Nota: Este capítulo es corto ya que el otro fue bastante largo, y en el que viene sabremos un poco más sobre las oráculo y sus misteriosos poderes.

Aclaración los personajes (excepto la protagonista) y el mundo de League of Legends pertenece a Riot Games.


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Solo dos días

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Zelos la llevaba en brazos, con sus mejillas sonrojadas y luchando por no verla. Ella estaba bañada en sudor luego de un durísimo día de entrenamiento lo que eso hizo que su ropa se pegara a su cuerpo, aunque aún era joven la figura de la chica hacia que Zelos casi olvidara que tenía solo 17 años… solo un par de años mayor que él. Su mente divagaba sin control mientras atravesaba los oscuros y vacíos pasillos del Templo, su padre siempre llevó el lugar con estricta disciplina, nadie podía andar revoloteando a deshoras.

Rápidamente pero lo que le pareció una eterna caminata llegó a la habitación de invitados y la tendió suavemente en su cama, buscando salir a toda velocidad de allí pero cuando estaba cruzando el arco de la entrada escuchó un débil susurro.

-Zelos...

-¿Si?- Respondió sin voltear.

-Mañana me marcho a primera hora.-

Su nerviosismo se apagó por la realidad, ¿realmente iba a extrañarla?

Caminó nuevamente al interior del cuarto y se sentó en el borde de la cama dándole la espalda.

-¡Supongo que nos veremos por ahí!- Respondió con fingido entusiasmo, aunque su rostro reflejaba algo de pena. El silencio devoró la habitación por largos minutos. -Yo también me divertí mucho ¿sabes? En el festival. Y caminando contigo antes de eso, además no pienso que seas malcriada ni engreída ni nada de eso, la verdad creo que eres divertida, fuerte y ya sabes, una linda… persona, y… bueno a pesar del poco tiempo que nos conocemos, creo que… que me gustas...- Soltó casi de forma involuntaria, sintió la adrenalina corriendo por sus venas y una inesperada felicidad, también alivio por sacar eso de su pecho, pero pasados los segundos y sin recibir respuesta su nerviosismo salió a flor de piel dejándolo totalmente pálido después de que su cerebro finalmente analizara las palabras que acababa de decir.

Volteó en cámara lenta como si esperara ver a un fantasma a sus espaldas, pero lo único que vio fue a ella… profundamente dormida...

-En serio ¿no escucho nada de lo que le dije?- Exclamó Zelos en voz baja sin creerlo aun.

Se reía para sus adentros mientras la observaba dormir tan tranquila, tan hermosa, tan... perfecta.

Inconscientemente se acercó a ella cada vez más, reduciendo su distancia a solo un par de centímetros, su cuerpo estaba completamente sobre la cama. Veía su cabello ceniza casi blanquecino descansar desordenado por su rostro, sus ojos cerrados decorados por sus largas pestañas, y sus labios más rosas que rojizos le parecieron completamente irresistibles, como el agua en el desierto y ciertamente Zelos tenía sed, mucha sed. Sin poder resistirlo más y sabiendo que ella jamás se enteraría, se convenció, sería un ladrón le robaría una pequeña parte de su esencia para impregnarse de ella y que no desapareciera de su memoria quería grabarla en su piel. Sus labios tímidamente rozaron los de ella, dudó por unos instantes pero ya no había marcha atrás, sentía su respiración, cerró lo ojos y sus labios se juntaron finalmente con los suyos, la sensación fue abrumadora, su mente se tiñó de mil colores y su corazón desbordó sus latidos haciendo que sus oídos solo escucharan el bombeo de la sangre en su pecho, tras unos segundos rompió la unión abriendo los ojos sin tener la certeza del tiempo que había durado este no tan fugaz beso.

Ella lo observaba con sus inexpresivos ojos grises, aún estaban muy cerca y del pánico Zelos no reaccionó.

Solo se miraban y con cada segundo la cordura de Zelos disminuía, podía sentir la mirada inquisitiva de ella penetrando su mente, enloquecería si ella no decía algo… lo que fuera por romper ese indescifrable silencio.

Pero no era momento de pensar, la lógica no tenía cabida ahora, ese íntimo momento le pertenecía a la espontaneidad. Pues algo en ellos conectó, pronto se miraban de forma diferente como si se conocieran de otra vida, como si llevaran esperándose por siglos, Zelos pasó su mano por el cabello de ella, acariciándola en silencio sin prisa, sonrieron ante esto que habían descubierto y se besaron como si su reciente beso jamás hubiese existido, esta vez alargando ese momento previo, aumentando la expectativa y cuando el momento finalmente llegó todo en sus mentes tuvo sentido como si sin saberlo hubieran esperado esto todas sus vidas, pero esta era la realidad y un ruido en los pasillos los trajo de vuelta a la realidad donde ella era el Oráculo y él, el hijo del Maestro. Sus manos se rozaron una última vez antes de que Zelos saliera de la habitación y el contacto de su piel se sintió como una descarga eléctrica. Ella durmió esa noche con una sensación que nunca había experimentado Zelos era ese fruto prohibido, eso que como Oráculo jamás podría tener…

El amanecer aún no se hacía presente pero como siempre ya había movimiento en el templo del maestro Lito. Un carruaje aguardando a su pasajera esperaba a las afueras, la despedida fue triste pero la promesa latente de una próxima vez ayudaba a compensarlo, sin palabras, solo miradas discretas y sonrisas que nadie podría atribuir a su reciente encuentro se despidió de él y todos, agradeció desde el fondo de su corazón al Maestro Lito el haber abierto su mente en escasos dos días y a la pequeña Irelia con quien apenas había tenido oportunidad de cruzar unas palabras.

-¡ADIOS!- Gritaba Irelia mientras agitaba sus brazos.

-Una joven prometedora.- Exclamó el maestro viendo como el carro se alejaba.

Y solo un inaudible suspiro salió de los labios de Zelos antes de regresar al interior del templo.

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Fin del capítulo cuarto.


Como siempre cualquier comentario, sugerencia, queja, pregunta es muy bien recibida.