Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.
Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)
Capítulo XXXII: perder la consciencia
-Edward no lo mates por favor- suplicó bella desde el suelo tocándose el rostro justo donde recibió el golpe.
-¡¿qué, acaso tienes miedo de quedarte sin amante?!- le hablaba a ella pero no le quitaba la mirada de encima a jacob.
-¡hazme lo que quieras, mátame, pero a ella déjala en paz!- exclamó jacob incapaz de defenderse o defenderla, este hombre era capaz de disparar y estaba seguro que este era un castigo de dios por su relación con isabella.
Edward rio a carcajadas malévolamente, con una sombra en los ojos que no le permitía ver mas allá de la fiereza que bañaba su cuerpo.
-¿y crees que porque tu me lo pides lo voy a hacer?- preguntó con una falsa calma y haló el martillo para preparar el tiro.
-edward, te lo suplico- rogó bella tomándolo de los pies y mirándolo – déjalo ir, tu problema es conmigo, no con él-
Las lágrimas bañaban su cara y edward entornó los ojos, en su mente solo podía imaginar a jacob con una bala entre ceja y ceja, pagando con su vida lo que ahora era su desgracia. Cuando iba a tirar del gatillo bella sacó fuerzas sabrá dios de donde y empujó a edward de tal modo que cayó al suelo con ella encima.
Fue un solo movimiento en un golpe en seco, que le sorprendió de tal modo que soltó la pistola disparándose por si sola a la pared, y que cayó a cierta distancia de él.
-¡corre jake!- gritó bella y herido tuvo que huir en contra de su voluntad, vivo podía salvarla de ese salvaje, denunciarlo con la policía, hacer algo; y rogaría a dios que mientras tanto isabella resistiera.
-¡malditooosssssss!- la ira de edward se potenció exponencialmente y a la vez que jacob corría entre las piedras buscando una vía de escape, él se levantaba quitándose a bella de encima sin cuidado cayendo en el suelo.
Edward tomó la pistola y bella se abalanzó de nuevo sobre él en cuanto pudo recuperarse, estaba golpeada pero no podía permitir que un desquiciado matara a su verdadero amor, tenía que lograr que escapara. Cuando edward sintió que tenía a bella prácticamente encima, hizo lo que sería un último golpe alejándola de un manotón en su cuerpo que voló su delgada y ligera figura de su lado, chocándola contra la pared.
A bella le dolía todo el cuerpo, sentía un sabor salado dentro de su boca, probablemente sangre; sentía ardor y picazón en sus piernas por los raspones de la caída, sentía un profundo dolor en su alma por no poder hacer nada. Pero con este ataque de edward, que le golpeo en el pecho empujándola del impacto a la pared lo último que supo de sí misma era que tenía que ceder al dolor, que ya no podía más y que un disparo tras un quejido fue lo que se escuchó cuando cerró sus ojos y no supo más de sí misma.
-¡por dios edward! ¿qué le pasó a bella?- preguntó rose cuando lo vio entrar con ella en brazos seguido por emmett. –¡edward responde! ¿la atropello un carro? ¿se cayó de un caballo?- su voz sonaba desesperada.
-busca agua hervida y unos paños- se limitó a decir con la voz de un patrón que no parecía querer dar explicaciones.
Rose corrió por el pedido y en seguida subió al cuarto de él a llevarlo, pero al darse cuenta que la puerta del cuarto del frente estaba abierta se asomó y allí los vio. Edward parado a los pies de la cama, cuan general, cuan policía, con los brazos cruzados, el ceño fruncido, la respiración densa, y ojos de preocupación.
-aquí lo traje- dijo rosalie colocando lo que trajo cerca de emmett.- ¿qué le pasó?- le preguntó con voz acongojada a edward acercándose a él, quien parecía una estatua. No se movía, no pestañeaba, no quitaba sus ojos del cuerpo de ella. –edward, ¿los intentaron robar?- quiso seguir indagando pero él no daba información alguna.
-deberías de llamar a un doctor edward, no reacciona- le dijo emmett quien iba a hacer un último intento con unas ramas debajo de su lengua. Le limpió las heridas del sucio y se las curó con algunas hojas; pero cuando vio el morado de la cara supo que había sido edward.
Salió desesperado del auto buscando la ayuda de él, pero emmett le reclamó el golpe de bella y edward lo amenazó con botarlo de la hacienda si hacía algún comentario o si no la curaba inmediatamente. Este prefirió primero fijarse en la salud de bella y después ya recogería sus cosas y se iría por sus propio camino, no sin antes hablar con bella para denunciarlo con la policía por violencia doméstica.
-yo lo llamo- se ofreció rose.
-no te muevas- ordenó edward en voz tajante.
-¡edward es la vida de bella la que esta en peligro! ¡tu esposa, ¿lo recuerdas?! Ya vuelvo-
-si llamas al doctor puedes también llamar al terminal para apartar un pasaje para la capital- amenazó sin siquiera mirarla.
-¿qué?-
-como escuchaste, si llamas al doctor te vas de esta casa-
-pero….-
-ya hice lo que tenía que hacer- interrumpió emmett – si no reacciona llama al doctor- dijo enojado pero intentando sonar cordial -¿nos vamos?- le preguntó a rose quien no podía creer la actitud de idiota que tenía edward, pero emmett parecía saber lo que pasaba, tal vez con él si conseguiría las respuestas que necesitaba.
Ella salió no sin antes dirigirle una mirada de odio a edward, y detrás salió emmett. Y edward suspiró profundamente, ellos no tenían la culpa, la culpa la tenía él por dejarse llevar por el odio, por perder la consciencia y seguir un bajo instinto que lo llevó a la locura.
Bella abrió los ojos y se dio cuenta que estaba en la casa, en la cama, con todo el cuerpo adolorido y la figura de edward mirándola fijamente desde los pies de la cama. El dolor de su cuerpo le hizo recordar que lo que vivió no fue una pesadilla, sino que fue la realidad, la cruda y mísera realidad.
-jacob…- fue lo primero que salió de su boca y los ojos de edward se encarcelaron de nuevo, sus hombros se tensaron, su mandíbula se endureció y de nuevo no se pudo controlar.
-¡claro! Eso es lo más que te importa, ¿no? ¡el idiota de tu amante!- la fuerza del tono de su voz y el enojo se hacían notar.
-¿lo… mataste?- preguntó con miedo y con ojos cristalizados sentándose en la cama con gran esfuerzo. Él se acercó imponente y se sentó al lado de ella con el ceño fruncido y la desconfianza haciendo estragos.
-¿y si lo maté que?-
-¡asesino!- gritó sin controlar su lágrimas- ¡eres un asesinoo!- levantó sus brazos y comenzó a darle golpes en el pecho desesperada y él le tomó los brazos.
-¡calmate!-
-¡asesino! ¡eres un hijo del demonio!¡ tu no sabes lo que es el amor, los sentimientos, el respetooo! Asesinooooo- se movía de un lado a otro y edward tomaba sus brazos con fuerza, pero sin lastimarla para tranquilizarla.
-¿y qué? ¿tu me vas a dar clases de moral a mi? ¡¿precisamente tu que te aprovechaste de mis buenas intenciones?! ¡me fuiste infiel isabella, me engañaste desde un comienzo, nos casamos y trate de hacerte feliz, fui complaciente, amable, generoso y tu me mentiste!- le gritó como quien tenía mucho tiempo con algo atorado entre el pecho y la espalda, y luego, cuando ella dejó de agredirlo, la soltó adoptó su posición fría de siempre – yo sólo me cobré lo que me hiciste-
-yo no me casé contigo, y eso no te da derecho a matar a alguien: asesino. – le dijo con una falsa calma, mientras lloraba de impotencia.
-estoy cansado, harto de que siempre digas lo mismo: nos casamos isabella, somos esposos y más te vale que te regrese la memoria- se levantó de la cama.
-yo nunca me casaría con un hombre tan despiadado como tú, mi sueño era casarme con…-
-¡no lo digas!- le gritó- y si quieres te muestro los papeles para que te acuerdes- ironizó mientras hurgaba entre las cosas que subió Rose como buscando algo.
-Muestramelos- exigió.
-estan en la capital- respodió con naturalidad.
-¡que conveniente!- ironizó y él clavó sus ojos en ella.
-Mira muchachita adultera, a mi tampoco me hace gracia estar casado con una mocosa infeliz estafadora y mentirosa como tú, creí que eras una persona cuando acepté y pensé que podría funcionar a pesar que nos conocíamos poco. Pero esto es lo que tenemos-
-Si yo no te agrado no se para que me tienes aquí- replicó ella con el mismo fuego en la mirada que él.
-porque quiero algo tuyo- respondió con cinismo.
-¡¿QUÉE?!- cuestionó con desespero. Edward se acercó como una pantera sobre un cordero fresco, sin despegar la mirada de sus ojos y con la seguridad que lo caracterizaba llegó hasta estar a sólo centímetros de su boca y sólo entonces fue que dijo.
-tu cuerpo- Bella abrió los ojos de par en par completamente incrédula sobre lo que estaba escuchando – lo que quiero es tu cuerpo-
...
continuará
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