Nota de Autora: Esta vez he decidido ser un poco más organizada. Me imagino que a varios se les hizo algo pesado el capítulo anterior al ser muy repetitivo pero realmente deseaba transmitir todos los pensamientos de Tk. Espero que les guste este nuevo capítulo!


Capítulo 19: Perdóname por Enamorarme de ti


3 semanas después


—Hermano, ¡ya me voy!

Por más de que fuese un sábado temprano por la mañana, la hermana menor de Taichi sale de manera estrepitosa por la puerta principal de su apartamento, junto con el bolso que utiliza como mochila escolar. Sus padres los habían dejado solos desde hace dos días debido a que fueron a visitar a su abuela, quien se enfermó debido a los bruscos cambios de temperatura que sucedían con frecuencia. El niño elegido del valor se encontraba recostado en el sofá de la pequeña sala, viendo un clásico programa matutino sobre farándula.

—¿A dónde me dijiste que ibas? ¿Al hospital?—preguntó Taichi, mostrando su cabeza con flojera. Llevaba un pedazo de pan en la boca y no dudó en seguirlo masticando mientras hablaba.

—Si sigues con ese hábito algún día te vas a… ¡ya estoy tarde!—sin responderle a su hermano, cerró la puerta con fuerza.

—Nunca me dijo a dónde iba… supongo que le escribiré un mensaje a su celular.

Deslizando su mano izquierda, con mucho cansancio, intenta acercarse al objeto sin querer estirarse para lograrlo. Aparentemente, Taichi tenía mucha flojera de levantarse para tan solo caminar una reducida distancia entre el sofá y la mesa del medio. Suspirando debido a sus maniobras, el muchacho seguía luchando para caer rendido al piso y golpearse la cabeza con la esquina de la mesa. En ese preciso instante, risas provenían del programa de televisión.

—¡Maldición!—soltó con furia—Encima la tele se burla de mí… ¡¿por qué la mesa no está más cerca al sofá!?

Olvidando su objetivo principal, el celular, sostiene el control y apaga el aparato. Se levanta, apoyando su mano en el lugar del golpe, el cual se encontraba de un color rojo intenso. Suspira desganado para dirigirse al baño y aplicarse alguna crema para disminuir el golpe. Taichi se encontraba pensativo, preguntándose por qué su mañana ha empezado tan mal. Al ver su rostro en el espejo, procede a esparcir la crema y percatarse que su barba estaba empezando a crecer.

Definitivamente este no es mi día.

Al terminar, tuvo la idea de volver al sofá y ser más cuidadoso pero la opción desapareció de manera rápida de su mente al ver el celular.

—¡Cierto! Iba a enviarle un mensaje a Hikari.

Esta vez, con más cautela debido a su adquirido odio hacia la mesa, obtuvo el celular y se desplomó en el mueble. De manera rápida buscó el número de su hermana para escribirle, no sin antes recibir una llamada de cierto número. Dudaba si contestar o no, debido a que no deseaba empeorar su mañana.

Repito, definitivamente este no es mi día.

—¡Taichi Yagami! ¡¿Qué clase de hombre te crees que eres!?

La voz que escuchó del otro lado de la línea casi le hace sangrar sus oídos. Sabía que cuando aquella chica lo llamaba, no significaba nada bueno. Inclusive tuvo la osadía de decir lo siguiente.

—Lo sentimos, el número que usted ha marcado se encuentra fuera de servicio. Pi…pi…pi…

—¡Tai-!

Sin dudarlo un instante más, cerró el celular. Luego, lo volvió abrir para cumplir su rol como hermano mayor. Empezó a digitarle un mensaje a Hikari para que le contestara a dónde se había ido y a qué hora volvía. En eso, escuchó un sonido provenir de la habitación de su hermana. Al ingresar, volvió a tomar noción que no parecían relacionados en lo absoluto debido al orden que cada uno llevaba. Donde Hikari, todo andaba en su sitio, incluso podía oler algo de canela al ingresar. El incesante vibrar provenía del escritorio, en donde encontró el celular color rosa de su hermana.

—… Hikari, ¿por qué?—lanza un suspiro de derrota—Ahora cómo se supone que voy a saber en dónde...

El timbre interrumpió su monólogo sobre la torpeza de su hermana. Alegre, piensa que es ella y sale de la habitación con el celular en mano. Decidido, empieza a abrir la puerta.

—Hikari, ¿cuántas veces te he dicho que...?

El rostro de Tai palideció. Una chica, muy bonita dicho sea de paso, se encontraba con sus manos hechas puño en la cadera, con una expresión de disgusto. Unos ojos color miel y cabello negro que se movía de manera incesante por el viento lo recibieron. Con una vestimenta que marcaba el fin del abrumador verano que los rodea, no dejaba de observar al niño elegido con una mirada llena de fastidio.

—H-Hola, Chise…

—Esto te pasa por hacerte el gracioso por el teléfono. Me imaginaba que te encontrabas en casa al ser tan temprano, necesitamos hablar de algo muy importante.

Sin esperar a que le den el paso, se quita los zapatos con gracia y delicadeza para que, llegado a la sala, se desplome en el sofá tal y como Taichi hizo minutos antes.

—Oye… esta no es tu casa, ¿sabías?

Chise Himawari, amiga universitaria de Taichi, quien se sabía toda la historia del mayor de los Yagami, le dirige una mirada fulminante. Aparentemente ya se ha enterado de la última andanza del moreno de cabello alborotado.

¿Acaso este día no se puede poner peor?

Dejó el celular de su hermana en la cocina y se abrió paso donde su amiga, quien seguía enojada. Taichi se imaginaba la razón, después de todo, ella nunca lo dejaba en paz cuando se trataba de todas las novias que ha tenido a lo largo de sus años de Universitario. Inclusive, era atormentada por el chico y sus incesantes quejas cada vez que se encontraba con alguna mujer que llevase sean de nombre, apellido o algún Kanji, con la palabra sora. El silencio reinaba entre los dos, el muchacho temeroso de decir algo que pueda ser utilizado en su contra. Chise trabajaba a medio tiempo en una tienda de conveniencias cerca a la escuela de Hikari y los demás, y Taichi se encontraba agradecido ya que de esa forma podía enterarse si Tk le hacía algo a su hermana.

—Taichi, Mariya me llamó anoche. Me sorprendió que lo hiciera e inclusive que no fuese llorando por el imbécil que le partió el corazón hace menos de una semana—colocó su dedo índice en la sien—Siendo sincera, sigo sin entender lo que cruza por tu cabeza. Es una muy buena chica y no cumple los requisitos de cargar algo relacionado con esa… frase. En fin, quiero saber que sucedió. Todo iba bien entre ustedes, inclusive fueron juntos al Festival Cultural de la escuela de Hikari y se la presentaste, ¿acaso no puedes asentarse con una sola chica de una vez?

Mariya Shinozaki es, o era, la actual enamorada de Taichi. Como Chise lo ha resaltado, todo parecía ir perfecto entre ellos dos. Taichi parecía estar olvidando a Sora, y, cabe resaltar, que es la chica con la que más ha durado en una relación. Chise se encontraba devastada, pero a la vez agradeciendo que no fuera cruel cuando rompió con ella, a diferencia de otras chicas. Sentía que necesitaba saber la razón detrás de todo esto. Se siente una entrometida pero considera a Taichi como un gran amigo. El muchacho se encontraba en silencio, sin querer dirigirle la mirada.

—No es tu problema—contestó de manera fría—Si eso es todo tan solo vete, no quiero hablar al respecto.

—¡No lo haré!—exclamó, acercándose a Taichi y sujetándole las manos.

El niño elegido del valor, valga la redundancia, sentía que no estaba siendo la suficientemente valiente cuando se trataba de enfrentar las acciones que cometía. Bruscamente, alejó las manos de Chise, lo cual entristeció a la chica. Él lo había hecho de nuevo, siempre se desquitaba con ella cuando algo no salía bien. Es cierto que le fastidiaba su impertinencia pero sabe que ella solo quiere lo mejor para él.

—Chise, por favor… no quiero hablar sobre el tema…—su voz salió casi como un hilo.

—Taichi…—se separa de él, para sacar su celular de su cartera y escribir un mensaje.

El chico evadía su mirada, para luego sentir como volteaban su rostro. Chise lo sujetaba de su mentón, apretándolo con fuerza.

—Es hora que te quites ese pijama, tienes una cita en diez minutos.

De manera autoritaria, se levanta del sofá, dejando a un confundido Tai, mientras ella se hace paso hacia la habitación del moreno. Tras abrir la puerta echa un suspiro.

—Pobre, Hikari… seguro debe limpiar tu desorden. Me cuesta creer que son hermanos.

Perplejo, Taichi lucha contra su cuerpo para también ponerse de pie y quedarse atónito cuando Chise ingresó a su santuario privado. La ropa interior del chico, que llevaban ahí semanas de semanas, se encontraban apiladas en una montaña en la esquina de la habitación. Separatas de lectura de Universidad yacían en el piso y el escritorio, el cuál necesitaba una buena limpieza debido a que inclusive se encontraban vasos de ramen instantáneo, unos encima de los otros, con comida dentro. La cama se encontraba deshecha, ropa limpia mezclada con la sucia y una caja de papel personal que no quisiera ella imaginarse para que lo utilice debido a que se encontraba cerca a la computadora. Se sonrojó por su pensamiento y negó con la cabeza, no es momento de eso. Ignorando sus alrededores, se dirige el armario para nuevamente toparse con ropa mal doblada y cajones abiertos.

—¡Chise, sal de aquí, es mi cuarto! ¿Te gustaría que yo hiciese algo así en el tuyo?—sin poder soportarlo más, Taichi quería morirse de la vergüenza. Sabía que la imagen que ella tenía de él en su cabeza no era perfecta pero, ahora con esto, todo se ha puesto peor.

¡No debí haber pensado que se pondría peor! ¿¡Por qué me anda sucediendo esto, por el amor al Digimundo!?

—¡Taichi! Eso es lo de menos ahora, el reloj está corriendo. Por mí no ha problema, ¿acaso tanta vergüenza te da? Si entraras a mi habitación no haría tanto escándalo al tenerlo limpio y ordenado—no dejaba de husmear en los cajones, tratando de encontrar algo de ropa limpia—Retiro lo dicho, no hay forma que Hikari limpie esto… y no creo que tu mamá lo haga. Ya estás grande, Taichi.

—¡P-P-Pues qué quieres que haga…!—replicó como si fuese a hacer un puchero—Nunca he tenido que limpiarlo yo…

—¿A qué te refieres con eso?—la muchacha seguía explorando el agujero negro de la habitación, para, en eso, detenerse debido a una idea descabellada que tuvo—No me digas… ¿¡hacías que tus novias lo limpiaran!?

Taichi quería morirse, que lo tragara la tierra. Cubrió su cara con ambas manos.

—¡No podía evitarlo! Veían el desorden y decían que tenían una urgente necesidad de limpiarlo y… quién soy yo para detener su bella amabilidad.

—¡Eres increíble, Taichi… no puedo creerlo!—seguía lanzando ropa de los cajones—¡Hasta que encontré algo!

Una camisa blanca, reluciente y limpia, cayó en los brazos de Taichi.

—¡Hey, mi camisa! Mamá logró sacarle la mancha del vomito de Agumon!

—¿Cómo llegó Agumon a vomitar en tu camisa? ¿Se la diste como abrigo o algo?

A Taichi le agradaba ese lado de Chise, que cree en la existencia del Digimundo por más que nunca haya ido. La primera vez que se topó de casualidad con Agumon, no entró en pánico. Más bien, le preguntó si era uno de los monstruos que salvaron Japón años atrás. En ese momento, el elegido del valor no sabía que decir. Agumon le contestó, afirmando los hechos, para que Chise sonriera y lo abrazara, agradeciendo que si no hubiese sido por ellos, ella no se encontraría con vida, al ser una de las víctimas de los aviones que fueron atacados por VenomMyotismon. Fue en ese instante en el que se percató, por primera vez, que sí había personas agradecidas por sus acciones, y no solo hacia los niños, sino también ante sus Digimon.

—Digamos que fue algo así…—Taichi se sonrojó al recordar ese día.

—¡Eso ahora es lo de menos!—finalmente, Chise había terminado de conseguir ropa limpia—Es momento de que tomes una ducha, andando.

Tras haber sacado las mejores toallas que consiguió, empujó a Taichi hasta el baño, lanzándole las toallas en el rostro.

—¿Qué estás esperando? Desvístete y métete al agua.

—Um… Chise… no creo que pueda hacer eso si estás mirándome desde la puerta—Taichi resaltó los hechos mientras se preparaba el agua y encontrar que estaba tibia, perfecta para ducharse.

Chise se mordió los labios. Luego los abrió, tragándose sus palabras. Al final, las palabras que soltó, contradecían sus pensamientos. Su mirada se nubló mientras producía su mentira.

—Vamos, Tai. No me vengas con tonterías ahora mismo. Eres como mi hermano, así que no te comportes de esa manera. Quiero asegurarme que irás limpio y decente a tu cita—sonrió ella, levantando su pecho con orgullo.

—¡Tan solo sal de aquí!—de manera brusca, Taichi le cerró la puerta del baño, mientras escuchaba carcajadas por detrás—Viene molesta, me da un sermón, luego que tengo una cita, entra a mi cuarto y ahora esto… pero que mañana más inusual.

De manera pausada, empieza a desvestirse, arrojando el pijama en un rincón, como de costumbre. Se adentra al agua, para sentir cómo todas sus preocupaciones se van. Cristalina como siempre, empieza a mojar cada rincón de su cuerpo, llenándolo de una sensación de frescura. El vapor que salía era suficiente para pensar que parecían nubes, imaginando que se encontraba flotando en el paraíso. Empezó a preguntarse de quién se trataba, con quién acababa de emparejarlo. No le gustaba la idea de tener una cita de improvisto pero sabía que Chise no lo hacía para fastidiarlo. Por alguna razón, siente que siempre puede confiar en ella y contarle todos sus problemas y cree que sucede lo mismo con ella.

Es como si Sora todavía estuviese conmigo.

Sacudió su cabeza, evitando tener esa clase de pensamientos. El shampoo que acababa de echarse olía muy bien, lo cual lo distrajo, solo para percatarse que se había echado el de Hikari. No entendía que le sucedía. Estaba muy distraído y no dejaba de imaginar que cómo sería si Sora volviera a su vida. Volvió a negar con la cabeza y se enjuagó. Al tener el jabón en sus manos, empezó a jugar con él en vez de proseguir con la limpieza. Salió del trance cuando escuchó a Chise casi romper la puerta, exclamando que solo le quedaban cinco minutos. Siguió con la tarea para salir a los diez segundos y cambiarse. Al abrir la puerta, la chica lo recibió con un silbido de asombro.

—Ahora sí eres otra persona—sonríe de esquina a esquina—Ahora vamos a perfumarte y…

Su nariz empezó a percatar un peculiar olor. Se acercó al niño elegido del valor, ignorando el sonrojo de este.

—Hueles a fresa… no me digas que usaste el shampoo de Hikari… ¿qué voy a hacer contigo, Taichi? Ahora vuelve a entrar y aféitate, que veo un par de pelos en tu cara.

—Chise, ¿por qué estás haciendo todo esto?—se atrevió a preguntar.

Una vez más, la muchacha tragó saliva. Aguantó un nudo en su garganta, mientras una sonrisa torcida se apoderó de sus labios.

—Es simple—dijo, con sus ojos color miel brillando—Quiero que empiezas a tomar las cosas en serio.

Perplejo, Taichi no parecía comprender las intenciones de su amiga quien, nuevamente, ingresó a su santuario. Él se afeitó de manera pronta para impedir que ella alterara el orden de la habitación. En eso, cuando Chise se encontraba buscando algún tipo de bufanda para abrigarlo, debido a que el clima estaba de patas arriba, encuentra una foto. En ella, se encontraba Taichi, de niño, con un balón de soccer. Al otro lado, un chico de cabello rubio y ojos azules, sonriendo. Al medio de ellos dos, una chica de cabello pelirrojo y un gran sombrero azul.

—¿Él es Yamato?—con la fotografía en mano, Chise se acerca a Taichi—Me sorprende que conserves algo así.

—N-N-No es cosa tuya…—apenado, Taichi le arrancha el único recuerdo que posee de su infancia—Sí, el es Yamato.

Una sonrisa pícara se manifestó en el rostro de la muchacha.

—Ya veo… es muy apuesto. Sora hizo una buena elección.

—¡Lamento no ser así!—apenado a más no poder, Taichi gritó

—Vamos, Taichi. Es solo una broma. Me parece increíble que puedas seguir siendo amigo de Yamato pero no dirigirle la palabra a Sora… eres muy extraño, ¿lo sabías?—nuevamente, Chise empezó a reír.

Chise se acerca una vez más a Taichi, colocando sus delicadas manos en el cuello del hombre y así acomodarle una bufanda color gris encima de la camisa.

—Ya estás. Es hora de ir a tu cita.


Pastelería


Al llegar al lugar prometido, Taichi tragó saliva. La figura que observaba a través de las ventanas mientras él se encontraba afuera, era la de su ex – novia, Mariya Shinozaki. Su larga cabellera rosa pastel caía de manera lisa hasta el suelo, casi tocando las puntas de sus sandalias con tacones. Sus ojos celestes buscaban de manera atenta algo, como si esperase a alguien. Su vestido blanco de verano se mecía con el vierto y el abrigo que llevaba en brazos no pensaba ponérselo. No deseaba desviar su atención por un segundo.

—Vamos, anda—Chise animó a Taichi, dándole un ligero empujón—Es una de las mejores chicas con la que has salido y merece saber la verdad. Todas las demás solo tenían la cabeza caliente por salir con el capitán del equipo de soccer, representante de la universidad en actividades deportivas, Taichi Yagami.

—Chise…—los ojos de Taichi reflejaban inseguridad—¿Estás segura de esto?

—Nunca había estado tan segura de algo—volvió a empujarlo—Rápido. No olvides ser honesto con ella.

—A veces no logro entenderte…—Taichi dio media vuelta para sobarle el cabello—Está bien. Es hora de ser valiente y enfrentar esto.

—¡Que no se te ocurra salir de ahí sin haber hablado todo!—Chise gritó mientras que el muchacho moreno se dirige a la entrada—Tú puedes hacerlo, Taichi.

Ella empieza a caminar, no sin antes observar a Mariya sorprendida de verlo y él nervioso por todo esto. Sonrió para sus adentros y prosiguió con su camino. Feliz de haber podido ayudar a un gran amigo. No obstante, aquella felicidad se transformó al alejarse. En cuestión de segundos, su rostro fue cubierto por las sombras, para al final sonreír con ironía sobre sus acciones.

—Solo un poco más. Soy capaz de todo. Desde un inicio lo he sido. Nada me detendrá ahora. Si te otorgo esta segunda oportunidad, ¿cambiará en algo mi objetivo?

Taichi observó que Chise ya se había ido. Miró a Mariya, para percatarse que, efectivamente, es una chica muy linda y educada, casi como una princesa. Él le abrió la puerta de la pastelería y ambos fueron guiados por un mesero a su respectiva mesa.

—Esto es algo extraño—admite él, cuando la tiene al frente—Lamento si Chise te forzó a hacerlo.

—No hay problema, Taichi—su dulce voz parecía romper la atmósfera tensa que el chico imaginaba—Estoy muy agradecida con ella. Tanto por escucharme y darme esta oportunidad. Estoy muy feliz de poder hablar contigo de nuevo.

Taichi empezó a preguntarse por qué. Chise nunca había hecho esto antes y Mariya parecía estarlo tomando todo en calma, a diferencia de sus otras novias que hacían un escándalo cuando volvían a verlo debido a la injusta ruptura. Sin querer admitirlo, es cierto que son injustas debido a que Taichi se aburría de ellas. Este no había sido el caso con Mariya.

¿Por qué terminé mi relación con ella?

—¿Desean ordenar algo?—el mesero, de manera sigilosa, había arribado a su mesa. La pareja no había ni tenido tiempo de observar la carta—¿Les doy un poco más de tiempo?

—Sí, se lo agradezco—con una sonrisa angelical, Mariya se despide del mesero—Me pregunto qué pediré. Ah, me vas a tener que invitar, Taichi.

—¿¡Qué!?—no parecía creer lo que estaba escuchando.

—Es broma. Tan solo quería ver tu reacción. Pareces algo tenso—ella tenía razón. Él no dejaba de pensar en todas las posibles razones por las cuales terminó con la chica.

Es linda. Educada. Amable. Un buen cuerpo. Hermosa sonrisa. ¿Por qué terminé con ella?

Mariya le hizo una seña al mesero para que volviera y tomara su orden. Un café latte, algo sencillo debido a que la plática que les esperaba iba a ser larga. Taichi no terminó ordenando nada.

—Taichi, me gustaría que seas honesto conmigo—empezó a jugar con sus manos—Quiero saber en qué me equivoqué. Sentía que todo iba bien entre los dos pero, quizás sea mi imaginación… siento que todo cambió ese día en el festival cultural.

—¿Festival Cultural…?—el niño elegido del Valor no parecía comprender lo que ella decía—¿A qué te refieres?

—Verás… siento que desde ese día nada volvió a ser igual. Quisiera saber por qué… ¿hice algo mal?

El rostro de preocupación en el rostro de Mariya hacía doler el corazón de Taichi. Aquello le recordaba a la mirada de Sora, la última mirada que la chica le dio. Tras hacer la relación, lo recordó. Ese día, cuando se separaron, se encontró con Sora. Por primera vez, luego de tiempo, lograron comportarse como personas maduras, como si hubiesen superado sus problemas. Su trauma con Sora no había aflorado con el simple hecho de pasar un rato lleno de diversión con ella.

Ya recuerdo. Fue por eso. En ese instante noté… que Mariya es demasiado buena para mí. Que no merece estar con alguien como yo. Porque… porque yo…

—No hiciste nada mal, Mari—para tranquilizarla, extiende su mano para entrelazarla con la de ella—Nunca has hecho nada mal. Eres… vaya, eres una chica perfecta. Es imposible que hagas algo mal.

—Taichi…—la tristeza que invadía el rostro de ella parecía desaparecer—Dime la verdad.

Ahora era turno de él. La tristeza había cambiado de cuerpo. Taichi sabía que tenía que ser honesto con ella. Chise le estaba dando una oportunidad, una oportunidad única. No podía desperdiciarla y decepcionarla.

Mariya merece saber la verdad. Es la única que merece saberlo.

—¿Fue por esa chica, no? Con la que me topé en el Festival Cultural cuando te encontré… ¿Sora?

Mariya había dado en el blanco, la expresión de Tai lo dijo todo.

—Lo sabía.

—Espera… Mari, puedo explicártelo…—las palabras que salían de su boca sonaban patéticas. Sonaban a una patética excusa que uno le dice a su pareja luego de hacerle un cruel engaño—Verás… mi pasado con Sora es algo… personal.

—Todo en esta vida es personal—suspiró ella. El mesero llegó con su café y empezó a moverlo con la cuchara de plata—No te estoy pidiendo que me cuentes toda la historia pero… me gustaría saber. Quisiera entenderte mejor, Taichi. Quizás… de esta manera… pueda tener una segunda oportunidad.

—¿Segunda oportunidad?—el muchacho moreno no parecía comprender las palabras de la chica—¿A qué te refieres con eso?

Mariya sonrió, divertida de lo ingenuo que Taichi podía ser a veces.

—Todavía me gustas. Taichi. Perdóname por enamorarme de ti de esta manera.

—¿Perdonarte? No hay nada que perdonar… yo… yo no sé qué es lo que siento en estos momentos…

Al escuchar la confesión de la chica, no hay duda alguna que se alegró. Era la primera vez que esto le sucedía. Nunca creyó escuchar la frase segunda oportunidad venir de los labios de una mujer.

Tengo que contárselo todo. Merece saberlo.

—Mi pasado con Sora… podría decirse que es algo complicado… pero estoy seguro que algún día podré contártelo—acababa de contradecir sus pensamientos. Él siente que ella debe saber la razón pero Taichi no parecía comprender del todo el conflicto interno que sentía—Pero creo comprender algo ahora. Que las segundas oportunidades existen.

—Taichi… me pregunto si algún día esa promesa se cumplirá—Mariya muerde su labio inferior, como guardando un secreto.

Ese gesto...

—Si es así, entonces anda por ella. Anda por Sora—finalmente dijo ella, acariciando su cabello rosa pastel.

—Prometo, definitivamente, contártelo algún día.

—Espero cumplas esa promesa, Taichi—le sonrió por última vez, antes de que el muchacho se levantara.

—Lamento mucho haberte robado de tu tiempo, aquí tienes para tu café y cómprate algo delicioso de mi parte—le extendió un par de yenes para luego darle un beso en la frente—Gracias, Mari. Haz sido la mejor.

Realmente lo fuiste y eres.

—Vamos, Taichi… anda antes de que me arrepienta de esto…—sus ojos parecían estarse llenando de lágrimas próximas a salir.

El niño elegido del Valor se retiró de la pastelería, decidido. Ya era hora de armarse del valor que posee y enfrentar todos sus temores. Sacó una vez más el celular de su bolsillo para marcar un número. La espera se le hizo infinita, hasta que contestaron al otro lado de la línea.

—¿Yamato? ¿Sora está contigo? Tenemos que hablar.


Espero haya sido de su agrado! Era hora de escribir algo de Taiora… o más bien, algo que incite al Taiora que está por venir. O quizás Sorato? Quién sabe! Muchas gracias por leer. Hasta la próxima!