Nota de autora: Una vez más, gracias por su apoyo y leer esta inusual historia :) ... no olviden que todos le dicen a Takeru "Tk", menos una persona.
Creo que ya no es necesario poner lo de clasificación "T" al igual que Drama y Angst haha.
Capítulo 15: Seres Queridos
Tk observaba como la ambulancia se llevaba a Hikari, quien no dejaba de llorar de manera descontrolada. En ese momento pensó, que quizás, Hikari realmente ama a Daisuke. Nunca la había visto actuar de esa manera. Aunque era de esperase, fue una caída de cinco pisos y el shock debe haber sido, no, ha sido fuerte para todos; pero más para ella al haber sido protegida. Ella, que siempre ha tenido ese complejo de culpabilidad no iba a ayudar. Temía a que ella se hiciera algo al respecto. Su miedo no dejaba de crecer. No comprendía porqué le dolía tanto.
Temo que haga algo como Fūka.
Acomodó a la chica en cuestión, que se encontraba inconsciente en su espalda y frunció el ceño.
—Hibiki… sé que esto no es fácil pero, ¿crees poder pretender que esto nunca sucedió?
Hibiki intentaba mantener la compostura luego de ver el accidente; sin embargo, sus manos no dejaban de temblar. El celular que sujetaba parecía como si fuera a romperse en pedacitos. Respiraba de manera agitada con sus ojos grises cerrados, soltando grandes suspiros Finalmente, lo soltó y lo enfrentó sin hesitar.
—¡¿Estás demente!? Lo que me estás pidiendo es algo imposible. Por Dios santo… ¡Motomiya acaba de caer cinco pisos con Yagami! Encima… ¡Hinanawi lastimó de manera seria a ambos! ¡Crees que todos pueden hacer y cumplir lo que quieras! Eres solo un egocentrista que piensa en sí mismo y la seguridad de Hinanawi sin considerar a los demás que están a tu alrededor, ¿no? ¡Por esto entraste al Consejo Estudiantil! ¡Juraste evitar otra catástrofe como el evento de los cigarros! ¡Prometiste que este último incidente de esa alumna anónima sería el final de todos estos problemas! ¡Me enamoré de la persona equivocada!
Dejándolo sin palabra alguna, la muchacha de cabello turquesa empieza a correr con su celular. Su listón soltándose por el viento y cayendo a pies de Tk. Él logró ver como las lágrimas corrían de sus ojos cuando emprendió marcha hasta volverse una silueta entre la bruma del verano. En ese instante tomo noción de los sentimientos de la presidenta cuando lo llamó al Consejo Estudiantil. Era obvio, lo más obvio por su actitud y palabras. Ingenuo como siempre, falló en darse cuenta de los sentimientos de alguien más. Siempre, siempre, siempre, pensaba él. Siempre le suceden esas cosas. Su espalda empezaba a doler por el peso de Fūka. Se estaba dando cuenta que cargaba con un peso, un peso del cual nunca podrá separarse.
Empezó a caminar, recapacitando con las palabras que Hibiki le había dicho. Era cierto lo que había dicho al respecto con el de querer que todos hagan lo que él diga o pida por el bien de Fūka. Siempre consideraba la situación para que no saliera herida. Aun así, algo hizo mal.
¿En qué me equivoqué esta vez? ¿Por qué? Takeru piensa, piensa bien. Algo tienes que haber hecho.
Caminaba y caminaba mientras iba a casa de la chica de cabello almendrado para dejarla descansar tranquila, debe haber sido un día duro para ella, siguió pensando. No dejaba de pensar en los sentimientos de ella. A la vez, imágenes de la reacción de Hikari venían a su mente. Su rostro, sus pequeñas manos sobándose los ojos al ver como llevaban a Davis, su reacción cuando estaba al lado del cuerpo, sus lágrimas. Se dio cuenta que en ese momento quería consolarla pero, sería algo imprudente de su parte. Después de todo…
Es mi culpa que esto sucediera.
Al reconocer el puesto de croquetas notó que ya había llegado al complejo de apartamentos en donde vivía Fūka. Hizo lo mejor que pudo para dejar de lado esos pensamientos que le hacían sentir aprisionado y mejorar su expresión. Después de todo, no quería preocupar a la hermana menor. Estando ya frente a la puerta del 107, tocó el intercomunicador para escuchar la voz de la pequeña integrante de la familia.
—¿Sí? ¿Quién es?—su voz sonaba rasposa, como si acabara de despertarse de tomar una siesta. Ahora que lo piensa bien, ya el atardecer estaba empezando a morir.
—¿Mihara? Soy yo Ta...— antes de poder terminar la niña lo interrumpe.
—¡Take-nii! Enseguida abro—al colgar, segundos luego se escuchan grandes ruidos tras la puerta. Era como si se hubiera puesto a ordenar algún desastre. Luego, su cabeza sale hacia el exterior—Adelante, Take-nii… ¡Fū-nee!
—Mihara, te agradecería si no gritaras que la puedes despertar—con eso dicho se abre paso en el departamento como si fuera su segundo hogar, lo cual es cierto.
En sus vacaciones de verano suele pasar todos sus días ahí. Mientras caminaba hacia la habitación de su enamorada para dejarla descansar, no sabía cómo implicarle la situación a la hermana menor. Por su rostro se notaba que estaba muy preocupada, después de todo, hace muchos años que no veía una escena similar a la de ahora.
Antes de dejarla reposando, Mihara lo sujeta de su uniforme.
—Take-nii… ¿qué le pasó a mi hermana?
Empezó a dudar de que excusa usar. Sabía que ella era lista y no creería cualquier cosa que le dijeran luego de analizar los posibles escenarios. Era muy astuta para su edad, doce.
—Tuvo un pequeño colapso por el exceso de trabajo. Es mi culpa porque le pedí que me ayudara con unos papeles del consejo.
—Hmm…—al parecer no lo creía del todo, pero aquella sonrisa que el rubio le daba hacía que toda duda desapareciera—¿Entonces cómo explicas sus mejillas? Están muy rojas… ¿tendrá fiebre? Iré por una toalla y agua.
—Cuento contigo para que cuides a tu hermana, ¿sí?—le acaricia la cabeza con delicadeza. Lo que menos quiere es que la pequeña salga lastimada y se entere que la persona que más quiere está volviendo a recaer.
Hikari
Tras llegar al hospital no ha sido más que papeleo y papeleo. Me preguntaban el número de contacto de sus padres, si él contaba con algún seguro médico, cómo había sucedido el accidente… tanta pregunta me abrumaba que temía explotar en algún momento y huir. Mis ojos se encontraban tan rojos que empecé a recaer cuando observaba mi rostro en el espejo del baño. La misma duda entró a mi mente. Acobardada, me agaché sujetándome la cabeza mientras caía de rodillas contra el piso. Se encontraba helado, el aire acondicionado no ayudaba en lo absoluto y me costaba respirar. Quería detener este sentir pero su pesadez era mucho más de lo que podía cargar.
¿Por qué Daisuke aceptó mi plan? ¿Por qué no se opuso cuando sugerí que jugáramos a pretender ser enamorados tras el ataque de celos que tuve? Quizás ahora tendré que decir adiós a este falso amor. No, no debo pensar en el peor escenario… ¡Pero cayó de cinco pisos, no hay forma que salga ileso de eso! Si no hubiera sugerido eso… Daisuke… Daisuke nunca se habría arriesgado por mí… estoy segura que inclusive lo que sucedió hoy nunca hubiera pasado.
Mi complejo de culpabilidad es muy fuerte para poder controlarlo de esta manera tan patética. El sonido de las camillas, enfermeras, bocinas, niños llorando, riendo y gritando, entré en un estado de paranoia interna en el cual escuchaba el retumbar entre las paredes de concreto. Siento que me voy a volver loca, que pronto voy a perder el sentido de las cosas,
—No me dejes… Daisuke. Te necesito. No me dejes sola, por favor…
—¡Hikari! Hasta que al fin te encontré… ¡Por Dios, hermosa! ¿Te encuentras bien? ¿Quieres un papelito para secar esas lágrimas?
Levanté el rostro para ver de quién se trataba. Aquella voz tan alegre y llena de vida, creo ya saber a quién le pertenece pero, honestamente, dadas las circunstancias, no me sorprendería escucharla más quebrada. Era como si estuviera poniendo un fuerte frente a sus sentimientos para mantenerse en pie. Quizás esa era la señal que necesitaba para darme cuenta de lo inútil que estaba siendo en vez de apoyar a Daisuke y su familia. Jun me extendía su mano mientras me enseñaba una gran sonrisa. Su cabello se encontraba un poco más largo, hasta el cuello, y llevaba puesta una sudadera gris debido a su práctica de rugby que tenía todas las tardes. Acepté el pañuelo y limpié mi cara con delicadeza, retrocediendo para recordar cada evento que había sucedido el día de hoy.
—Jun… gracias—le sonreí, devolviéndole su pañuelo. Ella me extiende la mano para ayudar a levantarme y retomar la compostura.
—Ni que lo digas. Vamos que están esperando en el pasillo—camina dándome la mano. Seguro la asusté cuando me encontró así.
Al salir me di cara a cara con los padres de Daisuke. Su madre se encontraba sentada en una de las sillas del pasillo, para ponerse de pie cuando me vio salir con su hija, y su padre reposando en la pared. Los saludé como es de costumbre, agachándome, pero esta vez más de lo debido y no pude evitar soltar lo siguiente.
—¡Lo siento mucho! Asumo toda responsabilidad por lo sucedido con Daisuke. Estoy dispuesta a...
—¿De qué te estás disculpando, mi niña?—su padre encendió un cigarrillo en pleno río de transeúntes, hasta que una enfermera pasó y le llamó la atención. Digamos que es una manía más que una costumbre.
—Um… me refiero a lo que...
—Hikari, querida… no es culpa tuya—su madre me da un abrazo—Tú eres como una hija para nosotros y también nos preocupamos por tu bienestar, no deberías hacer lo que haces ahora.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Sus padres, que deberían estar devastados, no hacen más que consolarme y levantarme los ánimos mientras que me retraigo y hago lo contrario. Yo debería ser quien los apoyara.
Me consideran parte de la familia… Daisuke… Daisuke, perdóname.
—Lo que hizo nuestro hijo fue algo muy noble… nos sentimos muy orgullosos de él—su madre se trababa en sus palabras. Era ahora mi turno de ayudarla.
—Señora, Daisuke va a estar bien… lo sé. Él es fuerte, fuerte como usted. Todo saldrá bien.
—Mamá… Daisuke puede ser un idiota pero, ya sabes cómo dicen, es tan cabeza dura que estoy segura que no le pasará nada—Jun se une al abrazo y observo como evita llorar. El padre solo sonríe de lejos pero sé que internamente forma parte de esto.
Soy una mentirosa e hipócrita. Sus padres no saben la verdad. Al llegar al hospital, como toda rutina, preguntaron la causa… respondí que había sido un accidente en las escaleras. Que había caído desde un piso al otro y se fue contra la pared en vez de caer directo al piso al protegerme cuando me tropecé. No entendía la razón por la que hice eso. No debería estar inventando cosas, menos de esta magnitud. Siento como si de manera inconsciente… sí, así fue.
Protegí a Fūka.
Las tres nos soltamos y sonreí. Nunca me había sentido tan falsa. Ya no podía hacer nada, tanto han hecho por mí y yo se los repongo con esta ilusión. Su padre se enderechó y se acercó a su esposa.
—Creo que es tiempo de ir a la habitación de Daisuke y hablar con el doctor.
—Sí, amor. En seguida voy. Jun, ¿crees poder traernos algo de comer y de beber?—le dice a su hija mientras la sujeta de las manos.
—Claro, mamá. Ahí les llevo algo—mientras observa a su padres retirarse, da media vuelta para mirarme—¿Vamos?
—¿Eh?—aquella pregunta me agarró desprevenida—¿A-a-a dónde?
—No seas tonta, vamos a la cafetería un rato—me despeina la frente para luego empezar a caminar riendo.
Definitivamente mi imagen de Jun ha cambiado. Es más fuerte de lo que pensaba.
Ambas caminamos de manera pausada, sin hablar. Ella levaba ambas manos en el bolsillo de su sudadera. Era como si la atmósfera se hubiese vuelto más pesada. Me costaba caminar y respirar. No esperaba el minuto en el cual llegáramos a la cafetería. Mientras la seguía, observaba que su espalda se iba volviendo más y más distante, como si estuviera adelantando sus pasos. A mí alrededor podía ver como muchas familias esperaban noticias de operaciones, un niño salía llorando de un consultorio, reclamándole a su madre que le había mentido ya que le pusieron una inyección. El llanto cesó de manera inmediata cuando el médico le regaló un caramelo. Cliché pero, aparentemente el truco funciona. Las enfermeras iban con sus uniformes celestes de un lado a otro, sea con pacientes o con medicinas. La cola para sacar cita incrementó mucho más luego de que me fui de ahí y el ruido de una ambulancia que acababa de llegar me puso sorda. Tantas personas en un solo lugar, todas unidas unos a los otros por el bienestar de alguien especial…
—¡Ya está! Dime, Hikari. ¿Quieres algo? Tengo algo de dinero extra. Yo invito—Jun apoya su brazo en el mostrador mientras me habla.
Mi deseo se volvió realidad al llegar con rapidez, o quizás sí demoramos y se me pasó al estar analizando mi ambiente. No sabía que contestar, no tenía apetito alguno. No recuerdo cuándo fue la última vez durante el día que comí. Creo que en el desayuno.
—No gracias, Jun. Estoy bien.
—¿Segura? Bueno—vuelve a mirar al mostrador para empezar a cumplir el pedido que su madre le había encomendado. No entendía la razón por la cual Jun me había hecho ir con ella. Claro, pude haberme negado pero como iba a hacer eso luego de lo de hoy. No hay forma—Dime, ¿por qué no nos sentamos un rato? Van a hacer los sándwiches y quizás demore un poco.
La seguí hacia una mesa, pensativa. Seguro quiere dejar a sus padres a solas con el doctor y hablar sobre el estado de Daisuke. No entiendo por qué me encontraba tan nerviosa. Jun se había comprado una barra de chocolate y la comía mientras me dirigía la mirada, nuevamente con el codo apoyado en la mesa y levantando el cuello. Cuando iba a la mitad suelta una gran sonrisa.
—Espero que Daisuke no te esté causando problemas, más bien gracias por siempre cuidar de él. Y de alimentarlo también, ahora ya queda suficiente comida para que todos cenemos en las noches—vuelve a darle un mordisco a su chocolate.
Me sonrojé, lo que hizo que jugara con mis manos y bajara el rostro. Me solté un poco el cuello del uniforme por la vergüenza.
—No, nada que ver… Daisuke es el que es amable conmigo. Soy yo quien lo debe de agradecer.
—Hmmm…" vuelve a hacer la misma pose con su brazo. Cada vez quedaba menos chocolate—¿Qué es lo que te atrae de él?
Eso no me lo esperaba, y menos mi reacción en sonrojarme a niveles exuberantes. Nunca antes había considerado si hay algo en concreto que me atrajera a Daisuke. No sé si se refiere a algo físico o más allá de eso.
—Bueno, la verdad yo…
—Era broma, linda. No creo que haya nada bueno en ese idiota—empieza a reír. Su risa me contagió y me sentí a gusto. Jamás he estado a solas con Jun y la única referencia que tenía de ella era su propio hermano—Siempre me da envidia diciendo que tiene una enamorada muy linda, y que él está profundamente enamorado de ti. Siendo honesta sí me da celos, su amor es tan puro e inocente… cuando entren a la Universidad esa idea se rompe y hace polvo. Disfrútalo.
—Muchas gracias…—hundí mi cabeza entre mis hombros. No sabía si sentirme cómoda o incómoda. Jun volvió a hacer lo mismo con el chocolate hasta que lo terminó y aplastó la envoltura.
—¿Tienen apodos? A veces no sé si creer todo lo que dice porque regresa tan feliz y emocionado del colegio que siento que no sabe distinguir la imaginación con la realidad. Él dice que te llama amor, mi malvavisco, mi reina, corazón, conejita… un sinfín de nombres que incluyen animalitos pequeños, felpudos y de ojos grandes. Una vez dijo que te decía delfín—apoya su mano en la mesa para empezar a reír a gran escala—Su cara es tan estúpidamente seria pero llena de dulce y azúcar que no sé cómo reaccionar. Además me cuenta que tú le dices amorcito, mi hombre, superman, bebé, playboy… la mayoría de esos suenan más inventados.
Perdóname, Daisuke, pero cuando te vea voy a darte una paliza que hará que te quedes más días aquí.
—No, para nada. Me cuesta llamarlo con algún apodo. Es cierto que me dice linda, amor, hermosa y eso… pero yo nunca he hecho algo así. Quizás no tengo la confianza suficiente.
—Eso es muy probable—eso me responde al apoyar su mentón en ambas manos y darme una sonrisa a ojo cerrado, me dejó helada—Mi hermano no sabe distinguir lo que es realidad o ficción.
Solté un pequeño suspiro de alivio. No entiendo la razón, pero aquella sonrisa me dio escalofríos. El susto fue menor al de hace unas horas, pero aún sentí cómo entraba en mi alma, como buscado algo. Quizás ha detectado algo de incomodidad en mi voz. No soy buena tratando con personas con las cuales casi nunca he hablado.
—Daisuke es muy despistado pero, creo que él tiene su forma de ver las cosas y aquello lo hace la persona que es.
—Diez puntos por esa respuesta—dice mientras separa ambas manos y hace el número en cuestión. Luego saca otro chocolate. Aparentemente había comprado más de uno. En eso, escuchamos como el señor que atiende la cafetería llama el nombre de Jun. Había dejado en el mostrador una bolsa de papel con el pedido y un par de sodas—Me hubiera gustado hablar un poco más, ¿vamos?
Asentí y empecé a seguirla. No entendía por qué había estado tan nerviosa… debe ser mi complejo. Debería hacer algo al respecto. Es imposible que deje que controle absolutamente todo evento que sucede en mi vida. Si esto fuera un juego podría quitarlo al subir mis habilidades sociales. Caray, qué cosas me encuentro pensando, eso es algo que Daisuke hubiera dicho. Ahora que lo pienso, hace tiempo que no me sentía tan sola, me había acostumbrado a tenerlo siempre a mi lado e inclusive hablábamos por horas en la noche cuando alguno no podía dormir hasta que uno cayera rendido en la almohada. Al estar sumida en mis pensamientos, no me doy cuenta que me voy contra la espalda de Jun y termino retrocediendo.
—Perdona, no me fije por dónde estaba caminando…—en eso me di cuenta de algo, algo que había estado pasando por obvio. Sus ojos.
Los ojos de Jun parecían muertos.
—Dime, Hikari…—sin dar media vuelta completa para verme, levanta su cuello mientras coloca el brazo con la bolsa detrás suyo—Me pregunto, ¿si alguien cae de un piso hacia el otro al proteger a alguien de ese mismo destino, es capaz de terminar en tal terrible estado? Me pregunto, ¿cuántos pisos habrá caído Daisuke desde la escalera en realidad? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿O quizás, cinco? Si es que cayó desde las escaleras. También… me pregunto, de dónde habrá salido esa herida en su brazo. Perdió mucha sangre. No creo que hayan estado construyendo escaleras.
Frunce el ceño con sus ojos sin vida para luego, en instantes, terminar con una sonrisa. La sonrisa que me ha estado atormentando todo este tiempo que estuvimos juntas. Traté de no asustarme y tomarlo tan a pecho, debe ser una coincidencia… o quizás mi imaginación está jugando trucos conmigo al sentir que enfatiza demasiado la palabra escaleras. Debo estar fatigada entre todos estos eventos. Entre las acciones de Fūka, el accidente de Daisuke antes de caer los cinco pisos… estoy segura que no dijo eso. Jun no haría eso. No es esa clase de persona.
—Regresemos, que mis padres deben tener mucha hambre—retoma su camino, dejándome atrás.
No hay forma, sigue tan tranquila. No hay forma. Puede ser que sus ojos estén sin vida debido a la noticia. Los míos deben de estarlo también. No puedo creer que esté dudando así de Jun. La seguí mientras volvía a reparar en mis alrededores para distraerme. Metí mis manos a los bolsillos de la falda para percatarme que la cantidad de personas había disminuido. Solo había un par de personas siendo ayudadas por sillas de ruedas y niños que tenían gripe o resfriados. El trayecto se me hizo mucho más corto que a la ida. Por mi me iría de inmediato, pero no puedo dejar a la familia de Daisuke en el hospital así como así luego de la ayuda que me brindaron. Cuando llegué, no imaginé la escena que me esperaba.
La madre de Daisuke se encontraba llorando de manera desconsolada en uno de los asientos. Su padre intentaba calmarla pero no podía, ya que sus ojos se encontraban a tal punto que delataban sus sentimientos. Jun se encontraba intentando lo mismo, pero no logró hacerlo. Era la única que no estaba llorando. No entiendo cuál es toda la conmoción… ¿acaso lo que tiene Daisuke es tan grave? Mi corazón no deja de latir y sentir que está hundiéndose en un mar de pesadez. El doctor se me acerca.
—¿Es usted familiar del joven Motomiya?—pregunta, mientras acomoda los papeles que llevaba en mano.
—Algo así—evitaba mirarlo pero, era algo imposible.
—Por cómo podrá ver ya dimos las noticias, viéndole el lado positivo a la situación es un milagro pero aun así es terrible. Lamento informarte que se encuentra en coma.
Me quedé helada. Escuché como los pasos del doctor se iban difuminando y mi vista se volvía borrosa. Poco a poco se me hacía difícil ver bien las siluetas de los padres de Daisuke. Siento como si me fuese a desmayar. No puedo caer aquí… no puedo…
«Me pregunto, ¿cuántos pisos habrá caído Daisuke desde la escalera en realidad? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿O quizás, cinco? Si es que cayó desde las escaleras.»
Las frases de Jun empezaron a hacer ecos en mi cabeza. No dejaba de pensar en todo lo negativo, lo doloroso, la forma en la que he llegado a lastimar a Daisuke… esto debió haberme pasado a mí, no a él.
¡¿Por qué la vida es tan injusta!? ¿!Por qué Dios es tan injusto!? Puso su vida en línea por mí, por una cosa tan mediocre y doble cara como yo… como una… como una…
Levanté el rostro luego de tenerlo hundido entre mis manos. Por alguna razón observé a Jun mirándome con el cuello levantado y mordiendo un pedazo nuevo de su segunda barra de chocolate. La logré ver con claridad a diferencia de lo demás. Sus labios formaron la palabra que tanto temía decir en estos momentos.
«Mentirosa.»
Takeru
La luz de luna entraba tenuemente entre las cortinas de la sala de estar del departamento. El muchacho rubio se encontraba recostado en el sofá, con los pies encima de este, su mano izquierda jugaba con el viento que entraba y sus dedos se enredaban entre las cortinas. Su cabeza evitaba recordar o inclusive encontrarle lógica a los eventos de hoy. No había recibido noticia alguna del estado de Daisuke, aquello lo aterraba y tenía alerta. El celular casi no tenía batería. Soltaba un incesable bip bip cada quince segundos. Le deba terror bajarle el volumen por si llegaba alguna noticia y el cargador del celular de alguna de las chicas no le hacía al suyo. Soltó un suave suspiro que se mezcló con la cálida ventisca.
—Fū-nee no despierta… pero le cambié el paño del agua como me dijiste, Take-nii—Mihara se encontraba en un pijama naranja, como si fuera un pequeño tigre.
Su cabello corto almendrado y ojos esmeraldas resaltaban. No sabía desde cuándo pero, desde que tiene uso de razón, ella siempre le decía Take-nii. Fūka y Mihara tienen un hermano mayor de nombre Akira. Este, actualmente, se encuentra estudiando fuera. Si sus padres no se hubieran ido de viaje por su aniversario, probablemente él estaría cuidando de ellas dos. Según la menor, Tk se parecía mucho a Akira y por eso lo llamaba de esa manera. Al inicio le parecía problemático, pero al final accedió.
Mihara no era para nada tonta ni ingenua. Ella sospechaba que algo le pasaba a su hermana, algo que le estaban ocultando. Deseaba a gritos exigirle la explicación a Tk, pero sabía que él no le diría nada para no preocuparla. Sus sospechas se hicieron mayores cuando se levantó del sofá y se agachó para estar a su altura. Lentamente extendió la mano y sobó su cabello con delicadeza.
—Deberías de confiar un poco más en mí. Fūka no tiene nada, es solo estrés—sonrió el rubio—¿Te molestaría si paso la noche aquí para hacerte compañía?
Mihara
Los ojos se le iluminaron a la pequeña. Le gustaba que Tk se quedara a dormir en casa debido a que jugaban cartas y quedaban hasta tarde. Sin duda alguna, Mihara corre hacia su habitación, la cual compartía con Fūka. Giró con cuidado la perilla y se adentró a la oscuridad. El paño con agua fría que había colocado sobre la frente de ella se encontraba aún fresco; por el otro lado, la hacía parecer como difunta. Si no fuera por su respiración cualquiera creería que se encontraba en la otra vida. Aquél cuarto en el que la mayoría de veces amaba entrar al estar al lado de su hermana se estaba volviendo en una pesadilla. Hace muchos años que no la veía regresar cargada en la espalda de Tk. Eso la asustaba mucho, quería creer el él pero en cierta parte de su subconciente, creía que era una farsa. Que su hermana estaba volviendo a pasar por lo mismo. Una pequeña plegaria se formó en su corazón, una que repetirá días de días.
Quiero que vuelva Aki-nii.
Mientras se acercaba a un armario de puntillas, dio un brinco cuando le pareció escuchar que Fūka se movió en la cama. Por un segundo quería ir corriendo abrazarla, que le asegure que no está sucediendo lo que su corazón le decía. Al tener una manta y el juego de cartas, se apresuró en salir de la habitación. Tras cerrar la puerta soltó un pequeño suspiro. Levantó la mirada para darse cara a cara con un Tk que observaba su celular.
—¿Take-nii? ¿Sucede algo?—pregunta insegura, dejando la manta al lado del rubio y el juego de cartas en la mesa de la sala.
—No, no es nada…—tras decir aquello, finalmente apagó su celular—Gracias por la manta, aunque con este calor es poco probable que la necesite.
—¡En la noche a veces baja la temperatura!—reprocha ella—Traje cartas, para jugar como siempre.
Mientras Mihara colocaba las cartas en posición para el primer juego, sus ojos no dejaban de distraerse con el celular. Sea lo que fuese que Tk había estado esperando ya había sucedido a sus espaldas, como si le ocultara un secreto más. Tras aguantar el incesable sonido del celular avisando que se le acababa la batería, era imposible que ese no es nada fuese algo importante, quizás relacionado con su hermana. Como si fuera un robot, Mihara ya había colocado las cartas en su lugar.
Estuvieron aproximadamente dos horas sumidos en el juego, de vez en cuando intercambiando pláticas pero la niña no parecía la misma de siempre. Tanto pensamientos e ideas llevaba en la cabeza que no le permitían comportarse como siempre. Tk notó inmediatamente su cambio de comportamiento cuando la vio salir de la habitación de Fūka. Poco a poco sus ojos empezaron a cerrarse hasta caer completamente dormida.
Takeru
El rubio la acomoda en el sofá, en el cuál, originalmente, él iba a dormir. Su primer plan había sido colocarla en la habitación de Akira, pero esa idea fue descartada de manera inmediata. Ninguna de las dos hermanas se atrevía a entrar a ese lugar luego de que se fue al extranjero. Además, el insomnio en él era pesado, el mensaje que había recibido lo aterró. Mantener la compostura frente a Mihara es su mayor prioridad, pero en estos momentos estaba por quebrarse. Hace mucho tiempo que no recibía un mensaje de Kari. Su número se encontraba aún en favoritos, fue por eso que el mensaje entró a la bandeja que se encontraba vacía desde hace más de cuatro años. Decidió encender nuevamente su celular, el cuál seguía quejándose por la falta de batería necesaria para poder funcionar de manera apropiada. Lo primero que hizo fue volver a leer el mensaje y aceptar la realidad.
No sabía si enviarte esto o no. Es muy probable que siquiera lo leas pero, siento que debo decirlo ahora. Prefiero que te enteres por parte mía que por alguna tercera persona. Mis manos siguen temblando y quizás escriba de manera apresurada. He estado en el hospital desde que la ambulancia nos llevó. Estuve horas de horas. No podía irme del lugar por mi cuenta. Mi hermano tuvo que venir a recogerme. Ahora me encuentro escribiendo esto en el asiento trasero de un taxi.
«Hoy protegí a Fūka. Debí haber dicho la verdad en el hospital. Algo me lo impidió y, dada las circunstancias, no debí haberlo hecho.
Daisuke… Daisuke… Daisuke se encuentra en coma.»
Nuevamente soltó el celular. La magnitud de aquellas palabras era imposible de asimilar. Él le había pedido a Hibiki que pretendiera que el incidente de hoy no había sucedido. Había pedido algo imposible. Su mejor amigo se encontraba en coma, estaba protegiendo a la culpable, justificando sus acciones. Él que se consideraba un actor pasivo se había vuelto en uno de los agresores.
—¿Cómo le explico esto a Fūka mañana? No quiero… no quiero decirle la verdad…
Sin saberlo, Tk hizo la misma pose que Kari empleó minutos antes de tener su colapsó emocional en el baño del hospital. Sin no poder aguantar más, antes de que el celular marcara el cero por ciento, envió un último mensaje. Un mensaje hacia Ken Ichijouji.
Hikari
Lo primero que hice al llegar fue encerrarme en mi habitación. Ya no salían más lágrimas de mis ojos. Mi rostro se encontraba hinchado de tanto sollozo, además no deseaba asustar a mi hermano más de la cuenta. Cuando me sacó del hospital no era yo misma. Estoy segura que Jun me dijo mentirosa. Tampoco comprendí por qué le escribí a Tk, sabiendo que no iba a prestar atención a mi mensaje. Otra razón se me vino en mente al pensar eso; él va a proteger a Fūka, la va a defender sean cual sean las circunstancias. Por más que sea algo injusto, él la iba a proteger… a quién engaño, hasta yo la protegí el día de hoy. Me pregunto, ¿si me entraba antes que Daisuke iba a estar en coma… lo hubiese hecho de igual manera? No quiero seguir atormentando mi cabeza. Mejor apagó el celular de una vez y me voy a dormir.
Estiré mi brazo hacia la cabecera de la cama, mientras que me estiraba en el proceso. Al tenerlo, me quedé mirándolo. No me hacía daño revisar por última vez mi bandeja y confirmar si el rubio había dado respuesta alguna. La abrí y vi un mensaje de un número desconocido. Como había borrado el suyo, no tenía manera de estar segura si era él o no. Mi corazón no dejaba de latir. Apreté el botón para abrirlo con los ojos cerrados. Cuando lo hice, el siguiente mensaje me esperaba.
«¿Desea usted aprender mejor inglés? ¡Pues inscríbase en OpenEnglish! No pierda esta oportunidad.»
Sabía que no iba a responder. Qué esperanza tuve en él, es un caso perdido. Creo que ya es hora de dormir. Pero mi cabeza no pensaba lo mismo. De manera inconsciente me dirigí al folder en donde se encontraban todas las fotografías, en especial el cual que tenía todas las fotos conmigo y Davis. Observaba detenidamente cada detalle de cada una. Todas estas fueron tomadas antes de jugar a pretender. Ambos juntos, en la playa, yo con mi traje de baño rosa y él bronceado de todo el sol. Recuerdo que terminé golpeándolo porque no dejaba de mirarme. Luego había otra en la cual me había ganado un premio en una máquina. Había un sinfín de fotos… hasta que llegué a la que me afectó más.
xXx
Era una tarde de invierno. Él había venido a mi casa a devolverle a Tai un juego que le había pedido prestado. Justo me encontraba haciendo algo de chocolate caliente debido al insoportable y crudo frío. Le ofrecí una taza cuando pasó y ambos platicamos como siempre. De la escuela, las tareas, qué habíamos hecho durante la semana… hasta que yo tuve la fantástica idea de pedirle ayuda con mi escritorio.
Recuerdo que un tornillo se había salido. Se supone que mi hermano iba a ayudarme con eso ero ya habían pasado más de tres semanas. Daisuke no se negó y entramos a mi habitación. Solo tuvo que usar un par de herramientas y el asunto se solucionó en cuestión de minutos. Ahora no iba a tener que escuchar un insoportable crujido al estudiar. Él me pidió que le tomara una fotografía como un héroe, con el destornillador en mano y una gran sonrisa. Me encontraba de rodillas encima de mi cama. Saqué el celular y la tomé.
Fue ahí cuando sucedió.
Al quererse acomodar luego estar en una posición incómoda cerca al escritorio, se tropezó con la cama. Lentamente sentí como su cuerpo caía encima del mío. Sus ojos me miraban de manera profunda. Su pierna estaba cerca de mi pantorrilla y podía sentir su respiración. Nuestros rostros estaban muy cerca, por poco y podía imaginar la sensación de sus labios contra los míos. Por alguna razón ninguno se movió ni hizo ruido alguno. La mano de Davis se acercó a mi rostro y empezó a jugar con mi cabello, sus dedos recorrían mi frente, mis mejillas… ambos habíamos entrado en un trance que creíamos imposible, imposible de salir. Poco a poco fue acercando su cara hacia la mía, mi corazón latía y latía, quería detenerlo pero, mi cuerpo lo deseaba. La razón no funciona en situaciones de este grado. Cerré los ojos, sucumbiendo a mis deseos… hasta que mi hermano llegó a casa. Con tan solo escuchar abrir y cerrarse la puerta del apartamento fue suficiente para separarnos.
Nos despedimos con una conversación incómoda.
—Bueno, ya arreglé el escritorio… nos vemos.
—Sí… ya nos vemos…
xXx
Seguía observando la fotografía de su sonrisa, como si fuese un héroe.
Mi héroe. Cómo fue que llegamos a esto… como fue que… me terminé enamorando de Daisuke…
No quiero volver a sentir amor hacia alguien. Salí herida más de una vez. Sufrí una decepción indescriptible con Tk. Además, no merezco ni siquiera estar a su lado sea de verdad o de mentira. Protegí a la persona que lo lastimó. También me protejo a mí misma. Si yo no hubiera sugerido esto, Daisuke seguiría riendo y haciendo estupideces…
—¡No merezco enamorarme de él!
Con ira contenida, lancé el celular contra la puerta de mi cuarto.
Ken & Miyako
Ambos muchachos se encontraban bebiendo té verde en el apartamento de Yolei. Al estarse preparando para los exámenes Universitarios al haber adelantado un año, se encontraba estresada. Sus padres, al querer lo mejor para ella, decidieron alquilarle un nuevo hogar cerca de su centro de estudios. De esa manera, si se quedaba hasta muy tarde estudiando, podía regresar con tranquilidad a casa, evitando cualquier peligro al tomar tren de madrugada. Tomaba sorbos de manera pausaba debido al calor que emanaba y, al ser verano era peor, pero ambos necesitaban tranquilizarse. Ken se encontraba con sus manos apoyadas en las rodillas, con una expresión llena de molestia. Desde que llegaron no había bebido nada del té que su enamorada había preparado. El reloj no dejaba de correr, hasta que dio la campanada de la medianoche.
—Y, ¿qué piensas hacer?—preguntó Miyako luego de dejar la infusión—Sé que no están en tan buenos términos desde que te contó que estaba saliendo con Hikari. Encima recibir el mensaje por parte de Takeru...
—Sé que lo que dije ese día no fue del todo amable pero, me molestó que él aceptara tan fácilmente, guardando todos esos sentimientos hacia ella… no me pareció lo correcto. Tomar una decisión en el ímpetu del momento nunca lleva a nada bueno—desde que llegaron, Ken no había dicho palabra alguna y le sorprendió a la chica de cabello lavanda. No creyó que respondiera.
—Pero irás a verlo, ¿no?—se retiró sus anteojos por un par de minutos.
No dejaba de venirle a mente el mensaje que Tk le había enviado horas antes, cuando ambos se encontraban cerca al río. La relación entre Tk, Daisuke y Ken se había quebrado a través de los años que hasta ella no sabía si seguirlos llamando amigos.
—Es mi amigo… mi mejor amigo, Miyako. Lo que temo es toparme con Hikari y decirle alguna idiotez—golpea la mesa con cólera, ocasionando que algo de té le cayera en su uniforme escolar.
Ken trataba de esforzarse mucho más de lo normal para entrar a la misma Universidad de Miyako. Aquella era de por sí exigente, mucho más de su nivel académico y superdotado, lo cual lo veía como un reto divertido. Miyako tuvo la suerte de que le otorgaran una beca luego de todo lo que luchó para conseguirla.
—Yo siempre estaré para apoyarte. He hablado con ella de manera seria y me juró que no tiene malas intenciones. Solo que no sabía cómo detener el fuego que iba creciendo…—Miyako sabía que esa excusa es patética.
Hikari es su amiga, una amiga muy importante para ella. Desafortunadamente no podía desvivirse a protegerla debido a que perjudicaría su estable relación con Ken.
—Nunca juegues fuego con fuego. Lo de Tk fue una mala jugada y Hikari reaccionó de manera imprudente e infantil, sin pensar en frío… y el idiota de Daisuke aceptó—Ken no dejaba de recordar aquella llamada que Daisuke le hizo llena de felicidad a Ken.
La noticia de que Hikari le había dado una oportunidad. De manera obvia, Ken se encontraba muy feliz por él. Hasta que se enteró la verdadera razón por parte de Miyako, quién se lo comentó debido a la regla que ellos tienen, nada de secretos entre pareja. Fue en ese entonces que la amistad entre ellos dos empezó a deteriorarse y Ken empezó a crecerle un desagrado hacia Hikari.
Miyako da un suspiro.
—A veces el amor nos hace hacer cosas estúpidas e idiotas..." dice, de cierta manera tratando de justificar lo de Daisuke y cambar de tema—Por ejemplo, ¿recuerdas en mi fiesta de promoción, antes de terminar el colegio, que me acompañaste como pareja y empezaste a bailar con otra chica?
Ken no parecía comprender el motivo de la repentina pregunta de Miyako, al no tener relación con el tema en cuestión.
—Sí, lo recuerdo. Bailé con ella porque no me dejaba en paz.
—¿Sabes que sucedió luego? Cuando me crucé con ella le tiré champaña en todo su vestido. Me hice pasar como si me hubiese tropezado con mi vestido largo—la muchacha no dejaba de reír.
—¡¿Hiciste eso!?—Ken sabía que Miyako era algo celosa, pero siempre mantenía la cabeza clara, sin actos de impulso.
Era como si acabara de conocer un lado nuevo de ella.
—Pues… sí. Por supuesto, me arrepentí luego, pero a veces uno actúa por impulso si se trata de alguien a quien quieren y aprecian mucho. No puedes culpar a Daisuke por eso, después de todo, él solo tiene ojos para Hikari…—la mirada de Miyako cayó.
Aquello le hizo recordar eventos deprimentes, eventos del cuál Ken no quiero volver a hablar y a ella la atormentan. Ken reconoció aquella expresión. Le partía el alma que Miyako siguiera con esa duda dentro de ella. Se supone que la confianza es la cosa más importante en una relación. Para los ojos de Ken, la de ellos estaba poco a poco muriendo.
Se levantó de impulso, sin poder evitar gritar.
—¡Yo solo tengo ojos para ti, Miyako!
Ken acababa de actuar bajo un impulso, un impulso al cuál no le importó la mesa, ni el té que se encontraba en ella, tampoco la distancia del uno del otro. Tras haber gritado esas palabras dio toda su alma en un profundo beso hacia Miyako, tanto así que perdieron el equilibrio. Ambos tirados en el suelo, tuvieron tiempo de apreciarse el uno al otro, en especial el chico a la chica, mientras estaban con las manos entrelazadas. La camiseta de la muchacha de cabellera morada se encontraba con un par de botones abiertos, mostrando su vulnerable escote. Su pecho subía y bajaba debido a su rápida respiración. Ken no pude evitar tragar algo de saliva debido a la emoción del momento.
—Tenemos una larga noche por delante—sonríe ella, cerrando los ojos.
Al día siguiente.
Tk despertó mirando al techo, desubicado. Se empezó a preguntar en dónde estaba y, al caer del sillón sin despertar a Mihara lo hizo volver a la realidad, además de recordar los eventos del día anterior. Se encontraba preocupado tanto por Fūka, Daisuke y Hikari. Otro pensamiento que andaba en su cabeza trataba sobre el mensaje que le envió a Ken. Sentí que él tenía derecho a saber que sucedió, por más que lo deteste.
Al ponerse de pie, se encontró cara a cara con aquella chica de tez blanca, ojos verdes y cabello almendrado. Una cálida sonrisa hizo que por un segundo olvidara todos sus problemas. Ella se encontraba en un delantal celeste, encima del uniforme. Al parecer se había levantado temprano para hacer el desayuno.
—Cuando desperté me sorprendió encontrarte durmiendo en el sofá. Mihara se veía tan tranquila que no quise despertar a ninguno. Por eso opté por hacerles algo de comer—empezó a cortar de manera delicada una manzana.
El sonido del cuchillo era lo único que se escuchaba en el apartamento. Por algún motivo, Tk empezó a imaginar a Fūka con aquél cuchillo como arma, y la sangre cayendo gota a gota. Sin soportarlo más, la jaló del brazo y la metió a su habitación, no sin antes despertar a la hermana menor.
—¿Dónde están todos…? Ah, ¡comida!—las tortillas hicieron que Mihara desviara su interés.
Ambos encerrados, el rubio sentía que podía hablar más a gusto con ella. La muchacha juntó ambas manos en su pecho antes de preguntar. Los ojos de él se encontraban casi desorbitados, como si no creyese lo que observaba.
—¿Q-Qué pasa? ¿P-Por qué me miras así?—una diminuta tembladera se hizo presente en su cuerpo—Hice algo… ¿no? Esa mirada lo dice todo… ¡Dime que sucedió ayer, Takeru!
El muchacho dio lo mejor de sí para retomar la compostura, pero aun así respiraba de manera agitada..
—Antes que nada, te pido que luego de esto no pierdas la calma… ¿me lo prometes?
La respuesta fue satisfactoria. Asintió.
—Ayer… ayer… empujaste a Kari del techo. Daisuke fue por ella, la salvó… pero… pero… él… él está en coma.—Tk colocó ambas manos en los hombros de la chica, quien se tornó más pálida de lo normal, cayendo rendida en su cama. Sus ojos, lentamente, empezaron a perder vida. Él empezó a moverla para que volviera—Fūka, mírame. Estás a salvo. Nadie ha presentado cargos, ¿has estado tomando… tu medicina?
—"C-Como me siento mejor bajé la dosis y..—sin opción a terminar, Tk la interrumpió, furioso.
—¡¿Estás mal!? Por tu negligencia casi matas a alguien. Me prometiste que no volverías a hacer eso, ¡me lo prometiste!—le dio la espalda luego de levantar la voz, —No eres más que un caso perdido.
Los ojos de Fūka empezaron a brotar lágrimas de manera lenta, como si cada una fuera un tesoro a punto de salir de su escondite.
—Lo siento… lo siento…—empezó a sobarse los ojos con fuerza, antes de empezar a sollozar.
Sin dudar un instante, Tk empleó un tratamiento de frialdad. Dejó la habitación, recogió sus objetos personales, que solo era el celular, y dejó el edificio. Mihara se quedó al lado de la puerta de su hermana, escuchando el incesante llanto.
Hikari
Sigo sin entender como encontré las fuerzas para venir al colegio. No se había corrido ningún rumor sobre lo ocurrido el día de ayer. Sin duda alguna es obra del consejo estudiantil. Lo que menos quisiera Hibiki es crear un escándalo a tan focas fechas del final de año. Fui tan ilusa al pensar eso. Tras entrar a clase me di cara a cara con las gemelas Kanzaki, guardaespaldas de la presidenta. Ambas llevaban su cabello perfectamente peinado y liso. Ai y Mai sonreían sin saber lo que cruzaba por mi mente.
—La presidenta Inoue…—empezó Mai.
—… te necesita en…—siguió Ai.
—¡El consejo estudiantil de inmediato!—terminaron al unísono. Sin dudarlo dos veces acudieron a mí, me levantaron sujetando mis brazos y jalaron, en contra de mi voluntad, hacia el lugar más temido por todos los estudiantes.
Luego de arrastrar mis pies todo el camino, finalmente llegamos al final del trayecto de este pasillo infinito. Me dejaron dentro del salón, con la presidenta en su asiento que le otorga autoridad absoluta frente a todo el cuerpo estudiantil. Las gemelas se quedaron en la puerta, cumpliendo su labor.
—Es admirable ver que vinieras, Yagami. No vamos a reportar lo ocurrido al comité de bienestar—su voz sonaba quebrada, lo sentía. Me pregunto qué sucedió ayer después de irme-
¿Acaso Tk le pidió esto? ¿Tanto así desea protegerla?
Por alguna razón no pude evitar soltar un suspiro de alivio. Estaba que lo hacía de nuevo, protegiendo a Fūka. No entiendo por qué estamos esmerándonos en eso sabiendo lo ocurrido… y en alguna parte de mi corazón sabía que Daisuke hubiera hecho lo mismo.
—Lo que sí estamos pensando es… un cambio de clase. Transferirla lejos de ti.
—¡No!—grité sin pensar—Digo, presidenta Inoue… Hinanawi debe tener sus razones por haber actuado de esa manera… no quisiera que nuestra pequeña amistad que tenemos se quiebre, ¡sé que no fue intencional!
Estuvimos platicando por un largo rato. Tanto así que no notamos cuando sonó el timbre que anunciaba el fin de la tutoría. Corrí de manera acelerada hacia la clase, abrí la puerta, y me di con la espalda de mi mortal enemigo. Cuando choqué contra él no pareció inmutarse.
—¿Por qué está ella aquí…?—lo escuché murmurar.
De curiosa me paré de puntillas y ahí fue cuando la vi. Fūka se encontraba sentada mirando a la ventana, con su bufanda otoñal por más calor que hiciera. Era un accesorio del cual nunca se separaba. No podía apreciarlo bien pero, su rostro parecía inflado, como si hubiese estado… llorando. Al darse cuenta de nuestra presencia nos saluda de lejos. Tk no se movía, así que lo terminé empujando.
—¡Oye!—me gritó, sin darse cuenta que era yo, por supuesto.
—Fūka, muy buenos días—al decir aquello no me sentí como una hipócrita. De manera honesta, quería pretender como si nada hubiese pasado, como si ese evento que cambió nuestras vidas fuese imaginario—¿Te encuentras bien?
—Sí, gracias. Es solo que dormí demasiado—suelta una risa tímida. Puedo notar que se está esforzando para ocultar sus verdaderos sentimientos. Somos dos con eso, solo que ella parecer ser mucho más fuerte a diferencia mía—¿Crees poder esperarme antes de irnos a casa? Quisiera ir a ver a Daisuke...
Acepté.
xXx
Las clases transcurrieron sin problema alguno, los profesores ya se encontraban al tanto de la situación de Daisuke. No fue gran noticia, ya que omitieron la parte de que había sucedido en la escuela y que yo me encontraba ahí. También la parte del coma… no puedo creer que todo lo consideren información clasificada. Fue así como pasó el día en un dos por tres. Mientras me encontraba arreglando mis cosas para ir a casa, noté que alguien se encontraba frente a mi escritorio. Al levantar el rostro me encontré con los deslumbrantes ojos azules de Tk. Tenerlo tan cerca hizo que soltara un grito del susto.
—Q-Qué … ¿qué quieres?—mis palabras se atropellaban la una con la otra.
Sin intercambio de voces, Tk extiende la mano, en la cual se encontraba un papel. Un papel muy familiar tanto para él como para mí. Mis manos empezar a temblar sin creer lo que estaba sucediendo. Lo recibí con cuidado, arreglando y quitando los dobleces hasta terminar con lo que tanto temía. Era el papel sobre la fiesta de fin de año… y este decía lo contrario al original que Tk marcó primero.
Sí asistiré.
Pareja: Hikari Yagami
