N/A Muchas gracias a todos los que dejaron rw en el capitulo anterior. Como mi meta eran 15 y ustedes la lograron pronto quise actualizar en seguida.
Capitulo 2
Regina despertó un tanto confundida. No estaba segura si todo aquello de la niña del bosque encantado llamada Apple había sido un sueño. Disfruto de esos hermosos segundos antes de recuperar la conciencia luego de una buena noche de descanso. Rápidamente confirmó la realidad del asunto al notar que una pierna pasaba por encima de su estomago y un peluche descansaba al lado de su oreja. Evidentemente todo había sido muy real. Se volvió a verla, tenía medio cuerpo destapado y la cabeza casi colgando de la cama. "niña inquieta" pensó mientras la tomaba para acomodarla nuevamente en el lecho. A pesar del movimiento la pequeña siguió durmiendo tranquilamente.
Regina se estiró y se decidió a levantarse. Era sábado y tenía todo el día libre. Dejó a Apple a solas un momento y se dirigió al baño. Se lavó los dientes, se dio una ducha y salió para vestirse. Era obvio que no podría tener a la pequeña vestida con sus ropas de origen. Debía pasar un poco desapercibida, aunque no sabía que excusa inventaría cuando se enteraran de que había "adoptado" a una niña momentáneamente. Se volteó a verla, era tan tierna e indefensa, que no podía pensar en dejarla sola. Menos aún si se enteraban que era una pequeña bruja. Los habitantes de Storybrooke estaban bastante traumados con el tema. Estaba segura que pensarían lincharla si lo sabían. Tomó aire llenando sus pulmones. No le importaba que pudieran decir. Además ¿Por qué tenía ella que dar explicaciones? ¿Qué les incumbe a todos si había decidido ser madre nuevamente? O al menos cumplir ese rol por un tiempo. Aquella niña estaba sola. Sabía cómo eso podía hacerle sentir. Y de todas las personas en aquel mundo, la enviaron con ella, no con Emma, no con Snow, sino a ella. Así decía la nota. Y estaba segura que no era para matarla, de lo contrario no hubiera sobrevivido aquella noche. Fuera quien fuese, su madre la conocía y le estaba confiando a su hija. Se acercó a ella y comenzó a acariciarle la cabeza suavemente.
-Despierta pequeña. - dijo con una dulzura en la voz que hacía tiempo no utilizaba. -¿Apple? - La pequeña cerró sus ojos con fuerza y llevó las manos a su rostro para cubrirlo. - Vamos, hoy iremos a comprarte ropa. Y todo lo que tú quieras. - La niña abrió con esfuerzo uno de sus ojos y sonrió. - Te prepararé una leche mientras te levantas.
Momentos más tarde en la cocina Regina terminaba de preparar unas tostadas cuando Apple apareció. Se subió a una de las altas banquetas con un poco de dificultad, apoyó sus codos en la barra y observó detenidamente cada movimiento de Regina.
-Buenos días. - la saludó con una sonrisa. -
-Buenos días. - respondió la alcaldesa. -¿Te gusta la leche de alguna forma especial? -
-Me gusta la leche con fresas, manzanas o plátano. - respondió cruzando sus brazos sobre la superficie de la cocina. -
-A mi también me encantaba la leche con fresas y plátano cuando era pequeña. - coincidió. - Me alegra haber acertado en mi elección. - dijo poniendo frente a ella una taza de leche mezclada con pulpa de frutillas. - Los ojos de la niña se iluminaron, dio un pequeño salto en su silla y aplaudió emocionada. Tomó un sorbo un poco desconfiada. Regina miraba expectante. Apple sonrió. - ¡Igual a la que hace mi madre! - volvió a beber con más ganas. -
-Me alegra que te haya gustado. - colocó su taza y el plato con tostadas en la mesada y se sentó frente a ella.
-Gracias, tienes una casa muy bonita, pequeña, pero muy linda. - dijo volviendo a tomar un sorbo. Regina sonrió, imaginando el tamaño del castillo del que provendria la niña para pensar que su casa era pequeña.
-Bien Apple. Quiero conocerte más. - empezó a decir llamando su atención. - Tú contestas lo que puedes. ¿De acuerdo?
-De acuerdo. -
- ¿Tienes familia en el bosque encantado? - Apple asintió sin dejar de beber su leche. - ¿Hermanos?
-Si. -
-mmm ¿Mascotas? -
-Si-
-¿Color favorito? -
-El celeste. -
-¿Comida favorita? -
-¡Lasagna!- respondió divertida ante el improvisado juego de preguntas y respuestas.
Regina se llevó la mano al mentón. Fingiendo concentración.
-¿Quien te enseñó a utilizar la magia? -
-Mi madre, aunque de más pequeña me entrenaba mi padrino. -
-¿Cuando hiciste algo mágico por primera vez? -
-No lo recuerdo. - respondió encogiéndose de hombros. -
-¿Conozco a tu madre? -
-Si. -
-¿Y a tu padre? - la niña abrió la boca para hablar pero no pronuncio palabra
-No lo creo. - dijo al fin terminando lo último de leche que quedaba en la taza. - No tengo padre. - Regina apretó los labios y decidió continuar con otro tema.
-¿Cuantos años tienes? -
-Seis casi siete– Regina se asombró. -
-Vaya, eres más pequeña que las niñas de tu edad ¿no? -
-No me molesta. - respondió con soltura. - mi mamá dice que es mejor porque cuando crezca podré usar tacones altos sin parecer una jirafa.
-Bueno, tu mamá tiene razón. - Regina limpio el bigote de leche de la boca de Apple con una servilleta y dio una palmada en la superficie de la cocina juguetonamente- ¿Terminaste? - la niña asintió. Ella se dio la vuelta alrededor de la barra, Apple extendió sus brazos y saltó hacia ella. La abrazó y luego tomó su mano para dirigirse al auto. - Ahora iremos a comprarte una muda básica de ropa. - abrió la puerta de la cochera con un movimiento de su mano ante la mirada emocionada de la pequeña - iremos en mi auto. -
-Wow- exclamó sin poder disimular su asombro. - ¿Estos son los carros que se mueven sin caballos?
-Emmm si. - respondió Regina divertida mientras abría la puerta del auto. - También hay unos que vuelan. -
-¡Si, los aviones! Me han contado mucho de ellos - exclamó dando un salto en el asiento trasero mientras veía como su protectora se subía delante. - ¿Conducirás sin lacayos? - Regina se puso sus lentes de sol asintiendo con una sonrisa, sentó a Apple con magia y le abrochó el cinturón. - ¡Este mundo es fantástico! -
Minutos más tarde Regina estacionaba fuera de la tienda de ropa para niños más exclusiva de Storybrooke.
-Bien, vamos a comprarte algo de ropa. - dijo cubriéndola con su abrigo. - Te encantará, es como la del bosque encantado pero más cómoda. - Apple asintió y pegó sus manos y nariz a la ventanilla del auto, miraba a su alrededor asombrada. Todo era tan diferente a lo que estaba acostumbrada. Las casas, la ropa de las personas. Las tiendas. Todo era hermoso. Y Regina. Se sentía como en casa cuando estaba con ella.
-¡Buenos días! - Saludo a la vendedora mientras dejaba a la niña encima de un taburete aun tomándola de la mano. -
-Señora ¿Qué la trae por aquí? Hacía años que no venía a nuestra tienda.
-Supongo que no tenía ninguna razón para hacerlo -
-Es cierto. - respondió tímidamente la muchacha. - ¿Y esta pequeña? ¿Está en un plan de caridad? - preguntó al verla con las ropas de niño usadas y que le quedaban unos talles más grande. Apple se sintió ofendida, levantó el mentón altiva, su mandíbula se endureció y sus ojos se fijaron en los de Regina exigiendo que le dijera algo. La alcaldesa tomo la ofensa como propia y fulminó con la mirada a la vendedora que se deshizo en disculpas ante ambas.
-Ella es mi ahijada, perdieron sus maletas en el aeropuerto. - Apple aún seguía cruzada de brazos mirando a la vendedora con mala cara. Deseando hacerle tragar una babosa. ¿Cómo se atrevía a decir semejante cosa de ella? ¡Si supiera a quien tenía en frente! - Necesito un nuevo guardarropa y aquí venden un poco de ropa decente. Aunque las vendedoras no sean de lo mejor. -
Pasaron un poco más de dos horas eligiendo prendas. Se entusiasmaron tanto que Apple tuvo que sentarse en el asiento del copiloto debido a la cantidad de bolsas que ocupaban el maletero y el asiento de atrás. Era una nueva experiencia para Regina. Nunca había tenido la oportunidad de comprar tantos vestidos, accesorios para el cabello y zapatos con Henry. Por obvias razones. Pero tener una compañera con quien hacer cosas de chicas le hacia ilusión. Más aún cuando su propio hijo se negaba a verla. - Te llevaré a Granny's. Si tenemos suerte, podrás conocer a Henry. - Apple asintió, estaba nerviosa. Esperaba que los demás la recibieran tan cálidamente como lo había hecho Regina. Volteó a verla admirada, suspiró. Si estaba con ella nadie podría hacerle daño, nadie se atrevería a tocarla. Sintiéndose un poco más segura se quedó en silencio durante el resto del trayecto.
Todos los que estaban allí vieron estacionar a Regina frente al local. Nadie que viera el auto pasaría por alto los bultos en el asiento de atrás y mucho menos el hecho de que la alcaldesa se bajara para abrir la puerta del acompañante. Emma y Henry que estaban almorzando allí, se quedaron boquiabiertos cuando Regina extendió su mano para ayudar a bajar a una niña. Parecía su versión en miniatura, llevaba su cabello, unos tonos más claros que los de la alcaldesa, recogido con una diadema de color rojo con una flor blanca, un vestido del mismo tono carmín que el de la alcaldesa, demasiado formal para la vida diaria de una niña, adornado con zapatos negros de charol. Estaban perfectamente combinadas. Pero lo que llamó la atención de todos fue el verlas caminar hacia adentro. La misma postura erguida, su cabeza en alto. Sintiendo como el mundo se rendía a sus pies, se dedicaron una mirada de satisfacción antes de pisar el primer escalón hacia la puerta.
-¿Y esa quien es? - preguntó Henry un tanto celoso de ver a su madre con aquella niña de la mano. Emma se encogió de hombros siguiéndolas con la mirada.
-Si no supiera que es imposible diría que es una mini Regina. - murmuró Emma
-¡Ja! - Se quejó Snow – Creo que con una tenemos más que suficiente. No necesitamos alguien que la herede. - Henry se volvió hacia ella con el ceño fruncido. - Lo siento Henry no quise decir eso. -
Snow fue salvada por la campanilla que sonó al abrirse la puerta para dar paso a las dos protagonistas del momento.
-¡Hola mamá! - Henry llamó su atención más efusivo que de costumbre. Regina cambio su expresión regia a una más calmada y dulce al verlo. A diferencia de Apple, que lo miraba con la misma expresión paralizadora. "¿Y ésta mocosa quien se cree que es?" se preguntaba cruzando miradas con la niña. Regina se acercó a el propinándole un beso y un abrazo. - ¿Quien es ella mamá? - Henry prefirió ser directo. Después de todo, era lo que todos querían saber y él quien más derecho tenía a preguntarlo. -
-Ella es Apple, mi ahijada. - La niña miró a los Charming con una sonrisa y tomando delicadamente la falda de su vestido saludó educadamente inclinando su cabeza. Mary Margaret y David respondieron con la misma reverencia por instinto. Pero Emma no. Se había quedado paralizada ante aquellos penetrantes e infantiles ojos color chocolate. Apple fijó su mirada en la de Emma y le dedicó una dulce y sincera sonrisa. -
-Es un placer conocerlos. -
-Igualmente. - respondieron a coro los Charming. -
-¿Desde cuándo tienes una ahijada? - preguntó Emma sabiendo que había algo extraño en todo aquello.
-Desde que decidí tenerla Swan. Ahora si nos disculpan debemos almorzar. Henry, espero que vengas a visitarnos pronto. - Regina besó a su hijo en la frente y dio media vuelta caminando hacia una de las mesas.
Apple dedicó una última mirada sonriente a Emma regalándole una expresión que la niña no había mostrado desde su llegada al local. Emma le devolvió el gesto y la siguió con la mirada hasta que se sentó a un lado de la alcaldesa. Era una situación totalmente irreal. Nunca había visto a Regina en aquel plan. Cuando Emma llegó a Storybrooke, Henry poco después se fue a vivir con ella y rara vez la visitaba o veía. No había logrado ver aquel lado dulce y preocupado de la alcaldesa. Realmente la conmovía el verla arreglando la servilleta de la niña en su regazo, acomodando con cuidado su cabello. Dándole discretas instrucciones.
-¡Mucho gusto pequeña! -
-¡Ruby! - exclamó emocionada Apple. Ambas mujeres la miraron intrigada. - Lo siento. - murmuró casi inaudiblemente. -
-No tengas cuidado princesita – Ruby le guiñó un ojo. - ¿Qué van a comer? -
-¿Puede ser jabali asado con setas? - Regina miro a la niña intrigada. Ruby en cambio lanzó una sonora carcajada. -
-Bueno, no tenemos eso en el menú, pero puedo servirte un pollo asado con papas a la francesa. - Apple le dedicó una mirada confundida a Regina. -
-Mejor un bistec con puré, luego nos jugamos con el postre. -Ruby sonrió. Y haciendo una graciosa reverencia se alejó de ellas. -
-Creo que hay muchas cosas que me tienes que contar. ¿De dónde conoces a Ruby? -
-Emm... de.. emmm - sus mejillas se sonrojaron provocando una sonrisa tierna en Regina que le pellizco juguetonamente los cachetes. -
-Ya me lo explicarás después pequeña. -
Mesas atrás Emma y Henry no quitaban la mirada de las dos.
-¿De dónde habrá salido? - preguntó Henry viendo el modo en que su madre sonreía al hablar con la niña- Es extraño que mamá haga una cosa así sin decírmelo. Ella me consulta todo.
-Quizás con tus desprecios y lejanías tu opinión ya no le interese tanto. - Todos voltearon a ver a Gold que se encontraba de pie en la puerta a un lado de los Charming. - En tu familia son tan egoístas que se piensan que los demás siempre estarán para servirles.
-¿Y tú que sabes? - Emma se puso de pie. - Creo que mejor nos vamos. - Al correr su silla hizo un sonido que llamó la atención de Regina y Apple. La pequeña se giró y vio en la entrada al Sr Gold que las veía fijamente. Un escalofrío cubrió por completo el cuerpo de la niña. Haciendo que su miedo fuera indisimulable. A medida que Gold se acercaba Apple temblaba cada vez más.
-¿Qué sucede? - preguntó Regina al verla. - Oye, tranquila, no pasa nada, Gold es un amigo. - Intento consolarla al ver el rostro de la pequeña que se aferro fuertemente a su vestido. - Apple. - Regina dirigió una mirada inquisidora a Gold exigiendo una explicación. Él se encogió de hombros y continuó acercándose. -
-Vámonos de aquí. - murmuró Apple temblorosa. - por favor vamos a casa. - La alcaldesa se sorprendió. No sabía por qué la pequeña había entrado en pánico sólo con verlo. Regina asintió y se puso de pie con Apple aferrada a su brazo. - vámonos.
- insistía trepando su cuerpo para que la alzara. La tomó en sus brazos como pudo. La pequeña se escondió en el cuello de su protectora abrazándola con tanta fuerza que apenas la dejaba respirar. A paso acelerado dejó el lugar ante la atónita mirada de todos los presentes. Gold alzó las cejas haciéndose el desentendido y con una sonrisa en los labios ocupó el espacio recientemente ocupado por Regina.
Ya en el carro Apple sollozaba sin control en el asiento del copiloto.
-Ya, cálmate. - pidió con ternura la alcaldesa. - El no puede hacerte nada mientras estés conmigo. - El llanto de Apple se intensificó al sentir las últimas palabras que había dicho. Regina se puso nerviosa. Recordó aquellos primeros días de maternidad en los que Henry lloraba sin descanso y ella se sentía impotente al no saber cómo calmarlo. - Apple, si no me dices que sucede no puedo ayudarte. - Pero la niña no paró. - Decidió encender el auto y conducir hasta su casa. Sería mejor que se tomaran las cosas con calma. Sabía que de un momento a otro Emma, Henry o ambos llegarían a averiguar qué había sucedido.
N/A hasta aquí el capitulo dos, espero que les guste. Si es asi, dejen su review asi actualizo mas pronto y con más ganas.
Gracias por leer.
Baci!
