Nota de Autora: Al parecer Fūka no es tan inocente como se pensaba. ¿O quizá fue un malentendido de Hikari? ¡Espero que les haya gustado el anterior! En este se introducirá a un personaje nuevo... o más bien, a una familia.
Categoría T por temas a futuro. Temática Drama & Angst por el mismo motivo.
Capítulo 6: Explorando la Escuela
Movían mi cama bruscamente. Es verdad, así es como despierto cada mañana. Sus incesantes y pequeñas manos se hacían camino entre mis mantas para mantenerme caliente en este crudo invierno. Sin rendirse aún, las manos empezaron a incrementar en fuerza, causando que me empezara a molestar. No suelo enfadarme con facilidad, más bien, me considero una chica plenamente pacífica.
—¡Fū-nee, despierta!—me gritaba—¡Hermana!
Sacando mi cabeza de entre las almohadas y demás, la cara de mi hermana menor fue lo primero que vi. Su característica boina roja, su corto cabello color almendra tostada y ojos miel. Sus pequeñas trenzas se balanceaban de izquierda a derecha, junto a su extraña vestimenta que lucía ser uniforme escolar.
—¿M-Mihara...?—intenté levantarme, sobándome los ojos lentamente en el proceso para terminar bostezando—¿Qué hora es...?"
—¿Ni un buenos días? Así no me dan ganas de despertarte—me replica de mala gana.
—Mihara Hinanawi, la hora—no debía de dejarla entrar en este tipo de discusiones, sino nos quedaríamos horas de horas. Al verla inflar sus mejillas debido a mi pregunta, eché un suspiro y me acerqué a mi reloj. No puede ser. Mis ojos me engañan. Ahí, claramente, ambas agujas clavaban las nueve de la mañana. No puede ser. No puede ser. No puede ser—M-Mihara… ¡Debiste despertarme antes si sabías lo tarde que era! Sal que tengo que cambiarme.
—Está bien, Fū-nee, está bien. Pero para que sepas, estuve haciendo de toooodo para que te despertaras y tú ni un dedo movías. Parecías muerta—me replica, aguantando lo que parecía ser una risa. Con ambas manos cubriéndose la boca, la eché a almohadazos ya que no parecía querer irse. Tras insistir un par de veces con mi ataque, cerró la puerta.
Volviendo a suspirar, me dejé caer.
—Por cómo van las cosas, creo que llegaré para el primer recreo—me dije a mi misma, mientras que a la vez pensaba que resignarme de esa manera no ayudaría para nada.
Debo de apurarme y llegar temprano. Debo de dar el ejemplo, si no es así… ¡Takeru se decepcionará de mí! Sí, está claro. La enamorada de un miembro del consejo estudiantil debe de ser responsable y buena. Debe de dar el ejemplo. Debe de dar el ejemplo. Debe de dar el ejem…plo. Mis ojos se pusieron llorosos sin razón aparente. Jalé las mangas de mi pijama celeste hacia mis manos, formando así un puño para secar mis ojos. Hace mucho tiempo que no hacía algo así. Todo esto es su culpa. Es un tonto.
Todavía divagando en mis pensamientos, finalmente encontré mi uniforme. Había esto buscándolo aparentemente sin notarlo. Al tomar noción de mis alrededores, me fijé que había una envoltura, casi de la forma de una daga de defensa personal en uno de los compartimentos que usaba para guardar perfumes y cajas de madera llenas de recuerdos del pasado. En fin, debo de concentrarme. Debo de hacer muchas cosas. Acerqué mi temblorosa mano al compartimento para sentir su aspereza.
Sigue filudo. Qué más puedo esperar, no lo he usado en un largo tiempo.
Luego observé mi bufanda naranja, para luego evitar observarme en el espejo. No deseo ver mi cuello ahora mismo. La jalé para envolverla en mí, para luego, al mirarme, suspirar con alivio. Si la mañana ya habìa empezado fatal debía hacer lo imposible para que no se tornara peor.
Aparentemente encontré un viejo reloj seguía funcionando y sonreí débilmente. Fue ahí cuando descubrí todo. Ese reloj marcaba las seis y cincuenta. Era imposible que esté retrasado ya que el día que me lo entregaron le pusimos la hora y no se le han cambiado las baterías. Se las va a ver conmigo. Ahora mismo. Lástima que mi hermano Akira no esté aquí. Él sabe perfectamente cómo arreglárselas con Mihara cuando hace este tipo de bromas de mal gusto. Me ha hecho varias en estos tres años, pero en esta se excedió.
Dejé el reloj en su sitio, me cambié al uniforme lo más rápido posible y abrí la puerta con furia –o por lo menos eso intenté, aprendí a controlarla hace mucho-, asustando a mi hermana menor quien se encontraba poniendo la mesa para el desayuno. Con tan solo doce años, se ganaba el respeto de mis padres e incluso de Akira y mío al actuar de manera adulta y responsable, pero cuando nuestro hermano anunció su viaje, empezó a comportarse como otra persona. La verdad, no noté mucho su cambio ya que en ese entonces yo tenía problemas en mi mundo. Un mundo alejado del que en el que estoy ahora.
—Mihara…
—Hermana, ¿Qué haces ahí parada?—me pregunta inocentemente—Es hora de desayunar. Si no te apuras, se enfriará y llegarás incluso más tarde.
Al terminar de poner la mesa, se dirigió a la freidora y le dio media vuelta a lo que aparentaba ser una tortilla. Con la sartén en mano, se acercó nuevamente a la mesa, colocando en un plato el alimento. El vapor que emanaba junto a su olor me hizo olvidar por un minuto lo que debía de hacer en estos momentos. Esperé a que se alejara y dejara la sartén en el lavadero, para que luego tomara asiento en la pequeña mesa.
—Ven, siéntate.
Tal y como me dijo, me acerqué a ella. Me encontraba detrás ahora. Formé un puño con mi mano, para golpearla ligeramente en la cabeza y terminar diciéndole lo siguiente.
—Idiota.
xXx
La comida tenía buen sabor. Para su edad, como lo pensé antes, Mihara tiene un brillante futuro, el cual no desearía estropear.
—¿Aún no hay clases en tu escuela?—me atreví a preguntar, intentando hacer algo de conversación en la pesada atmósfera que nos sofocaba. A la misma vez, observé como, con un tenedor, pinchó un poco de tortilla para meterla en un pan de yema. Luego de darle un enorme bocado, lo saborea, pasa y me sonríe.
—No, todavía no. Los profesores siguen en una protesta sobre su bajo salario.
—Oh, ya veo… ¿qué harás hoy entonces?—quería conocerla más. Es algo tarde, pero no quería alejarme de Mihara tal y como lo hice de Akira. Además, ella se encuentra bajo mi cuidado debido al viaje de nuestros padres. Aniversario de bodas en un crucero, que bonito. Ya llevamos un mes solas en casa y no consigo llevarme bien con ella.
—Nada. Mirar la televisión supongo o jugar algo…—con eso dicho, suspira y mira hacia la izquierda. Otra vez el silencio reinó y me serví algo de leche. Cuando estaba tomando algo de ella, Mihara vuelve a hablar—¿Puedo ir a tu escuela?
Al escuchar esa pregunta me atoré y aquello causó que levantara ambos brazos en el aire. Tras lograr recuperarme, le sonreí dudosamente, como siempre.
—M-Mihara… ya hemos conversado sobre este tema… sabes que es un no.
En ese mismo instante, tras escuchar mis palabras, surgieron lágrimas de sus ojos.
—¡Siempre dices que no! ¿Cómo se supone que conozca la escuela ala que tanto deseo asistir el año entrante?
—T-Tranquila… la verdad, por mi encantada que vengas—mentir me da bien, pero me daba temor perder la razón y gritar por su silencio. A veces soy una hipócrita, —Pero no es algo que yo pueda decidir.
—¡Eres una pesada!—llorando y gritando como nunca la he visto, tiró la silla de un golpe y se echó a correr a su habitación.
—¡E-Espera!—pero tal cual me paré, tal cual sonó la puerta de madera contra el marco. Mi mano derecha empezó a temblar, queriendo formar un puño, pero la izquierda la detuvo.
Contrólate, Fūka. Contrólate. No te dejes dominar por tu ira. Es tu hermana menor, que los instintos no te controlen.
Repetí esas pequeñas oraciones en mi mente y di un largo suspiro. No puedo perder el control de mis actos de esta manera, después de tanto lío para la rehabilitación. Conté hasta el diez, tal y como me habían enseñado, y la ira se apaciguó. Tras todo esto había perdido el apetito y empecé a limpiar la mesa. Guardé lo poco de tortilla que quedaba –más bien, lo que quedaba era mi ración intacta- por si a Mihara le provocaba un bocadillo en la tarde cuando no esté. Luego de lavar la vajilla y demás, me parecía extraño que mi hermana no hiciera ruido alguno en su habitación y que tampoco haya salido. Lentamente me acerqué a la puerta, sintiendo la dura madera bajo mis nudillos.
—M-Mihara… vamos, sal. No quiero irme peleada contigo—le dije en voz baja, esperando respuesta, pero ninguna vino—Vamos, ¡respóndeme!
Empecé a jugar con mi cabello ya que la espera se estaba haciendo larga. También empecé a golpear el piso con mi pie. Mirando hacia la izquierda y la derecha, volví a suspirar. Cada vez se hacía más y más tarde. Dentro de poco se me iba a ir el bus e iba a tener que ir caminando. Cansada, y algo frustrada a la misma vez, me paré y sostuve la perilla de la habitación de mi pequeña hermana menor.
—Está bien, Mihara. Tu berrinche ya llegó demasiado lejos, voy a entrar.
Lentamente la giré. La puerta de caoba soltó fuertes crujidos, causando que los nervios me ganaran. No sabía que decirle ahora si la veía. Yo no soy Mamá, Papá o inclusive Akira. Solo soy la segunda hermana, quién se alejó de su familia de muy joven por motivos que no deseo recordar ahora mismo. No soy quién para resondrarla, ya que después de todo soy una desconocida. No soy nadie, pero aun así decidí tomar rienda en el asunto. Decidí cambiar, si no, todo lo que han hecho por mí sería en vano. Espero no malograr nuestra recién retomada relación, Mihara.
—Herma…na.
La habitación estaba completamente vacía. El poco sol que iluminaba la ciudad entraba por las ventanas y el frío viento jugaba en la habitación, danzando con las delgadas cortinas que decoraban el lugar. Camino desganada y decaída, antes de caer de rodillas frente a una nota que se encontraba al borde de la cama. Ignorándola, observo que las ventanas están abiertas, dándome una clara idea de que Mihara escapó por el jardín trasero hacia la calle. La nota, enfadada por ignorarla, vuela gentilmente hacia mis rodillas. Tomando mi interés, opté por leerla y, para mi sorpresa, noté que si quería alcanzar a mi hermana ya estaba demasiado tarde. Había tomado el ultimo bus que va hacia la escuela a las 8:15 y son las 8:35.
Salí corriendo de casa y logré llegar a la estación en tiempo récord. Respirando agitadamente, me pareció ver una silueta familiar que se encontraba en mis mismas condiciones. Me acerqué algo más y me percaté que se trataba de Hikari, quién se encontraba escuchando algo de música. Sabía que hablar era inútil, así que empecé a tocarle el hombro con mi dedo índice. La curiosidad de saber si el bus ya se fue me mata, es decir… Mihara podría estar ahí dentro… y llegaría a la escuela… y me metería en problemas… y podría salir expulsada… ¡peor aún!... podría avergonzar a Takeru de por vida por mi culpa y su reputación bajaría. No quiero meter a nadie más en problemas por mi culpa, ¿por qué no puedes ser una buena hermana menor y quedarte en casa, Mihara?
—¡Qué!—Hikari había volteado gritando a más no poder, quizás creyendo que no la escucharían por la música que escuchaba a alto volumen.
—Ummm...—solté desconcertada. No creí ver nunca a Kari replicar de aquella manera. En eso, mi estómago empezó a sonar. Recordé que no llegué a comer ni un poco de la tortilla de Mihara, aunque eso provocó que un nostálgico sabor se abriera paso a mis papilas gustativas, sin dejar de parpadear al imaginarlo—…curry.
Pensé que Kari se molestaría más, es decir, acababa de hacerla enojar y solté algo estúpido y sin sentido, pero me respondió sonriendo.
—¿Curry? ¿Tienes hambre y pensabas que tenía curry?
Sacudiendo ambas manos apresuradamente, contesté.
—N-No… es solo que te llamaba para saber si el bus ya se había ido. Como estabas con tus audífonos… pensé que si decía cualquier cosa me escucharías.
Hace mucho tiempo que no mentía tanto. La verdad era que por los audífonos empecé a tocarle el hombro en espera de alguna respuesta, ya que me imaginaba que obviaba todo ruido del exterior con su música a todo volumen. Noté que abrió la boca para contestarme, mientras que a la misma vez señalaba algo parecido a una nube de humo.
—Ah, por eso era… y respondiendo a tu duda, pues sí. Se fue hace dos minutos.
—¡Maldición!—grité sin vacilar. Sin pensarlo más, salí disparada dejando a Hikari en el olvido.
La fría mañana se hacía camino por mi rostro, jugando con mi largo cabello almendrado. La falda bailaba al compás de una sonata imaginaria, la cual pertenecía al repertorio de la estación actual. Si estuviera en el club de atletismo, algo me dice que ya hubiera ganado una medalla o dos; estaba apurada, apurada porque Mihara ya estaba en la escuela. Entreabriendo los ojos de vez en cuando debido a mi velocidad, divisé una pequeña tienda de abarrotes. Y he ahí mi pequeño desvío, acababan de hornear pan al curry, y su olor era irresistible para mi sentido del olfato. Es en estos momentos cuando detesto tener unos sentidos muy sensibles.
—B-Buenas…—solté temerosamente, adentrándome en el establecimiento. No había muchas personas por la hora, y la chica de la caja parecía estar hablando por teléfono con alguien, así que opté por no seguir hablando y avergonzarme a mí misma.
Caminé pasillo por pasillo, distrayéndome. Sabía que no tenía tiempo para hacer algo como esto, pero aun así me encantaba pasear por lugares de este tipo. Los colores, los olores, los posibles sabores, todas las cosas que podría utilizar para cocinar… si es que no fuera por un pequeño detalle. En fin, pasará con el tiempo, podré recuperar el toque, o más bien, eso espero. Proseguí con mi travesía, hasta que llegué al stand de los panes recién horneados. El de curry tenía un olor exquisito y cada vez se me abría más el apetito. Con la saliva casi saliendo por mi boca, lo cogí decidida, sin remordimientos. Me acerqué a la caja y la chica seguía hablando por teléfono. Su piel era blanca como la nieve y sus ojos parecían dos profundas esmeraldas. Su cabello, negro como la noche, se encontraba sujeto por un gancho color azul marino y sus lentes de leer los llevaba colgados en su uniforme de la tienda.
En su vestimenta llevaba una placa con su nombre, Chise Himawari.
—¿Cuántas veces te he dicho que seas más sensible?"
Sus palabras me sorprendieron. No es que quiera husmear en su conversación privada por celular, pero la verdad estoy en un apuro… aunque aun así deseo saber que habla.
—Taichi… No, Taichi… ¡Escúchame por un segundo, Taichi!—la voz que venía del otro lado de la línea parecía haber estado histérica, para luego callarse tras escuchar ser resondrado—Debiste de haber sido más gentil al romper con Sorami… ya, ya, está bien, con Ai. No entiendo qué tienes con que pronuncie el apellido… ¿Por tener Sora? Dios, Taichi… supéralo ya. Mira, Taichi… tengo que colgar… hay un cliente esperando… ¿Qué deje a mi cliente? Sabes, hablamos luego. Adiós.
Ttras colgar con una expresión de cansancio indescriptible, me inmuté cuando me observó. Una tímida sonrisa se formó en su rostro y cogió mi pan, para pasarlo por la caja registradora, y entregármelo devuelta.
—Serían…
—No hay problema, se cuánto es—le dije, tratando de aligerarle el trabajo y entregándole los yenes necesarios para consumar el proceso adquisitivo.
Mientras salía de la tienda, me percaté que me encontraba diez minutos tarde. Eché un suspiro. Sabía que no llegaría a tiempo a clase y, si asistía, Mihara podría hacer de las suyas. Mi máxima prioridad era encontrarla a como dé lugar. Antes de tener un pie fuera, escucho un escandaloso tono de celular, el cual aparentemente provenía de la chica que me atendió. Al leer el nombre de quien la llamaba, dejo el celular y le dirigió una mirada de odio. Quizás era el tal Taichi. No quise involucrarme más y decidí retirarme lo más rápido posible, incluso me pareció que pasé a Hikari por un momento, para dedicarme a la búsqueda de mi hermana menor. Por el nombre de la familia Hinanawi, no fallaré en mi misión. Prepárate, que no debiste de haberte metido conmigo… Mihara.
Al encontrarme en el primer piso, mi objetivo principal fue recuperar mi respiración. Todavía no sonaba el segundo timbre de inicio de la tutoría así que por ahora me encontraba a salvo. Pocos alumnos se observaban en los pasillos, unos que otros planeando saltear clases con sus amigos para al final retractarse o quedar en un punto de encuentro. Poco a poco, sentí como el oxígeno regresaba a mi cerebro, para lograr procesar cual sería el paso que tomaría. Debo de pensar como mi hermana, si fuera ella ¿a dónde iría tal cual llegara? Tomando como base su forma de ser, creo poder llegar a la respuesta. Me apoyé en uno de los casilleros, meditando con ojos cerrados. Con una personalidad impetuosa, me la imagino corriendo por cada pasillo que vea, evadiendo con gran destreza a los profesores en el momento indicado buscando un solo objetivo… ¡mi clase! Al notar este descubrimiento, levanté la espalda abruptamente para percatarme que no había ni una sola alma. El timbre debe de haber sonado y ahora sí me encontraba en problemas, debo de actuar ¡y rápido!
En pequeñas ocasiones como estas, recuerdo mi antiguo deseo de ser una kunoichi al crecer. Sintiéndome invisible, con la habilidad de escabullirme sin ser detectada y saltar a lugares que ningún ser humano común y corriente lograría al primer intento. Mihara debe de estar sintiéndose así ahora mismo. La verdad, a quién trato de engañar… soy yo la que se siente así. Casi de rodillas y cubriéndome la boca con mi uniforme, solo me faltaba decir nin nin para entrar mucho más en el ambiente que yo misma creaba. Definitivamente voy a darle un severo castigo a mi hermana. En fin, poco a poco fui llegando al escalón, cuando en eso me rugió fuertemente el estómago, haciendo ecos en el pasillo. Su búsqueda tendrá que esperar, debo de callarlo antes de que suene más fuerte y todo se arruine. Todo para que Tk siga como está y no me expulsen.
Ya no faltaba mucho para llegar. El patio se encontraba a pocos pasos de dónde me encontraba y, en ese momento, recordé unas de las primeras conversaciones que tuve con Hikari luego del pequeño beso que mi enamorado me dio en la mejilla y salir corriendo como una niña tonta. Recuerdo que ella me siguió hasta la máquina expendedora y se sentó a mi lado, mientras que yo me encontraba tomando un jugo sumergiéndome en mi propia melancolía. Sus palabras fueron un gran apoyo para mí en ese momento y noté que había encontrado una amiga de verdad. Nunca la traicionaría. Nunca en la vida. Sin notarlo, ya me encontraba al lado de la máquina y metí un par de yenes para sacar un jugo de durazno, mi favorito. Iba a meter más para sacar comida, pero en eso recordé la bolsita que llevaba cargada en mi mano desde hace muchos minutos.
Me senté una banca cerca a unos arbustos y empecé a disfrutar cada pedazo de mi pan con curry. Mi rostro debe de haber estado lleno de felicidad con cada mordisco que le daba, está simplemente espectacular, pero toda felicidad no es eterna. Recordé que no tenía tiempo para distraerme por mi cuenta. Encontrar a Mihara es mi objetivo principal… después de todo, no quiero perjudicar a Takeru. Akira y mis padres han hecho tanto por mi y no quiero decepcionarlos ahora, que estoy a tan pocos pasos de terminar el tratamiento. Le debo tanto a Takeru que nunca siento que es suficiente lo que hago… pero esto está yendo demasiado lejos, es posible que esto se salga de control, pero si llega a suceder, quien lo detenga…
—¡Seré yo!
Tras gritar aquello a los cuatro vientos, me percaté que había aplastado la mitad de mi pan y todo mi jugo, causando una explosión líquida en mi rostro. Simplemente genial, ahora a limpiarme y no hay ningún baño cerca a no ser que vuelva a entrar y no deseo hacer eso. Prefiero esperar a que sea el primer recreo o algo así… mejor aún, que se acerque la hora del almuerzo. Así podré sacar a Mihara rápido. De un momento a otro suelto un largo bostezo. O quizás sería lo mejor ir a la enfermería y echarme una siesta… después de todo, ella me despertó más temprano de lo normal y me hizo gastar bastante energía. Sí, creo que eso haré. Trato de sacarme todo el líquido con la manga de mi uniforme y exprimir las zonas de mi cabello que se dañaron con la explosión. Boté las sobras malogradas, por más dolor que me causara, y emprendí mi camino a la enfermería, como si fuera una estudiante que no se saltea clases para buscar a su hermana menor.
—Pero qué molesto se pone Takaishi cuando se trata de Yagami—una voz familiar resonaba en la distancia—Si se pusiera de esa manera cuando se trata de cosas que realmente importan, el consejo estudiantil sería diferente… ¿Hm?
Por alguna extraña coincidencia del destino, me encontré cara a cara con Hibiki Inoue, la presidenta del consejo estudiantil en dónde hago actividades regularmente con Takeru. A su lado iban sus dos amigas de siempre, las mellizas Ai y Mai Kanzaki. Sus cabelleras azul oscuro con una trenza (a la derecha la de Ai y al lado opuesto la de Mai) sujetada por un listón rojo, hacían resaltar la larga y ondulada de Hibiki. Las mellizas se quedaron confusas al ver que la presidenta se detuvo mágicamente, para luego notar que me encontraba frente a las tres. Nos intercambiamos miradas por un par de minutos hasta que la presidenta logró hablar, arreglándose los lentes y afinando su garganta, para luego poner una mirada intensa con los ojos grises que tiene. Las altas Kanzakis se agarraron de las manos en una pose de nervios, cerrando sus ojos color rosa pastel. Tras todo el drama, Inoue soltó un suspiro, decidida a hablar luego de toda la tensión que formó.
—Ah, la sombra de Takaishi.
Siempre me hace lo mismo, es como si me odiara. Nunca le hice nada a la chica. El día que Takeru me llevó al consejo por primera vez sentí que me odió. No sé que hacer con ella, pero aprendí a ignorar sus comentarios con el tiempo.
—H-Hola Hibiki…
—Qué raro que te hayas separado de Takaishi. Lástima que no tengamos una zona de sombras extraviados, no es verdad, ¿Ai, Mai?
—Hibiki, hay que apresurarnos que hay muchas cosas que hacer…—suelta nerviosamente Ai.
—Sí, sí. Vamos, Hibichibi—la apoya Mai.
Pensaba seguir de largo, ya que la presidenta haría lo mismo, pero en eso algo me llamó la atención.
—Extraviados... perderse...¡Por qué no lo pensé antes! Muchas gracias, Hibiki. Me diste una idea.
Dejando una pensativa y enojada presidente atrás, me eché a correr a la reciente construida zona de objetos perdidos. Al lado, se encontraba el salón de profesores. Giré la perilla, ilusionada con encontrar a Mihara ahí dentro… pero todo fue en vano. Estaba totalmente vacío, pocos profesores se encontraban corrigendo papeles, la mayoría dictando clases. Más idiota yo por pensar que se encontraría ahí. Ella es más inteligente… no sería capaz de venir a un sitio como este. Por suerte, ahora me encuentro a pocos pasos de la enfermería. Lentamente me adentré al cuarto que estaba a tres puertas del que en el que me encontraba. La doctora no se encontraba, entonces aproveché en adueñarme en una de las camillas y tomar una plácida siesta.
—¡Duele Dai-nii, duele!—me parecía escuchar.
—Todo estará bien, el dolor ya pasara—una voz masculina reconfortaba a la chillona que lloraba y lloraba—Me quedaría más rato contigo, pero le prometí a mi enamorada ir a comprarle su almuerzo.
—Esas eran unas chicas malas, ten cuidado con ellas, Dai-nii. Mihara no sabe por qué la empujaron. Mihara no ha hecho nada malo. Solo las vio sacar unas llaves… eso fue todo—seguía llorando, casi ni se le entendía.
—Tu hermano mayor se encargará de darle su merecido a esas niñas malas—le respondía la voz a la otra—Ahora, se una buena niña y descansa aquí. De ahí anda al salón de profesores. Te ayudarán a llegar a casa.
—Esta bien…—replica ella, más tranquila.
Siento que las voces se mezclan con mi sueño, o que las voces son mi sueño… un minuto, ¿Mihara? Tal cual escucho que cierran la puerta de la enfermería, salgo disparada de la camilla, abriendo las cortinas, para ver a mi hermanita menor sentada en la silla de la enfermera quien hasta ahora no ha hecho acto de presencia en su trabajo.
—Fū-nee…—la escucho decir, sobándose los ojos intentando secar las lágrimas. Al lograr divisar su figura, observé que tenia sangre en la cabeza y que le habían puesto una bolsita de hielo dentro de una toalla. Sujetaba fuertemente su boina roja en ambas manos.
—Dios santo, Mihara…—no tenia palabras para describir lo que sentía. Una rabia y cólera me estaba haciendo hervir la sangre. Debo de controlar mi furia, no quiero que una familia asista a un funeral mañana por descontrolarme—¿Qué te ocurrió?
—¡Fū-nee!—antes de que pudiera terminar de acercarme a ella, corrió hacia mi y me abrazó—Mi hermano vino y me trajo hasta aquí, si no fuera por él, Mihara estaría sola en ese pasillo luego de que las tres chicas me empujaran.
—¿Tu hermano?—inquirí—¿Tres chicas?
Que hago preguntando… lo más importante es verificar si se encuentra bien. Con cuidado, empecé a revisarle la cabeza para ver si no se había roto nada.
—Sí… Mihara buscaba tu clase para darte una sorpresa y ver a Take-nii… pero me extravié explorando la escuela y esas tres chicas me vieron. Sentía que iban a hacer algo malo y no me quería mover… y me empujaron y me di contra unos espejos… me duele mucho hermana…
—Ya todo está bien, Mihara. Fūka se encargará de todo esto… pero primero haré que te lleven a casa. Ven conmigo—ágilmente, la cargué en mis brazos. Por más que tuviera nueve años, seguía pesando como una pluma. Nos dirigimos al salón que ahora era el de niños extraviados, en dónde encontré a la encargada, la profesora Nakashima. Tal cual vio el estado de mi hermana, pegó un grito en el cielo y se ofreció personalmente llevarla a casa. Antes de retirarse, me atreví a preguntarle a Mihara en dónde se encontraba cuando la atacaron. La ira no se iba aunque intente apaciguarla—Mihara… cuando sucedió todo esto… ¿recuerdas que nombre tenía la placa del aula?
—Si mal no recuerdo decía… consejo estudiantil—y con eso dicho, la profesora me pidió que regresara a clases, las cuales no pienso atender, que le calmaría el dolor y la llevaría a casa, cerrándome la puerta en el proceso.
Sabía que dejaba a Mihara en buenas manos… pero mi mente ahora tenía tres personas en mente, y su castigo no era para nada agradable.
Rápidamente, corrí hacia el consejo estudiantil para encontrarlo vacío. Me adentré y observé que los espejos que usaríamos para la obra de teatro se encontraban con sangre. Fue aquí donde empujaron a Mihara… ahora que lo pienso, dicen que se llevaron una llave… ¿pero cuál? Acercándome a la repisa que guarda todas las llaves, me di con la sorpresa que hacía falta la del depósito del gimnasio. Debo de avisarle a alguien cuanto antes. Debo de avisarle a Takeru.
Era hora de almuerzo, así que sería fácil encontrarlo. Regresando al patio, en vez de ir hacia las bancas en donde sucedió mi vergonzoso accidente, seguí de largo para llegar a la biblioteca y subir los siete escalones que me llevarían a su encuentro. Tras abrir las puertas, un fuerte viento me recibió, impidiendo que lograra abrir los ojos y ver su figura claramente. De cuerpo esbelto, rostro infantil, cabellos dorados y ojos de un azul profundo, Takeru Takaishi se encontraba mirando al claro cielo con una mirada perdida. Siempre hace eso cuando piensa en ella. Algo debe de haber sucedido durante mi ausencia. Supongo que eventualmente me lo contará. Sin ninguna duda en mi, me acerqué a el para terminar a su lado.
—Takeru…
—Kari…—suelta antes de dirigirme la mirada y notar el grave error que acababa de cometer. No soy celosa, pero por alguna razón mi corazón me dolió—"Lo siento, Hinanawi… anda algo distraído hoy día ¿qué ha sido de ti? Has desaparecido toda la mañana y ahora apareces a la hora del almuerzo.
Kari en vez de Hikari. Hinanawi en vez de mi nombre. Debe tener millares de cosas en mente, este chico.
—También he tenido un día difícil…—quería ir directo al grano—Takeru… alguien ha robado las llaves del depósito del gimnasio y no lo hicieron de una manera amable…
—¿A qué te refieres con amable?—me preguntó—Y quién querría llaves para ese lugar…
—Me refiero a que recurrieron a la violencia…—dije, para luego soltar en broma un pensamiento gracioso que tuve, que me ayudó a tranquilizar mi mente con respecto a Mihara—Y quizás una pareja de enamorados con las hormonas alborotadas.
—Que graciosa que eres—con eso dicho, me soba la cabeza. Me pongo algo nerviosa, pero antes de hacerle ver la seriedad del asunto, prosigue—Hay que investigarlo. Si dices que recurrieron a la violencia, definitivamente no tenían buenas intenciones. Primero hay que regresar a clase para avisar nuestra… digo, mi ausencia a este periodo que viene ya que tu ni fuiste contada en el registro de hoy. Espero que me cuentes después, por favor.
—Claro que lo haré, pero ahora no es momento de charlar sobre eso. La campana suena en dos minutos. Cuando lleguemos al otro edificio ya habrá empezado la clase.
—La interrumpiré—con aquella pequeña oración concluyó la conversación y tomó mi mano, para llevarme a su lado hacia nuestro destino.
Takeru se encontraba nervioso. Miraba la puerta pero no se atrevía a tocarla. Empezó a ver a través del vidrio que se encontraba en la puerta, para luego poner una cara de sorpresa y misterio.
—Qué raro.
—¿Qué cosa?—inquirí nerviosa, ya que no se me iban los nervios de haber ido de la mano con el.
—No están ni Daisuke ni Hikari en clase…—escuchar aquello provenir de sus labios parecía extraño. Ellos nunca saltarían clase. Bueno, Daisuke quizás si, pero Hikari no… ahora que lo recuerdo, la voz con la que hablaba Mihara se asemejaba a la de Daisuke.
—Pero que cosa más rara—le respondí—Ya si quieres los resondras luego, pero cuanto más tiempo dudes en entrar o no, las pistas se enfrían.
Tras haber terminado mi oración, noté como se alejó de la puerta para mirarme, aguantándose una risa.
—¿Se enfrían?
—B-Bueno… ya sabes… las puestas son mejores cuando están calientes, frescas, recientes… ya sabes… como periódico recién impreso.
—Sinceramente…—se me acercó algo más y me tomó de la mano—No dejas de sorprenderme.
Luego de muchas horas de ajetreo, logré sonreír.
—Al consejo estudiantil se ha dicho.
Ambos bajamos las escaleras hacia el lugar, para mostrarle la escena del crimen en donde habían empujado a Mihara.
—Esto es serio…
—Totalmente…—solté—Mientras vamos por ahí aprovechemos en buscar en dónde andan Kari y Daisuke.
—Mientras que no estén haciendo nada fuera de lo normal…—noté ciertos celos venir en su tono de voz.
—Takeru…—traté de tranquilizarlo un poco al apoyar mi cabeza en su espalda y darle un suave abrazo—Ya verás que no es así. Deben de estar en el patio… quizás en la cafetería
—Eso espero...—no se le veía para nada animado. Quizás debamos de ir a buscar a otro lugar… ¡ya lo tengo!
—¿Qué te parece si vamos al gimnasio? Las personas que hicieron esto querían ir al depósito por algo, vayamos a ver si encontramos alguna pista… caliente—la última palabra la dije guiñando un ojo y levantando el pulgar. Logré escuchar una risa escapar de sus labios.
—Vamos por tu pista—me dice mientras intenta quitarse todos esos pensamientos devastadores de la cabeza.
Caminamos lentamente hasta llegar al lugar indicado. Mientras nos acercábamos más al depósito… me pareció ver un brillo en la puerta del depósito.
—Qué extraño…
—¿Qué cosa?—me pregunta Takeru.
—Al parecer ya usaron el depósito pero no devolvieron la llave a su sitio… la dejaron en la puerta.
Takeru fue corriendo y sin pensarlo dos veces la abrió. Cuando llegué a su lado, observé como su cara se transformó de calma a dolor, de dolor a odio, de odio a celos y de celos a una seriedad imparcial.
—¿Qué significa esto, Hikari?
Hikari y Daisuke se encontraban dentro del depósito. Ni yo me lo vi venir. Lo que dije era en broma… no creí que fuera cierto, después de todo, Mihara dijo que habían sido tres chicas y no una pareja. Tampoco creo que irían tan lejos de lastimar a alguien por el simple hecho de querer pasar unas… cinco horas a solas. Sin darme cuenta, un mecanismo que creía dormido en mi despertó… la hipocresía. Me acerqué a ella con lágrimas falsas, abrazándola como si fuera la culpable del robo de las llaves.
—Hikari… ya todo está bien… si nos explicas lo que sucedió, podremos ayudarte.
Su cara da confusión me causaba placer. No creí volver a actuar así nunca más en mi vida. Creí que ya había derrotado todos estos actos… ¿porqué están despertando ahora?
—Estar cinco horas encerrada con tu enamorado. Ni Hinanawi ni yo haríamos algo así. Si no fuera por ella, nunca me hubiera enterado que ambos estaban aquí. Ella fue la que encontró la llave del depósito fuera de lugar. Si no se nos hubiera ocurrido revisar aquí, nunca los hubiéramos encontrado y se hubieran enfrentado a profesores mañana—decía, sereno, sin cambiar su expresión.
—¿La llave fuera de lugar?—escuché la voz de Hikari finalmente salir de sus labios. Una voz llena de dolor. Era música para mis oídos. No aguanto más. Quiero que acabe ya.
—Fue Hinanawi quien me avisó sobre todo. De que los vio a ustedes yéndose al gimnasio y que no regresaron luego. Se preocupó al ver que no regresaban.
Un minuto… Takeru… ¿qué haces mintiendo? Así no fue como sucedieron las cosas… no incentives más… no me incentives más. ¿Por qué te causas más dolor?
—Ahora mejor despiértalo, que ya es tarde y deben de llegar a casa.
Con eso dicho, Takeru le dirige la espalda y me llama por mi nombre. Me alejo de Hikari, soltándola del abrazo, para luego dirigirle la mirada más hipócrita y sombría del mundo, como si todo lo sucedido hubiera sido una broma. El silencio entre los cuatro fue eterno. Kari levantó finalmente a Davis luego de tanto lio. Lo calló una innumerable cantidad de veces, hasta que salieron del gimnasio y nos dejaron a solas. De un minuto a otro, nos encontramos rendidos en el suelo, abrazados, cada quien por su lado llorando.
Él, por un adolorido corazón.
Yo, por saber que muy pronto mi estado se quebraría.
