Nota de autora: ¿Todo bien en el capítulo anterior? Espero que sea una respuesta positiva :D

Clasificación T por temas a futuro. Categorías Drama & Angst por el mismo motivo.


Capítulo 13: Cadena


La clase de Historia Universal paso sin problema alguno entre Tk y yo. Más bien, el resto del día hasta el final de las clases todo anduvo tranquilo. En ningún momento me dirigió la palabra más bien. Tampoco a su enamorada. Intenté preguntarle a Daisuke qué pasaba con él, pero pretendía no escucharme. Siento que me están ocultando algo. En eso recuerdo el rostro de Fūka cuando le hice una pregunta similar y me imaginé que así se debía de sentir ella entre nosotros y que por eso actuaba tan amigable para omitir esos pensamientos de su cabeza. Los lazos de amistad que hay entre nosotros son extraños y mutables. Parecía como si en cualquier momento pudieran romperse. Aquello me preocupaba. Me gustaba estar con todos y no quería que aquello se detuviera por el simple hecho del comportamiento extraño de Tk desde ese día en el baile de la fogata. Sus palabras no dejan de retumbar en mi cabeza siempre que lo veo y mi corazón no deja de palpitar. He admitido que es muy probable que sienta algo por Tk, es peor negarlo, pero aquello me hace sentir mal al estar con Daisuke porque él se me declaró hace poco y hace como si nada hubiera pasado. Me encuentro en una ambivalencia poderosa. Siento que cualquier acción que tome afectará nuestros lazos de amistad que tenemos los cuatro. Es una presión tan fuerte que dudo poder continuar más si sigue esto así.

Había estado tan pendiente de este pensamiento que mi mente empezó a actuar en piloto automático el resto del día, para recién volver a la realidad a la hora de la salida. Todos nos preparábamos para marchar a nuestros hogares, no sin antes recibir un anuncio de nuestra tutora, Meguro.

—Alumnos, lamento tomar un minuto de su atención pero...—se arregla sus gafas tras decir aquello—La presidenta del consejo estudiantil ha venido a hablares un momento. Puedes pasar, Inoue.

La prima de Yolei se hizo paso a nuestra clase, siendo seguida por sus seguidoras Mai y Ai Kanzaki. No dudo, tal cual llegar al podio, ir directo al grano.

—Bueno, vengo a preguntar sobre sus invitaciones. Supongo que ya todos deben de haber marcado algo por ahora—con eso dicho, empieza a caminar entre las filas de carpetas—Por favor, todos acérquense y dejen la suya en el podio. Nos encargaremos de recogerlas. Si detectamos alguna anomalía, nos contactaremos personalmente con el nombrado.

Todos obedecieron como perros entrenados. Yo no había colocado nada y no había hablado con Daisuke al respecto. Cuando me iba a acercar a él con la intención de decidir qué hacer, Tk viene en silencio a mi carpeta y se apoya. No intercambiamos miradas por un largo rato y dejó algo mientras salía de clase. Su enamorada, preocupada y nerviosa, omitió la indicación de Hibiki y fue rápidamente tras él. Con curiosidad, levanté el papel y lo leí.

No asistiré.

Ese era el casillero marcado. No entendía que estaba sucediendo, pero dejé el papel tirado e hice la misma acción de Fūka. Yo no tenía razón para hacerlo, pero igual lo hice, digámonos que mi preocupación era genuina. No sabía por qué problema andaba Tk, Patamon me lo había dejado en claro que no era algo que podía divulgar, pero igual deseaba saber. Ignoré que Daisuke se quedó pasmado al ver mi reacción. Ignoré todo. Ahora lo único que me importaba era alcanzarlo al igual que Fūka y saber qué rayos era lo que sucedía. Nadie entendía nada. Los lazos que nos unen están jugando en una cuerda floja. Una cuerda que está a punto de romperse por el tonto rojo hilo del destino en el cuál la mayoría de nosotros cree.

Estuve siguiéndola hasta quedarme sin aliento. Corría y corría sin saber ya en un momento a dónde ir. La muchacha de cabello almendra tenía un físico impresionante que me dejó pasmada. Cuando arribé al pasadizo general en dónde se pueden observar las rejas del colegio, observé a lo lejos a dos personas. Si mi mente no me estaba jugando trucos, Fūka ya había alcanzado a mi mortal enemigo y se encontraban discutiendo, no sin antes tener un clima que juegue a su favor. Poco a poco, gotas empezaron a descender del cielo, la lluvia era el clímax al cual ambos habían arribado. Era como si el mundo estuviera llorando en lugar de ellos. Me quede conectada en su diminuta discusión, como si fuera una noticia y el morbo humano no permitiera cambiar de canal. Uno, dos, tres, los segundos pasaban rápidamente con ellos dos mojándose por la madre naturaleza. Toda la escena duele, me duele el pecho y no puedo evitar agacharme y gemir. Sentía como si hubiera visto una escena que me parte el corazón.

—Hikari…—Daisuke había venido tras de mí. Debí habérmelo imaginado—…ya es suficiente, deja de lastimarte.

Antes que pusiera su mano derecha sobre mi hombro izquierdo, con ojos rojizos, le empujé la palma, alejándolo más de mi. Más de mi mundo. Un mundo al cual él deseaba entrar y yo encerraba con llave y cadenas. Ignorando mi acción, tuve la imprudencia de abrir mi boca.

—¿Crees que todo esto sea lo correcto?—musité, no dejaba de temblar.

—¿Quieres mi respuesta honesta?—se levantó y se apartó, mirando el vacío pasadizo

Hice un gesto aprobatorio, aguantando las ganas de gritar.

—A mí me gusta. Siento que estoy contigo, cosa que siempre he querido desde primaria pero, es algo cruel al no ser real.

Ahora que lo pienso, nunca tomé en cuenta los verdaderos sentimientos de Daisuke. Me siento como una persona maldita y desgraciada. Soy una basura. Lo peor que puede existir. Un asco de persona que solo pudo soltar una condenada expresión como respuesta a tales palabras.

—Vamos, ya es hora de irnos a casa—me extendió la mano, sonriendo—Se fuerte, linda. Date tu lugar en el mundo.

—D-Daisuke…—sin pensarlo terminé abrazándolo agachada del torso hacia abajo. Empecé a gemir y sollozar como si el sitio en el que nos encontrábamos se hubiera congelado solo para nosotros dos. Siendo tan egoísta pero consintiéndome y tratándome bien.

¿Cuánto más durará esta aflicción?


Mientras esperábamos el bus de regreso a casa, la lluvia cesaba en su rítmico caer. Daisuke sostenía igual el paraguas entre nos, cubriéndome más a mí al estar preocupado en que pesque un resfrío al ser comunes conmigo. Me encontraba algo ruborizada y no puedo negar que mi corazón estaba latiendo a un paso acelerado. Pocos autos pasaban, el bus se demoraba, la lluvia no parecía acabar aún, dos jóvenes bajo un paraguas fingiendo ser una pareja. Me pregunto si a ojos de terceros realmente lo pareceremos… no, Hikari, enfócate. Cuando levanté la mirada, el edificio escolar empezaba a llenarse poco a poco de rayos de luz, era como si la esperanza se abriera camino a la tierra. Enfoqué más la mirada porque algo me llamó la atención en el techo.

—Oye, Daisuke…—le dije, avisándole con un jalón de uniforme—¿Soy yo o esa es una persona?

—Creo que estás aluciando cosas. No creo que una persona con sentido común suba al techo sabiendo que no hay rejas y tiene el acceso restringido—como las gotas que caían por nuestro lado ya eran pocas, cerró el paraguas y lo guardó en su bolsita.

Mientras Daisuke hablaba mis ojos enfocaban lentamente la figura para poder reconocerla como algo humano. Poco a poco se iban haciendo más claros los detalles. Largo cabello color almendra, piel blanca como la nieve, una bufanda que recolectaba todos los colores de otoño, delicados dedos que recorrían su cuello mientras se movía de un lado a otro, como luchando contra una fuerza interior. Quería ir a hacer algo por ella, ayudarla, pero me petrifiqué, no me podía mover. Al reconocer a Fūka me quedé pasmada, ¿cómo es que llegó al techo? ¿Qué hablo con Tk para que diera lugar semejante evento? Tras ver que un pie dio un movimiento en falso mi cuerpo se heló. Fūka casi cae. Fūka casi muere. Morir. Muerte. Es como si nos persiguiera siempre. Siempre tras de nosotros para ver cuándo nos rendimos ante él. Infestando nuestros pensamientos.

Cerré los ojos y di un largo respiro.

—… entonces, si seguimos con lo del sentido común, ¿quién demonios lleva un gato a un centro de adopción de perros? Eso es como pedir una muerte segura o algo así… ¿Hikari?—para el momento en el que tomó noción que empecé a correr su mundo se detuvo. Me imaginé que acababa de empezar a tomar mis palabras en serio.

Me caí un innumerable número de veces, me tropecé en las escaleras, ya no había nadie en la escuela. La única actividad que me pareció ver provenía del consejo estudiantil pero no tenía tiempo para pelearme con Hibiki con respecto a las reglas de no correr en los pasillos. Vi que la cadena de la puerta hacia el otro lado estaba rota. Al cruzarla entraría al mundo de Fūka, un mundo que ni Tk parece entender. Trague saliva y apoyé mi mano en la perilla, no sin antes sentir una calidez en mi cabeza.

—No estarás sola.

Y le asentí.


La escena que Daisuke y yo presenciamos no era del todo lo que esperábamos. Fūka se encontraba jalándose el cabello, llorando y gritando a no poder más. Quise acercarme, pero el hombre se interpuso.

—Fūka… este sitio es peligroso… ¿por qué mejor no cambiamos de lugar y nos tranquilizamos?—dijo con una sonrisa nerviosa.

—¡Déjame, mierda! ¡Todos déjenme en paz!—su frágil cuerpo cada vez se acercaba al borde del mundo.

Nuevamente mis piernas temblaron. Daisuke la sostuvo de los hombros.

—Tranquila...

—¡Suéltame, carajo! ¿¡Por qué no me dejan en paz y morir, hijos de puta!?—grita sin cordura—Sí, sigan jugando a ser la parejita, sé que todo es una mentira. Yo lo sé todo. Els aber esta cadena de eventos predecible es aburrido. ¡Muy aburrido! Sarta de mentirosos.

El forcejeo entre ambos se hacía más fuerte.

—De seguro ya se acostaron, ¿debes sentirte como una puta, no Hikari? Eso es lo que eres.

Cuando abrí los ojos, ella había empujado a Daisuke con ambas manos dejándome a Fūka para mi sola. La tiré al suelo y empezamos a jalarnos el cabello, a pegarnos, éramos como dos salvajes. Debo admitir, sus golpes son brutales, probablemente la herida demore en sanar. Los gritos de la muchacha le rompían el tímpano a cualquiera. Carcajadas mezcladas entre risas y lágrimas…

¿Quién es esta persona?

Y antes de dar el último golpe, la puerta se abre revelando a dos individuos antes de que ambas nos matáramos.

Tk y Hibiki.