Capítulo 2: "No sé si tu idiotez es enfermedad o costumbre".


Rivaille suspiró dándose por vencido con la insistencia de Eren; el chico quería acompañarlo a toda costa. Dio la vuelta para caminar con prisa hasta el exterior mientras iba dándole las indicaciones.

—Lo más importante es recuperar los bolsos, ¿está claro? Si tienes que elegir entre el caballo y los bolsos, escoge el bolso y olvídate del caballo. —Oh, Dios, el jabón para lavarse las manos también estaba allí.

—Pero necesitamos los caballos para…

—Oye lo que te digo, pendejo.

—Pero-

—¡La pasta dental, digo, la comida es primordial en este momento! —guardó compostura. El muchacho quería hacerle entrar en razón, sin embargo la mirada del hombrecillo siempre lograba intimidarle cuando la fijaba por tantos segundos—. Me sacas de mis casillas —despotricó mientras preparaba con violencia el equipo de maniobras tridimensionales.

Algo hizo crack, pero fue tan imperceptible que ninguno de los dos reparó en ello; el sargento estaba refunfuñando como para que Eren pudiera oír algo más aparte de su gruñido y los titanes podando el césped con sus enormes pies.

—¿De veras crees que Sasha sería capaz de matarnos para alimentarse de nuestros cuerpos? —cuestionó con estupor. Rivaille optó por ignorar una pregunta que no merecía respuesta para centrarse en lo importante.

—Todavía tenemos el plan B, que es esperar a que vengan a buscarnos. No importan los caballos.

Empezaron a surcar el espacio abierto en cuanto estuvieron a poca distancia de los árboles gigantes. Esquivaron a los titanes tratando de pasar lo más desapercibidos posible; no tenía sentido gastar energía en matarlos si su prioridad era llegar a los caballos.

Sin embargo, en mitad de la maniobra, algo salió mal.

Claro, el insuperable Rivaille nunca fallaba, pero su equipo sí podía hacerlo. Alguno de esos pertrechos metálicos -que tenían tanta antigüedad como la cantidad de años que llevaban los titanes en la tierra- estaba roto, pues el mecanismo se había trabado. Sin gas no se había quedado, de eso estaba seguro, pero el cable no respondía.

—¡Maldición! —Hizo uso de sus capacidades para no acabar estrellado como un huevo contra el suelo o contra uno de los enormes árboles.

Logró asirse de una minúscula rama para quedar colgando a merced de los titanes. Uno de ellos se estiró con el fin de aferrarle de las piernas. Se encogió, saltando sobre la espalda del mismo para cortarlo; era lo único que podía hacer, el asunto es que sin su equipo en condiciones una caída desde esas alturas podía llegar a ser fatal.

—¡Eren al rescate! —Encima el idiota se daba el lujo de bromear en una situación semejante.

Tomó a Rivaille de la cintura y se impulsó con él. Había visto toda la secuencia a escasos metros de uno de los caballos, debatiéndose sobre acatar la orden de Rivaille o ir a salvarlo.

La decisión fue evidente.

El titán derribado cayó, creando una gran polvareda que los ocultó el tiempo necesario para tocar tierra firme. Durante el breve lapso que duró el vuelo, Rivaille se sintió profundamente humillado, pero en esa situación no podía hacer otra cosa más que aferrarse del cuello de Eren y dejar que lo condujera así, de esa manera tan vergonzosa.

No era momento para reparar en esos pormenores, sobre todo al caer en la cuenta que, debido al peso extra, el equipo del soldado no podía maniobrarse a la perfección.

La espalda de Rivaille dio contra el suelo; sobre él y entre sus piernas cayó el muchacho, agitado y adolorido.

—¿El sargento siempre huele así? —Lo olfateó reparando en lo pulcro que en verdad era, no solo lucía.

—Quítate, imbécil. —¿Era la reencarnación de Mike? Lo paró de un empujón—. Tenemos que subir a un árbol o seremos comida de titán.

—Aférrate de mí otra vez.

—No, no vas a poder subir.

—No te dejaré aquí abajo —protestó con enfado.

—No pensaba quedarme, te aviso —advirtió con sarcasmo mientras daba la vuelta buscando la espalda del chico—, como le cuentes a alguien de esta… penosa situación —no sabía qué calificativo darle—, te mataré.

No era la primera vez que se encontraba en una situación como esa: dependiendo de alguien más o teniendo que compartir una cercanía tan molesta, pero que fuera Eren la otra persona le hacía reparar en lo íntima, y por ende incómoda, que le resultaba.

—A ver, novato, te lo enseñan en primer año, ¿por dónde sale el mecanismo de agarre y cómo debes mover los brazos cuando estás en el aire?

—Oh, sí. —Eren pareció reparar en el detalle de que no podría llevarlo de frente, aunque cargarlo en la espalda también tenía sus dificultades.

—Esta situación es-

—Graciosa —completó Eren ahogando una carcajada al sentir como Rivaille pegaba su cuerpo al de él.

Era primordial dejar las piernas y los brazos libres a Eren para que pudiera moverse con soltura.

—Iba a decir "lamentable". No hagas gala de tu idiotez crónica y sube directamente a la rama más cercana, no podrás maniobrar mucho tiempo conmigo encima. —Imaginó la cara que debía tener—. Y quita esa expresión o te la quitaré a golpes.

—Sí, señor.

Alcanzaron a escalar antes de que un titán de tres metros les diera alcance. En la seguridad de la rama Rivaille tuvo tiempo de sobra para lamentarse de la ingrata situación en la que ahora se hallaban. Eren, por su lado, tuvo tiempo para recuperarse de su taro mental.

—Ok, esto es una mierda —murmuró el sargento—, todavía tenemos que ir tras los caballos. Así que haremos lo siguiente —giró para mirarlo y se encontró con esa expresión de enamorado incondicional que siempre le regalaba cuando estaban demasiado tiempo juntos—, ¿qué te he dicho? Quita esa cara o te mataré a golpes. —Exhaló el aire con exageración y se concentró en lo importante—. Haremos lo siguiente: me darás tu equipo, yo iré por los bolsos.

—Los caballos, los caballos.

—Tu terquedad me supera: iré por un caballo, lo dejaré bajo este árbol, tú bajarás y lo montarás para salir pitando a toda velocidad. Luego yo iré por el otro. —No le convencía del todo la idea de dejarlo sin equipo. ¿Cómo haría Eren para salvarse si él llegaba a morir con el EMT a cuestas? Desde ya que no estaba en sus planes morir, pero debía considerar todas las alternativas posibles.

Intentó pararse, pero de inmediato se dio cuenta que le costaba apoyar la pierna derecha, le dolía horrores; quizás a causa del impacto, quizás a causa de la brusquedad de Eren, no lo sabía.

—No creo que así puedas-

—Te callas —lo silenció, molesto al reparar en que tenía razón con lo que pretendía insinuar; en esas circunstancias sería un suicidio realizar las maniobras.

—Iré yo…

Rivaille negó con la cabeza, la mera idea de que a Eren le pasara algo, con él imposibilitado para ayudarlo, lo arrastraba al borde de la histeria. Tampoco podía decirle de ir juntos, era un sinsentido que Eren cargara con los dos de nuevo.

—Falta poco para que el sol se oculte —advirtió viendo la tarde morir. Se quitó el EMT para examinarlo—, bajaré al suelo. Trataré de llegar a un caballo mientras tú te haces el Tarzán de nuevo para llegar al otro. Y punto. No es que tengamos demasiadas opciones —al ver la expresión de descontento, se apresuró a aclarar—, y si me ves en peligro, te autorizo a que me salves de nuevo, ¿estamos?

—Bien, pero… ¿cómo harás para correr con la pierna así?

—Créeme —terció con energía—, no tengo ganas de morirme hoy y aquí, así que correré de cualquier forma, con o sin piernas.

—Me parece que es mejor que tú seas el que vaya por los caballos mientras yo voy a pie… puedo convertirme en titán si la situación se pone fea.

—Te tengo prohibido convertirte en titán, recuérdalo. Hasta que no sepamos por qué has perdido el control de nuevo, no puedes hacerlo. Y no voy a ir a morir allí para dejarte aquí sin equipo… mucho menos me quedaré para ver cómo te matan. —Había revelado demasiado sus inquietudes. Manos a la obra. Eren entendía que debía confiar y creer en las decisiones de su superior.

Bajar a tierra con los titanes era una locura que solo Rivaille chalado se atrevería a hacer, pero cada vez estaban más cerca de su objetivo, los caballos seguían allí y seguirían allí al menos que un titán de quince metros, como el que había aparecido, no los aplastara, como lo estaba haciendo en ese preciso momento.

—¡Mierda! —El grito de Rivaille atravesó la calma del bosque alertando a los titanes de tres y cinco metros. De vuelta Eren tuvo que ir a su rescate, porque por muy autosuficiente que fuera el señorcito, no podía correr con la pierna herida, ni hablar de salvarse sin el equipo en condiciones.

Logró hacerse de un bolso antes de que el titán aplastara a uno de los caballos y todo lo que tenía a cuestas. Ya con Rivaille en su poder solo restaba volver a la mitad del castillo donde estaban los chicos, pero su sentido común le dictaba que lo mejor para evadir a ese enorme titán era adentrarse a la otra parte de la infraestructura, ya que estaba mucho más cerca.

Luego verían como llegar a salvo con los demás; pero no podía pelear contra ese de quince metros con Rivaille a cuestas.

Atravesó una ventana, con Sargento y todo, estrellándose contra unos bancos de madera. Trató de pararse, tosiendo polvo, vidrio, piedras, arena, pelo y quien sabe cuántas cosas más. Rivaille lo miró con cara de fastidio, cuya expresión ya la tenía patentada.

Eso de andar sin equipo y depender de un adolescente hormonal era muy molesto.

—Es la segunda vez que me depositas tan amablemente en el suelo con el único fin de manosearme. Una tercera y no la cuentas. —Se puso de pie sacudiéndose el polvo de manera obsesiva—. Nunca estuve tan sucio. Necesito bañarme. —Se estremeció ante la idea, pero no se permitió distraerse con ella.

Observó el lugar; parecían estar en un templo a juzgar por la distribución de los bancos y el palco. Luego reparó en el bolso que había caído con ellos y lo señaló.

—De casualidad… ¿habrá jabón allí?

—Pues —Eren, aún sentado en el suelo, lo abrió para iniciar el conteo—, hay una navaja multiuso.

—Bien, puede ser útil.

—Una muda de ropa.

—Genial, ¿y jabón? —murmuró la pregunta.

—Unos prismáticos.

—¿Para ver a los hermosos titanes?

—Un libro —recordó de qué era y lo guardó de inmediato—, muy aburrido.

—Es sobre el exterior, ¿cierto? —Lo miró con recelo—. Bueno, si estamos mortalmente aburridos de sobrevivir a los titanes al menos podemos matar el tiempo leyendo.

—Papel y un lápiz —continuó, tratando de salir de la encrucijada del libro prohibido.

—Qué lástima que no haya dos lápices, fíjate bien, porque podríamos jugar al tutti-frutti. —Se cruzó de brazos.

—Pero podemos jugar al ahorcado —propuso con modestia.

—Sigue —instó entre dientes— porque voy a jugar al ahorcado contigo, pero sin papel y lápiz.

—Un tablero de ajedrez —continuó y Rivaille lo miró con honda saturación, ¿para qué demonios un soldado podía querer un tablero de ajedrez en mitad de una expedición a campo abierto?—, es de Armin —excusó.

—¿Quién armó este bolso? —Investigó a punto de explotar— ¿Un titán? —Porque con la capacidad mental de los mismos solo a un idiota se le podía ocurrir armar un bolso con esos elementos para una excursión de ese estilo.

—Fui yo —respondió con timidez—, es que Armin y Mikasa me pidieron que les guardara algunas cosas porque ya no tenían espacio y… yo nunca llevo mucho así que...

—Sí, un titán tuvo que armarlo —reafirmó—. ¿Algo más que sea realmente de utilidad, soldado? Sorpréndame.

—Una manzana y goma de mascar.

—Morir de hambre no nos vamos a morir —terció con sarcasmo, fuera de sí a su imperturbable manera. Se estiró para tomar la goma de mascar y guardársela.

—Y esta manta abrigada. —La desabrochó de los tirantes.

—Se podría decir que es lo único realmente valioso. Y la ropa. —Se miró la propia.

—Aquí hay alcohol en gel —advirtió al encontrar el pequeño frasco al fondo del bolso, con seguridad lo había puesto Armin.

El sargento se arrojó sobre su mano, arrebatándoselo con emoción.

—Es mejor que el jabón —jadeó de tal manera que Eren lo soltó de inmediato, apabullado.

Rivaille se obligó a mostrar más entereza. Se incorporó, guardó el frasco de alcohol en el bolsillo, sacudió un poco más las prendas que llevaba y caminó hasta una abertura para inspeccionar el lugar.

Había un baño. Sucio. Había una cocina. Sucia. Había un espacio para dormir. Sucio.

—Mi vida apesta.

Se acercó a una canilla para ver si al menos había agua con la que pudiera higienizarse; la sonrisa de satisfacción al comprobar que sí no pasó desapercibida para Eren. En especial porque Rivaille nunca sonreía de esa manera, que lo hiciera porque había agua era… terrorífico.

Mientras Rivaille se entretenía con sus lamentaciones, Eren decidió examinar al exterior a través de los prismáticos; no le costó reconocer a Armin mirando desde la otra punta a través de la ventana con los binoculares que el grupo tenía en su poder.

Pareció reconocerlo a la distancia porque agitó un brazo haciendo una señal que él imitó, dándole a entender que también podía verlo con claridad. De fondo, advirtió una secuencia extraña: Mikasa atando a Jean a un poste mientras Sasha prendía una fogata a sus pies.

—Señor, parece que la situación allí se descontroló —relató, desconociendo lo que su superior estaba haciendo—, por lo visto… Jean intentó propasarse con Mikasa y esta aprovechó la propuesta de Sasha —tragó saliva—; y ahora parece que lo van a cenar.

—¿Y cómo sabes tanto?

—Armin me está haciendo carteles —dio la vuelta y buscó tres hojas para escribir notas sencillas y colocarlas frente a la ventana.

"Misión fracasada. Caballo muerto. No hay comida."

Armin no tardó en responderle.

"No se preocupen; nosotros estaremos bien, aunque los titanes colmen el exterior, sobreviviremos para ser libres, porque este mundo es nuestro. ¿Recuerdas, Eren…?"

El discurso de Armin seguía y era tan largo que a la mitad se cansó de leer; preparó otro cartel para revelar la situación.

"Estamos cansados. Un equipo roto. Sargento herido, no de gravedad".

La respuesta no se hizo rogar.

"Lo mejor es que recuperen energías mientras ese enorme titán de quince metros está afuera. Parece ser que no nos detectan. No te conviertas en titán, Eren, o estaremos todos perdidos. Recuerda aquella vez en la que…"

Joder, ¿cómo hacía para escribir tanto y en tan poco tiempo? Además, ¿de dónde sacaba tanto papel?

"Nos quedaremos aquí. El sargento manda saludos afectuosos".

Rivaille lo empujó, garabateó en las hojas y las pegó con violencia contra el vidrio de la ventana.

"No mando saludos. Menos afectuosos. Imbéciles.".

Eren volvió a tomar los prismáticos para ver como Mikasa corría a Armin de lugar mostrando un cartel. De fondo ya no podía ver a Sasha alimentando el fuego ni a Jean atado a un poste. Tomando en cuenta las capacidades envidiables de Braus para engullir, había altas probabilidades de que no quedará ni un hueso de Jean.

"¿Vas a pasar la noche con él? Vuelve…"

Eren tragó saliva y no salió de lugar al notar que Mikasa preparaba otro cartel, la continuación del anterior.

"… virgen"

—¿Pero en qué piensa esta mujer? —Sintió como Rivaille le arrebataba de malos modos los prismáticos para leer el cartel antes de que Mikasa lo quitara de su rango visual— ¡No, no leas!

Ajá, con que esas tenemos. —Se estiró para quitarse de encima al muchacho que no dejaba de dar saltitos para evitar que leyera esa palabra aislada y fuera de contexto—. Mikasa Ackerman me está desafiando. Bien, lo entiendo.

—¿Qué haces semidesnudo? —cuestionó con algo de sorpresa y ¿miedo? El sargento estaba en ropa interior.

Rivaille dejó los prismáticos para mirarlo con esa cara de pocos amigos que se cargaba a diario.

—Estaba aseándome, ¿qué otra cosa? —Volvió a echar un vistazo—Parece que Ackerman está haciendo otro cartel —y leyó—: "bonitos calzones, pero están sucios" —arrojó los prismáticos sobre la manta que Eren enseguida tomó para dar una ojeada—¡No están sucios, nunca lo están!

—"Sí, lo están; desde aquí se nota" —leyó Eren. Ambos desconocían las razones de tan atinada apreciación; no porque estuvieran sucios, sino porque Mikasa parecía tener telepatía. O quizás conocía lo suficiente a Rivaille como para saber que ese sería un comentario esperado de su parte.

Solo quería cabrearlo, después de que le devolviera a su hermano del corazón abusado y manoseado, era lo mínimo que podía hacer para desquitarse con él.


Hablar de Tarzán en SnK es medio WTF?! Lo sé, pero no pude evitar la referencia XD. Además eso de la ropa interior, los prismáticos, etc, está muy fuera de época :p

Lo que decía en las notas del primer capítulo sobre el ooc: sabemos que Sasha es glotona, por ejemplo, pero no caníbal (tampoco la veo tonta; es excéntrica, sí, pero no por eso es "menos inteligente"). Por otro lado, Rivaille no es tan sobrador y se preocupa mucho por su grupo, aunque no lo demuestre con gestos dulces. Eren no parece tener otra cosa en la cabeza más que matar titanes, pero aquí está más distendido y hasta se permite bromear.

Sin embargo el fic se va poniendo un poco más serio en los capítulos siguientes (no me pregunten cómo es que me fui del camino); no demasiado, pero sí cuando me resulta necesario.

Muchísimas gracias por sus comentarios, me animan mucho a continuar publicando (escribiendo no, porque de eso siempre tengo ganas XDXDXD).


11 de julio de 2013

Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.