Nota de autora: Queridos lectores, nos leemos abajo que tengo algo que compartir con respecto a este capítulo :)
Creo que ya no es necesario poner lo de clasificación "T" al igual que Drama y Angst haha.
Capítulo 14: Lóbrego
Fūka no dejaba de gritar y forcejear para que la soltara. Mi cabello, que había dejado crecer por años se iba reduciendo poco a poco. Nunca creí que ese cuerpo tan frágil, casi como muñeca de porcelana, que creía más débil que el mío debido a su pálido color, me estaba ganando con respecto a fuerza y resistencia. Poco a poco fueron saliendo lágrimas de sus ojos y eso me contagió. No entendía por qué estaba sucediendo todo esto. Solo quería salvarla de tirarse del techo de la escuela. Entonces, ¿por qué lloraba? ¿Acaba de darse cuenta de lo que iba a realizar o está frustrada por habérselo impedido? ¿Acaso se ha dado cuenta de las palabras que decía? Aquellos segundos que perdí observando su rostro en busca de una respuesta fueron suficientes para que tomara la rienda de la situación y me ganara, sentándose encima de mi espalda y doblándome el brazo. Duele. Duele mucho. Daisuke no podía hacer nada. Cuando Fūka lo empujó se dio contra uno de los tubos de metal de la reparación y se clavó el brazo. Sangre no dejaba de salir de él. Me sentía tan inútil. Una sensación de rendimiento llegaba a mí. Con que así se siente tirar todo a la basura. Solo dejarse llevar por el momento y opacar todo. No está del todo mal. Solo que duele. Duele mucho. Pero el dolor pasará. Sentía que poco a poco perdía la conciencia.
—Qué se siente ser controlada, ¿perra?—su risa maniática se escuchaba cada vez más lejana—Vamos, ¡levántate! ¡Obedéceme!
Contra mi fuerza de voluntad, mi cuerpo se desvanecía y temblaba mientras me levantaba con sus manos y me acercaba al vacío. Era una caída de cinco pisos. Una parte de mi mente pensaba que no sentiría nada si moría. Que me liberaría de todo y olvidaría. Otra parte me decía que podría sobrevivir y quedar en algún estado semiinconsciente… o quizás, no lo sé. Me pregunto, ¿lamentarán y llorarán mi muerte? ¿Quiénes irían a mi funeral? ¿Tk iría? ¿Su rencor contra mí me acompañará hacia la otra vida?
—Hika...ri...—escuchaba la voz de Daisuke a lo lejos, luchando por sacar su brazo del tubo y detener a Fūka. Su brazo se retorcía y la sangre salía cada vez más grande y coagulada. Chorreaba y chorreaba como si fuera un caño que alguien olvidó cerrar—Hika…ri…
La risa de Fūka hacía eco en la azotea. Creo que este es mi fin. Hasta que escuché una voz familiar gritar el nombre de la chica.
—¡Fūka!—su voz se mezcló entre las carcajadas.
Takeru
Cuando Tk salió corriendo de la clase luego de haberle dejado el papel a Hikari con el «No Asistiré» en su carpeta, no parecía comprender exactamente la clase de sentimientos que sentía en su interior. Se supone que Fūka es su pareja, es con quien debería ir. Pero no, no tenía ni el más mínimo interés en esa actividad que el todo mundo mataba por ir. Para empezar, empezó a pensar ¿Por qué hacer una fiesta antes de terminar la secundaria? ¿Por qué hacer una pre-fiesta? ¿Acaso no saben lo costoso que le resulta al consejo estudiantil dialogar con la asociación de padres de familia de la escuela para conseguir los fondos? Deberían tener por lo menos un poco más de consideración. Exhausto de correr, se refugió en un baño cercano y se lavó el rostro.
En eso, su celular empieza a vibrar.
—¿Un mensaje?—el remitente decía Inoue—¿De la presidenta?
«Takaishi, tengo algo muy importante que decirte. Espero que por favor vengas a la sala del consejo estudiantil en cuanto puedas.
Estaré esperando. No me decepciones.
PD: Ya suspendí a las tres chicas que lastimaron a la hermana menor de Hinanawi y encerraron a Motomiya y Yagami en el gimnasio.»
—No entiendo por qué a Anzu ya que ella no hizo nada… bueno, a veces ser cómplice al no decir nada por miedo tiene sus consecuencias. Lo raro es la razón por la que quiere verme… no creo que se haya enterado que no voy a ir. Su red de información sería sorprendentemente rápida. No debo de dudar de las gemelas Kanzaki.
Hibiki
—No creí que vendrías tan rápido. Más bien, creí que ya te habías ido y que había enviado el mensaje muy tarde—aprieta la punta de su falda para al final voltear y verse cara a cara. Tras haber estado recordando su encuentro con Tk en su segundo año, se encontraba con los ojos rojizos de llanto y llena de nostalgia. Tras notarlo, inmediatamente él se quiso acercar, creyendo que había algún problema difícil que se enfrentaba y necesitaba ayuda.
—No te me acerques—retrocede, dando contacto de ojo a ojo—¡No te me acerques!
Se abrazaba a sí misma, temblando. Ella sabía que debía decírselo pero, ¿cómo? Él ya se encuentra en una relación con Fūka Hinanawi. No tiene razón para declararse, mas quedaba poco tiempo ya que su graduación se encontraba literalmente a la vuelta de la esquina. Pasada esa valla que decidirá su futuro no hay vuelta atrás. Deseaba salir de la escuela sin arrepentimiento alguno, pero su comportamiento no estaba dejando que sea honesta consigo misma. Ella lo había llamado por eso. Quería decírselo.
¿Por qué es tan difícil vivir y amar? La vida es como un lóbrego océano que nos va tragando y atrapando nuestros sentimientos para enterrarlos lo más profundo posible y que fluyan a través de una corriente sin dejarlos ser libres.
Tk se había quedado estático, observando como el cuerpo de Hibiki temblaba y respiraba profundamente de manera pausada como alguna forma de terapia personal para así tranquilizarse. Cada minuto que transcurría para él parecía una eternidad. El consejo iba perdiendo el color con cada tick del reloj. El atardecer está por llegar a su fin. El color naranja era reemplazado por un tenue marrón. Empezó a preguntarse por qué había ido en primer lugar. Pudo haber respondido simplemente que lo hablaban mañana. Hoy no era exactamente su día y que lo recibiera con un «no te me acerques» tampoco es tan acogedor que digamos. Sin embargo, en cierto grado, sentía que debía ir. La atmósfera se volvía cada vez más tensa e incómoda para ambos. Finalmente, Hibiki levantó el rostro, intentando poner un rostro sereno.
—Takaishi, creo que ambos sabemos la razón por la cual te llamé—su voz sonaba algo temblorosa.
—Pues, creo que si intentas ponerte autoritaria luego de gritar que no me acerque sin haber hecho nada no explica de manera concreta la situación, ¿no crees?—dice arqueando una ceja, con ambas manos tras el cuello.
—Sí, hazte el gracioso… lamento por haber hecho eso, ahora estoy mejor—intenta sonreír—A lo que iba, ¿tienes una idea?
—Definitivamente no debo dudar de las gemelas Kanzaki, la manera en la que consiguen información es rápida—replica suspirando.
—En realidad no me enteré por ellas…—confiesa.
—¡¿Entonces en verdad nos espías como Gran Hermano!?—deja libre su loca idea de minutos tras.
—Creo que 1984 de Orwell te está haciendo daño en literatura…—aunque no pudo evitar esbozar una sonrisa—Cuando andaba por el pasillo escuché un chisme que habías escrito algo un poco, extraño, y dejado en la carpeta de Yagami.
—Si es sobre eso, mi respuesta definitiva es no—su voz volvió a ser la fría y seca de siempre—Tengo mis razones personales. Pensé que se trataría de algo más importante.
—¿Entonces, definitivamente, no irás?—Hibiki suspira.
—No—una respuesta cortante y directa.
—Ya veo…—con eso dicho, da media vuelta y arregla sus lentes—Oye, Takaishi…
Empieza a jugar con sus propias manos como si tuviera algún juguete entre los dedos. Su flequillo cubrió su rostro cuando logró enfrentarlo nuevamente. Su rostro no podía evitar ruborizarse al verlo.
—¿Recuerdas cuando me diste ánimos en mi primer discurso? Cuando fui elegía la representante en segundo año. Tú eras de primero y…
—No te di ánimos, Inoue—sin esperar a que la muchacha terminara, contesta.
Sintió una dolorosa punzada en el corazón, como si los recuerdos que había tenido en memoria todo ese tiempo y decidió sacarlos hoy eran destrizados imagen por imagen. Nuevamente cayó arrodillada al suelo frío del salón y se abrazó a sí misma. Su corazón estaba casi paralizado. Para ella eso significó tanto y para él absolutamente nada. Siempre creyó que era amable con ella por ella desde ese día que se encontraron. Que por eso entró al consejo para apoyarla.
—Solo te di el empujó que te faltaba. Todo ese potencial yacía dormido dentro de ti. Lo hiciste perfecto. Demonios, hasta conseguiste dos seguidoras que te idolatras hasta el día de hoy… oye, ¿en serio estás bien? Es la segunda vez que actúas de la misma manera…—extrañado, intentó acercarse hasta que recordó el grito que ella le dio al entrar.
«No te acerques. ¡No te acerques!»
Aun así, dio lentos pasos hasta estar a una distancia segura y acomodarse a su altura. Hibiki levantó la cabeza y se retiró los lentes, dejando ver sus hermosos ojos grises que brillaban por las lágrimas.
—Pensé que lo habías olvidado…
—¿Cómo haría algo así? Más bien, me siento orgulloso de ti, de todo lo que has logrado por tu cuenta…—mientras hablaba, ella cae rendida en su pecho, apoyándose en él y escuchando sus rítmicos latidos del corazón.
—Sabes… nunca voy a olvidar lo que hiciste ese día. Cada vez que debo dar un discurso frente a toda la escuela o incluso dentro o fuera del consejo, recuerdo ese momento y me siento invencible. Si lo deseara hasta podría conquistar el mundo—más lágrimas empezaron a fluir de sus ojos—¿Por qué me ayudaste? Pudiste haberme ignorado. Eras un alumno ingresante. Era tu superiora. No ganabas algo a cambio.
Sin aviso previo alguno, Tk la abrazó fuertemente. Los latidos de Hibiki incrementaron sin saber qué creer. Él le sobaba suavemente el cabello, como si tratara de tranquilizar a una pequeña niña perdida en un gran parque diversiones, lleno de desconocidos. Ella se encontraba en un mundo vacío, lleno de carpetas que van rotando y rotando. Nunca ha llegado a tener amigos. Todos temen a la superiora Inoue por lo estricta que es.
Para ella, él era su único amigo de verdad.
—No, pero en vez de ganar, conocí a una persona, a una chica fuerte, emprendedora, inteligente, y sobre todo, bonita. Querías formar un ambiente ameno para todos los estudiantes. Puedes haber tenido errores en el camino y fallar. Pero siempre habían personas a tu alrededor para ayudarte, como Ai y Mai Kanzaki … inclusive a mí. Para mi tu eres una gran…
—¡No lo digas! ¡Es suficiente!—Hibiki ya sabía que iba a decir. No se atrevía a arruinar el lazo que se acaba de formar entre los dos dentro del consejo—Solo me alegra saber que aún lo recuerdes y que pienses eso de mí. Realmente eras un chico amable. Tanto así para hacerme olvidar mi primer amor.
Él la ayudó a levantarse. Intentaba sonreír, pero en su mente ya rondaba el pensamiento que su amor no era correspondido, y era de esperarse. Estaba con Fūka después de todo, ¿Qué pensaba ganar? Era una guerra en la cual no había que pelear. Era una guerra interior. Tras esto, ella siente que ha logrado superar esa alta valla que le impedía continuar. Él hace que ella se apoye en su hombro para ayudarla y, por lo menos acompañarla a la parada de buses. De manera inexpresiva, al no comprender la situación y tampoco saber qué hacer, van caminando lentamente. El silencio los rodeaba. El aleteo de algunas palomas y el sonido de los árboles siento mecidos por el viendo infestaban el corredor.
Hasta que se rompió.
Un grito, o más bien, dos, llegaron hacia ellos. Tk se separó de Hibiki, casi tirándola al piso. Él reconocía esas voces. Estaba olvidando todo lo que acababa de suceder con la superiora Inoue. Ella, sin embargo, sentía como la silueta de su amor no correspondido se difuminaba por las lágrimas. Iba a ponerse a llorar desconsoladamente en el pasillo pero, su voz interior le hizo entrar en razón.
Esta no es la Hibiki Inoue que conozco. Ella nunca se rendiría ante nada. Ella quiere vivir y formar un campo más ameno. Por eso mismo…
—¡No se corre en los pasillos, Takaishi!—con los ánimos levantados y recuperando el control de su cuerpo fue tras él, ignorando ella sus propias reglas. Trató de liberarse del peso que había cargado durante años y sentía que aquella pesada mochila que cargaba se había aligerado. Sentía que podía continuar una nueva vida.
En eso, ve a Tk subir las escaleras hacia la azotea y logra detenerlo sujetándole la muñeca. Al ser hombre tiene más fuerza, pero ella le grita.
—¡Takaishi! ¿Qué fue ese grito? ¿Por qué vas a la azotea? ¡Es peligroso!—insiste.
—Es.. . es Fūka… digo Hinanawi. Estaba gritando ahí y el otro grito me parecía que provenía de… Hikari… por eso mismo, no hay tiempo que perder—la toma de la mano para ambos subir más rápido las escaleras y acelerar el proceso. Para su sorpresa, la puerta se encontraba con candado—¿Cómo así lograron entrar…?
Takeru
—¡Takaishi, mira! Estos escritorios viejos nos pueden servir para salir por la ventana de la entrada a la azotea—dice mientras escala.
—Eres un genio, Inoue—con eso dicho se apresura y sus ojos dan con algo que si ella se entera lo mataría.
Su ropa interior tenía fresas y flores, muy infantil para su edad y actitud. No pudo evitar sonrojarse e imaginársela como una caperucita roja recogiendo flores y alimentando conejitos con zanahorias. Sabía que ese no era momento de divagar, pero le pareció muy divertido.
Cuando lograron salir, no creyeron la escena que estaba frente a sus ojos. Fūka se encontraba, literalmente, dominando Hikari en fuerza y Daisuke herido con un palo de metal atravesado. Sin duda alguna, Tk ordenó a Hibiki.
—Hibiki, ocúpate de Daisuke. Trataré de detenerlas.
—¡Fūka!—gritó, tratando de atraer su atención entre las carcajadas que soltaba.
—¡Takaishi, qué está sucediendo, explícame!—gritaba Hibiki, asustada por lo que veía mientras no sabía qué hacer con Daisuke.
—Escúchame y mantente en calma, ¿sí? Verás que pronto acabará eso y te deberé una explicación—con eso dicho va hacia las dos chicas.
—Más te vale…—se dijo a sí misma para empezar a ayudar a Daisuke.
—Hika…ri…—soltaba, como si estuviera perdiendo el conocimiento.
—¡Motomiya, soy Inoue! ¡Por favor, resiste, vas a estar bien! Solo un poco más y lograré sacarte esto—con delicadeza y cuidado, Hibiki daba lo mejor de ella para liberar a Daisuke del metal.
Por el otro lado, Tk ya había llegado hacia las dos chicas.
Cuando Fūka ve a Tk, no puede evitar decir en una voz llena de malicia.
—Ay, Takeru, demoraste en llegar que casi te pierdes el espectáculo. Pero siempre reservo la primera fila para ti, amor mío. Voy a deshacerme de esta escoria que está en nuestro camino y así emprenderemos nuestra vida juntos. Sin esta puta entrometida y así quitar toda duda que tienes. Es obvio que me amas, ¿no? Si no lo haces, me pondría muy triste… ¿sabes?—sus ojos muertos darían escalofríos a cualquiera pero, aparentemente, Tk no pasaba por ese efecto y era sorprendente.
Al igual que la bofetada que él le dio a ella.
Hikari
No entendía qué sucedía. Me parecía escuchar a Fūka hablar y la voz de Tk y Hibiki y a Daisuke que decía mi nombre todo pasa tan rápido en mi mente no entiendo quiero ayuda que alguien me ayude a salir de esto estoy pensando tan rápido pero tan rápido que tengo miedo ¿era esa Fūka cayendo de rodillas al suelo? Necesito que alguien me levante no tengo fuerzas sigo asustada mis pensamientos son como una jungla
Al abrir los ojos gracias al pequeño golpecito que me dio Tk mis pensamientos volvieron a ponerse en orden. No entendía que hacían aquí él y la presidenta, quien se encontraba ayudando a Daisuke. La culpable se encontraba semiinconsciente apoyada en una pared de la azotea. Ambos aún nos encontrábamos en la reja en reparación, en aquél único espacio que dividía la vida con la muerte.
—¿Te encuentras bien?—Tk lanzó la típica pregunta
—No... no me encuentro para nada bien. Tengo miedo… tenía miedo… estaba tan asustada… no entiendo…
Mis ojos estaban cristalinos, Tk me abraza y consuela.
—Llamemos a Taichi para que te lleve a casa.
—Puedo levantarme sola… quiero ir a ver a Daisuke…—asentí, aguantando las lágrimas,
Tal cual ambos nos separarnos, Fūka logró ver, eso me pareció al ir donde Daisuke, todavía en su estado desequilibrado el abrazo que ambos compartieron. Fue cuestión de segundos en los cuales transcurrieron los siguientes eventos luego de su gritó.
—¡Todo esto es culpa tuya! ¡Deberías morir, Hikari!
La acción de Fūka fue rápida, sin duda alguna de asesinar a otro ser humano. Yo sentía como iba perdiendo el equilibrio para irse de espaldas. Como la gravedad me atraía hacia la tierra. Caída de cinco pisos. Temía golpearme la cabeza. Nuevamente surgieron las mismas preguntas que planteé en el momento que ella me sostenía frente al abismo. Una parte de mi mente pensaba que no sentiría nada si moría. Que me liberaría de todo y olvidaría. Otra parte me decía que podría sobrevivir y quedar en algún estado semiinconsciente… o quizás, no lo sé. Me pregunto, ¿lamentarán y llorarán mi muerte? ¿Quiénes irían a mi funeral? ¿Tk iría? ¿Su rencor contra mí me acompañará hacia la otra vida? No tengo las respuestas a estas inquietudes. Cerré los ojos, aceptando mi destino.
Hasta que Hibiki rompió mi concentración gritando.
—¡Motomiya!
Abrí los ojos y noté como una silueta se tiraba frente a mí. Esta tapaba a Tk, Fūka y Hibiki, quienes trataban de hacer algo y a la vez controlar a la chica de cabello almendra. Ya nada se podía hacer. Daisuke me abrazó, cubriendo mi cabeza y poniendo su cuerpo bajo el mio como amortiguador, manchándome con su brazo sangriento el uniforme, el cual aún tenía un poco del metal incrustado.
Me susurró al oído.
—Te tengo, preciosa. Nunca dejaré que nada te suceda. Estoy dispuesto a dar mi vida por ti. Te amo, Kari.
«Te amo, Kari» «Te amo, Kari» «Te amo, Kari»
Kari... me dijo... me dijo Kari...
Sentí como las ramas me cortaban un poco el rostro. Había un árbol antes de llegar al suelo. Caímos encima de varios arbustos y creí que aquello nos había salvado. No dejaba de temblar y agradecer que estaba viva, solo con dolores en el cuerpo que eventualmente pasarían pero, mi principal preocupación era Daisuke. Lo empecé a buscar y noté que la caída en el árbol nos había separado. Su rostro se había dado contra el concreto de la entrada. Un charco de sangre más grande que el del su brazo se empezó a formar a su alrededor. Corrí hacia él, llorando y gritando su nombre.
—¡Por favor, Daisuke! No me hagas esto, ¿no decías que me ibas a hacer sonreír siempre? No me dejes sola, por favor... responde, haz algo, di alguna tontería como siempre… vamos…—le sujetaba la mano y me lancé contra su cuerpo.
Estaba tan nerviosa que me olvidé como se tomaba el pulso. Lo sentía muy débil. Y di un grito que podría llegar hasta el centro de la tierra.
Hibiki se tapó la boca cuando bajaron y empezó a llamar a una ambulancia. Tk cargaba a una inconsciente Fūka en su espalda, quien aparentemente había recibido otro golpe en la mejilla. Nadie sabía que iba a ser de la vida de Daisuke y la de ella. Esto quedará en su récord académico y es probable que la boten de la escuela y no pueda tener un futuro como el de nosotros… quizás hasta ya arruinó el de Daisuke… hace tiempo que no sentía tantas energías y sentimientos negativos hacia alguien.
—Sí, es urgente. Por favor, apresúrense. Gracias—escuché como Hibiki terminaba de hablar por su celular—Nos van a enviar la ambulancia del hospital más cercano… no creo que demore mucho.
Y dicho y hecho, llegó en cuestión de segundos. Cargaron a Daisuke que, para mi, parecía magia por la agilidad y seguridad.
—¿Alguien aquí es familia del joven Motomiya?—quise levantar la mano, pero yo solo era una ajena, solo su enamorada de mentira. Alguien quien jugó con sus sentimientos llevando a que ponga su vida en riesgo por su amor hacia mí. Dijo que me ama. Mi corazón no deja de latir.
—Ella es su novia. Están comprometidos—la voz vino de quien menos me lo esperaba. Tk me señalaba con su mentira fabricada. Se me acerca lentamente—Anda con él. Tienes que hacerlo.
Tenía razón. No podía quedarme ahí viendo cómo se lo llevan a cualquier sitio. Quiero saber que está bien, si se recupera… tengo que hablar con sus padres y hermana sobre lo sucedido…
Ken & Miyako
Ken se encontraba en la puerta de la academia de Miyako, esperándola. Ese día él tenía trabajo grupal y había aprovecho en quedarse hasta tarde y aprovechar en ir a recogerla. Por más que ella sea mayor, él era el hombre de la relación, pensaba. Tenía que demostrarle su caballerosidad.
—Y dinos, Ichijouji, ¿cómo es tu novia?—pregunta una de sus integrantes de grupo. Por cierto, todas son mujeres—Cada vez que tienes oportunidad hablas con ella por celular o mensajes. Ay, como quisiera encontrar un novio perfecto como tú.
—N-No es mi novia... todavía somos enamorados...—murmulló él, para luego empezar a jugar con un objeto en su bolsillo—Vamos, Wakatsuki, algún día aparecerá—responde, sin saber por qué las cuatro chicas lo acompañaron.
—Rikako—dijo la segunda—¡Debemos dar lo mejor para ayudar a Ichijouji!
—Mayuno también quiere ayudar.
—Chicas, chicas… tranquilas. No tenían que venir todo este camino solo para uh….—Se encontraba nervioso. No sabía si Miyako reaccionaría mal si viera todo eso.
—¡Apoyo moral!—gritaron las cuatro.
—¡Apoyen moralmente el trabajo que es para mañana y tenemos menos de la mitad porque son lentas!—explotó, suspirando al final—Miren, se los agradezco, ¿sí? Pero creo que es suficiente por hoy. Sé que querían conocer a Miyako pero van a llegar tarde a sus casas y… hay trabajo por terminar…
—A Mayuno no le gusta cuando Ichi-chan empieza a darnos estas cosas—abraza a su amiga Rikako
—Es que tiene razón.
El silencio reinó.
—¡Rikako habló!
—Cuando Rikako habla eso significa que Ichijouji tiene razón—empieza a asentir Wakatsuki.
La segunda chica, Asumi, sigue.
—Pero igual no me gustan sus sermones…—empezó a llorar junto a Mayuno.
—¿Esas son formas de tratar chicas, Ken Ichijouji?—su piel se erizó.
Era Miyako.
—Mi..Miya..
—¡Es Miyako Inoue! Es un placer conocerte—dijeron todas, menos Rikako de nuevo.
Luego del alboroto las cuatro chicas se fueron, no sin antes, Wakatsuki, decirle algo a Ken.
—Si logras cumplir tu objetivo avanzaremos la tarea. Queremos evidencia fotográfica.
Ken quería ahorcarla, pero al tener a Miyako al lado se sentía completamente en paz, como si su ser estuviera completo. Para el Yolei era su razón de vivir. Nada más lo impulsaba a querer salir adelante.
—Vaya pero qué alboroto… aunque me alegra saber que tengas buenas amigas. Lo único extraño fue que me saludaran de esa forma…—Ken no dejaba de mirar su atuendo. Botas negras de felpa casi, con una gabardina azulina que hacían lucir sus hermosas y blancas piernas. Sonrojado, contesta.
—Es solo que… bueno… olvídalo…—no quería decirle que siempre hablaba de ella con sus amigas.
Orgulloso de ella y lo que ha logrado a través de los años. El hecho de adelantar un año de escuela, entrar a una academia y así ambos poder tener una vida universitaria. Miyako entraría un año antes que Ken, pero se encontrarían en la misma, tal y como siempre lo han deseado. Caminaron en silencio hasta llegar a la intersección en donde se dividían sus caminos a casa. Se despidieron de manera casual. Ambos sonriendo como enamorados primerizos. Miyako ya había dado la espalda. Él quería decirle lo que planeaba. Este era el primer paso. Debía hacerlo. Corrió tras ella y la abrazó.
—Miyako…
—Dime, Ken…—hundió su rostro en sus brazos.
—¿Quisieras tener una cita conmigo este fin de semana? Tengo algo muy importante que decirte.
—De acuerdo...aunque me parece algo sospechoso. Nunca me lo habías pedido de esta forma. ¿Sucede algo? ¿Todo bien? ¿Sigues... dudando?
Sí. Por más amor que haya, había un gran quiebre en la relación Ichijouji-Inoue.
Ambos se quedaron en la fría intersección, sin interrupción alguna, no un solo auto pasaba… hasta que vibra el celular de Ken. Miyako le insistía en que conteste, que podría ser algo importante, pero él quería permanecer un rato más con ella así, por más que ignorase su última pregunta. Molesta, salió de sus brazos y le arranchó el celular. Asustado y nervioso, Ken quería que se lo devolviera… hasta que leyeron el mensaje y el remitente.
—Es de Tk...
Davis está en coma. Ayuda.
Como les dije, nos leemos abajo, hehe. Hay un gran salto entre la escena de Takeru y Hibiki porque se va a contar qué eventos transcurrieron antes de que acuda al consejo estudiantil en unos... cuatro capítulos, más o menos. ¡Nos vemos! ... Tomen nota de la extraña relación Kenyako.
