No, esta vez no demoré más de un año en actualizar. Se aproxima un apocalipsis. Para quienes no leen el fic desde hace bastante tiempo recomiendo que le den una pequeña releída a unos dos capítulos anteriores porque retomo esos detalles ambiguos para explicarlos de cierta forma… hasta yo me enredo. En fin, ¡disfruten!
Recuerden que Takeru solo dice Hikari hacia los demás pero no en sus pensamientos :)
Capítulo 16: Lluvia
El atardecer moría junto a los cuervos que avisaban su despedida. Aquél monocromo día estaba llegando a su fin, muriendo justo en la colina que se apreciaba tras las ventanas de la clase. El rojo y carmesí se hundían en la pesada bruma, derritiéndose para crear aquél majestuoso naranja. Seguía sentado en la malgastada carpeta mientras hacía aves de papel con la tarjeta de invitación a la fiesta de fin de año. Él me había pedido que lo esperara cuando acabaran las clases y su impuntualidad está que hace que pierda los nervios. Empecé a jugar con mi pie, golpeando de vez en cuando un poco los soportes de la carpeta. El ave de papel me quedó muy bien, hasta me siento orgulloso. Lo sostuve con ambas manos para arreglar el pico y alas de mi juguete. El delicado color blanco del papel me hacía recordar a Hinanawi. Aquella piel que parecía de porcelana, que en cualquier minuto su cuerpo podía salir volando tal y como el origami. Eso también me hacía recordar a Kari, la niña a quien siempre protegía. Quería evitar que todo tipo de mal llegara a ella debido a su susceptibilidad hacia las tinieblas, quienes estuvieron controlando el Digimundo años atrás. Lo único que mi corazón desea es disculparse, correr hacia ella, regresar a esos días de verano llenos de diversión y aventuras. Lleno de furia, le doy un fuerte golpe al escritorio, sin tratar de guardar algo dentro. Estos sentimientos cada día están peor, siento que no voy a poder seguir aguantando más. No debo de desviar mi deber de proteger a Fūka, es la única razón por la cual puedo mantenerme de pie. Años pasan, sigo viviendo bajo tu sombra, Kari.
—Oye, tranquilo con la carpeta—finalmente llegó el hombre que me hizo perder más de veinte minutos en pensamientos indeseables—No quise demorarme tanto es solo que, bueno. Suceden cosas.
Tras escucharlo decir eso, observé cómo desviaba sus ojos, como si algo realmente hubiese sucedido y no fuera una excusa patética. Sus googles reflejaban los últimos rayos de sol. Mi expresión no había cambiado, seguía inmutable como un robot, como una máquina diseñada solo para caminar y hablar. No entendía la razón de mi comportamiento con respecto a la fiesta. No comprendía el porqué de mi respuesta hacia Fūka y Kari. Estoy seguro que Daisuke viene a hablar sobre eso.
—Me hiciste esperar por un buen rato. Espero que lo que vienes a decir sea algo que valga la pena.
Me quedé atónito con mis propias palabras, ¿cómo podía hablarle así a mi mejor amigo? ¿Acaso con cada segundo que pasa mi corazón se vuelve mucho más frío? O quizás… tan solo quizás… sea envidia. Se acercó un poco más a mí, rascándose la parte trasera de su cabello, despreocupado como es de costumbre, haciendo caso omiso a las palabras tan crueles que solté.
—Sabes, Tk… nos conocemos desde hace muchos años pero, nunca creí que llegaría este día—en ese momento creí que se acercaría hacia mi asiento pero, siguió de largo hacia la ventana para apoyar su mano derecha en el vidrio. Decidí levantarme—Cada vez que te veo no puedo evitar sentir algo… no sé si sea un sentimiento bueno o malo.
—¿De qué estas… hablando?—su voz parecía someterme a un trance.
—Tk… solo hay una cosa que vengo a decir hoy…—dio media vuelta y juntó ambas manos en su pecho—Tk… ¡me gustas! ¡Por favor sal conmigo!
Mi temperatura corporal subió hasta la última punta de mi cabello, hasta pude sentir cómo mi sombrero se levantaba de la vergüenza que sentía. De un segundo a otro, Daisuke me había sujetado las manos, cada vez se acercaba a mi rostro, poco a poco, una parte de mí quería empujarlo por el asco pero, la otra… digamos que no quiero pensar en eso. Cuando pude sentir mucho más cercana su respiración, por inercia cerré los ojos. Esperaba lo peor… cosa que no pasó. Más bien, lo que recibí fue un golpe en la sien.
—¡Ouch! ¡¿Cuál es tu problema!?—solté sin más preámbulos.
Una sonrisa se formó en su rostro para terminar soltando enormes carcajadas, hasta un par de lágrimas por lo hilarante que le parecía la situación. Sin darme cuenta, también empecé a reír.
—No puedo creerlo, estabas dispuesto. Hasta cerraste tus ojos como diciendo… Daisuke, hazme tuyo, corramos en el atardecer y vivamos nuestra juventud—logró darme una palmada en la espalda y comprendí el significado de esta broma. Quería levantarme los ánimos con algo estúpido y sin sentido como toda la vida.
—Gracias, Daisuke. Lo necesitaba—logré decirle sin una gota de hipocresía, estaba siendo sincero.
—Necesitabas un poco de este apuesto y sexy cuerpo. Me alegra haber podido alegrar lo que queda del día—tras finalizar su expresión da un giro en 360. Lo que venía a decir era algo serio e importante, ya no era hora de bromas infantiles.
—La verdad, cuando me enviaste ese mensaje de texto durante clases me quedé sorprendido. Hace mucho tiempo que no hacías algo así, más que nada intercambiar correos. Lamento haberme estado comportando como un cretino.
—Por lo menos lo admites—Daisuke vuelve a darme la espalda, dándole un tono de melancolía a su pose. Hasta ahora no comprendía la razón por la cual pidió que lo esperara al acabar las clases, encima llegó tarde y algo raro, además de la broma de hace unos instantes—Tk… mejor dicho, Takeru.
Las cosas se estaban poniendo serias. Puede no parecerlo pero, cuando quiere, Daisuke puede ser una persona muy centrada cuando se trata de temas de escala mayor. Puede pasar desapercibido debido a su constante acto de gracioso y bromista. A diferencia mía, él siempre sabe cuándo ayudar y acudir a sus amigos, además de tener el valor de enfrentarse a ellos, sus miedos y salir adelante. El salón de clase se estaba tornando cada vez más oscuro, como si la oscuridad nos estuviese comiendo como lonche.
—Dime, Takeru… si por algún motivo, digamos… cómo debería poner esto…—nuevamente recurrió a rascarse la cabeza por la indecisión. Al parecer le estaba costando mucho encontrar las palabras adecuadas. La intriga me comía por dentro, tanto mensaje de necesito decirte algo importante durante clases me mataban—… cuando vine lo tenía todo perfecto en mi mente… ahora… nada sale de mi boca…
—Oye, Daisuke… ¿seguro que te encuentras bien…?—lentamente quise acercarme más a él. Podía notarlo en sus ojos, llevaba un fuerte conflicto dentro de él cosa que me sorprendió. Nunca había visto a nuestro líder con semejante semblante.
Me quedé atónito. Sentí una gota de agua caer en la punta de mis dedos. La persona que hasta hace poco la consideraba fuerte se estaba quebrando frente a mí. No podía procesar lo que estaba sucediendo. Todo pasaba muy rápido; sus mensajes, la espera, la demora, la broma y ahora… las lágrimas. Nunca lo había visto llorar de esta manera, se veía tan vulnerable, tan… frágil.
—Prométeme algo, Takeru—logró decir, con la respiración entrecortada por su pesar—Prométeme que si algo me llega a pasar… fuese lo que fuese, sin importar las consecuencias, cuidarás a Kari en mi lugar… irás con ella a la fiesta y ahí… finalmente podrán ser honestos el uno con el otro…
Kari... Daisuke se refirió a ella como Kari.
—D-D-Daisuke, yo… eso no es algo que…—empecé a atropellarme con mis propias palabras. No comprendía lo que estaba pasando.
¿Si le sucedía algo? ¿Algo como qué? ¿Por qué lo hace sonar tan… tan… de vida o muerte?
—¡Prométemelo!—gritó, sin aguantar más los sollozos—Prométemelo… también, no le cuentes nada de esto a Kari… te lo pido, como un amigo. Si al final nada llega a pasar… debes darte prisa porque si no… si no… podría robártela para siempre.
Sentí como la bruma del verano me devoraba lentamente el corazón.
—Te lo prometo… como tu uno de tus mejores amigos.
PRESENTE - HIKARI
Las clases transcurrieron sin problema alguno, los profesores ya se encontraban al tanto de la situación de Daisuke. No fue gran noticia, ya que omitieron la parte de que había sucedido en la escuela y que yo me encontraba ahí. También la parte del coma… no puedo creer que todo lo consideren información clasificada. Fue así como pasó el día en un dos por tres. Mientras me encontraba arreglando mis cosas para ir a casa, noté que alguien se encontraba frente a mi escritorio. Al levantar el rostro me encontré con los deslumbrantes ojos azules de Tk. Tenerlo tan cerca hizo que soltara un grito del susto.
—Q-Qué … ¿qué quieres?—mis palabras se atropellaban la una con la otra.
Sin intercambio de voces, Tk extiende la mano, en la cual se encontraba un papel. Un papel muy familiar tanto para él como para mí. Mis manos empezar a temblar sin creer lo que estaba sucediendo. Lo recibí con cuidado, arreglando y quitando los dobleces hasta terminar con lo que tanto temía. Era el papel sobre la fiesta de fin de año… y este decía lo contrario al original que Tk marcó primero.
Sí asistiré.
Pareja: Hikari Yagami
Sentí como si me hubiesen echado un balde de agua fría. Tuve que recostarme en la pared para analizar toda posible explicación con respecto a lo que está sucediendo. Debo estar demente, esto nunca pasaría, él ya tiene pareja… además dijo que no iría, ¡hasta me lo tiró en la cara el mismo día! ¿Acaso es bipolar? ¿Cuál es el problema que tiene este chico…? El pequeño papel se hacía añicos en mis manos, hasta que opté por la mejor respuesta. Retomé la compostura y, sin lugar a dudas, destroce la única prueba que me unió al rubio por un breve lapso de tiempo. La forma en que caían hacia el piso era como ver la nieve caer en el invierno… junto a una lluvia cristalina. Levanté el rostro para enfrentarlo más, al ver sus ojos azules tan profundos, la tormenta que cargaba incrementó, trayendo consigo insoportables gritos y sollozos. Con mis diminutos y débiles puños empecé a golpear su pecho. Tk no se inmutaba, dejaba que haga lo que quiera con él, no se alejó y menos pronunció palabra alguna. Su silencio es aterrador.
—¡¿Quién te crees que eres!? Jugando de esta manera tan cruel con mis sentimientos… ¡Tienes a Fūka! ¿Acaso no es suficiente? ¡¿Qué es lo que quieres de mí!? ¡¿Te gusta verme así!? ¡Porque eso parece desde años atrás!
La avalancha de todo lo que llevaba guardado llegó a su destino final. Fue en este preciso momento en el cual empecé a recapacitar lo que siento hacia Davis y las palabras de Jun.
«¿Qué es lo que te atrae de él?»
Nada se me venía a mente, solo recuerdos de buenos momentos y su amabilidad conmigo. Esa no es la única base para un enamoramiento, una pareja no puede tener como soporte factores internos o palabras vacías. No estoy diciendo que Daisuke no exprese lo que siente al decirlo… es solo que, siento que utilizo sus palabras para poderme mantener de pie, como lo único que me permite vivir en el mundo real y eso… eso no está bien. No es saludable ni para mí ni para él. En cambio, cuando veo a Tk… por más que tenga malos recuerdos, no puedo evitar sentir un florecer en mi corazón, como si hiciera que saliera de mi cascarón para volver a casa, donde todos me esperan. Estar al lado de Davis me hacía olvidar todo aquello que me causaba dolor, a huir. Con Tk es lo contrario, es un dolor soportable, uno que hace que vuelva a tener contacto con la realidad y vivir mi vida aprendiendo de esos errores por más dolorosos que sean.
Mi corazón no puede decidir entre los dos, mi mente está en otro lugar. No sé qué es lo mejor para todos.
—A mí tampoco me gusta esto, ¡¿está bien?!—su repentina reacción no fue como la imagine. La verdad, no creí que sucediera algo. Sostuvo mis muñecas con tal fuerza que e hizo recordar mi impotencia, además de tomar en cuenta lo siguiente. Que era un hombre, ya no un niño con el cual corría en el Digimundo durante las vacaciones de verano—Siempre… siempre, siempre, siempre viéndome como el villano… el malo de la película, el que te dañó e hirió.
No pude evitar soltar un gemido del dolor que me estaba causando. Sus manos cada vez apretaban con más fuerza. Su cuerpo parecía como si fuese a desplomarse encima de mí al acercarse y alejarme.
—"Ya, ok. Entiendo el drama pero, ¿no crees que ya es suficiente?¿Cuándo vas a dejar de ser una víctima? ¿Cuándo acabará el acto? Oh cierto, ¡puede ser para siempre al confirmar que eres tan buena actriz en el festival cultural!—sus gritos subían más y más.
Me encontraba con mis ojos cerrados, todavía sintiéndome inútil ante la fuerza de un hombre que me agredía. Preferí quedarme callada, pero por desgracia, mi subconsciente me traicionó.
—¡Tú no entiendes cómo me siento!
—¡Antes de criticarme y verme con esos ojos deberías tener en cuenta TODO por lo que estoy pasando en estos momentos! ¡No tienes ni la más mínima idea el infierno en el que estoy viviendo!—la atmósfera se volvía cada vez más pesada al estar intercambiando nuestros pesares en la mejor forma posible.
—No sé nada… no sé nada porque… ¡no sé nada porque nunca cuentas las cosas! ¡Ni lo que sientes, ni una sola emoción! Es como si te hubieras vuelto una máquina que imita el comportamiento humano con sentimientos artificiales, ¡se supone que éramos amigos!
Amigos. Se supone que éramos amigos… ¿cómo pude haberme demorado tanto tiempo en darme cuenta? En notar que lo único que quiero más que nada en el mundo es recuperar la amistad entre nosotros que fue rota hace más de cuatro años aquél día en el apartamento de Daisuke. No entiendo qué momento esto se desvió al juego de pretender para llamar su atención, para terminar en creando indecisión en mi corazón. Creo que he hallado un fragmento de la respuesta que busco. Se formó un silencio incómodo entre los dos, un silencio incómodo que duró menos de cinco segundos. Todo pensamiento que tuve en el momento fue destrozado como un vidrio al ser roto por una muy violenta pelota de béisbol.
—¡Nunca te consideré como una!"
Su voz resonó fuertemente en el salón de clase. Tan fuerte que sentí su retumbar en mi cuerpo, como entraba en mí, violando mi sistema. Aquellas manos tan fuertes y a la vez delicadas que sujetaban mis muñecas finalmente se abrieron, dando paso que la circulación vuelva a fluir. Di dos pasos atrás sin dejar de observarlo, atónita. Sujeté con mi mano izquierda mi muñeca derecha, sobándola para apaciguar el dolor. De manera pausada, el rubio que destrozó mis esperanzas, la ironía que nos rodeaba, hice un gesto similar al mío salvo que colocó ambas manos en su rostro. Me pareció ver que esbozó una pequeña sonrisa, como si su mente hubiese colapsado.
—Creo que no podré cumplir esa promesa después de todo…
—¿Eh?
Intenté darle forma a su sombra pero el agua que llenaba mis ojos impedía mi vista. No entiendo que hace hablando de promesas en momentos como estos, se supone que teníamos la nuestra, con Daisuke, la de nunca separarnos y ayudarnos por siempre. Antes de divagar mucho más en el pasado, la puerta que se hallaba cerrada se abre de manera violenta. Los rayos de sol que se encontraban a punto de morir en el atardecer abrieron paso a la persona que menos deseaba ver en esos momentos. Su cabello castaño claro largo, sostenido por un clip a medio camino. Sus ojos pardo combinaban perfectamente con el uniforme escolar y aquella bufanda que representa al mismo otoño.
—Takeru Takaishi, ¡es suficiente!—Fūka logró llamar la atención del rubio, quien al tan solo ver la cara de su enamorada era como si tuviera al frente suyo un ángel—Lárgate de inmediato.
Como nunca, Fūka sonaba autoritaria, como si Tk fuera su mascota o juguete y ella su amo. Como marioneta, mi mortal enemigo se retiró del salón de clases como si fuese un cadáver viviente. Por alguna razón, el aura que emanaba la chica me recordó al de hace veinticuatro horas. Aquél casi demente y sin duda con falta de lucidez. Tragué algo de saliva y retrocedí como un instinto para sobrevivir. Cuando optó por voltear para vernos cara a cara, su carácter cambió de manera abrupta. Noté como apretaba sus puños con una fuerza sobrehumana.
—Hikari, oh Dios mío… Hikari…—corrió hacia mí para darme un fuerte abrazo. Sentí como sus diminutos puños se abrían para al final tener sus uñas clavadas en mi espalda al sujetarse de mi blusa. Mi respiración se entrecortaba al estar cubierta por su bufanda otoñal—Vamos, no llores. Eres muy linda para arruinar ese rostro con lágrimas, ¿sí?
Su sonría hizo que toda emoción negativa fuera casi erradicada.
—Fūka… pero, ¿cómo sabí—?
—No hay que pensar de más los pequeños detalles—sin lugar a reclamos, colocó su dedo índice derecho en mis labios.
—Gracias, Fūka—su sonrisa era contagiosa, quería en lo profundo de mi corazón creer que lo de ayer fue una ilusión. Que Daisuke simplemente tenía un resfriado y andaba en casa, que nada de esto estuviese pasando ahora mismo.
—Dime, ¿crees que aún se pueda ir al hospital? Quisiera ver a Daisuke…—el cerquillo cubrió su rostro.
Cierto, Fūka me preguntó al acabar las clases si podía venir conmigo.
—Claro, vamos juntas.
Nuevamente me mostró una sonrisa, mucho más brillante que la anterior.
HIBIKI
La presidenta del consejo estudiantil se encontraba jugando sola en un parque, un parque que solía estar lleno de niños antes de que muera el atardecer. En el columpio movía lentamente sus piernas. No sabía la razón por la cual había llegado ahí, sus pies simplemente la guiaron al acabar las clases. Los juegos que se encontraban ahí la llenaban de nostalgia. Las barras, resbaladeras, laberintos, todas llenas de recuerdos con su prima Miyako. Con la prima que llamó minutos antes para pedirle consejos con respecto a un rubio que pone las vidas de toda persona de cabeza. Una leve ventisca empiece a mecer su falda para terminar arreglando su cabello y colocarlo detrás de su oreja. Decide quitarse sus anteojos por breves instantes. Los limpia con su blusa y se los vuelve a colocar. De manera monótona empieza a revisar los mensajes dentro de su celular hasta llegar al que le envió a Miyako.
xXx
Una hora antes, tal cual Hibiki llegó al parque, se encontraba cargando un peso muy grande para su diminuto cuerpo. Su confesión había fallado, el chico no logró darse cuenta de sus intenciones, tuvo una explosión abrupta luego de verse involucrada en el incidente de la azotea con los demás muchachos. El haber presenciado la caída de Motomiya y Yagami fue su dosis máxima de tortura para hacerla perder los nervios. Sin olvidar la gran infracción que cometía al cumplir el deseo egoísta de todos ellos al abstenerse de presenciar cargos hacia Fūka. Ni ella misma podía engañarse, se cree capaz de haber hecho lo mismo. No entendía por qué todos se esmeraban tanto para protegerla que de un momento a otro se integró al círculo. Miraba sin vida sus zapatos mientras intentaba columpiarse.
—Hibi…—una voz familiar para la muchacha de pelo turquesa y ojos grises irrumpió su silencio. La persona se encontraba corriendo, junto con un morral que parecía poder explotar en cualquier instante por la cantidad de libros y lecturas que cargaba. Su respiración se encontraba entrecortada—Hibi… disculpa… la… demora… muchos… papeles… fotocopias…
—Miya… eres tan tonta como siempre. Toma asiento en el columpio de a lado—Hibiki solo permitía que su prima le hablara con aquel diminutivo, con la condición de poder recalcar la torpeza de la chica de cabello lavanda—Siendo honesta, no creí que vendrías. Después de todo te salteaste un año y andas en una academia para ingresar a la Universidad de tus sueños… por más que tengamos la misma edad me pareces inalcanzable. Además también está tu relación con Ken, ¿ya llevan más de cuatro años, cierto? Ya solucionaron su problema de...
Una vez que Hibiki empezaba a hablar de esa manera era su forma de intentar escapar de la seria charla que se avecinaba. Miyako tuvo que callarla al escuchar las últimas palabras que dijo. No deseaba hablar sobre el problema que tuvo con su Ken, por más que la noche anterior él se encargó de declarar todo el amor que siente hacia ella, de toda manera humanamente posible. Ella sabía que no había forma de enmendar el error, que debía pasar la página pero le costaba, le afectaba.
—Hibi, no toquemos ese tema por ahora—le sonríe a su prima mientras suelta un suspiro antes de dirigir su mirada hacia el cielo pintado de naranja—Parecías muy nerviosa cuando me enviaste ese mensaje. No lo entendí por completo pero logro notar que te hace falta un poco de alegría. Hasta ya creo tener una idea de que trata, por más vaga que sea. Tu mensaje solo decía «Ven». No había forma alguna de saber dónde nos teníamos que encontrar pero, sabiendo que eras tú… era obvio que escogerías este lugar.
La presidenta del consejo estudiantil asiente de una manera lenta.
—Cuando éramos pequeñas jugábamos mucho aquí.
—Recuerdo que nos peleábamos con los otros niños para poder subir a algunos juegos, como las barras. Los hacíamos caer apropósito… hasta ahora cuando paso por un parque y veo a otros niños abusando de esa manera me dan ganas de darles una buena pateada—Miyako suelta una gran carcajada.
—Um, Miya… no creo que eso sea normal—ahora fue el turno de ella suspirar.
—Me imagino que la confesión no sucedió de acuerdo a lo planeado, ¿cierto?—con aquella frase dicha, la niña elegida dio un leve impulso con ambos pies para así empezar a hacerle uso al columpio.
Hibiki no podía contarle sobre el incidente de ayer. No tenía idea como podía reaccionar. Le disgustaba guardarle cosas a su prima pero esta vez era una excepción, una excepción que cumplía por Tk, Hikari, Daisuke y… Fūka.
—Sí, nunca te equivocas, Miya.
—Bingo. Está escrito en toda tu cara… sabes, eso le sucede a toda persona. Tu caso se parece muy similar al que tenía con Ken antes de que confesara. La atmósfera que te rodea me lo dice. No notó a lo que ibas mientras decías tus sentimientos.
—Como siempre, soy un libro abierto tras tus gafas—la muchacha intentaba seguir su acto de ingenuidad.
—Verás, de chica sabía que iba a terminar un año antes que Ken. No quería que eso sucediera entonces tuve la fantástica idea de querer repetir por más que fuéramos a escuelas distintas. Mi mamá me gritó terrible cuando descubrió que mi promedio había empeorado. Daisuke empezó a burlarse de mí pero Ken… Ken se ofreció a ayudarme. Fue en ese momento en el que logré confirmar que mi enamoramiento era amor. Esos meses que pasamos a solas eran lo más preciado para mí y todavía lo son. Por más que mi promedio mejorara, se hizo una costumbre vernos cada tarde para estudiar. Fue ahí cuando planeé mi siguiente meta, ir a una Universidad que esté de acuerdo a su intelecto. Luego, una noche, tuve la osadía de decir que me gustaría detener el tiempo y poder estar juntos siempre. El respondió con un «eso sería maravilloso pero, ya se nos está acabando lo poco que queda».
—¿También fuiste ignorada…? Pero si era más claro que el agua que era una confesión dulce e inocente—la muchacha de pelo turquesa se exaltó más de lo debido que casi cae del columpio.
—Ahora Ken admite haber creído que era una confesión. En ese tiempo él era más ingenuo que Hikari en cosas de este tipo y por eso no tomó la reacción correcta. No todos responden de la misma manera que esperamos. A no ser que quieras someter a Tk a un experimento como el del perro de Pavlov.
—Tienes razón…—suspira la chica de cabello turquesa—Creo que… me voy a dar por vencida.
—¡¿Qué!?—por más que Miyako supiera que el romance entre ellos nunca iba a florecer, le dolía en lo profundo de su alma escuchar a su prima decir aquellas palabras, —Pero… Hibi…
—Está bien… además, por lo menos lo intenté. Nunca me va a ver de esa manera puesto a que sus ojos siempre han mirado a alguien más y hasta ahora lo hacen—con eso dicho, salta del columpio para observar el atardecer—Además… en ese momento, estoy segura que iba a decir que solo soy una buena amiga… que se sentía orgulloso de mis logros, como si fuera una hija que recibe halagos de su padre. Siendo honesta, si no fuera por él, quizás no estuviera en la posición que estoy ahora. Presidenta del consejo estudiantil… ni yo lo creo.
—Hibi…—la niña elegida del amor y la pureza acude a su prima para darle un fuerte abrazo—Diste lo mejor de ti.
—Gracias…—Hibiki no quería llorar y mantuvo su posición. No lo hizo.
—Pero todavía sigo molesta por lo que le hiciste a uno de mis grandes amigos años atrás—cruzándose de brazos, Miyako prosiguió—Eso sí nunca te lo perdonaré. Inclusive enamorándote de Tk... si se llegara a enterar se devastaría.
Hibiki tan solo apretó con firmeza las cadenas del columpio.
XxX
Volviendo al presente, la muchacha terminó de recordar la hora que había pasado al lado de Miyako.
Aquello le había levantado a más no poder los ánimos que llevaba hasta el piso. Estaba decidida a irse a casa hasta que una silueta apareció al frente suyo.
Era Tk.
—V-V-Vaya, Takaishi. Qué sorpresa toparnos aquí—Hibiki aparentaba ser fuerte, pero tras recordar la conversación se le hacía imposible—¿Sucede algo? Se te ve demacrado.
—Ah… Hibiki—Tk había caminado sin rumbo alguno luego de ser botado por su enamorada del salón de clases—¿En dónde… estoy?
La chica no pudo evitar soltar una pequeña risa, diminuta como ella.
—Nos encontramos en un parque, ¿no ves los juegos? Vamos, toma asiento al lado. Me da miedo que colapses en cualquier segundo.
De manera monótona, Tk hace lo sugerido. Hibiki no podía evitar sentir cómo su corazón latía a mil por hora. Los sentimientos superan la voluntad humana con tanta facilidad que ni ella misma podía persuadirse.
—Presidenta… ¿qué piensa hacer por lo de ayer?
El columpio de Hibiki se paralizó. Él había vuelto a tocar el mismo tema, además, la había llamado con formalidad, cosa que nunca hace. Él que la hizo soltar todo lo que pensaba, sentía, desafiarlo y perder su listón favorito en el proceso. Centenares de respuestas se le venían a la cabeza, pero ninguna sonaba apropiada una vez que pensaba el posible escenario. Ella pensaba que seguro Tk estaba molesto con ella por su reacción. Prefirió pretender ignorancia.
—Vamos, Takaishi… no hay necesidad de formalismos en este punto. Con Hibiki es suficiente—retoma el impulso en su columpio. Tk hace lo mismo.
—Por favor, por lo que más quieras, Hibiki… no apunte esto en el récord académico de Hinanawi. Ella puede sonreír pero sé que está asustada por dentro. La conozco bien… sé que es egoísta y hasta cruel de mi parte para Daisuke y Kari… digo, Hikari... Yagami. Hasta para ti luego de haber pedido lo mismo ayer pero, te lo pido…—sin duda alguna, Tk saltó del columpio y se arrodilló frente a ella, de la manera más forma posible dentro de su cultura.
Por alguna razón, Hibiki empieza a sonreír.
—No puedo creerlo… estoy lidiando con la misma escena el mismo día. Me estoy empezando a preocupar, qué pasará cuando me gradúe y los deje. Necesitarán una mano dura y comprensiva que los vigile. Es imposible que estos casos pasen por alto pero, tampoco puedo evitar pensar en otras cosas. Qué problemáticos que son todos ustedes…
El muchacho rubio retoma su compostura con cara de extrañado.
—¿Alguien más hizo lo mismo que yo?
La muchacha vuelve a sacar otro suspiro.
—No sé si te haces el tonto, o lo eres, ¿quién más crees que es capaz de hacer lo mismo? Yagami.
Tk se quedó atónito, sin palabra alguna para expresar lo que sentía.
—K-Kari hizo… ¿qué?
Sin notarlo, él había empleado su nombre en vez del apellido, cosa que deseaba evitar cuando estaba rodeado de alguna otra persona. Era su forma de cortar cualquier vínculo cercano que tuvo alguna vez con ella.
—Vino temprano, en la mañana, al consejo y se arrodilló de la misma manera que tu hiciste hace unos segundos pidiendo lo mismo. Que Hinanawi debió haber tenido una razón y que Motomiya tampoco hubiese querido que se hiciera algo de ese tipo y… creo en eso. Por más que nunca haya tratado de manera directa con él sé que es cierto. Después de todo, ustedes tres siempre han estado juntos.
Se quedó pensando, analizando cada palabra que Hibiki le había dicho. Notó que estaba pasando lo mismo que hace muchos años atrás, con el incidente de los cigarrillos… sobre Kari y Fūka, un evento de años atrás que las unía sin que ellas lo supieran. Tras todo lo sucedido en estas casi últimas veinticuatro horas, Davis se encontraba defendiéndola desde su cama en el hospital. Pensaban en ella por más daño que haya hecho.
—Kari… Kari es… amiga de Fūka y Fūka es… amiga de Kari. Ella quiere entenderla… desean entenderse… debo de hacer algo antes de que sea demasiado tarde.
Una vez más, empleó las nombres y diminutivos inconscientemente.
Tras levantar su rostro mira de manera directa a Inoue. Sus ojos azules se volvieron a llenar de vida e ignorando la confesión de la muchacha, Tk la abrazó sin duda alguna.
—¡Gracias, Hibiki! Eres la mejor. Nadie podría reemplazar a la gran presidenta que tenemos. Debo de apresurarme e ir al hospital.
Sin esperar despedida alguna, el rubio sale corriendo hacia su destino. Hibiki vuelve a quedarse sola.
—Sí lo van a hacer… y ese serás tú. Idiota.
HIKARI
—Siéntete como en casa, Fūka. Puedes jugar con Miko, es muy dócil y la gusta que le hagan cariño en su cabeza. Solo debo ir por unas cosas para llevarle a Daisuke e iremos para allá.
Al inicio tuve mis dudas de traer a Fūka a casa. Temía que me atacara al estar solas, aunque en todo el camino se encontraba sonriendo de manera honesta, como si nada hubiese sucedido y fuésemos amigas. Me pregunto si me considera una… de todas maneras, me alegra que mi hermano no se encuentre en casa. Por cómo se está comportando con las chicas me daría temor que intentara seducirla. Se supone que está en una relación estable con Mariya. Su amiga Chise debe estar poniéndolo derecho para que sea algo serio y deje su fobia contra las Soras. Ahora que lo pienso… ¿cómo se encontrará? Desde que vive con Matt no la he vuelto a ver.
Sin darme cuenta había encontrado lo que buscaba al entrar a mi habitación. Mi Digivice, lo necesitaba más que nunca, Veemon tiene que saber esto y estar al lado de Daisuke. Es lo menos que puedo hacer por él. Tras extender mi mano frente al computador y decir las palabras clave, di una pequeña oración para que Fūka no decidiera entrar a mi cuarto.
El verdor del mundo digital me envolvió. Su atardecer era precioso, mucho más hermoso que el nuestro. Es imposible de creer que suceda en simultáneo. No debo perder más tiempo, necesito encontrarlos. Por suerte, a esta hora sé en dónde se encuentran. Caminé de manera rápida, o más bien, troté para llegar hacia la aldea del inicio. A estas horas, Gatomon, Patamon y Veemon terminaban de ayudar a Elecmon de cuidarlos huevos y Digimons bebés. Cuando llegué, vi a los tres alrededor de un huevo en particular. Su exterior se encontraba cubierto de corazones color pastel, era muy femenino. Sin querer no pude evitar escuchar su conversación, para sorpresa mía hasta me escondí.
—¿Estás seguro que Elecmon dijo eso?—Patamon parecía escéptico, sin creer las palabras que decía Veemon—Es imposible.
—Convencido de eso, Gatomon estaba conmigo. Vamos, dile que no estoy mintiendo—Veemon miró a mi camarada con aquellos ojos iguales a los de Daisuke cuando está a mi lado. Ella se encontraba acariciendo el Digihuevo con su cola.
—Sí es cierto, Patamon. Siendo honesta ni yo lo puedo creer—da un suspiro—Estábamos alimentando a los bebés cuando en ese Elecmon aparece con este Digihuevo.
—Nos dijo que había hecho de todo para que nazca pero no sucedía nada. Es muy probable que sea lo que dice. No es del tipo que anda mintiendo con temas así de importantes—el dinosaurio azul frunció el ceño.
Observé como las alas de Patamon se movían de arriba hacia abajo. Según lo que me contaba Tk eso sucedía cuando se encontraba confundido pero preocupado a la vez por algo.
—Si es así… ¿eso significa que sucederá algo?
—Espero que no. Todo ha estado tan pacífico que… no pienso mentir, todo está tan aburrido que siento que falta emoción en nuestras vidas. No estoy diciendo que quiera que pase algo pero… ¡esta tranquilidad siento que me va a volver loco!—tras terminar su grito de honestidad, Veemon cae rendido en el acolchonado suelo de la aldea del inicio.
—Si sigues gritando de esa manera va a despertar a los bebés—Gatomon seguía inmutable.
—Es solo que… extraño esos días. Estar con Daisuke era divertido. Ahora que no pueden venir tan seguido es algo… solitario. No estoy diciendo que me aburra estar con ustedes… pero, ¿no extrañan tener aventuras?"
Veemon era exactamente como Daisuke. Tras decir algo así, ambos Digimons se encontraron dentro de un silencio incómodo. Me empecé a sentir mal por Gatomon. Efectivamente no había podido pasar tanto tiempo con ella como antes. Inclusive, mi relación con Tk había arruinado la suya con Patamon. Ya nada era lo mismo.
—En fin, nuestra misión actual es cuidar de este Digihuevo y esperar.
Veemon intentaba romper el silencio entre Gatomon y Patamon, quienes intercambiaban de vez en cuando un par de miradas. Miradas que llevaban un significado de una cercanía imposible. No tuve más remedio que salir de mi escondite y dirigirme hacia ellos, por el bien del compañero de Daisuke.
—¡Oigan, chicos!—sonreí a la distancia mientras les movía la mano.
—¡Kari!—mi camarada vino corriendo hacia mí, luego de acomodar el Digihuevo en una posición segura—¡Kari! ¡Kari! ¡Kari!
Nos dimos un fuerte abrazo.
—Gatomon, me da gusto verte.
—Kari… ¿dónde has estado? ¡Te he extrañado mucho!—no la veía desde hace más de tres meses. Creo que soy la única que no viene tan seguido al Digimundo.
—Patamon, es Hikari—Veemon sonríe, poniéndose se pie para venir.
—¿Está Tk?—logré mirar de manera sutil como el pequeño se deprimía. Veemon se mantuvo en silencio—Tomaré eso como un no.
Gatomon me llevaba de la mano hacia los dos que se encontraban alrededor del Digihuevo. Mi camarada había cambiado su ánimo por completo y se encontraba hablándome sobre el Digihuevo que habían encontrado. Eso sí, no me comentó sobre las dudas que habían estado hablando minutos atrás.
—Me parece muy curioso. Tratándose de ustedes tres, siento que van a hacer un trabajo maravilloso—el tan solo ver sonreír a Gatomon, ambos intercambiaron miradas y levantaron el ánimo también—La razón por la que vine es algo delicada…
Me partía el corazón tener que romper la alegría que se había formado pero no tenía otra alternativa. Les conté una versión editada sobre el accidente de Daisuke, omitiendo lo de Fūka pero tratando de ser lo más honesta posible con Veemon. Él merece saber la verdad pero, preferiría que Daisuke se la dijera.
Sin más preámbulos volví con él al mundo real. Dejando atrás a Gatomon y Patamon en completa soledad. Veemon se había transformado en DemiVeemon y su apariencia de muñeco de felpa podía engañar a Fūka, quién aparentemente se había peleado con Miko. Mi gato se encontraba en la esquina de la sala, con la piel erizada mientras la miraba. Ella se encontraba con una risa nerviosa.
—Creo que no le agrado—me dijo—He intentado hacerle algo de cariño pero no pude, tanto así que me rasguñó la mano.
—Bueno… Miko es algo… especial—olvidé ese detalle, es muy huraño con los desconocidos.
—¿Ya tienes todo?—se levantó del sofá para luego darse cara a cara con DemiVeemon—¡Qué lindo! ¿Es eso lo que estabas buscando? ¡Qué adorable!
Sentí como DemiVeemon se sonrojaba por el halago.
—Sí, es muy especial para Daisuke y quisiera que lo tuviera a su lado durante su estadía en el hospital.
—Estoy segura que le encantará ese detalle, Hikari.
Definitivamente Fūka no sabe nuestro secreto, el secreto del Digimundo.
Salimos del apartamento y tomamos el primer bus que encontramos hacia el hospital. Al llegar, vi que solo estaban los padres de Daisuke y no Jun. Me daba terror encontrarme con ella luego de lo de ayer. Fūka se presentó a los padres de Daisuke e hizo lo mismo que yo, pedir disculpas para que luego se las rechazaran al decir que no tiene la culpa de nada. Ellos no sabían que esas palabras la destrozaron por dentro al ser mentira. Entregué a DemiVeemon a sus padres y dicho y hecho lo dejaron a su lado. Nosotras no podíamos pasar, solo familiares cercanos. Estuvimos un buen rato con ellos hasta que se hizo tarde. El atardecer había muerto y la noche empezaba a reinar. Nos encontrábamos en la puerta del hospital, a punto de salir, hasta que nos topamos con él.
—Takeru...—Fūka se encontraba sorprendida. Su enamorado se encontraba agitado de haber corrido desde quién sabe dónde. Además que ella lo trató de una manera muy extraña hace unas horas.
—Hinanawi…—casi sin aliento, él la llamó por su apellido como siempre, hasta que me vio—Gracias a Dios que sigues aquí. No sé qué haría si no te encontraba. Tenemos que hablar.
Me imagino que debe tratarse de una conversación seria entre pareja. Tal cual coloqué un pie fuera, me tocó el hombro.
—Te estaba hablando a ti, Hikari.
—Nos vemos mañana—Fūka fue ahora quién empezó a caminar de manera pasiva
—Nos vemos…—solté.
Ella se retiró sin decirle nada. Era como si solo hubiese existido un par de segundo frente a los ojos de Tk.
—¿Puedo hablar contigo?—colocó su otra mano en mi hombro. Me sentí aprisionada.
—No hay necesidad de preguntar luego de habérmelo dicho—evitaba mirarlo y bajé sus manos—Además, no sé si quiera escuchar lo que tengas que decir pero, si viniste corriendo hasta aquí debe ser algo importante, ¿nos sentamos en el patio?"
Me di cuenta tarde de lo que había sugerido. Estaba pretendiendo como si lo que dijo horas antes nunca hubiese sucedido.
«No sé nada… no sé nada porque… ¡no sé nada porque nunca cuentas las cosas! ¡Ni lo que sientes, ni una sola emoción! Es como si te hubieras vuelto una máquina que imita el comportamiento humano con sentimientos artificiales, ¡se supone que éramos amigos!»
«¡Nunca te consideré como una!»
Sus palabras seguían resonando en mi interior. Desafortunadamente, antes de que pudiese contestar, su estómago interrumpió nuestro silencio. El mismo silencio incómodo que observé en el Digimundo entre Gatomon y Patamon.
—Pft. Mejor vayamos a la cafetería—formé una sonrisa burlona. Mi sistema alimenticio me traicionó, imitando a Tk. Mi estómago sonó.
—Pft—él empezó a reírse y aquella melodía hizo que bajara la guardia. Reí a su lado.
Mientras caminábamos lado a lado, evitaba recordar el recorrido que tuve con Jun hacia el mismo lugar. En vez de eso, recordé que hasta ahora no comprendía la mezcla de emociones que sentía hacia Tk. Antes de que todo esto sucediera, antes de que él estuviera con Fūka y yo mostrara mi amargura al hacer lo mismo con Daisuke, era muy obvio que lo odiaba. Lo consideraba mi mortal enemigo. Cosa que hasta ahora sigo haciendo… creo… no, debo creerlo. Más bien, en estos últimos meses sentí que se estaba enmendando nuestra relación… inclusive… inclusive sentí que mis sentimientos de amor hacia él estaban volviendo pero… su actitud solo hizo que muriera y notara que se desviaron hacia Daisuke. Debo admitir, aunque supiera lo que siente mi corazón… una parte mía todavía estaba enamorada de este rubio idiota.
Al llegar ordeno un café con crema y un bizcocho de vainilla. Tk un café cargado junto a un sándwich de jamón y queso. Sin evitarlo, quise intentar establecer una conversación tras probar algo de la crema.
—¿Viniste a ver a Daisuke?
—Sí, no lo he visto desde ese día… ya sabes…—le da un mordisco a su pan y se atora un poco por el tamaño—Oye…
—Lamento haberme puesto así de pesada. Tenías razón Solo somos compañeros de clase y no debes contarme todo lo que pasa por tu cabeza. Lo siento mucho—no comprendí de donde provenían las palabras que acaba de decir, solo sé que sentí como un gran peso se liberaba de mí.
Observé una gran frustración en Tk, tanto así que sin importar la temperatura de su café, no dudó en tomarlo de una sola. En cuestión de segundos empezó a toser por el calor y la amargura.
—¡¿Te encuentras bien!?—no podía creer lo que acababa de ver. Temía que se haya quemado la garganta o inclusive el esófago. Antes de que acudiera a su lado, levantó su mano para hacerme entender que no era nada grave.
—No… es… nada—se recostó en su asiente y dirigió la mirada hacia el horizonte. La noche había llegado y las estrellas brillaban de una manera hermosa.
—Y bueno… si es así… ¿de qué querías hablar?—no comprendía mi comportamiento. Era como si ignorara por completo todo lo sucedido por el simple hecho de volver a tener una conversación normal con él.
Su silencio lo sentí eterno, como si estuviese pensando de forma detenida lo que iba a responder. En eso veo cómo se sonroja y se atropella con sus palabras.
—Hinanawi… ¿te dijo algo con respecto a la fiesta?
—Pues… no hemos hablado sobre eso—era como si a Fūka no le importase el hecho que Tk haya decidido ir conmigo.
—Ah… ya veo—sus palabras se mecieron con el viento—Ella no iba a ir y por eso yo tampoco pero, ella insistió que lo haga y por eso… pasó lo que pasó, te mostré el papel para ir contigo. Ella insistió.
Sentí como habló de manera atropellada. Mi café ya se había enfriado y mi bizcocho seguía intacto. En cambio, Tk había tomado y comido como si tuviese un ataque de ansiedad. Cubrió la mitad de su cara con la mano derecha, avergonzado.
Pasaron un par de minutos más e intercambiamos palabras. Al final decidimos entrar a la sala para ver a Daisuke, ya que la temperatura había bajado. Nos sentamos al frente de la habitación. La ventana que daba al pasillo se encontraba algo abierta y su rostro se veía pacífico, como si no estuviera en este mundo. Sin saberlo, abrí los ojos y me di con la sorpresa que las horas de visita habían acabado.
—Que ironía. Tomamos café y nos quedamos dormidos.
Tras despertar estaba a punto de moverme sin despertar a Tk pero pasó algo inesperado. Para empezar, al darme cuenta, mi cabeza había estado apoyada en su hombro y la suya encima de mi cabello. Mi rostro se pudo tan rojo como un tomate, y por eso decidí levantarme. Él sujetó mi manga del uniforme con su mano. Quería que me quedara a su lado. Mi corazón no dejaba de latir. Nuevamente retomé la posición anterior.
—Te importaría… ¿si nos quedamos así un rato más?
No respondí y mi silencio fue tomado como un sí.
HIBIKI
Ya había anochecido y la muchacha no se atrevía a irse a casa. Había algo que la mantenía anclada al columpio. Llegó por su cuenta, luego vino Miyako, horas luego Takeru y sentía como si alguien más fuese a aparecer. Dicho y hecho, una silueta fue reflejada por la luz del farol que iluminaba el pequeño parque. Era Fūka.
La sombra de Takaishi.
—Siempre la ha mirado, la ha protegido… tengo tanta envidia…—Hibiki no había notado que Fūka se acercaba a ella. Al sentir su mano tocar con la suya, dio un grito, —Hinanawi…
—Presidenta… ¿estoy llorando?—los ojos de la muchacha de cabello castaño se encontraban sumidos en una piscina de lágrimas.
—No, no lo estás…—finalmente, aquello que la mantenía atada al columpio, fue liberado. Logró ponerse de pie y acercarse a Fūka.
Por alguna razón, todos han terminado viniendo a este parque. Definitivamente merece el nombre que tiene. El parque de los encuentros. De ahora en adelante creo que creeré en supersticiones de este tipo.
—¿Es correcto lo que está haciendo al ceder a las peticiones de ellos dos?—Fūka sabía lo que estaba sucediendo a sus espaldas, puesto que nunca se fue del hospital. Se encontró escuchando a escondidas la conversación entre Hikari y Tk. Primero las disculpas y luego el tema en cuestión, el que ellos habían ido a pedirle el favor a Hibiki—Casi mato a Hikari… Daisuke sí pudo haber muerto… ¿merezco tanta amabilidad de todos ustedes?
Hibiki llega a suspirar, nunca creyó lidiar con tantos temas el mismo día. Ella que buscaba apoyo de Miyako terminó apoyando a aquellos que la necesitaban. Nunca creyó que alguien acudises a ella por consejos, en especial ellos tres.
—Fūka Hinanawi… te suspendo de… de… ¡llorar! No tienes permitido llorar hasta que acabe el año.
Los ojos de la muchacha se ponen más vidriosos todavía al sonreír.
—¿Qué clase de castigo es ese?
—Uno muy difícil de cumplir y que creo que Takaishi te daría.
Fūka cae rendida al ya no poder aguantar más sus sentimientos. Hibiki se agacha para abrazarla.
—El llanto es un privilegio que tiene el ser humano y lo debe saber controlar. Pero este dolor, este pesar… es insoportable y el peor castigo de todos.
¡Y aquí concluye el capítulo 16 de Ironía! En el siguiente voy a aclarar un par más de detalles, en especial la razón por la cual Daisuke acudió a Tk a pedirle el favor de cuidar a Kari. Espero no demorar tanto con ese. Ojalá les haya gustado y pido disculpas por si hay algún error o falta de descripciones de los ambientes. Además lamento haber metido una nueva incógnita con el Digihuevo.
