Nota de autora: ¿Les gusta hasta ahora? Al parecer Hikari la está pasando muy mal, en especial al ya no saber en quién confiar o si tiene amigos en los cuales apoyarse. ¡Espero que sea de su agrado el que viene, mis queridos lectores!
Clasificación T por temas a futuro. Categorías Drama & Angst por el mismo motivo.
Capítulo 8: Verdades y Mentiras
Estaba nerviosa. Muy, pero muy (acabo de resaltar muy, ¿no?) nerviosa. Siento que en cualquier momento sin previo aviso podría explotar en miles de pedazos y ser barrida por una escoba hasta el basurero más cercano, aunque la verdad aquello me ahorraría el problema en el que estoy. Siendo honesta, no es un problema muy serio, la cosa es con quién debo de compartir el problema y, ¿la peor parte? la mayoría es mi culpa. No es que sufra de un síndrome de auto-culpabilidad ni nada parecido, es solo que no me logro aprender lo que debo decir. No puedo. Simple y llanamente NO PUEDO. Si no me quieren creer bueno, vayan y pregúntenle a mi hermano cuántas semanas he practicado frente al espejo del armario, la cantidad de pastillas anti inflamatorias para la garganta que he debido de tomar al sentir el más mínimo dolor y, lo peor de todo, soportar compartir el mismo escenario al ser su esposa. Digo, ¿por qué Fūka me cedió este papel? Debería de haberlo aceptado por más que hayan alterado las votaciones… es su enamorado, debería ponerse celosa si alguien más actúa como su esposa. Yo me pondría así.
Supongo.
Creo.
—¿Qué haces mirando a la nada, linda? ¿Sigues muy preocupada por tus líneas? Ya verás que todo saldrá bien—su gentil voz y ligera palmada de espalda me hacen regresar a la realidad.
¿Me pondría celosa si alguien actuara como la esposa ficticia de Daisuke? ¿Me pondría celosa si veo que alguna chica demuestra el más mínimo interés en él?
—Ah… no es nada, no te preocupes. He practicado bastante, es el último día de ensayo después de todo—pero no podía dejar de temblar. Era obvio. Estaba entrando en pánico. Así que antes de seguir tomé un largo respiro—Esto de estar en constante presión no es lo mío, ya sabes. Es un papel importante y de mí depende casi toda la obra.
—Volveré a hablar con Tk, ¿está bien? Si quiere que esto salga bien y nos libremos de una amargada y violenta Hibiki debe poner de su parte—sonaba serio y algo fastidiado, pero sé que es mi deber impedir que hablen, después de todo, su relación no está del todo recuperada y odiaría que se rompiera más por mi culpa. Rápidamente me sostuve de su mano derecha y comprendió mis intenciones—Está bien. Iré a ponerme mi traje entonces.
Sonreí hacia mis adentros, aliviada. Una vez más, al ver que me encontraba sola en mi sector del auditorio, el cual era muy grande y espacioso, miré mi libreto resignada. El libreto que yo escribí y debería saber de pies a cabeza. Lamentablemente, ese no es el caso y me está costando mucho aprenderme ciertas partes, como por ejemplo, las pocas líneas que comparto con Anzu. Lo que más me cuesta son las líneas con Tk. En especial aquellas llenas de… sentimientos. Me salen falsas. Entiendo, no son sentimientos reales pero debo transmitir que son reales. Tampoco es que él ponga de su parte, como dice Daisuke. Cada vez que me equivoco o no lo digo con suficiente emoción suele soltar que es una «pérdida de tiempo» o «que no vale la pena». Le he dicho ya muchas veces a Fūka para que ella lo haga, mas se rehúsa. No sé si planea algo o si han discutido… con todo lo que está pasando sigo sin saber que creer.
Empiezo a hojear página por página hasta que me rendí. Es mejor tomar un descanso. Llevo así toda la mañana. Además hoy es la revisión final de los trajes al ser último día e intentaremos movernos en ellos para estar listos para el festival. Nuestra presentación es el primer día así que debemos de tenerlo todo perfecto. A los chicos del taller de arte no les falta mucho para terminar con el escenario y debo de admitir que han plasmado lo que tenía en mente. No me hace falta describirlo. Más bien, me faltan palabras para ello. Es lo único que ha quedado bien de todo esto, creo yo. En fin, supongo que iré en mi camino hacia el salón de clases… ya casi es hora para mi prueba de vestir.
Mientras caminaba por los pasillos, observaba cómo cada clase organizaba su propio proyecto del festival. El auditorio se encontraba lejos, entonces tuve que cruzar el patio y la biblioteca antes de llegar al edificio principal. Los alumnos de primer año corrían por todas partes, tropezándose entre ellos y profesores que se encontraban ayudando como asesores en el camino. Se notaba en sus caras llenas de inseguridad y nerviosismo que no sabían que hacer. Es posible que hayan tenido eventos similares en primaria, pero hacer uno en secundaria, en especial en un campus tan grande como el nuestro es evidente que se encuentren en ese estado emocional. Recuerdo que la primera vez que tuvimos el festival… no, mejor no acordarme. Fue un evento desagradable que lo involucra a él y por ahora quiero evitar no… divagar en pensamientos que hagan que mi enfado crezca en cantidades dimensionales. Eché un suspiro mientras subía las escaleras, para terminar chocando a una de las hermanas Kanzaki. Ambas distraídas, no había otro desenlace por suceder. Ella cargando cajas de cartón llenas de utensilios para Dios sabe qué, impidiéndole la vista hacia el frente y yo que andaba pensando en mi mortal enemigo obviando mí alrededor.
—Ouch…—exclama en voz baja, revelando su identidad como Ai Kanzaki al tomar noción de que llevaba su trenza hacia la derecha y no a la izquierda como Mai—Eso dolió…
—¿Te encuentras bien?—le extendí la mano en señal de ayuda, la cual aceptó sin vacilar. Tras levantarse, se arregló el uniforme y empezó a guardar las pocas cosas que habían salido de ambas cajas,—Espera déjame ayudarte…
—No es necesario, en verdad—me sonríe. Soy algo terca por naturaleza, así que no le hice caso y me acerqué hacia el objeto más cercano y termino siendo algo que no esperaba.
—¿Un micrófono?—solté involuntariamente. Noté como la menor, por segundos, de las Kanzaki se sonrojó y se lanzó hacia mi haciéndome perder el equilibro. Aparentemente yo era más ágil y logré esquivarla, causando que ella fuera la que cayera un escalón al piso—L-Lo siento… fue por reacción. L-Lo dejaré en la caja…
Y mi sorpresa fue grande al abrirla. La mayoría eran equipos de música, cables y demás. Con la pregunta en mi mente, observé como Ai se levantó rápidamente, las cargó y huyó de la escena dejándome completamente boquiabierta. Echando un suspiro, seguí subiendo las escaleras, evitando la mayor parte del trayecto pensar en las razones de tanto equipo musical. No recuerdo nada de alguna presentación de ese tipo.
—¿Estás bien?—le pregunté nuevamente, tras ver su caída.
—En verdad, todo está bien—replicaba, ya queriéndose ir. La dejé tranquila para luego observar cómo le sucedía lo mismo con otros alumnos. Eché un suspiro y me adelanté a ella, subiendo las escaleras hacia el 4FB.
Al ingresar, noté que solo estaba una de las chicas del club de confección. Se encontraba marcando en una pequeña hoja de papel el inventario. Al saludar, no pareció asustarse y dejó sus cosas, dirigiéndose hacia mi. Nos quedamos mirando unos momentos hasta que se rompió el silencio.
—¿Tú eres la Esposa, no? Sígueme, aquí está tu vestido. Puedes probártelo aquí mismo. Sí hay algún problema con el tamaño avísame para arreglarlo—me dijo, indicándome con sus ojos la ubicación de mi prenda.
Solté un diminuto gracias como respuesta y me acerqué a, nuevamente, una caja de cartón llena de vestidos. En eso, encontré una bolsa en la cual estaba la ropa separada para nosotros. La chica se había nuevamente sentado para proseguir con sus cosas y sentí un aire incómodo. Sentía como si no perteneciera a ese lugar. Lo mejor será acabar con esto de una vez porque no soporto el silencio que hay aquí. Tras abrirla, me encontré con un vestido que llevaba un papelito que decía mi nombre. Claramente, ese era mi atuendo. Cuando lo levante y estiré para observarlo, me percaté que era bien simple. Un vestido blanco de verano hecho de seda. Aparezco muy pocas veces en la obra la verdad y aquelló me hará parecer como un alma al lado de la flor en la que me convertiré. Todo estaba perfecto, o eso es lo que creí.
—¡Hikari!—aquél grito provenía de Daisuke, quien sin pregunta alguna se adentro a la clase que estaba siendo usada como probador femenino. Al notar la mirada penetrante y seria de la chica,, se retractó un poco de sus acciones y se rascó la cabeza en ademán de nerviosismo—Vaya, te queda precioso... ¡un minuto, eso no era!
Sacude la cabeza luego de darme un cumplido que provoca un ligero color rosa formarse en mis mejillas. Se me acerca un poco más y me dice con una voz más tranquila pero llena de preocupación.
—Hay problemas. Se ha formado todo un revuelto en el auditorio, tienes que venir.
—¿Qué tengo que hacer yo ahí?—confusa, no pude evitar preguntarlo.
—Es... es sobre ti, Hikari. Se ha formado todo un lío por tontos rumores que dicen que saboteaste las votaciones para ser la protagonista de tu propia obra y estar al lado de Tk—sus ojos estaban llenos de tristeza. Aparentemente Daisuke no soportaba más todas estas acusaciones falsas, pero algo más ocultaban ellos y no se me iba a escapar.
—Me estás ocultando algo, Daisuke—solté sin pensar. No creía soltar mis pensamientos al aire pero aquello terminó sucediendo.
Con el vestido aún puesto, Daisuke me sacó de la clase. La chica no hizo esfuerzo alguno por detenermos al llevarme material de la obra, debe de no importarle mucho. No entendía lo que sucedía. Hasta llegar al final del pasillo, lo veo posarse en una de las grandes ventanas, la cual hacía relucir un hermoso atardecer.
—Ese día en el que fueron las votaciones... alguien ya las había saboteado, Hikari.
Una pequeña niña saltaba por los pasillos de la escuela. Su boina roja rebotaba con cada pasito que daba y su diminuto cuerpo se tambaleaba. Silbaba una peculiar melodía mientras exploraba cada rincón del lugar. Mihara Hinanawi se había vuelto a infiltrar a más prohibición puesta por su hermana debido a la caótica semana en la que se encuentran. Por ello mismo, la jovencita de cabello corto almendrado no podía evitar sentir la emoción de ver a todos trabajar unidos para la obra de teatro.
Será como un detrás de cámara.
Cada vez más se iba acercando al auditorio. Hubiera llegado más rápido si es que su primer intento no hubiera sido frustrado por el accidente que sufrió. Uno del cual no ha querido contarle a su hermana mayor por el simple hecho de fastidiarla al haberse puesto brusca. Mihara empezó a temblar un poco ya que teme a su hermana cuando entra en ese estado, pero igual la quiere. Mientras caminaba, ve a tres chicas abriéndose paso en la dirección contraria a la que ella iba y no pudo evitar toparse con la muchacha que iba al centro de ellas.
—Vaya, pero que tenemos aquí...—Hibiki Inoue arregla su falta para estar a la altura de la niña al agacharse—Al estar hablando con Ai sobre su caja no me percaté. Dime, ¿estás perdida?
Ai y Mai exclamaban a sus adentros lo linda que les parecía la pequeña, con una mirada llena de inocencia.
—No estoy perdida. Busco el auditorio porque mi hermana me dijo que su clase iba a hacer una obra—dijo en voz baja, moviendo sus diminutas manos.
—Eso significa que sí estás perdida al estar 'buscando'—hizo un gesto con los dedos para luego darle una palmadita en su boina—Te diríamos donde está pero andamos algo ocupadas. Si sigues de largo y haces derecha llegarás a la enfermería. Ahí quizás puedan ayudarte a regresar a casa.
Mientras se iban las tres chicas, Mihara no pudo evitar escuchar en su conversación que se preguntaban de quién podría ser hermana menor y sobre un alboroto en el lugar al cual ella deseaba acudir. No deseaba perder más tiempo, así que emprendió marcha. Después de todo, no quería que su Fū-nee se enterara de su nueva travesura.
Cuando arribamos al auditorio, noté como el bullicio que escuchaba minutos atrás mientras Daisuke me guiaba de la mano llegó a un completo alto. Todas las miradas estaban dirigidas hacia mí, como si fuera la culpable de algún crimen severo. Las palabras de Davis aún retumbaban en mi cabeza.
Ese día en el que fueron las votaciones... alguien ya las había saboteado, Hikari.
No tuve tiempo de pedirle explicaciones ya que no contestaba a ninguna de mis preguntas. Lo único que se es que alguien empezó a esparcir el rumor y pronto llegó a los oídos de Tk, quien empezó el alboroto aclamando mi nombre. La multitud se abrió paso para dejarnos cara a cara. Daisuke se interpuso entre nosotros y le habló primero.
—Tú sabes muy bien cómo fue esto, así que no me vengas a hacer escándalos ahora.
—Nada de amenazas, Daisuke. Lo sé muy bien. Solo quería que Kari apareciera para calmar a todos. Inoue y las Kanzaki estuvieron aquí hace un rato, les pedí que miraran más sobre el asunto. Debemos de evitar que esto escale a más niveles—la voz que le escuché a Tk parecía estar llena de rencor y preocupación por el asunto.
Aquello me hizo creer que él no fue el responsable. La cuestión queda en quién y por qué hizo lo que hizo. Primero, quién alteró las votaciones para que luego nuevamente fueran alteradas y sabotearan su plan y, segundo, quién esparció el rumor. Ambas cosas deben haber sido hechas por la misma persona. Por alguna razón, la única persona que se me viene a la cabeza es Fūka. No tengo la menor idea la razón pero es la única persona que se me ocurre. Debe de haber sido luego de ver aquella faceta suya en el accidente del gimnasio. Tk sigue furioso conmigo y no me dirige la palabra, pero me está protegiendo. Sabe que soy inocente... lo que significa que el sabe algo del primer saboteo a las votaciones.
—Todos cálmense—con tan solo decir esas palabras, Takeru Takaishi logró que todo el auditorio entrara en silencio—No hay razón para causar laberinto por el simple hecho de un tonto rumor. Será difícil esclarecer la verdad, pero hay que seguir las reglas. Hikari Yagami fue elegida y seguirá siendo mi esposa... digo, la esposa de mi personaje. Eso es todo. Cada uno regrese a su trabajo que no tenemos todo el día. Nos quedan pocos y hay que aprovecharlos.
Y fue así como todo quedó en el olvido, mas el rostro de todos mis compañeros de clase era de odio. Cada uno volvió a sus labores y nos dejó a los tres solos. Ambos hombres no dicen ni una palabra, hasta que mi mortal enemigo saca su celular y empieza a marcar un número que sabía de memoria al utilizar sus dedos con suma agilidad. En eso, noté que llevaba un adorno colgado en el... un adorno familiar... era un regalo que le hice en nuestros años de primaria. Aún no lo quita. No sabía si ponerme a llorar o a preguntar. Solo me quedé callada, haciéndome de la vista gorda como si nada me importara en ese momento.
—¿Hinanawi?—aparentemente era a ella a quién llamaba. No la he visto en todo el día, lo cual me parece una conducta sospechosa—¿Crees que puedas dejar tu puesto un rato? ... Pero es urgente... puedes practicar luego... sí, sí te invito un pan de curry de regreso, solo apresúrate.
Tras finalizar, guarda el aparato telefónico y nos dirige una mirada seria, como si se tratara de un trabajo y nosotros fuéramos sus compañeros de oficina. Nos tomó de los hombros a ambos y nos sacó a trastes del auditorio. Ambos confundidos, no dejábamos de observarlo.
—¿Acaso qué soy, un animal exótico? Tenemos que pensar y rápido. Hinanawi va a cubrir mi puesto por ahora, pero no va a ser por mucho rato. Hay que ganar tiempo—parecía muy metido en esto, como si fuera algo que él debía resolver a toda costa.
—No entiendo por qué tanta preocupación si es mi problema—enfaticé—A mí me acusaron, yo debo de limpiar mi nombre.
—¡Tú cállate, no entiendes nada!—me silencio sin darle un segundo a su cerebro para procesar el tono de voz que empleó. Daisuke permanecía en silencio sin defenderme.
—¡Si me explicaran quizás tomaría una buena rienda en el asunto! ¿Qué hay con todos ustedes manteniendo secretos?—me estaban haciendo molestar. Iba a seguir hablando hasta que una mano familiar me tocó. Al voltear, vi a un Daisuke agotado.
—Hikari,, ya es suficiente...—ahí noté que mis acciones no estaban llevando a ninguna parte. El silencio que se había formado nuevamente entre nosotros fue roto por una voz familiar.
—¡Takeru!—Fūka venía corriendo por el pasillo, moviendo una mano. Lo noté un poco ronca y con las cuerdas vocales agotadas—Solo tengo unos minutos, pero puedo intentar cubrir por media hora.
—De acuerdo, es tiempo suficiente—sin decir ni un solo gracias por el favor, Tk dejó que su enamorada entrara a ocupar su puesto por razones que desconocía para luego ordenarnos a los dos lo siguiente—Vendrán conmigo al consejo.
Abrí mi boca para protestar, pero Daisuke negó con la cabeza. No entiendo nada de lo que está sucediendo aquí.
—Como si fuera a ir a la enfermería. Esa chica está mal de la cabeza—se decía Mihara. Había dado mil y un vueltas pero no daba con el auditorio—¡Odio esta escuela, es muy, pero muy grande!
Ya cansada y rendida. Se percató que se encontraba en el quinto piso y no tenía sentido que el auditorio se encontrara en tal nivel. No tenía idea como había varado en ese lugar. Luego de su encuentro con Hibiki recuerda haber caminado sin dirección alguna, cantando una de sus canciones favoritas e incluso haciendo una coreografía en el momento. En eso, su canto se detiene al escuchar una voz familiar. Se acerca a un rincón cerca a un salón de clases clausurado y sin uso. Ella nunca olvidará aquella voz. Aquella voz que la empujó y dañó la primera vez que vino.
—¿Y ahora recién te parece abusivo, Tomoko?—Yumi hablaba como si estuviera orgullosa de algo que, a los ojos de las otras dos chicas, ya era un exceso de maldad.
—Yumi, creo que estás llevando esto demasiado lejos...—volvió a intervenir Tomoko—Lastimaste a alguien.
—No podía dejar que algún testigo se escape de mis manos—mencionó aquello con una sonrisa que hizo temblar a la más pura de las tres, Anzu.
—Era solo una niña... quizás nunca la volveremos a ver... no entiendo por qué fuiste tan extrema...—murmuraba Anzu—Y ahora con esto de los rumores... ¿tanto odias a Kari? ¿No debería de ser Fūka tu objetivo?
—No, mi querida Anzu. Fūka ahora goza de la protección de mi adorado Tk, debo de herirlo por donde le duele más y su punto débil siempre ha sido Hikari, por más que diga que la odia—en ese momento, Yumi no pudo evitar soltar una risa—Si ponemos un orden Hikari es la prioridad número uno para él. Si hago que pierda respeto por ella todo será más fácil. No creí que Fūka sería vista como culpable tras los ojos de Hikari pero todo cae en lugar. Si Hikari empieza a dudar de ella, Tk va a tener que dividirse eventualmente y cuando no pueda decidir... ahí entro yo.
—¡Solo quieres aprovecharte de la situación y su confusión!—explotó Anzu—A mi me agrada Hikari y me siento mal al saber todo esto a sus espaldas.
—A mi no es que particularmente me agrade pero... Yumi, te estás yendo a los extremos. Eventualmente nos atraparán y verán que Hikari no tiene nada que ver con esto. Lo de alterar las votación si, lo admito, me pareció divertido... pero cuando ellos tres lo notaron me di cuenta que esto ya no era más que un simple juego o broma pesada. Ahora con los rumores y todo eso... yo ya no quiero nada que tenga que ver con ello. Si piensas hacer algo más, cuéntame fuera—Tomoko lucía decidida y sostuvo a Anzu de la mano—Igual Anzu. Admitimos la culpa de las otras cosas pero si sucede algo, lo harás y enfrentarás sola.
Cuando ambas chicas se dedicaban a salir, Mihara se escondió para que no la vieran. Había descubierto muchas cosas ese día, el día en el que finalmente exploró la escuela.
A la hora en la que Tk nos dejó salir del consejo ya era de tarde y no se encontraba nadie en el auditorio. Daisuke y yo emprendimos nuestro camino a casa, yo suspirando ya que mi ropa se había quedado en el salón de clases que, para ese entonces, ya se encontraba cerrado. No había razón en particular para encerrarnos, pero tk no parecía querer dejarnos ir. Era como si nos estuviera protegiendo, claro que a su manera. Fūka regreso a la media hora prometida e insistía por el pan de curry que su enamorado le había prometido. Supongo que se lo debe de haber comprado al irse.
—Hikari, quiero que sepas que pase lo que pase, da lo mejor de ti el día del festival. Estoy seguro que las líneas saldrán bien—Daisuke trataba de animarme, obviando todo lo que había sucedido durante el día. Al notar mi silencio, prosiguió—Ya verás que Tk se comportará y harás una magnifica esposa.
—Daisuke... está bien. No debes de presionarte en animarme—cuando le devolví la mirada, una ligera brisa meció mi pelo con el ritmo del viento.
—No es presión... es solo que...—empezó a tartamudear y a evitar mis ojos—Hikari.. hago todo esto porque... porque te quiero.
—Pero que cosas dices Davis...—solté una risa nerviosa
—Hablo en serio, Hikari. Te quiero como no puedes imaginar, y odio a Tk por tener la oportunidad de tenerte como esposa por más que sea ficción—Daisuke sabía muy bien que estaba cruzando los límites de nuestro falso noviazgo, pero a la vez, él mismo me advirtió que tuviera cuidado si se llegara a aprovechar de la situación. Ahora mismo no sé si lo hace o están hablando sus propios sentimientos.
Sin notarlo, empecé a retroceder lentamente para luego echarme a correr y dejarlo atrás. Corrí y corrí hasta que llegué a la puerta de mi departamento sin aliento. No sabía si mi hermano ya había regresado de la Universidad, no me importaba si me veía llorar al entrar. Solo metí la llave, giré la perilla y entré de prisa a mi habitación. O más bien, ese era el plan. Había una chica charlando seriamente con mi hermano en la mesa. La reconocí al instante. Chise Himawari, una gran amiga que había logrado hacer durante su poco tiempo en los estudios superiores. Cuando me escucharon entrar, Chise me saludó y salió, no sin antes decirle a mi hermano lo siguiente.
—Si sigues perdiendo el tiempo, se te irá de las manos. Recuerda las palabras que te he dicho Taichi.
Mi hermano parecía un ser sin vida sentado en la silla del pequeño comedor. No tomó importancia a mi presencia. Tampoco al llanto que provenía de mi habitación. Ya no se que es verdad y qué es mentira.
—¡Hermana, hermana!—gritaba mi copia menor—Sabes, sabes... hoy estuve en tu escuela.
—Mihara... ¡te dije que-!—no pude evitar poner una cara llena de disgusto y susto
—Qué importa eso, te quería contar que ya se como se llaman las chicas que me hicieron algo malo la vez que entré—sin importarle mi enojo, la enana sube a mi cama para darme un tipo de información que no creí que provenía de sus labios.
—¡Qué!—exclamé, saltando, lo cual casi la bota—Explícate.
—Verás... verás... Mihara se perdió... digo, buscaba el auditorio para verlos practicar, cuando en eso, escucho una conversación muy extraña entre estas tres chicas y... y..
Lo que acababa de escuchar debía de pasar a oídos de alguien más. Alguien que estaba devastado por el suceso del gimnasio.
Marqué su teléfono móvil desde mi celular y cuando acabó de entender la situación que malentendimos, esto fue lo único que dijo.
—No sé como disculparme ahora...
La línea del otro lado estaba muerta para cuando analicé sus palabras.
