Nota de Autora: ¡Espero les haya agradado el capítulo 1! He aquí el segundo. Recuerden que Takeru sigue siendo "Tk" y que Takeru es el ùnico que le dice a Hikari, "Kari" :)
Capítulo 02: Mucho Gusto, Mi Nombre es Fūka Hinanawi
4 años después
Estando en cuarto de secundaria, Tk, Daisuke y yo ya teníamos dieciséis años, pero aun así la madurez no nos llegaba a ninguno de nosotros. El que solía ser antes mi mejor amigo ahora tan solo era un desconocido. Una persona más transitando en este aburrido y monótono mundo. Daisuke se sentía culpable por ello, era comprensible. Después de todo, él fue quien insistió en consumir tragos ese día y no hacer nada al respecto. De todas formas, debo de segur viviendo mi vida y demostrarle al rubio que sí puedo ser alguien que no depende de los demás. Por el otro lado, Tk seguía ensimismado en el área deportiva y representaba a la escuela en competencias, a la misma vez que se ganaba una alta reputación. Además, no debo olvidar, que pertenece al Consejo Estudiantil. Todo un alumno estrella. Daisuke tuvo razón, hasta ahora tiene un club de fans… claro, eso no me molesta. No debería porqué. Ya no somos amigos al fin y al cabo.
Era una apacible mañana. Mi hermano se encontraba ya cursando su primer ciclo en la Universidad de Tokio, significando un largo trayecto para él al no querer mudarse. Papá y Mamá se iban a quedar conmigo, pero no deseaba abandonarme y perderse mis últimos años de secundaria, ver si conseguía un enamorado o si me amistaba con Tk. Aquello siempre me hacía hervir la sangre. Puede ser que sea pacifista, pero nunca olvidaré las palabras que me dijo aquella noche.
La expresión que puso, su aliento, sus muecas, sus gestos, su tono de voz…
—¿Hikari?
Mi hermano logró hacer que dejara de soñar despierta. Me había quedado mirando un punto fijo de la pared, aparentemente. Ni el sutil movimiento de las celestes cortinas de la pequeña sala-comedor me distrajo. Fue ahí cuando noté que me movía sus dos manos exhaustivamente.
—Hermano…—con eso dicho, le detuve sus palmas y las junté con las mías—¿Qué sucede?
—Nada, es solo que me preguntaba qué hacías mirando la esquina de la sala—me replica en broma—¿Vas a acabarte tu cereal? Se está haciendo tarde.
—Ya llevas más de diez minutos con el plato en las manos, Hikari—agregó mi madre—Si es mucho dime, para la próxima vez servirte menos.
Bajé la mirada y ahí mismo se encontraba mi alimento. Hojuelas de maíz azucaradas hundiéndose en leche descremada.
Delicioso.
—Está bien, mamá. Gracias—me levanté del sofá en el que me encontraba sentada y me dirigí a nuestra pequeña cocina.
Guardé lo que sobró de mi tan esperado desayuno de todas las mañanas en un contenedor de plástico y lo metí en el bolso que llevo a la escuela. Quizás lo coma durante tutoría. El estar con el ahora atorrante Tk me amargaba las mañanas y prefería fijar mis ojos en alguna otra cosa. Extrañaba que Daisuke no estuviera en mi clase. Me apoyaría… eso creo.
Las veces que me tocaba con él, paraba conmigo o con Tk. Él no había tenido la pelea. Solo nosotros… pero aun así deseaba que pasara más tiempo a mi lado que con él. Al ser ambos unos locos por el deporte, siempre se reúnen después de clases. En primara recuerdo haberme quedado a apoyarlos como barra, aunque no hubiera nadie más. Buenos recuerdos que nunca volverán.
—Hikari, ¿ya te vas?—inquirió mi hermano lavándose los dientes por el corredor que llevaba a la puerta del departamento. La espuma salía por su boca a borbotones. Parecía estar medio dormido todavía. Se había pasado estudiando toda la noche para una práctica integrada de uno de sus cursos y hoy no tenía clases. Me contó que aprovecharía en tomar algo del día libre y de ahí volvería a dedicarse a sus estudios—¿Quieres que te acompañe?
—No te preocupes. Cuando llegue te mando un mensaje. Como siempre—contesté desordenando su rebelde cabellera chocolatosa.
A mi hermano le daba pavor saber que viajaba sola en bus, sabiendo que era peligroso. He por ello que siempre le digo lo mismo, y lo cumplo. Por más que pueda ir en contra de lo que me prometí a mí misma para cambiar, era una petición de mi hermano y padres. No podía amotinarme contra ellos por tan simple tontería.
Al abrir la puerta me despedí de mamá. Papá ya había salido a trabajar y había olvidado meter la correspondencia. Tras verla, la deposité en la pequeña caja de metal que tenemos y me fui rumbo a mi pan de cada día. Los árboles emanaban un verdor sin igual y contagiaban las ganas de dar piruetas repentinas entre los danzantes pétalos y hojas que descendían al compás de una melodía imaginara de la estación actual.
El escenario súbitamente cambio cuando llegué a la parada del autobús. Gris y concreto se apoderaban del ambiente. Jalé mi largo vestido amarillo, debido al repentino frío que sentí y agradecí estar con leggings negras. Mi larga bufanda color rosa me tapaba el cuello lo necesario para no resfriarme y opté por sentarme en la banca blanca metálica a esperar. Sin darme cuenta, una muchacha llegó agitada, para terminar inhalando aire a mi costado. Nunca la había visto por estos lares, aunque su rostro se me hacía vagamente familiar.
—¿Esta parada de bus va a la escuela pública?—pregunta sin mirarme, aún apoyada en sus rodillas aspirando oxígeno.
Me fijé rápidamente en su apariencia. Largo cabello almendrado, llevado en una especie de prendedor lateral color rosa. Su piel casi tan blanca como la mía, levantó su mirada para comprobar que sus ojos pardos hacían resaltar más su atractivo femenino, el cual yo no poseo. Llevaba una camisa larga beige y un pitillo azul marino que podría pasar por negro, con roturas. En ambas manos llevaba unos guantes que parecían de motociclista al ser de cuero. Finalmente, al igual que yo, llevaba una pequeña bufanda en el cuello, solo que la de ella podía clasificarse color otoño o algo así, un naranja que me recordaba a dicha estación. Empezó a reír sola, pareciéndole divertida su pequeña maratón personal y esperaba una respuesta por mi parte.
—Sí—afirmé desviando la mirada para no hacer muy aparente el hecho que la examinaba cuidadosamente.
—Que alegría. No suelo tomar esta ruta. Gracias—me decía sin tomar asiento. Se apoyó en uno de las columnas de metal que sostenían el paradero—¿A qué hora más o menos llega?
—Ya no tarda—el salir de mis palabras formaba humo en el ambiente.
—¿Siempre tomas esta ruta, Hikari?—al parecer la chica deseaba seguir conversando y me tomó por sorpresa que supiera mi nombre. Aunque, no debería de sorprenderme. Después de todo estudia en nuestra escuela. Lo que ahora me carcomía era la sensación de maleducada al no recordar su nombre.
—Sí. Todos los días.
—Ya veo… ¿crees que nos cambien de salones el día de hoy? Ya sabes, por el incidente que hubo quieren mover a todos otra vez.
—No lo sé. Habrá que ver—inconscientemente, la muchacha había respondido a una de mis incógnitas mentales. Estaba cursando mí mismo año y sabía del incidente que sucedió hace poco con una estudiante que todavía permanece en anonimato.
En eso, llegó el autobús, inundando la pequeña pista con su contaminación.
Tal y como lo predijo la chica de cabello almendrado, nos terminaron cambiando a todos de clases. Habíamos tenido una asamblea especial antes de que empezaran las clases normales, y, tras finalizar, una turba de ansiosos estudiantes se aplastaba entre sí en un verde panel para saber sus nuevos destinos.
Finalmente, luego de luchar arduamente, llegué frente al aclamado panel y observé fijamente con los ojos bien aplastados con mi mano. Siempre me he dicho que necesito lentes, pero no encuentro tiempo de ir al oculista. Y si lo tengo, me olvido. Volviendo al tema en mano, me percaté que Daisuke se encontraba a mi lado. Era imposible no reconocerlo con los googles que había heredado de mi hermano. En vez de llevarlos en la cabeza, ahora los tenía constantemente en el cuello. Eso, según él, causaría menos problemas cuando impusieran el uso de uniforme.
A decir verdad… ¿acaso no era hoy eso también?
—¡Hikari, vaya que sorpresa!—exclama el amigo que veo como un hermano. Nos sumimos en un abrazo tras no habernos visto estas vacaciones y le sonreí.
—Imagínate, encontrándonos en el lugar más concurrido de la escuela—agregué luego de mi típica sonrisa amical.
—¡Sí!—me responde lleno de alegría. Siempre me pone feliz verlo así. No tenía preocupaciones. O al menos así aparentaba llevar su vida—¿Sabes que sería aún más genial?
—¿Qué cosa?—seguía buscando distraídamente mi nombre en los tres roles de los salones de cuarto.
—Que nos toque en el mismo salón. No pasa desde… que… ¿segundo?—al parecer no lo recuerda. Yo tampoco la verdad. Cada año que pasa borro mi memoria escolar para así no amargarme las vacaciones pensando en Tk y las estupideces que nos suceden en clases y fuera de ellas—¡Ah, te encontré!
Con eso dicho, apunta su dedo índice, su brazo ligeramente encía de mi hombro. Debido a la cantidad de gente que se empujaba, terminé rendida en entre la pared y su cuerpo. Davis no parecía prestarle atención a nuestra incómoda posición.
—Yagami, Hikari… Motomiya, Daisuke… ¡Oh, sí! Estamos en la misma clase—se le escuchaba eufórico. Me haría bien algo de Daisuke para reírme de vez en cuando. Mientras que no me toque con…—Takaishi, Takeru.
Al escuchar su nombre ser mencionado por él, sentí como todo sueño que tenía tuvo que dejar de ser producido ya que la fábrica había colapsado.
—¿Estás bromando, no Daisuke?"
—Me gustaría que ese fuera el caso, Hikari. Me gustaría que ese fuera el caso—se dice como si fuera una especie de mantra—¿No prefieres quejarte? Dijeron que no los volverían a poner juntos luego de lo que pasó en primero de secundaria.
—No importa—le repliqué, intentando retener esa sensación amarga—Fue hace tres años.
—No me refiero a lo de la fiesta que hice—dice sonrojado mi amigo al notar finalmente la posición. Al ya saber nuestras aulas optamos por salir de la turba.
—Eso fue hace cuatro—lo corregí—Cuando hicimos la súper fiesta de fin de primaria.
Aquello lo dije en un tono de voz sarcástico, causando que Daisuke inflara sus mejillas en señal de molestia para luego dejar salir el aire y sobarme la cabeza.
—¿Te he dicho que te quiero, Hikari?
—Infinidades de veces, Daisuke—al ser mi –nuevo- mejor amigo, siempre me dice eso aunque sepa muy claramente que carga un gran doble sentido. Opté, por ello, regresar al tema anterior—¿Y qué salón nos tocó?
Al estar satisfecho tras haberme despeinado, contestó cruzando ambos brazos tras su largo cuello.
—En el B.
—Entonces vamos yendo—sugerí.
Empezamos a movilizarnos con tranquilidad. No podía evitar recordar el vergonzoso accidente que Tk me había hecho pasar al entrar a primero de secundaria, el cual Daisuke me había hecho recordar inconscientemente tras su equivocación. Las risas de todos. La forma en la que me hacía pasar el ridículo. Y nadie me apoyaba. Tk aprovechó la hora en la que Daisuke debía de ir a práctica de soccer. Él sabía perfectamente que Daisuke se pondría en su camino.
El incidente de los cigarros... el del tabaco en mi mochila. Incidente que causó que no nos vuelvan a poner en la misma clase, además que nunca hallaron al culpable. Ahora está este nuevo incidente que involucra a una estudiante anónima.
Iba a seguir divagando en el pasado, cuando en eso mi moreno amigo volvió a hablarme.
—Espera… ¿por qué mejor no vamos por los uniformes primero?
—Verdad, tienes razón me había olvidado.
Dimos media vuelta. Estábamos a punto de subir los escalones, pero debíamos de ir hacia el área de deportes. Ahí era donde lo repartirían. Al parecer aquello Daisuke no lo recordaba, pero me entró una repentina iluminación divina que nos guió hacia nuestro destino. He ahí donde nos separamos cada uno a su respectivo lugar, prometiéndonos vernos luego en clase y burlarnos de cómo nos veíamos en los uniformes.
Mientras hacía mi cola tranquilamente, logré divisar a lo lejos una cabellera familiar. Creo que era la chica con la que hablé en la parada del autobús. Parecía perdida. Turista, más bien. Al parecer no tenía idea en donde colocarse. Cuando alguien iba a preguntarle algo, como los profesores por ejemplo, se ponía completamente tímida y retraída, cubriendo su rostro con las manos. Algo pasaba con su talla aparentemente. Le indicaban que fuera al extra pequeño, la cola en la cual yo me encontraba y no había mucha gente. Al parecer no quería venir, lo notaba por su momento de manos. Deseaba ir a la cola de pequeño. Fue ahí cuando apareció.
De tez como la de su hermano mayor, cabellera dorada y ojos de un azul eléctrico profundo. Su infaltable gorra blanca adornaba su vestimenta, la cual parecía ser uniforme de hombres. Este consistía de un pantalón y chaqueta negra, una camisa blanca y una especie de listón de un color azul medio plomo. Lo hacían ver mayor y formado. Mi mejor amigo y ahora más odiado enemigo, Takeru Takaishi se encontraba ayudando a la muchacha. Al verlo, ella parece alegrarse de ver un rostro familiar y él la golpea infantilmente en la cabeza. Su reacción no fue agradable, pero se aguantó lo que pensaba decirle. Por el movimiento de manos de Tk, podía ver que la mandaba a mi fila también. Tras escucharlo venir de el por más de cinco veces, al fin desistió y camino resignada hasta posicionarse detrás mío, echando un suspiro.
—¿Qué tiene de malo querer una talla más grande?—la escucho soltar su pensamiento en voz alta—Solo porque no me gusta sentir que se me pega la ropa al cuerpo… que molestia.
—Dicen que es mejor usar cosas de tu misma talla—por alguna razón me entrometí. Al parecer no le causó molestia y prosiguió.
—Es que me gustan las cosas grandes—en eso se tapa la boca con ambas manos—Lo siento, me deje llevar un poco.
—No te preocupes, a muchos nos pasa—intenté agregar una risa, pero salió fingida. Por suerte no lo notó—No quiero presumir, pero a mí me pasa eso con este tipo de ropa. El extra pequeño me queda un poco grande.
—Vaya… eso sí que debe de ser cómodo—logré ver como cerraba los ojos para quizás imaginar una escena con ella en esa situación.
—¿Nombre?—estaba dándole la espalda a una de las mamás que forma parte de la Asociación de Padres de Familia. Al escuchar su voz salté un poco. Me volvió a repetir—¿Nombre?
—Hikari—respondí firmemente.
—¿Apellido?
—Yagami.
Tras apuntar mis datos logré ver en el cuadernillo todas mis medidas. Con razón el examen médico el bimestre pasado. Querían asegurar que las tallas salieran bien. Al terminar, me entrega una bolsa de plástico transparente con mi uniforme dentro y encima llevaba una etiqueta con mi nombre.
—Si tienes algún problema procura hacer la queja lo más antes posible, no aceptan cambios pasado los diez días—intenta decirme de manera amable, pero el cansancio se notaba en su voz.
Asentí y me retiré lentamente, observando de reojo a lo lejos como la chica que conocí hace unas horas entraba en pánico con la señora al no poder comunicarse debido a su timidez. No pude evitar pensar que tal vez era bipolar o algo similar.
Luego de aquello y dejarla a la merced de la lideresa de la Asociación aparentemente, hice una cola más de cinco minutos para entrar a un baño y cambiarme. No me imagine que ahí dentro habrá más cola. En eso, me cruzo con dos muchachas del club de fans de Tk. Me miraron con desprecio para luego murmurar algo entre ellas. Lo más sano era ignorarlas y eso mismo hice. Cuando uno de los lugares se desocupó, corrí hacia él y me encerré. Me quité la ropa lentamente, sin pudor alguno, y luego abrí la bolsa para revelar el uniforme. La única diferencia era que en vez de pantalón, era una falda gris y una chompa color crema extraña negra que me llegaba hasta la mitad de la falta.
Creo que voy a tener que retocarla. Más bien, algo me dice que el consejo estudiantil se verá en problemas al ver cómo todas las chicas van a retocar esta chompa.
Luego, teníamos el mismo lazo pequeño plomo tono azul. Arreglé mi blanca blusa y guardé mi ropa anterior en la bolsa de plástico transparente, junto a mi bufanda rosa.
Queriendo lavarme las manos tras salir del cuartito del retrete, dejé mi ropa en el caño mientras iba por algo de jabón. Al regresar, observé como las chicas que rajaban de mí se van riendo aún. ¿Acaso solo se cuentan chistes todo el día? Cerrando los ojos y echando un suspiro, dejo caer algo de agua fría a mis palmas y me voy al secador de manos. Al regresar, mi bolsa no estaba.
—Mi ropa…—solté en voz baja. En ese momento, entró la chica que acababa de conocer minutos atrás y me escuchó.
—Vaya, ¿Ese es el uniforme? Está bien bonito... aunque siento que voy a querer retocar mi chompa. Veré cómo consigo una más larga que llegue hasta mis rodillas—me comenta mientras abraza su paquete—¿Qué le pasó a tu ropa? Te escuché decir algo.
—La había dejado aquí… y ahora no está…—me estaba entrando un ataque de nervios. ¿Por qué demonios no la metí en mi bolso? Ah, cierto. Tenía temor de que se chorreara mi desayuno y se malograra toda—¿En dónde…?
Antes de que lograra terminar, se escuchó una especie de conmoción en el exterior. Absortas en el nuevo ruido proveniente del exterior, salimos corriendo al mismo tiempo con unas chicas más y nos quedamos boquiabiertas. Todas. Todos. Todos los presentes. Daisuke estaba vistiendo mi conjunto.
—¡Devuélvanme ya mi uniforme!—gritaba él, irritado, haciendo caso omiso de las burlas de los hombres—¡Y también mi ropa!
¿Cómo así llegó mi ropa a la posesión de Daisuke? Solo había una respuesta, y algo me decía que esas dos chicas que vi en el baño minutos atrás están involucradas. Si ellas están involucradas… eso significa que Takeru Takaishi tiene algo que ver en esto.
Mi esbelta figura se movía de izquierda a derecha mientras iba a hacia Daisuke. Me paré a su lado y me atreví a gritar.
—¡Ya deja tus bromas, Tk! ¡Y ustedes dos saquen la ropa! ¿En qué maldito lugar la han metido?
—Kari… tranquila, respira. No salgas de personaje—ver a Daisuke tranquilizarme en ropa de mujer fue efectivo. Olvidé mi malhumor por unos instantes y aguanté la risa. Él tenía razón. Cada vez que hacía eso, Tk aprovechaba para mandarme al piso con sus argumentos.
—¿Inculpándome de nuevo?—se manifestó entre la multitud—La verdad, no tengo nada que ver en esto, pero sí estoy enterado que dos chicas entraron al baño de hombres, lo cual sí admito ser una conducta sospechosa.
Observé como ambas muchachas no podían creer estar siendo delatadas por su ídolo. Al parecer lo habían hecho bajo su propia voluntad, quizás creyendo que así llamarían su atención. Cuidadosamente, las seguí con la mirada cuando sacaron el uniforme de Daisuke de una gran mochila, la cual estaba llena de dibujitos multicolores. Aquello hizo saltar a Tk. Lo noté.
Rápidamente se acercó a ellas y, literalmente, casi les grita.
—¿Qué creen que hacen usando una mochila que no les pertenece? Así inculpan a los inocentes. ¿Acaso quieren que nos vuelvan a cambiar de salones a todos como el incidente de los cigarrillos? Nade quiere eso. Pensé que lo había dejado bien claro en la reunión del consejo.
Otro dato que había olvidado durante las vacaciones. Tk pertenece al consejo estudiantil. Es el modelo a seguir.
—P-Pero si es nuestra…—balbuceó una morena de cabellos rosados.
—S-Sí… es de nosotras…—trataba de apoyarla su compañera que también era morena, pero de cabellos dorados.
—Ah, ¿con que es suya?—por alguna razón sentí un alivio al ver que Tk se había calmado. Miré cara a cara a Daisuke, quien parecía creer que la situación más que solucionarse, iba a salirse un poco más de control. Tk las arrima para levantar la mochila y exclamar lo siguiente—Esta mochila, ¡no es de su propiedad! La dueña se encuentra aquí mismo.
—D-debe de ser un error—seguían insistiendo, creyendo ser expulsadas del club de fans oficial si es que se enteraran de su broma las superioras de quinto de secundaria.
En eso, dejando de mirar a los ojos de Daisuke y a su extraña vestimenta de mujer que llevaba puesta yo minutos atrás, noté que la muchacha de cabello almendrado y ojos pardos se encontraba temblando en su sitio para luego inhalar aire y dirigirse al lado de Tk.
—Es mía—logra decir llena de valor. Aquello le debe de haber costado—No me molesta que la hayan cogido sin permiso… pero para hacer semejante maldad… me decepcionan.
Tras decir aquello, la niña se va corriendo y se encierra en el baño. De un momento a otro, la multitud se dispersa, siguiendo con sus actividades y Tk se nos acerca.
—¿Sigues creyendo que tengo la culpa, consentida?—le intenté lanzar una mirada de desprecio. Después de todo lo que he experimentado tras nuestra fuerte pelea estos cuatro años, todo es posible.
—Eres alguien impredecible, Tk. Tienes tantas facetas—le repliqué de mala gana.
Rápidamente entrometiéndose, Davis habló.
—Tk, gracias amigo.
Al escuchar el agradecimiento, Tk abraza amicalmente a Daisuke y sigue hablando con él, ignorándome.
—Lo que hicieron esas chicas… está mal. Es decir, cambiar tu ropa por… ¿esto?
—No es la primera vez, créeme—confesó—Ya nos había pasado antes, pero no de manera tan pública.
—¿Ah sí?—parecía haber aprendido algo nuevo el día de hoy.
—No sé por qué tienen en su diminuta cabeza de que estoy saliendo con Hikari o algo—comentó libremente—Siempre me cambian mis cosas por las de ella.
—Eso debe de ser porqué siempre paran juntos—agrega Tk riéndose.
—Y porque como saben que me odias, creen que así tendrán puntos extras contigo—me atreví a decir.
—En eso tienes toda la razón, mi pequeña Hikari—y con eso dicho, se retira a paso lento—Nos vemos en clases.
Hikari. Sigue doliendo que me diga Hikari. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo y decirle Takeru? Nadie le dice Takeru. Absolutamente nadie.
—Ojalá no fuera así—logré soltar aguantándome las ganas de llorar. Estos eran los momentos en los que deseaba que nada de esto hubiera sucedido y así seguiría siendo la mejor amiga de Tk y los tres podríamos pasarlo lindo de la vida… pero no.
—Ya verás que se solucionará, Hikari—me alienta Daisuke abrazándome, aún en mi vestimenta. No pude evitar reírme de la nada.
—Hueles a fresa—su abrazo era fuerte y se notaba el amor que intentaba trasmitirme.
—Recién cortadas para usted esta mañana, mi lady—y con eso dicho me suelta y vuelve a molestarme con la cabeza—Ya verás, Hikari… más vale tarde que nunca.
Asentí, intentando creerme las palabras que decía. Cada año iba de mal en peor. Y este año no iba a ser excepción. Estamos en el mismo salón de clases, por el amor del Digimundo.
xXx
Al llegar a clases, todos estábamos lindos y preciosos con nuestros relucientes uniformes. Aunque aún fueran vacaciones, nosotros íbamos a tener toda una charla por lo del incidente de la alumna que sigue en el anonimato. La verdad, muy poco se sabe de ese incidente.
—¡Hola!—volteé para ver a la muchacha de cabello almendrado.
—Mira que coincidencia, la misma clase—le comenté sin responder al saludo.
—¡Perdona la demora, Hikari!—Daisuke entró repentinamente con el uniforme masculino y una bolsa. Ahí dentro estaban mis prendas de vestir—La mayoría de los hombres se burlaban de mi sin dejarme salir.
—Tú eres mucho más hombre que ellos, Daisuke. Te atreves a dar la cara vestido de mujer. Eso no lo haría cualquiera—lo aliento dándole palmaditas en el hombro.
—Es que soy macho que se... um... ¡Macho que se respeta!—tras decir eso, me guiñe el ojo y ambos explotamos en carcajadas.
Ajena a la situación, la muchacha que conocí mucho más el día de hoy se fue caminando sola hacia la ventana, cuando en eso veo que Tk la jala del brazo y se la lleva fuera del salón.
¿Qué sucede?
—Oye… no crees que eso fue algo… ¿brusco?—me comentó Daisuke.
—Déjame escuchar—al ya no haber Miyako, yo misma debía de enterarme de los chismes.
Lo único que podía ver era que Tk le decía algo, parecía incluso estando rogándole. Ella, por el otro lado, se encontraba roja como un tomate y moviendo las manos en negación. En momento no creí lo que veía, pero él llego a agacharse y rogarle de rodillas. Aquello causó que la chica dejara de agitar sus manos y suspirara. Parecía estar meditando si es que era una buena idea o no. Al asentir, Tk no pudo evitar levantarse de un salto de alegría, o así es como lo interpreté, y abrazarla de la forma en la que me abrazaba a mí. Una amical, pero a la misma vez como si fuera a algo más. Extraño.
Hay algo que nunca voy a olvidar de esta escuela. Cuando dos personas empiezan a salir juntos, deben de avisarlo públicamente en el salón. La escena que se manifestó frente a mis ojos trajo, por alguna razón, lágrimas de tristeza en vez de rabia en mí horas más tarde luego de echar a correr, cambiaría mucho más mi forma de ser, e incluso afectaría mi actual amistad con Daisuke.
Tk entró de la mano con la muchacha. Ella no parecía inmutarse por las miradas, tampoco por estar sosteniendo la mano del muchacho más deseado de toda la institución educativa. Mi rubio ex amigo se paró en el podio del profesor y abrió la boca dejando al descubierto sus brillantes, relucientes dientes blancos.
—El día de hoy, anuncio que Tk Takaishi ha dejado de ser soltero—aquello ocasionó que más de una chica del salón soltara lo que llevaba en mano—Vamos, preséntate.
—Mucho gusto, mi nombre es Fūka Hinanawi…—soltó tímidamente. Tk la incentivaba a hablar más, lo noté. En eso, su voz agarra confianza—Mejor amiga de Takeru desde que empezó secundaria, he sido yo quien lo ha tomado para sí.
Y fue al escuchar la palabra mejor amiga que se desató la escena que describí anteriormente. Corriendo, llorando por los pasillos, con Daisuke persiguiéndome por detrás preocupado por el shock que acababa de recibir.
