XII Volviendo a la normalidad

Enero pasó volando en escoba a través del calendario. Volver a la realidad se convirtió en una lucha de poder entre el ensimismamiento y la razón. Esta última no tardó en ganar. Desde aquel día, junto a la ventana del séptimo piso, luego de salir de los mares del aturdimiento, juré no distraerme de mis propósitos. Eres un maldito ser sobrenatural, estás aquí para vengarte del ser más despiadado de todos los tiempos. No volvería a caer en las ácidas fauces de la turbación. Ya era suficiente con saberme enloquecida de amor por un hombre fulminante, indiferente y con un corazón sellado por la desgracia. Enterraría ese sentimiento en lo profundo de mi consciencia y permanecería de pie, luchando para llegar a mi objetivo y aniquilar con mi propia magia a Lord Voldemort. Después del solemne juramento, las cosas volvieron a encaminarse, restaurando su cauce. Sin embargo, como la magia conjurada en las noches sin luna, ese juramento flaqueaba…

Los días continuaron transcurriendo veloces. Desde la distancia segura del asiento más alejado del Gran comedor a través de las velas y el ruido metálico de los cubiertos, el aleteo de las lechuzas y los párvulos de la escuela; y las mesas del fondo de las aulas a través de los extensos pergaminos y las plumas, de las mesas y sillas; cada día, sin falta, mi atención se centraba en el despeinado cabello y los atolondrados ojos verdes de Harry Potter. Permanecía perenne la promesa que hice a Lily Potter frente a su tumba aquel invierno en Godric's Hollow. No permitiría que Umbridge se acercara más a Harry y le lastimara con sus juegos sádicos de disciplina o que alguien se acercara con malas intenciones a él. Ese era mi objetivo en Hogwarts, una misión que olvidaba casi por completo en la tanda doble de una clase en particular… pociones.

Si antes había catalogado las clases con Severus Snape como: fuera de este mundo. Ahora, replanteaba la posibilidad de crear una categoría que alojara mejor la situación. Desde aquel día sin luna, las cosas con él se tornaron más lúgubres de lo acostumbrado.

Sentada como siempre, en la parte más alejada del aula de pociones, en las mazmorras, veía burbujear la poción humeante del caldero. La poción se tornó azul cielo y distraídamente di un toque de magia con mis manos, ahora pasó a un verde esmeralda y debía revolver cuatro veces en el sentido de las agujas del reloj. Hacer las pociones no me resultaba complicado en lo absoluto, en Sudamérica hacía pociones a cada momento y para cualquier fin, eran fundamentales. Levanté la vista, fiel a mi costumbre de mantenerla a las espaldas de Harry, quién parecía tener problemas con su poción. Hermione le susurraba. Verlo en aprietos y corroborar que Harry se encontraba lejos de ser un estudiante modelo me hizo sonreír, su torpeza era en algún sentido adorable. De pronto, un escalofrío me recorrió entera y sin pensarlo miré al frente, mis ojos barrieron la parte frontal de aula. Allí, desde su trono tras el escritorio de roble a través del humo y el burbujeo de las pociones, Severus Snape me miraba iracundo, con los ojos negros aturdidos. Se debatía entre la rabia y la curiosidad. Sentí un pinchazo en los ojos, le expulse de inmediato.

¿Cuál era su problema?

Intentó con mayor insistencia. Le dejé entrar. De inmediato comenzó a buscar entre mis memorias algo en específico. No eres el único con habilidades mágicas fuera de lo normal, Severus. ¿Qué buscas?

Severus parpadeó dos veces antes de colocarse su máscara de indiferencia nuevamente. Su mirada seguía posada en mi rostro pero no intentó penetrar en mi mente de nuevo. Volvía a encontrarse enojado consigo mismo, decepcionado, como si hubiese caído en una tentación prohibida dejándose llevar por excitación de un tabú a punto de ser descubierto. A través del humo verde y turquesa sus facciones cetrinas se endurecieron, frunció el ceño y apartó la vista. Cogió la pluma que había dejado descansar sobre el tintero hace unos minutos y continuó garabateando sobre el pergamino machacando las hojas con los fuertes trazos de sus manos grandes y varoniles. Observarlo a la distancia, aun sabiendo que él se encontraba plenamente consciente de mi escrutinio, encendía una llamarada dentro de mí. Tanto mi mente como mi cuerpo se elevaban sobre las llamas y abrasaba mi razón. Durante esos instantes, de cualquier manera escasos, me permitía admirarle. Perderme entre sus rasgos duros y el estoico garbo que siempre portaba, la sensualidad de su voz susurrante al hablar y la profundidad de su mirada iracunda. Los guardaba celosamente bajo llave hasta las madrugadas en la torre de astronomía.

La poción burbujeó ferozmente y agregué otro descuidado toque de magia con un despreocupado movimiento de mis dedos y las burbujas cesaron de inmediato. Era el momento donde recobraba la compostura y volvía a la realidad, volvía a ser el ser sobrenatural, frío, calculador y ávido de venganza.

Desde la última sesión con Snape, luego de huir despavorida, no había cruzado palabra con el profesor Dumbledore. Incluso desde la parte más alejada de la mesa de Gryffindor evitaba su mirada. Centraba mis atenciones en Harry con mayor insistencia que antes. Él estaba plenamente consciente de mi evasión, a pesar de ello se comportó como todo un caballero, al darme el espacio que necesitaba para sanar las heridas de la autoflagelación que me hice. Sin duda alguna, Albus Dumbledore sabía de antemano que yo iría en su búsqueda una vez que mi corazón menguara y estuviera en condiciones de afrontar sin trabajo la realidad que nos asechaba como un león hambriento. No se equivocaba en ello.

Una noche cualquiera, después de la cena en el gran comedor decidí darle un susto a mis miedos y subir a la torre del director. Caminando a paso apresurado a través del milenario enlozado llegué a la gárgola, impaciente por ascender solté las palabras claves unos pasos antes de llegar a ella y sin demora me posé sobre el primer escalón de la escalera mágica. La pesada puerta de la habitación se abrió repentinamente, en el segundo en el cual me disponía a tocarla. De entre la tenue luz de las velas flotantes una sombra oscura se erguía descomunal ante mí. Detrás de ella, un anciano de barba larga, túnica gris y anteojos de medialuna se asomaba sonriente y ajeno a la tensión del aire.

Se encontraba tan cerca. Con estirar mis dedos podía tocarle.

Aparté la mirada de inmediato. Grave error, Sérène. Me alejé unos pasos y abrí espacio para que siguieran su camino al exterior. No volví a levantar la mirada hasta que él se alejó y pasó a las escaleras de la gárgola. Sentí su mirada curiosa pero fulminante en mí todo el tiempo. No volveré a caer.

- Srta. Boissieu- exclamó el director- hace un tiempo que no tenemos el placer de verle por aquí. Extendió la sonrisa que portaba y con un gesto sutil de su mano me invitó a entrar a su despacho.

Dentro me sentí extraña, como si fuera la primera vez en años que admiraba el compendio de extravagancias del director. Los estantes con cachivaches ruidosos, los objetos que despedían humo de colores variados, la mesa circular recargada de la pared donde aún reposaba el chivatoscopio que hizo memorable una de nuestras conversaciones, Fawkes quien se sacudió al verme y profirió un chillido de alegría. Nada había cambiado en lo absolutos, incluso los cuadros de los viejos directores seguían allí, perennes y hastiados como siempre. Albus se acercó a su escritorio y se sentó tras el, me hizo un gesto invitándome a hacer lo mismo. No moví un músculo de donde estaba.

Había tanto que explicar.

- Lo siento, Albus. – proferí sin más. Dumbledore cambió su expresión, se tornó seria y se recostó al respaldar de su asiento. – lamento muchísimo haber fallado.

- Ciertas circunstancias solo deben suceder.

- No esta. Es mi trabajo, predecirlas. No debí…

No pude continuar. Caminé a través de la habitación con desenfreno, tocándome la frente tratando de organizar mis ideas. Albus, no profirió palabra durante unos momentos. Se sentía extremadamente curioso por algo.

- Si hay algo que desees preguntar… -dije deteniéndome en medio de la sala, sobre un tapete rojo carmín. Adelante.

Dumbledore, me miró con los ojos estrechos desde su asiento. A mi altura, en el centro de la estancia, permanecí inmóvil por un tiempo que consideré infinito. Con los ojos turbios y la temperatura tan alta que mis pómulos comenzaron a enrojecer tenuemente. Él rompió el silencio.

- Me temo, querida Srta. Boissieu, que aquello que deseo preguntar usted no lo contestará. Al menos no con la verdad- dijo a la vez que se levantaba de su asiento tras el escritorio y se acercaba a Fawkes, quien aleteó y se sacudió con pereza- De cualquier manera, no pretendo incomodarla con semejantes interrogantes.

Por unos segundos, mi temperatura subió a la cúspide y bajó estrepitosamente. Sentí un mareo fuerte y tuve que respirar profundo varias veces. Cerré los ojos y continué respirando. He vivido lo suficiente como para saber lo que esas palabras significaban.

Por amor a las sucias barbas de Merlín. ¡¿Cómo lo sabe?!

Dumbledore permanecía de espaldas a mí, acariciando las alas de Fawkes, quien cerraba los ojos despacio, adormecido. Me llevé las manos a la cabeza. De alguna manera, usando magia o la simple intuición que todo hombre mayor afina con los años Albus Dumbledore se enteraba de todo lo que acontecía a su alrededor. Algunas veces, sólo por segundos, me preguntaba si era posible que un ser humano, mágico o no, fuera capaz de ser tan perceptivo y asertivo en sus deducciones. ¿Tenía Dumbledore un talento especial? Me quedé allí, de pie. Totalmente perdida, como una adolescente asustadiza.

Tú no eres así Sérène, reacciona.

Solté el aire que estuve conteniendo y caminé hacia la puerta a paso rápido, con dos zancadas alcancé el picaporte.

- Le pido que sea discreto con ello, por favor. – dije sin voltear.

- No tienes por qué decirlo, Sérène. Soy viejo, no chismoso.- a través del aire, llegó a mí una risa leve, efímera. - Igualmente, debo pedirte un favor.

¿Y ahora qué?

Me quedé en silencio, con la mano en el picaporte esperando a que continuara.

- Me temo que estoy en una encrucijada, Sérène. No puedo predecir el próximo movimiento de Voldemort y te necesito para ello. El corazón comenzó a bombear frenético. Él no estaba sugiriendo… -Debemos hacer otra sesión.

Claro que lo está sugiriendo, estúpida. Eres un miembro de la Orden del Fénix, es tu deber.

- No- Respondí de inmediato. ¿Acaso el viejo director estaba jugando conmigo?

- Sérène- susurró- Es por el bien del mundo mágico y de Harry.

Inhalé profundo. Dumbledore, tenía una idea de lo que el nombre de Harry producía en mí. Pronunciarlo era evocar la promesa que hice en Godric´s Hallow hace quince años. Por un momento, haberla hecho me pesó en los hombros más de lo que algunas vez pensé pero luego, rememoré el por qué la hice y comprendí que el honor y el dolor suelen ir de la mano. El mundo mágico podía irse a la mierda, pero había jurado proteger a Harry. De ello no podía escapar.

- Piénsalo, Sérène - concluyó Dumbledore y supe que él percibía la incomodidad que me embargaba en aquel instante. Me daba un escape… momentáneo.

Solté el aire y abrí la puerta. La cerré con mayor fuerza de lo que pretendía utilizar provocando un estruendo. Bajé rápidamente a través de las escaleras de caracol y salí disparada a los terrenos de Hogwarts. Debía bajar la temperatura que comenzaba a calcinar mi cuerpo.


Hola, he aquí otro capítulo.

Gracias por esperarlos, sé que tardo un poco en actualizar pero siempre lo haré. La historia está bastante adelantada, tengo varios capítulos escritos, así que no dejaré de actualizar para ustedes. :)

Prometo que las cosas de aquí en adelante se pondrán bastante interezantes, así que esten pendientes :p, ya verán. jajajajajajaja.

Por último quiero dedicarle este capítulo a un pequeño grupo de personas que siempre están al tanto de mis actualizaciones y dejan reviews: Ana Von Slyth, HarukaJKGG, , , Aquellos Tiempos, Elektra y muy especialmente a Alexza Snape que ha dejado sus reviews en cada capítulo y está siempre al tanto de la historia.

Les agradezco muchísimo, hacen que el esfuerzo y la dedicación valga la pena.

Hasta la próxima.

Un millón de abrazos :* :*