Capítulo 4: "Ayer se me perdió, pastando lo dejé".


El sargento lo despertó de manera poco amable cuando todavía era de noche -un par de patadas en las costillas no lo iba a matar- y volvieron con uno de los dos caballos que había sobrevivido al titán de quince metros. Para fortuna de todos, los bolsos que cargaba el equino contenían suficiente provisiones para saciar el hambre voraz de Braus; pero no estaban a salvo, sabían que en cuatro horas deberían volver a alimentar a la bestia o estarían perdidos.

Apenas había retornado al otro lado del castillo Rivaille ya se veía obligado a interceder por la paz del grupo. El pobre de Armin parecía estar al borde de un ataque de nervios.

—¿Qué tal la noche de ustedes? ¿Fría? —La pregunta de Jean, directa a Eren, parecía esconder mucho más que un simple interés. Se cruzó de brazos y levantó con orgullo la barbilla, como si no le importara menoscabar su imagen al mostrarse tan altivo teniendo esas serias heridas en el rostro.

—¿Puedo saber, soldado, que demonios pasó con su cara? —Rivaille pestañeó, estudiando el daño— ¿Eres Jean, cierto? —Estaba irreconocible.

—Digamos que… fue una noche difícil. —Jean se sentó acurrucándose en una silla.

Armin soltó una risilla apagada y anormal; con ojeras dignas de un panda le dio el parte a su superior.

—Las mujeres durmieron por un lado. —Sí, por mucho que Jean insistió con su plan de dormir todos abrazados para paliar el frío—. Nosotros por el otro.

—Sigo sin entender la gravedad de las heridas en Jean.

Mikasa, que recién había llegado, dio la vuelta. Tanto Eren como Rivaille la vieron irse de espaldas y cerrar con energía la puerta que recién había atravesado.

—Digamos que… —murmuró Jean— había pocas mantas.

—¿Y? —Rivaille alzó una ceja, suspiró y se frotó la sien, esperando que ese amasijo de gestos fuera suficiente para aclararle que pretendía oír toda la historia.

—Digamos que… no nos poníamos de acuerdo.

—Tú eras el único en desacuerdo —se quejó Armin en un murmullo.

A fin de cuentas los tres habían estado de acuerdo en dividir las cuatro mantas que tenían, pero Jean no dejaba de insistir en una noche de íntima comunión, lo que le llevó a Armin a recelar, con profundidad, el compartir espacio con él.

—Soldado…

—Y digamos —Jean apuró su relato ante la impaciencia de su superior— que iniciamos una guerra de "almohadas" para ver qué grupo se quedaba con las mantas —porque no tenía sentido dividirlas, igual iban a morirse de frío.

—Ganaron las chicas. —Armin cerró los ojos y suspiró.

—¿Y por qué tú no estás herido entonces?

—Mikasa me defendió de los dos.

—En otras palabras —Rivaille torció una minúscula sonrisa—, digamos que fue un Mikasa versus el mundo.

—No te sientas mal —dijo Eren con falso consuelo—, nunca nadie ha podido ganarle a Mikasa.

—¡Tú no podrás, yo no quise que es diferente, porque de haber querido…! —Se puso de pie, para enfrentarlo y defender lo poco de dignidad que le quedaba—… es una chica, no puedo golpearla —excusó con poco peso.

—Anoche hizo mucho frío y la piedra estaba helada —se lamentó Armin.

—No hubo caso y las chicas no quisieron dormir con nosotros, ¡aunque tenían las cuatro mantas! —Jean señaló hacia la puerta por donde Sasha entraba. Al igual que Mikasa dio la vuelta, para irse por donde había llegado.

Rivaille negó con la cabeza, no quería conocer las razones de Braus para huir de él. Alguna travesura había hecho y suponía que, siendo ella, era algo muy perverso.

—El calor corporal es lo mejor en estos casos —dijo Eren con autosuficiencia—, hubieran dormido abrazados.

—Ey, que yo no soy como tú. No ando abrazando enanos. —Lo de la estatura iba por Armin, ya que en la época de cadetes, él y Eren solían ser la comidilla de la chusma cuando amanecían las noches de frío intenso en una misma litera, todo con el noble fin de paliar el frío. Sin embargo no fue de extrañar que Rivaille se lo tomara personal.

—¿Qué insinúa con eso, soldado? —cuestionó entre dientes y Jean dio un respingo hacia atrás, reparando tarde en lo dicho.

—No es que yo crea que haya algo malo en abrazar enanos, señor. O en abrazar titanes.

—La estás empeorando —le susurró Armin.

—Eren. —La voz de Mikasa salvó de una muerte larga y dolorosa a Kirschtein.

—Mikasa.

Silencio. La chica lo estudió por unos cuantos segundos, mientras los hombres esperaban expectantes por sus reveladoras palabras, pero no sucedió.

—¡¿Qué, mujer?! —exigió su hermano.

—¿Estás bien? —La mirada de ella se posó adusta por un breve segundo en el sargento. Rivaille se paró erguido, tan bajito como era, para inspirar respeto. La asociación de Mikasa de él con una suricata fue adrede con mala intención.

—Claro, ¿por qué he de estar mal?

—¿Sientes nauseas, mareos, malestares en general…?

—N-No.

—¿Diarrea?

—¡Mikasa!

—Eren —y lo miró fijo, taladrándole con los ojos—, sabes que te cuido —y de nuevo volvió a posar la mirada por un ínfimo segundo en Rivaille; este volvió a sacar pecho, inspirando con energía.

—Ya, chicos, relájense… —Armin decidió intervenir al ver clima tan tenso—, el Sargento y Eren han vuelto luego de una peligrosa misión.

—Fracasada —murmuró Jean con fastidio. Mikasa lo miró de una manera que al chico se le frunció todo; ya no había lugar en su rostro donde ella podía pegarle— ¡La misión! ¡Digo, la misión fracasada!

—Ah…

—Yo tengo la teoría de que todo fue premeditado por una mente superior y mística. —La voz de Sasha sonó desde la punta del cuarto advirtiéndoles de su presencia.

Se acercó a Jean y le susurró algo en el oído, ambos rieron bajo sin dejar de mirar a la "pareja" compuesta por un titán y un enano.

—Secretos en reunión es de mala educación —Rivaille los hubiera asesinado con tan solo una mirada de poder hacerlo—, ¿no les enseñaron nunca eso?

—Cuéntennos —fue el segundo intento de Armin para apaciguar al grupo—, ¿qué pasó ayer?

—A-Ayer no pasó nada, ¡nada de nada! —respondió Eren con desapercibido nerviosismo, mientras parpadeaba de esa manera que Mikasa reconocía como alteración.

—Eren…

—Sí, así se llama —dijo Rivaille, fastidiado con esa fijación de mencionarlo a cada rato.

—Voy a hacerte una pregunta y quiero que seas sincero —continuó ella ajena a las murmuraciones de su superior.

—Mikasa. —Eren tembló, y Rivaille suspiró contando hasta el infinito para contenerse y no dejarlos desangrándose en el suelo.

—El sargento —continuó la chica—, ¿hizo abuso de su autoridad para contigo?

—N-No sé a qué te refieres con eso…

—¿Te obligó a hacer indecencias?

—¡No! —miró a Rivaille— ¡No, él jamás!

—Santo cielo —murmuró el sargento reparando en lo malo que era para mentir—, contigo no hace falta un detector de mentiras.

—No mientas, Eren, tienes las orejas rojas —asintió reiteradas veces—. Así es… te obligó.

—Yo no le obligué a nada —Rivaille se puso una mano en la cintura, desafiante—, además lo que su hermano haga con su culo no es de su incumbencia, señorita.

Una lucha titánica, similar a la guerra de los mil días se desató entre ambos, pero solo de miradas.

—Ya, ¿podríamos empezar a diagramar una estrategia para salir de este lugar antes que terminemos matándonos entre nosotros?

Las palabras de Armin hicieron volver en sí al sargento. Lo miró, frunció el ceño y decidió ejercer su papel de líder indiscutido. En pocos minutos, antes que amaneciera del todo, ya estaban afuera para montar los caballos que les quedaba.

Detalle: faltaba uno.

—¿Alguien puede explicarme —comenzó a decir Rivaille señalando el poste en donde debería estar el equino— por qué demonios falta un caballo? No, mejor explíquenme cómo es que terminamos así. ¡No! Mejor aún, denme razones que justifiquen mi masoquista necesidad de seguir con ustedes. ¡Alguien, por favor, que me diga por qué demonios decidí unirme a la Legión! —Se frotó la frente en un intento fútil por mitigar la migraña—. Debí haber escuchado a mamá, pero no… claro, yo quería ser un delincuente juvenil. Esto es karma.

Sasha se escondió detrás del grupo, Jean miró hacia un costado, Mikasa en cambio empujó a Eren por la espalda, como quien lanza un gladiador a los leones.

—Señor…

—Ahora no estoy para uno de tus brillantes planes, Armin. —Tomó aire, llevándose los dedos al puente de la nariz para hallar su centro—. Después de esto deberé hacer yoga, meditación o algo...

—A mí me relaja nadar —comentó Sasha con naturalidad; había sido un ligero murmullo temeroso.

—Bueno, Braus —Rivaille señaló la nada— por allí hay un río, no se prive, háganos el enorme favor de ir y ahogarse.

Mikasa le puso una mano en el hombro a su compañera y luego la abrazó.

—Déjalo, tiene complejo de Hobbit y por eso se la agarra con el mundo.

—Sí, lo sé.

—¡Ackerman, Braus! ¡Estoy aquí y las puedo oír!

—Estamos todos nerviosos. —Armin agitó los brazos con desesperación.

—Ya —Jean también decidió intervenir para calmarlos—, Sam Gamyi es un buen Hobbit, hace que uno se sienta orgulloso de ellos, ¿verdad? —miró al grupo, buscando la sentida aprobación de todos.

—¡No la empeores! —Le gritó Eren percibiendo que Rivaille, en un actitud demasiado madura y esperada de su parte, los ignoraba para concentrarse en la preparación del caballo.

La sonrisa que anticipó sus palabras los heló.

—Estás son las órdenes: Braus y Arlelt van juntos, el caballo lo conducirá Armin. —Porque Sasha era mejor luchadora que él, en cambio Armin era mejor cabalgando, su inteligencia conducía al caballo por los caminos más acertados. Miró a los demás—Ackerman y Kirschtein van juntos. —El chico no pudo reprimir el salto de felicidad, pero escondió la sonrisa ante la mirada seria e intimidante de la muchacha.

—¿Conduzco yo? —Preguntó con timidez.

—Por supuesto, no pienso tenerte detrás. No le confío mi espalda a nadie, mucho menos el culo.

—No, Mikasa —contradijo Rivaille con insondable felicidad por fastidiarla, aunque en su rostro no hubiera mueca alguna que develase su algarabía—, eres más baja que él y no tendrás una correcta visión del campo.

—Claro —murmuró la chica entre dientes, dándole la espalda para tomar un caballo—, la gente pequeña como usted debe ir adelante.

—Mikasa es mejor guerrera, Jean es un buen jinete.

—Y tenía que hablar el señor sabelotodo —dijo Rivaille amedrentando a Armin—, no sé qué haríamos sin su brillantez, Arlelt… el día sería noche.

—Perdón, pero solo pienso en el bien de todos.

Rivaille suspiró dándose por vencido; Armin tenía razón, debía tomar la decisión correcta para la seguridad de su gente.

—Está bien, lo entendí. Tú ganas —hizo un gesto con el brazo—, Jean conduce, Mikasa libre para pelear.

—¿Y yo?

—Eren, vas conmigo —no hacía falta decirlo—, sube.

—Sí, señor —se colocó detrás de él recibiendo una mirada demasiado dura.

—No tan cerca, soldado, que no vamos a un paseo de campo.

—Lo siento…

—¿Podría dejar mi cuerpo un poco más libre? —Chistó moviendo los hombros como si quisiera librarse de un peso figurado.

—¿A-Así está bien, señor?

—Siempre y cuando dejes las manos quietas de una bendita vez —se estiró para adelante—, y no me respires en la cabeza.

—¿Prefiere que maneje yo? Usted es mejor soldado.

—No —negó con firmeza—, en primer lugar porque sigo sin equipo, ¿recuerdas? Y en segundo lugar, porque si la situación se pone muy fea —miró hacia el claro, suponiendo lo dura que sería esa travesía—, te autorizo a que te descontroles. Creo que esa es la única forma en la que podremos llegar vivos.

—Bien, no se preocupe —miró al frente con valentía y determinación—; mataré titanes.

—Sí, sí… matarás titanes.

—Muchos, señor.

—Una parva absurda —ironizó complaciente.

—Sí, no dejaré uno en pie.

—Ya cállate, Eren, que el viaje es largo, me duele el culo y no estoy de humor.

—Sí, señor.

—Silencio, soldado.

—Lo siento, señor.

—No más palabras.

—Ajá.

—¿Qué dije?

—Eso no fue una palabra. Un "ajá" es…

—No me obligues a golpearte.

El sol comenzaba a brillar con una debilidad etérea por detrás de las copas de los arboles más grandes. La neblina seguía siendo espesa para cuando el primer titán de tres metros apareció, aletargado, cortándoles el paso. Lo acompañaba otro, un poco más grande, que se quedó echado boca abajo en el suelo, observándolos con pereza.

Mikasa se encargó de ambos, pero cuando los rayos golpeaban la tierra con fuerza, los más grandes comenzaron a aparecer y con ellos los problemas. Era un grupo minúsculo para enfrentar a un número elevado de titanes, pero pese a ser novatos, tenían experiencia, determinación y valor de sobra para… salir corriendo.

No estaban muy lejos del refugio, sabían que en cuanto el bosque terminara, podrían ver el enorme castillo, pero un titán demasiado grande les hizo replantearse con seriedad las escasas probabilidades de llegar vivos.

Nada que no hubieran experimentado miles de veces.

—¡Eren! —Rivaille no alcanzó a terminar la orden que el chico ya había saltado del caballo. De inmediato sintió un calor que lo abrasaba, era el vapor de titán.

—¡Señor, ¿será buena idea?! —Jean no quiso sonar desconfiado, sabía cuánto le molestaba a Rivaille que dudaran de sus decisiones tomadas. El asunto es que él ni siquiera había dado esa orden, aunque la pensó.

—Es la única alternativa —contestó y luego miró a Mikasa—, encárguense de los más pequeños.

El sargento tenía un serio problema si consideraba a esas bestias de tres y cinco metros como "pequeños".

—¡Eren, ¿qué haces?! —Al grito de Mikasa le acompañó el desconcierto. Eren, tan alto como era en su versión gigante, se acuclilló frente a Rivaille congelándolo en el sitio.

—¡¿Qué hace, soldado?! —Nervioso, el sargento señaló al titán de once metros que los miraba con flojera y, con aun más somnolencia, parecía estar debatiéndose sobre atacarlos o seguir contemplándolos.

En respuesta, Eren estiró una de sus enormes manazas para tomar una de las delicadas flores del campo. Al menos esa había sido la intención porque arrancó la planta de cuajo.

—¿Qué está haciendo? —Armin parpadeó, estupefacto, mientras veía como su amigo contemplaba el arbusto arrancado para quitar con delicadeza una de las flores, como quien le arrebata, con crueldad, el ala a un insecto.

Estiró el brazo para ofrecerle con el dedo gordo e índice la maltrecha flor, pero esta se deshizo ante la mirada alelada de Rivaille. Eso no pareció caerle bien al titán de Eren, porque enseguida empezó a gemir como de dolor o enojo.

—¡Contrólate, Eren! —Le gritó Mikasa.

—Parece que quería darle una flor, señor —Jean trató de reprimir una carcajada, sin éxito—, lo que significa que…

—No significa nada, Eren en su versión titán es errático.

—Yo creo, señor —Sasha le contradijo—, que trata de decirle algo… luce muy triste y enojado por no poder darle esa flor.

—No deliren con suposiciones que están fuera de lugar. —Fue en vano excusar el loco proceder de Eren, porque la mano de Jean señalándolo con una risilla sardónica le llevó a reparar el mensaje implícito detrás de las actitudes del titán.

—¡Oh, mire —Sasha sonrió con emoción—, está tallando su nombre en un árbol!

En efecto, Eren había arrancado una rama para sentarse en el suelo y poder escribir en el tronco de uno de esos enormes árboles: "Rivaille". El susodicho sentía que toda la sangre le subía a la cabeza. Si el mocoso no se controlaba iban a acabar todos muertos.


Rivaille tiene tanta mala suerte (de tenerme como su fangirl) que el caballo muerto y los bolsos irrecuperables son los que tenían sus enseres de aseo personal XD.

Lo de "Guerra de los mil días" viene de Saint Seiya.

Muchísimas gracias a los que comentan en anónimo :). Me alegra ver que este fic les gusta, no esperaba mucha aceptación por eso del intento fallido de parodia. A mí me divierte mucho escribirlo, de vez en cuando necesito hacer fics así (perdón ._.), igual estoy haciendo uno más seriecito (?), pero debo hallarle beta por amor al fandom. En fin, la cosa es que me hace feliz saber que les agrada.

Por cierto, les dejo otros videos:

[進撃のMMD]兵長でS&M [Rivaille otra vez gay y sexy]

[進撃のMMD]リヴァイ兵長でねこみみスイッチ [Rivaille de gato]

[+18][YAOI] Kamiya Hiroshi (Levi/Rivaille) x Kaji Yuki (Eren Jaeger) [Un nuevo audio, bastante pornoso, así que no sé cuánto va a durar en You Tube, ¡aprovechen!]

PD. Sí, ya sé que es muy cruel de mi parte titular el capítulo con una estrofa de una canción tan dura; pero me pudo más la comparación con la situación del fic XD Humor negro -y del malo- a la orden del día.


26 de julio de 2013

Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.