Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer la historia pertenece a laliter21, esta es una adaptación.

Espero que les guste =) si es así, recomiendenla =)

Capítulo XL: no todo es lo que parece.

Edward no creyó ni por un segundo en sus palabras, pero entre el mareo producto de lo que había tomado, la bien dotada figura de Bella que lo seducía, y sus sentimientos que intentaba olvidar bebiendo y que al parecer se potenciaron, no pensó mucho en si lo que iba a hacer estaba bien o no.

Se acercó lentamente a ella, colocó el vaso en una mesa de trabajo que tenía a un lado, y con una mirada penetrante pretendía intimidarla, pero Bella más intimidada no podía estar así que mientras él caminaba, ella se intentaba tapar con el mástil, por pudo mas que por temor, a pesar de que temblaba sin poderlo controlar.

Él paso un dedo subiendo desde las manos de Bella hasta su cuello, erizando cada vello de su piel, lo miraba expectante hasta que él la tomó de repente y la besó. Cuando a Edward se le ocurrió esta idea fue porque le salió de ese modo, uno de sus múltiples impulsos, no porque estuviese hablando en serio. Como suponía que se iba a negar, era un modo de mantenerla atada a la casa sin que hiciera tanto alboroto.

Después la ve tan dispuesta y simplemente la quiere amedrentar, para luego reírse en su cara y decirle que no la dejará ir mientras Jacob esté vivo, y sentirse satisfecho por una venganza casi completa. Pero la realidad es muy distinta a las ideas maquiavélicas que se le ocurren mientras hace planes sin sentido.

Ahora la besaba, ahora tenía sus labios entre los suyos, trémulos, deliciosos, seductores. Ahora tenía su cuerpo entre sus brazos, helado del frío, suave como seda, tiritante de ¿deseo? Al menos eso quería creer.

Solo la acariciaría un poco, lo suficiente como saciar su sed, no podía conformarse con un beso nada más y moriría si no la acariciaba, ya después se detendría, no recordaba muy bien lo que tenía que hacer pero se detendría. La besaba con pasión, sin ser brusco, pero sin faltar esa sublime tentación por llegar a más, exploraba su boca con su lengua, incitándola a disfrutar tanto como él.

La cargó en peso por sus piernas, sin dejar de besarla, con sus pies se quitó los zapatos y las medias con algo de dificultad antes de dejarla en la cama; y se deshizo de su camisa, desabrochó su pantalón antes de acostarse sobre ella. Edward suspiraba profundamente, y cada tanto emitía gemidos guturales que a Bella le impactaban, ella quería que le atemorizaran.

Bajó por su cuello y desplazó la tira del brasier, solo la saborearía un poco más y después… y después sabría que hacer, estaba suculenta, suave, olorosa. Descubrió uno de sus pechos, metiendo dentro de su boca su pezón. Lo acariciaba con cuidado, con sensualidad, con provocación.

Bella mordía su labio inferior fuertemente, para no decir nada, mientras dejaba que Edward hiciera con ella lo que lo dejara más satisfecho. Esto no era algo para que ella lo disfrutara, ¡no lo era! Tenía que recordar que lo hacía para conseguir su pase a la libertad. Cerró los ojos fuertemente esperando que pasaran los minutos que se le hacían largos y eternos, y Edward ya desprendía su brasier deshaciéndose de él, y dirigiéndose al otro pecho.

Las manos de Bella se enterraron en el espesor de su cabello, cuando bajó las manos a su zona más intima. Apenas tocó los vellos que allí habían abrió sus piernas casi de una forma natural, pero en cuando se introdujo a acariciar algo que le resultó sumamente sensible, las cerró con fuerza.

¡Edward le hacia cosas atroces! Tocaba partes de su cuerpo que sólo había tocado ella, y de una forma…. De una forma… atroz, ¡si, eso! Era pecado lo que hacía, el sexo se había hecho para procrear no para que te acariciaran tus partes, provocando esas sensaciones extrañas.

Él quitó su prenda interior, bajando con besos por su abdomen y cuando Bella creyó que él iba a hacer algo peor, simplemente subió colocándose entre sus piernas, completamente desnudo.

Ya Edward no pensaba, simplemente se dejaba llevar, la veía tan tímida, tan inhibida, que no iba a experimentar mucho mas, presentía que no lo iba a disfrutar, y esa no era la idea. La miró fijamente y ella abrió los ojos, navegó en la profundidad de ellos pero prefirió no interpretar el mensaje que mandaban y se sumergió en su propia pasión, en su propio deseo, queriéndose olvidar de todo menos de ella, queriendo creer que no hacía mal: la besó.

Ella sentía esa cosa que amenazaba en la entrada de su vagina, pero ni entraba ni se apartaba. Él la miró y ella no quiso saber que estaba sintiendo Edward, solo quería que esto terminara, más sin embargo un beso suyo le hacía olvidar ciertas cosas.

Sosteniéndose en sus codos, Edward dejó un par de besos en el cuello de Bella y comenzó a penetrar, lentamente. Ella al sentirlo cerró las piernas como un reflejo y sus manos agarraban las sábanas con fuerza como sosteniéndose de allí. Cerró los ojos y lágrimas comenzaron a salir sin poderlo controlar, lágrimas que empezaron a mojar el rostro de Edward.

-Relájate…- susurró en su oído, dejándole un beso en el lóbulo de la oreja. Era bastante estrecha y con esa tensión lo que hacía era complicar las cosas.

-No puedo- dijo Bella ahogando un sollozo. La verdad le resultaba difícil, incómodo.

Edward llegó a un punto en que sintió algo, pero su pasión no le dio tiempo para pensar y salió un poco y entró rápido con una embestida. Apenas sintió que traspasó ESA barrera se dio cuenta, en el fondo de su mente (donde estaba su consciencia no alterada por el alcohol), del error que había cometido.

Bella al sentir el impacto, lagrimeó mucho más, se le hacía extremadamente doloroso, estaba completamente y no se podía relajar; más bien parecía no querer relajarse.

-Tranquila, ya va a pasar- dijo sin moverse, al parecer esa revelación de que estaba poseyendo la virginidad de la mujer que ama le hizo llegar un gramo de lucidez.

-Me duele…- comentó entre lágrimas que él comenzó a besar –Me duele mucho Edward-

-relájate- sugirió de nuevo algo que por lo visto ella no hacía, cuando se imaginó esto, no era precisamente de ese modo. Dejó un corto beso en los labios -yo te voy a ayudar a disfrutar- la besó mucho más y ella comenzó a relajar su cuerpo – abre más las piernas- pidió y ella abrió los ojos y lo miró.

Él los vio enrojecidos, de nuevo era el causante de su sufrimiento, y como siempre algo que comenzó como un juego terminaba como una tragedia, por lo visto su vida no estaba hecha para el amor. Salió un poco de ella y entró de nuevo con mucho cuidado.

-Me esta doliendo- susurró en sus labios, y él los besó.

-confía en mí.- comenzó a moverse muy lentamente, y ella abrió un poco más las piernas para recibir la siguiente embestida, cerró los ojos, soltó las sabanas y se aferró a su espalda, y Edward enterró su cabeza en el cuello de ella.

Él la besaba, la acariciaba, y se movía lentamente dentro de ella, poco a poco ella se iba relajando y él se pudo mover con más comodidad, más sin embargo no aumentó la velocidad, era suave, contenido, disfrutable, más sin embargo él sentía que pasaba algo más, y sabía perfectamente qué era.

Bella llegó al climax el cual a pesar de que intentó ocultar cerrando su boca, salió de su pecho y garganta gemidos que eran no disimulables. Cuando ella comenzó en su orgasmo Edward aumentó la velocidad y se dejó llevar por el momento.

Al terminar salió de ella y se recostó a su lado boca arriba. Meditando todo lo que acababa de su suceder, sabía que su descontrol tenía un precio, y le daba miedo saber cual era. Bella se giró lentamente dándole la espalda y cubriéndose con una sábana.

Edward se recuperó del acto pero ella seguía así, en la misma posición, esto no estaba bien, no era como se lo había imaginado y tampoco se pudo controlar. La miraba esperando algún tipo de reacción hasta que Bella soltó un sollozo y Edward al escucharlo quiso consolarla, como hacía dos noches apenas, pero el solo roce de sus manos sobre el cuerpo de ella la hizo salir corriendo de la habitación, sin verle la cara y solo envuelta en una sábana.

Edward se maldijo a sí mismo, se levantó y buscó su bóxer, se lo colocó y salió hacía el cuarto de ella que es donde debería estar. Estaba cerrado con seguro, como era de esperarse, y desde la puerta se escuchaba como ella lloraba.

-Abre Bella, por favor- pidió amablemente pero no obtuvo respuesta –no voy a abrir la puerta de nuevo, hazlo tu, por lo que más quieras- seguía llorando desolada. Él suspiró, la entendía perfectamente –está bien- dijo resignado - abre cuando te sientas lista para hacerlo, yo voy a estar esperando acá afuera- se sentó en el suelo recostando su cabeza de la puerta, ¿hasta cuando seguiría obligándola a quererlo?

...

continuará

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