Nota de Autora: Tiempo sin leernos! Este capítulo ha estado en mi mente por semanas y hasta ahora, que ando sentada mirando este documento en blanco, no tengo idea de cómo empezarlo de manera apropiada. La Universidad, como a todos, nos pone como locos y esta vez tengo menos tiempo para mí, al tener que preparar dos focus para una clase. De todas maneras, espero que lo disfruten y me digan sus opiniones al respecto. Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer las tonterías de esta autora frustrada! (no puedo creer que ya vayamos en el capi 20!)


Capítulo 20: La Voz del Corazón


Sentir la calidez, la suavidad de las sábanas contra mi rostro, la forma en la que moldeaban el resto de mi cuerpo que descansaba sobre finas plumas, impedía que empezara mi día de manera productiva. El sol que se rehusaba a dejarnos tranquilos por más que su tiempo dentro de la nueva estación que se avecina terminaba, hacía la tarea aún peor. Me hundí bajo la almohada, para bloquear todo rayo proveniente de mi ventana. Para ser sábado, la mañana se esmeró en despertarme tal cual amaneció con esta resplandeciente luz. No debería estarme quejando, me gusta pasar mis días de manera provechosa, sentir que no desperdicio ni un solo segundo pero, últimamente, sucedía lo contrario. Han pasado tres semanas desde el accidente, tres semanas que la familia Motomiya lleva sufriendo al ver a su hijo en coma. Mi sensación de culpabilidad y arrepentimiento es tan grande que cuesta engañarme a mí misma con ánimos falsos y así proseguir mí día a día. Retorcí mi cuerpo bajos las sábanas una vez más, recordando el vértigo al caer al vacío, protegida por él y, muchas veces, por las palabras que Jun mencionó cuando me encontré con ella el primer día. Quiero creer que quien me habló ese día no fue ella, sino alguien más por medio de su persona, lo cual considero muy poco probable dado al estado de paz en el que vivimos. No hay día alguno en el que falle en ir al hospital, siempre voy y me quedo por horas, por más que me encuentre sola en el corredor observando a un Daisuke conectado hacia la vida por medio de máquinas conectadas a electricidad. Di una vuelta más, tengo que seguir con mi rutina. El sonido de mi celular fue el incentivo que necesité.

Aquella melodía me libró de todo pensamiento indeseable que cargaba. Simplemente deseaba apaciguar o eliminar por completo el incesante sonar del dispositivo electrónico creado como una vía de comunicación. El timbre que escogí me hizo recordar a Tk, a él le gustaba esa tonada brillante. También me hizo recordar a Daisuke, quien la clasificaba como algo activo y lleno de energía. Cuando mis padres me regalaron por navidad mi primer y único móvil, todavía en primaria, recuerdo que pasé un largo rato pensando, entre todas las opciones que traía consigo, que sonido ponerle cada vez que tuviera una llamada. Todos nos encontrábamos en la sala de computación, antes de ir a visitar a nuestros amigos digitales al Digimundo. Daisuke y Tk jugaban con mi celular que era uno de los últimos modelos en ese entonces y el de ellos una versión anterior. Deseaban saber todos los beneficios y convencer a sus padres para que les compren uno. Yolei se encontraba conmigo y con Cody, los tres de nosotros conversando acerca de la forma en la que la tecnología avanzaba de manera acelerada. Mi mejor amiga, ensimismada con el tema, empezó a dar hipótesis sobre el futuro de nuestras D-Terminales y la forma en la que nos comunicaríamos en un futuro, cuando estemos separados. En ese entonces, creía que nuestra amistad, como grupo, era inquebrantable, fuerte como el acero. Finalmente, aquellos dos chicos que ahora ponen mi mundo de cabeza se acercan tras haber llegado a una conclusión neutral. He de ahí la canción que provoca que me levante y mueva el cuerpo, separándome del paraíso hacia la realidad. Incluyendo la realidad de ese lejano recuerdo y la ingenuidad del ayer.

Torpemente, estiré mis brazos y piernas antes de tocar el frío suelo de madera. Mi largo pijama color rosa pastel fue arrastrado mientras me hacía camino hasta el escritorio. Mi cabello, desordenado debido a la almohada, se encontraba casi como el de mi hermano. Antes de contestar, que dicho sea de paso es alguien muy insistente para seguir presionando hasta este punto, me hice paso hacia la venta para abrir las delicadas cortinas que tapaban la vista hacia el puente que caracterizaba Odaiba. Me fascina ver este hermoso paisaje cada mañana, siento que puedo olvidar todos mis problemas, por más difíciles que sean. De manera pausada, regresé al escritorio para sostener el celular. El nombre que salía tras abrir la tapa lo dijo todo, con razón tanta persistencia.

—¡Hikari, muy buenos días! ¿Te desperté?

La voz que provenía del otro lado de la línea le pertenecía a aquella chica, un año mayor que yo pero que se encontraba cursando un año dedicado a estudios Universitarios antes de ingresar, Miyako Inoue. Me parecía algo inusual que llamase a estas horas de la mañana, inclusive para ser sábado. Si fuera ella me encantaría dormir todo el fin de semana para así recuperar las energías perdidas tras tanto estudio durante la semana. Además, vivir sola da muchos beneficios con respecto a dividir tu tiempo libre, o esa es la forma en la que lo veo, es muy probable que me equivoque. Las palabras salieron llenas de energía, tal y como sucede cuando pronuncia su característica frase: ¡bingo!

—Miyako, qué sorpresa. No te preocupes, tenía que levantarme tarde o temprano. Las visitas al hospital empiezan un poco antes del medio día—repliqué mientras miraba el reloj de muñeca que yacía tirado en el escritorio que Daisuke arregló. Señalaba las seis de la mañana, hora muy pero muy inusual para llamar a alguien considerando el día que es—¿Sucede algo?

—Ah, cierto… el hospital. Sobre eso… ¿crees poder no ir hoy? No es que suceda algo importante es solo que… quizás puedas pasar por aquí. Hace tiempo que no hablamos y quisiera ayudarte en todo lo que se encuentre a mi alcance—sonaba preocupada, genuinamente preocupada.

No quiero contarle la verdad, la verdadera razón tras el accidente. No quisiera involucrar a Miyako en nuestros problemas, ya suficiente con los personales que tiene y, encima, con la actitud que Ken tiene últimamente. Me sentiría muy incómoda si él se encuentra ahí mientras platicamos. Aquella sensación apareció cuando empecé a salir con Daisuke por nuestro juego de pretender. Un día, mi falso amor apareció algo decaído, mencionando que había tenido una discusión con Ken. Los dos mejores amigos habían tenido una conversación seria que ocasionó que la relación entre ambos se vuelva algo ambivalente y sé que es por mi culpa. No es por el hecho de mi complejo de culpabilidad, Daisuke y Ken han tenido sus problemas por más compañerismo que tengan pero nunca lo había visto de esta manera. Desde ahí, he evitado a Miyako todo lo que he podido y me siento mal por eso. El simple hecho que ambos estén en una relación seria y no me esté llevando tan bien últimamente con él no significa que deje de lado a una gran amiga como lo es ella. Además, no es como si ambos estuvieran juntos todo el tiempo… no tengo nada que perder. Davis tiene como compañía a DemiVeemon y que no vaya un día… no creo que nada malo suceda. Necesito algo de aire fresco, distraerme. Para que Miyako llame a esta hora debe ser muy importante.

—Gracias. Sí, definitivamente nos hace falta actualizarnos cada una con la vida de la otra. Estaré pronto por allá, solo dame una hora para alistarme y estaré en camino—una sonrisa se dibujó en mi rostro, emocionada de verla una vez más.

—¡Bingo! Esa es la respuesta que esperaba—sus ánimos siempre me contagiaban y la distancia nunca fue una excepción, la imaginaba haciendo un gesto de victoria con sus dedos al otro lado de la línea—Cierto, antes de que lo olvide, no hay problema si vie...

Su voz fue interrumpida por el chillido de mi celular, expresando su agonía en luchar para mantenerse con vida al estársele agotando la batería. De manera frenética, empecé a buscar el cargador con la mirada, al no soportar el pitido que provenía del aparato. No lograba escuchar las palabras que Miyako mencionaba, al ser cortadas de manera constante. Abrí bruscamente el único cajón del escritorio, para encontrarlo guardado de manera ordenada, mérito que me contrasta con mi hermano, como si fuéramos polos muy pero muy opuestos. Tras tenerlo en mano, proseguí a enchufarlo, desconectando la laptop que utilizo muy poco. Ella seguía hablando sin parar, desconociendo el inconveniente que presentaba. Tal cual escuché el característico beep que indica la salvación del celular, Miyako finalizó la conversación.

—Entonces espero que no haya problema alguno, te estaré esperando, ¡nos vemos!

Colgó.

Me quedé con las palabras en la boca, incapaz de preguntarle qué fue lo que había estado hablando antes de ser cortada por la falta de batería. Resignada, dejé el celular para luego soltar un suspiro de derrota. Ahora no tengo ni la menor idea de qué se podrá tratar lo que estuvo diciendo hace unos instantes. No me queda de otra más que ir y descubrirlo, conociéndola se me vienen mil y un ideas a la cabeza pero no quisiera divagar con absurdas especulaciones. Es hora de alistarme para estar en el tiempo que le prometí, así que creo que debería empezar por ordenar un poco mi habitación. Dejé el celular conectado para llevarlo lleno de energía y así no pasar otro mal rato, luego de eso empecé a tender mi cama, la cual se encontraba casi lista debido a que no suelo moverme mucho durante las noches. Mi sueño es pesado, entonces eso facilita mucho las cosas a diferencia de tener un sueño ligero, cosa que mi hermano tiene y escucho sus quejas en la mañana. Ahora que nuestros padres nos dejaron por dos días debido a la salud de la abuela, solo depende de mí establecer el orden en este hogar ya que mi hermano es un caso perdido. Negué con la cabeza, resignada una vez más. Sin darme cuenta, la cama ya estaba lista. Todo parece estar saliendo a la perfección.

Al abrir mi armario, me choqué con la siguiente sorpresa: toda mi ropa es amarilla tanto como rosa, ¿me pregunto por qué? Sé que son mis colores favoritos pero eso no justifica mi mal sentido de la moda. Nunca sé que es lo que está in, como dirían Mimi y Miyako. Deslicé mis dedos entre las prendas, meditando que necesito, urgente, un cambio de guardarropa. Las cosas que ando pensando en estos momentos… en cierto modo, me alegra, ya que me distraigo de los problemas que cargo; desafortunadamente, mi corazón no piensa lo mismo al creer que traiciono a Daisuke de esta manera.

Después de todo…

—Es mi culpa—mi voz salió como un hilo, casi imperceptible por mí misma.

Volví a sacudir la cabeza. No es hora de deprimirse, debo llegar con buena cara donde Miyako para apaciguar toda preocupación que pueda tener. Me siento una mentirosa al ocultarle tantos detalles de mi vida; sin embargo, lo mismo se aplica a ella. Los problemas que lleva, los problemas que ha tenido, y me imagino que todavía tiene, con Ken, son algo que hasta ahora no me ha contado, no lo ha compartido con nadie, a excepción de su prima, Hibiki. No sé si sentirme celosa al ser relegada pero me imagino que deben haber ciertas circunstancias para haber sido ella y no yo. Tan solo recuerdo que Hibiki se me acercó un día, a preguntarme cómo seguía Miyako, cosa que no supe contestar al desconocer el tema. Fue ahí donde ella se percató que acababa de cometer un error y fue así como llamé a Miyako, sin poder evitar mi curiosidad y preocupación. Quizás, como hablamos, es hora de ponernos al día una con la otra. La ropa que mis manos sacaban sin razón alguna caía plácidamente en mi cama, como si bailaran en el aire antes de aterrizar. Sin ya saber qué hacer, dirigí la mirada hacia las prendas seleccionadas. Un sombrero de lana gris, con dos pequeñas orejas de oso encima, un suéter largo que llegaba hasta mis rodillas, color amarillo pastel, una bufanda rosa y sandalias color beige. Una combinación algo extraña, pero perfecta para el clima tan inusual que se está presentando. Los rayos de sol que veía hicieron que dudara sobre mi elección, así que prefiero ponerme un vestido de verano del mismo color y llevar conmigo una chompa pequeña, color blanco más la misma bufanda. Todo listo. Es hora de desayunar y luego darme una ducha.

Salir de mi habitación fue más difícil de lo que pensé. Tras acercarme a la perilla empecé a tener arrepentimientos con respecto a mi falta de compromiso. Me prometí visitar a Daisuke, hacerle compañía, todos los días. Ahora estaba por tener un día ordinario, como toda persona de mi edad tiene y disfruta. Nuevamente sentí como si lo traicionara. No, estoy segura que Daisuke entenderá. Debo ser fuerte, por él. Él quien devotó toda su vida hacia una persona como yo… estoy segura que quisiera que continuara con mi vida de manera normal. Eso es lo que haré. Me armé de valor para girarla y toparme con silencio y una sensación de vacío.

Mi hermano seguía durmiendo, lograba escuchar sus ronquidos provenir de la habitación al lado, disfrutando cada segundo de sueño. No quisiera despertarlo, mejor no prepararé nada y comeré las sobras de la cena. Con el pijama barriendo el piso de madera, llegué a la pequeña cocina y abrir el refrigerador, el cual se encontraba con muy poca comida. Han sido tan solo dos días y pareciera como si nos hubieran dejado más de un mes. Creo que debería hacer las compras un día de estos, mi hermano no parece tener un sentido de responsabilidad hogareña. Saqué una fuente con algo de pollo que preparé anoche y calenté un poco en el microondas. Me senté para masticar de manera lenta el alimento, saboreando cada pedazo que ingería. Pensé que mi talento en la cocina era nulo pero aparentemente el que tengo es lo suficiente para permitirme sobrevivir suceda dicho caso. Mi hermano solo sabe cocinar cualquier cosa relacionada con huevos debido a su experiencia con Yamato en el Digimundo, mucho antes de que me uniera al grupo. Sin percatarme, acabé el desayuno más rápido de lo pensado. Lavé lo que utilicé y me dirigía una vez más a mi habitación para sacar la ropa y entrar al baño para tomar una relajante ducha.

A diferencia de la vez anterior, en la cual mi hermano me jugó una broma de mal gusto al apagar la llave de la terma, el agua que caía en mi cuerpo se encontraba caliente, invitadora, deliciosa. Frotaba mi cabello con mi shampoo favorito de fresa, para luego pasar por todo lugar un jabón con olor a flor de cerezo. Una mixtura de olores se mezclaba con el vapor de la ducha, olores que disfrutaba al ser de mis preferidos. Mientras el agua limpiaba la espuma, empecé a recordar la tarde de cuando fui a visitar a Daisuke con Tk hace tres semanas. Le pedí disculpas por mi impertinencia y, por más que me doliera que dijera que nunca me consideró su amiga, en parte tiene razón. No tengo que saber cada detalle de su vida, seamos amigos o no. Es como yo, en estos momentos, con Yolei. Por el hecho que seamos amigas no significa que deba estarme contando todo lo que sucede con ella y viceversa. Además, no debo olvidar el suceso más impactante de toda la tarde, el hecho a que Tk me pidiera quedarnos un rato más en esa posición tan… romántica. Por lo menos a mí me parece romántico apoyar la cabeza en el hombro de tu persona especial. Tal cual lo pidió, me quedé en silencio para volverme a dormir, ignorando todo ruido del hospital. A la distancia, por más que estuviera a mi lado, me pareció escucharlo murmurar algo.

No tengo idea de qué habrá sido.

Cerré el agua y proseguí a secarme. No tiene sentido seguir pensando en esas cosas. Hoy es un nuevo día y es hora de hacer algo productivo en el. En un dos por tres me encontraba lista, con tan solo faltar secarme el cabello y echarme algo de perfume. Cuando salgo a la calle me gusta sentirme bien conmigo misma. Tras salir del baño y dejar que el vapor se esparza en el resto del apartamento, mi hermano se encontraba viendo televisión. Debe haberse cansado de intentar volver a dormir, seguro sucedió cuando me duchaba. No tomó noción de mi presencia, así que decidí saludarlo.

—Buenos días, hermano—dije mientras caminaba a mi habitación.

—Oh, Hikari. Buenos días, ¿dormiste bien?—desvió su mirada del programa de farándula matutino.

—Sí, me hacía falta—desde lo de Daisuke me costaba un poco por más que tuviera sueño pesado.

—Me alegro, a diferencia tuya a mi me cuesta mucho trabajo poder dormir, es como tener una pesadilla pero despierto—con eso dicho, vuelve a prestarle atención a la televisión—¿Hiciste algo de desayunar?

—No, comí las sobras de ayer. Si quieres algo ahí hay huevo. La nevera está vacía así que hay que hacer las compras mañana o a inicios de la semana—logré entrar a mi cuarto mientras secaba mi pelo con una pequeña toalla.

—¿Nada de nada? Que pereza…—resignado se hundió en el sofá—Encima no hay nada bueno que ver a esta hora, todo es televisión basura.

Prendí la secadora, dando fin a nuestra conversación. El aire tibio mecía mi corta cabellera como si me encontrara en algún campo lleno de flores, dejándome llevar por un viento mágico y primaveral. La toalla había funcionado, haciendo el proceso de secado mucho más rápido. Me perfumé y coloqué mis sandalias. En eso, en vez de sonar, vibra mi celular, el cuál seguía cargando. Era un mensaje de Miyako.

«Trae tus cosas de la escuela. No preguntes.»

¿Que no pregunte? Realmente hay muchas ocasiones en las que, repito, no entiendo que piensa. Saqué el bolso que utilizo como mochila y guardé las cosas necesarias. Ahora que me percato, ya se acercan los exámenes finales, debo ponerme a estudiar cuanto antes. Empezaré el lunes, cosa que aprovecho mañana, domingo, en dormir o hacer algo no productivo. Coloco mi reloj en mi muñeca para sentirme lista. Reviso todo, una vez más, frente al espejo, y lazo una pequeña sonrisa. Definitivamente, me hacía falta una salida, sea donde Miyako o a la esquina. Salgo por última vez de mi recámara y me tropiezo de manera estrepitosa al abrir la puerta hacia afuera, para decir las palabras finales.

—Hermano, ¡ya me voy!

De manera lenta y perezosa, él levanta su cabeza del sofá, con un poco de pan en la boca, un hábito que le he dicho miles de veces que deje de lado. Temo que se atore al tener algo tan grande mientras habla, al tener la manía de conversar con la boca llena.

—¿A dónde me dijiste que ibas? ¿Al hospital?—el pan bailaba en sus labios. Ahora que lo pienso no le he dicho a donde voy a ir pero su manía me desespera.

—Si sigues con ese hábito algún día vas a…—mi mirada se quedó clavada en el reloj que llevaba en la muñeca, dije que estaría en una hora, ha pasado una hora y media—¡Ya estoy tarde!

Sin dar lugar a más explicaciones, cerré la puerta y me aventuré camino a casa de Miyako, solo para darme cuenta a mitad de camino que olvidé el celular cargando en el escritorio.


Donde Miyako.


Al final demoré dos horas en llegar, siendo los treinta minutos extra aquellos que dediqué en viajar en tren. Ahora que Miyako vive por su cuenta cerca al centro de estudios, las distancias han crecido. Eso demuestra, de manera paralela, la forma en la que también nosotros crecemos, alejándonos los unos de los otros. Me encontraba frente a la puerta del pequeño departamento que abarcaba, a lo mucho, tres apartamentos. El de ella se encontraba en el segundo piso, medio malgastado por el óxido. Los precios de los inmuebles ha subido, así que me imagino que esto es lo mejor que pudo encontrar si desea ayudar a su familia en cuestión de ahorros para poder asistir a la Universidad que tanto desea ingresar. Suspiré y toqué el timbre. La puerta se abrió más pronto de lo que pensé.

—¡Hikari!—la muchacha de cabello lavanda me recibió con un fuerte abrazo, lanzando su cuerpo contra el mío. Ella sí que ha madurado en el departamento que menos tengo—Que bueno verte después de tiempo, pasa, siéntete como en casa. ¡My house it you home!

Su inglés no ha mejorado en lo absoluto, me provocó corregirla.

—Querrás decir my house is your house.

—Es lo mismo—replica, algo fastidiada—Vamos, deja tus zapatos y siéntete como en casa. Iré a preparar algo de té.

La cocina se encontraba cerca de la sala. Más bien, todo se encontraba cerca, anexado un sitio con el otro, era obvio que el apartamento es diminuto pero lo suficiente para que viva una persona. Por lo menos creo que está viviendo sola. El temor que tenía de encontrarme con Ken sin razón alguna ya que no tengo razón para tener miedo salvo esas especulaciones, desapareció para ser reemplazado por sorpresa, extrañeza, asombro. Frente a mí, en la mesa de madera cuadrada, se encontraban dos personas con libros, separatas y cuadernos esparcidos con algunas galletas de arroz, mientras estudiaban. Esta fue la razón por la cual Miyako me envió ese mensaje, resaltando que no preguntara nada al respecto.

Hibiki Inoue y Takeru Takaishi, se encontraban frente a frente, con ropa casual, halando sobre estudios. Me quedé perpleja debido a que los tres cursamos años diferentes. Tk y yo el mismo y Hibiki uno más, ¿por qué estudiar juntos si los temas son completamente distintos? Mi mochila se resbaló de mi hombro, dejando caer al suelo mi casaca blanca que llevaba cargada en el mismo sitio. El estruendo que provocó al estar llena de libros hizo saltar a ambos muchachos. Con una gran cola de caballo que sujetaba su cabello turquesa, la prima de mi mejor amiga, dejaba lucir su redondo rostro con gafas, resaltando sus short verde limón y polo negro sin mangas. Definitivamente ella pretendía encontrarse en verano con tal elección por más que andemos de otoño a invierno. El calor que traía cada mañana cargaba una insoportable bruma, para que al morir el sol se formara un majestuoso naranja. A diferencia suya, el rubio por el cual media parte femenina de la escuela moría por, vestía un pantalón oscuro y camisa blanca, perfecta por si había chance de ventiscas.

—yagami… llegas dos horas tarde. Son las nueve, se supone que estarías aquí a las siete—arregló sus lentes mientras imponía su autoridad de presidenta del consejo estudiantil, por más que sea fin de semana.

—"La verdad, no creí toparme con ustedes aquí— admití, levantando mi bolso y colocándolo cerca a la mesa, lugar en donde se encontraban las cosas de ellos y sentarme en una de las esquinas—Miyako no mencionó nada.

—¿No te dijo?—la voz de Tk me sorprendió, fluía con naturalidad. Desde ese día en el hospital nuestra relación se había vuelto más estable—Por un minuto pensé que no vendrías por eso.

—No me dijo nada…—me quedé pensativa. No recuerdo que me haya hecho mención de esto en ningún momento.

Cuando Miyako arribó con el té, lo dejó de alguna mágica forma en la mesa tras hacer espacio y sacar el plato con las galletas de arroz.

—¡Sí te dije!

Se encontraba indignada, como si le estuviera mintiendo. Observé a Miyako con curiosidad, pensando que definitivamente ella y Hibiki son primas al estar vestidas de manera similar, al igual que la silueta que cargaban. Hibiki era una Miyako en miniatura. Una Miyako de bolsillo.

—Qué raro… ¡un segundo!—fue ahí cuando lo recordé—Mi celular empezó a quedarse sin batería y se cortó toda la conversación. Seguro fue en ese momento cuando me lo dijiste.

—¡Bingo! Esa debe haber sido la razón, se resolvió el misterio—llena de energía, me abrazó del cuello—¿No te molesta, no?

—Para nada. Es algo inusual pero, para nada—admití, sin saber qué más pensar con respecto a la situación en la que me encontraba.

—Ahora veo que mi prima siempre les causa problemas con estas ideas improvisadas—se disculpa Hibiki—De un minuto a otro me encontraba durmiendo y luego despertando por su llamada, diciendo que quería hacer una reunión de estudios.

—Lo mismo sucedió conmigo, solo que fue un mensaje por mi D-Terminal. Salvo que sí mencionó algo de traer mis apuntes luego de decirme que quería hablar de algo importante—suspiró Tk, no sin antes quitarse aquél característico sobrero de encima y usarlo como abanico—Pero qué calor hace para ser otoño…

A él le pasó lo mismo que a mí. Miyako debe estar tramando algo y utiliza los estudios como un pretexto. Sabe que los tres estamos ocultándole algo y desea saberlo. Merece saberlo, es tan amiga de Daisuke como nosotros. Hemos tenido incontables aventuras, travesías, de todo. Estas brechas han hecho que nuestras relaciones se rompan como un frágil hilo rojo del destino, aquél que nos ataba a todos y ahora es inexistente. Antes de contestar, observé una vez más mis alrededores. Para tener una apariencia desastrosa por fuera, Miyako cuidaba muy bien de su pequeño y acogedor hogar. Una vez más, empecé a pensar que definitivamente no vive sola. Sé que es cuidadosa y ordenada pero alguien tiene que estarle recordando constantemente al ser, en ocasiones, distraída consigo misma. De seguro sus hermanas y hermano vienen a visitarla, de paso que ayudan en el proceso.

—A mi igual, lo de los materiales de estudio me tomó por sorpresa—agregué.

El silencio se empezó a hacer incomodo una vez que los tres le dirigiéramos una mirada sospechosa a la chica de cabello lavanda, quien empezó a sonreír algo nerviosa, con sudor que provenía del rostro.

—¡Pongámonos a estudiar que a todos se nos acercan los exámenes! Es un buen momento para que vean todo el conocimiento que he adquirido.

En derrota, los tres suspiramos al unísono. Si Miyako quiere pretender ignorancia que así sea, el calor hace que tengamos menos ganas de presionarla, por más que ya nos imaginemos el verdadero propósito de esta reunión. Todos empezamos a enfocarnos en nuestras tareas, de vez en cuando intercambiando miradas. Lo que Miyako tenía era, definitivamente, muy avanzado para nosotros tres. Estoy convencida de que Koushiro y Jyou serían los únicos en comprender dicha información. Hibiki andaba luchando con el inglés, siendo muy mala al igual que su prima, cosa que me sorprendió ya que al ser la presidenta tiene muy buenas calificaciones. De vez en cuando, sentía como Tk me observaba de manera detenida, como si me contemplara, me siento como una obra de arte en un museo siendo consumida por su hermosa mirada, que me comía por dentro intentando comprender mi significado artístico. Al ya no poder más, me ruboricé. Nuevamente sentí traición. No es momento de sentir esta clase de sentimientos, estoy haciendo esto por Daisuke, porque sé que él quisiera que continuara mi vida para bien, no para andar coqueteando con otro chico. O por lo menos eso creo que es lo que está sucediendo, a no ser que me equivoque.

Las horas empezaron a pasar volando, cada quién ayudando a quien lo necesitaba. La idea de Miyako no fue tan descabellada después de todo. Logramos ayudarnos entre los cuatro y aprender cosas nuevas. Charlábamos de temas triviales, lo cual nos hizo sentir a nosotros, lo elegidos, como si subiéramos a una máquina del tiempo y retornábamos a aquellos momentos dorados de nuestra infancia y juventud.

—Ya casi va a ser hora del almuerzo. Luego de eso un descanso para poder tener una buena charla entre todos—menciona mi mejor amiga, sin separarse de su cuaderno lleno de apuntes—Hibi, ¿me acompañarías a preparar la comida?

—Está bien—Hibiki deja sus cosas y va tras su prima, dejándonos a nosotros dos solos, con una atmósfera que pasó de felicidad a seriedad.

Hasta ahora, Tk y yo, no habíamos vuelto a estar a solas desde ese día en el hospital, luego de que Fūka se fuera tras encontrarnos los tres. En la escuela andábamos juntos, en especial ella y yo. Conversábamos sobre temas triviales y visitábamos a Daisuke juntas cuando se podía. Su sentimiento de culpabilidad era mucho más grande que el mío, tan grande que a veces la escuchaba decir cosas sin sentido. Que cada vez que acudía a verlo escuchaba voces o algún sonido. Era muy inusual ya que a la hora que vamos no pasa mucha gente por ese corredor. De seguro debe estar muy estresada. Sin embargo, no dejaba de preocuparme. Aparentemente, Tk no sabía nada al respecto, solo yo. Eso me hace dar cuenta que Fūka me considera su amiga. Es por eso que he decidido hablar con Miyako y demostrar esa misma confianza que la novia de Tk tiene hacia mí.

—Oye, Kari…—la voz del rubio me sacó de mis pensamientos. No creí que él iniciara una conversación—¿Cómo sigue Daisuke?

Últimamente me dice Kari más seguido.

Se me atoraron las palabras, no sabía cómo empezar a hablar. Mi locuacidad se vio reducida a algo mínimo.

—Bien.

—¿Bien? ¿Eso significa que ha habido alguna reacción?—se encontraba preocupado pero a la vez esperanzado de una respuesta positiva de mi parte.

—L-L-Lo siento, más que bien sigue igual, como siempre… ya van tres semanas y no muestra alguna reacción, como sujetar la mano de su madre cuando se la da o inclusive la de DemiVeemon—solté con melancolía, recordando los ojos del Digimon cuando no recibió algún apretón de su camarada.

Tk se acomoda, estirando sus piernas de alguna manera.

—Ya veo…—el silencio volvió reinar entre los dos, hasta que una vez más él fue quien lo rompió—Oye, Kari…

Volvió a empezar de la misma manera, lo cual me sorprendió una vez más.

—Dime.

—Ese día… en el que nos quedamos… d-d-d-dormidos… y-ya sabes…—no terminó su oración tras voltear el rostro para no dirigirme la mirada. Empezó a agitar mucho más fuerte su sombrero debido al fuerte sonrojo que observé en él, como si de esa manera fuese a apaciguar el ardor que sentía. Yo no era excepción alguna, tras ponerme en el mismo plan al recordar lo sucedido—¿R-R-Recuerdas lo que dije?

¿Lo que dijo? ¿Dijo algo? ¿No aluciné entonces?

—Me pareció escuchar que dijiste algo pero estaba muy dormida… ¿era importante?

La expresión que hizo no sabía si tomarla como alivio o decepción. Creo que una mezcla híbrida de ambas. Su sonrisa torcida dejaba mucho que desear. Nunca lo había visto con semejante semblante. Sus ojos tan azules como el océano me observaban y los míos, tan ordinarios como de costumbre, se hundían en los suyos. Estos sentimientos que cargo conmigo, ¿qué será lo que significan? ¿Traición? ¿Amor? ¿Amistad? No lo sé. Muchas incógnitas surgen en mi mente, incógnitas que por ahora no tendrán respuesta alguna. El silencio volvió por tercera vez, para en esta ocasión, permanecer. Mi corazón no dejaba de palpitar de manera acelerada al tenerlo tan cerca luego de tanto tiempo, tanto así que me emocionaba el simple hecho de compartir este espacio solo los dos. Mi cuerpo empezó a actuar por su cuenta, mi respiración se agitaba, deseaba sentir su calidez una vez más, como ese día. Mi mano se deslizó hacia mi derecha, lugar en donde se encontraba mi mortal enemigo. El sudor fluía por mi cuello, cayendo en boca al escote de mi vestido, un escote que si tuviese algo más de… cómo se diría, pechonalidad (las palabras de Miyako), se vería algo atrevido y coqueto, inclusive seductor. Mi respiración se cortaba, deseaba detenerme pero mi mente hacía caso omiso. Tengo miedo que él lo tome de mala manera, que me rechacé y volvamos a ser como antes, que esto arruiné la relación que se está enmendando. Estoy traicionando a Daisuke de nuevo. Mi mano se detuvo a centímetros de tocar la punta de sus dedos, se quedó congelada en el tiempo, incapaz de avanzar y/o retroceder. Tk no parecía notarlo, seguía concentrado en bajar su calor corporal provocado por las palabras que mencionó minutos atrás.

¿Por qué tardarán tanto Miyako y Hibiki? No creo que Miyako haya tenido la intención de dejarnos a solas, lo dudo mucho. Por más que suene a algo que ella haría, no creo que esa haya sido la razón por la que nos llamó. Me pregunto que andará haciendo Fūka en estos momentos.

¡Lo tengo!

—¿Qué es de Fūka?—solté la pregunta al aire, esperando a que el rubio conteste, si es que lo hace.

Perplejo por la pregunta, su rostro parece volver a la normalidad.

—Me imagino que en casa, no he hablado con ella el día de hoy.

—Vaya, pensé que siempre hablaban—a veces mi falta de delicadeza me sorprende.

—Supongo, pero últimamente me ha pedido algo de espacio. Debe de estar con muchas cosas encima… me preocupa—la honestidad de Tk fue algo inesperado. No creí que se preocupara tanto por ella, tanto para poner una expresión como la que estoy viendo ahora mismo. Sus ojos perdieron todo brillo y hundió el rostro entre sus hombros—Dice que tiene cosas que hacer pero estoy seguro que se encierra en su habitación, por lo que sucedió…

—Tk...

Como instinto, mi mano terminó de acercarse a la suya, colocándola encima. Fue más un acto del tipo paternal, como si fuese su madre y deseara protegerlo. Se ve indefenso, no me gusta verlo así, ese no es el Tk Takaishi que conozco. Él no pareció inmutarse en lo absoluto. Quería decirle sobre las voces que Fūka dice escuchar, los ruidos y sonidos que la atormentan, que seguro por eso se encierra en su propio cascarón.

El sonido del timbre no fue lo suficiente para sacarnos del trance en el que nos encontrábamos sumergidos, ahogándonos en nuestras penas y temores. De fondo, la banda sonora eran las voces de Miyako y Hibiki, charlando sobre la suerte que habían tenido ya que les faltaban ciertos ingredientes para el almuerzo. Se escuchabn bolsas, utensilios, el salpicar del aceite en una distante sartén… hasta que la figura que apareció en el diminuto pasadizo a la sala se hizo visible.

Ken se encontraba paralizado, mirándonos. Sus profundos ojos examinándonos a ambos, sin poder analizar lo que estaba frente a él. En ese preciso instante, Tk apretó mi mano. Mis dedos que yacían encima de los suyos se entrelazaron con los míos, formando un apretón que transmitía seguridad, protección. Como si hubiesen detectado al enemigo y desearan dar señales: no te preocupes, aquí estoy, a tu lado, para protegerte. Esas eran las emociones que me transmitían. Siento que mis suposiciones hacia Ken eran ciertas. Todos nuestros lazos se han roto, dejando atrás una mezcla de sentimientos incomprensibles, salvajes, indomables por tanto dolor y ambivalencia. Nuestros corazones no tienen voz para hablar lo que guardamos, por ende nos dejamos llevar por lo emocional superficial.

—Miyako…—murmuró el último niño elegido en unírsenos años atrás, el de la bondad, el chico lleno de amabilidad, amabilidad que le cuesta de vez en cuando demostrar ante los demás, a excepción de su pareja, eso creo—¿Qué hacen aquí.. en mi casa?

—¿En tu casa? ¡Esta es mi casa!—replica mi mejor amiga, haciendo caso omiso a la escena mientras saca la cabeza de la cocina, dejando a Hibiki valerse por sí misma frente a la sartén que salpicaba aceite.

Ken echa un suspiro, notando su error.

—Lo siento, tu casa.

—Así suena mucho mejor—satisfecha, junta ambas manos en su cadera, asintiendo para sí misma—Aunque, técnicamente es nuestra porque pasas tanto tiempo aquí que se siente de esa manera, así que todo bien. Perfecto. ¿Podrías corregirlo de nuevo?

Nuestra casa.

—¡Bingo!

Y todo era perfecto para ella, hasta que tomó noción de la situación tras soltar una diminuta expresión de incomodidad.

—Ken, un momento.

Perplejos, Miyako arrastra a Ken a la cocina. Tk y yo soltamos un suspiro, sin separar nuestras manos. Sabemos que Ken considera a Daisuke su mejor amigo. Son mejores amigos. Dejando como un plus el hecho de ser compañeros de la Digievolución DNA, Ken puede sentir lo que Daisuke siente. Es una explicación que nos dieron tiempo después. No es casualidad que entre todos hayamos sido emparejados, hay motivos que yacen implícitos que causan aquellas Digievoluciones. Ken y Daisuke se complementan, Miyako y yo nos complementamos y lo mismo va para Tk e Iori. En ese entonces, cuando Daisuke dijo sentir el latir del corazón de Ken, nadie comprendía del todo aquella explicación hasta que cada uno la sintió. Cuando Gatomon y Hawkmon se fusionaron, logré entenderlo. Al sentirme conectada con Miyako me parecía finalmente asimilarlo todo. Ese lazo fue tan fuerte que sentí como si me volviera una sola con Miyako, de seguro así se deben sentir nuestros Digimons cuando formaron a Silphymon… ¿cómo pude olvidar aquella sensación? Puedo sentir el pasar que ella lleva consigo, no hay necesidad de pedirle que me lo explique, yo lo entiendo. Solo debo hablar con ella, no pedir. Miyako nunca lo olvidó, es por eso que me llamó porque sabe que hay algo diferente conmigo, no es por el simple hecho de Daisuke, ella siente lo que yo siento. Lo mismo se aplica con Ken y Davis, es por eso la antipatía que transmite. Ken sabe que algo definitivamente está mal, es por eso que le incomoda y fastidia el hecho que Daisuke salga conmigo, al poder entender los sentimientos. Para que se encuentre con esa expresión, Daisuke debe estar experimentando algo en su estado de coma, tanto así que afecta a Ken, ¿qué podrá ser?

—¡Ken, espera!—Miyako sale tras él, no sin antes sonreírnos algo incómoda cuando él pasó a nuestro lado para pasar a una habitación. Sus ojos dieron con nuestras manos, las cuales seguían juntos, inseparables, y se apretaron con más fuerza al verlo a él, generando una expresión de tristeza, disgusto, fastidio, una mezcla de emociones en su rostro.

Sabe que estamos traicionando a Daisuke.

—Miyako, por favor… después seguimos con esto—cerró la puerta sin emoción alguna, decepcionado de lo sucedido.

—¡Eres un tonto!—mi mejor amiga cayó de rodillas al suelo, no sin antes soltar un par de lágrimas al ser llorona—¡Tonto!

—Prima, ¡ayúda!—el grito de Hibiki sacó a Miyako antes de que se hunda en su cólera y miseria—¡No puedo controlar el fuego!


El atardecer había llegado y el calor de este insoportable e inusual otoño no disminuía. Agradecía haber cambiado de opinión con respecto al conjunto de ropa. Todos habíamos terminado de estudiar y nuestros deberes escolares, para luego tomar algo de té para digerir la comida que casi quema la presidenta y fue salvada a último minuto por la mayor de las Inoue. Ken seguía encerrado, cosa que Miyako arregló con pretextos diciendo que se encontraba cansado de estudiar tanto. Que la visitaba casi todos los días y a veces pasaba la noche con ella para hacerle compañía, traerle comida de parte de sus padres que venían de la tienda que manejaban o simplemente por cualquier motivo improvisado que salía de su boca. Hibiki fue la primera en irse, diciendo que se le iba a hacer tarde para regresar a casa, al vivir mucho más lejos que nosotros dos, Tk y yo, de Miyako. Ahora los tres solos en la sala, era hora de empezar a hablar. El naranja ocasionado por la bruma coloreaba como pasteles y acuarelas el, muy probable, futuro hogar Ichijouji-Inoue. Lentamente, ella arregló sus gafas, no sin antes mirar, igual que su novio horas atrás, nuestras manos. No se separaban por más sonrojo que ambos tuviéramos. Era como si se encontraran pegadas con una súper goma. Tomo impulso para levantarse y tocar de manera ligera la puerta, esperando señal alguna. Era como si hubiesen quedado de acuerdo en conversar los cuatro una vez que Hibiki se fuera. La presidenta pretendía hablar de manera común y corriente con Tk, pero detectaba algo de tristeza en su voz, como si entre ellos hubiese habido una especie de rechazo. Nuestros corazones tienen tanto que decir, que nuestras bocas no sirven para manifestar su voz.

—¿Ken?—pregunta luego de dar un par de golpecitos en la gastada puerta de caoba.

De manera sigilosa, la puerta se abre un poco. Desde aquí no podía observar el rostro o inclusive la silueta de Ken. Tk volvió a apretar mi mano, en señal de protegerme si es que algo sucedía. Hace mucho tiempo que no sentía esta sensación, me recuerda a nuestra infancia. Siento que puedo depender de él. Irónico, porque eso es lo que menos desea, le dije que iba a demostrarle que era fuerte y dependiente.

Aún así, ¿por qué me alegra tanto esta acción tan egoísta?

—Hibi ya se fue, ahora podemos hablar entre todos. De nuevo lamento no haberte dicho nada…—cabizbaja, mi amiga, heredera del amor y la pureza, podría hacer brillar en este mismo momento ambos emblemas.

La acción de su novio fue inesperada inclusive para mí. Tk y yo nos sonrojamos al ver tal acción de cerca, en especial al tratarse de ellos dos. El emblema de Ken se encontraría brillando de la misma manera como nuestros rostros al derramar toda gota de amabilidad de su cuerpo. El beso en la frente que le dio a Miyako fue la cosa más tierna, más hermosa, una acción tan bondadosa y llena de perdón, de disculpas, que he podido ver. Su mano acariciaba la suave piel de ella, para colocar un par de cabellos tras su oreja y sonreírle. Todo eso me hizo recordar una vez más a Davis. Esos movimientos, esa caricia, Daisuke hace lo mismo conmigo.

¿Cómo he podido pasar por desapercibido tan hermosa manifestación de amor? ¿Por qué estoy traicionando a alguien tan… bueno como Daisuke? ¿Por qué mi corazón se rehúsa a decidir? ¿Por qué en alguna parte desea que sea Tk quien actúe de esa manera conmigo?

Muchas preguntas sin respuesta que trajeron consigo un pensamiento negativo.

Le tengo tanta envidia a Miyako.

De la mano, tal y como lo estábamos nosotros, trajo a su novio para así sentarlo a su lado. Nadie sabía por dónde empezar. Ken cargaba consigo un aura diferente a esa que trajo consigo cuando llegó. El haberse encerrado quizás sirvió de algo para arreglar la mezcla de sentimientos que aparecieron al vernos, a los traidores. Ahora fue mi turno de ponerme cabizbaja, solo para sentir seguridad al observar con cariño el apretón de Tk. Esa seguridad que me transmitía, era como si él estuviera cumpliendo un rol diferente, como si tratase de comportarse no como él mismo, sino como Daisuke. Daisuke haría algo así en una situación como esta, ¿por qué hace esto?

—Chicos, en verdad lamento mucho haberles mentido de esta manera. No se me ocurrió nada mejor porque pensé que si se trataba de otra cosa no vendrían. Como pregunta aparte, ¿la pasaron bien?—retomando su compostura, mi mejor amiga nos dirigió una sonrisa cálida, que me llenó con un agradable calor. Amos asentimos como respuesta—Bingo, eso me gusta. Por como sabrán, hace mucho tiempo que no nos reuníamos de esta manera. Sería fantástico si Iori estuviera con nosotros pero me contacté con él al respecto. También se encuentra muy preocupado por Daisuke y sabemos que hay algo más tras esa historia, algo que no quieren decir.

—Miyako, verás…—sin pensarlo, abrí la boca para justificar nuestras acciones, una traición más hacia Daisuke, por más que supiese que él no quisiera delatar a Fūka.

Una voz que casi no había sonado en toda la tarde, vibró.

—Es verdad, lo siento mucho por no haber dicho algo antes—de la manera más formal posible permitida dentro de nuestra cultura, Tk pidió dichas disculpas. Ambos muchachos que teníamos al frente se sintieron apenados, al ver a uno de sus amigos hacer algo de semejante magnitud—Es una situación muy delicada pero, me gustaría que no juzguen de manera ciega lo que les voy a decir. Kari no tiene la culpa de nada, ella solo se vio metida en estas circunstancias por mis acciones insensatas, inmaduras e insensibles.

Si tan solo me dijera aquellas palabras a mí, para enmendar lo sucedido cuatro años atrás. Aquello me haría tan feliz, tan feliz que haría que estos sentimientos negativos se fueran. Esta envidia, este dolor.

¿Qué me está sucediendo? Lo siento, Daisuke.

—Adelante, te escuchamos. No vamos a juzgar, por lo menos sabes muy bien que yo no haría eso—no creí que Ken fuese quien contestase a Tk. Su mirada aún seguía llena de duda con respecto al principal traidor de Daisuke.

—Su nombre es Fūka—suelta en un murmullo. Apreté mucho más su mano, asustada, temerosa por lo que va a venir. Quiero abrazarlo, decirle que no tiene que hablar, que no involucre más personas. La voz de mi corazón sigue aprisionada.

—¿Fūka? ¿Acaso ese no es el nombre de tu enamorada?—suelta Miyako, con esa ingenua inocencia.

Tk demoró en responder. Parecía estar dudando. Como si estuviese debatiendo que responder. Me resulta extraño porque no hay nada que ocultar con respecto a ese hecho. No es como si estuviesen pretendiendo tal y como Daisuke y yo.

—Sí, es mi pareja… y desafortunadamente la causa de todo esto.

La charla empezó y siguió y siguió. No tomé noción del tiempo. Me deje sumergir en el mágico mundo de la narración de mi mortal enemigo, mientras contaba a lujo de detalle todos nuestros problemas, nuestras relaciones, la manera en la que hasta Hibiki se encontraba involucrada. Estoy segurísima, positiva, a que Tk sería un buen escritor, todo apunta hacia ello. Cuando se llegó a la peor parte, su mano se hizo mucho más fuerte, manifestando el temor que sentía. No podía creer verlo tan frágil el día de hoy, una faceta que casi nunca mostraba, y menos cerca a mí. Observé como Miyako, hizo mismo, acercándose a Ken. El la abrazó por detrás, para darle la seguridad que necesitaba. Las estrellas brillaban en el cielo, la luna iluminaba el hogar, los grillos cantaban continuando la canción que las cigarras dejaron atrás, todo mientras la voz de Tk proseguía con el relato. Al finalizar, ambos de nuestros amigos se encontraban sin palabras. El rostro de él cubierto por el pequeño flequillo que carga, y el de ella con lágrimas, debido al dolor que le causaron los hechos. Estoy segura que Miyako ha detectado que Fūka es una buena chica, he por ello su dilema interior con respecto a qué emoción sentir en dicho momento. Por el otro lado, a Ken no se le podría leer, ni interpretar. No estoy segura si se encuentra lleno de ira o anda analizando algo de lo que hemos dicho.

—¿Cómo pueden proteger a alguien tan peligroso como ella?—finalmente, el defensor de Daisuke habló—Estoy convencido que, efectivamente, Daisuke querría eso pero, ¿acaso no están olvidando algo importante? Él pudo haber muerto, no se juega con una vida, ¿¡entienden!? Es única, se debe de valorar, ¡si ustedes valoraran a Davis ella no debería andar libre! ¿¡Cómo saben si él va a despertar!? ¡¿En cuánto tiempo creen que eso suceda!? ¿Acaso creen que al despertar recordará? ¿No han pensado que podría darle algo de amnesia? ¡Tan solo son basura, son escoria!

Sin poder reaccionar de manera rápida, Miyako no pudo hacer nada antes de que Ken volviese a encerrarse de nuevo. Todos nos quedamos en silencio, asimilando lo que él había dicho. No lo había pensado de esa manera. Sabía que Davis pudo haber muerto pero al no haber sucedido, dejé eso de lado, alegre de que no hubiese sido el caso. Mas, si lo hubiese sido, ¿seguiría pensando que Davis quisiera que Fūka anduviese libre? Me pregunto si Tk pensará lo mismo. No logro leer sus pensamientos mediante sus expresiones. Mi mejor amiga volvió a sentirse incómoda, en especial tras escuchar las últimas dos palabras: basura y escoria. Palabras que Ken no había vuelto a usar desde la época en la que era, hace muchos años atrás, el Emperador de los Digimon. Era como si esa faceta suya resurgiera al tratarse de temas delicados, como si su otra personalidad o persona, se desatara. Se encontraba asustada, asustada en el sentido del trato que él nos había dado.

—Lamento la actitud de Ken pero, quisiera que lo entendieran un poco. Ustedes saben que él… valora mucho la vida de los demás. Tras perder a Osamu y Wormmon, tiene temor de haber perdido a Daisuke tal y como perdió su hermano. De chico deseaba que Osamu se fuera y… se fue. Ahora con el problema de Daisuke, la relación de ellos no iba tan bien porque… porque empezó a salir contigo, Hikari—no pude evitar hundir mi rostro—Ken se enfadó con Daisuke por eso y sentía que tenía que disculparse. Tenía una mala sensación. Ahora ocurre esto… le molesta que tomen a la ligera el hecho que Daisuke esté en coma y no muerto, siendo esa una posibilidad de la caída.

Tk empezó a temblar, como si estuviese recordando algo. A la misma vez, también lo hice yo.

—Patamon…

—Wizardmon…

Una vez me contó esa historia, el sacrificio de Patamon, como Angemon, en la pelea contra su primer enemigo, Devimon. La forma en la que su compañero, su amigo, de deshacía en partículas de datos, creyendo que jamás lo volvería a ver para, al final, volviese a la vida en forma de huevo. Oportunidad que se les niega a los humanos. Con Wizardmon fue muy similar, también un sacrificio para salvar mi vida y la de Gatomon ante Myotismon. Salvo que él no pudo renacer.

Sacrificio. Esa es la palabra.

Daisuke se sacrificó por mí y tuvo la suerte de no morir. Es por eso que las palabras de Ken nos han afectado. Tiene razón. Todos hemos perdido seres queridos por la vida tan frágil que poseemos. Esa es la voz que nuestro corazón tiene, la que desea hablar y no puede. Deseaba decir que estábamos traicionando nuestra percepción sobre el sacrificio que hacen los demás a coste de su vida. Patamon, Wizardmon y Wormmon se sacrificaron por el amor que le tienen a esas personas. Los tres murieron, solo dos renacieron. El hermano mayor de Ken murió en un accidente, razón por la que pensó que su compañero Digimon no volvería. Si aquello sucediera con mi hermano… estoy segura que no perdonaría a Fūka por lo de Daisuke. Lo que hizo no merece perdón. Daisuke podría estar muerto. Es Fūka quien debería pagar por todo.

Puedo escucharlo. Finalmente puedo escuchar los sonidos de mi corazón. Lo que desea.

—Puedo escucharlo…—susurré a nadie en particular.

—También puedo escucharlo…—Tk sujetó mi mano con mucha más fuerza.

—¿Chicos? ¿Se encuentran bien?—el rostro de Miyako reflejaba genuina preocupación.

—Las olas… el sonido del mar…—ambos dijimos a la misma vez, para observarnos en asombro y terror.

Sin dudar ni un segundo más, Miyako se levantó en pánico para romperle la puerta a Ken, solo para ser abrazada. Él había salido, en el mismo estado que nosotros. Estoy segura que no estoy equivocada.

—Miyako… está sucediendo de nuevo, lo escucho…—tras ver la escena, lo imité. Tanto así que al final Tk devolvió mi abrazo.

Es la primera vez que el rubio entra a nuestro mundo, la primera vez que escucha aquellos atormentadores sonidos que parece controlarnos. Esta es la voz que ocultan nuestros corazones.

—El mar oscuro… es el mar oscuro…—murmuré en su oreja.

Tk… ¿por qué? ¿Por qué tienes que venir tú también?

Pensé, antes de que los tres cayéramos inconscientes, escuchando a Miyako gritar y llorar a lo lejos.


Residencia Hinanawi


Desde ese día, el día en el que me encontré con Hibiki en el parque, siento como de manera constante me hundo en un mar oscuro, lleno de tristeza y soledad. Esta noche no es excepción. Cuando voy con Kari a ver a Davis, escucho voces. Voces que me llaman, dicen mi nombre. También escucho sonidos. El rugir de las olas suena invitador, inclusive tentador. Ahora en cama, sigo escuchando esos ruidos que me llaman y absorben. Es muy extraño de explicar y estoy convencida que Takeru no me creería. Es como algo paranormal, tan paranormalmente repetitivo que se vuelve en normal. Estoy tomando mis medicinas, así que no entiendo por qué, ¿qué es esto? ¿Por qué siento que estoy yendo a un lugar del cual nunca podré regresar? ¿Acaso… acaso este es el mundo que Tokiko decía? Tengo miedo.

Hermano… Takeru…

Tengo miedo.


Y el Mar Oscuro hace una salvaje aparición. ¿Qué les deparará el destino? Eso ya se verá! Quien se hubiese imaginado que este otro mundo llegaría a tener un papel en una situación que ellos creían manejable y solo entre ellos tres. ¿Por qué Fuu puede sentirlo también? Espero haya sido de su agrado! Nos leemos pronto