Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.
Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)
Capítulo XXX: "una mujer es… algo que tu estas demasiado lejos de ser"
Después de degustar sus labios un rato se dirigieron al auto, en el camino Edward le mostraba ciertas cosas pero poco a poco Bella se fue quedando dormida en su hombro y la tuvo así hasta que llegaron a casa. La subió a su habitación, le quitó los zapatos y la dejó para que durmiera tranquila.
Al día siguiente tenía que ir a la hacienda, ya Jacob había intentado entrar demasiadas veces y se llevaba algún que otro refuerzo para intentar controlar la situación. Newton, su amigo, era bueno en su trabajo pero un poco de ayuda no le vendría mal, además de que tenía asuntos de negocios que resolver por allá.
La idea a Bella no le pareció mala, al menos si se escapaba sabría a donde acudir, y después de tanto tiempo al fin estaría en su tierra, mas cerca de su padre y de… Jacob… la sola idea de pensar en él le causaba nervios en el estómago y una alegría incontrolable. Casi la misma que cuando veía a Edward. Borró esa idea y se concentró en que tal vez su confianza con Edward no estuviese tan mal, dentro de poco podría sacar el tema nuevamente y ver si se podía llegar a un acuerdo.
Se llevaron a Rose, más que todo porque Edward sabía que no podía pasar muchos días por allá, además Bella estaba segura en la ciudad porque no la conocía, por ahora. Y los riesgos de que se escapara eran pocos después de lo que pasó la primera vez.
En cuanto llegaron Emmett se acercó a saludar y Bella le presentó a Rose, enseguida se dio cuenta del intercambio de miradas especial que había entre ellos, pero Edward sólo se aseguraba de captar la mas mínima insinuación de Emmett hacía Bella para correrlo de inmediato. Cuando se fue, ella comenzó a hablarle a Rose de lo genial que era.
-Y me curó…- concluyó Bella después de contarle un par de cosas de él.
-¿en serio? Pero como te caíste- preguntó Rosalie preocupada.
-eso no importa, lo que importa es que tienes unas manos de ángel, que digo de ángel ¡de Dios!-
-De curandero querrás decir, porque eso es lo que es- intervino Edward en tono despectivo.
-no se ve mala persona- comentó Rose distraída a la vez que entraban a la casa y se dirigían a la cocina.
-¡no lo es, es un santo! El ser más dulce y comprensivo que he conocido- respondió Bella.
-Cualquiera que te tuviese lástima se portara de ese modo- intervino de nuevo y Bella no entendía porque de pronto estaba tan agresivo con sus palabras.
-además conoce esta hacienda como nadie- ignoró a Edward y seguía haciendo de celestina entre Emmett y Rose, ya después haría lo mismo con él.
-¿Cómo sabes? ¿te ofreció mostrártela?- preguntó enojado.
-no… me dijo que vive toda su vida aquí- respondió Bella empezando a intimidarse.
-¡tu también y ni nadar sabes! Que te hace pensar que él no es igual que tú-
-en ese caso estaría bien, porque Bella es una buena chica- quiso calmar las cosas Rose.
-¡ja! Buena chica! ¿Ahora le dicen así a las hipócritas mentirosas e infantiles?-
-¿qué te pasa Edward?- quiso saber Rose ya que su mal humor parecía injustificado.
-A ustedes ¿que les pasa?, pareciera que nunca en la vida hubiese visto a un hombre- Ni el mismo Edward se entendía.
-no discutan- Dijo Bella
-¡Tú no te metas!- respondió él.
-¡Edward!-Lo retó Rosalie.
-Déjalo Rose…- intentó dar por terminada la conversación -Permiso, me voy a mi habitación- anunció dolida pero antes de dar un paso Edward dijo.
-No, vamos al pueblo, así que nos vemos en el carro-
-Pero…-
-Vamos al pueblo he dicho y ve al carro ¡YA!- ella se fue con una mezcla de enojo y decepción, había vuelto a ser el mismo tirano de siempre.
-TARADO- le dijo Rose una vez que quedaron solos y le pasó por el lado dirigiéndose a la parte de atrás de la casa, que daba salida a la hacienda.
Edward suspiro y se fue al auto, le convenía que en el pueblo supieran que Bella estaba de nuevo allí y con él, así llamaría la atención de Jacob y podría resolver las cosas de una vez por todas. Llegó hasta el auto y después de un par de llamadas se enteró que unos "pura sangre" habían llegado al puerto y los estaban subastando, eso sería productivo para su negocio así que allí sería donde irían.
Bella estaba intentando reconocer el sitio exacto donde estaban, para su desgracia y descuido se quedó dormida en el camino y no sabe por donde era que se había metido Edward. De repente sintió cuando alguien la tomó bruscamente del brazo y la dirigía al carro.
-No tienes porque tratarme así Edward- le dijo aún con los mismos sentimientos que cuando salió de la cocina.
-¿entonces como quieres que te trate?- la soltó repentinamente y ella dio un par de pasos torpes para mantenerse de pie. –¿como la niñita inocente que finges ser, o como la mentirosa que de verdad eres?-
-yo no te he mentido, y no finjo ser nada que no soy en realidad-
-en ese caso eres una nena inmadura que lo más que quiere es dar lástima para conseguir lo que quiere-
-¡eso no es cierto! ¡Yo no soy una nena, soy una mujer, y no entiendo porque me tratas así ni porque me tienes acá!-
Una oleada de furia invadió el ser de Edward y dando pasos tensos hacia adelante haciéndola a ella retroceder.
-¡una mujer!- se rio malvadamente -He conocido infantes que tienes más dotes de mujer que tu! Eres una nena, una infantil, una sosa que con su cara de mosquita muerta se la pasa mintiéndole al mundo entero- la acorraló en el carro y apoyó las manos en el objeto para que no se escapara – "me encantaría conocer tu constructora, me encanta el algodón de azúcar, ¡Vivan las flores!"- se mofó de ella imitando su voz – por favor niña tonta, ¡madura! Saca tu verdadera personalidad y aprende que la vida no es color de rosa como la quieres hacer ver. Una mujer es…- fingió pensar –algo que tu estas demasiado lejos de ser-
Clavó sus ojos en los de ella y por primera vez no podía identificar lo que pensaba o lo que sentía, no se veía mentira ni verdad, no había dolor ni odio, no había nada, más sin embargo sabía que tenía todo.
Bella no supo ni por qué lo hizo, ni que la obligó a hacerlo, ni tampoco porque su juicio no la detuvo pero para cuando pensó ya lo había tomado de la camisa y lo acercó a ella para darle un beso que le salió del alma.
En su vida la había ofendido tanto, podía acusarla de cualquier cosa menos no de ser mujer, "¡pero quien se creía él que era para insultarla así!" una de las opciones era darle una cachetada, y meterse en el carro a llorar mientras seguía sintiéndose mal por su desdichado destino, o podía darle un beso y demostrarle que ella no era la única que vibraba con el contacto de sus labios.
Él correspondió de inmediato dejándose llevar por los fatídicos sentimientos que no le permitían tener el control de sí mismo. Ella nunca se había atrevido a hacer algo así, ni siquiera con Jacob, y tal vez no lo volvería a hacer, pero tampoco nunca un hombre la había hecho sentir así, tan… tan… tan…
-El hecho de que quiera que todo esté bien y que valore las pequeñas cosas que tiene la vida no significa que no sea mujer.- dijo cuando se separó de él, antes de darle conclusión a sus pensamientos –y nunca he salido de mi casa, así que es normal que me sienta deslumbrada por todo lo que me muestras, y si no te gusta como reacciono siempre me puedes dejar encerrada en mi cuarto todo el día, ¿no es así como acostumbras a resolver las cosas?-
Lo apartó de su camino y se metió en el asiento trasero del auto, Edward se sentó de conducto, y a pesar de que le colocó un antifaz ella podía sentir su mirada sobre su cuerpo. "¿de dónde había salido ese carácter?" era algo que ambos se preguntaban.
Al llegar al puerto caminaron un poco llegando cerca del muelle, que era donde se encontraban los caballos que subastaban. Edward tomó de la mano a Isabella entrelazando sus dedos y notaba como estaba trémula, Jacob debía estar cerca, lo sospechaba; y si no era así apenas se enterara de que ella estaba allí se acercaría y entonces él atacaría.
Bella no dejaba de pensar en el beso que le acababa de dar a Edward, estuvo mal, MUY mal "¿en qué estaba pensando cuando lo hizo?" si se hubiese echado a llorar al menos ahora no tendría cargo de consciencia.
Se sentaron en un lugar al fondo, y Bella estaba distraída, la imagen de Edward era tan dura, seria, era como un hombre al que no se le podía llegar mas allá de la crueldad que mostraba, sus manos eran ásperas, no las típica de oficinista, sino duras, como de un agricultor. Pero sus labios, era suaves, expertos, deseables… desvió la mirada para dejar de pensar en eso pero lo que vio fue la señal de esperanza que pidió durante todo este tiempo.
"Jacob" haciéndole señas entre la multitud y señalándole un sitio de posible encuentro. Tenía que ir, pero "¿Cómo?"
...
continuará
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