XXX Pasiones frías.
Me quedé pasmada ante el escenario
Dumbledore sentado en su escritorio con la mirada laxa. McGonagall definitivamente no estaba de humor ese día, Esteban parado cruzado de brazos visiblemente irritado Y Severus, con sus pupilas negras enmarcadas con oscurísimas ojeras y un ceño fruncido.
- Srta. Boissieu.-dijo Dumbledore, llamando mi atención- Me temo que hay ciertos rumores en los corredores del castillo.
- Se dicen muchas cosas en los corredores del castillo profesor Dumbledore. –respondí, con cautela estrechando los ojos. Aun no sabía a qué venía todo este espectáculo.
- Estos rumores, Srta. Boissieu la acusan de cometer una falta gravísima- esta vez Minerva habló, totalmente ofuscada. No se molestó en ocultar su irritación.- Dicen que usted mantiene una relación poco adecuada con un profesor de Hogwarts.
Todos quedaron en silencio mientras mi corazón palpitaba con fuerza lastimándome las costillas. Trate de no parecer culpable pero el asombro y la culpabilidad me invadían.
- ¿Ah sí? Pregunté, nerviosa y perdida. Involuntariamente miré a Severus de reojo mientras tragaba saliva. Su mirada no había cambiado, seguía iracundo.
¿Qué le pasaba? Acababan de descubrir que nuestra relación de odio sobrepasaba los límites de lo apropiado, que nuestra furia hacia el otro era tan intensa que se transformaba en una pasión impregnada de posesión, una lucha por el dominio del otro, aplastarle con el odio mezclado con la pasión. No era amor, al menos no de su parte, era un deseo naciente de la necesidad de dominar.
- Sí. - Respondió Minerva, lacónica.
Miré a Albus buscando en él algún indicio de que sabía la verdad, estaba consciente de que él sabía algo pero no sé hasta qué punto tenía conocimiento de lo que sucedía entre Severus y yo. ¿Le habría contado Severus? Él le tenía una confianza ciega a Dumbledore… pero, ¿Qué tan ciega era?
En sus ojos azules había una suspicacia guindando de sus lentes de media luna y, la confirmación inequívoca de una sospecha verdadera.
Aparté la mirada.
En ese momento Esteban se acercó a mí. Repentinamente su aura estaba agitadísima y pesada, solo se tornaba como el plomo ardiente cuando su sangre bullía de furia.
- Nos acusan de mantener una relación amorosa.- dijo, mirándome a los ojos.
Fruncí el ceño y me relaje un poco... sentí como el peso de mis hombros caía al suelo y rebotaba como una gran masa de grasa putrefacta. Esa culpa y ese temor de ser descubierta mermo, al menos un poco.
- Una acusación grave-repitió McGonagal, levantándose de su asiento y caminando hacia mí.- Le recomiendo que explique a que se deben estas habladurías.
- Usted misma lo ha dicho, profesora. Son habladurías. Generalmente, las habladurías son sin fundamento. - Sus ojos flamearon e hizo un gesto de disgusto.
- Generalmente. – repitió.
- Eso no es cierto de cualquier manera-respondí, sosteniéndole la mirada- ¿Por qué mantendría una relación con un profesor? Eso sería .do.- recalqué venenosa con intensión de calar hondo en la mente de cierto caballero.
Sentí que su aura flameo con disgusto.
Minerva y yo mantuvimos una guerra de miradas. Notaba en sus ojos que creía aquello de lo que se acusaba. ¿Cómo se sentía tan segura de eso?
- La verdad-dijo Esteban interponiéndose entre nosotras, protegiéndome de la mirada afilada de McGonagal- Es que Sérène y yo... si tenemos una relación.
Escuche como todas las respiraciones se cortaron, incluyendo la mía. No pude evitar mirar a Severus en un movimiento involuntario, apretaba los dientes y sus músculos maxilares se marcaban. Sus ojos eran muy negros, demasiado y su cara se ruborizó tanto como su aura que bailaba histérica alrededor de su cuerpo.
Regresé la mirada, incapaz de sostenerla por más tiempo.
- ¡Esteban!- Exclamé agitada.
- Hay que decirles, Sérène. Es nuestra obligación.
- Ni se te ocurra- advertí lentamente.
Me ignoró por completo, girándose en dirección a Dumbledore.
- Sérène y yo... estamos comprometidos.
- ¡No!- Grité antes de que culminara, ahogando un poco su frase.
Todos volvieron a quedarse en silencio, uno aplastante y demoledor. Yo tenía la respiración acelerada, los ojos negros como el abismo y la piel roja como una manzana, no parecía yo pero lo era, era Sérène Boissieu en estado de shock. No sabía que decir, no sabía qué hacer.
Sentí arrepentimiento, debí haber echado a Esteban en el preciso momento que le vi en el comedor de Hogwarts. No debí permitirle quedarse.
- No…-comencé, mientras movía lentamente la cabeza para marcar la negación que apenas era un susurro. - No es cierto.
- Sérène - Esteban posó su mirada en mí, una mirada significativa. Me pedía a gritos que callara y le dejara ser.
Pero yo no podía. El aura rabiosa de Snape me advertía desde una esquina que le calmara, flameaba y danzaba histérica, densa, brumosa. Me suplicaba que desmintiera y eso era lo que quería. Necesitaba calmarle.
- No- Dije, recobrando la compostura. Me enderece y aclaré mi garganta, tome aire y la determinación volvió a mi.
- Te he dicho millones de veces que no debes mentir, Esteban.
Él me mira con los ojos estrechos.
- Vaya, eso deberías aplicarlo.
- No me hables así- Le reñí.- No soy tu hija, ten más respeto.
- ¡Suficiente!- dijo Dumbledore, claramente irritado. Había abandonado su asiento y se dirigía hacia nosotros.- Esta de más aclarar que una relación de esa índole entre un profesor y una alumna está prohibida.
Una pequeña fisura atravesó mi corazón. Pero la aparté de inmediato.
¿Qué te pasa, Sérène? No es como si tú fueras una alumna de verdad. Todo esto es un circo.
- Profesor Dumbledore. – Le llamó Esteba nuevamente, en una clara muestra de respeto- Si me permite aclararle en nuestra defensa, este compromiso fue acordado por nuestros padres hace mucho tiempo. Sérène era apenas una criatura cuando el acuerdo quedó pautado.
- Esteban...-advertí al darme cuenta de lo que tramaba.
- No es justo que nos acusen de esto Sérène. No cuando se trata de una situación que no elegimos.
Nadie habló por un instante. Yo no podía pensar con claridad, todo este teatro me había tomado por sorpresa y si era sincera conmigo misma, me encontraba mucho más preocupada por la molestia que sentía Snape que por la embarazosa situación en la que me encontraba sumergida hasta el cuello. No me dejaba concentrarme.
Maldito sentimiento. Pensé escandalizada por mi propio comportamiento, totalmente irracional.
- Podrían anularlo ahora que ambos son mayores de edad. – sugirió McGonagal, extrañamente más calmada.
Esteban y yo nos miramos. Negué con la cabeza rogándole que no continuara con esto y devanándome los sesos en busca de una solución que no veía.
- Lo hemos intentado.- pronunció Esteban, mirando directamente a Minerva, clavándole los ojos azules que mentían con tanta naturalidad- Los padres de Sérène murieron hace mucho, por lo que ella podría zafarse fácilmente de este compromiso, pero mi madre sigue con vida y desgraciadamente, insiste en mantener la promesa.
El despacho de Dumbledore quedó sumido en el silencio más diáfano mientras analizaban las palabras de Esteban. Sin embargo, podía escuchar claramente mi corazón galopar desesperado. No entendía a ciencia cierta porque me preocupaba tanto que las palabras de Esteban calaran profundamente en la mente de Severus. Después de todo, una relación entre nosotros no será nunca posible. Mientras esta guerra siga en pie, nunca, jamás sucederá nada.
- Bueno... Sérène, ¿Es eso cierto?
No dije nada. Si negaba las palabras de Esteban, tendría que inventar cualquier otra cosa que me vinculara a él, quizás… no de forma directa porque eso sería es peligroso para ambos, para esta venganza, pero que...
Todos interpretaron mi silencio como una afirmación.
- ¿Qué hacemos, Albus? - Preguntó McGonagal repentinamente perdida entre toda aquella información.
- No lo sé, Minerva. Nunca se había presentado una situación similar en Hogwarts. Un profesor comprometido con una alumna.
Dejo de mirar a McGonagal para posar sus ojos azules en mí. Me decían que no creía ni una palabra de lo que afirmábamos.
Dumbledore era el único que conocía mi historia, a excepción de Nicholas Flamel. Era evidente en sus rasgos que solo nos seguía el juego. Esta incómoda situación no había terminada aún. Apenas comenzaba.
Una hora después del incidente en la oficina de Dumbledore nos perdonaron la existencia. McGonagal nos hizo jurar que entre nosotros no había ningún sentimiento más que el compromiso pautado por nuestros padres y además… tuvimos que prometer guardar el secreto, si algo como esto explotaba en Hogwarts, las cosas no irían bien entre los alumnos. Era mejor callar, y por Merlín que era lo mejor.
Estaba enojadísima con Esteban. No podía creer lo que había hecho.
¿Qué carajos le pasaba? Lo iba amatar, lo haría. Quería reprocharle como colocó mi plan de venganza patas para arriba, pero era demasiado pronto para aparecerme en su despacho y que alguien pudiera descubrirnos conversando y entonces, los problemas aumentaría.
Necesitaba aire, mucho aire.
Ya pasaba la medianoche, la oscuridad estaba impregnada de una fría brisa otoñal y yo necesitaba refrescar mi cuerpo. Me enfundé la túnica negra sin distintivo y me dirigí al baño del dormitorio, allí desparecí con un ligero ¡PLOP!
Aparecí a orillas del lago. Cerca de unos matorrales, coronados por unos árboles frondosos que se mecían al compás de la brisa fría.
Sabía de antemano que solo la brisa no sofocaría mi ardiente temperatura así que me deshice de la túnica y me adentré al lago, solo con la ropa interior puesta. Necesita el contacto helado de las aguas oscuras, una oscuridad que me recordaba a un tono similar, de unos ojos ofuscados.
Es mejor así-pensé- es mejor que me odie y saber que no tendré una oportunidad con él, a ilusionarme con un imposible. Esta venganza, esta vida, jamás me permitirá amar a nadie más. No está en mi destino.
Y era la verdad, nada más cierto que aquello. Repetí varias veces la frase en mi mente, mientras me sumergía totalmente en el agua del lago. Estaba helada, tanto que podía sentirla bajar la temperatura de mi cuerpo. Me refrescaba la piel ardiente y con ello, la mente. Pensaba con mayor claridad ahora. Imaginé que al sumergirme entre las aguas me depuraba de todos los pensamientos y acciones que me desviaban de mi propósito. Eran demasiadas cosas sobre mis hombros, muchas promesas que cumplir.
Permanecí en el lago tanto tiempo como pude, flotando perezosamente sobre la superficie admirando el cielo, repleto de estrellas titilantes. Una visión hermosa, exótica. Hacía muchísimo tiempo que no me detenía a mirar al cielo estrellado con detenimiento, observarle repleto de luz mientras trataba de adivinar dónde se encontraba cada constelación, nunca fui buena con eso. Por vez primera en dieciocho años, me sentí relajada. Fuera de tiempo, espacio y lugar. Como si todo hubiera desaparecido por un instante, incluso mis promesas, mi misión y mis preocupaciones.
Respiré profundo y me sentí renovada. Noté como mi cuerpo estaba relajado y fresco. Tan fresco como no lo había sentido nunca, ni siquiera aquella vez que me enterré desnuda en la nieve buscando sofocar la temperatura de mi piel.
Salí del lago con una sonrisa en el rostro y un cuerpo ligero, como no lo había sentido nunca. También me sentí un poco más optimista. Con la mente más relajada podría pensar mejor en qué hacer con Esteban y que decirle a Dumbledore.
Llegué a la orilla del lago y cogí mi pelo naranja totalmente empapado entre mis manos para escurrirlo. Una punzada de advertencia hizo que me detuviera en seco. Alguien estaba cerca. Miré alrededor y allí había alguien. No solo estaba peligrosamente cerca, sino que me veía fijamente desde su posición a pocos metros de distancia. El corazón se me aceleró y mi reciente tranquilidad desapareció por completo en cuanto me di cuenta de quién era.
Me quedé de piedra frente a él mientras mi corazón se esforzaba por no perder la batalla contra las palpitaciones alocadas.
Severus me miraba con un brillo de furia en los ojos. Mis brazos cayeron pesadamente a ambos lados de mi cuerpo…
¿Qué quería?
Me examinó por un momento, con los ojos rojos de ira mientras yo me encontraba petrificada y con los ojos muy abiertos. Hasta que lo notó…
Tardó en darse cuenta, pero finalmente notó el brillo de mi piel desnuda bajo la luz platinada de la luna. Su expresión cambió totalmente de furioso a sorprendido. Sus ojos se abrieron y sus labios se separaron ligeramente. No creo que fuera a voluntad, pero sus ojos se deslizaron por cada centímetro de mi piel, barriendo mi cuerpo de pies a cabeza, lentamente, como si pudiera tocarme con la mirada. Una corriente subió desde mi sexo hasta mi cabello haciéndome estremecer, de pronto toda la frescura que me había proporcionado el lago se desvaneció totalmente siendo reemplazada por ligeras olas de placer que elevaban peligrosamente mi temperatura.
Estábamos estáticos. Yo con los hombros rígidos, siendo víctima del escrutinio de sus ojos, donde la lujuria y la rabia libraban una batalla por el dominio de su cuerpo.
Me sentía fogosa, peligrosamente encendida.
Tienes que detenerlo Sérène. Detén esto.
Sacudí mi cabeza consciente de que estaba prácticamente desnuda ante sus ojos azabaches. No sentía pudor sino miedo de caer presa de la lujuria y cometer una locura.
Agradecía haber tomado ese baño helado que me permitía pensar con mayor claridad en este momento.
Caminé en dirección a la túnica que había dejado guindada de un árbol de tronco robusto y ramas finas. Pasé de él por completo, ignorando su presencia tanto como podía. Al menos en mi mente porque mi cuerpo seguía demasiado consciente de su proximidad, su presencia era un imán para mi cuerpo que se sentía atraído en su dirección, como si recordara nuestro último encuentro y deseara culminar lo que comenzó aquel día, pero me obligué a seguir mi camino rumbo al árbol.
Le ignoré tanto como pude, dándole la espalda, bajando la túnica de la rama y tratando de colocármela y cubrir mi cuerpo de su escrutinio que me encendía la piel.
Luego, todo pasó muy rápido.
De repente, mi espalda se encontraba siendo rasguñada por la rugosa corteza del árbol y frente a mí rozándome la nariz Severus me enfrentaba. Mis ojos se tornaron negrísimos debido a la sorpresa, y no solo mi piel ardía, mi sexo abrazaba gracias a lo peligrosamente cerca que le tenía, casi tan cerca como el día en el que nuestro deseo se salió de control en su despacho.
Me tomaba de los brazos, y allí dónde sus dedos se ceñían a mi antebrazo, me ardía la piel aún más. Alcé la cabeza y me encontré con sus ojos y la batalla que se libraba en ellos. Su respiración era pesada mientras me contemplaba con el ceño fruncido.
- ¿Qué quieres?-logré decir en algún momento después de haber estado contemplando la danza en sus ojos, honestamente, deseaba que la lujuria ganara sobre la furia.
- Al parecer-susurró tranquilo, haciendo gala de su autocontrol.- las mentiras son tu especialidad, Boissieu.
- No sé de me que hablas- respondí de manera automática. No pensaba con claridad, aún me ardían los brazos debido a su contacto.
- Collingwood- dijo, apretando los dientes- Lo que ha dicho ese bastardo no es cierto.
La sangre me hirvió de rabia.
- No se te ocurra llamarle bastardo de nuevo- respondí, a su ofensa dejando que todo el ardor de mi cuerpo se reflejara en mis ojos. Sonrió malicioso.
Por merlín que, incluso vistiendo esa sonrisa burlona, se veía demasiado sensual. Alejé el pensamiento. Había insultado a Esteban y eso no lo permitiría.
- Sólo confirmas mis sospechas, Boissieu. Todo lo que gira en torno a ti es una mentira. Desde tus propósitos para entrar en Hogwarts hasta el falso compromiso con Collingwood.
- Tú no sabes nada de mí, Severus. – respondí con el corazón dividido. Snape era un hombre demasiado inteligente, calculador, perceptivo, nada escapaba de su conocimiento. Este teatro no era la excepción.
- Te equivocas, Boissieu- susurró intensamente bajando su mirada a mis labios. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, como si este anticipara lo que vendría a continuación.
Severus se arrimó más a mi cuerpo, ahora le tenía en todas partes, pegado a cada milímetro de piel desnuda haciendo que ardiera como una hoguera y que mi vientre se descontrolara ante su cercanía.
Comencé a temblar.
Snape dejó escapar una pequeña risa socarrona, poco audible y rápida pero era una risa. Se burlaba de mis reacciones ante el toque de su cuerpo. Deslizó sus manos por mis brazos desnudos, de arriba abajo hasta llevar a la altura de mi cintura y hacerla prisionera de su abrazo apretado, en el momento que me envolvió entre sus fuertes extremidades se las arregló para colocarse entre mis piernas y enterrar su nariz en mi cuello. Sus rápidos movimientos me hicieron soltar el aire que contenía sin darme cuenta. Podía sentir la satisfacción manar de su aura.
Entonces supe que esto no terminaría bien. No por lo que él estuviera dispuesto a hacerme, sino por lo poco dispuesto que se encontraba mi cuerpo por apartarle.
Severus besó mi cuello suavemente, posó sus labios en la piel expuesta presionó con delicadeza y lentamente dejé que sus labios soltaran mi piel con un chasquido haciendo que se me erizara el vello de los brazos. Gemí sin fuerzas para detenerme.
- No creo nada de lo que dijiste en la oficina de Albus- susurró, mientras recorría la piel de mi cuello.-estás escondiendo algo.
- Siempre- gemí- esta de más decir que no te lo diré.
-Lo sabré. Tarde o temprano.
- Solo espero que sea demasiado tarde para entonces.
Paró de besarme y me miró a los ojos.
- Es la segunda vez que lo dices. ¿Qué planeas?
-Una venganza- admití sin poder apartar mis ojos de los suyos.
Severus me miró intensamente tanto que pensé que estaba leyendo mi mente pero no lo hizo. Ni siquiera lo intento. Sin apartar su mirada ni suavizar su ceño una chispa se encendió en el profundo mar de sus ojos negros. Volvió a sonreír pero esta vez no había humor en esa sonrisa. Era un gesto lleno de rencor, enojo.
Mi corazón se disparó y pronto supe que esta noche algo cambiaria.
Severus enterró su nariz en mi piel nuevamente y aspiró mi aroma, yo me derretí ante el cosquilleo de sus exhalaciones. Sus manos bajaron a mis muslos y en un rápido movimiento me subió a su cintura. Sin pensarlo siquiera mis largas piernas se enroscaron a su cuerpo sujetándose firmemente como si fuera una costumbre arraigada. Mis labios quedaron a la altura de los suyos en un perfecto encaje.
Esta mal todo esto está mal. Sin embargo ya no podía parar.
Con mi último pensamiento coherente le agarré por la nuca y le atraje hacia mí fundiéndome en sus labios.
No era un beso apasionado. Era una lucha por la dominación. Nos comíamos a mordiscos intentando ganar una batalla desigual.
Y yo tengo todas las de perder- pensé en un efímero segundo de lucidez.
Snape se aferraba fuertemente a mis muslos y mi cintura a este punto sus caderas ya habían comenzado ese vaivén tan exquisito. Todo su cuerpo me rosaba la piel húmeda haciendo que su ropa me lastimara un poco.
Maldita levita.
Y fue todo lo que necesite para bajar las manos a su cuello y de un tiró salvaje arrancarle los primeros botones de la levita. Abrí tanto como pude y teniendo ya su piel expuesta le toque.
Introduje mis manos entre los pliegues de su ropa, tocando su pecho por vez primera. Sentí su piel ardiente con relieves que demostraban un pasado muy duro.
En cuanto le toqué, Severus gimió tan fuerte que su sonido hizo eco en mis oídos. Su gruñido reverbero las llamas de mi excitación. Nuestro beso se volvió más salvaje y demandante. Ya no tocaba solo su pecho expuesto también halaba su cabello y me sostenía de sus brazos. Nunca le había tenido tan cerca. Nunca le había sentido tan mío.
De repente Severus arrancó mi brasier y el fuerte tirón hizo que la piel ardiera.
Por un momento pensé que seguiría besándome pero lo que hizo me sorprendió aún más.
Me contemplaba. Sus ojos negros bañados en lujuria ahora poseían una mirada más suave, contemplativa. Como admirando aquello que veía grabándolo en su memoria de alguna manera, poco a poco deslizo su mano desde mi cintura, barriendo sus dedos a través de mi estómago hasta llegar a aquello que le llamaba tanto la atención. Le vi inhalar profundo y yo imité su gesto en cuanto su mano alcanzó su objetivo. La electricidad recorría cada terminación nerviosa de mi cuerpo, la sensación era tan placentera y embriagante que no pude seguir manteniendo los ojos abiertos. Poco a poco se cerraron hasta que, privada de la visión, mi placer aumentó. Ahora sentía como si me encontrara en el más erótico de mis sueños siendo consumida por un placer que no podía describir. No solo sus manos también su lengua exploraba todo el terreno a su merced. Hasta que tomó mi boca de nuevo y ya no luchábamos por dominar.
Había algo diferente en ese beso.
Por supuesto. Estas entregando tu corazón, cuerpo y alma en esta velada, Sérène. Pensé sintiendo que la decepción me embargaba.
Y él lo sabía. Sabía perfectamente que me tenía entre sus manos y usaba eso para amedrentarme como ahora.
Estás perdida, Sérène. Perdiste hace mucho.
Sabía perfectamente que si continuaba no habría marcha atrás. El agujero de mi corazón se haría más grande y eso consumiría todo mi ser como un agujero negro a las estrellas del universo pero detenerme no era una opción no ahora que Severus estaba tan dispuesto a entregarse a mí, que sus besos eran tan delicados y apasionados a la vez, no había luchas de poder sino una entrega igualitaria. Era imposible detener el magnetismo que me mantenía pegada a su cuerpo.
Arranqué otros botones de su levita y más de cuerpo quedo expuesto... le acaricié como siempre había soñado hacerlo, y recibí sus gemidos y mordiscos suaves en recompensa por mis caricias.
Snape bajo a mi cuello y exploró toda su extensión.
- Severus- gemí, mientras me aferraba a sus hombros y aumentaba el sensual ritmo de mis caderas.
Él se detuvo y nuevamente posó sus ojos en los míos. Estaba tan brillantes que me sorprendió verlos así. Respirábamos con dificultad tratando de recuperar el aire que nos habíamos robado a besos. Él tragó grueso mientras me observaba con esa mirada contemplativa de hace unos momentos, sin rencor sin sospechas, sin nada más que la sensualidad nadando en sus pupilas. Unos sentimientos que no duraron demasiado
Con la respiración entrecortada y el ceño frunciéndose poco a poco Severus Snape recitó las palabras que cavarían un agujero profundo en mí ser:
- ¿Pretendes que no me alarme después de tus desalentadoras palabras? -fruncí el ceño al sentir como esa frase hizo eco en mi cabeza- No te preocupes, no iré a Inglaterra en la próxima temporada. A pesar de ello, no puedo prometerte nada.- Severus apretó su agarre en mis muslos y cintura con rabia enterrándome las uñas en la piel- Mantente a salvo, no soportaría perderte. Te ama, E.C
Me quedé estática ante aquello. Recordando repentinamente esas palabras, escritas en un pergamino hace mucho tiempo. Un pergamino que fue arrancado de mis manos y nunca devuelto.
- EC- dijo, mientras me sentía desfallecer- Esteban Collingwood.
Me quedé helada entre sus brazos. Pareció notarlo ya que me soltó y con cierto esfuerzo se apartó unos pasos, respiró profundo varias veces sin apartar la mirada de mi cara asombrada y expectante.
- ¿Pensaste que no lo relacionaría, Boissieu?
De repente me sentí totalmente desnuda ante él, no solo mi cuerpo sino también mis secretos. Levanté las manos para taparme el busto que brillaba gracias a la luz de la luna.
- Deberías avergonzarte de tu comportamiento, Sérène. – Pronunció mi nombre con demasiada acidez, una que no había utilizado jamás.- Profesándole tu amor a un joven- se acercó a paso felino hasta mí quedando a mi altura- y entregándole tu cuerpo a otro.
Nos quedamos en silencio escuchando los vestigios del eco de su voz al pronunciar aquellas palabras. Podía ver en su rostro que estaba satisfecho con lo que había hecho: humillarme, nuevamente. Utilizar su cuerpo y sensualidad para rebajarme y pisarme de nuevo, no dos veces, no esta vez, no lo permitiría, no ahora que una ola de furia se arremolinaba en mi interior y me daba fuerzas para enfrentarle.
Me acerqué más a él con paso firme y el desafío en la mirada y sin más le propiné una bofetada con tanta fuerza que incluso mis manos escocieron y mi corazón dio una sacudida de culpabilidad. Pero no desistí, le haría frente a su altivez y no dejaría que se saliera con la suya, no esta vez.
Mis amores, he vuelto.
¿Qué tal está el capítulo? ¿Les gustó? Estoy emocionada, quiero saber que tal quedó.
Quiero agradecerles a todos por su apoyo a la historia, los reviews y los favoritos, me llenan de mucha satisfacción. Como siempre es un placer escribir para ustedes.
Este capítulo va dedicado a todos los que tienen esta historia entre sus favoritos y la siguen, son un amor.
