Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.

Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)

Capítulo XXXIII: "Su mujer"

Edward jamás había pensado en eso, se le ocurrió en el momento, lo que sentía no lo iba a indagar por miedo a darse cuenta de que una chica por la que sentía algo especial lo engañó y después lo abandonó, le sucedió algo parecido una vez y juró que jamás iba a volver a creer en el amor y que no le sucedería nunca más, y Bella no iba a ser la excepción.

Cuando vio el beso entre Jacob y ella, se sintió traicionado, pero más que nada envidia. Lo envidiaba a él por tener el amor de Bella, por tener a alguien que corriera riesgos así por él, y mientras más lo defendía, mas alimentaba su frustración.

Hasta este momento pensaba y seguiría pensando que Bella era una más del montón, y debía seguir siendo así si no quería verse envuelto en otra maraña de complicaciones que lo llevaran a la traición que vivió ya una vez. Cuando la secuestró lo más que quería era que Jacob no se quedara con ella, porque no soportaba la idea de que ellos vivieran el amor que pensó que le pertenecía a él.

Pero una cosa llevaba a la otra, ella negaba su matrimonio, era rebelde, se intentaba escapar pero a la vez era dócil, sumisa, apasionada… tal vez si tuviese su cuerpo una vez, se le quitara esa sensación de necesidad por estar a su lado y la pudiese dejar ir con una firma de renuncia a su parte del matrimonio, sin problemas.

Suponía que no debía ser virgen, si tanto amaba a Jacob tal vez ya se había entregado a él, y eso le molestaba. Pero al menos no la regresaría sin que antes haya pasado por sus manos. Hasta ahora todos sus encuentros hubiesen podido terminar en eso, pero él no sentía esa necesidad como ahora de poseerla. ¿Qué había cambiado?. Que sintió en carne viva que de verdad la podía perder, que no le pertenecía a pesar de sus esfuerzos, que era su esposa, pero no era su mujer…

-tu… quieres… me estas….- Bella no hallaba como terminar su frase, estaba conmocionada ante esta propuesta.

-Ya escuchaste Bella, tu cuerpo a cambio de tu libertad- aclaró sin separarse ni un milímetro de ella, quería saber hasta donde era capaz de llegar.

-¿una noche… juntos?-

-de noche, de día, ahora mismo… para el sexo no hay hora-

-¿sexo?- titubeaba, no se imaginaba que para tener su libertad, tenía que sacrificar su virginidad.

-si, sexo… no me vas a decir que vamos a "hacer el amor" cuando yo no creo en el amor, y tu estas pensando en otro tipo…- era cínico.

-y… a ti…. Tu… ¿no te importa?- para ella "eso" sin amor no se debía permitir.

-¿a ti te importa?- preguntó con los ojos entornados.

"¿pero que clase de mujer pensaba él que era ella?" pensó Bella. Primero la secuestra, la encierra, la persigue, la maltrata verbalmente y ahora, después de que le pega, le dice que su libertad depende de "eso".

No pudo evitar imaginarse que clase de momento tan traumático iba a ser, con un montón de esposas y látigos, música satánica de fondo. Él con un cuchillo en la mano diciéndole que el dolor es placer, obligándola a posiciones antihumanas con penetraciones de objetos bizarros.

"¿… y que clase de mujer era ella?" pensó inmediatamente después, cuando la imagen de Edward con sus labios en su cuerpo le pareció realmente tentadora, y más que un castigo sería un placer. Recordó esos días en que si no hubiesen habido interrupciones se habría entregado sin reservas, que mal que estuvo en ese momento.

Le dolía la cabeza, y más allá de la situación por la que acababa de pasar era por esta lucha constante, entre el Edward que ella veía detrás de esos ojos verdes disfrazados de poder, y el Edward que demostraba su dominio a golpes y tiros.

-acepto- dijo más segura de lo que se sentía.

-¿qué?- preguntó incrédulo.

-a… acepto estar contigo… a cambio de mi libertad-

"demonios" pensó Edward, si antes creía que era una interesada ahora lo confirmaba. Por supuesto que si aceptó era porque le convenía que la dejara libre, le convenía el divorcio porque ahora sería millonaria y viviría su "amor" con Jacob en paz. De nuevo se sintió invadido por una oleada de enojo con frustración y la tomó del cuello con cierta brusquedad para besarla.

Quería drenar esa ira acumulada, quería encontrar algo que no sabía muy bien lo que era, quería sentirla suya, demostrarle que quién estaba al frente de ella era él y no Jacob; quería sentirse el más hombre en su vida. No tardó en introducir su lengua, y saboreaba el sin sabor del falso amor.

Pensó erróneamente que un beso sería suficiente como para burlarse de ella, pero apenas hizo contacto con sus labios no pudo despegarse de ellos, y solo los quería besar, y besar, y besar... sus manos bajaron hasta su cintura y se apegaba más a ella mientras lentamente la recostaba en la cama.

No era nada cuidadoso, y a Bella tal vez no le habría importado si su cuerpo no hubiese estado tan lastimado. Al principio le siguió el beso, era inevitable y eso lo admitía. Pero después se tornó muy tosco, y ella solo intentaba no sentirse adolorida. Cuando comenzó a recostarla en la cama supuso que no habría vuelta atrás, pero al bajar Edward a su cuello, y sentir todo el peso de su cuerpo sobre sí el dolor se hizo notar.

Lágrimas incontrolables salían de sus ojos, gemidos dolorosos salían de su boca, intentaba apaciguarlos, para no enojarlo pero la superaba. Sus manos estaban sobre sus hombros y cuando las de él subieron por su figura lastimando sus heridas, no pudo evitar sollozar un gemido fuerte empujándolo en su defensa.

Él la miró desconcertado, deteniendo toda su faena en seco. Esta lucha interna lo iba a volver loco, si seguía "no controlándose" la próxima vez que pasara algo que lo enojara iba terminar o en la cárcel o en un psiquiátrico.

-Así no puedo hacerlo- lo dijo por sí mismo, levantándose y mirándola de pie; pero Bella entendió que era por su disposición.

-me estas obligando- se justificó tomando una sábana y cubriéndose con ésta.

-yo no te obligo, te pongo mis condiciones-

-condiciones injustas-

-¡Y quién eres tú para hablar de justicia! ¡estafadora adultera! ¡tanto que hablas de dios y de los pecados y mírate en un espejo, mira tus acciones!- dijo iracundo y salió del cuarto dando un portazo.

Para Bella, Edward tenía razón, al menos en algunas cosas. Ella no era mejor que él, amaba a Jacob y le estaba siendo infiel a sus sentimientos, y lo peor de todo era que no lo podía evitar. Era estúpido pensar que debajo de ese insensible hubiese un hombre al que se pudiera amar, del que ella sentía un cosquilleo especial cuando la veía, que la dejaba temblando cuando la besaba, que la hacía desear cuando la tocaba… todo esto tenía que ser pecaminoso, obra del demonio porque no estaba bien sentir así.

Quería odiarlo, quería ser tan cruel como era él con ella, pero solo podía odiarse a sí misma por la cantidad de cosas que él le causaba y que como consecuencia de ellas se alejaba un poco más de su adorado Jacob. Ahora rogaba por que Dios la sacara de todo este embrollo, solo así podía aclarar sus ideas y aún más importante, sus sentimientos.

...

continuará

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