Destino

Capitulo XVI

Kiara


Abrió lentamente sus ojos al mismo tiempo que sentía su frente húmeda. Lo primero que vio fue un techo de un rosado pálido.

«Estoy en casa de Ryou. ¿Cómo llegue aquí? Estaba en el local y…ow, mi cabeza me da vueltas…»

Miró hacia un costado y notó que Gaara estaba sentado en una silla al lado en la cama y que Kiosuke se encontraba apoyado en el marco de la ventana, mirando el atardecer. Ambos parecieron sentir que estaba despierta ―eran ninjas después de todo― y se acercaron para ver cómo estaba.

—Dani, ¿te encuentras bien? —Kiosuke cuestionó, preocupado.

—¿Qué me paso? No recuerdo nada… —Aún estaba algo desorientada.

Dirigió su mirada a Gaara y notó que este la miraba no de la mejor manera. Recordó que se había escapado y si él estaba ahí significaba que había descubierto su pequeña travesura.

—Te desmayaste mientras ibas a entregar un pedido… —dijo serio, pero sin estar tan enojado con ella.

Estaba de cierta manera aliviado de que se hubiese despertado, ya que era el cuarto día en que no se despertaba y eso le preocupaba un poco. Por fin podría estar tranquilo y encargarse de los informes y de las misiones, porque digamos que durante esto cuatro días pasaba más en el restaurante que en la torre Kazekage.

—Así que… ―dudó―, trabajas aquí. —Intentó que su tono de voz fuera el más agradable posible dadas las circunstancias.

—Sí, lo lamento —Quizás (y solo quizás) se sentía un poco arrepentida y avergonzada. No era como si el pelirrojo se hubiese enterado de la mejor manera sobre su secreto.

Gaara la miró confuso. Realmente no se esperaba unas disculpas, no de ella, al menos.

—Dani, ¿qué soñaste? —Kiosuke quiso hacerle la vida un poco más llevadera a la niña.

Dani se quedó en silencio. Pues ahora que lo decía, no recordaba nada de nada. En ese instante, una imagen llegó a su cerebro.

—Ojos blancos. Recuerdo a un chico de ojos blancos…

Tanto Kiosuke como Gaara se miraron confundidos. Al pelinegro se le vino a la mente las únicas personas de las que él conocía y que tenían esos ojos: el clan Hyuga. Gaara al perecer pensó lo mismo que el moreno, ya que le preguntó:

—¿Sobresalían las venas alrededor de los ojos?

—No, no tenía venas visibles. Su pupila era de un tono grisáceo y el iris era de un blanco casi transparente. Nunca había visto algo semejante —respondió mientras intentaba recordar más detalles.

«¡Este lugar es muy extraño!, ¡quiero regresar a mi casa, con mi familia y estar en un mundo normal, con gente normal y con cosas normales! ¡No quiero saber más de chakra, ni de ninjas, ni de chicos raros que controlan la arena!» pensaba desesperada. En ese momento se veía al borde de un colapso nervioso y con suficiente razón.

La puerta se abrió y una muchacha rubia entró por ella.

—¿Dani chan? Estas bien ¡qué alivio! —dijo Kasumi contenta acercándose a la castaña. Sin embargo, a medida que se acercaba su expresión se volvió más dura—. ¡Nos tenías muy preocupados! Debiste haberte quedado en cama —le dijo luego de asegurarse de que estaba en condiciones de oír un sermón―. Eres demasiado testaruda e irresponsable.

Gaara asintió mientras le dirigía una mirada reprobatoria. Realmente no sabía por qué estaba ahí, aquella chica había sido una tonta e irresponsable al haber huido y no merecía preocupación, pero, de todos modos, ahí estaba. Él mismo era un poco idiota, pensó.

—Es tan testaruda que saltó desde el segundo piso para no quedarse en cama —dijo Kiosuke divertido. Ahora que lo peor ya había pasado, podía molestar un poco a su querida amiga—. Kazekage-sama, tendrá que tenerla más vigilada. Es peligrosa.

—Kio, no me estas ayudando —dijo ella entre dientes y arrastrando las palabras.

Kio sonrió de manera burlona, provocando que la chica lo mirara con ganas de asesinarlo.

—Vaya Kio, tienes la habilidad de hacer enojar a Daniela en tiempo record —comentó Magdalena, divertida, entrando en la estancia.

—En realidad, tiene el talento de molestar a todos —corrigió Ryou entrando detrás de su esposa—. Dani, ¿ya te sientes mejor?

—Sí, solo es un resfriado. No hay que alarmarse tanto.

Todos en la sala (excepto Daniela) compartieron una mirada preocupada.

—No tienes idea de lo que te pasó ¿no es así? ―cuestionó Kiosuke.

Al ver su rostro, Dani se preocupó. Aquello realmente debía ser grave.

―¿Qué fue lo que me pasó? —cuestionó incorporándose. Pero no fue muy buena idea, porque en ese instante sintió un punzante dolor en su pecho que la dejó paralizada. Bajó la mirada y notó que todo su torso estaba vendado—. ¿Qué es esto?

Magdalena suspiró pesadamente y comenzó explicarle lo que le pasó ante la mirada incrédula de la adolescente.

Luego de todo eso, la chica se quedó en silencio.

Aquello era imposible. No era lógico que le apareciera una herida de la nada. ¿Qué había pasado en su sueño? Afligida intentó recordarlo. Sabía que había algo importante, sabía que debía recordar algo, pero no podía.

«Concéntrate» se dijo a sí misma y para su suerte ―o desgracia― recordó de golpe todo lo que había pasado en el sueño.

Ojalá no lo hubiese hecho…

Aquellas imágenes...

Mierda…

Bajó la mirada, mientras apretaba fuertemente la tela del cubrecama.

—Necesito estar sola. ¿Pueden salir, por favor? —fue lo que finalmente pudo decir luego de un largo silencio.

Ryou y su esposa abandonaron el lugar inmediatamente, aunque no así los más jóvenes. Kiosuke luego de un momento, suspiró y tomó la mochila que estaba en un extremo de la habitación, para luego pasársela a su dueña.

—Toma, para que no te aburras en cama. —Dejó la mochila a un costado y luego besó la frente de la muchacha.

Gaara no pudo evitar sentir una puntada de celos en su interior cuando vio aquella escena, así que desvió la mirada, haciendo como que aquello no le importara. Kiosuke pasó por su lado, saliendo del lugar y llevándose a Kasumi consigo.

—Descansa —fue lo único que pudo decir él antes de abandonar la habitación como los demás.

Cuando se encontró sola, Dani se tapó con las frazadas hasta las orejas. Tomó aire y luego lo soltó de golpe, para destaparse después bruscamente.

«Muere, muere con aquel bebé maldito que llevas en tu vientre».

Aquellas crueles palabras pasaban una y otra vez por su mente, provocando sentimientos encontrados.

¿Cómo aquel chico no tenía corazón? ¡Aquella joven estaba embazada! ¡Se habían perdido dos vidas y ese niño ni siquiera había tenido la oportunidad de vivir!

Igual que su hermano…

Su hermano gemelo… al que siempre iba a ver al cementerio.

Su hermano sólo había tenido minutos para ver la luz. Había nacido bien, pero luego, sin explicación aparente, había muerto. Ella era la que debería haber muerto, ella era la que tenía menos posibilidades de vivir. Al ser un embarazo doble, este había sido complicado desde un comienzo y de hecho habían nacido antes de la fecha estipulada, aunque por parto normal.

Sus padres siempre se mostraban tristes al recordar eso. No era fácil perder a un hijo, ni a un hermano. Desde pequeña había sentido un vacío que, a veces, la hacía sentir triste sin motivo aparente y tenía sueños que la despertaban en medio de la noche.

Ahora que estaba más calmada le provocaba impotencia no poder haber salvado a la chica. No la conocía, pero ¿y si hubiese sido alguien que apreciaba?

No, no podría soportar aquello, se dijo.

Y en ese preciso momento, tomó una decisión: debía convertirse en ninja sin importar cómo. Debía proteger a las personas que eran importantes para ella. Los demás podrían morirse, pero no permitiría que le sucediera nada a la gente que ella amaba.

Era algo egoísta, pero era humano. Solo le importaba lo que fuera preciado para ella. Por ellos era capaz de luchar hasta el último suspiro. Pero que no le pidieran que arriesgase su vida por un desconocido, porque no lo iba a hacer.

Bien pensado, niña —escuchó una voz femenina dentro de su mente—. Debes entrenar. Debes convertirte en ninja, y yo te ayudaré.

Al escuchar esa voz en su mente, casi se cayó de la cama por la impresión. Agitó la cabeza, diciéndose mentalmente que tal vez necesitaba dormir un poco más. Sin embargo, aquella carcajada que escuchó después, le dijo que no era algo de su imaginación.

—¿Quién eres tú?

Tomó torpemente un kunai. Kiosuke había acertado en darle unos cuantos, aunque su puntería todavía no fuera muy buena.

—¡Qué lástima! ¿No reconoces mi voz?

Frente a ella apareció una gran gata blanca, igual a la felina que había aparecido en su sueño.

Apretó más el Kunai entre sus manos.

Aquello no tenía lógica.

—La gata de mi sueño. ―Sorprendida y espantada; así se encontraba en esos momentos.

—¡Vamos! Actúas como si estuvieras viendo a un fantasma.

—Estás hablando… —No pudo evitar decir eso. Contrariamente al sueño, no escuchaba la voz de la felina en su mente.

—Solo puedo hablar en esta forma y en otra que verás después. Por el contrario, en todas las demás maneras, me comunico mediante el pensamiento.

Aquello le causó demasiada curiosidad, así que no pudo evitar hacer la pregunta.

—Puedo transformarme en todos los tipos de felinos que conozcas. Puedo volverme una estatua y estar así por años. Puedo simular ser un gato de peluche, una escultura, un adorno…

—Ya me quedó claro ―intervino, nerviosa, preguntándose en qué momento se le había ocurrido hacer semejante pregunta―. ¿Cómo te llamas?, ¿por qué…?

—Mi nombre es Kiara y seré tu guardiana de aquí en adelante. Soy encargada de protegerte y ayudarte en tu entrenamiento.

—¿En mi entrenamiento? —Muy bien, por ahora aquello no tenía ni patas ni cabeza.

—Es necesario que te conviertas en ninja lo más pronto posible —fue la respuesta que recibió de la felina.

—No sabía que fuera tan importante… —dijo ella frunciendo el ceño.

La felina ladeó la cabeza y miró a Daniela con lo que ―ella suponía― era algo parecido a una sonrisa.

—Sí, lo es y mucho. ―Adoptó una expresión de seriedad―. Él me envió a velar por ti.

«¿Él?»

Definitivamente no entendía nada de lo que estaba pasando, pero ciertamente, no le haría mucha gracia que la persona que estaba detrás de todo aquello fuera aquel albino, o algún familiar suyo.

«Porque si es él, yo me cambio de inmediato al bando de la chica embarazada».

—Mi dueño jamás haría algo tan repulsivo como eso. ―Ah vaya, la gata seguía leyendo mentes―. Por ahora no le tomes mucha importancia a lo que viste, eso no debió suceder. Yo no debía mostrarte eso, pero ese maldito hijo de… —gruñó, causando un sobresalto en la niña. La felina se relajó y miró a Daniela con tranquilidad, como si aquel exabrupto no hubiese ocurrido―. Otra cosa es que desde ahora en adelante hasta que una de las dos muera (cosa que lo veo difícil) tú serás mi dueña. Yo además de ser tu guardiana seré tu invocación.

Frente a Daniela apareció un pergamino dorado.

—¿Qué demonios…?

Tomó el pergamino en sus manos, notando que no entendía nada de lo que estaba escrito ahí. Aun así, sabía más o menos de qué se trataba todo.

Había leído durante ese mes de entrenamiento acerca de los contratos con invocaciones. Se debía hacer un contrato de sangre y con esa misma sangre, se debía invocar al animal en cuestión. Nunca había escuchado de una invocación que apareciera sola. Ni tampoco se esperaba, ciertamente, que le ofrecieran realizar un contrato de sangre con una gata.

Kiara se puso al lado de la muchacha, provocando que, inevitablemente, Daniela se sobresaltara. La felina media más de un metro de altura, más que un tigre macho normal. Kiara no hizo caso de su sobresalto y apoyó su pata delantera en el pergamino.

—Aquí debes escribir tu nombre con sangre. Hazte una herida en cualquier dedo. Supongo que no te desmayas al ver sangre.

—No, no me desmayo. ―Por si le preguntaran, ella había respondido aquello de forma mecánica.

«Aunque, ¿debe ser necesario? En aquel sueño ya vi suficiente de mi propia sangre»

¿Cuánta sangre había perdido, de todos modos?

Un tanto dubitativa, pinchó su dedo índice con el kunai que tenía en la mano. Luego escribió su nombre en el pergamino, aunque en su caligrafía, ya que no entendía aquellos intrincados símbolos.

Luego el pergamino desapareció.

—Bien, ahora oficialmente tienes un contrato de sangre con los felinos, especialmente los alados. No te preocupes, somos muy leales.

No sabía por qué, pero el tono en que lo había dicho, le daban a entender que la lealtad no era algo propio de esos gatos. Y sin que supiera por qué, Dani sintió que acababa de ser estafada, como aquella vez que la llamaron ofreciéndole un plan a los diez años y ella aceptó, provocando que luego sus padres tuvieran que ir a reclamar a la compañia telefónica por hacer que una niña de apenas diez años aprobara la contratación de un servicio.

—¿Te parece si aprendes a invocarme?

Ella asintió, a falta de algo mejor. No es como si fuera a rechazar la oportunidad de aprender algo. No era tonta.

Después de darle una explicación simple y resumida de lo que había que hacer, la gata desapareció, dejándole a Dani la tarea de invocarla.

«Muy bien, aquí vamos»

Hizo los sellos que la gata le enseñó y estampó su mano diestra contra el piso.

—¡Kushiyose no jutsu! —exclamó y esperó, pero nada.

Volvió a intentarlo, pero esta vez en lugar de aparecer Kiara, apareció un gatito recién nacido, era negrito y muy tierno.

Dani miró al gato enternecida y con ganas de conservarlo a él en vez de a la gata.

—¡Uy! Creo que no te funciono. —La gata apareció repentinamente, haciendo que Daniela se sobresaltara y maldijera un poco—. No concentras la suficiente cantidad de chakra. Inténtalo con todo el chakra que tengas a tu disposición, tienes gran cantidad de chakra así que no creo que caigas desmayada en medio del jutsu.

La gata desapareció nuevamente y ella suspiró fastidiada. Acumular todo el chakra a su disposición…

¿Qué significaba eso? ¡Si apenas sabía usar el chakra!

Nuevamente hizo el procedimiento anterior, concentrando el chakra. No sabía cómo debía sentirse al hacerlo, pero la ligera molestia que comenzó a sentir en el estómago le dijo que tal vez lo estaba consiguiendo (o tal vez era simplemente hambre).

Hizo lo sellos e invocó nuevamente.

—¡Constitucional! —gritó cuando el humo se dispersó y le fue mostrado lo que había invocado esta vez.

¡Chispas! ¿Acaso existía algo tan grande? Observó aterrada a la criatura que estaba frente a ella: un tigre del porte de la habitación ―que parecía estar muy incómodo en un lugar tan pequeño― le devolvió la mirada.

—¿Quién se atreve a invocarme? —Ups, el lindo gatito no parecía estar de los mejores ánimos.

—Es que… ―dudó―. Bueno yo… ―Le temblaron las piernas ante la mirada del felino gigante―. Lo que pasó…

¡Oh! Pero si eso era genial. Ahora, ¿qué le diría a ese gato? ¡Por dios! Estaba segura que la comería.

—Es mi dueña, estaba tratando de invocarme, pero es algo inexperta todavía —dijo Kiara apareciendo al lado de una pálida Daniela, que ya había comenzado a agradecer a todos los dioses que conocía por la intervención de la gata.

—Kiara, ¿quién es? —preguntó el felino mirando fijamente a la gata de menor tamaño.

Kiara sonrió de medio lado y comenzó a hablar en un extraño idioma. Genial, que degradante era cuando hablaban en otro idioma frente a ti. Cuando acabó la conversación, el felino esbozó algo parecido a una sonrisa y luego bufó.

—Kiara, deja de enseñarle el jutsu de invocación. Sabes que no se destacará nunca por su buen control de chakra, así que costará un mundo que acumule la cantidad correcta para poder invocarte. —Dani miró al gato ofendida, ¿Qué sabía ese animal sobre ella?—. Si siguen así terminará invocando no sé qué cosa y es una suerte que el Nibi ya esté sellado, porque un Bijū en medio de Suna no es buena idea.

—¿Nibi? —cuestionó interesada, pero la ignoraron olímpicamente.

—Bueno, las dejo. Tengo cosas más importantes que hacer. Cuídese Daniela-sama —Al fin un poco de respeto—. Y tú, Kiara, asegúrate de que eso suceda. —Su voz fue demasiado seria cuando se dirigió a la gata

—No me lo tienes que decir —bufó la felina, molesta.

Cuando aquel felino gigante desapareció, Kiara gruñó, irremediablemente asustándola.

—Se acabó por hoy. No es realmente necesario que me invoques, ya que puedo salir sin permiso.

¿Y para qué entonces la hizo invocarla si de todos modos podía salir sola?

—Oye, ¿qué quiso decir con Nibi? —cuestionó extrañada al recordar lo que dijo ese gran felino.

Kiara la miró con duda y luego suspiró.

—Supongo que no hay ningún problema en que te diga algunas cosas, total, después igual terminarás enterándote.

Dani se emocionó. Al fin le dirían algo interesante de ese mundo aparte del chakra y los jutsus.

—El Nibi es uno de los nueve legendarios Bijū, que son monstruos mitológicos con distinto número de colas, que van del uno al nueve. Desde siempre las aldeas ninja han tratado de controlar su poder, así que sacaron a la mayoría de su habitad natural y los sellaron en distintas personas que reciben el nombre de jinchuriki, lo hicieron con el fin de protegerse en las guerras y tener más posibilidades de ganar. Hasta el momento se sabe que hay un jinchuriki en Konoha, en Kumo y otro aquí, en Suna. Hace catorce años Konoha fue atacado por el Kyubi no yoko o…

—Zorro de nueve colas —completó la castaña, recordando esos libros que Kiosuke le hacía leer.

Kiara asintió.

—En ese tiempo el cuarto Hokage selló al demonio en un recién nacido a costa de su propia vida. En Suna, las cosas fueron diferentes: el Ichibi fue sellado en un bebé prematuro hace también catorce años, por orden expresa del cuarto Kazekage. Se suponía que sería el arma final de esta aldea. Lástima que las cosas se salieron un poco de control y en vez de convertirse en un arma para proteger, el niño se convirtió en una amenaza y todos los aldeanos comenzaron a temerle.

Daniela asintió, pensativa. Era algo bastante triste si se ponía a pensarlo. Ser repudiado por tu propia aldea, cuando fuiste creado para velar por su protección.

Miró a la gata, intrigada.

—¿Lo conozco? A lo mejor me he topado con ese niño. Debe tener casi mi edad, ¿verdad?

—¿Quién sabe…?

—Sabes quién es y no me dirás, ¿no?

—No hay necesidad de que lo sepas. Quizás le temerías como todos los demás.

—Tal vez no —replicó.

Sin embargo, la gata la ignoró, cambiando completamente de tema.

—Creo que sacaré ahora la barrera de sonido.

Aquella oración hizo que la curiosidad de Dani se viera dirigida hacia otra cosa. La gata al ver su expresión de desconcierto, comenzó a explicarle.

—Puse una barrera para que no me oyeran. ―Su expresión cambió a una de diversión―. Alguien viene, es el chico pelirrojo que te quita el sueño. —Se convirtió a tiempo en una pequeña gata blanca de ojos azules y se acomodó en el regazo de la niña, que volvía a estar tendida en la cama.

La puerta se abrió y entró Gaara, con su típica expresión seria. Daniela, nerviosa abrazó fuertemente a Kiara, que estaba haciéndose la dormida.

«Solo olvida que lo viste con el torso desnudo» se decía, pero pensaba en eso y un carmín acudía a sus mejillas.

—¿Ya estás mejor? —cuestionó desinteresado, como si le importara un comino la salud de la chica.

Dani, que ya estaba acostumbrada a su forma de ser, asintió con una pequeña sonrisa de amabilidad. Aquella actitud realmente te bajaba de cualquier nube en que estuvieras.

—Sí, solo me duele un poco la garganta y el lugar de la herida, pero fuera de eso me siento genial.

—Magdalena-san dice que tendrás que reposar por los menos por una semana —dijo sentándose en la misma silla en la que estaba antes, a los pies de la cama.

—Sí, no me sorprende. ―Luego esbozó una sonrisa irónica―. No quise ir al hospital por lo mismo y la doctora que me toca es la más estricta.

—Yo te dije que te quedaras en casa, ya sabes. Si lo hubieras hecho toda esa sangre seguiría dentro de tu sistema.

Debo decir que el chico tenía razón, niña irresponsable.

Sí, ya le había quedado bastante claro que Gaara tenía razón y que lo mejor habría sido quedarse en cama, pero ¡no era necesario que se lo refregaran en la cara!

Kiara maulló y escapó cómo pudo cuando Dani comenzó a aplastar su cabeza. Se erizó completamente y le gruñó a la niña.

Humanos…

¿Y ella tendría que cuidar a esa impertinente chica por tiempo indefinido? Vale que lo llevara haciendo desde hace años, pero algo le decía que el hecho de que la chica supiera de su existencia, no le haría las cosas fáciles.

¡Te estás pasando de la raya! —le recriminó la gata en su mente.

Daniela sólo maldijo interiormente. Ya le era difícil hablar con Gaara, y el hecho de que la gata estuviera metiéndose en su mente, no ayudaba mucho en realidad.

—¿De dónde la sacaste? —cuestionó él al darse cuenta de la presencia de la gata.

—Kiara entró por la ventana. Si quieres la puedes tirar a la calle, no tengo ningún problema.

Y más encima le había tocado una dueña desconsiderada. ¡Qué suerte la suya! Prefería a la muchacha cuando era pequeña, era mucho más fácil a esa edad., cuando ella hacía la labor de amiga imaginaria.

—No la puedo tirar a la calle. Ya le pusiste nombre.

—¡Tan caballeroso que es tu novio! —escuchó la voz mental de la gata, mientras esta se tiraba a los brazos de Gaara.

Dani bufó silenciosamente. Si tan sólo no hubiese dicho el nombre de la gata, tal vez la hubieran tirado por la ventana y ella sería nuevamente feliz. Si al final los gatos caían parados, ¿verdad?

Gaara miró Kiara, que se mantenía ronroneando alrededor de él.

«Se parece a su dueña» pensó mirando a la muchacha, que se hallaba enfurruñada en la cama.

—Gata tonta —murmuró ella, molesta.

¿Tendría que soportar a esa cosa como mascota? ¡Qué los dioses la libraran!

—¿Qué dijiste?

—Nada, nada —dijo mientras agitaba las manos con desgana—. Si me sigues escuchando hablar sola es porque, definitivamente, estoy enloqueciendo

Buscó su amado cuaderno de dibujos en la mochila y se quedó observando la tapa por bastante tiempo, bajo la mirada de Gaara. Necesitaba dibujar, pero en esos momentos la única imagen que se le venía a la mente era la de aquel joven y no quería tenerlo en su cuaderno de dibujos.

—¿Qué soñaste mientras…? Bueno, tú sabes.

Dani miró al chico sorprendida y luego un tanto dubitativa.

—Tal vez te sirva hablarlo con alguien. ―Claro, y como él era experto en psicología…

Ella, aún sin sentir la confianza suficiente hacia el chico, comenzó a relatarle todo lo que pasó en aquel sueño. Cuando finalizó, sus manos estaban hechas puños, mientras apretaba con fuerza la colcha de la cama.

—Y yo no pude hace nada, ¿sabes? No podía gritar…nada. Pude haberlo detenido, pero me quedé ahí parada como una tonta, viendo como él la mataba —bajó la mirada, mientras hacía más presión contra la colcha —. Nunca había visto algo parecido ¿sabes? Nunca había visto a alguien morir frente a mí.

Gaara la observó, dubitativo.

La verdad era que no se le ocurría nada muy alentador para decirle a la chica. ¿Te aseguro que no te volverá a pasar nada similar? Sí, como no. Estaban en un mundo shinobi, en el cual había veces en que matabas o morías. Ahí era seguro que vería morir a personas siempre, ya fueran aliados, compañeros de equipo, amigos y hasta familiares o incluso enemigos, con cuya sangre manchara sus manos.

Todo aquel que se hacía llamar ninja había matado alguna vez y había visto morir a camaradas, también. Entonces, ¿qué le podría decir? Si hasta era posible que ella, en un futuro, también tuviera que matar o perder a alguna persona cercana.

«Entonces no sirves para ser ninja».

No lo pensó con mala intención, pero era la verdad. ¿Podría soportar Dani la vida ninja, en la cual nunca estabas seguro de poder levantarte al día siguiente? ¿Podría ella ser entrenada como pensaba en su momento?

—No se me ocurre nada para decirte… —Fue sincero.

—Ya sé que aquí veré mucho de lo mismo, muertes… y todo eso. Ya me lo dijeron, pero…

Nunca terminó de decirlo, porque sin avisar se lanzó a los brazos de Gaara, abrazándolo con fuerza y descargando toda su aflicción entre esos brazos, que por el momento estaban inertes a los costados.

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Nota de autora:

Espero que les haya gustado el capítulo. He hice una buena editada, así que espero que no se me haya escapado ninguna palabra por ahí. Intentaré ir editando los primeros capítulos de a poco.

Si es que hay alguien que aún lee este fic luego de tantos años, se agradecería un comentario.

¡Saludos!