Capítulo 6: "Dios es mujer".


Le cortó el paso amilanándola con la mirada y la postura, pero Christa sabía que no tenía sentido temerle, no obstante comprendía que Ymir no iba a permitirle realizar ninguna locura. Maldición, no contaba con que la conocía demasiado bien, ¿o sí?

—Irás, ¿no?

—Solo… —hubiera señalado la nada de no cargar con los bolsos—solo iré a dejar algunas cosas, por si…

—Cielo santo —cerró los ojos, suspirando con exageración. Le quitó los bolsos con brusquedad.

—Ymir, tengo que ir —intentó quejarse.

—No, no tienes que ir —se los colocó al hombro—, vas a ir porque tu sentido absurdo de mártir te obliga.

—Gracias —murmuró al darse cuenta que solo buscaba ayudarla a su tosca manera. La vio dar la vuelta y caminar con los bolsos a cuestas.

—Pero ninguna ayuda es gratis.

—Lo sé, lo sé…

—Estas me las pagarás, en verdad, porque si encima nos descubren, seremos consideradas desertoras —giró para hablarle mientras caminaba de espaldas, con suma molestia por ser la misma idiota de siempre que no podía evitar ir detrás de Christa para asegurarse que, cualquiera de sus locuras, saliera bien.

—Eso no pasará, Connie y los demás nos están cubriendo…

—¡Gran seguridad me da que ese imbécil y los demás imbéciles, en cantidad de proporciones iguales, nos estén cuidando el culo!

—Ymir, no grites…

—Mientras nosotras vamos a nuestra especial y divertida aventura de cruzar el campo abierto lleno de titanes en pos de llevar, ¿qué? —miró el bolso como si así encontrara una respuesta— carne y jabón, ¿cierto?

Christa sonrió con algo de nerviosismo. Sí, era muy difícil reprimir esa necesidad de ser útil. Los chicos podían estar en problemas, necesitando ayuda. Aunque les habían dado la orden de no ir tras ellos, llevar un poco de víveres y elementos de primera necesidad al refugio no era una empresa tan arriesgada. Además, aunque no lo hiciera verbal, Christa sabía que Ymir la seguiría, así que con ella no tenía por qué sentir miedo. A caballo, llegar al refugio eran cuatro horas. A titán era solo una; pero no usaría el poder de ella antes de asegurarse que había logrado su cometido.

(…)

Mientras tanto Connie estaba en la sala principal esperando no tener que intervenir para evitar verse involucrado. Pensó en la mejor excusa que podía dar, pero nada lo convencía. Su superior había entrado buscando con la mirada a los que faltaban y no tardó en preguntarlo.

—¡¿Dónde están Ymir y Christa?!

—¡Señor! —Connie se puso de pie emulando el saludo habitual y escondiendo tras la energía de sus palabras todo el nerviosismo— ¡Están en el baño de mujeres teniendo sexo lésbico, señor!

—Oh, entiendo. —El hombre cambió su dura expresión por una de profundo entendimiento y Connie suspiró aliviado.

Esas dos le debían una grande…

Una paliza grande.

(…)

Era lógico suponer que si alguien estaba en el refugio lograría verlas antes de llegar. Sobre todo si por el olor a titán de Ymir -incluso sin estar transformada- atraían a un centenar de titanes que les seguían el paso. Rivaille salió a ver qué demonios ocurría afuera. Sasha, a un lado de él, lo murmuró.

—¿Diosa? —Sus ojos se abrieron grandes— ¡Sí!

Rivaille negó con la cabeza sin dejar de clavarle la mirada y preguntarse en qué clase de universo paralelo vivía el cerebro de esa chica para ser tan brillante y exótica a la vez. Ya una vez en la seguridad del castillo, Christa hizo la repartija y cuando a Rivaille le tocó recibir el pan de jabón la miró con la misma expresión que Sasha había tenido escasos minutos atrás.

—¿Diosa? —dijo Rivaille y tomó el pan entre las manos para irse hasta el baño.

—Imaginé que era lo que el sargento podía llegar a querer —Christa estaba feliz de haber atinado—, ten Sasha, te traje patata, pero ya está fría.

—Chicos, ahora hay demasiados titanes y parecen saber que estamos aquí —Armin trató de trabar las puertas, como si eso sirviera de algo.

—Bueno, pero el sargento ahora está ocupado y ni un titán de quince metros interrumpirá su baño —Mikasa se encogió de hombros—, esperemos a que dé la orden de marcharnos.

—¿Mientras? —Jean miró a sus compañeros.

—Tengo papel y lápiz —dijo Eren, con unas ojeras que daban miedo que ni las charlas de Hanji les dejaban—, también un tablero de ajedrez.

—Genial —murmuró Ymir con sorna— hagamos una piyamada.

—Podemos jugar a la botella —propuso Jean.

—Era ironía —aclaró Ymir— y no vamos a jugar a la botella. Si quieres besar a Mikasa o a Armin, hazlo sin patéticas excusas.

Cuando el sargento dio la orden de prepararse para llegar a la muralla, Ymir y Christa ya estaban de regreso. Las chicas vieron oportuno dejar los caballos con los que habían llegado, pues viajar a titán no era menos peligroso, pero sí más rápido.

Dado que Eren todavía seguía débil, Rivaille le aconsejó viajar con él. En caso de necesitarlo podía ingeniárselas para custodiarlo y luchar. El resto fue en los caballos con total libertad. Ahora sí sentían que regresar "a casa" no era un suicidio, sino una posibilidad.

Durante el viaje, Eren dormitó contra su espalda, apoyando la mejilla en su cabeza. Le fastidiaba sentir todo el peso del joven contra su cuerpo, pero entendía que Eren no podía evitarlo.

—Como me babees, te mato, ¿está claro?

—Lo siento, señor.

—Duerme.

—No puedo, ¿y si aparece un titán?

—Le sacas una foto.

Eren rió, apagado; tenía los brazos cayendo a cada lado y luchaba para no cerrar los ojos de cansancio.

—El sargento tiene sentido del humor —suspiró amodorrado—, eso me gusta.

—Cállate, ¿quieres?

—Me gusta el sargento —lo abrazó por la cintura, con las pocas fuerzas que le quedaban. Escuchó la queja de Rivaille y no pudo evitar sonreír—… me gusta tanto que me siento muy… decepcionado.

—¿Eh? —No quiso mostrarse interesado, pero le fue imposible— ¿Qué quieres decir con eso?

—Yo quería hoy, ¿sabe?

—¿Qué querías?

—Ser su puta, como dice Jean.

—No parecías querer —alzó las cejas—, o bien eres un pervertido incestuoso que pretende sumar a su hermana a juegos sexuales, porque no dejabas de llamarla a cada rato.

—Tengo miedo —confesó—, y Mikasa no es mi hermana.

—¿A qué te duela? ¿A eso tienes miedo? —se reprendió mentalmente por seguirle la corriente.

—A todo lo que me dijo ayer a la noche. —Olfateó el pelo de Rivaille, siempre olía bien—. Prométame que no va a morir nunca.

—Eren, prometer algo así es estúpido —dijo con furia y estupefacción.

—Lo sé, pero solo… hágalo, señor.

—Ok —refunfuñó condescendiente—, Eren, te prometo que no voy a morir.

—Nunca.

—Nunca —aclaró—, ahora es tu turno.

—Sí.

—Prométeme que dejarás de ser tan niña —contuvo una risilla malvada—. Dilo: "prometo no ser tan pendeja y cambiar mis bragas cada día".

—Qué malo es —percibió que el cuerpo de Rivaille se agitaba—, señor, ¿está riendo?

—No, solo estaba tosiendo —contradijo aun jocoso.

—No mienta —le picó la mejilla con un dedo—, se estaba riendo, como de mi cara cuando usted estaba arriba comportándose como una zorra.

—Vuelve a tratarme con tanta confianza, soldado y juro que le arrancaré cada extremidad… y eso cuenta lo que tiene entre las piernas en lugar de vagina.

—Entendido.

—Espero que no sea de esos que creen que por un revolcón ya tienen derecho a llamar a su pareja con apodos cursi. —Trató de mirarlo por sobre su hombro, hubiera tenido más éxito si levantaba la cabeza—. Si llego a escuchar un "corazón, amor, dulzura, terroncito de azúcar" y derivados… le juro, soldado, no le va a quedar una gota de sangre en el cuerpo.

—Malo —murmuró antes de guardar un sepulcral silencio, silencio que empezó a poner incómodo a Rivaille, porque de mal en peor no parecía haber un solo titán a la redonda que los abstrajera de esa incómoda situación. Hasta casi prefería estar a merced de uno de esos monstruos. Oh, lo estaba, justamente tenía uno atrás, en la espalda y babeándole la cabeza.

—Ey, soldado —chasqueó los dedos, Eren parecía haberse perdido en sus pensamientos—, dígale a su cerebro que regrese del país de los retrasados mentales si no quiere convertirse en compota para titán.

Nada, no logró el menor efecto. Carraspeó, tratando de ignorar esa molesta sensación.

—¿Te quedaste dormido o… te ofendiste? —Un ronquido fue la respuesta.

Sintió alivio.

Rivaille viajó todo el camino de regreso con el peso de Eren tras la espalda, no era de extrañar que acabara con una contractura. Sin embargo no lo despertó, sabía que después de una larga transformación al chico le costaba mantenerse en pie. En especial si hacía un gran gasto de energía. De hecho, que hubiera mantenido esa corta conversación en un estado por demás somnoliento había sido muy meritorio de su parte.

Cuando Eren despertó lo hizo de nuevo sobre una superficie mullida.

—Hogar, dulce hogar —murmuró con resignación al ver los barrotes del calabozo.

—Hasta que Hanji no te revise, sabes que por seguridad debes quedarte aquí. De todos modos la puerta estará abierta, así que podrás ir al baño y corretear por ahí.

Eren abrió los ojos de nuevo viendo a Rivaille sentado en una silla. Tenía los pies apoyado sobre la cama y el candil de una lámpara le alumbraba dándole un aspecto por demás lúgubre. Asintió con la cabeza, comprendiendo varios hechos, uno de ellos y el más importante, que habían logrado llegar a salvo. El otro es que su sargento lucía acojonante y follable por partes iguales.

—¿Hubo alguna baja? —Fue la sutil manera de saber si todos estaban vivos.

—Mi equipo de maniobras tridimensionales de nuevo —contestó, apoyando la nuca contra la pared, se lo veía agotado—, pero aparte de eso… no. Admito que es un poco difícil luchar contra titanes teniéndote dormido en la espalda.

—¿No me desperté?

Abrió los brazos extendiendo las palmas de las manos, la respuesta era evidente. Aunque los habían atacado, como era de esperarse, no había sido nada que entre Mikasa y él no pudieran controlar. Eren estiró una mano, llamándolo con el gesto.

—Está cansado, sargento.

—Sobre lo que te dije —murmuró acercándose a la cama—, de los apodos.

—Sí, ¿qué con eso? —Había olvidado esa conversación, o al menos no le había dado la importancia evidente que Rivaille sí parecía haberle dado.

—Bueno —explicó acostándose sobre él—, el de zorra no me molesta.

Eren rió bajito, sintiendo que tan solo con carcajear se le abrían heridas imaginarias en toda la carne; pero vio el gesto de Rivaille, arqueándose de dolor, y supo que no era el único que se sentía molido.

—¿Le duele la espalda?

—Tuve que soportar tu peso cuatro horas —dijo con la voz ronca de dolor.

—Lo siento mucho, señor —Eren se mostró en verdad responsable—, si quiere que se lo compense, puedo hacerle masajes.

—Oh, sí… me vas a compensar —asintió, acercando su cara al rostro del chico para besarlo. Eren perdió el control de nuevo, abrazándolo con fuerza de la cintura, la espalda de Rivaille tronó mientras soltaba un rugido de dolor.

—Lo siento —repitió, para luego reparar en la cercanía que había impuesto Rivaille con su despotismo, pues ahora le lamía el cuello, mordisqueándolo—. Señor… ¿vamos a hacerlo?

—¿Qué cosa?

—Sexo.

—Pues, pensaba en jugar al tutti-frutti, pero si la zorra que llevas dentro está ardiendo, puedo encargarme de ella. —Quitó la sábana para descubrir el cuerpo desnudo del soldado.

—¡Tutti-frutti, tutti-frutti! —gritó Eren tratando de taparse de nuevo con la sábana.

—¿No quieres? —Frenó, antes de iniciar un recorrido con la lengua que desembocara en la punta de ese pene que comenzaba a erguirse para él, solo para él.

—Pues… ¿le importa?

—En lo más mínimo, voy a hacerlo igual, pero saberlo me va a servir para hacerme una idea de cuánta fuerza bruta deberé usar contigo ahora.

—Es malo, en verdad.

—Oh sí… seré sin dudas lo peor que te pasó en la vida —afirmó escalando para mirarlo fijamente, sin embargo, contra todo lo pronosticado, Eren le sonrió con afecto, para después reparar en su propia desnudez con sumo decoro—. No te avergüences, yo te bañé mientras estabas inconsciente, así que… tengo grabado cada tramo de tu cuerpo.

—Santo Dios —se avergonzó para después descubrir que le mentía—, no es cierto, usted no me bañaría.

—No, lo hizo Mikasa, pero pensé que quizás te iba a dar menos vergüenza si te decía que había sido yo.

—¡¿Mikasa me vio desnudo?!

—Armin la ayudó… y Jean hizo algunos comentarios que me hicieron dudar con seriedad de su orientación sexual.

—¡Oh, no!

—¿Y a qué no adivinas quién dio la orden? —dijo con solapada felicidad— Pero tuve que irme al verte desnudo. Recordé la otra noche y se me empezó a poner dura la verga, estos pantalones no disimulan nada.

Eren tragó saliva, intimidado por la manera de decir aquella frase y en especial por la palabra empleada. No era común oírle a Rivaille decir esa palabrita, y descubría con excesivo placer que le agradaba que fuera guarro.


Acabo de ver el nuevo episodio del animé y me acordé de este capítulo. Me puse las pilas para editarlo y subirlo. No, en este no mueren caballos (?) cualquiera no lo creería si digo que soy una vegetariana ex activista ecológica XD, pero es la verdad. En fin, lamento mucho anunciar (oh, qué formal sonó) que la Universidad me está follando duro y que el próximo será el último capítulo por causa de fuerza mayor. Me relaja escribir esto, me divierte, pero no quiero dejarlo inconcluso o no darles un final por culpa de la vida real (cochina vida real, nadie te quiere), así que por ese este capítulo es cortito y el próximo es el último (pienso traerlo rápido).

¡Un beso y muchas gracias a los que comentan en anónimo! Al resto estaré respondiendo a la brevedad sus sexys comentarios.

No =( hoy no hay video. No sé cómo compartir los que están en NicoNico, pero les recomiendo hacerse una cuenta y mirar Atack on Rivaille XD En You Tube hay uno que se llama igual, pero no es ese.

PD. Por cierto (me acordé recién), ¿vieron los OVA's de ellos en versión Chibi? Búsquenlo, está online y subtitulado.


9 de agosto de 2013

Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.