Mis amores, quisiera informarles que lamento haber escrito de manera tan… desorganizada el capítulo anterior. Admito, también, que tampoco pensé que el Daikari crecería en mí e hiciera que cambiara el final de esta historia. Ya se verá en qué acaba y ustedes lo decidirán. Espero que disfruten este capítulo, nuevamente desde el punto de vista de nuestro rubio favorito. De nuevo disculpen por la mala redacción. Detesto escribir en laptop. Prometo que los que siguen abarcarán más descripciones. Me gusta recibir su apoyo, así que no duden en dejar algún review, que me encanta responderlos!

PD: Aviso de antemano que este capítulo va a ser algo largo.


Capítulo 18: Recuerdos de Nuestro Tiempo Perdido


No me percaté cuando la presidenta del consejo estudiantil ingresó a la clase debido a la poca atención que le presto en estos instantes a mis alrededores. Mi mente no dejaba de planear distintos escenarios para hablar con Fūka respecto a la fiesta de nuestro grado. Ninguno tiene la intención de ir, por lo menos eso lo tengo claro. No porque estemos pretendiendo ser una pareja significa que debamos hacer cosas de ese calibre. Además, los únicos momentos cercanos que he compartido con ella fue la ocasión en dónde le di un beso en la mejilla para demostrarle a cierta persona que la relación no era falsa. Mi acción me costó una bofetada en parte de la chica de cabello largo almendrado y ojos pardo. Mis acciones egoístas han causado un sinfín de líos, en especial si dejo que mis emociones y sentimientos se apoderen por completo. Estoy convencido, seguro, que Davis ha logrado ver tras nuestra mentira. Conociéndolo todos estos años, es capaz de hacerse pasar desapercibido y de esa manera complacer sus objetivos. Muchas veces, cuando lo veo con Kari, no puedo evitar pensar si está utilizando la dependencia que ella tiene hacia los demás para su propio beneficio. No me gusta dudar de nuestro de líder, en especial de este forma pero, él siempre ha estado enamorado de ella que siento que es capaz de hacer cualquier cosa para estar a su lado. Quisiera hacer algo al respecto. Tengo miedo que mi plan repercute a todos de esta manera. O quizás… quizás solo busco un pretexto para aminorar mi culpa. Estoy utilizando a Fūka en este juego de pretender. La situación se tornó irónica cuando Kari tomó mi misma toma de acciones. Es por eso que me da pavor pensar que Daisuke está utilizando a Kari para el beneficio de satisfacer su amor no correspondido, tal y como yo lo hago con Fūka, salvo que por motivos distintos. Al final, ambos nos parecemos en muchas cosas.

Me gustaría encontrar una solución pero eso ya es imposible llegado a este punto. Sin notarlo, he estado apretando el papel de la fiesta todo este rato. El papel en donde no he apuntado nada. Definitivamente tengo que hablar con Fūka al respecto. Es una muy buena chica y creo que entenderá mis razones. Solo espero no causarle más problemas emocionales con esto. Lo que menos quiero es generar algún tipo de requisito para un nuevo incidente que la involucre. Tener cautela sobre los sentimientos de los demás es mucho más difícil de lo que parece, en especial si la persona que lo requiere padece de una condición psicológica. Se debe tomar en consideración todo tipo de escenario y posibles reacciones. A veces, uno cree haber tomado la decisión correcta para que al final el resultado sea lo contrario.

Fue en este mismo instante cuando me percato de una mirada. Creo saber a quién le pertenece, salvo que no deseo confirmarlo. Estoy dudando si voltear mi mirada o hacer absolutamente nada. De reojo, logro captar a Fūka, por eso sé que no es ella. Anda ocupada alistando sus cosas para irse mientras la presidenta sigue hablando. Sin poder aguantarlo más, levanto un poco el cuello para observar detrás de mí. Es Daisuke, definitivamente me está observando. Aquellos ojos, están fijos en mi figura. Seguro debe tratarse de Kari, a quien no he decidido dirigirle mi tiempo en estos momentos. Para que me observe con tal determinación, sea de lo que esté hablando Hibiki, tiene que ver con la luz de nuestra infancia, por ende, concluyo que el tema de importancia es la fiesta.

Lentamente, empiezo a captar los sonidos que se encuentran a mí alrededor. Un bullicio que luego se volvió en completo silencio. Las voces que resonaban en el aula cesaron de manera inmediata. Decidí tragar mi temor y enfrentar la profunda mirada de Davis. Nos vimos cara a cara. Ambos, de dieciséis años seguimos viviendo en el mismo mundo con sueños y aspiraciones distintas que giran alrededor de una misma chica. Cuando se percató que decidí enfrentarlo, guió su mirada hacia Kari, quien se encontraba distraída, al igual que Fūka, guardando sus cosas mientras ignoraba toda palabra de la prima de Miyako. Era como si deseara guiarme a que la observara. Ella nunca iba a tomar noción que ambos la observamos y, dicho sea de paso, que siempre lo hacemos y haremos.

El vibrar de mi celular me saca de mis pensamientos. Daisuke es ágil cuando se trata de estas cosas, me acaba de enviar un mensaje. Tengo temor de abrirlo más, a la vez, siento que tengo que hacerlo. Lo saqué de manera cuidadosa, por si Inoue pasaba al lado de mi carpeta, ya que se encontraba caminando entre las filas de la clase.

Tenemos que hablar.

Tenemos que hablar.

Tenemos que hablar.

Es urgente y necesario.

Por favor, tenemos que hablar.

El incesante vibrar hacía temblar mi mano derecha. En vez de enviar un solo mensaje, llegaban varios de manera rápida y precipitada. Poco a poco, fueron más apresurados que se notaban las faltas ortográficas. Para que se encuentre tan desesperado… definitivamente tiene que ver con Kari, no hay duda alguna. Días atrás, Davis había cometido la misma acción… la cual terminó en él confesando algo terrible. Decía que tenía que encargarme de cuidar a Kari en su lugar. Que si no hacía algo pronto él… que él me la iba a quitar. No entiendo a qué va con eso… Y le prometí que lo haría… como su mejor amigo. Nunca lo había visto tan vulnerable. ¿Qué querrá ahora?

No dejaba de apretar el papel. Siento como si en cualquier momento se fuese a romper por la fuerza bruta que estoy empleando. Quisiera regresar a esos días en los que todos éramos amigos y andábamos juntos en primaria. Daisuke, Miyako, Ken, Iori, Kari y yo… ¿es tan egoísta tener un deseo de este tipo? A veces deseo que Fūka no hubiese entrado en mi vida pero, a la vez, sí. Si yo no la hubiese encontrado ese día en el callejón en plena tormenta, sin nada de vida en sus ojos y un cuerpo débil y casi gris, me pregunto si alguien… si alguien la hubiera ayudado. No puedo evitarlo más, tengo que hacer algo para acabar con todo esto que siento. Tengo miedo que Kari corresponda de manera real a Daisuke.

Y la mejor opción que tomé de manera inconsciente fue golpear la carpeta de Kari. Me encontré frente a frente con ella. Su rostro, lleno de sorpresa e indignación era evidente tras el estruendo que acabo de hacer. Sus ojos marrones, un color común y corriente, se me hizo hermoso. Son los ojos más hermosos que he visto toda mi vida y siempre seguiré pensando lo mismo. Quiero pedir disculpas, quiero volver a ser su amigo. Quiero volver a estar al lado de ella. Quiero… quiero tener a alguien a quien siempre pueda acudir. Dependencia, eso es lo que es. Tan fuerte es mi deseo que ella sea independiente que no me había dado cuenta de ese detalle hasta ahora. Yo también dependía de ella. Mejor dicho, hasta ahora dependo de ella para cada acción que tomo.

Siempre hemos dependido el uno del otro.

Asustado por mi descubrimiento, di un paso hacia atrás, tropezándome casi con las demás carpetas. ¿Por qué no lo había pensado antes? Ahora tiene mucho más sentido, tiene mucho más sentido el por qué de mis acciones. Siempre he pensado que dependía de mí pero en realidad soy yo el que depende de esa dependencia. Salí corriendo de la clase, sin importarme nada. Antes de que mi sombrero saliera volando debido a la velocidad, me lo quité para sujetarlo mientras huyo. No sé a dónde, pero deseo irme de aquí lo más pronto posible. Debería morir, morir y morir. Soy un imbécil por no notarlo antes.

Ahora me encontraba fuera de la escuela. Justo lo que deseaba y, para suerte mía, ha empezado a llover. Dejé que el agua mojara todo mi cuerpo, que me bañara en su frío y rítmico caer. Nuevamente vibró mi celular. Si es Davis no sé cómo enfrentarlo. Al sacar el aparato de mi bolsillo, me percaté que el papel no se encontraba en su lugar. Es muy probable que lo haya dejado en la carpeta de Kari. Ahora va a haber un malentendido mucho más grande. De manera automática, vi de quién era el mensaje. Era de la presidenta.

Takaishi,

Tengo algo muy importante que decirte. Espero que por favor vengas a la sala del consejo estudiantil en cuanto puedas. Estaré esperando. No me decepciones.

PD: Ya suspendí a las tres chicas que lastimaron a la hermana menor de Hinanawi y encerraron a Motomiya y Yagami en el gimnasio.

—Ya he decepcionado a muchas personas. Que no le sorprenda que la termine decepcionando también—solté.

Mi voz salió quebrada, sin energía alguna. Volví a guardar el celular y me envolví en la lluvia. Mi cuerpo se encontraba frío. Minutos atrás hacía un calor insoportable y ahora pedía refugio por el cambio de clima.

—¡Ya es suficiente! ¡Ya es suficiente, Takeru!

Su voz me sacó del pequeño trance en el que me encontraba. La única persona que me llama Takeru. La única persona que se refiere a mí de esa manera formal y distante. Mi cuello se encontraba con dirección hacia el cielo y, de alguna manera, hice una maniobra sobrehumana para observarla, sin perder su posición.

—Fūka…

La observé de manera detallada. Su blusa translucía su prenda interior debido al agua, su liso cabello empapado, todo su ser siendo opacado por las lágrimas que mi persona lloraba de forma indirecta. Mi respuesta no fue del todo satisfactoria. Sus diminutas manos se formaron en puños por la cólera hacia mi voz. Debo verme como un cadáver andante ante sus ojos pardo.

—¡Ya es suficiente, deja de lastimarte de esta manera! ¿No ves lo que está sucediendo? ¡Tu plan falló! Solo… solo date por vencido… no me gusta verte así…

Ella tiene razón. Mi plan ha fallado. Me acabo de dar cuenta de eso hace poco. Tomé noción de cada acción que he cometido. El hecho de volvernos enamorados para ver si así se alejaba de mí de manera definitiva. El trato frío que le he dado desde ese día hace cuatro años. Pero aún así no podía despegarme de ella. La ayudaba a escondidas, la salvaba de todo problema. Es por eso que intenté conseguir una buena posición en la escuela y así monitorear a cada alumno. El primer incidente, el de los cigarrillos, fue cuando noté que no podía dejarla sola ni un solo instante. Debido a mi popularidad, muchas personas usaron a Kari como objeto de burla. Como dicen, si el más popular detesta a cierto individuo, los demás también. Con tan solo pensar que se me hizo tan difícil defenderla a ella y a Fūka a la misma vez… Fūka fue la culpable de eso. Pero aún así siento que debo protegerla. Siento que debo proteger a ellas dos.

No sé si terminé transformando esa dependencia hacia Kari a una hacia Fūka, pero es cierto que si Fūka se fuese de mi vida, terminaría perdiendo, de una vez por todas, el sentido de vivir.

—Fūka…—dije su nombre, seguro por pensarlo tanto y agregué algo para hacerlo parecer coherente—Fūka… ¿qué estás haciendo aquí? Está lloviendo… te puedes resfriar…

—¡Idiota!—ella no dejaba de levantar la voz—¡Eres un idiota, un tonto! ¿Acaso no te das cuenta? Deja de lastimarte de este modo, ya es muy tarde… ya es muy tarde para resolver todo.

—Fūka…

Ella tiene razón. Ya es muy tarde para resolverlo todo. Esta co-dependencia nunca va a terminar, no se puede cortar como si fuese una mala hierba. Es algo que va mucho más allá de lo que alguien puede controlar. Creí poder hacer pero, aparentemente, fallé en el intento. Este juego se ha salido de mis manos.

¿Acaso no he aprendido nada a lo largo de estos años? ¿Absolutamente nada?

—Ya basta…—sentí el latir de su corazón cerca al mío.

Sus brazos me habían tomado desprevenido, volviéndose en un abrazo. Lentamente, la bufanda de la cual nunca se separa, cayó lentamente al suelo. Su caer fue delicado, como la muchacha a la que sujeto. Mis ojos exploraron su rostro hundido en mi pecho para luego ir bajando la mirada y topar con su cuello. Las marcas que lleva en ese lugar son el recuerdo de un dolor que nunca olvidaremos. Quería pasar mis dedos sobre las cicatrices que mi negligencia causó. Imágenes de esa olvidada memoria vinieron fluyendo a mi mente. Un regalo de cumpleaños. La misma bufanda. Su apartamento. Su habitación. Mihara llorando de manera desconsolada. Fūka atada atentando contra su vida.

—…Fūka—sin esperar reacción alguna, devuelvo su abrazo y sujeto su cabeza lleno de arrepentimientos. Por primera vez sentí la calidez de su cuerpo y la reconocí por lo que realmente es, una mujer—Tu bufanda… no la tienes puesta.

Esas marcas traen recuerdos de un tiempo que desearía poder olvidar. Mi impotencia todavía se aferra a mi corazón con vehemencia.

—Eso es lo de menos…—se atoró con lo que parecía ser un llanto. Ella nunca llora, ¿por qué estará llorando?—Estas marcas son lo de menos ahora mismo.

Ahora entiendo. Los sentimientos que tengo ahora mismo… estos sentimientos son temor y amor. Tengo temor que Fūka vuelva a lastimarse de esa manera por mi culpa, por mis acciones desconsideradas. Kari es igual de insegura, si Kari se llegase a dañar por mi culpa nunca podría perdonarme. Lastimar a otra persona importante en mi vida… lastimar a las personas que quiero… ya veo… el cariño que siento hacia Kari no se ha esfumado. El cariño que dirijo hacia Fūka, es como si mi corazón pretendiera que ella es la pequeña luz de mi infancia. Eso significa que sigo… que sigo enamorado de Kari. No quiero que Kari se lastime de la misma manera que Fūka, ni que Fūka se vuelva a hacer daño a sí misma y atente contra su vida. Debo ser más cuidadoso. Tengo que serlo.

—Lo siento, lo siento mucho… debía… debí haberlo consultado antes contigo… no sé… no sé qué fue lo que me sucedió allá dentro… con tan solo pensar… con tan solo pensar que está al lado de Daisuke… que va a ser él quien esté con ella yo… con tan solo pensar que me advirtió, que me advirtió que si no hago algo me la va a quitar… es algo ridículo, es solo una fiesta pero… yo… yo quiero ser quien vaya con ella así que… así que actué sin pensar en los sentimientos de todos ustedes… especialmente el tuyo… prometí ser más cuidadoso con eso, no quiero que por mi culpa alguien vuelva a salir lastimado…

Solté todo lo que sentía mucho más rápido de lo que pensé. El silencio de Fūka me mataba por dentro. Temía lo peor, temía que su enojo saliera a la superficie. Sus sollozos habían cesado, solo para manifestarse ahora en mí. Por más que las gotas cayeran en mi rostro, logro distinguir entre las reales y falsas que fluyen en mis ojos. Lentamente, ambos nos dejamos caer de rodillas a la tierra, mezclándonos con el barro. Hasta ahora no soltaba mi sombrero mientras me seguía aferrando a Fūka, como si fuera lo único que me mantuviera en mi zona de confort. Me duele tanto el pecho que seguía forzando su cabeza en mi cuerpo.

—Perdóname, Fūka. Ahora todo está peor… solo quiero arreglar las cosas pero… como dices, eso ya es imposible a estas alturas" mi mano, lentamente, se hizo camino hacia su espalda para abrazarla con más fuerza y pegarme hacia ella, "Lo único que quiero es… quiero que Kari…

Mi falso amor levantó su rostro para mirarme con esos bellos ojos verdes que lleva consigo,levantar mi rostro y mirarlo fijamente, clavando mi mirada en la suya, que aún sigue sin vida.

—Como te lo vengo repitiendo, ya es suficiente… tu plan, la idea de hacer que Hikari se vuelva una persona más independiente, que deje de depender de los demás y actúe por sí misma… no tiene que continuar. Solo deja que las cosas sigan como están y verás que, con el tiempo…

—¡No!—exclamé de manera repentina.

Observé su estática figura, al borde de quebrarse para caer en un profundo abismo de lamentaciones.

—No quiero que eso pase… sí, es cierto que tras esa discusión hace cinco años atrás quería disculparme, antes de ir a hacer lo que debí haber hecho, me puse a pensar si mis palabras, en ese momento, tenían sentido alguno. Kari siempre anda detrás de Taichi, desde pequeña. Al crecer eso no cambió y tampoco conmigo. Su dependencia ante los demás es tan grande que, fue ahí donde noté, que quizás si en algún momento alguno de nosotros dos salía de sus vidas, ella no sabría qué hacer y tengo miedo… tengo miedo de que eso pase. Entonces, mi única solución fue no disculparme… eso incluso me trajo problemas con Yamato y con Taichi. Puede ser que mi forma de hacer las cosas no sea la correcta, Daisuke tiene que haberse dado cuenta de esto.

No pienso dejar que el tiempo vuelva a burlarse de mí una vez más. Fūka está equivocada, no debo rendirme, no debe rendirme, definitivamente no puedo pero… algo me dice que es cierto que ya es demasiado tarde. Estoy convencido que Kari corresponde los mismos sentimientos de Daisuke. La he observado todo este tiempo y esos ojos, esos brillantes ojos de un color ordinario se iluminan al ver a nuestro líder de aventuras pasadas.

—¿Daisuke…?

—Daisuke puede actuar de manera infantil pero, él realmente ama a Kari. Es capaz de darse cuenta de todo esto, incluso se me hace obvio por la manera en la que a veces actúa con ella. Sabe que Kari es dependiente y que ahora depende de él para mantenerse de pie. No estoy diciendo que él esté aprovechando de la situación para su beneficio… para mantener esa ilusión que siempre ha querido. Creo que teme romper la realidad en la que ella vive y por eso… por eso tengo miedo que… Kari corresponda los sentimientos de Daisuke en algún momento y yo… y que yo no pueda hacer nada por esta distancia… Él me la va a quitar… me ha advertido…

—Takeru… tú…

Lo admito. Estoy enamorado de Kari y siempre lo he estado. Extraño su sonrisa, escuchar su voz todos los días. Apoyarla y ayudarla, salir juntos sea para encontrarnos con los demás chicos o solo para comprarle comida a su gato, Miko. ¿Qué se supone que haga ahora? Me he dado cuenta de esto muy tarde. Quizás lo noté hace cuatro años atrás, ebrio con las bebidas que había tomado con Daisuke, en las que alardeaba mis supuestos beneficios de mejor amigos al decir que ella pasaría primero conmigo antes que con cualquier otro hombre. El abrazo de Fūka duele, me duele traicionarla de esta manera. Necesito escapar, escapar de este cariño que no merezco.

—Lo siento, Fūka. Tengo que irme de aquí… le prometí a Hibiki que pasaría por el consejo… abrígate y anda a casa.

Con eso dicho, logré salir de su cuerpo y dirigirme nuevamente a la escuela, no sin antes tambalearme todo el camino debido a que no tenía fuerzas ni para seguir con mi vida.


: : :


—No te me acerques—retrocedía Hibiki—¡No te me acerques!

Aquellas palabras que me recibieron al entrar al consejo estudiantil me causaron más dolor del que ya tenía. Lo primero que hace cuando llego es exclamar distancia ante nosotros, por más importante que haya sido su mensaje. Se encontraba temblando, abrazándose a sí misma. Me quedé estático, observando su cuerpo y profunda respiración. Parecía un estilo de terapia personal. A suerte mía, había conseguido un cambio de ropa que guardaba en mi casillero debido a las prácticas del equipo de baloncesto. Si no fuera por eso, estoy seguro que ella se hubiese puesto histérica al ver el consejo mojado por mi culpa. Además, ya había dejado de llover. En eso, logré observar como levantó el rostro, intentando poner un rostro sereno.

—Takaishi, creo que ambos sabemos la razón por la cual te llamé—su voz sonaba algo temblorosa.

—Pues, creo que si intentas ponerte autoritaria luego de gritar que no me acerque sin haber hecho nada no explica de manera concreta la situación, ¿no lo crees?—dije mientras arqueaba un ceja y colocaba ambas manos tras mi cuello. Espero haber sonado natural. No quisiera preocuparla con más problemas o involucrarla en lo nuestro.

—Sí, hazte el gracioso… lamento por haber hecho eso, ahora estoy mejor—su sonrisa me hizo bajar la guardia, "A lo que iba, ¿tienes una idea?"

Lo único que se me ocurre es el tema de la fiesta. Al momento que salí corriendo de la clase, Hibiki se encontraba ahí. Es muy probable que le haya resultado algo fuera de lo ordinario mi comportamiento y acciones hacia Kari en esta situación. Además, ella es ese tipo de persona, no puede quedarse quieta al ver un problema ante sus ojos. Volveré a pretender.

—Definitivamente no debo dudar de las gemelas Kanzaki, la manera en la que consiguen información es rápida—suspiré.

—En realidad no me enteré por ellas…—movió su rostro de manera mediática, antes de confesar.

Es ahora donde debo seguir este tedioso juego de pretender. No deseo causarle más molestias a nadie, en especial si es alguien cercano a mí, como ella. Ya es suficiente que se viera involucrada con la hermana menor de Fūka, podría volver a ser honesto con los demás algún día. Necesito decir algo para que se vaya ese rostro de preocupación.

—¡¿Entonces en verdad nos espías como Gran Hermano!?—traté de sonar lo más natural posible y decir algo descabellado, como lo haría Daisuke.

—Creo que 1984 de Orwell te está haciendo daño en literatura…—observé que volvió a sonreír—Cuando andaba por el pasillo escuché un chisme que habías escrito algo un poco… extraño… y dejado en la carpeta de Yagami.

—Si es sobre eso, mi respuesta definitiva es no" sin pensarlo, solté lo que pensaba, con mi voz fría y seca de casi todos los días—Tengo mis razones personales. Pensé que se trataría de algo más importante.

Siendo honesto, uno de los primeros escenarios fue ese, como pensé anteriormente. Temía que fuera cierto pero al final lo fue, razón por la cual mi ahora adquirida indiferencia hacia ella y el tema. Es cierto que hasta este momento no recordaba el hecho de haber dejado el papel pero, debo seguir pretendiendo que sabía que hacía con mis acciones en dicho momento. Además, ¿por qué está tan interesada Hibiki en este tema? No es como si ella formara parte de nuestro año. Los de quinto año de secundaria tienen su propia fiesta y no forman parte de la nuestra. En eso, la escucho suspirar.

—Entonces, definitivamente, ¿no irás?

—No—le di una respuesta cortante y directa.

—Ya veo…—con eso dicho, da media vuelta y arregla sus lentes—Oye, Takaishi…

Observo como empieza a jugar con sus propias manos, como si tuviera algún juguete entre los dedos. Su flequillo cubrió su rostro cuando logró enfrentarme una vez más, agregando un pequeño rubor en sus mejillas, "¿Recuerdas cuando me diste ánimos en mi primer discurso? Cuando fui elegida la representante en mi segundo año. Tú estabas en primero y…"

No pude evitar cortarle la conversación en este momento. Algo me dice, algo me dice que esto va mucho más allá que la simple reacción que tuve hacia Kari. Para que empiece a hablar sobre el pasado, sobre lo ocurrido hace años atrás, cuando recién ingresé a la secundaria, significa que desea mencionar algo importante y no deseo escucharlo, no estoy listo.

—No te di ánimos, Hibiki—cerré los ojos tras decirlo.

Sin embargo, no los mantuve en esa posición por mucho rato. Mis palabras habían causado dolor en ella. Volví a cometer el mismo error. Lastimar a alguien. Tanto deseo alejar a Hibiki de mi vida para que no se vea involucrada en esto para terminar siendo yo quien le haga daño, ¿por qué lastimo a todos? ¿Por qué cuando quiero ayudar a alguien termino haciéndole más daño, causándoles más dolor? Debo corregir mis acciones.

—Solo te di el empujón que te faltaba. Todo ese potencial yacía dormido dentro de ti. Lo hiciste perfecto. Demonios, hasta conseguiste dos seguidoras que te idolatran hasta el día de hoy…—traté de sonar de manera natural, aunque ella seguía sin mostrar cambio alguno—Oye, ¿en serio estás bien? Es la segunda vez que actúas de la misma manera…

Intenté acercarme a ella. Había cobrado la misma posición en la que nos encontramos minutos antes. Sus gritos volvieron a resonar en mi interior.

No te acerques. ¡No te acerques!

Aún así, di lentos pasos hasta estar en una distancia segura y acomodarme a su altura. La pequeña Hibiki levantó su cabeza y retiró sus redondos lentes, dejando ver sus singulares ojos grises, los cuales brillaban por las lágrimas que le causé.

—Pensé que lo habías olvidado…

—¿Cómo haría algo así? Más bien, me siento orgulloso de ti, de todo lo que has logrado por tu cuenta…—su cuerpo cayó rendido ante mi pecho. Nuevamente reconocí a una chica por lo que es, una mujer. Por primera vez entra en mi mente lo que significa tener una mujer en tus brazos, reconocer a una amiga por lo que realmente es. Mi corazón latía por tenerla así de cerca.

—Sabes… nunca voy a olvidar lo que hiciste ese día. Cada vez que debo dar un discurso frente a toda la escuela o incluso dentro o fuera del consejo, recuerdo ese momento y me siento invencible. Si lo deseara hasta podría conquistar el mundo—sus lágrimas caían en mi camisa, para volver a sentir el frío que ocasionan los sentimientos humanos, —¿Por qué me ayudaste? Pudiste haberme ignorado. Eras un alumno ingresante. Era tu superiora. No ganabas nada a cambio.

Cállate, Hibiki. Cállate. No sigas con esto. Te estás dañando con tus propias palabras, te estás dañando y buscándole significado a algo que no tiene. Nunca creí que esa acción la mantuviera de pie todo este tiempo. Nunca creí que fuese tan importante para ella. No pude evitar abrazarla cerca a mí, para tranquilizarla y darle apoyo una vez más. Nunca creí que… unas simples frases pudieran crear una dependencia tan grande. Su cabello turquesa brillaba debido al atardecer, creando un color mágico y sobrenatural. Estoy cansado de pretender sobre absolutamente todo y con todos pero, si eso ayuda a que Hibiki deje de llorar, estoy dispuesto a hacerlo.

—No pero, en vez de ganar, conocía una persona, a una chica fuerte, emprendedora, inteligente y, sobre todo, bonita. Querías formar un ambiente ameno para todos los estudiantes. Puedes haber tenido errores en el camino y fallar. Pero siempre había personas a tu alrededor para ayudarte, como Ai y Mai Kanzaki… inclusive a mí. Para mi tu eres una gran...

—¡No lo digas! ¡Es suficiente!—su repentino grito cortó mi voz—Solo me alegra saber que aún lo recuerdes y que pienses eso de mí. Realmente eres un chico amable.

Sin entender la razón de su exclamación, la ayudo a ponerse de pie. Quería creer que la sonrisa que me mostraba era verdadera, mas algo me dice que acabo de romper las esperanzas de esta chica. Siendo yo el niño elegido de la esperanza es realmente irónico ver toda la desesperanza que creo con mis acciones. Ambos empezamos a caminar para salir del consejo estudiantil y cerrarlo con llave. No había ni un solo alumno en el instituto educativo. La obligué a que se apoye en mi hombro para ayudarla a caminar, ya que se veía algo débil. Vamos a paso lento, rodeados de un perfecto silencio, junto al aleteo de algunas palomas y el sonido de los árboles siendo mecidos por el viento, ignorando la lluvia que los cubría tiempo atrás.

Hasta que se rompió.

Un grito, o más bien, dos, llegaron hacia nosotros. Esas voces. Reconozco esas voces. Estaba sucediendo el peor escenario posible. Esas voces son de Fūka y de Kari, no puedo equivocarme, estoy seguro. Provienen de la azotea. Si es así, la azotea está clausurada por reparaciones. Eso significa que la vida de ambas peligra si es que Fūka está teniendo otro ataque. Se supone que ya no tenía ninguno. Se supone que ella ya estaba mejor a no ser que… haya dejado de tomar sus medicinas como antes. No, no debo pensar eso, ella no haría eso. Me separé de Hibiki, casi tirándola al piso. Pensé que se quedaría ahí, sin decirme nada pero, su voz, me hizo entrar en razón.

—¡No se corre en los pasillos, Takaishi!

Empezó a seguirme, para ambos terminar corriendo, ignorando las leyes impuestas por ella misma. En eso, me sujeta la muñeca, logrando detenerme. Al ser hombre, tengo mucho más fuerza sobre ella, creí que la lastimaría si la separaba de manera brusca.

—¡Takaishi! ¿Qué fue ese grito? ¿Por qué vas a la azotea? ¡Es peligroso!—insiste.

—Es… es Fūka… digo, Hinanawi. Estaba gritando ahí y el otro grito me parecía que provenía de… Yagami… por eso mismo, no hay tiempo que perder—terminé tomándola de la mano, involucrándola en nuestro mundo un vez más. Subimos con rapidez las escaleras, para toparnos cara a cara con la puerta y un candado—¿Cómo así lograron entrar…?

—¡Takaishi, mira! Estos escritorios viejos nos pueden servir para salir por la ventana de la entrada a la azotea—dice mientras escala.

—Eres un genio, Hibiki—con eso dicho, me apresura para que mis ojos den con algo que si ella se entera, lo más probable es que me mate. Su ropa interior tenía fresas y flores, muy infantil para su edad y actitud. No pude evitar sonrojarme al imaginarla como una caperucita roja, recogiendo flores y alimentando conejitos con Zanahorias. Sé que no es el momento más idóneo para divagar pero me pareció divertido.

Cuando logramos salir, no creí encontrarme con la escena que estaba frente a mis ojos. Mi amor falso se encontraba, de manera literal, dominando a Kari en fuerza y Daisuke se encontraba herido con un palo de metal atravesado en el brazo. De alguna forma, intenté mantener la compostura.

—Hibiki, ocúpate de Daisuke. Trataré de detenerlas.

Hibiki se encontraba paralizada. No podía moverse. Sabía que la había involucrado pero no creí que acabaría en algo de esta magnitud. Tuve que volver a levantar la voz para que volviera en sus sentidos y acudiera a ayudar a mi mejor amigo. La silueta de Fūka se encontraba bañada por el rojo atardecer, el carmesí siendo la manifestación de todo su enojo e ira hacia la luz de nuestra infancia. Mi cuerpo, que deseaba moverse, no respondía ante mis órdenes, el temor se había apoderado de mí tras verla en esa condición nuevamente y, encima, admitir que es por mi culpa. Si no hubiese actuado de manera tan imprudente quizás… quizás esto no estuviese sucediendo, todos seguiríamos igual, como siempre. Yo soy el culpable, yo soy quien debería… estar en la posición en la que Kari se encuentra ahora mismo.

—¡Fūka!—sentí como mi grito resonó en la bruma del rojo atardecer. Las carcajadas que provenían de ella me hacían tener escalofríos y recordar la época cuando recién la conocí.

—¡Takaishi, qué está sucediendo, explícame!—exclamaba Hibiki, asustada por lo que veía, además de no saber cómo sacar a Daisuke y tratar su herida.

—Escúchame y mantente en calma, ¿sí? Verás que pronto acabará esto y te deberé una explicación—sin dudar un segundo más, me dirigí hacia ellas dos.

—Más te vale…—la escuché responder a lo lejos, mientras intentaba sacar Daisuke, quién había empezado a recuperar el conocimiento y decir el nombre de Kari de manera interminable. Definitivamente, Daisuke está dispuesto a dar su vida por ella.

Al sentir mi presencia cerca a la suya, Fūka hace un movimiento imposible con su cuello, el cual se encontraba ahora sí con la bufanda en su lugar, y dirigirme una mirada mientras aplastaba el cuerpo de Kari con su pie.

—Ay, Takeru, demoraste en llegar que casi te pierdes el espectáculo. Pero siempre reservo la primera fila para ti, amor mío. Voy a deshacerme de esta escoria que está en nuestro camino y así emprenderemos nuestras vidas juntos. Sin esta puta entrometida y así quitar toda duda que tienes. Es obvio que me amas, ¿no? Si no lo haces, me pondría muy triste… ¿sabes?

Si uno no la conociera tanto como yo, esos ojos fríos, le causarían escalofríos a cualquiera. Este cambio de personalidad, esta depresión que la rodea, vocabulario, es como si ella estuviera de nuevo ante nosotros, como si ella fuese quien hablara. La chica que llenó la vida de Fūka llena de miseria. Ahora es mi turno de enfadarme. Tanto progreso, tanto progreso por nada. Es como si todos estos años se hubiesen ido por el drenaje durante su tratamiento. Como detesto a esa chica, como la detesto. Es la única persona a la que he odiado tanto en el mundo. Es difícil llegar a odiar a alguien, un sentimiento negativo y cruel hacia otro ser humano. Se me hace difícil e imposible creer que yo odie a alguien hasta esta magnitud. Siento como si la tuviera a ella frente a mí en vez de Fūka. Es por eso que no noté en qué momento me acerqué corriendo hacia ella, con un fuerte puño que fue directo hacia su rostro.

Cómo te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio.

Te odio, Tokiko.


Con Fūka inconsciente, me acerqué a Kari, quien estaba por abrir los ojos luego de pasar un terrible maltrato. Para que decidiera volver con nosotros, tuve que darle un pequeño golpecito en la sien. Observé cómo, de manera pausada, ella volvía a nosotros. Aquellos ojos marrones, un color tan ordinario, escanearon rápidamente nuestros alrededores para, al final, descansar al encontrar a Fūka. Luego, en cuestión de segundos, estos volvieron a estar en paz cuando chocaron con Davis, aún agonizando pero Hibiki andaba ayudándolo a salir.

—¿Te encuentras bien?

Tuve que soltar la pregunta más obvia y estúpida de la faz del planeta. Mi preocupación hacia ella no dejaba de crecer, es muy probable que sea por eso que no se me ocurrió nada mejor que decir. Una vez más observe esos ojos tan especiales y percatarme que poco a poco un brillo en ellos iba creciendo, intensificándose. Aquellos ojos, tan especiales se convirtieron en un mar de lágrimas. Su cuerpo empezó a subir y bajar junto a su agitada respiración. Se encontraba quebrada, frágil, me nace la necesidad de protegerla de todo esto, de mi vida, todo lo que toco o establezco relación alguna termina de esta manera. En vez de transmitir esperanza, provoco la desesperanza. Gran elegido terminé siendo. Kari logró enfrentar mi mirada, negando con la cabeza como si fuese una pequeña niña.

—No… no me encuentro para nada bien. Tengo miedo… tenía miedo… estaba tan asustada… no entiendo…

Tal cuál escuché su voz, mi corazón no pudo evitar partirse en dos. ¿Cómo he podido estar lejos de ella todo este tiempo? ¿Por qué dejé que mi orgullo se interpusiera en el camino hacia el plan de hacerla más independiente? ¿Por qué la he tratado tan mal todos estos años? Con razón que Taichi me detesta. Con razón que Yamato sigue apático conmigo. Con razón que Ken dejó de pasar tiempo con Daisuke. El abrazo que le di en ese momento me hizo sentir que, por más que tuviese la intención de consolarla, me sirvió para finalmente notar y apreciar lo que tengo enfrente. A la persona más importante de mi vida, ¿cómo pude hacerle esto?

—Llamemos a Taichi para que te lleve a casa—murmuré, ahogando mi rostro en su corto cabello mientras que asiente. Me percaté que deseaba ponerse de pie, al querer salir de mis brazos. Quisiera sostenerla solo unos segundos más pero es imposible.

Me alejé para ayudarla y rechazó mi mano.

—Puedo levantarme sola… quiero ir a ver a Daisuke…

Su frágil figura se abría paso entre la pesadilla que todos acabábamos de vivir. No quisiera ser más egoísta de lo que ya soy y desear, anhelar que volviese a mis brazos. Lo siento, Daisuke. Lamento que te encuentres en esta posición por mi culpa. Opté por ir hacia Fūka para ayudarla y estar a su lado cuando vuelva a sus sentidos, lo cual, fue de manera inmediata.

Tal cual me acerqué a ella, sus ojos pardos, casi esmeraldas, escanearon sus alrededores hasta que dieron conmigo. Noté que esbozó una sonrisa, una sonrisa casi macabra y posesiva al reconocerme. Todavía se encontraba en su otro mundo, el mundo en el cual soy el único amigo que tiene y los demás sus enemigos. En eso, su atención fue dirigida hacia mi amiga de la infancia, quien todavía se hacía paso hacia Davis. Un sentimiento de pavor se apoderó de mi rostro, cosa que ella pudo notar. Su mente comprendió aquella reacción como una traición. Que la había apuñalado por la espalda. Antes de que yo pudiese reaccionar, Fūka se levantó de forma veloz. Le tomó menos de un segundo alcanzar a Kari, quién se quedó en frío tras verla. Ambos perdimos el color en nuestras caras, se nos erizó cada pelo de nuestra piel. Escalofríos recorrieron mi cuerpo y el de ella. Fūka tiene la intención de matar.

—¡Todo esto es culpa tuya! Deberías morir… ¡Hikari!

La fuerza con la que empujó el cuerpo de Kari fue tan brusca, que pensé por un instante que había destrozado cada hueso que la compone. Una gentil brisa rozó mi rostro, siendo esta la ráfaga que la elegida de la Luz llevaba consigo. Al no tener lugar en el cual su figura caer, la gravedad empezó a atraerla. A llevársela más de cinco pisos hacia abajo. Todo ocurrió en cámara lenta, como si fuese una cruel película de bajo presupuesto, corriendo en mi mente para evadir los sucesos reales. Extendía mi mano, pretendiendo que se estiraría y estiraría para alcanzarla, como si yo fuese el héroe de este filme que la salvaría.

—¡Motomiya!

El grito de Hibiki me hizo volver a la cruel realidad. Davis se encontraba corriendo con fierro oxidado, caído y malgastado, el cual atravesaba su brazo derecho. Aquella parte de su cuerpo, inerte, arrastraba el objeto dejando atrás charcos de sangre que brillaban como terciopelo escarlata. Por más que el mundo se haya puesto de cabeza en cuestión de segundos, él no dudó en saltar. Mi estómago no pudo evitar querer vomitar. La sensación de vértigo que me ocasionó hizo que cayera de rodillas al concreto de la azotea. Me ardía el brazo, era como si estuviese experimentando la herida que acababa de ver. Severa, muy severa. Una persona ordinaria no hubiese podido levantarse con tal pérdida de sangre pero Davis siempre es una excepción. Siempre logra sacar una fuerza sobrehumana cuando alguien se encuentra en peligro. Él nos salvó del Mundo de los Sueños de MaloMyotismon… y sé que jamás se perdonaría haber perdido a alguno de nosotros ahí. Esta situación no es excepción. La vida de Kari peligra.

De su Kari.

De Hikari Yagami.

—¡Maldito hijo de-!

Fūka, gracias a su don atlético, logró llegar al borde del abismo de la vida y la muerte justo cuando las piernas de Daisuke acababan de separarse de la azotea.

No puedo dejar que esto se vuelva una cadena, que ellos tres caigan y… y… no, no debo de pensar en el peor escenario… pero… no hay forma que alguien sobreviva esa caída. Qué ando pensando, debo de creer. No debo perder la esperanza… por más que me cueste creer en ella.

Mi cuerpo finalmente reaccionó para lanzarme hacia Fūka y evitar que se lanzara al querer alcanzar a Daisuke. La sensación de su vientre fue suficiente para tranquilizarme. Ella se encontraba histérica, tratando de huir de mis brazos, mientras sus manos buscaban algo en sus bolsillos.

La daga… Fūka tiene su daga aquí. Creí que ya se encontraba mejor. Nuevamente cometí un error. Un grave error.

Hibiki acudió hacia nosotros para que al final yo termine gritándole a que se aleje. Ya se ha visto demasiado involucrada en nuestras cosas, no quisiera observar… verla lastimada por mi descuido hacia Fūka. Antes de que mi falso amor tuviera la oportunidad de emplear el arma, no dudé en darle un golpe más. Fue ahí cuando comprendí.

Salvar a una persona significa ser incapaz de salvar a otra.


Desperté desubicado cuando observé el techo. Tras dar un giro en 180, caí al suelo de lo que aparentaba ser un sillón. Al levantar la mirada, observé a una niña pequeña, respirando profundamente mientras dormí. Fue en ese instante cuando recordé lo sucedido. La ambulancia, a Hibiki salir corriendo, mi petición egoísta, el mensaje que recibí de Kari para luego transmitirle el mensaje a Ken.

Daisuke está en coma.

Pensé.

Y es mi culpa.

Agregué.

En eso, un delicioso aroma invadió la pequeña sala de la familia Hinanawi. Al acercarme a la pequeña cocina, Fūka se encontraba de pie, preparando el desayuno. Con un delantal celeste, colocado encima de su uniforme, cortaba con un cuchillo una roja manzana hasta que nota mi presencia y lanzarme una cálida sonrisa. Se me hace imposible creer que la mujer a la que tengo al frente es la misma de la tarde de ayer.

—Cuando desperté me sorprendió encontrarte durmiendo en el sofá. Mihara se veía tan tranquila que no quise despertar a ninguno. Por eso opté por hacerles algo de comer—prosiguió su labor.

No dejaba de imaginar el cuchillo que llevaba en mano con la daga que deseaba sacar para apuñalarlo. La imagen de la sangre de Daisuke dejando un rastro por detrás y la daga no dejaban de aparecer en mi mente. No pude soportarlo más y terminé jalándola del brazo hacia su habitación. A lo lejos escuché a Mihara despertar, exclamando de emoción el hecho de que hubiese comida en la mesa, antes de cerrar la puerta.

Ahora era mi turno de observar a Fūka de la misma manera que ella hizo ayer conmigo. Examinaba toda parte de su cuerpo, sus expresiones, como si fuese un espécimen recién descubierto. Observé como juntó ambas manos en su pecho antes de hablar. Su voz salió como casi un susurro.

—¿Q-Q-Qué pasa? ¿P-P-Po-Por qué me miras así?—una diminuta tembladera se hizo presente en su cuerpo—Hice algo… ¿no? Esa mirada lo dice todo… ¡Dime qué sucedió ayer, Takeru!

—Antes que nada, te pido que luego de esto no pierdas la calma… ¿me lo prometes?—intenté retomar la compostura.

Asintió. Ahora viene lo peor. Al tener la boca abierta, vomité un mar de palabras.

—Ayer… ayer… empujaste a Kari del techo. Daisuke fue por ella, la salvó… pero… pero él… él está en coma, Fūka.

Coloqué mis manos en sus hombros, por si ella intentaba hacer algo. Se puso pálida y cayó rendida ante su cama. Sus ojos empezaron a perder vida y la sacudí para que volviera conmigo. Ahora viene el momento de la verdad.

—Fūka, mírame. Estás a salvo. Nadie ha presentado cargos, ¿has estado… tomando tu medicina?

—C-C-Como me siento mejor bajé la dosis y...

No creí que contestara tan rápido. No creí que fuera honesta conmigo. No sé si describir el sentimiento que tengo ahora mismo con la etiqueta de furia. Si es así, ¿furia hacia quién? ¿Hacia ella? Hace todo lo posible para seguir su tratamiento pero sin alguien quien la monitoree nunca se sabe si las toma o no. Entonces, ¿furia hacia mí? ¿Por no insistir? ¿Por tener un momento de debilidad y creer que Fūka ya está en condiciones de manejar su medicamento? O quizás… ¿hacia su hermano, Akira? ¿Por abandonarlas? No sé a quién dirigir este enojo. Observar su patético rostro fue suficiente para hacerme explotar e interrumpirla.

—¡¿Estás mal!? Por tu negligencia casi matas a alguien. Me prometiste que no volverías a hacer eso, ¡me lo prometiste!

Si poder escuchar algún reclamo de su parte, tomé la perilla de la puerta y empecé a irme. No sin antes soltar una frase o más bien, un veneno. Un veneno que sabía que la iba a lastimar, pero en el momento no lo noté.

—No eres más que un caso perdido.

Cerré la puerta. Salí del apartamento luego de recoger mis pertenencias, que era tan solo el celular, ignorando a Mihara y las disculpas de Fūka a la distancia.

Me acabo de comportar igual que Akira.


Día Siguiente


Tras llegar a la escuela me topé con una desagradable sorpresa, Fūka había venido a asistir a clase. Se escapó un murmullo de mis labios.

—¿Qué hace ella aquí…?

No me percaté que alguien se encontraba detrás de mí, hasta que dicha persona decidió empujarme y soltar lo siguiente.

—¡Oye!

Me congelé. Kari también había venido.

¿Qué está sucediendo en el mundo? ¿Por qué tiene que estarme sucediendo esto?

Decidí ignorar todos estos pensamientos a lo largo del día, el cual se me hizo tedioso y largo. Los profesores ya se encontraban al tanto de las noticias de Daisuke. Ahora es solo cuestión que los demás chicos se enteren. Taichi ya debe de saberlo por Kari. Yamato… digamos que debe estarme odiando ahora por no llamar a mamá a avisarle que no aparecería en casa. Es muy probable que Joe se tope con la sorpresa al estar haciendo prácticas en el hospital. Miyako ya se debe haber enterado por el mensaje que le envié a Ken anoche, además su prima fue una testigo. Es muy probable que Miyako le mande un mensaje a Iori. Koushiro y Mimi se van a enterar por Jyou. Sora por Yamato… o quizás por Taichi, no lo sé. Explicar todo esto va a ser un lío. Es por esta razón que no sentí el pasar de las horas. Mi mente se encontraba divagando, pensando en todas las posibilidades existentes. Mi cuerpo actuó de manera automática todo el día. Si establecí conversación con alguien pues no lo recuerdo. No podía evitar recordar la conversación que tuve con Daisuke.

«Prométeme algo, Takeru.»

«Prométeme que si algo me llega a pasar… fuese lo que fuese, sin importar las consecuencias, cuidarás a Hikari en mi lugar… irás con ella a la fiesta y ahí… finalmente podrán ser honestos el uno con el otro…»

«D-D-Daisuke, yo… eso no es algo que…»

«¡Prométemelo!»

«Prométemelo… también, no le cuentes nada de esto a Hikari… te lo pido, como un amigo. Si al final nada llega a pasar… debes darte prisa porque si no… si no… podría robártela para siempre.»

«Te lo prometo… como uno de tus mejores amigos.»

Gran amigo que resulté ser.

Los pocos rayos de sol de este abrumador verano iluminaban el rostro de Kari. Los cortes de la caída se encontraban todavía frescos, algunos incluso queriendo abrirse al estar expuestos. Colocó su mano gentilmente sobre una cicatriz, acariciándola. Es muy probable que se encuentre recordando a Daisuke, él quien siempre le alegraba el día.

«Prométeme que si algo me llega a pasar… fuese lo que fuese, sin importar las consecuencias, cuidarás a Kari en mi lugar… irás con ella a la fiesta y ahí… finalmente podrán ser honestos el uno con el otro…»

«¡Prométemelo!»

La desesperación de mi mejor amigo volvió a abrirse paso en mi mente. ¿Qué rayos haces, Takeru? Hundirte en tu propia miseria no va a ayudar a nadie. Tienes una promesa que cumplir. Le hiciste una promesa a Davis, como el mejor amigo que eres. No debes rendirte tan fácilmente. Si puedes crear desesperanza… es hora de romperla y recuperar la esperanza perdida.

Sin pensarlo dos veces, saqué un papel para anotar de manera veloz algo que pensé que arreglaría todo. Todos nuestros problemas. Tras haber dejado toda duda atrás, me hice paso hacia el escritorio de Kari, para nuevamente sorprenderla con mi estrepitosa aparición. Era evidente que la asusté, ya que soltó un pequeño grito. Por suerte, ya todos se habían ido. Teníamos la clase para nosotros dos. Tampoco había rastro alguno de Fūka, lo cual hizo la situación perfecta.

—Q-Qué… ¿qué quieres?" sus palabras parecieron salir atropelladas.

Sin intercambio de voces, extendí mi mano, en la cual se encontraba un papel. El papel que acababa de escribir. Un papel muy familiar tanto para ella como para mí. Sus manos empezaron a temblar sin creer lo que estaba sucediendo. Lo recibió con cuidado, arreglando y quitando los dobleces hasta terminar con lo que tanto temía. Era el papel sobre la fiesta de fin de año… y este decía lo contrario al original que dejé en su carpeta el día de ayer.

Sí asistiré.

Pareja: Hikari Yagami

Su cuerpo parecía estar a punto de desvanecerse. Tuvo que recostarse en la pared, mientras que yo intentaba mantenerme neutro para esconder el temor que me carcomía. Debo estar demente, no puedo creer que esté haciendo esto, ella va a ir con Daisuke y por más que él ya no esté, estoy seguro que ahora con menos razón asistiría… encima conmigo ¿Por qué creí que esto sería tan sencillo? ¿Cuál es el problema que tengo…? El pequeño papel se hacía añicos en sus manos, hasta que pareció recomponerse. Retomó la compostura y, sin lugar a dudas, destrozó la única prueba que me nos unió por un breve lapso de tiempo. La forma en que caían hacia el piso era como ver la nieve caer en el invierno… junto a una lluvia cristalina. Levantó el rostro para enfrentarme y, al ver sus ojos marrones, tan ordinarios y bellos, noté la tormenta que ella cargaba consigo, la cual trajo insoportables gritos y sollozos. Con sus diminutos y débiles puños empezó a golpear mi pecho. No me inmuté, mas bien, dejé que hiciera lo que deseaba conmigo, mientras sentía el rítmico sonar de sus nudillos

Mi silencio me pareció aterrador.

—¡¿Quién te crees que eres!? Jugando de esta manera tan cruel con mis sentimientos… ¡Tienes a Fūka! ¿Acaso no es suficiente? ¡¿Qué es lo que quieres de mí!? ¡¿Te gusta verme así!? ¡Porque eso parece desde años atrás!

—A mí tampoco me gusta esto, ¡¿está bien!?—mi repentina reacción no fue como la imagine. La verdad, no creí que sucediera algo. Sostuve sus muñecas con tal fuerza que tuve que contenerme, estaba dejando que mis sentimientos se interpongan para volver a notar lo evidente. Es un mujer, debo ser delicado con ella… es una mujer de la cual tengo derecho de enamorarme… ya no una niña con la cual corría en el Digimundo durante las vacaciones de verano—Siempre… siempre, siempre, siempre viéndome como el villano… el malo de la película, el que te dañó e hirió.

No pude evitar escuchar un sonido que salió de sus labios. Un gemido del dolor. Quería dejar de dañarla pero aquella voz, tan suave y delicada… quiero escucharla una vez más, hacerla solo mía. Empecé a apretar con más fuerza. Inclusive empecé a acercar su cuerpo al mío y alejarlo a la misma vez, como un vaivén.

—Ya, ok. Entiendo el drama pero, ¿no crees que ya es suficiente? ¿Cuándo vas a dejar de ser una víctima? ¿Cuándo acabará el acto? Oh cierto, ¡puede ser para siempre al confirmar que eres tan buena actriz en el festival cultural!" no dejaba de gritar todo lo que llevaba dentro. Quería escuchar esos sonidos una vez más.

Se encontraba con sus ojos cerrados, como si se sintiera inútil tras mi actitud agresiva, revelando que, efectivamente, no puede defenderse. Necesita que la protejan, es mi deber protegerla.

—¡Tú no entiendes cómo me siento!

Su exclamación hace que salga del trance. No entiendo cómo se siente realmente. Es por eso que la estoy agrediendo, para intentar generar alguna situación conocida para mí. La situación que conozco de pies a cabeza. La Kari indefensa que siente temor y necesita que alguien la ayude. Si creo ese temor… quizás la logre entender. Es hora de sacar todo lo que llevo guardado.

—¡Antes de criticarme y verme con esos ojos deberías tener en cuenta TODO por lo que estoy pasando en estos momentos! ¡No tienes ni la más mínima idea el infierno en el que estoy viviendo!

La atmósfera se volvía cada vez más pesada al estar intercambiando nuestros pesares en la mejor forma posible.

—No sé nada… no sé nada porque… ¡no sé nada porque nunca cuentas las cosas! ¡Ni lo que sientes, ni una sola emoción! Es como si te hubieras vuelto una máquina que imita el comportamiento humano con sentimientos artificiales, ¡se supone que éramos amigos!

Amigos. Se supone que éramos amigos…

«Prométeme que si algo me llega a pasar… fuese lo que fuese, sin importar las consecuencias, cuidarás a Hikari en mi lugar… irás con ella a la fiesta y ahí… finalmente podrán ser honestos el uno con el otro…»

«D-D-Daisuke, yo… eso no es algo que…»

«¡Prométemelo!»

«Te lo prometo… como uno de tus mejores amigos.»

Yo… yo… ¡yo!

—¡Nunca te consideré como una!

Mi voz resonó fuertemente en el salón de clase. Tan fuerte que sentí su retumbar en mi cuerpo, violando mi sistema. Mis manos que ataban a tales delicadas muñecas finalmente se abrieron, dando paso que la circulación vuelva a fluir. Kari da dos pasos atrás sin dejar de observarme, atónita. No puedo creer lo que acabo de decir… no puedo creer lo que acabo de hacer. Traté de crear esperanza y me autosaboteé tras escuchar a Kari ser indefensa. Al querer general una situación que extrañaba, la situación de protegerla y ser visto por aquellos ojos relucientes. Coloqué ambas manos en mi rostro, perdiendo el sentido.

Acaso… ¿acaso Fūka se siente de esta misma manera?

Esbocé una diminuta sonrisa. Mi mente ha colapsado.

—Creo que no podré cumplir esa promesa después de todo…—murmuré.

Kari soltó un gesto de confusión para luego ser opacado por un grito que me erizó la piel.

—Takeru Takaishi, ¡es suficiente!

Un ángel. Acabo de ver a un ángel salvador. Fūka.

—Lárgate de inmediato.

Me retiré de la clase, como si fuese un cadáver viviente.


Hospital


Tuve el valor de venir para que me caiga un baldazo de agua fría. Por más que haya venido para ver si me topaba con Kari sabiendo que iba a venir y así disculparme, también tenía yo que volver a la realidad. Darme cuenta que lo que hice en el salón de clases fue un acto de salvajismo, de deseo, de posesión. Al ver a Daisuke tras conseguir el permiso de sus padres me hizo aterrizar en la realidad. Las palabras que le dije a Kari no podrán ser borradas como el lápiz de un papel. Si tan solo existiera un detergente para eliminar el rastro de esas impurezas verbales. No quise quedarme más tiempo de lo debido. Verlo inerte, conectado a máquinas que no deseo analizar ni describir, lo único que lo mantiene conectado a este mundo. No sé cuantos minutos más me quedé observándolo, pensando.

Me alegra no haber sido yo.

Pensamientos negativos, sombríos, invadían mi mente.

Ahora seré yo quien esté con ella. Al fin saliste de mi camino.

Pensamientos llenos de malicia se apoderaban de mi mente.

No. No quiero… ¿por qué estoy pensando en estas cosas? ¡Yo no soy este tipo de persona!

De manera estrepitosa, salí de su cuarto. Por suerte, sus padres no se encontraban. Doy un suspiro de alivio. Sigo sin creer lo que veo y pienso, ¿qué me está sucediendo? Siento que con cada día que pasa, voy a terminar perdiendo la cabeza. Lo mejor será irme de aquí. Volver a casa. Dormir.

—Tk.

Una voz que no creí escuchar después de tiempo. Una voz monótona, que no parecía sorprendido de verme tras tanto tiempo. Levanté el rostro para observar a un amigo. Cosa que no creo que lo volvamos a ser. Un pantalón liso color gris y camisa color casi oliva, era la vestimenta que Ken Ichijouji había escogido el día de hoy.

—Ken.

Traté de retomar la compostura. No quisiera que me vea más patético de lo que ya me ve. Él empezó a avanzar, para pasar a mi lado y ambos acabar dándonos la espalda. El silencio se hizo evidente, atmósfera se volvía cada vez más pesada. Era como revivir aquellas épocas del Digimundo, cuando me sentía el portador de la justicia ante los viles actos de la oscuridad. Cuando me topé cara a cara con el Emperador Digimon, a solas, e inició nuestra pelea. No dijo nada más e ingresó a donde se encontraba Daisuke. Eso me hizo dar cuenta que, por cómo van las cosas, me encuentro completamente solo. Con nadie a quién lo pueda llamar amigo.

No quise quedarme a esperar ni un minuto más, temiendo tener que toparme una vez más con Ken. Quizás el destino quiere que me vaya a casa y piense las cosas en frío. Que si me encuentro con Kari quizás diga una tontería de nuevo. Empecé a caminar hacia la salida, tan solo para darme la sorpresa de que me equivoqué una vez más. Ahí estaba ella y su acompañante.

—Tk—la chica de cabello almendrado se encontraba sorprendida de verme dado mi comportamiento y su trato anterior.

—Fūka…—casi sin aliento, dije su nombre.

Mis ojos no dejaban de examinarla, hasta que dieron con mi objetivo principal: Kari.

—Gracias a Dios que sigues aquí. No sé qué haría si no te encontraba. Tenemos que hablar.

Ella se quedó perpleja, inclusive hasta pensativa. No sé si me estaba ignorando pero estaba lista para ingresar al hospital hasta que la detuve.

—Te estaba hablando a ti, Hikari—tuve que recurrir a la seriedad.

—Nos vemos mañana—Fūka fue ahora quién empezó a caminar de manera pasiva.

—Nos vemos…—susurró Kari.

—¿Puedo hablar contigo?—coloqué mi otra mano en su hombro.

—No hay necesidad de preguntar luego de habérmelo dicho—evitó mi mirada y bajó sus manos—Además, no sé si quiera escuchar lo que tengas que decir pero, si viniste hasta aquí debe ser algo importante, ¿nos sentamos en el patio?

Me di cuenta tarde de lo que había sugerido. Estaba pretendiendo como si lo que dije horas antes nunca hubiese sucedido.

«No sé nada… no sé nada porque… ¡no sé nada porque nunca cuentas las cosas! ¡Ni lo que sientes, ni una sola emoción! Es como si te hubieras vuelto una máquina que imita el comportamiento humano con sentimientos artificiales, ¡se supone que éramos amigos!»

«¡Nunca te consideré como una!»

Mi idiotez no salía de mi mente. Desafortunadamente, antes de que pudiese contestar, mi estómago interrumpió nuestro silencio.

—Pft. Mejor vayamos a la cafetería—formó una sonrisa burlona. Su sistema alimenticio la traicionó, imitando al mío.

—Pft.

Me expresé de la misma manera, para al final empezar a reír. Ella también lo hizo, ambos bajando la guardia y olvidando por un segundo todos nuestros problemas y preocupaciones.

Mientras caminábamos lado a lado, evitaba recordar la sensación que me invadió dentro de la habitación de Daisuke y mi encuentro con Ken. En vez de eso, recordé que hasta ahora no comprendía la mezcla de emociones que sentía hacia Kari. Admito que sigo enamorado de ella pero sigo sin entender de manera específica cada sentimiento del cual se compone dicho enamoramiento. Antes de que todo esto sucediera, antes de que estuviera con Fūka, era muy obvio que solo quería alejarla de mi vida. Solo quería que siguiera adelante y me olvidara. Salvo que, en estos últimos meses, el verla cerca a Davis, generaba inseguridad, molestia… inclusive envidia y no parecía comprenderlo. Ahora lo entiendo. Yo quiero estar con ella. Quiero disculparme con ella. Quiero recordar todas esas memorias de nuestro tiempo perdido y crear nuevas junto a ella, como antes.

Al llegar a la cafetería, ella ordenó un café con crema y un bizcocho de vainilla. Yo un café cargado junto a un sándwich de jamón y queso. Sin evitarlo, quise intentar establecer una conversación pero ella me ganó tras probar algo de su crema del café.

—¿Viniste a ver a Daisuke?

—Sí, no lo he visto desde ese día… ya sabes…—le di un mordisco al pan y me atoro un poco por el tamaño. Quería decirle todo. Quiero disculparme. Eso mismo voy a hacer. Estamos solos, sin presión alguna. Es el momento perfecto. El tan solo tenerla cerca a mí y verla compartir esta felicidad a mi lado hace que me sienta en paz conmigo mismo, evitando los temibles pensamientos que tuve donde Daisuke—Oye…"

Pero me interrumpió.

—Lamento haberme puesto así de pesada. Tenías razón Solo somos compañeros de clase y no debes contarme todo lo que pasa por tu cabeza. Lo siento mucho—acabó con una sonrisa.

¿Por qué no puedo decirlo? Yo… se supone que yo iba a pedir disculpas. No ella. Es como… es como si el destino se opusiera a que volvamos a ser como antes.

Me asusté con tan solo pensar en el hipotético escenario de no poder pedir disculpas jamás para luego ser transformado en frustración. Sin importar la temperatura de mi café, lo tomé todo de un solo sorbo. En cuestión de segundos empecé a toser por el calor y la amargura.

—¡¿Te encuentras bien!?—no podía creer lo que acababa de ver. La preocupación de Kari fue genuina, no forzada por mí, tal y como lo intenté hacer en el salón de clases. Antes de que acudiera a mi lado, levanté mi mano para hacerle entender que no era nada grave.

—No… es… nada—me recosté en el asiento y dirigí mi mirada hacia el horizonte. La noche había llegado y las estrellas brillaban de una manera hermosa.

—Y bueno… si es así… ¿de qué querías hablar?

Al escucharla de esa manera sentía como si, en verdad, todo ese tiempo perdido entre nosotros empezaba a recuperarse. Mi silencio fue eterno. No puedo decirle que vine hacia el hospital esperando toparme con ella, sabiendo que iba a venir, para así pedirle disculpas. Me empecé a sonrojar de lo detallado que sonó mi argumento personal que giraba en torno a ella, para al final preguntar algo estúpido.

—Fūka… ¿te dijo algo con respecto a la fiesta?

—Pues… no hemos hablado sobre eso.

Kari me está mintiendo al arrugar la nariz. No es que no lo hayan comentado. Ella no le ha contado en lo absoluto. Yo tampoco. Estamos rodeando de mentiras a Fūka.

—Ah… ya veo—mis palabras se mecieron con el viento—Ella no iba a ir y por eso yo tampoco pero, ella insistió que lo haga y por eso… pasó lo que pasó, te mostré el papel para ir contigo. Fūka insistió.

No me atrevo a decirle la verdad. Todavía no. No sé cómo tomará el hecho que no iré con ella. Me da miedo.

Empecé a hablar de manera atropellada, justificando mis acciones a través de una mentira improvisada. He vuelto a involucrar a Fūka y nuevamente sin consultarle. Encima, luego de nuestro argumento no se me ocurre mejor cosa. Soy de lo peor. Volví a devorar mi comida de manera estrepitosa, como si tuviera un ataque de ansiedad. Note que Kari me observaba de manera curiosa, sin comprender mi comportamiento. Avergonzado, cubrí la mitad de mi cara con la mano derecha, para así evitar contacto directo.

Pasaron un par de minutos más e intercambiamos palabras. Al final decidimos entrar a la sala para ver a Daisuke, ya que la temperatura había bajado y empezó a darnos frío. Por más que yo no deseara volver a ese lugar, no quería alejarme de Kari. Quería quedarme con ella todo el tiempo posible. No me importaba sin Ken me veía en ese momento y deseara partirme en dos al ser un traidor hacia Daisuke. Nos sentamos al frente de la habitación. La ventana que daba al pasillo se encontraba algo abierta y su rostro se veía pacífico, como si no estuviera en este mundo. Lentamente sentí como su cabeza empezaba a tambalearse. Por más que haya tomado algo de café, el sueño parecía apoderarse de ella, como si hubiese pasado una mala noche. Mi teoría era cierta al comprobar que llevaba unas ojeras considerablemente grandes, y su rostro se encontraba inflado por la falta de descanso y las cicatrices de la caída. Ella apoyó su cabeza en mi hombro, lo cual hizo a mi corazón saltar a mil. Su respiración es como música para mis oídos. Hace mucho, pero mucho tiempo que no me sentía tan en paz conmigo mismo. Tanto así, que no me percaté que me quedé dormido.

«Prométeme algo, Takeru.»

«Prométeme que si algo me llega a pasar… fuese lo que fuese, sin importar las consecuencias, cuidarás a Hikari en mi lugar… irás con ella a la fiesta y ahí… finalmente podrán ser honestos el uno con el otro…»

«D-D-Daisuke, yo… eso no es algo que…»

«¡Prométemelo!»

«Eres un caso perdido.»

«No sé nada… no sé nada porque… ¡no sé nada porque nunca cuentas las cosas! ¡Ni lo que sientes, ni una sola emoción! Es como si te hubieras vuelto una máquina que imita el comportamiento humano con sentimientos artificiales, ¡se supone que éramos amigos!»

«¡Nunca te consideré como una!»

«Me alegra no haber sido yo.»

«Salvar a una persona significa ser incapaz de salvar a otra.»

«Ahora seré yo quien esté con ella. Al fin saliste de mi camino.»

Abrí los ojos, para respirar de manera estrepitosa. Kari todavía dormía plácidamente a mi lado. El cansancio se había apoderado de mí, jugando con las memorias que creé el día de hoy y recordando cosas del pasado. Todo girando alrededor de mis grandes amigos… si es que todavía… se pueden considerar en ese categoría. Cerré los ojos nuevamente, temeroso de levantar a Kari y volver a soñar con lo mismo, solo para darme con la sorpresa que justo ella acababa de despertarse. Pretendí hacerme el dormido, tratando de disfrutar por unos instantes más sus cabellos en mi cuello y el olor a su shampoo. Aparentemente se había dado cuenta de su posición e intentó alejarse.

Mis deseos actuaron sobre mis acciones. Sujeté su manga, aún pretendiendo estar dormido, forzándola a regresar a la posición anterior. Su calor corporal volvió a mi lado, invocando felicidad. Me sentía el hombre más feliz de toda la Tierra, por más que estuviera traicionando a mi mejor amigo, quien nos podía observar desde su estado, en coma.

—Te importaría… ¿si nos quedamos así un rato más?—solté, apoyando mi cabeza en su cabello mientras movía mi mano para entrelazarla con la de ella.

Su silencio era todo lo que necesitaba.

Mi felicidad viene a coste de traicionar a los demás.

Lo siento Daisuke…

—Te amo, Kari…

Murmuré, antes de sucumbir como ella ante el cansancio compartido.


Espero que lo hayan disfrutado! Disculpen si fue muy largo o repetitivo y agregar a un personaje más ¿quién será Tokiko? ¿Por qué tanto odio de Tk hacia ella? ¿Cuál es su relación con Fuka?. Traté de recopilar todos esos momentos específicos en los cuales Tk se encontraba lleno de… dilemas y problemas interiores. Espero que de esta forma hayan logrado comprenderlo y su forma de ver e interpretar las cosas. Ahora sí, es hora de pasar a una nueva página y proseguir con esta historia. Hasta la próxima! Muchísimas gracias por leer!