XXXII Revelaciones a terceros.
¿Tiempo de unirme oficialmente?
- Pensé que ya era miembro oficial- pronuncié con amargura. ¿Acaso Dumbledore estaba jugando conmigo?
- En efecto- respondió a la vez que yo fruncía el ceño. No entendía nada. - Como miembro de la orden jugaste un papel fundamental en el descubrimiento de los planes y en la derrota de Voldemort hace unos meses- torcí el gesto. Si Voldemort no estaba muerto difícilmente podría llamarse una derrota-. Pero no te he presentado al resto de los miembros de la orden. Ellos... están ansiosos por saber más de ti.
Sopesé sus palabras. Hacerme miembro oficial, ¿Dependía de la presentación de mi persona ante el resto de los miembros? Luego recordé mi interpretación en el Ministerio de Magia y deduje el por qué.
- Supongo que algunos miembros querrán corroborar algunas cosas. Y saber si soy confiable o no... - Albus sonrió apenado. Una pena que no le llegaba a los ojos.
- Bien, no tengo inconvenientes con eso. Si quieren saber sobre mi bien, también me gustaría saber sobre ellos.
- ¡Espléndido! Tendremos una reunión esta noche- dijo a la vez que se sentaba en el escritorio de roble- Debo revelarte la ubicación del cuartel de la orden para que llegues allá. Saldré con Harry esta noche y…
- Sé a dónde ir- corté. Dejándolo un poco sorprendido- Vislumbré el cuartel de la orden en una visión que tuve al tocarte el año pasado. Cuando me enteré de la Orden del Fénix.
- ¡Oh!- exclamó suavemente con una mueca de desconcierto en su rostro.- Todo este tiempo has sabido como entrar al cuartel de la orden y nunca has ido allí.
- No estaba en mis planes. Te lo he dicho Albus, mi venganza es cosa aparte. Tengo mis propios planes.
Asintió pensativo.
- Bien, entonces te esperaremos. Aparécete en el último escalón. No creo que sea un problema para ti.
- En lo absoluto- Un momento de silencio nos acompañó hasta que una frase que había estado rondando en mi subconsciente salió de las profundidades.
- ¿A dónde llevarás a Harry?
Dumbledore miró su mano ennegrecida casi esquelética y una mueca de profunda preocupación cinceló su rostro. De repente toda la estancia quedó en un silencio denso, los cachivaches ralentizaron su ruido y Fawkes chilló tristemente. Como si todo el lugar se amoldara a la tristeza que Dumbledore sentía.
- Sérène, no importa cuánto tiempo quise posponer este momento, ha llegado la hora de que Harry ocupe su lugar, el lugar que la profecía le ha dado.
Callé esperando a que continuara
- Conoces el contenido de la profecía, ¿No es así?
Suspire profundo. Aquella era una realidad difícil de digerir.
- Sí. Deduzco que... Harry deberá...
- En efecto. Pero antes debe cumplir una misión, ya que yo no podré hacerlo.- miró su mano esquelética- No me queda mucho tiempo.
Me levante de la silla de un salto, era todo lo que podía soportar. Era difícil aceptar que Dumbledore siempre sabio, siempre atento a los detalles, haya sucumbido a la idiotez de calzarse un artilugio maldito y acortar su vida. En el instante que la visión llego a mí a finales del verano me di cuenta que tarde o temprano estaría sola en esto como en un principio.
- Eres un idiota- le dije sin reparos y sin miedo de ofender al ser que me abrigo en Hogwarts aun cuando no tenía motivos para permitirlo.
- Suelo verme de esa manera algunas veces.
Nos quedamos en silencio. Escuchando el sonido de nuestras respiraciones acompasadas, los cachivaches haciendo ruido y Fawkes sacudiendo su cuerpecito sin plumas.
- ¿Cuál es el plan?- pregunté ansiosa.
- Bien. No puedo ser explícito en cuanto al plan se refiere, pero ya que estás enterada de cosas que otros miembros de la orden ignoran debo darte detalles.
Me miro con intensidad, el azul de sus ojos traspasaban los cristales de sus anteojos de medialuna taladrando los míos.
- No hay garantías de que no me dé por enterada.
- Lo sé.- confirmó- por ello considero oportuno decirte algunas cosas.
- Algunas... cosas...
- En efecto- dijo, con una sonrisa.
Asentí. Volví a mi asiento y con parsimonia me deslicé hasta tocar el acolchado, dejé a mi peso acomodarse poco a poco en la silla y respiré. Esta conversación prometía más de lo que esperaba.
- Para cumplir con la profecía, es necesario que Harry reciba un entrenamiento. Como te he dicho, ya no tengo mucho tiempo y lamento que... ya no estaré aquí para ayudar a Harry con su cometido.
Ninguno sobrevivirá mientras el otro viva. Las palabras llegaron a mí inmediatamente, y solo significaban una cosa.
- Entonces, le entrenas para que se convierta en un asesino.- reproché con furia, Dumbledore le exigía demasiado a Harry, quién era solo un niño.
Dumbledore frunció el ceño
- No pretendo que Harry se convierta en un asesino, de cualquier manera, él es un joven muy noble para cometer un acto tan barbárico.
Me relajé en mi asiento, reposando la espalda en el espaldar de la silla.
Albus tenía razón. Harry demostró que no posee ni una gota de maldad en sus venas, aun cuando Bellatrix mató a la única familia que le quedaba no pudo matarla. Su corazón era demasiado noble.
Quizás demasiado.
- ¿En qué consiste el entrenamiento?
- Sospecho, y es una sospecha basada en sólidos fundamentos-agregó levantando su mano marchita-, que existe una forma de eliminar a Lord Voldemort. No es nada sencillo, por supuesto que él no permitiría que las cosas fueran tan fáciles para sus enemigos. Es una carga que debo dejar sobre los hombros de Harry, muy a mi pesar.
- ¿Qué debe hacer Harry?
- Buscar.
Esperé a que continuara.
- ¿Buscar?- Pregunté después de una pausa que solo mantenía la interrogante en el aire.
- Llegará el momento en el que Harry deba ir en busca de aquello que ayudará a eliminar a Voldemort. Debo decir que no será nada fácil, es un camino lleno de retos y complicaciones.
- ¿Quieres qué le acompañe?
- No. Me temo que es algo que debe hacer por sí mismo.
No dije nada, Dumbledore veía preciso ponerme al tanto sobre el asunto que Harry debía hacer pero no me diría exactamente qué.
- ¿Qué…quieres que haga?- pregunté dudosa- ¿Por qué me dices todo esto entonces?
- Sérène, confío en que tú promesa hecha a Lily, sea cual sea, siga en pie sin importar lo que pase.
Fruncí el ceño, Albus me estaba confundiendo.
- Lo está. Sin embargo, tiene sus límites. Prometí cuidarle mientras mi estancia en Hogwarts y mi venganza lo permitiera.- Por alguna razón mi intuición me advertía que cuidara mis palabras. No me gustaba en lo absoluto el tono manipulador con el que Albus se dirigía a mí.
- Comprendo. En ese caso, espero que sea suficiente.
Mis sentidos se activaron y entonces comprendí que intentaba hacer.
- Me estás utilizando, Albus- reproché negando con la cabeza- Me utilizas al igual que a todos, ¿Crees qué no me doy cuenta?
Dumbledore calló, suspiró pesadamente y cerró los ojos, como queriendo borrar el dolor que le causaron mis palabras, dichas con toda la acidez que mi corazón añejaba.
- Es por un bien mayor.
- Es por un bien mayor- repetí, agria.
Honestamente, no tenía nada que reprocharle, yo misma había manipulado a muchas personas para llegar a dónde estoy ahora. Él podía convencer a otros de luchar por su causa de alguna u otra manera, hacerles creer que era algo personal. Pero para mí, esto es personal y, sea como sea, podía retirarme de su juego cuando quisiera. Al menos yo estaba consciente de las reglas
- ¿Qué debo hacer?- le pregunté para instarlo a continuar.
Abrió los ojos y pude ver en ellos el pesar que le causaba jugar con la vida de tantos inocentes para un bien mayor. Albus Dumbledore, a pesar de tener una mente privilegiada y fría, no tenía un corazón tan helado. Asintió comprendiendo que yo le entendía y que sabía jugar este juego de conveniencias.
- Ayudarle, él no debe saber que estás detrás de todo esto si te ve querrá ser temerario e irresponsable, querrá imitarte y, desafortunadamente, la magia de Harry no es tan poderosa como la tuya.
- Entiendo. Seguir sus pasos durante el camino, sin dejarme ver. Excepto, que la ocasión lo amerite. – deduje sin temor a equivocarme
- Correcto.
- ¿Cuándo será esto?
- Después de mi muerte.
El tono frío y despreocupado en el que Albus habló de su muerte me heló la sangre. Hizo que mi corazón palpitara en desacuerdo.
- Nunca pensé que fueras un mago tan resignado.
Albus sonrió acongojado.
- Jamás pensé que moriría de esta manera.
Sus palabras me hicieron recordar el dolor que sentía cuando mi cuerpo se consumía lentamente, gracias a las llamas del fénix que me hicieron renacer de las cenizas de mi carne carbonizada. El olor todavía perenne en mi nariz y la vívida imagen de mi cuerpo nuevo, lozano e inútil.
- La muerte es una desgraciada muy creativa. – dije sonriendo. Una sonrisa negra que fue reproducida por los cansados labios de Dumbledore. Él, mejor que nadie, entendía cuanto simpatizaba con él en estos momentos.
Mentiría al decir que mi corazón no trastabillaba cuando aparecí en el primer escalón del número 12 de Grimmauld Place.
Conocía la fachada bastante bien, desde la primera vez que la vi en aquella visión se repetía ocasionalmente en mis sueños. No sabía qué clase de magos y brujas encontraría dentro me mortificaba, secretamente, que las cosas salieran mal. No necesitaba su aprobación pero de alguna manera las cosas saldrían mejor si me aceptaban sin tantos problemas.
El olor de la madera de la que estaba hecha la puerta llegó a mi nariz con fuerza haciendo que la arrugara en desagrado. La naturaleza mezclada con la pintura no combinaba en lo absoluto. Mantenía el gesto cuando la puerta se abrió de repente.
Un rostro joven y carismático me miraba desde unos centímetros por encima de mí, unos ojos divertidos coronados por una cabellera fucsia me recibieron con curiosidad y excitación.
- Has llegado a tiempo. Te estábamos esperando- dijo la chica. Su tono jocoso me llenó los oídos y por alguna razón su voz me pareció chillona pero no molesta.
- Pues, ya estoy aquí.- respondí sin darle demasiado entusiasmo a mi voz, era difícil fingir que la situación no me ponía de los nervios pero disimulé tanto como pude. No podía mostrar debilidad.
- Adelante- se hizo a un lado y entonces pude ver un estrecho pasillo en penumbra. Pasé y en cuanto mis pies me adentraron a la oscuridad sentí el peso de la anticipación en el estómago y la prisa de los nervios en el corazón. Recordé la última vez que me sentí de esta manera, en el andén 9 3/4 antes de abordar el expreso escarlata recostada de aquella columna gruesa envuelta por el denso humo de la locomotora y la cacofonía de la estación.
No había ruido alguno aquí más que nuestros pasos dirigiéndose a una de las habitaciones cerca del final del pasillo.
- Por aquí, vamos- dijo la chica, haciéndome espacio para permitirme pasar primero. En ese momento alcé la vista a sus ojos y los vi transparentes y divertidos. Le sonreí sin pretenderlo, los nervios aumentaron al saber que mis ojos no eran tan homogéneos como los suyos.
Un rasgo difícil de ocultar. Sabía que ella ya lo había notado.
Pasé de ella y me adentré a la habitación que me señalaba. No me tomó más que un microsegundo darme cuenta que era una sala de estar, totalmente verde, con muebles refinados y una gruesa capa de polvo recubriendo incluso los espacios vacíos, al segundo microsegundo noté que estaba abarrotada de un mar de personalidades interesantes que llenaban de color la estancia y, al tercer microsegundo le noté a él. Destacando de entre la marea de colores y el denso polvo en el aire con su característica vestimenta negra y sin su túnica. La levita se le adhería a sus formas masculinas de una manera incitante, de esa manera que no había notado antes. Los brazos cruzados sobre su pecho acentuaba el porte estoico que mantenía casi casual mientras ignoraba completamente mi entrada.
Se me disparó el corazón y el ya familiar respingo se apoderó de mi columna erizando los vellos de mis brazos. La visión de su cuerpo tenso me hizo palpitar el vientre y sonrojar mis mejillas, estaba segura de que mis ojos ahora eran como el carbón y que de no ser por su aura turbulenta, violenta ya me habría lanzado a sus brazos ahogando toda mi dignidad en un pozo de pecado.
¿Por qué amaba tanto sus humillaciones? Aunque dolieran y destrozaran a la Sérène Boissieu que había reconstruido desde las cenizas. Pero ya todo estaba decidido, mi horizonte, no debía perder mi horizonte.
En cuanto recordé aquello sentí las fuerzas regresar junto con mi cordura y fue en ese entonces en el que noté a todos aquellos pares de ojos enfocados en mi figura menuda, coronada por una densa maraña naranja y unos desafiantes ojos cambiantes.
Si antes la chica del cabello escandaloso me observó con curiosidad debía admitir que ahora las miradas eran tan variadas como obtusas. Desde la preocupación a la desconfianza se paseaba la gama de emociones sin contar que sus auras embargaban al espacio como el plomo pesado lo haría en una habitación acolchada.
- Pero, por Merlín si es una criatura. -exclamó una mujer de edad desde una esquina haciéndose paso entre la multitud para llegar al frente y observarme mejor. Su cabello rojo y mirada maternal llegaron cerca de mí y en cierto modo, aunque físicamente era lo opuesto a mi madre, su voz y su expresión preocupada me recordaron a ella.
Weasley supe de inmediato. Era difícil no familiarizarlos.
- Eso difícilmente podría ser cierto- respondí a la defensiva, repentinamente preocupada de que no me tomaran en serio a causa de este cuerpo juvenil. Sin embargo, recordé que jamás podría admitir delante de todos estos extraños que mi edad se aproximaba a la de la mujer que tenía delante.
- ¿A qué te refieres chiquilla?- un personaje de lo más curioso se acercó con rudeza a mi lado, enderezándose tanto como pudo para mostrarme su altura. Caminaba chueco con la ayuda de un bastón, su rostro lleno de cicatrices y su aura flameando en desconfianza evidenciaban su experiencia pero lo que realmente lo delataba era el ojo mágico girando en descontrol captando la habitación desde varios ángulos.
- Ojo loco Moody.- dije sonriendo socarrona. No permitiría que su juego de intimidación funcionara, debía darle a entender que esas ridiculeces no funcionaban conmigo.
- ¿Nos conocemos?- inquirió con rudeza.
- No hasta ahora, pero eres uno de los aurores más destacados del Reino Unido. Es difícil no saberlo... ya sabes es fácil reconocerte- gesticulé hacia mi ojo con un dedo en forma de círculo.
Una risa divertida de alzó a mis espaldas.
- No es el momento para divertirse Nymphadora.
El aura a mis espaldas dejó de ser calma.
- No. me llames. Nymphadora.- exclamó peligrosamente despacio.
Sonreí divertida, en definitiva esto no era lo que me esperaba.
- Bien, ahora que tenemos el placer- exclamó ojo loco con sarcasmo- Vamos a lo que compete.
- Espera Alastor, Dumbledore aún no llega.- Un hombre con escasos cabellos rojizos sobre su cabeza se acercó a la escena y no cabía duda de que apellido portaba.- Es un placer conocerte al fin Sérène. Oye, es extraño eso de cómo cambia el color de tus ojos eran negros hace un momento ¿Eres metamorfomaga?
- ¡Arthur! No es de buena educación hacer eso.
- ¿Hacer qué, Querida?
- No lo soy.- Respondí sin sentirme ofendida por la pregunta, después de todo no era la primera vez que la hacían.- Es una habilidad de la que no puedo fanfarronear.
Un resoplido se escuchó desde el fondo de la habitación, fue tenue y el tono profundo de este me hizo saber a quién pertenecía. Le ignoré.
Un hombre con aspecto desgarbado y algo enfermo se acercó a mí.
- Un placer, Remus Lupin.- Se presentó mientras extendía su mano. En sus ojos veía un brillo bestial perfectamente difuminado por unos ojos amables y calmos. En cuanto estreché su mano mis ojos se tornaron oscuros como el azabache y él, sorprendido, se alejó de mí. No era intencional que mis orbes lucieran agresivas en cuanto cambiaran de color. Simplemente era así.
- Lo siento- dije sinceramente apenada.- No ha sido mi intención.- Él asintió y retrocedió a la vez que guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón.
Nadie dijo nada al respecto pero sabía de antemano que le tocaba un interrogatorio a solas, una serie de preguntas que no podría responder porque él había visto y sentido el poder de unos ojos sobrenaturales pero yo vislumbre el secreto detrás de ese brillo bestial. Sentí simpatía por él, aunque nuestras condiciones fueran ligeramente diferentes en esencia éramos iguales, dos almas sujetas al salvajismo de un animal indomable.
Una tos tosca salió de la garganta de Nymphadora y yo regresé a la realidad. Había demasiada gente en la habitación y no quería perder el tiempo.
- Un placer conocerlos a todos.
- Un placer conocer a quien le hizo frente a Lord Voldemort con tanta audacia.- Sonreí entretenida, no era un recuerdo alegre pero me sus palabras fueron dichas con gracia. Sentía unos ojos clavados en mí.
Un sonido que provino desde la entrada nos alertó. Todos nos giramos para encontrarnos cara a cara con un Albus Dumbledore bastante pálido y cansado, aunque su rostro mostrara una sonrisa ligera era evidente que algo había sucedido.
- Albus...
- Veo que han comenzado sin mí- dijo restándole importancia a su terrible aspecto.
Todos pasaron por alto aquello, sujetándose al deseo de Dumbledore de no hablar sobre su miserable condición.
- Oh, Sérène estas aquí.- dijo posando sus orbes azulados en mi.- Veo que ya se han presentado.
- No en el sentido estricto de la palabra.
Hizo un gesto entre el dolor y la sonrisa y luego entró en la estancia. El silencio era solemne, se notaba el respeto que todos los miembros de la orden le tenían a Albus.
- Debo admitir que esta reunión será breve. El único motivo para reunirlos esta noche ha sido para hablar de la situación de Sérène, quien ha sido miembro activo de la orden durante casi un año.
El silencio prosiguió hasta que unos murmullos de asombro se alzaron y Ojoloco se atrevió, con su carácter desinhibido, a hacer la pregunta que todos tenían atorada en la garganta.
- Albus, ¿De qué estás hablando? ¿Cómo no se nos participó esto?
- Alastor, lamento no haberles comunicado anteriormente pero la posición de la Srta. Boissieu era, y continúa siendo, sumamente delicada. Como entenderás el hecho de que una alumna de Hogwarts esté involucrada en un menester de este tipo causaría un revuelo. Si Harry se llegara a enterar querría participar al igual que ella y es un riesgo que no estamos dispuestos a tomar.
- Pero Albus, si ella solo es una joven. Es demasiado peligroso para ella
Fruncí el ceño. Eventualmente ellos no sabían sobre mi condición pero me molesto que sobreestimaran mi poder.
- Soy mayor de edad...
- Molly, querida.
- Molly- repetí con paciencia- Soy mayor de edad y aparte de tomar esta decisión por mí misma, poseo las habilidades necesarias para ser una miembro. Además, mis motivos son similares a los suyos.
- Además, a pesar de su corta edad hizo gala de una gran habilidad mágica en el Ministerio. Todos estamos sorprendidos de ello- dijo Nymphadora mientras caminaba al centro de la estancia deteniéndose junto a Remus Lupin y quedar frente a mí.
- Es cierto, fue impresionante. Parece que quien tú ya sabes quedo bastante sorprendido también- concordó Arthur Weasley.
- Los actos irresponsables de la Srta. Boissieu solo han despertado el interés del Señor Tenebroso. Hacer gala de su habilidad mágica- dijo citando la frase de Nymphadora con veneno- le ha hecho ganar la sentencia de muerte.
Todos viraron sus cabezas al fondo de la estancia, recordando la presencia de un personaje bastante oscuro que se había mantenido en bajo perfil durante todo el tiempo.
Su voz hizo estremecer mi cuerpo, gracias a Merlín ligeramente, después de probar el suyo de aquella forma jamás volvería a percibirlo de la misma manera.
- Me importa un bledo que sea así -contraataqué sin contener la rabia que me causó su comentario.
- En efecto, es de esperar que una chiquilla inmadura no conciba las proporciones de los actos que comete.- Percibí el doble sentido en su voz queriendo disminuirme de nuevo.
Llegue a su posición en dos zancadas. Severus se puso en alerta y se enderezo quedando frente a mí enfrentándome. Estábamos demasiado cerca el uno del otro, con nuestros ojos librando una batalla de poder.
El recuerdo de la noche pasada se cristalizó en mi memoria y una flama se apoderó de mi cuerpo, temblaba de la rabia y la impotencia. Severus Snape era desde ahora mi enemigo, y debía tratarle como tal.
- Piensa lo que quieras, Snape. Yo estoy dispuesta a morir por la causa si es necesario, moriría ahora mismo si sé que mi muerte se llevará consigo a Voldemort.- dije segura, dispuesta. Tanto que ni yo misma creía la veracidad de mis palabras.- Para ti eso es irresponsabilidad, para mí, es todo lo que tengo. No permitiré que me lo quites.- susurré al final, segura de que, si mis palabras se convertían en una realidad irrevocable no habría marcha atrás.
Severus me examinó con el ceño fruncido, apretando los puños y con la cara ligeramente ruborizada por la rabia. Su aura bailaba frenética oscura y densa, totalmente enfurecida.
- ¿Te atreves a desafiarme, Boissieu?- amenazó, peligrosamente lento
- Eres tú el que se atreve a desafiarme a mí- contraataqué acercándome a él, demostrándole que su banal mortalidad no podía compararse con el fénix salvaje que llevaba dentro.- Si estuviera en tu posición cuidaría mis pasos e incluso mis pensamientos. Después de todo, es difícil que un chiquillo malcriado conciba las proporciones de los actos que comete.
Sonreí con malevolencia, una emoción que me embargó hasta el tuétano de los huesos y, por primera vez, sentí que perduraría hasta llegar a cumplir me cometido.
Snape respiró con esfuerzo, abriendo las aletas de la nariz totalmente ofuscado, descolocado. Había logrado sacarle de sus casillas al recordarle que, no fui yo la única en perder la compostura aquella noche. Las palabras de Esteban retumbaban en las paredes de mi cabeza y hacían eco en ella.
El siente una fuerte atracción por ti.
Y justo ahora, frente a él, podía sentir con total claridad, sin espacio para las dudas la ligera excitación que su aura no podía ocultar. Y, aunque su personalidad estoica y orgullosa predominaba en los colores de su aura y gobernaba sus emociones, estas eran coronadas por lo ridículamente seducido que sentía ante mi desafío.
Fue entonces cuando una idea se trazó mi mente, poco a poco, como si un hilo de tinta negra formara líneas que en conjunto concretaran un espléndido cuadro. Sin remordimientos ni regresiones.
Me acerqué más a él, y nuestras narices se casi se tocan, nuestros ojos jamás abandonaron los ojos del otro. Con mi reciente poder malicioso y la sonrisa maquiavélica que no abandonaba mis labios le susurré:
- Has despertado a la bestia. Y yo, nunca, nunca, Severus Snape, nunca pierdo.
Me alejé de su proximidad al instante sin darle oportunidad de replicar. El deseo de su aura flameó con intensidad, casi la misma intensidad que su orgullo herido. Viré sobre mis talones solo para encontrarme con un mar de caras pinceladas con diferentes emociones, desde el asombro a la incredibilidad.
Sonreí con suficiencia, manteniendo la cabeza en alto, debían saberlo, debían notar que este cuerpo era una charada.
Repentinamente, mis ojos se posaron en el único rostro que no mostraba señales de confusión, le sostuve la mirada por unos segundos y luego pasé de él, saliendo de la estancia llevándome conmigo el recuerdo de la sonrisa divertida y reveladora de Remus Lupin.
Ajá, mis amores, estoy de vuelta. Sé que he tardado un millón de años en actualizar pero al fin estoy aquí con el capítulo XXXII. Fue muy difícil escribir este capítulo, a pesar de que todo estaba fríamente calculado en mi mente no podía plasmar nada. El trabajo me tiene full y bueno… no es fácil para mí ser organizada :s
Espero que les haya gustado este capítulo, quizás no tenga demasiada interacción entre Severus y Serene pero valdrá la pena este pequeño enfrentamiento al final del capítulo.
Nuevamente, quiero agradecerles por todas las lecturas que tiene la historia, todos los favoritos y follow, y aquellas personas que me agregaron al Facebook. Son demasiado geniales todos ustedes.
Nunca pensé que esto llegaría a tantas personas y es por ustedes que mis ganas de escribir cada vez mejor van en aumento.
Se les quiere un montón, les mando un millón de abrazos desde acá :* :* :*
