XIV Revolución incontrolable.
Ya no existía la brisa fría, sólo quedaba la terrible sensación helada en el ambiente, nada se movía alrededor, al menos nada que pudiera ver o escuchar. La oscuridad era total, densa, atrapante, asfixiante como la boca de un lobo. En ese momento, con los pies desnudos en mitad del espeso bosque, en medio de los frondosos árboles, las raíces sobresalientes, el moho, las hojas secas, el hedor a descomposición de animales muertos, el terror de las telarañas guindando de las ramas retorcida de los árboles, me sentía en la boca del lobo. Era imposible encontrar escapatoria en medio de la oscuridad. Solo concebía la idea de un camino, un sendero que había trazado día tras día a través de la espesa bruma hacia el majestuoso árbol que escondía entre las raíces y las hojas caídas el cofre que contenía el pergamino, la pluma y el sonajero de plata con la forma de la cabeza de fénix. Para mí, no existía nada más en medio de aquella oscuridad pavorosa.
Y ahora… me encontraba plantada entre la ignorancia del camino y el hombre que entorpecía mis propósitos en Hogwarts. Porque Severus Snape era eso: una distracción peligrosa, sensual, atrapante. Un problema en el cual, inconsciente o no, estaba predispuesta a caer.
Severus esperaba ansiosamente por la respuesta a una pregunta que no pretendía responder, ni por todos los galeones del mundo, o las riquezas exóticas de Sudamérica, ni siquiera por el juramento inquebrantable o la promesa de que Voldemort moriría esa misma noche. Mi silencio era el escudo que protegía al hombre que amaba, la ignorancia de su existencia le mantenía a salvo. La paciencia de Snape se encontraba en su límite, fluctuando entre la espera a una respuesta inteligente y la explosión de feroz agresividad. No me quedaba mucho tiempo para pensar una respuesta elocuente, despreocupada. Contrólate, Sérène. Eres más inteligente que esto.
- Ya veo – dije. Aparentando calma- al parecer el contenido de la carta que robó deliberadamente de mis manos le ha preocupado a sobremanera.
- Lo suficiente para reunirme con usted en mitad del bosque prohibido.- argumentó con rabia contenida. No podía verle el rostro entre la oscuridad pero imaginaba sus facciones contraídas por la sospecha y sus ojos brillantes, expectantes ante la deliciosa revelación de un misterio sin resolver.
- Difícilmente podría llamarse a esto una reunión, Severus. - contrarresté sin evitar susurras su nombre con cierto placer. - A menos que en Inglaterra se acostumbre a seguir intencionadamente a una persona para interceptarla en la oscuridad.
El siguiente paso de Severus me tomó por sorpresa.
En cuestión de segundos, tras el repiqueteo frenético de hojas y ramas quebrándose, los pasos deliberados en la oscuridad buscando escapar y el fuerte agarre de mi mano a la pluma que guindaba como un péndulo de mi oreja derecha; me encontré de espaldas a un árbol robusto, húmedo, lleno de moho y de frente el viril cuerpo de Severus Snape acorralándome. Olía a humo y hierbas, como siempre.
Cerré los ojos y contuve la respiración esperando, quizás estúpidamente, que el bloqueo repentino de mis sentidos desvaneciera el intenso fogón que quemaba dentro. Mi cuerpo se encontraba pobremente abrigado para una noche fría en la intemperie pero sentía calor, mucho calor. De cualquier manera, aquello no funcionó en lo absoluto. Sólo disparó aquel instinto animal que pone en alerta tu cuerpo cuando algo o alguien te acecha. Justo ahora, sin haberme tocado un centímetro, sentía a Severus Snape en todas partes.
- No juegue conmigo, Boissieu. – expelió entre dientes, conteniendo la ira.- Usted no ha hecho más que ocultar secretos y levantar sospechas. Dumbledore puede confiar en sus nobles motivos, pero yo veo más allá de su rostro angelical. La suspicacia de sus ojos me confirma día tras día que esconde más secretos de los que está dispuesta a develar.
Durante las sesiones con Snape, dónde procuraba averiguar cuál era el siguiente paso del Señor Tenebroso, pensé que jamás tendría a Severus tan cerca. Ahora, con el calor de su cuerpo chocando en suaves ondas sobre mí solo podía temblar. Débil e imperceptiblemente temblé.
- Eres tú el que no debe jugar conmigo, Severus. – respondí muy a mi pesar, con la voz ronca. Maldije el haber abierto los labios, una corriente de aire fresco saturado con su olor y su presencia entró de lleno en los pulmones, enloqueciéndome. –Desconfías de aquellos que no son capaces de abrir sus heridas para expresar a viva voz sus motivos para luchar. Sin embargo, jamás has expuesto tus razones para cambiar de bando. ¿Por qué desconfiar de mí? Cuando un mortífago jura haberse reformado y se suma a la orden del Fénix para combatir en contra del mago que consideró su amo y señor.
Se quedó en silencio pensativo. Hasta que decidió continuar.
- Dumbledore conoce mis motivos- expelió acercándose más, sentía su aliento cerca.
- Los míos también- escupí con rabia. Entre la inquisición y el placer no me quedaba más opción que ofenderme- y te aseguro que no son menos valederos que los tuyos.
- No me convences, Boissieu.- por segunda vez esa noche, Severus realizó un movimiento que me tomó desprevenida. Me cogió de ambos brazos con sus manos y se aferró a ellos con fuerza. Sosteniéndome sin querer dejarme escapatoria. Pudo sentir como temblaba y el calor sobrehumano de mi cuerpo en su tacto. – ¿Una adolescente con sospechoso proceder y misteriosos motivos alistándose en un colegio de magia y hechicería, exigiendo cursar con Harry Potter y valiéndose de la confianza de Dumbledore en su viejo amigo Nicolás Flamel?- hizo una pausa corta- ¿Qué envía cartas a escondidas a través de un traslador a su amor E.C?
Severus me tenía, me tenía justo donde quería. Acorralada entre un árbol de corteza húmeda y su cuerpo vigoroso, ardiente de rabia y sospecha. Y, yo estaba allí, justo donde quería envuelta en una situación que no deseaba.
No te dejes llevar, Sérène. No te dejes envolver por su sensualidad. Piensa, piensa. Protégelo.
- Severus- tanteé. Aclaré mi garganta e intenté hablar de nuevo, con un tono de voz que no manifestara la poca fuerza que su contacto me permitía portar conmigo.- No pretendo ganarme tu confianza, estoy aquí porque Lord Voldemort y yo tenemos una cuenta pendiente que solo puede ser saldada con sangre, su sangre. Lo que has dicho antes tiene coherencia para ti y debo admitir, muy a mi pesar, que si fuera tú mantendría viva la sospecha de la misma manera que lo has hecho. Sin embargo, mis cuentas pendientes no son para contigo. Vine a destruir a Voldemort.
- Y a proteger a Potter.- interrumpió
- Sí, y a proteger a Harry. Eso es lo que importa.
Por un breve instante quedó en silencio. Su agarré jamás se suavizó, la intriga seguía hirviendo como el agua sobre el punto de ebullición. Una espina que no le dejaba ir en paz, alejarse del manojo de emociones en el que me había convertido.
- ¿Quién es E.C? – susurró tremendamente cerca de mi rostro. Yo sólo pude aspirar su aliento y temblé ligeramente al sentir una corriente cálida atravesándome el espinazo.
Tenía que detenerlo antes de que mi voluntad se fuera a la mierda junto a la poca dignidad que me quedaba a esas alturas. Le había dejado ir demasiado lejos, hasta el punto de descontrolar las emociones que con ahínco pretendía mantener al margen.
- Creo… lamento tener que decirle esto, Severus. Pero al igual que el asunto de la varita. Si no me pregunta sobre él, no me veré obligada a mentirle, Profesor Snape.
Tras decirle esto, moví los brazos y me sacudí a Severus de encima. Sin esperar un segundo más desaparecí con un ¡PLOP¡ del bosque prohibido. No lo soporté más y huí nuevamente a la madriguera como una liebre en aprietos.
Severus Snape, provocaba en mí más que un subidón de temperatura y unos ojos turbios. Provocaba una revolución difícil de contener.
Tres días pasaron desde el efervescente encuentro en el bosque prohibido. Las cosas entre él y yo jamás volvieron a ser iguales desde entonces. Cada día, sentado en la mesa de los profesores sus miradas iracundas volaban a través del gran comedor esquivando velas, pavos, copas doradas, los párvulos fatigados de tanto comer hasta llegar a mí. Sentada en el extremo más alejado de la mesa de Gryffindor, cerca de la entrada, junto a Carlina y Larry que mantenían platicas absurdas sobre por qué los muggles se disfrazaban de brujos o los efectos del whiskey de fuego en los elfos domésticos, en las cuales no me obligaban a participar. En las clases de pociones, ocultaba mi cabellera naranja bajo la capucha de la túnica y permanecía casi inmóvil durante la clase entera. Sin embargo, nada de lo que hiciese para mantener el bajo perfil de una estudiante más, Severus Snape mantenía su ojo avizor en mí. Pretendía ser una ineficaz estudiante del montón, aun cuando mis pociones eran las mejores, pero a lo lejos sentado en su escritorio se tomaba un descanso de los fuertes trazos que profería al pergamino para mirarme y descifrar el secreto que tanto escocía su perspicacia.
Por breves instantes me permitía a mí misma rememorar la única vez que Severus posó sus ojos en mí, me observaba con la mirada pérdida, totalmente inmerso en sus propios pensamientos desde la mesa de los profesores, meses atrás. Deseaba que por un instante volviera sus ojos y me observara de aquella manera nuevamente, sin rabia o sospecha. Luego, recordaba la situación en la que me encontraba envuelta y volvía a la cruel realidad. La realidad de un ser sobrenatural sediento de venganza y sangre.
Yo, por otro lado, le ignoré olímpicamente durante los últimos días. Disfrazaba el temblor que producía su mirada tras un ceño fruncido y el sonrojo de mis pómulos con una mueca de disgusto. No permitiría que se acercara de nuevo, no importaba cuanto mi débil cuerpo deseara sentir la cándida cercanía de su entidad en pleno. Él había amenazado con profanar la intimidad de Esteban y yo, le protegería contra viento y marea. A capa y espada defendería lo que más amaba. No sería una tarea sencilla. ¿Cuándo Snape me lo ha puesto fácil? Sobre todo cuando te enfrentas a la inteligencia de un hombre nacido para perseverar. Frío, calculador, enigmático. Jamás descansará hasta desenmascarar a la mujer que tan mala percepción produce en él. No podía, bajo ningún concepto, bajar la guardia. Siempre alerta mantenía las defensas de mi mente al máximo. Sin embargo, jamás intentó entrar en ella nuevamente. Se limitaba a observarse ceñudo.
Durante los días que pasaron permanecí cada madrugada balanceando mis pies en el vacío, con la túnica negra abierta y sin ropa que me cubriera de la adversidad del frío, sentada en el barandal de la torre de astronomía, fiel a mi costumbre de ver el sol nacer entre los árboles y sentir el sutil cambio de temperatura. Y posar la mirada en el horizonte, en el momento que los rayos de la mañana baña los terrenos y tiñe de un hermosos amarillo esperanzador la cima de las montañas, el césped, el tope de los árboles y al sauce boxeador que se estremece con pereza adaptándose al cambio. Hoy, como siempre, me encontraba suspendida sobre el barandal pero mis ojos no pudieron ver como el manto dorado cubría cada superficie que encontraba a su paso, mis ojos miraban el cofre de plata, ennegrecido por la furia que descargué sobre el. Encendiéndolo en llamas para destruir todos los secretos de contenía. Ya no podía enviar las cartas de manera segura.
- ¿Y ahora, cómo sabré de ti mi amado Esteban?- pregunté observando el cofre con cierta nostalgia, esperando estúpidamente una respuesta que no llegaría.
Me sobresalté. El vello de mi nuca se erizó repentinamente. Bajé de la baranda de un salto, afirmando mis pues sobre la terraza. Justo después escuché unos pasos repiquetear fuertemente sobre el adoquinado de las escaleras de la torre. No había estado sola y yo, ridículamente distraída no había sentido la presencia de quién me hacía compañía en silencio. Se elevó mi temperatura y resoplé molesta. El corazón comenzó a latir frenético al caer en cuanta de lo idiota que había sido al bajar la guardia.
Me han escuchado.
Hola de Nuevo, Gracias a todos por sus reviews. Me encanta leerlos, me dan ánimos para escribir y sobre todo me satisfacer que les guste la historia.
Keyhlan, gracias por tu comentario. Ana Von Slyth, Alexza Snape, HarukaJKGG y que siempre están allí un millón de abrazos. Y, para aquellos que pasan a leer se les quiere muchísimo.
Disculpen lo corto, prometo que el resto será más largo. Hasta la próxima :* :* :*
