Advertencia: esta es una de las partes M, muy M XD.


Capítulo 3: "La consciencia no la puede limpiar, sargento".


Antes de seguir con su aseo personal preparó unos carteles sencillos bajo el epitafio "Órdenes a la distancia del insuperable y magnánimo sargento Rivaille". Lo de "insuperable" y "magnánimo" había sido cortesía de Eren al transcribir lo dictado; al menos hasta que el Sargento le arrebató los papeles para encargarse él mismo de prepararlos.

"Sasha: tienes terminantemente prohibido alimentarte de carne humana".

"Jean: tienes terminantemente prohibido suscitar la furia de Mikasa. Así que deja de mirarle el culo. Sé que lo estás haciendo, no lo niegues".

"Armin: tú…" era el más difícil porque por lo general el muchacho tenía un buen comportamiento "controla a tus compañeros. Te haré responsable de cualquier eventualidad que surja".

"Mikasa: púdrete, me follaré a tu hermano te guste o no".

"Todos: sobrevivan y esperen a nuestro regreso. Armin queda a cargo durante mi ausencia".

Estaban agotados de tantos mensajes. Rivaille dejó el bolígrafo y las hojas a un costado para seguir con lo suyo. En pocos segundos el silencio colmó el espacio al punto de hacerlos sentir incómodos.

Sentado en un banco y con la canilla abierta, miró por sobre su hombro para darle una orden a Eren que lo mantuviera ocupado mientras él se aseaba. Le perturbaba que de tan jovencito mostrara esa veta voyerista.

—¿Tienes fuego?

—¿Qué, tú fumas?

—No, imbécil, pero si tienes ve a hacer una fogata.

Eren se puso de pie para ir hasta lo que parecía ser la capilla. No era difícil hallar piedras en ese lugar para poder hacer la base, ni tampoco madera para hacer arder; cuando terminó de preparar el fuego ya era de noche y Rivaille había terminado su aseo personal. No se sentía limpio del todo, en verdad necesitaba una ducha, pero al menos esa limpieza a medias era mejor antes que nada.

Se acercó a la fogata solo con el pantalón blanco del equipo mientras se ponía la camisa limpia que había podido rescatar de la inutilidad del bolso. Era de Eren y por eso le quedaba un poco grande; el muchacho sonrió, mientras veía como el sargento se abrochaba los botones con toda la parsimonia del mundo. Esa camina no la usaba nunca, la tenía de resguardo pues prefería vestir siempre con su sudadera marrón de linyera del Shiganshina.

—¿Qué miras? —preguntó Rivaille con ese tono de gamberro que siempre incita a la pelea, y se sentó sobre la manta que su fiel vasallo había preparado.

—El pantalón te va a quedar grande.

—Me quedaré con el que tengo puesto.

Se había deshecho de la ropa interior, mellado por las acotaciones de Mikasa. De todos modos no era una prenda que se usara, él lo hacía porque… bueno, era Rivaille y la higiene estaba primera en su escala de bizarrías.

Se acostó para tratar de descansar unas horas antes de volver con los demás. No tardó en advertir que Eren buscaba un lugar a su lado.

—No. Ni se te ocurra.

—Pero… ¿dónde voy a dormir?

Rivaille refunfuñó por lo bajo.

—Está bien, pero no te me pegues porque estás sucio. —Giró para ver la expresión de desilusión monumental que tenía en la cara. No le conmovió—. Primero ve y lávate los pies con agua aunque sea.

—Estoy cansado y-

—Si no te lavas el cuerpo, no te acuestas en la manta. Así de sencillo.

—Ok. —A regañadientes aceptó las condiciones que le imponía.

Fue al baño durante un tiempo que a Rivaille no le conformó, así que regresó. Al sargento parecía divertirle eso de hacerle ir y venir del baño a la sala.

Cuando pudo se acostó a su lado, boca arriba, pero enseguida ladeó la cabeza mirándole la espalda. Era indiscutible que todavía estaba despierto por muy cansado que estuviera. El ligero murmullo que le regaló, se lo confirmó.

—¿Fue por… mi culpa?

—¿Qué, señor?

—Nada —carraspeó, había hablado de más.

No pretendía relevar sus ansiedades y darle justificaciones al crío, pero poco antes de salir en esa excusión Hanji había resaltado las posibles razones por las que Eren no podía controlarse como titán.

Todas esas cuestiones le habían quedado dando vueltas en la cabeza y en la quietud de la noche no había podido evitar reparar en ellas.

Luego de los estudios pertinentes, la cuadrilla de Hanji había llegado a la conclusión de que para controlar el cuerpo al convertirse en un titán era necesario más que determinación. La persona en cuestión debía tener un autocontrol envidiable. Por eso no le resultó difícil a la mujer deducir que algo debía estar pasándole a Eren que no le permitía "concentrarse".

Una fuerte carga emocional.

Como aquella vez en el pozo, cuando su temor de no poder controlarse y lastimarlos -o acabar muerto por ello- no le permitió transformarse. En su momento ella le explicó que solo al encontrar una meta podía convertirse en titán, no obstante era claro que en el presente algo inquietaba a Eren impidiéndole concentrarse en dicho fin.

Esa tarde de exámenes, Hanji le había preguntado a Eren si en el último tiempo le había pasado algo de importancia, bueno o malo. Y Eren lo había mirado a él con infinita vergüenza, mientras escuchaba el parte de la mujer.

Al final el chico había murmurado un "no" retraído, que más parecía tratarse de un "sí".

"Resuélvelo" le había indicado ella mirando con perspicacia a uno y luego al otro. Fuera lo que fuera que estuviera preocupándolo, debía revolverlo por el bien de la humanidad.

—¿Puedo? —cuestionó Eren y sin esperar la respuesta rodeó la cintura de Rivaille con un brazo.

—Escucha, atrevido. Todo lo que pasó —exhaló el aire de manera exagerada—, no pasó nada, ¿está bien? —corrigió a medio camino.

—¿Por qué? —murmuró Eren en su oído, estaba demasiado cerca, de hecho había franqueado los límites de tolerancia que siempre imponía su superior— ¿Por qué me hace esto?

Rivaille frunció el ceño reparando en el detalle de que lo tratara de "usted" cuando había dejado de hacerlo desde hacía poco tiempo.

—Tú te lo haces solo…

—Sabe lo que me pasa y aun así siempre me deja llegar hasta un punto… y yo quiero ir más allá.

Quería decirle con esas sencillas palabras que, pese a ser muy joven, había captado su juego. Uno muy cruel por cierto; pero Rivaille no lo veía de esa forma. No era un niño para estar jugando con algún juguete nuevo, sin embargo ¿qué podía decirle?: "Es que tú eres un pendejo y por eso no tienes idea de la vida".

No, no era quién para darle tal sermón.

Al principio, cuando se dio cuenta de lo que ocurría, trató de ignorarlo; incluso llegó a convencerse con el frívolo consuelo de que no era su problema, que en tal caso eran asuntos personales que Eren debía resolver por sí mismo. No obstante en el presente todo se había complicado.

De cierta forma siempre supo que eso iría a pasar; era lo malo de convivir con compañeros durante tanto tiempo.

—Es admiración, nada más —insinuó con aspereza—. No lo confundas con otra cosa.

—No diga lo que es porque no sabe, no está dentro de mi cabeza.

—Yo también estuve en tu situación, por eso lo sé —afirmó enfadado—. No delires con otras emociones.

Era muy fácil confundir admiración con amor; después de todo el amor originaba devoción y en algún punto no eran sensaciones muy diferentes.

—Yo no te admiro —dijo con firmeza y Rivaille sonrió; por fin volvía a tratarlo sin formalidad. Odiaba esa barrera que imponía, si bien en un primer instante había sido él quien lo exigió—. Nunca podría admirar a alguien como tú, que solo sabe seguir órdenes.

—Oh, parece que ofendí a la niñita que llevas dentro —se burló al darse cuenta por el tono que estaba mosqueado, inclusive había quitado el brazo tomando una prudencial distancia. Giró en la manta para enfrentarlo.

Se colocó a horcajadas sobre él y le sostuvo con rapidez los brazos al intuir que intentaría golpearlo, sí, pese a tratarse de él: el sargento Rivaille. ¿Tenía que recordarle con dolor quién mandaba allí?

—¿Qué haces?

—Estás insubordinándote —apuntaló Rivaille con gracia, pero sin mostrar un solo mohín de regocijo por la situación—. ¿Quieres más? —Arqueó una ceja, provocativo.

—¿Q-Qué?

—¿No dijiste que querías más?

—S-Suéltame —reclamó sin fuerzas, pues notaba que el rostro del hombre se acercaba con peligrosidad hacia el suyo.

—Hazlo —instó en un susurro, tan cerca que si Eren quería podía darle un fuerte cabezazo o… besarlo.

—Rivaille —jadeó arrebolado, esa cercanía lo mataba de deseo, podía sentir como la entrepierna se le endurecía con tan solo tenerlo sentado sobre la ingle.

—Dije que lo hagas —ordenó y el chico tragó saliva. Cerró los ojos por un ínfimo instante para asentir reiteradas veces, con relativa torpeza.

Rivaille tomó distancia arrodillándose y se bajó un poco el pantalón, lo necesario para liberar el pene del encierro. Estaba a tono, tan a tono, que Eren no necesitó estimularlo.

El sargento perdió la mirada al frente en el momento que sintió la boca de Eren atrapándolo con fervor y desesperación. De vez en cuando bajaba la mirada, como si buscara comprobar que era él quien estaba dándole ese particular placer, o como si buscara humillarlo con los ojos.

Como solía ser, el soldado puso todo su empeño. Se esforzaba para llevar a cabo la tarea con sumo éxito, quizás por el tonto afán de conseguir la aprobación de su superior; pero en esa ocasión, a diferencia de las anteriores, a Rivaille no le estaba resultando suficiente.

Él también necesitaba más y Eren parecía muy dispuesto.

El problema de Rivaille era ese: Eren estaba demasiado dispuesto. Y no solo en cuanto a lo físico, sino también a lo emocional.

Y eso era una porquería.

Si el muchacho se dejaba llevar acabaría irremediablemente enamorado, tal como lo temía. No necesitaba que Eren se lo dijera, podía leerlo en su mirada, en la forma de hablarle y en la manera de seguirlo a todas partes.

No era por narcisismo, en verdad Rivaille había estado en su lugar alguna vez; no en vano había vivido un poco más que él. El mocoso, con sus dieciséis primaveras, poco sabía de la supervivencia luego de determinadas heridas emocionales. Podía haber visto morir a su madre, sí, pero no imaginaba lo duro que era ver morir a alguien amado frente a sus ojos.

Rivaille también había visto a sus seres queridos ser comida de titán sin que él pudiera hacer nada por evitarlo; pero el vacío que quedaba después de la partida de un amante era insostenible. Era un calvario que secaba por dentro hasta convertir las emociones en "nada".

En ese mundo dominado por titanes, no se podía amar. Eran sentimientos innecesarios que tarde o temprano debilitaban, que entorpecían y conducían a una muerte segura.

—Quítate. —Le dio un cachetazo en la cabeza para que dejara la tarea.

—¿Lo estoy haciendo mal? —Se incorporó secándose la baba en la comisura de los labios y vio la expresión de Rivaille; de descontento o de asco, no lo supo precisar.

—Sí —mintió. Sentía repugnancia de las emociones humanas que lo estaban dominando—. Voy a enseñarte cómo se hace. —Lo tumbó sobre la manta y la espalda de Eren dio contra el suelo de madera con un golpe seco.

En toda su estupefacción le resultaba claro que Rivaille pretendía darle un poco de lo que siempre le reclamaba, ya que le estaba desabrochando el pantalón para bajárselo.

—E-Espera, ¿qué-? —Dejó de quejarse cuando sintió los labios del sargento en esa parte tan privada e inexplorada de su anatomía.

Arqueó la espalda, ofreciendo su sexo y gimiendo sin reparos al sentirse invadido por ese calor tan particular. Era un ardor que le subía desde los pies hasta la última hebra del pelo, nublándole el juicio y descontrolándolo. La sensación era muy parecida a cuando se transformaba en titán; podía experimentar la adrenalina, los nervios y la ansiedad carcomiéndolo.

Rivaille se sorprendió al conocer esa faceta tan desenvuelta. Él por lo general no gemía, no demostraba lo mucho que le gustaba aunque así fuera. En cambio Eren, más allá de toda su ineptitud, tenía la boca entreabierta y soltaba esos sonidos guturales que pedían a gritos ser incrementados.

Al demonio con todo. Logró deshacerse de los pantalones de los dos y de inmediato se desabrochó la camisa, ante la aturdida y atenta mirada de Eren. Se sentía demasiado aletargado como para reparar en las intenciones del Sargento, recién cuando lo tuvo encima supo que en verdad estaba dispuesto a llegar más lejos.

¿Quería? ¿En verdad quería hacer eso con él?

Sí; no necesitaba preguntárselo así mismo dos veces. Sentía un estúpido e inexplicable orgullo ante la idea de entregarse a Rivaille, pero no podía dejar de lado que también sentía terror. "Miedo" era una emoción que con facilidad podía relacionarla al sargento.

—Espera, así es un poco… —Eren intentó quejarse, pero Rivaille no lo escuchó, le abrió las piernas con las suyas, ubicándose entre ellas.

—Follarte sin un poco de aceite va a ser difícil.

—¡¿Va a follarme?!

—Por si no te enteras, imbécil. —Lo miró con intensidad, para después empezar a forcejar de manera inútil con él. Intentaba decirle con tan solo la mirada, y luego con un fuerte cachetazo en la mejilla, que iba a pasar, le gustara o no— ¿No querías esto?

—No así, sargento.

—¿Qué esperabas, velas y una cena romántica?

—No, tampoco esperaba eso —gruñó, intentando cerrar las piernas al sentir como el pene de Rivaille le rozaba las nalgas, buscando un lugar entre ellas. Lo había tenido varias veces en la boca, pero nunca en esa zona de su cuerpo.

—Tú me provocaste, ahora compórtate como un adulto. —Miró la expresión de Eren, mitad de terror, mitad de decepción, y no pudo con ella.

Estaba siendo demasiado duro con el chico, pero una parte de él creía que eso era lo mejor. Que lo odiara, en lugar de amarlo. Que lo detestara, en lugar de admirarlo.

—Quiero hacerlo —Rivaille decidió hablar con franqueza—, pero no voy a obligarte.

—Yo… yo quiero, pero… ¿duele mucho sin…?

—Como la puta madre, duele un montón sin aceite —torció una minúscula sonrisa que pasó desapercibida, mientras ejercía un poco de presión para hacerle sentir lo que era el inicio de una sufrida penetración. Si creía que el amor entre hombres era un campo de flores, estaba muy equivocado.

Eren gimió de dolor, pero se distrajo cuando el sargento se acostó sobre él acariciándole las caderas; bajaba con disimulo hasta los glúteos, estremeciéndole con el contacto tan íntimo.

Sentir la piel caliente de Rivaille y sus besos sobre el pecho lo persuadían. Era demasiado estimulante notar que esos dedos curtidos de tanto usar el equipo de maniobras tridimensionales buscaban lugares privados en su anatomía y que, por serlos, eran muy sensibles al tacto.

Un suspiro se le escapaba cada vez que Rivaille le rozaba la cara interna de los muslos o los genitales. Su cuerpo se contraía y al instante se relajaba, aguardando por más… quería que el sargento lo tocara de esa forma, necesitaba que lo hiciera. Un rápido desahogo.

Eren lo abrazó por la cintura e hizo lo mismo con las piernas. No lo había premeditado, solo estaba dejándose llevar. Esa actitud complaciente le había nacido sin que pudiera evitarla o siquiera contemplar por un segundo las consecuencias que acarrearía. Tenía el cuerpo del Sargento aprisionado, como si fuera un humano más en la boca de un titán.

Rivaille no pudo contenerse ante esa entrega y empujó, desgarrándolo. No avanzó demasiado, solo lo que duró el grito contenido de Eren, pues le dolía incluso a él.

Se contentó con el mentón del chico, dejándole un beso allí para luego iniciar un húmedo recorrido con la lengua hasta la nuez de Adán y más tarde las tetillas, saboreando no solo el momento, sino también a Eren por completo. Este seguía con la boca entreabierta, incitándole a rozar la innegable suavidad de esos labios con los suyos, pero la diferencia de altura era considerable en esas circunstancias.

Enseguida se apartó y Eren gruñó frunciendo el ceño, descontento por la frialdad en la ausencia de un beso que en verdad esperaba recibir. Tal vez como un inocente premio por haber sido tan tolerante.

El sufrimiento que padecía era muy sentido, pero cuando abrió los ojos y vio la expresión del sargento, lujuriosa y celestial, aunada a esa mirada tan aguda que sus ojos negros sabían expresar, no pudo evitar quedarse encandilado ante la magnífica imagen que le regalaba: La de su sargento deseándolo… a él.

La simple idea de que era su propio cuerpo el que le estaba dando ese placer inconmensurable lo superaba y lo llenaba de una cálida sensación a la que no sabía darle nombre.

No necesitaba que nadie le dijera que eso que sentía no era admiración, sino amor. Tampoco necesitaba hablarlo con alguien, con solo saberlo él, era suficiente.

No era tan ingenuo ni tan niño como para negar lo evidente de la situación: Rivaille no lo quería de la misma manera, y quizás nunca lo haría, pero en verdad no le importaba. Con tenerlo así, entre las piernas -y poder satisfacerlo- se sentía completo y realizado.

Con tan poco se sentía feliz… además de nervioso y adolorido.

—Duele —se quejó cuando Rivaille tomó distancia para retirar con una mano lo poco que el pene había entrado.

Cerró los ojos, pero los abrió enseguida al sentir una humedad que pronto reconoció como la saliva del Sargento. ¿Qué otro elemento podía ser?

—Te callas —jadeó moviendo las caderas para volver a entrar—, tú querías esto...

—Duele mucho, Rivaille —intentó retener esa lágrima por orgullo, pero fue imposible. Lo siguiente que sucedió, lo descolocó, pues Rivaille se había retirado del lugar con una inusitada -muy inusitada para ser él- suavidad.

Una leve caricia en la mejilla y esa expresión en los ojos que parecía estar pidiéndole con enojo e impotencia que no llorase. Sin embargo, lejos del consuelo, Eren sintió más ganas de llorar, no solo por el sufrimiento físico.

Porque lo comprendía. Aquello que Rivaille no se atrevía a soltarle con una dureza lacerante, lo entendía. Sabía que en cualquier momento uno de los dos podía morir, lo sabía, y la simple idea de tener que presenciar la muerte de ese hombre le aterraba.

No lo podía negar y en esas lágrimas iban materializados la desesperanza y el agotamiento que sentía; pero se reconfortaba diciéndose que Rivaille era el humano más fuerte del mundo, más que él, más que Mikasa y toda la legión junta. No moriría, ni de manera estúpida, ni de manera heroica. Ningún titán se lo comería, llegaría a viejo con toda la gloria. Junto a él…

Y se dio cuenta que al final Rivaille tenía razón: era un niño ingenuo.

—Malditas seas, pendejo —se quejó, plantando su mejor cara de hastío—, así uno no puede entonarse. Joder, que me la vas a bajar si sigues llorando como una nena.

Cuando quiso darse cuenta, Eren lloraba en silencio de una manera demasiado evidente como para que este pudiera ocultarlo en pos de defender su vapuleado orgullo masculino, ego que el chico tenía en cantidades industriales.

Eren no tuvo tiempo para disculparse o para explicarle que le dolía mucho, aunque no fuera ese el principal motivo de su angustia, porque de inmediato Rivaille lo tomó de los hombros y jaló de él hasta lograr sentarlo.

—¿Qué haces? —cuestionó con sorpresa. Rivaille gruñó en respuesta. Esa pregunta era por demás estúpida, pero esperada por parte de alguien que parecía sufrir la apoplejía de su única neurona funcional. Y no era para menos, verlo al sargento en esa situación era… extraño.

Sin lugar a dudas era una visión que Eren nunca antes había tenido o siquiera había osado fantasear. Aunque eso último quizás sí, pero la realidad era mucho más satisfactoria y suprema que la fantasía, no lo podía negar. Le gustaba tener al sargento así, sentado sobre las piernas, semidesnudo y todavía excitado.

—No puedo más… necesito follar —dijo Rivaille colocando una mano en el pecho del chico para inclinarlo y así poder sentarse. Tomó con rudeza lo que pretendía de él, sin miramientos y hasta con una glacial indiferencia.

Sintió la mano fría del sargento en su pene, vio cómo se acomodaba para luego, como si se tratara de alguna mujerzuela paga, dejarse deslizar en busca de la tan ansiada unión de los cuerpos.

En ese tortuoso proceder Eren reparó en muchos detalles, desde el trascendental e indiscutible hecho de que con seguridad esa no era la primera vez que Rivaille hacía algo así, a lo irresistible que le resultaba verlo desde ese lugar; una vez que pudo dejar los prejuicios de lado.

Lo veía metiéndose los dedos en la boca para conseguir una escasa lubricación y no podía dejar de preguntarse con insistencia posesiva sobre los amantes del pasado. Frunció el ceño, celoso, para de inmediato dejarse llevar por el placer de sentir la dolorosa estrechez de Rivaille.

—Tienes una cara de idiota muy épica —murmuró Rivaille.

Y fue la primera vez que Eren lo escuchó reír.

—No te burles… —rezongó frunciendo el ceño, pero ahora de desconcierto y humillación—, es la primera vez que lo hago. No sabía que había que poner una cara determinada.

—No me estoy burlando —rió de nuevo con excesiva mesura, tirando al tacho esa afirmación.

De por sí era inaudito verlo sonreír, como si siempre llevara en el rostro a la muerte misma, la que sus ojos habían presenciado desde que se unió a la Legión; por eso había sido mucho más insólito escuchar las melódicas carcajadas que le había obsequiado. Pocas, exiguas, pero que Eren atesoraría para sí mismo como únicas.

Seguía doliendo, pero de una manera por completo distinta. Todavía le escocía el ano a causa de la penetración no consumada, pero el delicioso tormento que experimentaba al sentir el desgarro de su propio pene abriéndose paso a través del sargento lo compensaba, y no era nada en comparación a la sublime sensación de sentirlo tan suyo, meciéndose así, sobre él.

—Oh, Dios… —murmuró Eren hundiendo la cara en el cuello de Rivaille sin dejar de abrazarlo por la cintura. Le dejó un beso cohibido en el hombro, luego en la clavícula y allí se quedó, un poco encorvado para salvar las distancias y poder hacerse de ese cuerpo que ahora le pertenecía.

—No me hagas hacer todo el trabajo y mueve las caderas —exigió de mal humor haciendo volver en sí al chico, quien obedeció la orden con graciosa presteza y docilidad—. Así, muy bien… —resopló, sintiendo como Eren acompañaba el rítmico movimiento con un leve y tímido mecer.

—¿Así, sargento?

—Así —gimió, tan audible que le arrancó a su amante un nuevo quejido de deleite—, empuja y métela… toda.

La tarea de penetrarlo por completo fue bastante ardua, pero cuando llegó a su fin, Rivaille se permitió descansar y suspirar victorioso en el oído del chico. La diferencia de alturas fue una bendición para Eren en ese momento, podía tener el rostro de Rivaille muy cerca del suyo, pero ni así el Sargento se lo permitió, y se quedó con las ganas de besarlo.

No tardó mucho en reclamar lo que, creía, le pertenecía por derecho.

Mientras Rivaille susurraba inentendibles palabras soeces y se mecía sobre él con una cadencia que aceleraba a medida que su vicio aumentaba, Eren aprovechó esa boca entreabierta para irrumpir con la lengua, de una manera tan temerosa que apenas fue un roce, como si a último momento no se hubiera atrevido a profanar de esa manera la boca de su sargento.

Fue él mismo quien cedió, mordiéndole los labios y acallando los suspiros de ambos mientras la mano puesta en la nuca tironeaba de su cabello.

Movió las caderas con ímpetu, ahogando los gemidos en la boca de Eren mientras sentía todo su ardor puesto en un bruto y desesperado beso. Eren era un pésimo amante, pero por el dios en el que ya no creía, nunca había sentido que alguien lo deseara y lo quisiera tanto.

Quizás no era tan mal amante como a Rivaille le convenía que fuera, por el contrario, le asustaba reconocer que pese a toda la inexperiencia que se cargaba, como siempre, Eren era bueno para dejarse llevar por sus emociones.

No había nada más letal para el sargento que sentir toda esa fascinación, ese afecto y ese apetito que sentía Eren por él a diario y de manera natural, en tan solo una de sus furiosas y precipitadas embestidas.

Lo desarmaba por dentro, lo dejaba sin defensas y sin excusas con tan solo una dura y fuerte estocada. Con tan solo tenerlo así, tan adentro, en el alma y en el cuerpo.

Hundió la cara en el pecho de Eren para ocultar una sonrisa cuando sintió que el muchacho alcanzaba el delicioso orgasmo, tan anhelado que le había clavado los dedos en los glúteos como si quisiera evitar que tomara distancia en el momento crucial de la eyaculación.

No le dio tiempo a recuperarse, todavía podía escucharlo gemir y murmurar su nombre: "Rivaille", con ese tono y esa expresión de enamorado incondicional.

Pendejo idiota, y después se lo negaba con ahínco.

Se paró, haciendo caso omiso a la punzada por tan brusco movimiento, y le ofreció su pene. Pese al evidente asco que le daba recibirlo de lleno luego de una infructuosa penetración, fue inclemente y Eren no tuvo más opciones que abrir la boca para aceptarlo. Respiró por la nariz con energía y cerró los ojos tratando de cumplir con su parte cuando sintió la oleada de calor en la garganta, pero le resultó imposible.

Aunque conocía el sabor del sargento porque le había obligado a ello en varias oportunidades, seguía siendo intenso y por ende intolerable… pero era el semen de Rivaille, no podía ni quería rechazarlo.

Cuando le soltó el pelo liberándolo de su yugo, Eren cayó de espaldas. Se quedó quieto sobre la manta, cansado y satisfecho. Rivaille también sentía las energías drenadas, así que sin decir nada, sin vestirse y sin asearse -sí, sin asearse-, se acomodó a un costado.

—Más te vale —murmuró antes de cerrar los ojos—, que no te enamores, ¿está claro?

—Sí, señor.

—Es solo sexo.

—Sí, señor.

—Y deja de llorar.

—Es que estoy muy feliz, señor.

—Joder —suspiró mirando el techo.

Luego giró la cabeza para mirarlo de perfil. Eren seguía llorando en silencio y desnudo, a diferencia de él que solo tenía puesta la camisa desabrochada. La imagen de los dos, arrebatados por una marea orgásmica, le perturbó; como si volviera en sí de un trance profundo para reparar demasiado tarde en lo que había hecho.

—Es por eso, ¿verdad? Después de que te obligué a hacer… esas asquerosidades —arqueó las cejas, arrancándole a Eren una risa apagada por la manera de decirlo. Bien, prefería esa mueca antes que verlo llorando—. Después de eso, cuando te convertiste en titán, perdiste el control. Hanji dijo que…

—No, no es tu culpa —aclaró con prisa, notaba que a Rivaille le costaba hablar del tema y se sentía tan agradecido con él que prefirió hacérsela más fácil.

Un silencio a medias volvió a colmar el espacio. Las ramas de los árboles rasgaban el vidrio produciendo un chirrido inquietante y el ruido del viento era estremecedor. Hacía frío, o al menos empezaban a sentirlo.

—Ve a lavarte, no vaya a ser cosa que te pesques alguna peste.

—Rivaille…

—¿Qué?

—Quiero besarte, ¿p-puedo?

—No.

—¿Puedo abrazarte al menos? —Antes de recibir una previsible negativa, agregó—: La noche está helada.

—Vístete y tendrás menos frío —dijo, incorporándose para buscar sus prendas. Con una sola manta para usar de colchón y la fogata extinguiéndose no tenían demasiadas opciones que dormir abrazados para no morir de hipotermia—. Es verdad, hace frío —admitió derrotado y una vez vestido.

Eren sonrió, aceptando entre los brazos el menudo cuerpo del sargento al mismo tiempo que el fuego se consumía.

—No te enamores, Eren… —murmuró en la oscuridad—, nunca lo hagas o terminarás muy mal. En este mundo no se nos está permitido.

—Este es mi mundo y yo soy libre de hacer lo que quiera en él, y si quiero amar al sargento Rivaille voy a hacerlo igual aunque al sargento no le guste.

—Qué testarudo eres —tragó saliva, tratando de omitir la clara revelación, la confirmación que no necesitaba, ni quería, sobre sus sospechas. Al instante agregó un poco cohibido—: No sabes lo que se siente ver morir a… —y quedó a medio decir.

No hizo falta tampoco, Eren supo interpretarlo a la perfección.

—¿Quién era? —cuestionó con el temor de haber sido demasiado entrometido. Ya era tarde para arrepentirse, así que se acomodó para mirarlo y reformular la pregunta—, él… la persona importante para el sargento Rivaille, me pregunto… ¿cómo era?

—Era "ella" —especificó y de inmediato continuó con disgusto, tratando de ser tajante—, y no es de tu incumbencia saber más detalles, cómo se llamaba o cómo murió.

—¿La amabas mucho? ¿La conocí?

Rivaille no respondió; creía haber sido claro con su reticencia a tocar el tema. A él no le agradaba hablar de "amor", eso era para la gente cursi y tonta que quería morirse rápido, como Eren.

Recordaba con perfecta nitidez la primera vez que había sucedido algo entre los dos y como, luego de exigirle una felación, Eren se había puesto de pie con una tímida sonrisa para decirle que lo amaba. ¡Joder, solo es una mamada! Le había gritado con alteración, corriendo la cara para evitar el beso contaminado con semen que el chico pretendía darle.

Había percibido las emociones de él en el pasado, en especial por la manera en la que se le quedaba mirando cuando se desnudaba y creía que nadie le prestaba atención. Había advertido las sonrisas y la mirada de todo joven hormonal. Rivaille también era hombre, también era humano y conocía lo que era el deseo. Podía verlo en los ojos de Eren con una claridad que lo abrumaba, lo halaga y lo enceguecía de furia en partes iguales.

Los ojos de Eren eran tan expresivos, que no importaba la fuerza que empleara para esconder sus emociones, siempre eran fáciles de leer. Eren no miraba el trasero de Mikasa como lo hacía Jean o como lo hacía la gran mayoría, de hecho Eren no miraba traseros de chicas. Ni siquiera de chicos.

El idiota parecía tener ojos solo para dos cosas: matar titanes y contemplarlo a él. Al principio le había molestado darse cuenta, luego se había prometido a sí mismo no sacar partido de ello, pero una botella de ron puede tirar al traste toda benevolente intención de no aprovecharse de un chiquillo enamorado de manera tan estúpida como solo un párvulo como Eren podía hacerlo.

Una botella de ron y, claro, la distancia con Irvin.

—Es una orden, soldado, no tiene permitido experimentar emociones ñoñas.

—No me importa.

—No quiero ser el responsable. Al menos líbrame de ello.

—No me importa.

Lo abrazó con fuerza, hundiendo la nariz en el cabello de Rivaille. Siempre olía bien, no importaba los litros de transpiración que sudara, ni la sangre derramada sobre él, Rivaille siempre olía a jabón, a sinceridad y a lealtad.

—Tú lo has visto — rezongó, buscando una posición más cómoda en la dureza del lecho improvisado—, todos mueren, tarde o temprano.

—Lo sé, pero el sargento es fuerte. No va a morir ni va a dejar que yo muera.

Rivaille sonrió, complacido ante esa fe ciega que solo un idiota -ese idiota, su idiota- podía tenerle. No era tan fuerte como Eren creía, de hecho, Rivaille se consideraba débil, muy débil frente aspectos muy concretos.

—Tú, a mí, mocoso —aseguró de manera inconexa— me vas a traer muchos problemas. Lo veo venir. —Le dejó un beso en la barbilla y cerró los ojos, exhausto.


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Notas largas como meada de titán:

OH MY FAQUIN LORD OF THE RING, ¿por qué siento que todos mis limes son iguales hasta en los putos diálogos? Solo cambia el fandom XD Perdón que no haya puesto lemon, sé que al fandom le gusta que le tiren huesitos de vez en cuando, pero en esta página están prohibidos, así que traté adrede de ser sutil. Si algún día ocurre el milagro y llego a hacer un porno… no sé cómo les avisaré XD, pero suelo subirlos a mi cuenta de Ao3. A los que les dan importancia a eso del seme/uke les digo que muy pronto Rivaille se cobrará su parte *kukukuku* (me río a lo One Piece). A mí la verdad, las convenciones al respecto no me preocupan tanto… como si en la vida real el sexo fuera tan cuadrado u_u.

GRACIAS a esas hermosas personitas que me dejaron comentarios en anónimo. No les puedo responder como a los demás y sufro por ello, pero sepan que los adoro. Si se hacen una cuenta podremos interactuar y desvariar de lo lindo XD.

Aquellos que dicen que los comentarios no importan, MIENTEN, porque al menos hacen que te esfuerces por actualizar más rápido XD (lo traje en tiempo récord). Mis lectores en otros fandoms deben estar odiándome en este momento ¡JA, JA, JA! Pero yo los quiero igual ._.

Nos estamos leyendo, espero que pronto. Para el siguiente capítulo volveremos al pseudo-humor de nuevo, que los chicos todavía tienen que salir de esa encrucijada y Rivaille debe encontrar jabón. Se podría decir que a partir de este podría haber spoilers (o no, pueden tomar algunos datos como invención mía –y de hecho habrá algunas cosas que las inventaré porque lo necesitaré para la trama-), nada demasiado relevante o que les arruine el anime (es más, creo que si no lo decía, ni siquiera se iban a dar cuenta), pero me parece prudente advertirlo porque soy de esas locas que detestan los spoilers por muy intrascendentes que sean.

Por cierto, si tienen ganas y tiempo, busquen en You Tube MMD de Rivaille, no tiene desperdicio XD Lo que me reí, babeé y fangirleé es indescriptible. Después de haber visto "Get up & Move" unas 100 veces y gritar "¡qué gay, Dios mio! ¡Rivaille se te cayó una pluma!", después fue como "qué sexy, Dios mío… ¿habrá más? Clic". Cuando te acostumbras a verlo bailar así, prestas atención a lo sensual que es verlo haciendo movimientos tan femeninos (¡¿Qué?, soy pansexual, así que puedo delirar con ello! ¡Déjenme vivir y ser feliz a mi manera! XDXDXD ¡La Gintoki Sakata que llevo dentro se rehúsa a madurar!)

También hay de él con Eren y otros personajes (TRAUMA enorme me quedó al verlo al capitán Smith bailando, fue un antes y un después en mi vida). Si se pasan por mi cuenta de You Tube (mismo nick que aquí) podrán verlos y reírse un rato, acabo de poner como 15 en favoritos XD ¡Esto es procrastinar y los demás son puras patrañas! Si no, busquen haciendo copypaste con esto, porque hay varias versiones:

[進擊的MMD] 兵長Get Up & Move! (Rivaille gay y sexy)

[進撃のMMD] エレンと上司3人で『ポーカーフェイス』 (nunca podrás ver al capitán Smith con los mismos ojos)

[MMD] 兵長の人気に嫉妬【リヴァイ・ミカサ・ハンジ】 (Oh my Eren!, debería cantar el Sargento)

[MMD] Eren & Rivaille (Shingeki no Kyojin) -World is Mine~Baby Maniacs ‐ (este fue el primer video que me llevó a los demás, ¡qué manera de reírme con Eren!)

[YAOI] Kamiya Hiroshi (Levi/Rivaille) x Kaji Yuki (Eren Jaeger) (este es un audio muy perverso que recomiendo escuchar XD)

Ahora sí, ya me fui.


20 de Julio de 2013

Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.