XXVIII Lugar erróneo.
La luz de las velas que flotaban despreocupadas sobre nosotros no llegaba a mis pupilas. Un halo negro coloreaba los bordes de mi visión y solo veía a esteban en el centro del huracán.
Su mirada azul, nerviosa, me alertaba de su miedo. Sabía que estaba en problemas y que no se salvaría de esta.
¿Cómo podía pensar en venir a Hogwarts? ¿Qué estaba pensando? Debía estar a salvo en Sudamérica, protegido por la madre selva y los magos nativos, no aquí, matriculado como profesor en el colegio de magia y hechicería más famoso del reino unido que el mago más tenebroso de todos los tiempos tiene en la mira.
Lo mataré, por Merlín que yo misma le quitaré la vida antes de que Voldemort lo haga.
Salí disparada del gran comedor. Frente a la mirada confundida de los párvulos y los profesores. A paso rápido, casi al trote a través de las mesas hasta el vestíbulo, subí las escaleras y me adentré en un pasillo donde hallé un aula en desuso. Entre allí y caminé alrededor locamente enfurecida, como una leona enjaulada. La furia se arremolinaba lentamente en el centro de mi pecho como el peligroso viento que gira y gira a alta velocidad hasta convertirse en un tornado indomable. La magnitud de mi enfado me hizo perder el control de la magia y las sillas rotas que ocupaban el espacio se sacudían con fuerza.
Tenía los ojos negros y opacos como el carbón más puro y la piel totalmente arrebolada por la temperatura que sobrepasaba mi tolerancia.
¿Por qué?- Pensé aturdida.
¿Por qué se atrevió a quebrar mi confianza en él, en que estaba seguro en la selva a miles de kilómetros de distancia con un océano protector de por medio? Sentía que las cosas tomaban lugares equivocados, pero más allá de tener una mesa en el lugar erróneo sentía que mi corazón estaba en el lugar equivocado. Esteban estaba en el lugar equivocado.
Saberle inseguro aumentó mi rabia. Ni siquiera podía hacerle permanecer a salvo por voluntad propia.
- ¿Qué coño está pensando? ¿Qué está haciendo?- Grité, a la vez que algunas sillas se hacían añicos sobre el suelo, formando parte del cúmulo de polvo que revestía el adoquinado como una alfombra.
Mantenía una perorata furiosa donde no podía controlar el negro abismo en el que se convirtieron mis ojos. Lo esperaba, sabía que el vendría. Si tenía el valor de cruzar el océano y venir hasta acá debía enfrentarse a mi furia desmedida. El conoce las consecuencias y debe afrontarlas.
Como si nuestros pensamientos estuvieran conectados, un movimiento nervioso abrió lentamente la pesada puerta de madera.
Detuve mi andar encolerizado y me planté frente a él, con las piernas en A, los brazos en jarra y la mirada negra como una catacumba. Lentamente, su cabello castaño y sus ojos azules se adentraron a la habitación en penumbras. Su figura alta y esbelta se plantó frente a mí y con su profunda mirada y su expresión de disculpa se enfrentó a mi volcánica postura.
Se veía tan frágil e indefenso, tan solo y triste, preocupado y abstraído, necesitado y urgente. No estaba feliz.
De pronto, toda la rabia que había sentido formarse como un huracán desapareció lentamente, drenándose a través de mis pies y esparciéndose sobre el suelo de piedra y polvo convirtiéndose en parte de la mugre.
Lo abracé. Me lancé a sus brazos, atajando su cuello y rodeándolos con mis delgados brazos temblorosos. Una corriente cálida se apoderó de mi interior. Me di cuenta que le había echado de menos, más de lo que alguna vez llegaré a admitirme a mí misma. Lo apretujé entre mis brazos y él en medio de la confusión respondió adentrando su rostro en mi cuello y cerrando los ojos. Igual que siempre lo hacía cuando se sentía aliviado.
Me permití perderme entre la calidez de su cuerpo que me recordaba que estaba vivo y sano, pero no a salvo.
No a salvo.
Me separé de él logrando vislumbrar una sonrisa de bienvenida y una mirada de añoranza que duró lo que tardé en propinarle una fuerte bofetada que coloró sus pálidas mejillas de carmín. Parpadeó un par de veces, confundido, antes de llevarse la mano a la mejilla.
- Pero que...
- ¡Cállate, Esteban!- grité con la rabia renovada y lista para arremeter en su contra.- ¿Que carajos estás haciendo aquí? ¿Tienes la más mínima idea de en donde te has metido? ¿Qué pensabas? ¡¿Qué?! – Grité histérica, enfrentándole.
No me quitó la mirada del rostro. Sus ojos poco a poco se tornaron más oscuros, un azul profundo, un azul océano que adoptaba cuando se enojaba.
- ¿Qué carajo pensabas tú?- arremetió perdiendo la calma. Señalándome con el dedo. - Ni una carta, ni una lechuza, un cabello o alguna maldita señal de que estabas con vida. – Dijo, antes de caminar en círculos alrededor de la estancia dejando sus huellas estampadas en la mugre.
De repente se detuvo y me miró desde su altura, un par de cabezas por encima de la mía.
- La noticia de que Voldemort ha vuelto se esparció como pólvora, llegó a Sudamérica y temí por ti. ¡Pensé que habías muerto! ¡Por Merlín! Pensé que te había perdido y luego no me escribes, desapareces totalmente sin ningún tipo de comunicación. No sabía qué hacer para contactarte. No podía enviar una lechuza porque el correo no era seguro, me lo dijiste en tu última carta y Elbe, esa malagradecida, no quiso venir a ver si estabas viva o muerta.
Se frotó la cabeza con una mano y resopló antes de darse vuelta y darme la espalda exaltada.
Él tenía razón. No había dados señales de vida, el correo no era seguro y un traslador era peligroso con Severus siempre al acecho y un patronus... ni hablar. No con el poder de esta varita. No podía hacer más si quería continuar con mi venganza. Lo mejor era mantener las distancias con Esteban... si algo le pasaba...
- No debiste venir.-concluí- debes regresar. Dile a Dumbledore que no aceptas y vete de nuevo. Estarás a salvo lejos de aquí.
No espere su respuesta y me encaminé a la salida.
- Ni hablar- dijo, y yo detuve la marcha.- Tienes un par de enemigos aquí entre las murallas del castillo. Lo he notado.
Me quedé parada dándole la espalda en silencio. ¿A qué se refería?
- Severus Snape, quién se sentó junto a mí durante la ceremonia de bienvenida, no te ve con buenos ojos.
Abrí los ojos a más no poder. El me miraba la espalda pero me conocía lo suficiente para reconocer la tensión en mis hombros e interpretar mi silencio.
- ¿Me equivoco?- preguntó.
- Esteban, tienes dos horas para largarte. Si estás aquí para ese momento yo misma te echo a la calle.
Salí del aula con la furia contenida y baje las escaleras rápidamente. Los cuadros que colgaban de las paredes se agitaban a mi paso como si una fuerte ventisca viajara a través de los pasillos. Los escuchaba quejarse, pero era apenas un murmullo lejano e inteligible. Mi magia estaba fuera de control y no podía permanecer más tiempo en el castillo sin causar una calamidad. Debía salir de allí y refugiarme en un lugar donde no podía ser encontrada por Esteban... o por Snape.
Salí del castillo sin encontrarme a nadie en los pasillos, la ceremonia había terminado ya. Me encaminé al trote hasta el linde del bosque prohibido, sin embargo, mis pies no eran lo suficientemente rápidos.
La brisa fría de la noche me aletargaba y por Merlín que sentía al pasar del tiempo como una eternidad. No aguante más y sin detener la marcha desparecí con un ¡plop!
Aparecí en un pequeño claro.
Apenas tenía visibilidad entre la penumbra pero veía lo suficiente para recordar ese lugar. Era el claro donde Hagrid escondía a su medio hermano. Giré sobre mi misma y detrás de mí, un poco a la derecha, vi los arbustos que me habían ocultado de la vista de Harry y Hermione en aquel momento y donde Snape estuvo tan cerca de mí que casi muero de un colapso.
Cerré los ojos para saborear el recuerdo que poco a poco se apoderaba de mis sentidos e incluso pude sentir el olor a humo y hierbas de Snape impregnado en el aire. Inhale profundo varias veces para embriagarme de ese olor. Inesperadamente me tranquilizo. Mi presión bajo y mi temperatura volvía a ser la misma de siempre, nunca en el rango de lo normal, pero si lo usual para mí.
Cuando estuve más calmada, me acerque a la raíz de un árbol antiquísimo y me senté sobre ella, sintiendo el moho adherirse a mi túnica y la humedad adentrarse entre los poros de la tela. Me recosté y cerré los ojos.
No podía creer lo que estaba pasando. ¿Cómo era que mi mundo planificado para la venganza se había transformado en una historia llena de dramas y romance?
Con esteban en Hogwarts... abrí los ojos de repente y se me detuvo el corazón al darme cuenta, si Snape se entera de que esteban y yo... me incorporé de un salto y salí corriendo hasta el castillo. Esteban debía irse ahora mismo, dos horas era demasiado para él. Snape podía utilizar oclumancia y enterarse de toda la verdad. ¡De todo! Y mi vida era algo que jamás debía saber, ni él ni Dumbledore.
Esteban sabía oclumancia y legeremancia, pero no era un experto en las artes oscuras como Snape o como yo. Me encontraba segura de que tarde o temprano el encontraría un agujero donde colarse y hallar todos los secretos que guarda la mente de Esteban.
Severus notó que algo no andaba bien entre el nuevo profesor y yo. Lo vi en su cara ruborizada de la rabia. Hará lo que sea necesario para saber de qué se trataba.
Desaparecí de nuevo y aparecí en el aula en desuso de hace unos momentos.
¿Dónde puede estar Esteban?
Salí de allí disparada en su busca. Si él es el nuevo profesor de runas antiguas, su despacho debe estar en alguna habitación del tercer piso.
Subí por las escaleras de mármol a toda prisa y me adentré al pasillo a la derecha, donde dictaban las clases de runas antiguas. Abrí cada una se las aulas encontrándome con salones ordenados, oscuros, silenciosos, vacíos. La desesperación me asaltaba, hacía mella en mí cuerpo y llenaba mis entrañas de angustia y ansiedad. Hasta que al final, vislumbre un tenue halo de luz colado por la rendija de una puerta cerrada, tímidamente se expandía sobre el adoquinado tiñéndolo de un ocre sin luz.
La desesperación aumentó. Corrí hasta allí y sin previo aviso abrí la puerta que ocultaba el despacho. No me equivocaba, él estaba allí. Me miro sorprendido desde el centro de la marea de objetos esparcidos por la habitación. Baúles de todos los tamaños, pergaminos, plumas, candelabros, zapatos, prendas muggles y túnicas de tonos grises y azules como a él le gustaban. Me sostuvo la mirada interrogante y luego frunció el ceño.
- No voy a ningún lado.- dijo- me quedaré, lo quieras o no.
- Esteban...- advertí, mientras entraba en la estancia esquivando los cachivaches.- No puedes quedarte, eres una ventana a mi pasado. Contigo aquí será más fácil para ellos saber lo que deseen.
- ¿Una ventana al pasado?- interrogó, dudoso.- Ha pasado un año y de repente soy parte del pasado.
- No es eso lo que quise decir, sabes a lo que me refiero, si ellos se enteran de que tú...- hice un gesto de exasperación. Ni siquiera podía imaginar lo que pasaría.- Merlín, Esteban es demasiado peligroso para ti. No quiero que te lastimes.
Sopeso mis palabras por un momento, con la vista fija en un punto a mis espaldas, pasando de mí.
- Yo tampoco quiero que te lastimes. Te suplique que no vinieras pero hiciste caso omiso de mis palabras. Viniste sin decirme nada, sin despedirte- su tono ganaba decibeles a medida que hablaba, su rabia iba en aumento.- Desapareciste una noche sin dejarme nada más que suposiciones y ahora me dices, de la manera más hipócrita, que no me quede porque no quieres que me lastime. - Lo siento, pero creo que el daño ya está hecho.
Se separó de mí dándome la espalda y dejándome plantada en medio de la marea de objetos profundamente dolida. Sin embargo, él tenía razón. Me marche sin decirle una sola palabra, no fue hasta que arribé en Londres cuando me comunique con él. Le había herido a conciencia pero era por nuestro bien, era por esta venganza.
- Tengo mis razones Esteban lo sabes perfectamente.
- ¿Tus razones para suicidarte? ¡Por Merlín! Tú no has venido a vengarte por lo que paso, ¡Lo has hecho por orgullo!
- ¡Basta! Mis razones no importan ahora. Lo único que importa eres tú. Tú y el peligro que corres aquí. Tus pensamientos no son seguros con Snape rondando.
- Lo sé. - dijo serio- Snape, un tipo muy extraño debo decir, trató de penetrar en mi mente después de la ceremonia de selección.
Me examinó durante un rato mientras esperaba alguna reacción de mi parte. El noto que Snape se las traía conmigo y quería saber cómo reaccionaba ante la mención del evento.
- Cuídate de él.- traté de sonar calmada pero creo que no tuve éxito.- es un mago muy hábil.
- Eso no es lo que me preocupa- dijo, frunciendo el ceño.- Sospecha algo y tengo el presentimiento de que serás tú la perjudicada.
Eso era preocupante. Él era tan perceptivo como yo. Ya tenía a Snape en la mira y en cierto modo eso me inquietaba, por alguna razón temía que algo saliera a la luz, algo importante... pero ¿Qué?
Nos miramos por un largo rato tratando de ganar una disputa silenciosa, un debate mudo.
- Me quedaré- sentenció, sin apartar su mirada decidida- No importa lo que pienses.
Una flama se apodero de mi estómago.
- Tú y tu bendito hábito de pasar sobre mis decisiones.- Me acerqué a él desafiante, dejando que el ardor de mi estómago se filtrara por todo mi cuerpo aumentando mi rabia.- No puedes seguir haciéndolo, debes dejar de pensar en mi como una criatura indefensa y estúpida tienes que...
- Sérène - escuché desde el pasillo. Por un momento pensé que era Snape pero me equivocaba. La voz de Albus volvió a llegar a mis oídos.- Vaya sorpresa. Venia justo a ver como el profesor Collingwood se instalaba.
No le creí, por alguna razón Albus Dumbledore siempre sabía lo que sucedía a su alrededor, como si tuviera ojos y oídos en todos los muros del castillo. Me sentí inquieta de repente.
Esteban mantuvo la calma.
- ¿Se conocen de algún lugar?- preguntó con una sonrisa tierna e inocente que no me tragué.
Albus nos había descubierto y no sabía cuánto logró escuchar de nuestra disputa.
- Solo vine a darle la bienvenida al profesor.- Dije, suspirando.- Con permiso.
Me retiré de inmediato sin mirar a nadie, con la excusa flotando en el aire salí disparada al baño del segundo piso. Las cosas acababan de complicarse y con ello mi corazón se dividía.
Que la primera clase del año fuera runas antiguas era un presagio. Me sentía en un infierno perfectamente pensado para mí.
Harry, sentado a unas bancas de distancia, me echaba miradas furtivas con el ceño fruncido. Claramente curioso por mi comportamiento la noche anterior. El resto no parecía notar que mis ojos estaban tan negros como el Bosque Prohibido en mitad de la noche y que mis mejillas arreboladas de carmín ardían como la rabia que gorgoteaba en la boca de mi estómago.
Las hormonales chiquillas exhalaban feromonas al suspirar mientras miraban con ojos soñadores al rubio de ojos azules que dictaba la clase con una sonrisa deslumbrante y un porte de encanto. Los chicos chirriaban sus dientes de enojo y yo me uní a ellos formando una melodía grotesca.
Maldito sea el encanto de Esteban.
Sin lugar a dudas su aura llena de luz y de brillo atraía a quien se encontraba a su alrededor, como la luz atraía a las moscas. Era imposible no admirar su carisma y no sentirse hipnotizado por su sincera sonrisa de disfrute.
Era una atracción para la vista, un deleite para el sediento.
- Profesor- llamó una chica de cabellos negros con aire risueño que estaba sentada un par de asientos delante de mí.- ¿Qué edad tiene? ¿Es usted casado?
Esteban interrumpió su discurso y amplió su sonrisa amable, embobeciendo aún más a las estúpidas niñas. Disfrutaba de la situación, podía notarlo en sus pupilas claras.
- Bueno...- comenzó conteniendo una risa burlona- Tengo veintinueve años, diría que puedo ser el hermano mayor de alguno de ustedes.
Un chico de cabello rizado hizo un gesto de asco acompañado de un sonido repugnante que Esteban ignoro olímpicamente.
- Y...- las chicas se enderezaron en sus asientos, prestando atención. Yo tomé aire para no lanzarles un avada kedavra allí mismo. - No estoy casado, pero mi corazón está comprometido.
Dicho esto se giró en mi dirección y guiñó un ojo.
Fue un movimiento rápido pero perceptible.
Abrí los ojos a más no poder, incrédula. Todos voltearon a mirarme. Las chicas enojadas y los chicos chiflando enloquecidos.
Arrugué la cara y lo fulminé. Él sabía que lo estaba masacrando de diferentes formas en mis pensamientos pero su sonrisa no flaqueaba mientras escondía sus manos en los bolsillos de su túnica gris plomo, adoptando una pose despreocupada y divertida, fresca.
No toleré su burla y aparté la vista. En cuanto giré la cabeza me topé con tres pares de ojos curiosos, observándome bajo sospecha. Harry y sus compañeros tejían sospechas en su cabeza en torno a mí. Casi podía verlas tejiéndose, armando un patrón alocado.
Esto era una mala idea, Esteban no podía permanecer aquí y hacer uso de su galantería ridícula delante de todos sin pensar en las consecuencias, era una complicación más que adicionar a todas las situaciones difíciles de este año.
Harry, Dumbledore, Snape y ahora él.
Mi cuerpo no lo soportaría. Debía echar a Esteban de allí, y haré lo que sea para lograrlo, pronto.
Mis amores, he vuelto y debo decir que en este capítulo tengo muchísimo que agradecerles:
Primeramente, todas las lecturas que tiene esta historia, me emociona a sobremanera saber que llega a tantas personas y que disfrutan de ella.
Segundo, a todos aquellos que dejan sus reviews, son un amor. Me encanta leerlos y saber que les complace lo que escribo. No hay mejor recompensa para un escritor que eso.
Tercero, a quienes tienen la historia entre sus favoritos, o la siguen, y están al pendiente de los nuevos capítulos. Debo nombrarlos a cada uno y DEDICARLES ESTE CAPÍTULO porque se lo merecen.
Aigo Snape
AlaskaDiehl
Alexza Snape
Ana Von Slyth
Aquellos Tiempos
DakuJoo-Hela
HarukaJKGG
Keyhlan
Kusama-Shiori
Martinikao Riddle
Miss Traductor
cardiel
dana masen cullen
francaborioli
sasa-1991
yooyaa
Y, quienes la siguen:
AlaskaDiehl
Ana Von Slyth
DakuJoo-Hela
Dany Chezhire
Indira de Snape
Miss Traductor
dana masen cullen
yooyaa
Cuarto, aquellos anónimos que pasan a leer, aunque no dejen comentarios o no tengan la historia entre sus favoritos, también son importantes para mí. El que disfruten de la lectura es suficiente para alegrarme.
A todos, muchísimas gracias por su paciencia para conmigo y lo lenta que soy para subir nuevos capítulos. :*
Finalmente, debo confesar que me emociona este capítulo porque tiene muchas interrogantes: ¿Qué piensan que pasará ahora? ¿Quién es Esteban realmente? ¿Qué hará ahora Dumbledore que los ha pillado? ¿Qué están pensando Harry, Ron y Hermione? ¿Les ha gustado el capítulo? ¡Cuéntenme! Me muero por saber que piensan.
Hasta el próximo capítulo, Se les quiere.
Un millón de abrazos. :* :* :*
