Nota de autora: ¿Fiesta de fin de año? Hikari con su "Oh... no". ¡Bienvenidos una vez más, lindos lectores y lectoras! Cada vez más nos acercamos al motivo de la clasificación "T" junto a el... ¿drama? ¡Disfruten! Oh, cierto. Voy a mantener los nombres traducidos de los Digimon.
Clasificación T por temas a futuro. Categorías Drama & Angst por el mismo motivo.
Capítulo 11: Lazos
Era una mañana fría, muy fría. Podía escuchar la fuerte lluvia resonar contra la vitrina de mi veranda. Empecé a imaginar que el día me saludaría con nubes grises y un viento sobrenatural. Lancé una pequeña bendición agradeciendo que hoy fuera un día libre. En este mes de noviembre no tenemos muchos días de este estilo. Mi hermano, anoche, se encontraba celoso, por así decirlo, de que tenga un 'feriado inexistente' ya que él debía de asistir a la Universidad. No era porque estuviera en época de exámenes simplemente era llana flojera. Me empecé a preguntar si cuando me llegara ese tiempo a mi me pondría de ese mismo plan. Saqué mi cabeza de mi doble frazada y mi aliento salió como un débil humo sudoroso. Noté que mis pies sudaban debido al doble clima que compartía mi cuerpo y opté por destaparme de un solo golpe.
Gran error.
Un muy gran error.
—¡Esto parece el Polo Norte!—grité tal cual entré en contacto con el clima real y mis pies dieron con la cruda realidad—¿Dónde está el control del aire acondicionado, dónde?
No dejaba de decirme 'dónde, dónde' mientras ponía patas arriba mi habitación. Lo único que deseaba encontrar era un pequeño aparatito para controlar y poder subir la calefacción a un nivel óptimo. Mientras exploraba la profundidad de mi armario logré dar con el.
—Me hiciste sufrir varios segundos en el congelador, enano—le dije al control como si pudiera entender mi enojo camuflado como desesperación.
Apreté el botón rojo que indicaba al AC que cambiara de temperatura, pero no lo hizo. Volví a hacerlo y nada. Me sentí algo idiota con ello, así que decidí revisar si tenía baterías. Me había asegurado de ponérselas hace poco para casos de este estilo. Tras abrirlo encontré, en el lugar del objeto en cuestión, una nota. Una nota con el tipo de letra de mi hermano.
«Sufre mi penosa situación actual, hermanita.»
Hermano...
Quitó las baterías por pura envidia a que tuviera el día libre. Ya verá cuando venga. No dejaba de aplastar el papelito mientras meditaba con furia cuál sería mi estrategia a seguir cuando llegase a casa. Quizás podía pretender haberme olvidado de hacerle la cena o cambiar el filtro del televisor para que solo pueda ver canales que respeten el horario de protección al menor. Me pregunto cuál sería el castigo ideal... no, Kari, no. No dejes que tu corazón se llene de malicia. Eres la niña elegida con el emblema de la Luz. No debes dejar que tu puro ser sea teñido por una simple broma entre hermanos. Mientras me lavaba el cerebro con ello, decidí que lo mejor sería tomar una ducha caliente para entrar en calor y decidir que haría el resto del día. Al no tener planes creí que quizás sería una buena oportunidad para visitar el Digimundo. Hace tiempo que no me pasaba por ahí y extrañaba a Gatomon. No la veo desde hace varios meses. Me pregunto cómo andará todo.
El baño se encontraba al lado de mi habitación. En pocas palabras, estaba entre mi cuarto y el de mi hermano. Era compartido. Al crecer movieron el depósito para volverlo en su propia recámara ya que, según nuestra madre, una jovencita debe tener su propio espacio y privacidad. Y con todo ello igual logró traspasar mi santuario y causarme esa mala broma pesada. Debo de empezar a ponerle llave a mi puerta. Cogí un par de toallas y las dejé en el baño, para regresar a mi habitación y escoger un vestido largo amarillo, algo pomposo, pero abrigador dado el clima. El Digimundo debe de estar mas o menos igual, así que no habría problema alguno. Llevé esta muda de ropa conmigo al interior del lugar y me desvestí lentamente. No se porqué, pero me quedé mirando al espejo. Mi cuerpo era igual que el promedio y no tengo comentarios con respecto a mi pecho, no es que haya crecido tanto. Diría que me encuentro debajo del promedio de una mujer japonesa de mi edad. Suspirando, entro a la ducha sin siquiera probar el agua y darme con la sorpresa de que, el líquido que debió haber salido caliente, casi hirviendo, era como estar sumergido en un lago congelado, claro que dejando el hielo al lado... o podría decirse que era como sentir que te cayeran muchos cubos de ello encima.
—¡Taichi!—grité a todo pulmón.
Tiritando, me envolví en una de las toallas y me acerque a la cocina para verificar la llave de la terma. Estaba apagada. Y con otra divertida nota pegada al lado.
«Sufre, hermanita. Sufre.»
Se las va a ver cuando regrese a casa. Se las va a ver.
—Por lo que me cuentas todo parece andar bien por allá—Gatomon se encontraba sentada a mi lado, conteniendo una risa escondida.
Ambas estábamos en una pequeña ciudad del Digimundo que se caracterizaba por sus estofados en estas épocas tan frías que nos tocaban vivir. Ella tenía uno con extra leche, mientras que, por el otro lado, yo me sonaba la nariz repetidamente debido al calor del alimento. Este era tan grande que actuaba casi como un descongestionante Si me enfermaba, mi hermano tendría la culpa y no se saldría con la suya.
—Podría decirse que algo así. Y no te rías, sé que quieres hacerlo—suspiré mientras movía una zanahoria partida de un lado a otro—Lo único que no se soluciona es lo de hace años atrás.
—No me digas que siguen igual...—Gatomon tomó un sorbo y sacó la lengua en ademán de que había subestimado el poder del estofado—No he visto a Patamon últimamente así que no tenía idea que las cosas seguían así de mal. Lo que sí, Veemon para como si me estuviera acosando seguido. A donde sea que voy aparece. Es como una cucaracha.
Wah, que feo insulto. Pobre Veemon, ser comparado con un insecto de ese tipo. Al parecer ella también lo está teniendo duro. Intenté tomar un poco de la comida y soplé una cucharada. Estaba simplemente delicioso.
—Cómo me gustaría que mi vida volviera a ser igual que antes.
—A veces lo que queremos no podemos tenerlo. Es por eso que somos egoístas—Gatomon soltó una pequeña expresión mientras me observaba.
—Eso es bastante profundo—le repliqué, meditando lo que acababa de decir.
—Lo aprendes con los años. A veces uno quiere tener más de lo que ya tiene y no se percata de ello—con eso dicho, observé como terminó el estofado que hace unos segundos le quemó su diminuta lengua—¿Vamos?
—Aún no termino de comer...—mi plato estaba casi intacto—Además, quería hablar un rato más. Hace tiempo que no lo hacemos.
—Como desees, Hikari... pero recuerda que debo de regresar a tiempo a la aldea del inicio.
Es cierto. Todos aquí ya han hecho su vida. Gatomon se había ofrecido, junto a Patamon, a cuidar la aldea del inicio al lado de Elecmon. Lo que me andaba contando era que ella siempre iba pero Patamon raras veces hacía acto de presencia. Varias veces había ido a visitarlo para ver si tenía algo pero simplemente no estaba. Fue a partir de esos días que Veemon empezó a acosarla por todas partes.
—Está bien, entiendo. Al parecer todos ya tienen planeado su estilo de vida—solté parte de mis pensamientos mientras tomaba un sorbo más.
—¿Estilo de vida?—me observaba con esa curiosidad felina que carga mientras volvía a tomar asiento a mi lado.
El restaurante estaba casi vacío ya que se acercaba la hora en la que todos volvían a sus respectivos hogares. Iban a ser casi las seis de la tarde. Había pasado gran parte del día en el Digimundo platicando con mi compañera de aventuras.
—Me refiero a que todos ya saben como van a vivir su vida... yo todavía no se que quiero seguir en el futuro. Tal cual terminamos la última batalla aquí, tú ya sabías que querías hacer. Eso es lo que a mí me falta—con suma melancolía, acabé finalmente el estofado.
—No seas tan pensativa, esa no es la Hikari que conozco. Vas a ver que todo va a salir bien y que sin darte cuenta ya habrás decidido lo que deseas hacer—me anima algo nerviosa—¿Quieres acompañarme un rato en la aldea?
Con algo de duda, me levanté de mi asiento y le asentí, "Vamos. No tengo nada mejor que hacer y, además, hace tiempo que no andamos juntas"
Gatomon me sonrió y emprendimos camino a la ciudad del Inicio. En mi interior, meditaba las palabras que me acababa de decir ella, pero rápidamente esos pensamientos se disiparon al recordar que es probable que mi hermano haya regresado y no haya nadie en la casa para abrirle. Fufu, reí internamente. Eso le pasa por olvidar las llaves siempre y confiar en mi para que le abra. Fufu, volví a reír. Mi amiga felina me observaba extrañada, pero optó por no prestarme atención alguna. En un abrir y cerrar de ojos llegamos al sitio prometido.
—¡Patamon!—exclamó Gatomon, mientras corría hacia él.
Por lo que me estuvo contando hace un rato, Patamon aparecía muy pocas veces por razones desconocidas, pero justo hoy es uno de esas días en los que estaba en su puesto. Me acerqué a ambos, alegrada por mi amiga.
—Hola, Patamon, largo tiempo sin vernos—suelto casualmente mientras lo saludo con la mano.
—¡Hikari! Sí, es verdad ¿cómo va todo?—obviamente se refería al problema entre Tk y yo. Patamon había tomado un partido neutral ya que no le parecía correcto lo que él me había hecho, pero aún así sus palabras tampoco llegaban a su camarada.
—Ahí, con sus altos y bajos para ser sincera—me senté en la pequeña ciudad, en uno de los cubos de juguete esponjosos que la decoraban. Es tan suavecito.
—Tk es un caso—suspira—He intentado de todo pero no logro hacer nada.
—Qué milagro que hayas venido. Me estaba preocupando al ver que no aparecías. Creí que te había sucedido algo—comentó Gatomon.
—He estado donde Tk últimamente. Dice que quiere tener a alguien con quien hablar y bueno, siempre recurre a mi—suspiró con cansancio—Lo que me preocupa es que está con muchas cosas encima y no sé cómo ayudarlo.
Aquello me dejó pensativa.
¿Por qué saturar a Patamon con sus problemas si para ello tiene a Fūka?
Quería preguntarle pero sentía que aquello no era de mi incumbencia. Los dejé a ambos hablando luego de despedirme y optar por regresar a casa. Mi vestido amarillo pomposo había dado resultado en el Digimundo ya que el frío era casi semejante al del mundo real. Fui al televisor más cercano y extendí mi Digivice para regresar.
Al abrir los ojos, me encontraba en mi habitación, a oscuras. Eran ya las siete de la noche. Me había quedado un largo rato en aquél lugar que ni sentí el pasar de las horas ni la cálida luz de la luna. La lluvia proseguía y me tiré en la cama. Me quedé pensando qué problemas podía tener mi mortal enemigo para saturar a Patamon de esa manera. Mientras me preparaba a cerrar mis ojos, noto que alguien estaba tocando fuertemente la puerta del apartamento. Me levanto y me pongo una manta encima para dirigirme al huequito que me permite ver quién es el individuo. Mi hermano se encontraba furioso, tiritando, abrazándose a sí mismo, maldiciendo todo lo que se le ocurría. Cuando escuchó que abrí la puerta, se me quedó observando.
—Eres cruel—soltó, para que luego viniera un fuerte estornudo.
—Y tú un demonio—su estornudo me contagió y solté uno diminuto.
Supongo que el resfriado que agarramos es suficiente castigo para ambos.
El día siguiente era un día común y corriente en el cual debía asistir a clases. Debido al problema que tuve con mi hermano tuve que asistir abrigada hasta la punta más pequeña de mi cabello. Cuando arribé a clase, Daisuke soltó una pequeña risita al verme hecha un paquete gigante de abrigo. Me abrazó con cariño para luego proseguir con el saludo matutino. Me quité un par de cosas al llegar a mi asiento, pero lo que nunca se separará de mi durante el día es mi cajita de pañuelos, nunca lo hará.
Escuchaba muchos rumores sobre la fiesta de fin de año que nos toca y las típicas preguntas de con quién irá uno. Todavía faltan semanas para Diciembre, pero aún así ya empiezan los rumores. Saqué la tarjeta que entregaron días atrás de mi bolso y noté que seguía vacía. Se supone que ambas parejas deben de llegar a un acuerdo si son de la misma escuela. Si son de otra se paga un precio adicional al ser invitado, por así decirlo. En pocas palabras, debo de hablar con Daisuke al respecto. Esto de las parejas lo hacen para que los alumnos no salgan solos en las fotos del anuario cuando hagan referencia a la fiesta. La nuestra ocupará un pequeño espacio ya que los que son un año mayor que nosotros también tienen la suya cuando acaben sus exámenes de ingreso a la Universidad.
—¡Kari! ¿Por qué ese rostro, preciosa? ¿Te enfermaste?—me pregunta mi enamorado de mentira, con genuina preocupación.
—Pues, se podría decir que sí. Pasaron muchas cosas ayer—repliqué con una débil sonrisa.
—Con que muchas cosas... ¡oh! Regresaré a mi asiento, ya llego la profesora—con eso dicho, se retira a su asiento predilecto.
La profesora Meguro entra a paso lento, algo nerviosa, pero al observar que la clase se encontraba, como nunca, tranquila, toma una postura seria y no se enreda en sus palabras.
—Chicos, como ya todos saben, se acerca su fiesta. Espero que se diviertan al organizarla entre todos ustedes y no hayan problemas como con promociones anteriores. Ahora si, me disculpan, los dejo para que puedan acudir a su primera clase de la mañana. Para la hora de la salida espero que todos hayan entregado sus tarjetas al los representantes del aula. Espero que tengan un muy buen día, ¡a estudiar!
Con confianza, hizo un pequeño puño en el aire lleno de vigor y ánimos, pero todos la observamos extrañados, lo cual provocó que se retirara apenada cubriendo su rostro con papeles que siempre llevaba consigo. Bueno, es hora de preparar mis cosas para la primera clase. Esta era Arte y me tocaba con Fūka. Ella era diligente en esta materia. Había algo que la hacía sobresalir en ese curso en particular, además de música. Digamos que ese tipo de materias le daban muy bien. Se acercó a mi para decirme que fuéramos juntas a clases, últimamente lo está haciendo más seguido. No es que me moleste o nada pero, es algo incómodo que la enamorada de tu mortal enemigo, del cual es probable que sientas algo más que simple enemistad, te ofrezca su amical mano todos los días.
—Está bien, solo espera a que guarde bien mis cosas en mi bolso...—con cuidado, coloqué todos mis útiles en su lugar predilecto—Listo, ¿vamos?
—¡Yay! Vamos, Hikari, vamos—repetía mientras tarareaba feliz saliendo de clase.
Sentí que Tk mantenía una mirada fuerte hacia nosotras. Era algo incómodo y mando que un frío recorriera mi espina dorsal. Me soné la nariz con uno de mis pañuelos y pretendí que nada había sucedido. Él tenía educación física con Daisuke, así que no cruzaríamos camino hasta el quinto periodo que es Historia Universal.
Ambas caminamos por el pasillo hasta llegar al primer piso, y cruzamos por una de las intersecciones junto a varios alumnos. Este lugar en particular dejaba lucir, en verano, los hermosos árboles de cerezo a full florecer pero debido a la época del año, estos se encontraban desnudos. Eran solo ramas grises y oscuras. Aquello me dio algo de lástima. Parecían muertos, como si no tuvieran vida, como si la oscuridad se apoderara de ellos en este tiempo. La chica de cabello almendrado me sacó de mis pensamientos.
—¿Pasa algo, Kari?" me pregunta curiosa, deteniéndose a mi lado y observando el mismo árbol que yo.
—Oye, ¿sabes el secreto que hay entre Tk, Daisuke y yo?—no pude evitar soltar aquello.
Deseaba saber si ella tenía alguna ideal del Digimundo. Quizás era una niña elegida también y así conoció a Tk. Deseo saber porqué Tk no está acudiendo a ella, su supuesta mejor amiga y enamorada, por consejos.
—¿Secreto? Pues la verdad... a veces siento que Takeru me oculta muchas cosas y me deja en el olvido, como si solo fuera un mueble—aquellas palabras provenían llenas de tristeza y sujetó, con guantes, el riel que separaba el pasillo del pequeño jardín con el desfallecido árbol de cerezo.
Una pequeña briza se sintió en el camino, dejándonos a ambas en nuestro diminuto mundo de secretos. Sus ojos estaban llenos de pena, como si se sintiera dejada de lado, pero a la vez había algo más, ¿ envidia? Sentí cómo mis pupilas se dilataban para que estas volvieran a su estado original al escuchar la segunda campana. Ambas retornamos a la realidad.
—Mira la hora que es—soltó Fūka.
Me sostuvo de la muñeca y rompimos las reglas al correr por los pasillos para arribar a nuestra clase. Todos se encontraban sentados en su atril esperando a que arribara la maestra Imai. Era muy buena con nosotros y aquello permitía que en su clase se la trate de manera informal. Todos la llam{amos por su primer nombre, Azusa. O más bien, profesora Azusa. Siempre hay que mantener los límites.
Tal cual nos sentamos, observamos como una silueta delgada y de cabello índigo largo y liso se abría camino a la clase, mientras cargaba una serie de canastas llenas de frutas falsas, aquellas que se usan como centros de mesa. Fūka murmuró a mi lado, preguntando si haríamos un bodegón. Contesté que era lo más probable debido a que todos los atriles estaban en torno a una mesa con una tele blanca encima.
—Buenos días, chicos. Hoy vamos a seguir practicando con bodegones y les traje un par de canastas. Es lo más básico y sencillo, así que asumo que podrán terminarlo en una semana. Tienen suficiente tiempo al tener dos clases de dos horas por semana, así que es perfecto. Espero que se diviertan y cualquier duda estoy aquí para ayudarlos—con una sonrisa, se sienta en su escritorio para seguir corrigiendo trabajos de otros años y clases.
Cuando empezamos a dibujar. Observaba como Fūka empezaba de manera de borrador, pero segura, la forma de cada fruta y la canasta. Por el otro lado, yo, había creado una monstruosidad que tenía forma de un Blossomon con rabia. No pude evitar suspirar y borrar para empezar nuevamente. Para cuando las dos horas habían pasado, mi papel se encontraba realmente manchado por los borrones, pero había algo decente... creo. Mi compañera de clase había acabado con el borrador del bodegón y debo de admitir que me molestó un poco la perfección que tenía. Parecía ya el producto final, pero me comentó que deseaba pintarlo con pasteles. Yo le iba a ir a las acuarelas, pero eso ya a la semana entrante.
La clase de Historia Universal paso sin problema alguno entre Tk y yo. Más bien, el resto del día hasta el final de las clases todo anduvo tranquilo. En ningún momento me dirigió la palabra más bien. Tampoco a su enamorada. Intenté preguntarle a Daisuke que onda con él, pero pretendía no escucharme. Siento que me están ocultando algo. En eso recuerdo el rostro de Fūka cuando le hice una pregunta similar y me imaginé que así se debía de sentir ella entre nosotros y que por eso actuaba tan amigable para omitir esos pensamientos de su cabeza. Los lazos de amistad que hay entre nosotros son extraños y mutables. Parecía como si en cualquier momento pudieran romperse. Aquello me preocupaba. Me gustaba estar con todos y no quería que aquello se detuviera por el simple hecho del comportamiento extraño de Tk desde ese día en el baile de la fogata. Sus palabras no dejan de retumbar en mi cabeza siempre que lo veo y mi corazón no deja de palpitar. He admitido que es muy probable que sienta algo por Tk, es peor negarlo, pero aquello me hace sentir mal al estar con Daisuke porque él se me declaró hace poco y hace como si nada hubiera pasado. Me encuentro en una ambivalencia poderosa. Siento que cualquier acción que tome afectará nuestros lazos de amistad que tenemos los cuatro. Es una presión tan fuerte que dudo poder continuar más si sigue esto así.
Había estado tan pendiente de este pensamiento que mi mente empezó a actuar en piloto automático el resto del día, para recién volver a la realidad a la hora de la salida. Todos nos preparábamos para marchar a nuestros hogares, no sin antes recibir un anuncio de nuestra tutora, Meguro.
—Alumnos, lamento tomar un minuto de su atención pero...—se arregla sus gafas tras decir aquello—La presidenta del consejo estudiantil ha venido a hablares un momento. Puedes pasar, Inoue.
La prima de Yolei se hizo paso a nuestra clase, siendo seguida por sus seguidoras, Mai y Ai Kanzaki. No dudo, tal cual llegar al podio, ir directo al grano.
—Bueno, vengo a preguntar sobre sus invitaciones. Supongo que ya todos deben de haber marcado algo por ahora—con eso dicho, empieza a caminar entre las filas de carpetas—Por favor, todos acérquense y dejen la suya en el podio. Nos encargaremos de recogerlas. Si detectamos alguna anomalía, nos contactaremos personalmente con el nombrado.
Todos obedecieron como perros entrenados. Yo no había colocado nada y no había hablado con Daisuke al respecto. Cuando me iba a acercar a él con la intención de decidir que hacer, Tk viene en silencio a mi carpeta y se apoya. No intercambiamos miradas por un largo rato y dejó algo mientras salía de clase. Su enamorada, preocupada y nerviosa, omitió la indicación de Hibiki y fue rápidamente tras él. Con curiosidad, levanté el papel y lo leí.
No asistiré.
Ese era el casillero marcado. No entendía que estaba sucediendo, pero dejé el papel tirado e hice la misma acción de Fūka. Yo no tenía razón para hacerlo, pero igual lo hice, digámonos que mi preocupación era genuina. No sabía en qué problema andaba Tk, Patamon me lo había dejado en claro que no era algo que podía divulgar, pero igual deseaba saber. Ignoré que Daisuke se quedó pasmado al ver mi reacción. Ignoré todo. Ahora lo único que me importaba era alcanzarlo al igual que Fūka y saber que rayos era lo que sucedía. Nadie entendía nada. Los lazos que nos unen están jugando en una cuerda floja. Una cuerda que está a punto de romperse por el tonto rojo hilo del destino en el cuál la mayoría de nosotros cree.
