XVIII Distracciones peligrosas
Las escobas se deslizaban veloces en el aire, con gracia y rapidez los jinetes que sobre ellas montaban formaban surcos y piruetas complejas difíciles de realizar para cualquiera que no mantenga la práctica suficiente. Hacía un buen tiempo ese día, el sol en lo alto, el pasto verde, los árboles meciéndose a merced del viento cálido, las flores aún envueltas en pequeños botones y otras con los pétalos a medio abrir. Hogwarts entera se encontraba observando, expectantes, el partido de Gryffindor contra Ravenclaw. En las gradas de Gryffindor los párvulos vociferaban palabras y frases de aliento para el equipo de los leones, el ambiente se encontraba impregnado de euforia y me encuentro casi disfrutando de todo el asunto del partido y de ganar la Copa de las Casas.
El Quidditch no era un deporte que disfrutara en general, simplemente no me atraía demasiado permanecer periodos prolongados de tiempo observando a hombrecillos montados en escoba tratando de derribarse los unos a los otros o estirando los brazos hasta lo inverosímil para coger la Snitch. Pero, cierto chiquillo adoraba el deporte de las escobas y, donde él estuviese debo estar yo.
Harry ocupaba las gradas delanteras, unos cuantos asientos frente a mí, algo anhelante de su condición de jugador, junto a él, Hermione Granger parloteaba animadamente observando como su amigo Weasley se sujetaba firmemente de la escoba. Concentrado en aferrarse fuertemente, tenso, con los nervios a flor de piel, tratando de impedir que Ravenclaw anotara algún punto.
Observar a Harry desde las espaldas me hacía pensar mucho en sus padres y de lo efímera que fue su vida junto a él. De lo fugaces momentos como familia, más rápidos que un cometa sobre el firmamento estrellado, veloces como un jugador de Quidditch sobre una escoba. Sentí tristeza por él, y luego, me sentí terriblemente identificada. Harry no era el único mago a quien la muerte había tocado la puerta, arrebatándole de un golpe y para siempre a quienes amaba.
Fruncí el ceño mientras observaba el viento alborotando los castaños cabellos de Harry, formando rizos desordenados en su coronilla. El mecer de los rebeldes mechones me transportó quince años en el pasado, a una estación del año gélida, dónde las flores se encontraban muertas, el pasto cubierto por elevados montículos blancuzcos, los árboles desnudos a merced de la intemperie. Una chiquilla de dos años, con el cabello naranja sobre los hombros, bien protegida por un par de abrigos de lana gruesos sostenía firmemente la mano huesuda y callosa de una elfina, igualmente abrigada. Ambas luchando contra la fría ventisca de principios de diciembre, instaladas de pie frente a dos lápidas erguidas en el mausoleo de Godric´s Hollow. La pequeña soltó una lágrima solitaria que limpió rápidamente con el dorso de su mano, envuelta en un guante de lana y se sorbió la nariz ruidosamente. La elfina se mantuvo firme en su posición sin decir nada, nadie decía nada. Sólo el viento ululaba misteriosamente en el mausoleo, arrastrando voces olvidadas desde los confines del más allá, lamentos y quejas llorosas de aquellos que han dejado este mundo. Allí entre el silbido de las voces y el frío colándose hasta el tuétano la pequeña formuló en su mente las palabras que le atarían a la búsqueda de la venganza hasta cumplirla.
Sé que regresará. Lo siento. Pero no vivirá más de lo debido porque yo me encargaré de aniquilarle. Pagará con su sangre lo que les ha hecho a nuestras familias.
La chiquilla frunció más el ceño y respiró profundo, un aire frío y desolador.
También le protegeré. Cuando llegue su momento, lo haré. Lo juro.
El frío del invierno no pretendía menguar en ese momento, el viento soplaba con mayor fuerza y la noche había caído hace mucho. Las calles de Godric´s Hollow desaparecían bajo la leve nevada que comenzaba recién. La pequeña de cabellera naranja apretó ligeramente el agarre de la mano que sostenía la elfina y sin necesidad de las palabras, todo estaba entendido, la elfina chasqueó sus dedos libres y ambas desaparecieron rápidamente con un ¡PLOP! dejando grabada la promesa de venganza en el aire.
Volví a la realidad, a la tangible realidad del campo de Quidditch en ese momento. Escuché la eufórica cacofonía de los imberbes alrededor del campo y sentí la elevada temperatura de los ánimos alrededor, las pancartas mecerse al compás de los saltos de aquellos que las portaban y uno que otro rugido representando al león de Gryffindor. Justo a tiempo para ver como Hagrid, el semi gigante, se abría paso entre los alumnos. Pretendiendo, sin éxito, de hacerse pequeño y pasar a través de los diminutos espacios de las gradas hasta llegar a la altura de Harry y Hermione, en la primera fila. No podía ver sus rostros desde mi lugar, unas filas atrás, pero las gesticulaciones de Hagrid mantenían un tono urgente, casi implorante. Tanteé las emociones de los chicos y ellos parecían debatirse entre varias decisiones y Hagrid estaba algo nervioso, ansioso. El gigante dejó de hacer gestos tensos y se movió de regreso, deshaciendo su camino por las gradas, nuevamente tratando se hacerse lo más pequeño que podía, sin lograrlo. Detrás de él, Harry y Hermione abandonaban sus asientos para seguirles, totalmente intrigados.
Fruncí el ceño, y les seguí con la mirada, repentinamente ansiosa por el extraño comportamiento de ese trío. Al instante, un presentimiento de mal augurio afloró en mi pecho y mi instinto sobreprotector se disparó al máximo, acelerando los latidos de mi corazón y elevó la temperatura de mi cuerpo. Algo andaba mal. Les dejé bajar de las gradas, sin apartar la vista de ellos, caminaban a paso firme detrás de Hagrid quién parecía tener problemas con mantener su andar al estilo casual. Desaparecieron rápidamente de mi vista y entonces me levanté de mi asiento y en el preciso momento en el que realizo este movimiento se me erizan los vellos de la nuca y un escalofrío me recorre entera. Alguien está observándote. Instintivamente giro con brusquedad hacia las gradas de Slytherin, pero no veo nada más que odiosos chiquillos vestidos de esmeralda, vociferando. Realmente sentí que… déjalo correr. Bajé las escaleras rápidamente, los chicos y el semi-gigante había tomado una gran ventaja mientras me distraje buscando la mirada inquisidora que hizo a mi vello erizarse. No tardé mucho en ubicar al trío, se dirigían a paso apretado a través de los terrenos de Hogwarts, más allá de la cabaña de Hagrid. Directo al Bosque Prohibido.
Estos traman algo –pensé
Harry y Hermione transformaron su caminar en un andar nervioso, y parecían encontrarse algo intrigados por el rumbo que sus pasos seguían. Igual que yo. Les dejé adentrarse en el Bosque Prohibido y justo cuando sus cuerpos desaparecieron en la oscuridad de la espesura de los árboles actué velozmente. Desaparecí y aparecí en el parte trasera de la cabaña de Hagrid, cerca del linde del bosque. Me quité la túnica y tras ella me despojé del pulóver, la corbata y la camisa blanca del uniforme. Me quité los zapatos y las medias largas. Me enfundé de nuevo en la túnica negra, cerrando cada botón con rapidez. Cogí el resto de las prendas y las escondí tras un matero, con un arbusto frondoso y bellamente florecido. Sin perder más tiempo, levanté la capucha de la túnica, la posicioné sobre mis cabellos naranjas y sintiéndome lista para desaparecer en la oscuridad del bosque corrí hasta la densa negrura del follaje, perdiéndome en él.
La oscuridad del bosque no era tan densa como lucía desde fuera. A medida que avanzaba, esquivando las ramas sobresalientes, y las pequeñas ramitas quebradizas, las hojas caídas y los animales, veía haces de luz colándose indiscriminadamente entre la copa de los árboles. Pasaban sin pudor a través de los agujeros de estos, llegando a tocar el suelo húmedo lleno de materia orgánica y aportando un poco de luminosidad al camino. No tardé en ubicar a los pequeños y al semi-gigante. Unos cuantos metros al frente. Seguí sus pasos, oculta entre los gruesos troncos de los árboles, esquivando los haces de luz, manteniendo la capucha firmemente sobre mi cabello.
Avanzaban sin detenerse, adentrándose a las entrañas del bosque. Yo les seguía cautelosa, a una distancia prudente, sin hacer ningún sonido. Harry, sin embargo, observaba sobre su hombro frecuentemente y Hermione le miraba curiosa, dirigiendo su mirada hacia dónde los ojos de Harry apuntaban. En mi dirección. Yo permanecía oculta entre los árboles y los arbustos. Camuflada por la túnica negra, sorprendida del fuerte instinto que Harry poseía. No me había visto seguirles, pero sabía que algo o alguien caminaba tras ellos. Hagrid, por su parte, se encontraba con la vista firme en el sendero que andaban, estrujaba un poco sus dedos de vez en cuando y miraba nerviosamente a los chicos. La ansiedad crecía, expectante.
El trío se detuvo en los límites de un claro, una porción del bosque sin muchos árboles, pero igual de oscura. Sus cuerpos se tensaron y aunque sólo veía sus espaldas supe que corrían peligro. Me acerqué hasta ellos, al borde del claro, rodeándolos para no ser vista y mis ojos se tornaron negros, cuando escondida tras un grueso tronco de un árbol antiquísimo y mohoso vislumbré el terrible secreto que Hagrid escondía.
- Oh mi…- articulé bajo mi respiración hasta perder la voz- por Merlín- dije cuando mi mente aceptó la información que mis ojos enviaban a mi cerebro.
Frente a los chicos, una enorme criatura permanecía quieta con los gigantescos ojos abiertos, curiosos. Su piel rosácea se encontraba totalmente sucia y su pelo, disperso en cortos mechones de manera desordenada sobre su cabeza, la boca era tan grande como un túnel y sus extremidades largas y gruesas, tan gruesas como un árbol joven. Hagrid le había atado del tobillo a un tronco grueso.
Dudo que eso sirva de mucho- pensé
Harry y Hermione luchaban contra el impulso de huir y yo, escondida en la espesura del bosque luchaba contra el impulso de protegerles. No concebía la idea de que ellos estuviesen a solo escasos metros de una muerte más que segura en caso de que el gigante perdiera el control de sí mismo.
- El busca su propio alimento- dijo Hagrid con una emoción contenida, enorgullecido de aquello.
¿Acaso se ha vuelto loco?
El sonido de una ramita quebrándose atravesó cortante el aire. De inmediato, me giré e instintivamente sostuve firmemente la pluma dorada que cuelga de mi oreja derecha. Miré entre los matorrales y los árboles, nada se movía a simple vista pero aquella eléctrica sensación de estar siendo observada subía por mi espinazo y culminaba erizando los vellos de mi nuca. El mismo escalofrío que sentí en las gradas hace unos minutos. Creía saber de quien se trataba esta vez.
- Severus-susurré autoritaria, me quedé a la espera de una respuesta. Todo seguía tranquilo pero la corriente eléctrica continuaba fluctuando a través de mi cuerpo. No solté la pluma.- Puedo sentir tu presencia. Sal de allí. – terminé por decir.
Un leve movimiento captó mi atención a la derecha. Viré la cabeza y le vi. Erguido, recostado de un tronco con la corteza negra, cubierta de un moho verde. Me miraba con el ceño fruncido mientras sus brazos cruzados sobre su pecho agrandaban su antebrazo. Se veía aterrador y atrapante. Una sensualidad negra, oscura, hipnotizante.
- ¿Dando un pequeño paseo por los alrededores, Boissieu?- No contesté, permanecí tensa en mi lugar- Pensé que tus escapadas habían terminado- culminó apretando los dientes.
Solté la pluma y tomé aire. ¿No pretendía dejarme en paz?
- Severus-siseé por lo bajo- Estoy algo ocupada aquí, ve a jugar a tu despacho.- juntó las cejas hasta casi juntarlas en el medio de su rostro, apretó más la mandíbula. Visiblemente molesto. - No tengo tiempo para esto.
Severus resopló enojado. Soltó sus brazos y se acercó a grandes zancadas hasta mí. Sus pasos no hicieron ningún ruido esta vez. Llegando a mi altura con un gracia gatuna, como la de un buen cazador.
- ¿Cómo te atreves chiquilla insolente?- arremetió cerca de mí, bajando su mirada a mis ojos oscurecidos por el coraje.- Eres…
Las palabras de Severus fueron acalladas por un grito de miedo que me erizó la piel de los brazos y detuvo el palpitar de mi corazón un milisegundo. Rápidamente, guiada por mi instinto de protección, giré sobre mis talones dispuesta a correr para salvarles de las garras del gigante pero un fuerte agarre me detuvo, un brazo firme me inmovilizaba desde la cintura y una mano grande me sostenía de las muñecas. Fue todo tan rápido que no lo vi venir. Forcejeo con el agarre a la vez que observo como Hermione es elevada del suelo por el gigante, que luce curioso ante ella, la sostiene en su mano enorme y temo que se le ocurra estrujarla en cualquier momento. El agarre se hace más apretado a medida que forcejeo y la capucha de la túnica cae sobre mis hombros descubriendo el naranja cegador de mi cabello. Me detengo abruptamente cuando caigo en cuenta de lo que había estado obviando los pasados segundos.
Severus Snape está abrazándome.
No, él está reteniéndote. Sólo eso.
Me quedé estática, inamovible. Con los ojos muy abiertos de la impresión. Fui consciente de su brazo alrededor de mi cintura y se me disparó el corazón haciendo que se arrebolaran fuertemente mis mejillas, percibí el calor de su cuerpo encorvado sobre el mío, aferrándolo contra el suyo y mi temperatura se elevó por sobre los cuarenta grados, el calor de mi piel traspasaba la túnica negra, me encontraba segura de ello. El aliento de Snape chocando en mi oído hizo que temblara de placer. Sin poder contenerme, se me secó la boca y por un momento creí que me calcinaría de nuevo. Sentí que me volvía cenizas en sus brazos.
Ambos nos quedamos en silencio, sin mover ni un solo músculo. Unos balbuceos inteligibles se escuchaban entre los árboles, como si vinieran de tierras lejanas. El suave balanceo de las hojas se tornó lento y de repente me encontré sudando a mares.
Un cosquilleo subió por mi cuerpo, cortándolo en dos, desde mi sexo hasta la coronilla. Me estremecía a la vez que cerraba los ojos.
Mala idea, Sérène,
Sin la distracción del campo visual, el resto de mis sentidos se alzaban a la cúspide de su percepción. Con el tacto de mi piel sentí el frenético palpitar del corazón de Snape y el subir y bajar de su pecho. Escuché la pesada respiración que exhalaba por su boca de labios finos y firmes. No pude hacer más que morderme el labio imaginándolos.
Maldito cuerpo juvenil, malditas tus hormonas. Maldito y sensual Severus Snape.
De pronto, sin premeditarlo, el recuerdo de la última vez que estuvimos aquí en el bosque se apoderó de mí, seguido por aquel sueño que inundó mi consciente. Cuerpos entrelazados danzando sobre un lecho improvisado en el medio de una estancia poco iluminada, donde la tenue luz de las antorchas apenas dejaban ver lo que acontecía en ella. Sudor, besos, gemidos. Mi sexo palpitó anhelante, deseoso, desesperado.
- No muerdas tu labio.- susurró a mi oído con vos ronca. El placer recorrió mis entrañas, revolcándolas deliciosamente. Obedecí y tragué en seco.
El brazo de Severus permanecía inamovible en mi cintura, rodeándola, estrechándome contra su cuerpo igual de ardiente que el mío. Sentía sus labios cerca de mi oreja derecha, su aliento caliente chocaba con mi mejilla haciéndome temblar ligeramente. Me encontraba totalmente perdida en Severus, perdida en su cuerpo viril, en la íntima cercanía que compartíamos en ese instante dónde él no me dejaba ir y de dónde no deseaba escapar.
Repentinamente, el balbuceo ininteligible se transformó en un ligero golpeteo constante que se acercaba inexorable. Recordé de pronto que me encontraba en medio del Bosque Prohibido, a pocos metros del claro donde Harry y Hermione se enfrentaban cara a cara con u monstruo gigante que podía herirles.
Abrí los ojos de golpe y tiré del agarre de mis muñecas, que ya no era tan fuerte como en un inicio. Me dejó ir sin más y avancé un par de pasos al frente, para encontrarme con el gigante sentado en el claro, jugueteando con una campanilla que producía un sonido espantoso. Estaba rota. Busqué alrededor por alguna señal del pequeño grupo y le hallé caminando de espaldas a mí, deshaciendo su camino, rumbo al castillo.
El alivio me invadió y solté el aire que estuve conteniendo todo este tiempo. Están ilesos. Me llevé la mano a la frente, limpiando el sudor de ella, la ineludible evidencia de lo que acababa de ocurrir. Harry y su amiga corrían peligro y tú te dejaste quemar en los brazos de un idiota. Estúpida, estúpida. Me reprendía a mí misma. Severus Snape se transformaba en una amenaza absoluta, era un maldita piedra en el zapato que estorbaba mis propósitos, los empequeñecía, los volvía totalmente nimios en su presencia desfallecedora.
¿Por qué le has concedido tanto poder, Sérène?
¿Por qué te comportas de esa manera tan penosa?
Giré en su dirección totalmente ofuscada, con los ojos negrísimos y la temperatura corporal sobre el pico de mi tolerancia. Permaneció de pie en el mismo lugar donde habíamos estado antes, en contacto íntimo. Sus ojos formaban una línea estrecha, con el ceño fruncido, las mejillas coloradas y la boca un poco abierta. Me observaba, examinándome. Su rostro reflejaba una gran meditación como si de repente hubiese reparado en algo que había estado a la vista hace mucho tiempo pero pasó inadvertido hasta ese momento. El pecho de Severus subía y bajaba a espacios regulares de tiempo, aún tenía la respiración pesada y sus brazos caían pesadamente a ambos lados de su cuerpo.
Se encontraba confundido, alterado, renuente, con un deje de excitación y deseo que pretendía mitigar. Podía sentirlo en sus emociones.
- No vuelvas a tocarme- solté de repente. El sacudió ligeramente la cabeza, volviendo a la realidad- No me agrada en lo absoluto.
Snape arrugó la cara y apretó los dientes.
- Esa no es la impresión que he percibido, Boissieu.- dijo entre los dientes. Terriblemente enojado, más consigo mismo que por cualquier otra cosa.
Maldito perceptivo Snape.
- Que no se repita- le advertí ceñuda. – ¿Por qué estás aquí?- pregunté un momento después.
Snape dejó de apretar los dientes y vistió su rostro con la máscara de indiferencia predilecta, haciendo lucir sus facciones aún más cetrinas. Quería ocultarme algo, pero él no contaba con que yo podía tantear sus emociones. No quería decirme.
Pasó más de un minuto en el que solo podía oírse el suave mecer de la copa de los árboles y el arrastre furtivo de los animales rastreros. Se debatía entre tantas emociones que era difícil diferenciar cual era la dominante. Severus Snape era un hombre de emociones y pensamientos complejos, difíciles de comprender.
¿Qué quería Severus Snape de mí? ¿Por qué me ha seguido hasta aquí?
De repente, iluminada por un haz de luz que me dio de lleno en el rostro la comprensión cayó sobre mi consciente como un pesado bloque de ladrillo.
No volverás a verle, Sérène- dijo por lo bajo aquel día en el aula abandonada del séptimo piso. - Yo mismo me encargaré de ello.
Parpadeé varias veces ante aquella revelación y abrí la boca sorprendida. Severus, que había permanecido pasivo en su sitio sin decir una sola palabra notó mi cambio de expresión, iluminado por el haz de luz proveniente del cielo encapotado por las ramas de los árboles.
- Pensaste que iría a verle.- susurré. Y la mirada de Snape se volvió turbia. – Por ello me seguiste. Pensaste que aprovecharía que el colegio entero estaría presente en el campo de Quidditch y yo podría usar un traslador. Aquí, en el Bosque Prohibido.
Severus respiró profundo y entrecerró los ojos.
- Te dije que yo mismo me encargaría de impedirlo.- decidió decir al fin, a la vez que unía la punta de sus manos a la altura de la cintura. Muy dejado de la pena.
- ¿Qué te preocupa, Snape?- pregunté acercándome a él, amenazadora- ¿Qué esté conspirando en tu contra?
No dijo nada.
- ¿Qué conspire en contra de Dumbledore?- tanteé mientras seguía avanzando hasta llegar a su altura.- ¿Qué una alumna camine a hurtadillas para verse con un chico?
Estrechó aún más los ojos y dio un paso hacia mí. Elevó la comisura de sus labios en una mueca socarrona. Sus emociones cambiaron de nuevo, ahora se encontraba satisfecho.
- Así que tenemos a un chico- dijo acercando su rostro al mío- E.C es un chico.
Maldita sea.
Había fallado, de nuevo. En la inmensa estupidez de querer acorralarle, he sido yo la perjudicada. He caído en mi propia red. Ahora, él está un milímetro más cerca de saber la verdad sobre él. No inmuté mi expresión, permanecí con la vista fija en sus ojos negros, pero estaba segura de que él podía ver las manchas oscuras en el iris dorado de mis ojos, tornándose sobrenaturalmente turbios.
No me atraparás Snape.
- ¿Celoso acaso?- respondí tajante, sin retroceder un paso.
La mueca socarrona de Severus se ensombreció, la comisura de sus labios flaqueó y ahora dibujaba una línea apretada. Por un momento sus ojos se perdieron en sus pensamientos y una llama se elevó pujante dentro de él. La rabia ardió fuertemente en su interior.
Por un momento me sentí ignorada. Hasta que volvió a la realidad y tras dedicarme una galante mueca de desprecio se viró sobre sus talones y se alejó entre los matorrales y los árboles, perdiéndose en la espesura del bosque. Dejándome confundida y atolondrada en mitad de la oscuridad.
Era la segunda vez que Severus Snape se marchaba dejándome con más incógnitas que respuestas.
¿Cuál es su problema?
¡FELIZ AÑO NUEVO!
Estoy de vuelta con otro capítulo que espero les guste. Me emocioné mucho escribiéndolo. Aún no se si ha quedado bien, pero espero que les guste.
Gracias a todos los que han dejado su review, me han conmovido muchísimo, estoy muy contenta por ello. Me hicieron recibir el año con una sonrisa en el rostro. Miles, miles de abrazos para ustedes.
Por favor, díganme si les ha gustado ;)
Un millón de abrazos. ;* ;*
PD: He creado un perfil en Facebook dónde podamos compartir opiniones sobre literatura. Espero que podamos interactuar y compartir opiniones constructivas de Escritor a Escritor ;)
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