Notas de Autora: Un capitulo muy corto para tan largo tiempo, lo sé y lo lamento, pero es lo que hay u.u

—Bien quiero empezar la sesión con esta pregunta: ¿Por qué entraste en el ejército?

—Bueno, siempre me gustó la idea de ser soldado. Ellos son los que protegen a las personas de su país, o así pensaba yo… Y quería ser fuerte, quería ser capaz de proteger a las personas importantes para mí…

—Ya veo— el psiquiatra se notaba pensativo—. Pero a pesar del trauma y del problema en que derivó, te sigue gustando la milicia ¿o no?

Splendid claramente se fijó en su ropa. Y era cierto, aun le gustaba la milicia, pero sentía que ese gusto era parte de su problema.

Flippy se quedó en silencio largo rato, sin que el psiquiatra hiciera nada por romperlo. Le estaba dando tiempo para que reflexionara.

—Las primeras semanas de campaña, cuando estalló la guerra, fueron… divertidas por decirlo así. Me asignaron compañeros y solo teníamos que hacer rondas de guardia y exploraciones por el terreno. En esos días me hice dos buenos amigos… y bueno… lo malo vino después… yo…— a Flippy se le quebró la voz.

Sus ojos picaron por las lágrimas que no quería derramar. Realmente no podía contarle lo sucedido durante la guerra, era algo demasiado doloroso como para rememorarlo. No vio como el médico se levantaba hasta que lo sintió tomar su mano. Lo instó a levantarse y lo llevó a un amplio sofá en un rincón de la sala. Se sentaron muy juntos, Splendid en ningún momento soltó su mano.

—Veo que guardas un gran dolor dentro de ti, Flippy —susurró—, tienes un gran estrés post traumático y es posible que hayas desarrollado un trastorno a partir de ello.

Splendid lo abrazó. Flippy simplemente dejó los brazos laxos a sus costados, sin devolver el abrazo. Se sentía incómodo, no estaba acostumbrado a ser físicamente cariñoso con un hombre. Pero pasaron los primeros minutos y el psiquiatra no le soltaba. Y se empezó a sentir cálido, bien… Era reconfortante y el ex militar se permitió apoyar la cabeza en el hombro que se le ofrecía.

—Debes olvidar tu pasado para poder superar el dolor que aun te provoca…

—No... Es tan difícil olvidar.

—Es difícil, pero lo lograremos. Yo estaré contigo, ayudándote.

Flippy empezaba a sentir cierta confianza hacia aquel hombre que le ofrecía sinceramente su ayuda, incluso había olvidado su incomodidad anterior y ahora se apoyaba en el psiquiatra como si fueran amigos de toda la vida.

El momento se vio roto por un par de fuertes golpes en la puerta. Se separaron con suavidad y Splendid fue a abrir la puerta. A Flippy le pasmó un poco ver al hombre al otro lado del umbral. No sabía cómo describirlo pero si algo si podía decir es que era una persona totalmente opuesta a Splendid.

Eran de la misma estatura y complexión física, de hecho eran bastante parecidos. Pero el tipo tenía el pelo de un fuerte color rojo así como los ojos, y miraba de manera hostil a su psiquiatra.

—Doctor Splendid —dijo, imprimiéndole un tono burlesco a sus palabras— Veo que esta con un paciente.

— ¿Qué es lo que quieres Splendont? —le espeto Splendid en tono hostil.

Flippy se sentía bastante desconcertado. Aquellos dos eran tan parecidos y distintos a la vez, eran una completa contradicción.

—Cálmate colega. ¿Por qué tan agresivo? —aquel tipo seguía con ese tonito burlón que empezaba a irritar también a Flippy.

Ambos psiquiatras dejaron la habitación haciendo esperar al militar, dejándolo pensar en la rara situación. ¿Serían hermanos? Se preguntaba, eso explicaría el que incluso sus nombres se parecieran. Pero pensándolo bien solo eran detalles en los que se asemejaban, no en la apariencia en general. Era como si uno de ellos estuviera imitando al otro.

A los cinco minutos Splendid volvió a la habitación, esta vez solo. Ya no parecía tan irritado, de hecho volvía a tener el ánimo de siempre.

—Splendont ha tenido una idea genial —dijo sonriente—. Ha propuesto crear para los pacientes de ambos y de un psicólogo que trabaja aquí, una terapia de grupo. Es un idiota, pero es bueno en lo que hace —murmuró para sí mismo lo último.

A Flippy no le pareció tan buena idea, no quería compartir sus problemas con tanta gente, sin embargo Splendid aseguraba que una terapia de grupo complementaria fabulosamente su tratamiento.

Al final de la sesión Splendid le recetó un par de neurolépticos, para que tomara solo en caso de sufrir algún síntoma de psicosis.

Y como Flippy evitaba a toda costa ver, escuchar o siquiera pensar cualquier cosa bélica, no sufrió ningún ataque psicótico esa semana antes de volver a la consulta de Splendid. Pero si soñó. Pesadillas, horribles pesadillas mezcladas con sus peores recuerdos.

Había estado ahí una vez, sin embargo ahora podía ver todo con más claridad. Todo parecía estar en distintos matices de gris, pero cada figura parecía estar delineada con perfección. Y la sangre… la sangre era de un bermellón profundo, tan oscura y realista, la única gota de color en ese extraño e infernal mundo en blanco y negro. Un descampado rodeado de trincheras repletas de cadáveres destrozados y piezas de artillería, ni una sola alma viviente en aquel lugar putrefacto, solo Flippy y su desesperación.

Despertó con la respiración agitada. Flippy tenía aún más claro en su mente el reciente sueño que el recuerdo en realidad. Cuando aún estaban en guerra, él pasó por ese lugar juntó con su escuadrón, y es cierto, había cadáveres por montón, pero la cruenta escena había estado amortiguada por la compañía de sus amigos y el alivió de haber llegado al sitio cuando la masacre ya había terminado. Era un sentimiento egoísta claro, pero Flippy era humano y no podía evitarlo.

—…Y dices que tenía puesta un cinta roja en la cabeza? —preguntó Flaky con incredulidad.

—Claro, y tenía dos agujeros para los ojos.

Flippy le estaba contando a su amiga Flaky su última visita a Splendid. Había sido una sesión realmente hilarante. A penas entró a la sala donde atendía el psiquiatra se lo encontró con una cinta roja cubriendo sus ojos y una ridícula actitud heroica. En esta ocasión Splendid había hablado muchísimo más que Flippy; le contó que su sueño de niño había sido ser un superhéroe y que al final tomó su carrera como una forma de serlo, de poder ayudar a las personas.

Al ex militar le pasó varias veces por la mente, lo idiota que era el hombre frente a él, tan ingenuo e infantil, pero otra parte de él se le hacía tierno ver la ilusión que brillaba en los ojos del psiquiatra. Al verlo de esta manera más cercana Flippy perdió un poco la cordialidad –y el respeto- por Splendid, y empezó a tratarlo de una manera más amigable.

Casi al final de esa sesión, Flippy le contó de sus recurrentes pesadillas muy superficialmente y también de su temor –aunque él no lo haya dicho así- de exponerse en las próximas terapias de grupo. Splendid le dijo que fuera con tranquilidad al grupo y que no si no se sentía a gusto podían seguir solo ellos dos.

Por supuesto lo que le contó a su amiga también fue muy superficial, sentía que la familiaridad que había logrado crear con Splendid era algo privado.

— ¿Estás seguro de que ese hombre es el indicado para ayudarte?

—Creo que vale la pena intentarlo, al menos él parece dispuesto a hacerlo —contestó Flippy, y era realmente lo que pensaba.

Continuara...