Nota de Autora: ¿Les gustó el capítulo anterior? ¡Ojalá que sí! Al parecer los tres muchachos apoyan a Hikari entre las sombras, ella quien pensaba que se encontraba sola. Sin embargo, no todo es color rosa. ¡Nos leemos!

Temática T por temas a futuro. Categorías Drama y Angst por temas a futuro.


Capítulo 5: Broma


—¿Cómo así llegamos a esto?

Estaba indignada, completamente indignada; frustrada, quería matar a alguien. Para su mala suerte, o quizás buena, no lo sé, Daisuke era la única persona a mi lado. Echado en uno de los cojines usados para la clase de educación física, con los brazos cruzados y mirando al techo mientras silbaba una vieja canción de no recuerdo que cantante, provocaba que la frustración en mi incrementara al ver su evidente estado de tranquilidad e indiferencia. Fue en ese momento cuando osó responderme con naturalidad.

—Si mal no recuerdo... nos pidieron que...

—¡Daisuke! ¡No me contestes! Se claramente la razón por la cual estamos en esta situación por el amor de Dios.

Su tono tan casual causó que me alterara, cosa que predije segundos antes al escucharlo. Ahora que lo recuerdo y pienso, en el pasado, no solía ser tan malhumorada como en la actualidad, aunque la verdad no es que lo sea tanto, pero lo de hoy sí que me ha puesto de malas. Desplomándome al lado de mi enamorado de mentira, eché un largo suspiro para luego cerrar los ojos con lentitud para al final colocar dos dedos en mi sien. Sabiendo que hablar con Daisuke no solucionaría nada (o más bien, me incitaría a ahogarlo con pelotas inflables al meterlo en la bolsa que las contiene) y que la puerta del depósito estaba con llave por fuera, no pude evitar recordar la razón por la que estamos aquí y las miles de formas en las que pude haber evitado que esto sucediera si no fuera tan cándida con los demás.


Todo empezó esta mañana. Tranquila, como siempre. Amanecí cansada, despertando con ruidosos estornudos a mi hermano. Aún con algo de sueño en mi, le di la respuesta que suelo darle, de que soy alérgica a las mañanas, y le hice esbozar una sonrisa para que al final terminara riendo. Me sobó la cabeza, aumentando el laberinto en mi cabello cuando termino de bajar la escalera que nos distanciaba a cada uno de sus camas y me dijo que iba a ducharse primero. Tenía un parcial en tres horas y le iba a tomar como una y media en movilizarse para llegar. Le asentí como zombi, recién devolviéndole su sonrisa como si fuera un espejo con efecto tardío. El día estaba muy nublado y hacía mucho frío. Quizás el suelo esté como una pista de patinaje (por lo helado y la masiva cantidad de cera que le echan para que la madera siempre esté reluciente como si fuera nueva). Esa descripción la saqué de Gatomon. Me reí al recordarlo.

Hace mucho tiempo, cuando aún estábamos en primaria y éramos amigos, Tk, Patamon, Gatomon y yo fuimos a patinar en uno de los paseos escolares. Debimos de haber seguido al grupo, pero nos desviamos con ellos a un lago congelado que habíamos visto desde el bus que nos llevó al sitio que íbamos a visitar. Sacamos nuestros patines, los cuales optamos por traer por si surgía un evento similar. Recuerdo que lo planeamos la noche anterior. Regresando a la memoria, nos pusimos a patinar y, al parecer, nuestros Digimons optaron por lo mismo. No sé, o más bien sabemos, que fue lo que paso entre ellos dos, pero cuando nos dimos cuenta, Gatomon se encontraba lastimada, criticando duramente a Patamon dejándolo sin voz para argumentar en su defensa. Tk y yo nos miramos y reímos. Ahora acabo de reír otra vez.

Minutos después me levanté y calenté mi desayuno. Mamá y papá salieron temprano. Él al trabajo, ella a comprar cosas para el almuerzo. La tasa de chocolate caliente que llevaba en mano me quemaba, pero aún así quería seguir con ella. De reojo observaba el guión que adaptaba para la obra de teatro. Estaba quedando bien, no me quejo. Claro, estaba avanzando lento… muy lento… ¡es que es tan difícil! Adaptar una historia corta en algo de, por lo menos, diez minutos es mucho. Me arrepiento de haberlo sugerido… aunque siendo honesta, es mil veces mejor que la idea de Daisuke. En eso, mis ojos divagan en la mesa y se chocan con una taza. Es el té de mi hermano. La toco. Está helada. Se enfrió. ¿Qué tanto se puede demorar? Pues fácil, cuando salió me enteré. Se había estado poniendo base en todo el rostro ¿cómo lo noté? No solo fue suficiente evidencia ver el evidente, y sobresaliente, desastre en el baño, si no que el color que había elegido no iba para nada con su tono de piel.

—Hermano, ven un segundo—le dije sosteniendo una servilleta, acercando mi mano a su cara.

Algo sumiso, me hizo caso.

—¿Q-Qué pasa, Kari?

Sin responderle, agarré y le limpié la cara. Me imaginaba. Era un grano… y era bien grande y rojo.

—Anda al cuarto y en mi parte del armario hay un bolso lleno de cositas de maquillaje… ya sabes, el que nunca uso. Ahí debe de haber base para tu tono de piel.

—¿C-cómo…?—no había necesidad de seguir, ya que me percaté que había notado lo obvio que se veía su intento de verse, por lo menos, un poco atractivo para las chicas al verse reflejado en la porcelana—B-Buena idea.

Y con eso dicho, se adentra. Me imaginaba que lo hacía por las chicas; después de todo, no había señales de Sora por un largo periodo de tiempo. ¿Me pregunto qué habrá sucedido entre ellos dos? Las cosas parecían ir bien, pero de un día para el otro mi hermano entra gritando diciendo no querer saber nada de ella. Echando un suspiro, intento dejar de pensar en ello. Debo de apresurarme, mi hermano demoró mucho en la ducha y no creo llegar a clases a tiempo. Sin pensarlo dos veces termino mi desayuno de la manera más rápidamente humana posible e ingreso al baño inconscientemente… y en eso veo a mi hermano tal y como vino al mundo, sonrojándose más que yo, y cubriendo su zona especial a la vez que me grita desesperado y avergonzado.

—¡Kari, algo de privacidad por favor!—aquella reacción me causó gracias, pero ignorando su petición entré dirigiéndome al closet, sacando mi ropa y dos toallas, —¿No escuchaste, Kari? Pri-va-ci-dad.

—Hermano…—digo tratando de no reírme y evadiendo su mirada—Para eso uno pone pestillo…bueno… así uno aprende. Ahora a ver si me dejaste algo de agua caliente, para variar.

Me escabullí al baño, cerrando la puerta al salir y, al estar dentro, explotar de la risa que aguantaba. En eso, escuché unos fuertes golpes darme en la espalda al estar apoyada en la pared contigua al cuarto. Era mi hermano. Es muy probable que me haya escuchado. Reí mucho más.

—¡No te burles!

xXx

Escuchando una canción de un conocido grupo, corría por las calles de Odaiba. Evidentemente, se me había hecho tarde y mi reproductor de mp3 se encontraba volando en el viento que chocaba contra mi rostro. Arreglándome algo el cabello mientras observaba mis alrededores, seguía tarareando la canción que escuchaba. Al notar que aquello no me tranquilizaba, cesé mi canto para darme cuenta que me había detenido en el paradero de buses y que el último ya se había ido hace dos minutos. Deseé maldecir bajo mi aliento, pero era inútil. Además, cabe agregar, que sentía unos toques incesantes en mi hombro derecho, causando que una vena se me note del enfado. Tras no aguantar más, volteé enfadada y estresada por ello, gritando.

—¡Qué!

—Ummm…—Fūka parecía desconcertada, y a la vez intimidada, por mi respuesta. Siendo honesta, no me esperaba a que fuera ella. Parpadeando por lo que parecía ser una eternidad, la persona más cercana a mi mortal enemigo se había quedado sin palabras, salvo para decir algo sin sentido, como era de esperarse—…curry.

—¿Curry…?—por ninguna razón en particular esbocé una sonrisa y me tragué mi malhumor—¿Tienes hambre y pensabas que tenía curry?

—N-No…—me responde nerviosa, agitando ambas manos, sacudiendo su bufanda otoñal—E-Es solo que te llamaba para saber si el bus ya se había ido. Como estabas con tus audífonos… pensé que si decía cualquier cosa quizás me escucharías.

—Ah, por eso era… y respondiendo tu duda, pues sí. Se fue hace dos minutos—le contesto señalando la nube de humo que el bus había dejado en la pista de al lado.

Sin pensarlo dos veces, Fūka tuvo la oportunidad de sorprenderme ahora a mí.

—¡Maldición!

Y con eso, vi correr a Fūka Hinanawi como si practicara para las Olimpiadas, preparándose para entrar y ganar la medalla de oro en atletismo. Me pregunto, ¿por qué tanto apuro? En eso me percato que la canción se había acabado y me tocó una de mi hermano. Se debe de haber sincronizado por accidente. Me preparo para pasarla, cuando en eso me percato de la hora en el aparato musical. Son las ocho y media. Tutoría en cinco. En segundos me encuentro corriendo como Fūka, comprendiendo su apuro.

Mientras corría, noté que acababa de pasar a Fūka. Se había detenido en una tienda y parecía estar comprando algo. ¿Quizás pan de curry? De todas formas seguí con la misma velocidad, alegrándome al divisar el edificio que recibe el nombre de colegio. Eché un suspiro de tranquilidad, pero en eso, dejé de escuchar mi canción de este conocido grupo coreano. Algo, o más bien, alguien, había pasado a gran velocidad, con un pan en la boca, y aquello provocó que mis auriculares salieran volando. Dejé de correr para quedarme embobada, mirando a lo que fuera que acababa de pasar a mi lado.

—¿F- Fūka?—y al terminar de decir su nombre, escuché en la distancia el primer timbre.

Volví a correr como loca, evadiendo a todos los profesores, escabulléndome en los pasillos y arribando al cuarto piso casi sin aliento, agachada sosteniendo ambas rodillas, para luego abrir la puerta estrepitosamente. Todos quedaron en silencio, palideciéndose. Noté que la profesora Meguro no estaba. Al parecer seguía enferma. Ayane ha estado enferma todo este mes, causando que tengamos al profesor de inglés como reemplazo la gran mayoría de veces. Al temerle a su difícil humor y exigencias, nuestro único punto a favor son sus tardanzas. Muy raras veces llega temprano, pero aún así todos se apuran y no se confían. He por ello mi apuro de esta mañana. Por suerte este no fue mi caso. Cuando se dieron cuenta que era yo la que entraba a clase, volvieron a sus posiciones originales y prosiguieron con sus charlas. En eso, observo que alguien falta. Alguien que debería de estar aquí y no está.

—¿Y Fūka?—le pregunto a nadie en particular, desplomando mi mochila en mi asiento.

—Aún no llega, enamorada mía—me dice Daisuke, colocando su mano en mi cabeza.

—Qué raro… ella me ganó la carrera—me quedé pensativa, recordando su rostro de desesperación mientras comía el pan que llevaba en boca mientras corría.

—¿Huh? ¿De qué hablas, linda?—era evidente que no iba a comprender, así que lo ignoré cuando justo Tk se adentró al salón de clases, cargando un sinfín de papeles.

Detrás de él, una chica gritaba.

—¡P-Pero Takaishi! Que formes parte del consejo no significa que puedas hacer lo que te plazca—de cabello turquesa, rizado en las puntas, de ojos grises y arreglándose los lentes, junto a su envidiable desarrollo femenino por más que fuera de una estatura muy pequeña, la presidenta del consejo estudiantil entra manifestando su poderoso poderío—¿Tienes idea de lo que se debe de reorganizar ahora?

—¿Sabes que tanto me importa?—evidentemente, Tk se encontraba enfadado. Sus ojos reflejaban estrés, mezclado con molestia. Al mirarlos sentí algo de temor, pero a la vez, me ruboricé—Nada. No me interesa en lo absoluto, Hibiki.

—Tch… ¡Dime presidenta o superiora Inoue!—hace un gesto con el rostro, pero le sigue la guerra—¡Por tu falta de consideración hay que reorganizar TODO el maldito auditorio! Los demás avisaron con tiempo, pero solo a ti se te ocurre durante las dos semanas de preparación, por Dios. ¡Ni tienen un guión!

Antes de que pudiera lanzársele encima llena de una furia indescriptible, dos chicas más aparecieron por arte de magia y la sostuvieron de los brazos. Ahora, agitando violentamente las piernas, moviendo su falda de arriba para abajo, gritaba en cólera.

—¡Suéltenme!

—¡Hibiki! Tranquila, tranquila—la calmaba una.

—Respira… eso es, respira—en eso, le susurra algo en el oído la segunda chica, ocasionando que la presidenta se sonroje a más no poder y, automáticamente, dejara su pataleta y usara ambas manos para cubrirse las piernas con su falda.

A lo lejos, observaba cómo Tk aguantaba la risa.

—¿Y bien, acabaste?

Inflando ambos cachetes, la presidente le requinta.

—¡No me voy sin esos papeles!

—Está bien...—dice sin importarle él, dirigiéndome la mirada luego a mí. En eso me da un ataque de pánico. Sabía que me olvidaba algo en la mañana. Mi guión. El accidente de mi hermano me distrajo de el. Lo había dejado en mi mesa de noche. Estaba algo avanzado, pero no tanto como Tk querría en este momento para lograr complacer a Inoue y aquello causaría más problemas. Empecé a sudar y me acomodé la bufanda con lentitud, tomándome mi tiempo—¿Kari…?

Abriéndome su mano a lo lejos, comprendí lo que significaba. Lo quiere. Y ahora.

Abrí mi mochila, haciéndome la que buscaba entre los papeles que cargaba todos los días. Además sentía la presión de mis compañeros de clase y la incesante mano de Tk que se movía de arriba abajo. Él parecía disfrutar cada segundo del enojo de la presidenta.

Hibiki Inoue, prima de Miyako Inoue. Tan similares, en cierta forma.

—Umm…—dije mientras buscaba. En eso entre los papeles, encontré el primer borrador. Soy una suertuda—Aquí está… pero es un borrador aún. Es difícil hacer una obra larga de un cuento tan pequeño, es por eso que estoy tratando de hacerlo bien.

Mientras me acercaba a Tk para dárselo, Hibiki me lo arrancha de la mano.

—¡Termínala para dentro de dos días!— tras decir esas palabras, se retira violentamente del salón de clases.

Sorprendida, y también sin saber qué hacer sin mi borrador ya que lo han secuestrado, Tk de manera impredecible coloca su mano encima de mi cabeza y me la soba.

—Intenta terminarlo para la fecha que te ha dado, ¿de acuerdo?

Lo único que hice fue asentir en silencio, mientras deseé que me tragara la tierra por sonrojarme en grandes cantidades.

xXx

Se acercaba la hora del recreo, y con ella, la hora del almuerzo. Me había olvidado de prepararlo así que pensaba en irme a comprar algo a la cafetería. Mientras el profesor dictaba clases a lo lejos, divagué algo durante su lección y note que, efectivamente, Fūka no había llegado aún. Más bien, había tenido la decencia de no presenciarse en todo el día. Me pregunto cuál será la razón. Digo, ella llegó antes que yo ya que me pasó cuando corría de camino aquí… ¿cuál habrá sido su apuro entonces? En eso, la campana marca el fin de clases y el inicio del receso. El profesor se retira y todos guardan sus cosas para salir de clases. Lentamente, me levanto de mi asiento para organizar mis cosas y guardarlas en mi bolso.

—Hikari~" Davis me hace saltar hasta el techo al acercarse hasta mi oreja y susurrar mi nombre. Me sujeto el corazón y doy media vuelta.

—¡Daisuke! Casi me matas del susto—le dije, golpeándolo en el hombro de forma juguetona—¿Qué sucede?

—Nada… quería saber si querías ir a almorzar al techo de la biblioteca otra vez. Hace mucho que no vamos—me dice, mirándome profundamente—Quisiera, por lo menos, alegrar un poco tu día y robarte una sonrisa.

En ese momento lo hizo, me robó una. Sonreí.

—Gracias, Daisuke. Qué considerado de tu parte, pero creo que no podré. Tengo que comprar mi almuerzo hoy día.

—¡Déjame eso a mí!—emocionado, me da un signo de victoria—¿Qué deseas, preciosa? Dime lo que quieras y te lo traigo aquí mismo.

—Lo que creas que me pueda gustar. Te deseo éxitos en tu misión.

—Pues ahí voy—con eso dicho, junto a una gran sonrisa dibujada en su rostro, desaparece dejándome en el salón casi sola.

Había un par de grupitos por ahí, pero opté por sentarme nuevamente en mi asiento y prepararme para continuar el guión. Me habré demorado como tres minutos tratando de recordar en qué me quede en casa, pero el hambre me ganaba. Una vez que recordé exactamente donde, mi mano no daba. Me faltaban energías, ¿por qué demora tanto Daisuke? Debería de tomarle menos de cinco minutos. Pero ya han pasado diez. Quizás hay mucha gente comprando.

—Oye, Yagami.

Mi rostro había estado dando a la ventana, pero en eso debo de voltear, alguien me había hablado, y esa voz no me daba una buena espina. Al dirigir mis ojos a la fuente, me di la no grata sorpresa de encontrarme con Yumi, una de las fans de Tk.

Qué querrá ahora.

—Dime, Yumi—le respondí de la manera más natural y educada posible.

—Daisuke nos dijo que quiere verte por el gimnasio, que quiere decirte algo, pero no nos dijo exactamente qué. Nos cruzamos camino aquí y entonces te dejamos el mensaje en su lugar—al terminar, ella y su grupo se sientan atrás con su comida y empiezan a chismosear como siempre.

Qué raro en ella, ser tan considerada. Supongo que iré. Quizás tuvo un percance y prefiere que comamos afuera. Sea lo que sea mejor ir, si no luego Daisuke haría todo un drama sobre ello. Me levanté, dándole gracias al aire, y me retiré, haciéndome camino por los pasillos hasta llegar al primer piso, al lugar en dónde nos entregaron los uniformes el primer día de clases, el gimnasio. No había nadie. Ni una sola alma. Caminando sin dirección alguna, noté que el depósito se encontraba abierto. Sería mejor cerrarlo. Si nos vieran aquí y con eso abierto, podrían correrse rumores. Me adentré, buscando la llave que me permitirá cerrarlo, pero en eso, otra voz me asusta, causando que me caiga al suelo.

—¿Estás bien, Hikari?—era Daisuke—Déjame ayudarte…

Con eso dicho, entra también él para ayudarme a levantarme, pero en eso alguien cierra la puerta por fuera y es así la situación en la que estamos ahora.


—¡Ya hemos estado cinco malditas horas acá adentro!—había tomado cuenta de ellas. Ya estaba atardeciendo y habíamos entrado a medio día. El último timbre, significando el fin de las clases y actividades extracurriculares, había sonado hace quince minutos aproximadamente y seguíamos aquí. El almuerzo que Daisuke me había comprado lo compartimos, pero igual teníamos hambre. Un sándwich no alcanzaba para los dos, pero sabía bien, debo de admitirlo. Buena elección. Misión cumplida—Si esto sigue así, nos quedaremos aquí toda la noche.

—T-T-Toda…—Daisuke se había ruborizado y, al notar el contenido de mis palabras, yo también.

—¡No voy a dormir contigo!—grité, tirándole una pelota inflable en el rostro. Me di cuenta algo tarde de mis palabras, pero ya que. Es muy probable que pasemos la noche aquí, esperando a que mañana haya alguna clase de educación física para que nos saquen, pero he ahí el problema. De una u otra forma, nos vamos a meter en problemas. En serios problemas. Daisuke me hace perder la concentración al echar un bostezo. Me contagia. Hago lo mismo—Tengo sueño.

—Yo también—me contesta, echándose en la colchoneta—Creo que me echaré una siesta.

—O-Oye… no me dejes sola aquí—le dije, pero ya era algo tarde. Se quedó dormido tan rápido cerró ojos—¿Y ahora, qué haré…?.

Sin notarlo, me terminé desplomando también y suspirando—Los voy a cerrar un rato… solo un ratito…

Y ese ratito se volvió en una hora y media.

Según mi cálculo, eran como las seis y media cuando escuché ruidos detrás de las puertas del depósito. Me asusté, levantándome rápido y sacudiendo a Daisuke, quién no se movía. Moría de miedo. Lo único que pensaba era que mi record académico sería manchado una vez más. En eso, la luz se hizo desde el otro lado, revelando una rubia cabellera y, a su lado, una larga almendrada.

—¿Qué significa esto, Hikari?—no soportaba escuchar el tono de decepción en su voz. Su mirada de que lo he defraudado. Es demasiado para mí. Demasiado.

—Hikari…—Fūka, quién volvía ver luego de nuestra épica carrera en la mañana, me abraza—Ya todo está bien… si nos explicas lo que sucedió, podremos ayudarte.

¿De qué están hablando? Daisuke aún no despertaba para corroborar mi versión de los hechos, y Tk se adelantó a ellos.

—Estar cinco horas encerrada con tu enamorado. Ni Hinanawi ni yo haríamos algo así. Si no fuera por ella, nunca me hubiera enterado que ambos estaban aquí. Ella fue la que encontró la llave del depósito fuera de lugar. Si no se nos hubiera ocurrido revisar aquí, nunca los hubiéramos encontrado y se hubieran enfrentado a profesores mañana—me decía, sereno, sin cambiar su expresión.

—¿La llave fuera de lugar?—si mal no recuerdo, no podía abrir la puerta porque la llave se encontraba puesta. Eso sí que es extraño.

—Fue Hinanawi quien me avisó sobre todo. De que los vio a ustedes yéndose al gimnasio y que no regresaron luego. Se preocupó al ver que no regresaban—proseguía. Yo me quedaba cada vez más atontada.

¿Fūka? No es posible que nos viera si no ha atendido a clases todo el día. Era imposible. A no ser que… ¿ella planeo todo desde un inicio? ¿El desaparecer todo el día para confundirme al analizar las cosas y poder así engañarnos? No puedo creer eso de ella. Simplemente no.

Fūka Hinanawi. Mi percepción de ti ha cambiado por completo.

—Ahora mejor despiértalo, que ya es tarde y deben de llegar a casa—con eso dicho, Tk me da la espalda—Vamos, Fūka.

Ella deja de abrazarme y se va a su lado, sin antes darme una sonrisa.

Como si todo hubiera sido una broma.