Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.
Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)
Capítulo XXVI: maestra de la seducción.
-¿qué?- preguntó Rose y se giró para verlo de pie, sosteniendo la manguera como si fuese un arma muy poderosa.-no te atrevas- advirtió -primero estoy enojada y segundo me planché el cabello esta mañana-
-muévete y verás como tu trabajo se verá desecho- amenazó juguetón y acercándose poco a poco a ella.
-no estoy para juegos- sabía que Edward era perfectamente capaz, y temió por su cabello.
-no estoy jugando- y cuando se acercó lo suficiente Rosalie tomó la manguera, Edward quiso abrir la llave para que saliera el agua pero ella la dobló de tal modo no lo hizo, en movimientos juguetones y ágiles se cayó la manguera y ellos comenzaron a forcejear como dos niños en el suelo, daban vueltas en círculos mientras Rosalie insultaba a Edward por hacerla pasar por eso.
Bella al escuchar los gritos bajó enseguida pero se detuvo en la puerta de la cocina al ver que era porque se estaban jugando, hacía mas de un mes que no veía ni a su padre ni a Jacob, tampoco sabía nada de ellos y se preguntaba porque no habrían venido a buscarla, por más que fuese no era tan difícil encontrarla, o al menos comunicarse con ella. Estaba sumida en pensamientos cuando escuchó que Rosalie la llamaba.
-¡Bellaaaa!¡La manguera! ¡mi cabello!- era lo que ella decía.
-No te entiendo Rose- dijo acercándose un poco más.
-si das un paso más no respondo de mis actos Isabella- amenazó Edward mientras Rose intentaba escaparse de él.
-¡toma la manguera!- gritó en una escapada que se dio y Edward la tomó por la espalda y le tapó la boca.
Bella extrañada de la forma de jugar de ellos, tomó la manguera y los apuntó con ella.
-¡vamos! ¡Dispara!- la provocó Edward protegiendo su cuerpo con el de Rose. Ella no podía hablar porque Edward tenía la mano en su boca.
-su… suéltala- dijo con tan poco poder de convencimiento que Rose y Edward detuvieron su forcejeo, se miraron y rieron. Rose aprovechó este descuido y le golpeo el estomago escapándose de él.
-¡DISPARA BELLA!!- gritó mientras corría a la casa y Edward se encorvaba sobre si mismo en el suelo. Ella se preocupo y soltó la manguera acercándose a él.
-¿estas bien?- preguntó preocupada y Edward en un movimiento casi imperceptible la tomó por la cintura y se lanzó a la piscina con ella. Rose miraba a través del vidrio de la cocina para intervenir en caso de que Edward se volviera loco y la regañara por la conversación que acababan de tener. –no me sueltes – suplicó ella tan pronto salió del agua y se abrazó fuertemente al cuerpo de Edward, él se rio.
-¿qué pasa? ¿Mi atacante tiene miedo?- preguntó divertido y ella se limpio los ojos del exceso de agua.
-no… no se nadar.- le confesó al ver que Edward tampoco tocaba el fondo de la piscina. Él la miro con extrañeza.
-¿cómo vas a vivir en un pueblo que prácticamente esta rodeado de agua y no vas a saber nadar?- él se movió a un lugar de la piscina donde tocaba fondo pero ella no
-no salía mucho de mi casa- confesó, la verdad su padre no la dejaba salir a menos que fuese a la iglesia y sólo por pequeños ratos.
– déjame decirte que aún te falta muuuucho por vivir- anunció divertido.
-¿Rose te hizo daño?- quiso saber, preocupada.
-siempre, pero a ella no le importa, se hizo inmune a mi dolor- respondió despreocupado, basta que Bella se acerque, o peor aún lo toque para olvidarse de todo, para hacerse el débil o el valiente según sea el caso. Ella no quitaba su cara de preocupación y él quiso tranquilizarla –era un juego Bells… no pasa nada-
-pero te golpeó muy fuerte- ella le apartó el cabello que caía en su frente.
-obvio, de otro modo no la soltaba- respondió riéndose.
-pero esas no son formas de jugarse- dijo en voz tan baja que sonó en susurro. Extrañaba esos días en que discutía con Edward sobre su libertad, al menos no sentía la tentación de besarlo.
-¿Por qué no me miras a los ojos Bella?- "porque tengo miedo de besarte" pensó, pero no dijo nada – no te voy a soltar si eso es lo que temes- poco a poco se encaminó hacia el borde de la piscina para que estuviera más segura.
-no, no es eso-
-¿entonces?- ella subió su mirada y se perdió en sus ojos, y sin poder controlarlo sus labios comenzaron a temblar. – ¿tienes frío?- Bella asintió apenas - ¿qué te parece si nos cambiamos por ropa seca y salimos? Aún no conoces la ciudad y es un sitio muy diferente al pueblo-
-¿De verdad?- su cara se iluminó y mostró una sonrisa.
-de verdad- confirmó y ella lo abrazó.
-¡Gracias, gracias! ¡Si, quiero ir!-exclamó entusiasmada pero al separarse un poco de él sus rostros quedaron juntos, tal vez demasiado. –yo…-
-shhh…- no se detuvo a pensar y se limitó a acariciar sus labios con los suyos.
Ella no se negó en lo absoluto, de hecho lo estuvo esperando desde hace demasiado tiempo, lo soñó demasiadas noches, lo pensó demasiados días, y a pesar de que la imagen que se formaba en su mente era la de Jacob, los labios que sentía eran los de Edward.
Bella se limitó a disfrutar el movimiento experto de los labios de él, su sabor le provocaba una amnesia temporal que le hacía olvidarse hasta de su nombre. Edward quitó las manos del borde de la piscina y las bajó lentamente pasando por el cuello de ella, luego sus hombros, y por último su espalda, esta zona en la que Bella descubrió que era muy sensible y vulnerable.
Ella enroscó sus piernas alrededor de él, y sintió a través de su escasa ropa una elevación de él que presionaba en su cuerpo, pero estaba demasiado concentrada en el beso como para detenerse a pensar que era. Edward notó algo en su espalda, o mejor dicho, no notó algo y detuvo el satisfactorio beso para preguntárselo, sin separar sus rostros, sin separar sus labios.
-¿No tienes brasier?- ella sintió como la sangre se le subía al rostro de la vergüenza y negó con la cabeza. -¿te das cuenta de que eres toda una maestra de la seducción?-
-no lo hice para seducirte- habló casi en susurró con la mirada apenas baja- es que escuché ruidos, y acaba de salir de la ducha, y me vestí rápidamente para bajar a ver que era, y lo demás ya lo sabes-
-en ese caso eres una inocente maestra de la seducción- y retomó su beso con más profundidad y más fogosidad que antes, apretándola más a su cuerpo por su trasero e introduciendo su lengua para explorar su boca.
...
continuará
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