienda suelta a su deseo irrefrenable de que Bella sintiera lo mismo que él y ahora cualquier cosa que ella hacía la asociaba de inmediato con sentimientos ocultos que no existían, estaba volviéndose loco.

-por lo visto te tienen al tanto con todo lo que pasa en esta casa- su tono de voz parecía más de decepción que de reclamo, en realidad ella había pensado que tal vez podría escapar sin mentirle.

-así es, nadie respira o pestañea sin que yo lo sepa- expresó con orgullo y metió un bocado de alimento en su boca.

-un poco obsesivo de tu parte, ¿no?-

-no lo creo, es solo que me gusta tener todo bajo control-

-¿hasta lo que como?- si ella hubiese sabido que él iba a poner una cara de impacto indescriptible y dejar un bocado a medio camino con la boca abierta, no habría dicho eso – disculpa, no quise molestarte- tomó la almohada y la abrazó con más fuerza, pero era en realidad una barrera que interponía entre ellos dos, temía que la agrediera.

-¿no te gusta la comida que te han servido?- preguntó incrédulo. Tal vez era por eso que se negaba a alimentarse.

-olvida lo que dije- respondió temerosa.

-¿o es que no te gusta lo que te han servido hasta ahora?- su tono de voz cambió a preocupación ignorando que Bella habló.

-no, no es eso-

-demuéstralo- anunció estirando su mano con un tenedor con comida.

-yo…-

-come- no fue una orden, fue una sugerencia –vamos, no te hará daño – le sonrió y poco a poco ella se tranquilizaba, esa sonrisa era un peligro para su voluntad.

Él lo acercó a su boca y Bella la abrió y lo tomó, el sabor era especialmente suculento, de inmediato se le hizo agua la boca, y cerró los ojos mientras se deleitaba masticando semejante bocado.

-esta delicioso- dijo mientras tragaba – Rose cocina exquisito- él le ofreció jugo y ella lo tomó.

-lo sé, todo a ella le sabe bien, es más la próxima vez que vayamos a la hacienda me la llevo de cocinera- a pesar de que no había doble sentido en su comentario, a Bella le dio una punzada de incomodidad que disimuló tomándose todo el jugo –por un minuto me asusté y pensé que no habías comido porque no te gustaba la comida-

-no, no es por eso-

-¿entonces?- quiso saber ofreciéndole más alimento que ella tomaba casi inconscientemente.

-¿entonces qué?- comía otro poco.

-¿por qué no te gusta comer?- le daba otro bocado y comía él también.

-¡claro que me gusta comer!-

-¿y por qué no querías comer hoy?-

-yo… este… lo que pasa es que…- no sabía que inventar, definitivamente la mentira no era lo suyo.

-¿no tenías hambre?- ella negó con la cabeza sólo para que no siguiera preguntando –pues te informo algo- ella lo miró atenta y tragó lo que tenía en la boca –nos hemos comido toda la comida- Dijo con una sonrisa

-¿¡tan rápido!?- dijo sorprendida y se sonrojó.

-al parecer teníamos mucha hambre-

-¡ay, lo siento! Me comí toda tu comida-

-en realidad era de los dos, pero no importa. Aún falta el postre- tomó una gran porción de torta con bastante crema.

-oh, no podría. Es tuyo- se sentía avergonzada.

-estamos hablando de un pedazo de torta, además no soy de comer mucho dulce, aunque lo haré si tú también comes-

-no… no quiero- dijo titubeante, definitivamente su tiempo a solas lo aprovecharía aprendiendo a mentir, hasta ahora ni siquiera esa tontería la podía disimular.

-¿segura?- preguntó con una media sonrisa divertida y antes de que ella respondiera le mancho la nariz con crema.

-¡Edward!- exclamó riéndose – en caso de que quiera, no creo que me lo deba comer con la nariz- tomó un poco más y se lo pasó por la boca -¡Edward!- se rio de nuevo y se limpió la cara como pudo –mejor dámela-

Se la quitó y tomó un poco y le manchó la mejilla, justo en el lunar que le pareció tan sexi desde el primer día en que lo vio cuando pagó sus flores. Él se quitó la crema y se la iba a regresar a ella pero interpuso su mano y le cayó en el cabello.

-¡no! ¡Mi cabello, no!- dijo riéndose intentando sonar amenazante pero Edward lo que hacía era reírse.

-Déjame ayudarte- anunció para quitarle la crema pero ella tomó un poco más y le llenó su cabello también - ¡traición!-

-una por una no es trampa, ¿sabes lo que cuesta cuidar el cabello de una chica?-

Edward quiso mancharla pero ella tomó su mano y cayó la crema en la cama, entonces viendo que ella tenía en la otra mano el pedazo de torta se la aguantó para que no le siguiera manchando. Ella se reía y al igual que él, pero cuando sus miradas se cruzaron, no sabe en qué momento Edward no resistió más y la besó.

...

continuará

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