Nota de Autora: ¿Les molesta que les responda de manera personal? Lamento empezar con este tipo de pregunta pero no he dejado de pensar en eso. Quizás a algunos les resulta pesado y prefieren que conteste los Reviews por aquí, antes de empezar cada Capítulo. Espero que este también sea de su agrado, por más que esté experimentando escribir desde distintos puntos de vista en tercera persona. Los únicos en donde hablo en primera son con Kari y Fūka, salvo en aquellos Caps en donde me dedico a contar perspectivas, tal y como el que estuvo dedicado a Tk. También ¿estoy haciendo los capítulos muy largos? ¿Les incomoda? ¿Les molesta que haya muchos OC's?

Extra: Para que se entienda una parte de la historia, les recomiendo que lean y averigüen un poco sobre el Drama CD —Natsu e no Tobira—. En resumen trata sobre Daisuke visitando Nueva York, y sucede un acontecimiento que lo involucra a él, Mimi y Willis, junto a un nuevo personaje que he agregado en la historia por ciertos motivos. Se crea un mundo basado en la soledad del corazón de Daisuke, manifestándose como un crudo invierno. Es ahí donde conoce a una chica que demuestra un gran interés en él. Esa chica es el personaje agregado. Espero no moleste. La chica en el CD Drama no tiene nombre y Mimi le da Nat-chan por ser verano (Natsu).


Capítulo 21: No fue por Casualidad


Sábado por la noche. Dado el día que es, Anzu Hagiwara se encontraba durmiendo de manera plácida en su gran cama de más de dos plazas. Su espaciosa habitación parecía sacada de un cuento de hadas debido a su fantasioso decorado. De vez en cuando, parecía estar luchando dentro de sus sueños. Si alguien la viera, pensaría que está teniendo una pesadilla, lo cual es una alta posibilidad. Su corto cabello amarillo, descrito de dicha manera al ser un color muy alejado de un rubio ordinario, se encontraba deshecho por el constante movimiento. Sudor corría por su rostro, cayendo hacia la boca de su escotado pijama. El incesante tick tack del reloj retumbaba en la recámara, opacando sus diminutos gemidos que provenían de su boca, escapando de aquellos labios color cereza que eran marcados por sus dientes. Algo andaba mal, ella lo sabía entre sus sueños. De manera abrupta, sus ojos color miel dieron con el techo de su cuarto, en el cual se encontraba un poster, algo malgastado por el pasar del tiempo, de un grupo casi desconocido de pop japonés. Dos chicas se encontraban abrazadas, vestidas de manera sencilla, sosteniendo un micrófono entre ambas. Una de ojos pardo y cabello almendrado corto; la otra de color verde agua y ojos celestes. De manera delicada y gentil, opta por sentarse mientras apoya su mano derecha en la frente que se encontraba llorando a más no poder. Las lágrimas que botaba su cuerpo parecían estar manifestando la sensación de inquietud que sentía en su corazón, tanto así que afectaban la boca de su estómago, queriendo vomitar.

—Esto no está bien…—murmuró para sí—El poder de las tinieblas, está aumentando…

Desvió su mirada hacia el poster una vez más, observándolo, llenando aquellos bellos ojos de melancolía.

—Solo espero que sea mi imaginación…

Resignada debido a su preocupación, Anzu saltó de la cama para hacer contacto con el frío suelo de madera. Al ser una de las más pequeñas de todo su año, le costaba un poco bajar de ese lugar al ser tan alto. Su humildad compensaba toda cosa que poseyera, al formar parte de una familia con altos ingresos gracias al mundo empresarial, cualquiera pensaría que su actitud abundaría en soberbia. A veces, incluso, pensaba que la amistad que tenía con sus amigas Yumi y Tomoko había pasado de algo verdadero a interés. Luego de los incidentes con Kari, aquella cosa hermosa que tenían se quebró de manera instantánea al admitir que no se encontraba de acuerdo con ellas. Sacudió la cabeza, intentando olvidarlo. No es momento de divagar en cosas que espera poder solucionar algún día, por ahora lo importante es hacer desaparecer la inquietud.

—Estoy segura que alguien ha ingresado al mundo… al mundo que estoy encargada de vigilar, de proteger…—sale su voz como un delicado susurro—Quiero seguir creyendo que es mi imaginación pero…

Su rostro chocó con la computadora que se encontraba en su gran escritorio. El orden era algo indescriptible, tanto así que se diría que el polvo le tiene temor a la hermosura con la cual brilla. Lo único que se encontraba fuera de lugar era ese aparato digital también llamado ordenador. La pantalla se encontraba encendida, iluminando de manera tenue la gran habitación de esta pequeña princesa. Se acercó de manera lenta, temerosa pero, a la vez, llena de curiosidad por saber qué estaba sucediendo. Cuando sus manos dieron con el objeto, empezó a mover el teclado y el mouse. Un par de clicks y el incesante tick tack que anunciaban ser las ocho de la noche con cinco minutos, no la hicieron perder la concentración. Como arte de magia, un programa inusual se abrió que tenía como característica resaltante un gran botón rojo. Al verlo, soltó un suspiro de alivio.

—La puerta no está abierta…—cerró los ojos y se apoyó en el escritorio—Aun así… eso no explica este presentimiento…

Ahora, sus manos se separaron de la tecnología para dirigirse a abrir un cajón en donde guardaba, aparentemente, viejos recuerdos. Al sentir una superficie metálica, sacó el objeto. Un aparato electrónico, color casi gris, botones azules y sencilla pantalla se encontraba en sus palmas.

—El Digivice… tampoco está reaccionando. No entiendo qué está sucediendo…—al no poder más, se desploma al suelo en derrota—Algo está muy mal… sé que han entrado a ese lugar tan… tenebroso… la oscuridad ha aumentado… ¿qué debería hacer, Shamanmon?

Su diminuto cuerpo empieza a temblar y se abraza a sí misma para mirar a la distancia, por tercera vez, el poster del techo. En eso, sus ojos color miel se iluminan, algo había llegado a su mente, una teoría algo descabellada.

—A no ser que…

Se levantó, oscilando en el proceso, para sacar una guía numérica escolar del mismo cajón. Con seriedad y dedicación, empieza a hojear de manera veloz los nombres para llegar a su objetivo. Tal cual tenerlo en mano, sale de su habitación con sumo cuidado para no despertar a sus hermanos y padres. Por más que el pasadizo fuese de gran tamaño, las habitaciones eran muy cercanas. Era costumbre en su hogar dormir temprano todos los días sea fin de semana o feriado. No existían las excepciones y ella nunca se quejó sobre ello. Descendió las escaleras luego de caminar de manera sigilosa, apagó la alarma que cuidaba la casa, o mejor dicho, mansión y evadió al perro que tienen para que no ladre y la delate. Cuando, finalmente, arribó a la sala sumida en oscuridad, encendió una lámpara y marcó un número en el teléfono inalámbrico. La espera se le hacía infinita.

¡Espero estar equivocada con esto! Son las ocho, así que ella debería estar despierta…

Al otro lado de la línea, una voz femenina contestó.


Miyako


Una vez más, el susto invadió el cuerpo de la heredera de los emblemas del amor y la pureza. Por más que tuviera a Ken en brazos, no podía evitar llorar tras ver a esas tres personas, a esas personas que tanto quería, desmayarse frente a sus propios ojos gracias a aquél poder al que siempre han temido, luchado y salido victoriosos, la mayoría de las veces. Más que eso, sus lágrimas no solo provenían de ver caer a su mejor amiga y a aquél rubio, juntos, en la sala de estar de su pequeño apartamento, sino también a su pareja. Todo había sucedido de manera tan rápida, todo tras el repentino estallido de él con respecto a Daisuke. Sabía que Ken se encontraba con un estado emocional algo frágil pero sentía que aquello no justificaba el por qué. El por qué el Mar Oscuro se lo estaba llevando una vez más. Él no tenía nada que ver con la situación que los otros dos muchachos se encontraban actualmente.

Eso es lo que quiero creer.

Sin embargo, algo le decía, intuía, que era lo contrario. No entiende cómo pero, sabe que él le está ocultando algo. Su amistad con Daisuke es tan profunda que sabe que él es capaz de todo para ayudarlo, tal y como el líder lo hizo con el antiguo Emperador. Ella tan solo desea saber la verdad.

Quizás… ¿quizás Ken está dudando de nuevo?

Sacudió su cabeza, tratando de contener el silencioso llanto, mientras abrazaba el cuerpo del chico con el cual lleva saliendo cuatro años fuertemente entre su pecho, hundiendo su rostro.

—Por favor… que no te lleven de nuevo a ese lugar… ¿en qué me equivoqué esta vez? Estoy segura que esto es mi culpa… Ken… lo siento, ¿qué hice mal…? ¿Volví a poner el amor que siento hacia ti en duda?

«¡Yo solo tengo ojos para ti, Miyako!»

Los sentimientos de aquella frase que le mencionó, que salió de sus labios, hace tres semanas, el día que se enteraron que Daisuke había caído en coma, retumbaba en su interior. Sabía que a Ken le había costado mucho decirlo, más bien era algo que ella debió haber dicho y no él. No dejaba de pensar que esa inseguridad que fue creada por su culpa tiempo atrás regresaría para perseguirla de esta manera. Teme que la oscuridad se esté llevando una vez más a la persona que ama.

—El manifestó todo su amor hacia mí y sé que le cuesta mucho hacerlo… en cambio yo… yo siempre lo hacía, tanto así que quizás lo abrumé demasiado y fue así como nació este problema entre nosotros… puede sonar estúpido pero quiero creer que este problema es la razón por la que le está sucediendo esto… quiero creer eso. Lo que menos deseo es que tenga relación con lo de Daisuke… ¿por qué, Ken? ¿Por qué tiene que estar sucediendo todo esto…?—sus sollozos interrumpían su monólogo.

Inclinó su cuerpo para poder abrazar el de su novio, sentirlo cerca y estar pendiente al momento en el que decidiera abrir sus ojos. Empezó a ignorar todo, se sentía una traicionera por ignorar la situación de Kari y Tk, quienes se desplomaron sosteniendo sus manos. Ella hizo lo mismo con las de Ken, mientras soltaba una última plegaria.

—Por favor… despierta…

Sus lágrimas goteaban, caían como un riachuelo buscando el mar para cumplir el ciclo que tienen destinado a vivir durante su existencia. Al no tener destino final, acababan en el rostro de su enamorado, mientras acariciaba su cabellera negro azabache, casi de una tonalidad tan azul como un cielo nocturno que hacía saltar su corazón a mil todos los días. Descendió un poco más, para que su frente chocara con la suya y sintiera como se enfriaba su cuerpo.

—Miya…ko…

Aquella voz tan cercana, tan cercana a ella, casi ocasiona que volviese a explotar y hundirse en el dolor que carga internamente. Con una sonrisa torcida debido a sus gemidos, retrocede y adapta una posición recta para así permanecer sentada y ayudar a la persona que más ama en este mundo. Tras abrir sus ojos y dar con ella, suelta en un susurro su nombre una vez más.

—Miyako…

—¡Ken!

El plan no dio resultado ya que tal cual él logró acomodarse en el suelo, ella se le fue encima, dándole un abrazo lleno de cariño. No dejaba de decir su nombre, tanto así que el muchacho perdió la cuenta mientras se sujetaba la cabeza. Se encontraba confuso debido a la situación en la que se encontraba, hasta que recordó lo acontecido tras sus palabras.

—¡Ken, eres un tonto! ¡No me asustes de esta manera, no lo hagas! ¡Te amo tanto que no sabría qué hacer si te fueras de mi vida, si desaparecieras! En verdad, no sabría que hacer…

Sin soportarlo más, deseaba devolverle el gesto pero algo se lo impedía. Tenía muchas cosas en mente tras notar sus alrededores y ver a la luz y la esperanza aún en el mismo estado; por ello, se separó. Ella se quedó estupefacta tras la acción, sumiéndose en tristeza tras escuchar una respuesta que anheló fuera inusual, mas lamentablemente era algo cotidiano.

—Lo siento… gracias, Miyako.

Tras la incómoda reunión entre ambos, el silencio reinó en el apartamento. Se podían escuchar las delicadas respiraciones de Hikari y Tk, quienes seguían inconscientes, aparentando no despertar pronto tal y como sucedió con Ken. La niña elegida de cabello lavanda se dirigió hacia ellos, sentándose al lado de su mejor amiga para sujetar la mano izquierda, aquella que no se encontraba unida hacia la de su, supuesto, mortal enemigo. De manera detenida, observaba la unión entre ambos adolescentes, preguntándose por qué le parecía algo puro e inocente. Como una señal de protección mezclado con cariño. Su mirada se dirigió hacia Ken, para ser evadida por el chico. Sin poder soportarlo más, acomoda a la luz y la esperanza de sus vidas para que se encontraran en una posición recta. Por más que los movieran sus manos no se separaban.

—Me da algo de curiosidad saber por qué Tk también sucumbió de la misma manera que ustedes dos…—soltó sin pensar—Él nunca había ido de esta forma a ese mundo, él nos contó que llegó de una manera diferente. Que Gatomon dijo que el amor une los mundos, que de esa manera llegaron cuando se abrió un portal.

—Es muy extraño…—replica Ken, con una voz sumida en melancolía—No es como mi caso, que me desmayé por el temor que le tengo a ese lugar… no llegué a entrar.

La expresión de Miyako manifestó un cambio inmediato de tristeza hacia alegría. Si Ken no llegó a entrar al Mar Oscuro, si tan solo quedó inconsciente por un breve momento debido a su pavor y susceptibilidad hacia las tinieblas, eso significa que sus suposiciones no son del todo correctas y no va a descansar hasta descubrir que es lo que él está sintiendo y ocultando. Sin embargo, su intuición de que tiene que ver con Daisuke no desaparece.

—Oye, Ken…—sonaba insegura—Sobre lo que me dijiste hace unos días... q-que solo tenías o-o-ojos para m-m-mí…

El antiguo Emperador no pudo evitar sonrojarse, evadiendo una vez más la mirada de su novia. Si uno no lo supiera, pensaría que todavía no declaran sus sentimientos. Nuevamente no respondió. La heredera del Amor y la Pureza prosiguió.

—E-Ese día pensé que… quizás t-t-todo eso había quedado atrás…—se detuvo por un instante para retomar la compostura—Que toda duda que yacía en tu corazón con respecto a mí se había disipado, que por fin habías notado que te quiero por quien eres.

Miyako no podía quitarse de su mente aquél recuerdo en la fiesta de Daisuke. Siempre estará eternamente agradecida por ese día, en el cuál ella logró declararse y él no entendió a la primera, solo para que se lo acabase repitiendo. Sonrió para sus adentros, todavía sumida en el pasado, nadando en un océano de los momentos que han pasado juntos, hasta que llegó un ligero problema. Un día cualquiera algo inesperado sucedió, una pregunta que creyó nunca escuchar luego de tantos años de estar juntos.

«¿Me quieres por quién soy? ¿O me quieres por la imagen que cargo?»

El silencio la apuñalaba. Sentía que jugaban con sus sentimientos, con sus emociones. Nunca creyó que amar sería un arma de doble filo, incrustándola como un filudo cuchillo para desangrarla por dentro, hundirla tanto en alegrías como en la miseria. Algo sucedió ese día y se juró hacia sí misma no descansar hasta averiguarlo, por más que crea que eso la guiará hacia Daisuke. Nuevamente el silencio incómodo se hizo presente al sentir una vez más las respiraciones de Kari y Tk. Miyako y Ken los observan, como si desearan estar en su lugar y así evitar sus problemas.

—Tan solo esperemos a que despierten—dice el niño elegido de la bondad, mientras toma impulso para levantarse sin quitarse la máscara que camufla sus emociones, y así dirigirse hacia la puerta que daba hacia la noche—Miyako, llama a sus casas… creo que van a seguir así por un tiempo indefinido. No veo que se encuentren en problemas al no mostrar signos de luchar o forcejear.

Confundida, también se pone de pie.

—¿Te vas a ir? Deberías quedarte un poco más, no luces muy bien…

—Tengo algo que hacer—una vez más, disfrazando su apariencia para evitar preocuparla, se retira sin despedirse.

Miyako se encontraba atónita tras todo lo sucedido. Observa de reojo a Tk y Kari, llenándose de envidia una vez más al ver sus manos unidas con dulzura e inocencia.

—Ken… ¿qué estás ocultando esta vez? ¿Sigues dudando?

No le quedó más opción que seguir su sugerencia y empezar a hacer las llamadas respectivas.


Mihara


La menor de los tres hermanos Hinanawi se encontraba sentada en el sofá de la sala de su apartamento viendo televisión, rehusándose a ir a su habitación a dormir. No eran más de las ocho de la noche, hora que indicaba el programa nocturno que pretendía observar, mientras jugaba con sus pequeñas trenzas. Fūka siempre se las hacía cada mañana antes de que fuese a estudiar a la escuela pero en estas últimas tres semanas nada había vuelto a ser lo mismo. La niña de cabello corto almendrado y ojos dorados sumidos en tristeza se encontraba pensando alguna razón del extraño comportamiento de su hermana. Mientras seguía explorando la trenza que se hizo ella misma en la mañana, fallando en el intento para ahora tener un gallinero como peinado, observaba sus alrededores. Si no fuera por el brillo proveniente del televisor, se sentiría abrumada por la oscuridad y el aterrador silencio. Echa un suspiro para luego dar media vuelta en el sofá, sacando su cabeza por la parte superior y aquél bello dorado de con la puerta de la habitación de Fūka.

Si tan solo Aki-nii estuviera aquí, el sabría qué hacer.

Sacudió su cabeza de manera brusca, haciendo danzar sus trenzas.

—No, Mihara. Tienes doce años, debes de dejar de portarte como una niña y asumir responsabilidades… cuando sea necesario.

Es certero que Mihara aparentaba tener nueve años por su tamaño y contextura, más en realidad es de la edad mencionada, lista para ingresar el próximo año a secundaria. Es por ello su vehemencia para explorar siempre la escuela de su hermana para saber a qué lugar se iba a adentrar, conocer sus alrededores y conocer a sus amigos, algo que Fūka nunca había vuelto a tener debido a su condición. Por más que le costase expresarlo ya que suelen discutir a menudo, a la pequeña le preocupaba mucho su situación. A diferencia suya, que puede hacer amigos de manera instantánea por su carisma y alegría, a la hermana del medio le costaba mucho abrirse con los demás. Cuando la escuchaba mencionar nombres nuevos como: Hikari, Daisuke y Hibiki, no solo el de Takeru; su corazón podría saltar de alegría, sumergido en una alberca de felicidad interminable. Es por eso que le parece inusual que haya vuelto a encerrarse de esta manera tan repentina. Además, el rubio que visitaba cada fin de semana había dejado de hacerlo. La menor de los Hinanawi trataba de encontrar algún tipo de relación. Su mente tan activa como siempre, sumida en la gran inteligencia que posee, solo daban con una respuesta que temía admitir desde ese día en el que su —hermano Takeru— o —Take-nii— llegó con Fūka en su espalda.

Si Fū-nee está actuando de esta manera de nuevo tengo que pensar qué hacer al respecto. Puede ser que me digan niña genio pero cuando tiene que ver con estas cosas soy una inútil… ¡Aki-nii! ¿Por qué tuviste que irte? Take-nii… ¿algo sucedió entre ustedes dos? ¡Odio que nunca me cuenten las cosas!

Al no poder más, termina retirándose del sofá. El sonido del programa nocturno dedicado, una vez más y como siempre, a la farándula, lo silencia al apagarlo, por no dar un segundo más con las risas falsas. La silenciosa y penetrante oscuridad reinó en la sala, causando que le dé escalofríos por la espalda. Nunca le ha gustado esta sensación que le da estar a oscuras, desde muy chica siempre ha sido igual. Akira y Fūka siempre estaban para hacerla sentir segura. No sabía cómo explicarlo pero la luz que ambos hermanos irradiaban sobre ella la hacía creer que todo era posible, que ese terror era algo irreal y ficticio.

Siento como si toda esta oscuridad estuviese saliendo de Fū-nee…

De reojo, vuelve a observar la puerta que da hacia la habitación de su hermana. Le preocupaba nunca escuchar algún ruido provenir de ella, además que le parecía ridículo pensar esa idea anterior. Es imposible que eso estuviese sucediendo, no es como si se encontrara en una historia o cuento de hadas. Se abrazó a sí misma, sin percatarse que se estaba dejando hundir por una sensación de pesadez. Su respiración empezó a agitarse, sus latidos a acelerarse, su cuerpo a enfriarse, su cabeza a sentir un dolor intenso inexplicable.

¿Qué me está pasando? Esto no es normal… este miedo que siento no es normal…

Antes de ser atrapada por sus temores, el teléfono empezó a chillar. Para una persona común y corriente, el sonido estaba como siempre, timbrando; sin embargo, debido a la extrañeza en la que se encontraba sumida Mihara, sus sentidos se encontraban más perceptivos y sensibles de lo normal. Logró levantarse, intentando ignorar su temor, para detener el incesante sonar que la hacía sangrar por dentro. Todavía le costaba respirar, tanto así que cuando intentaba hacerlo tanto por la nariz o boca, sentía como se hiperventilaba por la fuerza en la que luchaba para conseguir algo de aire. La oscuridad se encontraba sofocándola. Finalmente, dio con su objetivo para tambalearse encima de este. Su voz salía como delicado hilo entre las tinieblas.

—Residencia Hinanawi…—sus energías iban disminuyendo.

—Muy buenas noches, soy Hagiwara. Estudio en el mismo año que Hinanawi, ¿se encuentra disponible? Tengo que hablar con ella con suma urgencia.

La voz que provenía del otro lado de la línea no le sonaba familiar a la pequeña, extrañada, sus pensamientos empezaron a correr a una increíble velocidad. Tanto así, que el temor que sentía se vio reemplazado por calor, por luz. Le alegraba escuchar una voz desconocida preguntar por su hermana, eso significaba que hay una persona más dentro de su vida, y aquello le fascinó.

Fū-nee… sabía que en algún momento llegaría este día. Ahora solo te toca a ti entender que los demás sí se preocupan por ti. No me dejaré vencer por este temor, yo también te ayudaré a salir de él. Estoy segura… estoy segura que podré ayudarte esta vez.

—¡Vaya, claro!—respondió la niña, dando un ligero brinco, acomodando su boina de un intenso color rojo escarlata favorita—Tan solo un segundo.

Sin vacilación alguna, tocó de manera ligera aquella puerta que actuaba como un obstáculo, separándolas. Esperó un par de segundos pero no hubo respuesta alguna. Aun así, sabe que hay actividad tras ella. No descansará hasta que salga.


Fūka


¿Acaso… acaso este es el mundo que Tokiko decía? Tengo miedo.

Hermano… Takeru…

Tengo miedo.

¡Akii-nii! ¡Aki-nii! ¡Te necesito, Akira!

Siento que en cualquier momento voy a desaparecer, que mi cuerpo va a ceder a esta invitadora tentación desconocida. Me sorprende recordarla a ella en momentos como estos pero, lo que me está sucediendo es muy similar a lo que solía contarme. El sonido de las olas del mar y el olor a brisa marina que inundan mis sentidos tan solo confirmaban mis sospechas. No recuerdo qué nombre le daba a este lugar, tan solo sé que es un sitio tenebroso, lleno de oscuridad… un mundo en donde solo reina la oscuridad y el poder de las tinieblas. Poco a poco iba perdiendo la noción de mis sentidos al ser absorbida por las olas y el olor al océano. Es como si me estuviera desintegrando. La expresión concreta sería desintegrando en partículas, como si fuera solamente un conjunto de datos siendo eliminado.

Por favor. Alguien…

—...ayu…da—me costó reconocer y escuchar mi propia voz, se me hizo casi imposible de detectar—A..yu..da.

Una punzada me hizo gritar en dolor. Fue un grito lleno de vacío. Mi voz no salía, no se escuchaba. Si me estuviese muriendo, nadie podría percatarse de mis alaridos de desesperación. Ahora que lo pienso, es un final que merezco. Es la muerte que merezco. Yo no debería encontrarme viviendo en estos momentos, con la libertad que me han otorgado. Casi mato a Daisuke Motomiya por mis acciones egoístas, destructoras, al querer acabar con la vida de Hikari Yagami. Dejándome consumir por mi lado oscuro, aquél que creí tener controlado por cadenas medicinales, las cuales se oxidaron al no darles el aceite adecuado para su mantenimiento. Mi negligencia causó todo esto. Takeru lo dijo bien, que soy un caso perdido. Fue por eso que mi hermano nos abandonó yéndose al extranjero. Mis padres nunca están, siempre les preocupa más sus negocios fuera de Japón que nuestras vidas. Incluso cuando floreció mi situación, les costaba trabajo aceptar por lo que estaba viviendo.

Depresión mayor.

Una depresión mayor que se encuentra involucrada con un cuadro de trastorno bipolar. Es tan fuerte que llegó a causar esta bipolaridad. La depresión ya conlleva sus cambios anímicos; no obstante en mi caso se presentaron de una manera tan fuerte, tan brusca, que se me trata de manera doble. Es por eso que me cuesta emplear mis sentimientos. Saber qué es lo que realmente estoy sintiendo. Que si soy real o solo falsa. Hipócrita. Como Tokiko.

Mi medicina es lo único que me mantiene estable en este mundo. Cuando Takeru entró en mi vida, sentí que las pastillas eran solo un plus, que finalmente había encontrado lo que me faltaba. Que había recuperado al hermano que perdí por mi culpa. Sé que él también tenía sus problemas, pero sé que son por mi culpa. Todo es culpa mía. Si yo muriera, nadie estaría pasando por esto. Si yo muriera, el crimen que cometí con Daisuke no hubiese sucedido. Eso es, si yo muriera, si yo me fuera, todo sería un lugar mejor. El sonido de las olas, definitivamente me están invitando a ir a ese otro mundo, el mundo que Tokiko decía que era fantástico. Donde todo lo negativo fluye. Tengo temor de ver mi cuerpo. Estoy segura que debe estar ya a la mitad de desintegrarse. No siento mis piernas, ni mi abdomen. Las marcas en mi cuello arden al igual que mi cabeza. Espero que Mihara pueda perdonar mi egoísmo. No quiero dejarte sola… pero si desaparezco será lo mejor para ti. Te causé suficientes problemas años atrás, no quiero que vuelva a pasarte lo mismo. Tu hermana casi se vuelve en una asesina, no merece el perdón que se le ha otorgado. Estoy muy segura que alguien debe pensarlo. Si no son ellos… alguien más lo hará.

—¡Hermana!

Mihara… me parece escuchar tu voz. Eso es imposible. Debo estar alucinando.

—¡Fū-nee!—

Ahora te escucho llamarme por ese apodo inocente que tienes hacia mí. Igual que con nuestro hermano. Más bien, el apodo con el que ambas nos referimos hacia él.

—¡Fūka!

—¡Hinanawi!

Sentí como el aire finalmente ingresaba a mis pulmones. Empecé a toser de manera brusca, como si hubiese estado sumergida en el mar y me encontrase llena de agua. Mis ojos pardo, casi esmeralda como suele decirles Takeru, retomaron la vida. Mihara me estaba llamando, tanto así para usar mi nombre. También, alguien me llamó por mi apellido. La voz de mi hermana se mezcló con otra femenina, una muy familiar que escucho todos los días en la escuela. La voz que me llamó por mi apellido… ¿cómo así siempre logras entrar en mi corazón? No puedo creer que haya sucumbido de nuevo. Dejarla sola… ¿en qué estoy pensando? No puedo ir a ese mundo. Estuve a punto de entrar en él. Si entro, ¿quién me sacaría? Hay una salida, eso es definitivo. Si no fuese así, Tokiko no se encontraría ahora entre nosotros. Después puedo pensar en un castigo más apropiado. Si Daisuke y los demás encontraron un espacio en su corazón para perdonarme, para perdonar una basura de vida como yo, debo vivir sus expectativas. Logré quitarme las ataduras invisibles que me tenían unida a la cama, para lograr sentir después de mucho tiempo lo que es la verdadera libertad, la libertad de poder salir y desafiar tus temores. Siento que esta no será la última vez que sea llamada a ese lugar pero trataré de postergar la segunda invitación por todo el tiempo que pueda. Mis sentidos volvieron a la normalidad y fue ahí cuando me percaté de los gritos de mi hermana menor, junto a los golpes que daba hacia la puerta.

Mi primera reacción fue correr hacia la perilla, cosa que hice. Me tambaleé en el camino, como si mis piernas estuvieran estirándose por primera vez, casi como si estuviese aprendiendo a caminar. La inutilidad empezó a invadir mi cuerpo llenándolo de desesperanza. Quiero llegar a la única luz que ilumina mis mañanas, que me hace sentir que todavía tengo una oportunidad de reivindicarme en este mundo. Luego de esto, es hora de pedirle disculpas a Hikari. Disculpas tanto por lo de Daisuke, por lo de Takeru, por hacerle pasar todo esto… por el incidente de primero de secundaria con los cigarrillos. Lo más importante en este momento es no dejarme vencer por la oscuridad. Siempre le he tenido miedo, reaccionado mal ante esa fuerza desconocida. Mihara es mucho más susceptible, mucho más que yo y Akira. No sabemos la razón, pero hemos sentido que nuestras vidas siempre han estado ocultas, llenas, por las sombras. Ella irradia inocencia a diferencia nuestra. Nosotros estamos corrompidos por la oscuridad que nos asecha.

Tras sentir la frialdad de la perilla en la punta de mis dedos, la giré armada de valor. Lo primero que vi fue a mi hermana al lado del teléfono, sosteniéndolo. Una sonrisa tan fresca, tan radiante, llenó mi espíritu de vitalidad. Sentí cómo la sala se llenaba de una luz invisible que provenía de tan solo tenerla frente a mis ojos. Definitivamente, ella no sabe cuánto me ayuda el tan solo tenerla cerca para mantenerme de pie. Corrió hacia mí, abrazándome, balbuceando entre unas pequeñas lágrimas que mojaban mi pijama.

—Fū-nee… saliste, al fin saliste…—sostenía con fuerza mi vientre mientras no soltaba el teléfono—Me has tenido preocupada estas tres semanas… tan preocupada…

—Mihara… yo… lo siento, lo siento mucho—me agaché para estar a su altura y sobar su cabello, retirando su boina. Mis yemas dieron con sus trenzas, las que siempre le hago cada mañana… salvo que estos días no lo he estado haciendo. Su intento que ahora parecía un chiquero me hizo esbozar una diminuta risa—No quise preocuparte de esta manera.

Aplastó su rostro contra mi cuello, ignorando las marcas que tanto le hacen sufrir. Pude sentir como su olor a flor de cerezo invadía mi respiración, creando una sensación agradable.

—Hermana… tan solo me alegra ver que estás bien… toma es para ti.

Con eso dicho, se separa para pasarme el teléfono. Internamente, agradecí al aparato por haber timbrado. Estaré sumamente agradecida a la persona que haya decidido llamar, llamarme a mí. Es como si hubiese detectado la plegaría de Mihara, esa llamada era lo que necesitaba para salir de ese mar oscuro que me invitaba. No sé de quién se tratará, la verdad, no me importaría si tan solo fuera publicidad. Lo primero que haré es dar las gracias.

—Gracias por llamar…—murmuré, sin importarme si la persona se desconcertará por las palabras—Miles de gracias…

—¿Hinanawi…? ¿Sucedió algo…?—la voz que provenía del otro lado de la línea la reconocí en un instante—No me digas que… por lo menos, me alegra haberlo hecho a tiempo. No sabes cuánto me alegro.

—¿Hagiwara?—Es Anzu Hagiwara. Anzu se encontraba aliviada, aliviada de que haya contestado y no parecía sorprendida del agradecimiento. Era como si supiese lo que me estuvo pasando hace unos minutos—¿De qué estás hablando?

La escuché soltar un largo suspiro lleno de alivio en voz baja, como si no quisiera que la escucharan.

—Hinanawi… sé que mi llamada es algo inusual y… es muy probable que me consideres demente luego de todo lo ocurrido…

—Si te refieres a tu predicción… traté de hacer todo lo posible por evitarlo—apegué a Mihara a mi cuerpo, sumida en la melancolía—Intenté de todo… ¿cómo pudiste saberlo?

—Hinanawi, la verdad… la verdad yo… antes que nada, uno nunca puede engañar al destino. Cuanto más trates de evitar las cosas que temes es mucho más probable que sucedan. Pero esta vez lograste escapar. Enfrentaste ese temor. Recuérdalo bien, no huyas, Hinanawi.

—Espera… ¿acaso tu…?—interrumpió mi pensamiento en voz alta.

—Las cosas no suceden por casualidad, Hinanawi… dime, ¿crees en la existencia de un mundo paralelo al nuestro?—me pareció escuchar el sonido de cómo tragaba saliva antes de hacerme esa pregunta, una pregunta que me atontó.

Empecé a dudar de qué respuesta dar. Ciertamente, acababa de tener una experiencia paranormal, cediendo ante la tentación de desaparecer de este lugar llamado hogar. Por alguna razón, por más que sepa que Anzu notará lo que diré.

—No, ¿por qué?—mentí.

Mientras esperaba su respuesta, no pude evitar recordar una pregunta que Hikari me hizo. Una pregunta cuando recién empezó a forjarse nuestra amistad, o eso es lo que quiero creer.

«¿Sabes el secreto que tenemos Tk, Daisuke y yo?»

No dejaba de relacionarlo con la reciente cuestión de Anzu, quien todavía no parecía lista para responder. Escuchaba como mordía sus labios y tragaba saliva. Si la tuviera a mi lado, estoy segura que la vería sudar a más no poder. Me parecía escuchar que su respiración se agitaba, para luego normalizarse.

—Hinanawi, ¿esa es tu respuesta?

Asentí.

—Sí, Hagiwara. Sé que muchas cosas inusuales están sucediendo. Desde que me hiciste esa predicción he decidido firmemente creer que no existe algo así. Por más que haya visto algo sobrenatural en tus ojos ese día, el encantamiento que hiciste… no me atrevo a admitir que exista algo más allá de lo nuestro.

Después de todo, es la única forma que tengo de negar lo que acaba de pasar en mi habitación y mantener algo de sanidad.

—¿Encantamiento? No hice nada de ese tipo… si crees o no en la existencia de ese mundo ya es lo de menos. Algún día te darás cuenta que ya estableciste contacto con él. Lo importante es que estás a salvo

—¿Shamanmon no es un tipo de encantamiento?—solté de manera ingenua.

¿Y a salvo de qué? ¿Sabe lo de hace un instante?

Me pareció escuchar una risa provenir del otro lado de la línea.

—Muy pronto vas a descubrirlo, aunque creo que ya conoces a uno sin saberlo. De todas maneras, estoy sumamente feliz de escuchar que estás bien, tan solo espero que no tengas que regresar a ese lugar…

¿Contacto? ¿Con un Shamanmon…? Un minuto… quizás… solo quizás… ese día que acompañé a Kari… ella salió con algo en sus brazos… creo que estoy pensando demasiado… ¿y qué es eso de regresar? ¿Voy a volver a pasar por lo mismo? ¡No quiero!

No pude evitarlo más, mi curiosidad crecía y crecía. Por un minuto sentí cómo aferraba a Mihara a mi cuerpo, ella sin saber que estaba sucediendo. Con tan solo sentir el latir de su corazón me calmaba.

—Hagiwara… ¿cómo así sabes todo esto? ¿Por qué me llamaste? Suena como si supieras todo lo que está sucediendo y que está por suceder…

—Solo el tiempo lo dirá, Hinanawi. Nunca olvides quién eres en verdad, así no pasaras por el mismo destino que ella...

El énfasis que acaba de darle… ¡no hay forma que me rinda ahora!

—¡Hagiwara, tú-!

Me quedé con las palabras en la boca, escuchando el clásico beep beep del teléfono. Mi hermana menor me observaba con sumo interés debido a mi repentino estallido. Debo de pensar, poner la mente en frío. Es imposible que Anzu sepa algo, totalmente imposible. No pienso asumir la existencia de este otro mundo. Todo encaja perfecto con las cosas que me contaba Tokiko pero me niego a creer que exista algún tipo de relación. Si es así, eso significa que Takeru, Hikari y Daisuke saben algo al respecto. Y no quiero pensar que están relacionados.

Por más que haya estado a punto de conocerlo, ¡ese mundo no debería existir, lo odio!


Mar Oscuro


Si existieran gaviotas en este lugar tan frío, desolado, uno creería que se encuentra en una playa bajo un cielo gris, tan gris como la panza de un burro. Estrechándose de manera infinita, sin importarle la capacidad de vista de uno, cubriendo todo rayo de sol que deseaba iluminar el lugar. Si es que para empezar hay sol alguno que desee salir y cumplir su función como astro rey. El sonido de las olas al cual ya me acostumbre junto al olor a sal marina, ambas fueron la gran bienvenida que nos dio el Mar Oscuro junto a su feroz rugir. Mis ojos observaban con detalle la niebla, aquella que me hizo recordar al mundo real y sus locos cambios de clima. A mi izquierda no había nada, por lo menos no divisaba nada. En cambio, mi mano derecha se sentía cálida, tibia. Me hace sentir segura, protegida, es una sensación muy familiar que extrañaba. Al parecer no nos llegamos a separar al llegar a este mundo, me pregunto ¿lo tomará de buena manera cuando despierte? ¿Por qué fue atraído a este lugar? Solo queda despertarlo y averiguar la forma de salir de aquí.

La aspereza de la arena se asemejaba a la sensación de pasar lija contra mi piel, siento como si en cualquier momento me fuese a cortar y desangrar. Nunca se había manifestado de esta manera tan fuerte, tan poderosa. Tuve que arrastrarme para poder llegar donde Tk, es la única opción que tenía. Si intentaba levantarme, mi cuerpo no cedía. Mis piernas flaqueaban, cayendo rendida a la arena, incrustándola en mi frágil cuerpo. Por más cerca que estuviéramos quería estar mucho más a su lado. Esta oscuridad, este poder es tan fuerte, tan abrumadora, que temo perder la consciencia en cualquier momento, quedándome en las tinieblas para siempre. Como si estuviese en un estado de coma. Como Daisuke. Así se debe estar sintiendo en estos momentos. Para haber sido llamada de esta manera, debo tener algún tipo de atractivo, algo que lo atraiga hacia mí una vez más. Las olas cada vez se volvían más violentas y la arena más áspera. Si es así, entonces debe ser por todos los problemas que hemos estado enfrentando estos últimos meses, siendo el accidente de Daisuke la gota que colmó el vaso. O tal vez no. Quizás sea la voz de la razón, Ken, quien nos hizo notar el verdadero motivo tras el accionar de mi falso amor. Daisuke se sacrificó por mí, no había tomado noción del verdadero significado de su acción. Incluso, me duele admitir que su accidente ha generado que Tk y yo nos volvamos a unir como antes.

Si Daisuke despertara empezaríamos desde cero de nuevo.

Negué sin duda alguna el pensamiento que tuve, ocasionando que mi cabello diera con mis ojos al estarle dando la contra a la ventisca. Es por esta clase de pensamientos la razón por la que el Mar Oscuro suele llamarme. Mi creciente inseguridad, dolor, el sentirme perdida sin saber qué camino tomar, hace a mi luz llenarse de desconfianza hacia mí misma. De dudar acerca de mis acciones, de mis sentimientos, ¿por qué estoy deseando con anhelo que Daisuke no despierte? Me siento devastada por tanta traición que fluye por mis venas. Al arribar al lado del muchacho con quien solía jugar de pequeña, no separé mi mano de la suya.

—Tk… Tk, abre los ojos—solté una diminuta plegaria—No quiero estar aquí sola… despierta, por favor.

Ni una sola reacción. Debe ser mi fala de esperanza al estar sumida en la desesperanza. Parece un trabalenguas; no obstante, debo seguir intentando. Si sigo aquí siento que perderé mi luz, a la vez que mi razón de ser. Las palabras de Ken me han afectado más de lo que creí. Tiene mucha razón. Nos hizo dar con la realidad, asumir el posible escenario de nuestras vidas sin Daisuke. Nos hizo recordar el sacrificio de nuestros amigos, de los Digimon que dieron sus vidas por nosotros. Esos sacrificios no se toman a la ligera, y estábamos tomando el de nuestro líder de esa manera.

¿Pero por qué sigo pensando que si Daisuke no despierta sería algo beneficioso para nosotros? La oscuridad está invadiendo mis pensamientos, no debo dejarme vencer. No te dejes vencer, Hikari. Por alguna razón te llamas de esa manera. Eres la luz y la luz siempre debe prevalecer. No es fácil ser perseguida por las tinieblas, ¡yo puedo vencerlas!

—Hermano… Tk… Gatomon…

Es imposible pretender ser fuerte.

Apoyé su mano en mi rostro, sobándola en mi piel. Puedo pretender el noviazgo, puedo pretender ser más fuerte, puedo pretender ser dependiente, puedo pretender todo lo que quiera pero lo que más me cuesta pretender es lo que tengo frente a mis ojos.

—Tk… no te odio. Nunca lo he hecho. Puedo actuar a veces con egoísmo, dejar que mis sentimientos influyan en mi comportamiento. Tal y como esa vez en la que mi hermano se encontraba en problemas la primera vez que fuimos al Digimundo con Daisuke y se unió Veemon. He crecido y eso ha sido gracias a ustedes tres. Gatomon siempre confió en que lo haría, no pienso decepcionarla. Quiero amistarme contigo, quiero que volvamos a ser como antes… ¿recuerdas cuando nos enfrentamos contra Piedmon? Lo último que se pierde es la esperanza y me lo recodaste ese día cuando caíamos luego de que cortara la soga— sin notarlo, lágrimas caían por mis mejillas, —La luz y la esperanza deben prevalecer. Ahora comprendo el por qué. No es dependencia, es el hecho que siempre tenemos que cuidarnos el uno del otro. Cuidarnos mutuamente. Esta sensación, esta amistad… es muy bella para ser llamada amor.

Y no pienso perderte. Si se va… si mi mejor amigo desapareciera, la única persona con la cual no podría vivir sin…

Una sensación de calidez irradió mi cuerpo, iluminándolo con una tenue luz. Finalmente comprendí una porción de mis sentimientos. No sé si lo que siento es amor pero no pienso perder a una persona tan importante como él. Al fin me encuentro en paz con respecto a aquello. Una pequeña sonrisa se escapó mientras pasaba esta energía hacia el rubio que siempre ha estado en mi vida. Ahora solo es cuestión de poner en claro la otra mitad, la mitad que me atemoriza, mi situación con Daisuke. Nunca quise que esto sucediera. Cuando despierte tengo que disculparme, de tener estos pensamientos terribles, traicioneros.

Lo siento, líder.

—¿… Kari?

Su voz fue todo lo que necesitaba para dejar fluir mi agonía. El llanto no fue silencioso. Esta vez salió de manera sonora, escandalosa. Hipos se mezclaban con mis gemidos llenos de desdicha. Tanto abría mi boca que podía sentir el sabor salado de las lágrimas. Hace mucho tiempo que no me sentía tan vulnerable. Quería contestarle, decir algo. Mi voz no salía, mis palabras eran inentendibles. Aun así, me apoyé en su cuerpo, el cual todavía se encontraba esparcido sobre la dolorosa arena. Mi luz pasó a él. Al fin… al fin pude hacer algo bien.

—Kari… si te pones así no me vas a dejar respirar—soltó junto a una diminuta risa.

—Cállate—logré balbucear, con mi rostro apoyado en su estómago—Cállate.

De manera inesperada, siento como su mano empieza a sobar mi cabello. Me sentía como una niña, como un bebé siendo consolado. Aquello no detuvo mi llanto, más bien lo incrementó. Hace mucho que no sacaba este lado mío.

—Tranquila… vamos a salir de aquí. Lo hemos hecho una vez, no será difícil una segunda.

No estoy llorado por eso. Estoy llorando por ti.

—Espera… me equivoqué. Esta es la tercera vez, ¿cierto? Para mí la segunda. Que tonto soy.

No sé si está intentando animarme o molestarme. De todas formas, siento que está dando resultado. Su mano seguía sobando mi cabello, mientras que la otra se mantenía aferrada a la mía. Sentí cómo le puso más fuerza.

—Te sacaré de aquí, sea lo último que haga—murmuró.

Su cuerpo intentaba levantarse, lo cual hizo que me alejara de su calor. La luz que provenía de mi interior disminuyó tras haber cumplido con su misión. Ahora ambos, sentados, nos observamos en silencio. Mis ojos casi canela mezclándose con el azul tan profundo, tan hermoso que posee. Una vez más, su mano derecha se hizo camino a mi rostro, mientras que la izquierda no se soltaba de la derecha mía. Pasó de manera gentil y delicada la yema de sus dedos, tan suaves como la piel de un recién nacido, para secarme las gordas lágrimas que recorrían mis pómulos. Esta inocencia, tan pura y tan bella. Sentía mi corazón latir pero en menor intensidad. Definitivamente, esto que tenemos entre los dos es algo tan maravilloso para ser llamado amor.

—Lo siento, es mi culpa que estemos aquí. No creí que te llamaría a ti de esta forma—solté junto a un suspiro por tanto lloriqueo—El intercambio de palabras que tuvimos con Ken me afectó más de lo que pensé…

—No es tu culpa, Kari. No eres la única con pensamientos negativos junto a esta sensación tan… oscura.

Sus ojos se nublaron, tratando de camuflar sus emociones. Me dolía estarle ocultando a Tk mis motivos de haber sido secuestrada una vez más por este mundo pero es cierto que él está haciendo lo mismo. Quizás, repito, lo de Ken fue lo que colmó el vaso. Ambos nos encontrábamos sumidos en las tinieblas que agobiaban nuestros corazones, hasta que su voz fue liberada, haciéndonos tomar noción del sacrificio. Nos quedamos en silencio, solo escuchando el rugir del mar. Estoy segura que algo está por suceder. No es casualidad que ambos hayamos sido llamados a la misma vez.

—Ahora la cosa es… ¿cómo nos vamos? No creo poder abrir otro portal como hace años…—suspira derrotado—Si tan solo Patamon estuviera aquí podría pedirle que digievolucione a Pegasusmon y así buscar una salida.

—Todo está tan desolado, tan oscuro… no están los Divermon que ayudé… que al final no resultaron serlo, sino más bien la misma oscuridad que provenía de su… amo en las profundidades. Si no hubiésemos destruido el faro quizás no se sentiría tan pesado este poder. No sabemos si Daemon o aquél Digimon que es el reinador de este lugar hayan sentido nuestra presencia. No quiero quédame más tiempo aquí y averiguarlo. Tenemos que hallar una forma de irnos, y rápido.

Por más que sepa que algo está por suceder, no quiero saber qué es.

—Tienes razón—asintió, rompiendo nuestro intercambio de miradas para dirigirla al océano—Hay que darnos prisa.

Cuando sentí que se iba a levantar hice lo mismo. No quiero que nuestras manos se separen. Dudo que él se haya percatado, espero que si lo nota no me deje. Empezamos a caminar a lo largo de la orilla sin dirección alguna. El agua salpicaba en mis sandalias, mi vestido de verano se mecía con la brisa y mi cuerpo se enfriaba. Mi casaca blanca que traje para abrigarme se encontraba en el mundo real, en la sala de la casa de Miyako. Me pregunto cómo se encontrará. De seguro está asustada, sin saber qué hacer. Lo que menos quiero es preocupar a alguien más o hacerlo sufrir. Debemos encontrar la salida pronto. Traté de pensar en algo más, en distraerme. Si esta fuese una situación normal, una playa ordinaria bajo el abrumador sol del verano, uno pensaría que somos una pareja de enamorados, disfrutando de un momento a solas. Sorprendentemente, solo me ruboricé un poco, agachando la vista y dirigiéndola a la arena. Todavía hay tiempo de enmendar los errores provocados. Quizás algún día pueda hacer eso. Tanto con Tk como con Daisuke. Mi cuerpo empezó a temblar por el frío, la temperatura debe haber bajado al estar tan cerca al océano y sin ni un rayo de calor. En eso, nos detuvimos. Perpleja, examiné cómo se quitaba su abrigo, revelando su camisa blanca.

—Toma—el amigo que creo estar recuperando me observa, extendiendo el suéter verde que llevaba puesto—Tienes frío, ¿no? Puedo sentirlo.

La unión de nuestras manos me delató, esta se movía ligeramente a la suya. La acepté, sintiendo la lana entre mis dedos de la mano contraria. No quería separar esta unión, entonces solo la coloqué en mi espalda, formando un nudo entre las mangas en mi cuello. Una vez más, mi rostro tomó un color rosa sin tener que enfrentar un latir frenético. Mi corazón se encontraba en paz, es un alivio. Espero que lo mismo suceda pronto cuando Daisuke logre despertar.

¿Acaso no han pensado que cuando despierte no recuerde nada? ¿Qué le de amnesia?

Nuevamente pensamientos negativos. Ken tiene razón. Si Daisuke despierta y no recuerda nada… no sabría qué hacer. Todos esos recuerdos que he hecho con él quedarían en el olvido. Su sacrifico sería en vano, no quiero que eso suceda. Sería como vivir en una interminable pesadilla. Todo por mi culpa, ¿por qué cuando todo parece estar bien se me vienen estos pensamientos? Es como si la oscuridad jugara con mi mente.

—Kari… ¡oye, Kari!—su voz me sacó de mi trance—¿Me parece o esa es una persona?

Vi como su mano libre, la derecha, señalaba con el dedo índice hacia un extremo de la playa. Dirigí mi vista hacia la silueta que se encontraba adentrándose al mar, al Mar Oscuro. Su figura era casi imperceptible ni visible, como observar una mala señal televisiva. Su contorno se me hacía muy familiar, vagamente familiar. Exploré cada detalle por más imposible que sea. Su cuerpo gris, mezclándose con el ambiente que nos rodea, logró revelar algo de color. Una bufanda que manifiesta todo color característico del otoño. No es posible. No quiero creer lo que estoy viendo. Por qué… ¿qué tendría que hacer ella aquí? Acaso… acaso las voces que decía escuchar… ¿era la voz de este mundo? ¿Por qué ella? La oscuridad que carga en su corazón… ¿es tan fuerte? ¿Tan poderosa? Creí que solo ciertas personas pueden acceder a ese mundo, las personas que han establecido contacto con el Digimundo… ¿será que ella es uno de nosotros?

—Fūka…

Sin querer, su nombre escapó de mis labios. Tk empezó a estrujar mi mano, sin poder creer lo que estaba viendo. Intercambiamos miradas, confundidos, creyendo que solo era un sucio truco más de este lugar tan tétrico. Sin embargo, nuestras dudas fueron disipadas cuando nos percatamos que empezó a adentrarse al océano, su cuerpo haciéndose mucho más lúcido con cada paso que daba ante las feroces olas del mar. Aquella chica se encontraba próxima a ingresar de manera corpórea al Mar Oscuro. Si prosigue, es muy probable que acabe con su vida. Tambaleante, su cuerpo cedía a la tentación. Sus movimientos se asemejaban a un cadáver viviente, inclusive como una marioneta barata. Quizás esta pesadez que estamos sintiendo son los sentimientos guardados en el corazón de Fūka.

Puede sonar descabellado pero no puedo evitar creer lo que estoy pensando… es muy probable que no hayamos sido invocados a este mundo por mera casualidad. Ambos somos parte de la vida de Fūka. Si es así, entonces… el Mar Oscuro… ¡tenemos que hacer algo, pronto!

—¡Tk!— traté de hacerlo entrar en razón, su rostro expresaba angustia tras verla ahí.

Definitivamente, Tk está enamorado de ella.

—¡No entiendo! ¿Qué hace ella aquí? ¡Es imposible!—su apretón cada vez dolía más.

—¡Tk, cálmate!—apoyé mi mano libre en su hombro, solo para ser violentamente alejada. Aun así, no nos separamos.

—¡¿Cómo quieres que me calme?! ¡Esto no es normal! Ella no debería estar aquí, no hay razón alguna, ¡entiende!

No comprendo cómo fue que sucedió, pero mi mano dio directo con su rostro, dejando a atrás un estruendo que rompió el sonido de las olas. Hace mucho tiempo que no le alzaba la mano a alguien, y debo admitir que no pensé que la primera persona a quien se lo hiciera sería a él.

—¡Tk, escúchame!—le imploré, mientras que hundía su mirada en el pequeño flequillo que posee, camuflándolo con su gorra—Podemos pensar en razones después. Lo importante en este momento es sacar a Fūka de ahí. Es por esta razón que vinimos, ¡¿qué estás esperando!?

Estoy segura que el Mar Oscuro nos trajo para salvar a Fūka. Sabían que esto iba a suceder. Espero estar en lo cierto.

—Kari…—tanta inseguridad, el temor que siente, no dejaré que esas emociones pasen hacia mí. Soy la luz que guía el camino, que guía tu camino. Si la esperanza cae, la luz tendrá que iluminarla de vuelta, ser el faro de su vida—Lo siento, no sé qué fue lo que me pasó.

—Lo importante es que ya volviste a ser tú mismo—dije llena de alegría—Vamos a salvar a Fūka, juntos.

Sentí en mi pecho un florecer tan acogedor que no pude evitar sonreír al verlo asentir. Decididos, ambos empezamos a correr hacia la muchacha que forma parte importante de nuestras vidas. Alguien a quien solía ver antes como un personaje de fondo tras todos estos años bajo la misma escuela, alguien a quien nunca le presté la debida atención hasta que entró a mi cotidianidad bajo el sufijo de enamorada. Todas las cosas suceden por una razón, no pienso quedarme tras bambalinas, viendo cómo se destruye a sí misma. Sé que está adolorida. Todo esto que nos rodea, su desconsuelo. Nosotros vamos a acabar esta tortura, tanto así que estoy segura que la oscuridad temerá entrar a tu corazón una vez más. Seremos tu luz y tu esperanza.

La fricción que rozaba nuestros cuerpos, unidos el uno con el otro mientras nos apresurábamos hacia ella, no era de gran importancia para nosotros. Cada vez se adentraba más, temíamos no llegar a tiempo mas sabíamos que lo lograríamos. Es un sentimiento muy complicado de explicar, tanto así que podría pasar semanas escribiéndolo sin poder legar a una definición concreta. El temor que nos poseía estaba siendo ahuyentado por nuestro furioso ímpetu. La mitad de su cuerpo se encontraba sumergido en las profundidades, con esa mirada de apática la apoderaba. Tan fría como el hielo, capaz de penetrar el alma tal y como una mirada clarividente. Ignorando nuestra presencia, tras encontrarnos nosotros adentrándonos al mar, siguió su camino. La marea se encontraba alta, el agua congelada. Mi cuerpo sufriendo por el brusco cambio de temperatura, rogándome a que saliera, que si no lo hacía pronto podría sufrir de hipotermia. La figura de Tk se encontraba delante de mí, el ver su espalda me recordó a que no me debo rendir, que debo de seguir luchando. Sé que Fūka puede ser algo rara, tímida, aunque a veces demuestre tener un alto temperamento. También presenta un grave problema de crisis de identidad, o eso es lo que creo yo, pero todo eso la hace especial. Sé que es imposible que haya querido lastimar a Daisuke de manera adrede. Todo error se puede perdonar, si logras expiar, reparar tus errores, saber que los has cometido y vivir con ellos siempre mirando al frente, mostrando arrepentimiento y superarlo, el mundo sería un lugar mejor. Ken, ¿no lo entiendes? Daisuke hizo lo mismo contigo cuando solías ser el Emperador. A nosotros nos costó, eso es certero, pero aun así no nos rendimos contigo, te aceptamos por quien eras y a tu pasado. Si la conocieras, notarías que es un alma perdida, tal como solías serlo. Estoy segura que si eso llegase a suceder, notarías que son muy parecidos el uno con el otro. En el sentido de ahogarse en sus sufrimientos, lamentos, oscuridad. Es por eso que Daisuke… no, estoy segura que Daisuke comprende, que él ya sabía de ante mano por lo que Fūka está pasando. Ustedes dos que se dejaron llevar por el poder de las tinieblas, que cometieron actos destructivos en contra de vidas, que experimentaron como nosotros lo que es el sacrificio, pudieron obtener perdón. Puede sonar extraño todo lo que estoy pensando pero, Daisuke, Ken, gracias. A Daisuke por mostrarnos el poder, la capacidad que tiene el ser humano para perdonar, y Ken, gracias por hacernos abrir los ojos y dar con la realidad. Si no fuese por ustedes dos, es muy probable que no estuviésemos aquí, salvándola.

El agua daba contra nosotros, podría decirse que andábamos contra viento y marea. Tk alzó su brazo para protegernos de una ola que se avecinaba hacia nosotros. Nos tragó como sus víctimas, hambriento y poderoso. Ambos logramos sacar nuestras cabezas para inhalar aire. Desubicados, volvimos a buscarla, solo para percatarnos que estaba a punto de experimentar lo mismo que nosotros. Una ola nueva vino, mucho más poderosa que la anterior. La oscuridad estaba reclamándola, sacando cada minúscula vida que quedaba de ella. Cuando dejó de existir en la superficie, mi temperatura bajó más de lo normal. No podemos perderla ahora. Diminutas burbujas provenían del lugar donde solía estar. Tk dio un largo respiro, cosa que imité, para sumergirnos una vez más, luchando contra la sensación de desesperanza que emanaba de la muchacha de cabello almendra. Por más que abriésemos los ojos bajo el agua, la atmósfera era muy fuerte para nosotros. Debemos prevalecer.

Debería morir.

Su voz, escucho su voz.

Todo es culpa mía. Si yo muriera, nadie estaría pasando por esto. Si yo muriera, el crimen que cometí con Daisuke no hubiese sucedido. Eso es, si yo muriera, si yo me fuera, todo sería un lugar mejor.

Estas equivocada. Te equivocas, Fūka. No es lo que tu crees. Piensa en todas esas personas que dejarías atrás, se te está dando una segunda oportunidad. No la desperdicies, por favor.

Espero que Mihara pueda perdonar mi egoísmo. No quiero dejarte sola… pero si desaparezco será lo mejor para ti. Te causé suficientes problemas años atrás, no quiero que vuelva a pasarte lo mismo. Tu hermana casi se vuelve en una asesina, no merece el perdón que se le ha otorgado.

¡No! Todo menos eso. No debes desperdiciarla, este amor que te tenemos, este afecto. Eres parte de nuestras vidas y te va a costar muy caro salir de ellas. Repentinamente, sentí como nuevamente podía respirar. Tk parecía estar pasando por lo mismo, ya que se detuvo en seco mientras flotábamos en las profundidades. Un destello provenía de la unión de nuestras manos, formando una capa protectora entre ambos. Una vez más, el silencio fue participe de nuestras emociones, con tan solo intercambiar miradas nuevamente, asentimos con decisión. El cuerpo de Fūka seguía cayendo, dejando un delicado y fino camino de burbujas por detrás. Aquél cálido resplandor fue directo hacia ella, guiándonos. Todo sucedió tan rápido y la luz quemaba mi cuerpo y mirada.

—…ayu…da—tan fina como papel de arroz, aquellas palabras llenas de súplica escapaban de sus labios palidecidos por la falta de oxígeno—Ayu…da.

Este mundo no es tan cruel como piensan que es. Y te lo demostraremos. Te guste o no.

—¡Fūka!—me dolía, me duele tanto el grito que estoy dando, siento que ahora comprendo un poco mejor su complejo corazón.

—¡Hinanawi!

Menos esperé escuchar la voz de Tk, sus ojos a punto de estallar en un mar de lágrimas camuflado por este vasto océano, ahora sumido en la luz. Definitivamente, no queda duda alguna. Él está enamorado de Fūka. Para llegarse a preocupar tanto por ella, de esa manera, de esa manera tan envidiable… quizás lo que estoy viendo es para hacerme dar cuenta de lo que tengo frente a mí y valorarlo. Cuando Daisuke despierte, estoy segura de tener mis sentimientos resueltos para ese entonces. Lo que estoy viendo, debe ser así como él actúa. Soy una estúpida por pasarlo por desapercibido todo este tiempo.

Flotamos de manera gentil hacia el cuerpo de la muchacha. Su bufanda intacta, apegada a su cuerpo. Su pijama que debería estar mojado por el mar, se encontraba seco. Su respiración casi cortada, botando el agua que invadía sus pulmones. Su rostro manifestando tranquilidad, alivio. Parecía una muñeca de porcelana, frágil. Temía romperla con tan solo tenerla en brazos con Tk. Sus datos parecían estar estabilizando, su piel grisácea retomaba su color original, un bello durazno. Una sonrisa apareció, murmurando.

Gracias.

El brillo que provenía de nuestra unión iluminó a más no poder nuestra locación, sacándonos del mar, regresando a la orilla. El cuerpo de Fūka seguía con nosotros, desintegrándose. Debe estar volviendo al mundo real, el sitio al que pertenece. Verla de esta manera, es algo muy desconcertante de observar si uno no está acostumbrado a ver partículas de datos desvanecerse frente a sus ojos. Una vez que se esfumó por completo de este mundo, no pude evitar gritar de alegría.

—¡Lo logramos, Tk! ¡Lo logramos!

Me apegué a él, aferrándome a su cuello de manera infantil, aplastándome el rostro con el suyo, riendo inocentemente. No me importaba nada más. Tan solo deseaba sacar la inmensa alegría que siento tras salvar a alguien. Eso significa que tengo chances para salvarme a mí misma. Todavía puedo enmendar las cosas del pasado para vivir un mejor presente. También te doy las gracias, Fūka. Estaré eternamente agradecida contigo. Por más que sigamos en una dicotomía por el accidente, sé que los demás tendrán compasión contigo.

El rubio parecía desconcertado por mi repentina muestra de afecto. No obstante, me sonrío de vuelta, ligeramente ruborizado, o eso me pareció, —Sí, lo logramos, Kari. Gracias, gracias por ayudarme a encontrar lo que me faltaba. La pieza final de este rompecabezas—

—Sabía que no fue por casualidad. Puede ser que también nos encontremos sumidos en la oscuridad, que perdamos nuestro camino. Tuvimos la suerte de que este desvío no fue para mal. Salvamos a Fūka y, a la vez, a nosotros mismos. Siento que puedo enfrentarme ante cualquier cosa en este momento—mi felicidad parecía una enfermedad, contagiándolo dado a que seguía con la misma expresión, sin soltar mi mano.

—Me alegra escuchar eso, no sabes cuánto. Extrañaba a esta Kari—soltó de manera natural—Regresemos a casa, a nuestro mundo. Miyako debe estar con un ataque de locos.

¿Extrañar a esta Kari? ¿Extrañaba esta parte de mí?

Algún día comprenderé esta ambivalencia.

—A no ser que le haya dado una crisis nerviosa—repliqué de manera juguetona—Regresemos.

Le pedimos, mediante una plegaria, a la luz, que nos regrese al lugar al cual pertenecemos. Pero no sin antes, percatarme de algo. Alguien más estaba en la playa, hundiéndose en el Mar Oscuro. No podía creer lo que estaba viendo. Mi alegría fue reemplazada por terror. Él logró verme, una palabra formándose en sus labios.

«Lo siento, Natcchan»

¿Daisuke?

Aquello resultó de manera inmediata, ya que sentí como mi alma descendía hacia mi cuerpo, creando una sensación repulsiva, queriendo vomitar tras experimentar una mezcla en la boca del estómago. El apretón que Tk me dio fue suficiente para retomar la compostura. Él había pasado por lo mismo, indicándome que todo estaba bien. La banda sonora que nos recibió fue la voz de la muchacha de cabello lavanda, de mi mejor amiga. El tan solo escucharla me hizo hundirme en regocijo. Hemos regresado.

—Sí, señora Takaishi no se preocupe. Se ha hecho un poco tarde y nos quedamos dormidos luego de tomar té tras tanto estudio. Claro, de acuerdo, yo le digo—con la mirada borrosa, logré divisar como dejaba el teléfono, para luego suspirar—El único problema es Kari. Nadie contesta en su casa, Tai debe de andar fuera, ¿ahora qué hago?

Sin percatarse de nuestra presencia, los dos nos ayudamos mutuamente para hundirnos en la mirada del otro. Cuando Miyako ingresó a su sala, escuchamos el sonido del vaso de cerámica que llevaba en manos, aparentemente lleno de algo de tomar, se rompía en miles de pedazos. Me pregunto si ella se encontrará de la misma manera. Lágrimas empezaron a salir, atorándose en sus redondos lentes.

—Estamos de vuelta—susurramos entre los dos, sin separarnos.

—¡No saben cuánto los detesto por preocuparme de esta manera!—hizo un puchero antes de lanzarse hacia nosotros—Son unos tontos, ¡siempre hacen lo mismo!

Empezamos a consolarla, como si fuéramos padres. Ambos sonreímos con ese pensamiento en nuestras mentes, salvo que yo cargaba uno más.

¿Qué haría Daisuke en el Mar Oscuro? Él… él está en coma… a no ser que estemos equivocados sobre eso, además, ¿quién es Nat-chan?


Digimundo


De manera simultánea, mientras Kari y Tk se encontraban salvando a Fūka de su cruel destino, la aldea del Inicio se encontraba sumida en paz bajo el velo puro de la estrellada noche. En una pequeña casa hecha de madera, se encontraban tres Digimons. Veemon, Patamon y Gatomon dormían plácidamente uno con el otro alrededor de un gran huevo, con un cascarón cubierto de corazones de rosa pastel. En eso, empieza a moverse, como contestando a un llanto de ayuda. Un leve gruñido sale del dinosaurio color azul.

—¿Quién está haciendo eso? No dejan dormir…—sin poder terminar, le cae un golpe en la cabeza—¡Hey!

—¡Silencio! O vas a despertar a mi bebé—Gatomon acababa de darle con la cola, dejándole una marca por su anillo mágico.

Patamon despertó dando un gran bostezo.

—Ya, ustedes dos, es suficiente. El bebé no va a poder dormir.

—¡Pero si tan solo es un huevo!— exclama Veemon, exasperado.

—¡No es un huevo, es mi bebé!—Patamon y Gatomon parecían ofendidos por el comentario, replicando en unísono. Ambos se miraron confundidos, sin entender su gran sobreprotección mutua con respecto al huevo.

Los tres Digimons observan con suma curiosidad al verlo girar.

—Les dije que no era yo.

Ignorando el comentario del compañero digital de Daisuke Motomiya, los representantes de la luz y la esperanza empiezan a pensar en posibles motivos. Algunos ridículos, otros factibles, hasta que la felina da con uno que suelta en voz alta.

—¡Debe estar por nacer!—sus ojos llenándose de un brillo lleno de felicidad—¡Mi bebé va a nacer! ¡Mamá no puede esperar a verte!

—¡¿Ahora que debería hacer!? Así se debe sentir un padre en el mundo humano, um… um… ¡Un lugar donde la madre pueda reposar!—Patamon parecía haber entrado en paranoia.

—Oigan…—suelta el dinosaurio, —Parecen padres a punto de dar a luz.

Por más que se haya expresado de manera incorrecta, los otros dos reaccionaron de manera inesperada, cubriendo sus rostros por la tontería que había salido de los labios de Veemon y olvidando el problema en mano.

—¡Es un huevo, solo debo darle calor a mi bebé! No es como si fuese a dar a luz—se le escucha refunfuñar a ella, para al final terminar algo decepcionada —Eso solo pueden hacer los humanos.

De manera frenética, el huevo no dejaba de moverse, tanto así que empezó a irradiar una fuerte luz que los encegueció. Cuando finalizó, abrieron los ojos, desconcertados.

—¿Qué acaba de pasar?—preguntó Veemon inocentemente.

—Fue una falsa alarma—comenta Patamon—El bebé todavía no va a nacer.

Las orejas de Gatomon descienden, su cola bajando para arrastrarla en el piso, expresando su tristeza y decepción. El compañero de Tk se le acerca, colocando una de sus pequeñas patas en su hombro como apoyo.

—Lo importante es que no le sucedió nada.

El dinosaurio color azul tan solo observaba satisfecho al ver los resultados positivos.

Ahora, lo más importante es qué era esa luz y por qué fue hacia el cielo. Al parecer las cosas en el Digimundo están volviendo a alterarse. Espero no sea nada malo.


Hospital


Ken Ichijouji se encontraba caminando entre los pasillos del desolado hospital. Esta no era hora de visitas; sin embargo, el exploraba libremente el lugar, pasando habitación por habitación, sus dedos sobre cada placa, sintiendo su fría superficie con los nombres escritos en malgastado papel. Su mirada, sumida en melancolía, da con el nombre Motomiya. Su mano lentamente empezó a tomar una forma redonda, para que sus nudillos choquen con furia en la placa.

—Daisuke… sé que ellos tienen razón. Sé que la vas a perdonar cuando despiertes. Igual no puedo evitar sentir que no merece perdón, ¿acaso así se sentían ustedes hacia mí años atrás, cuando era el Emperador?

Lleno de dudas, se aleja del lugar, acelerando sus pasos para apresurarse y no tener que sumirse en cosas del pasado. Sus zapatos haciendo contacto con la liza superficie hacían eco en el corredor. Al sentir que se encontraba a una distancia segura, se percató que se encontraba frente a otra puerta, con un nombre también familiar. Sonrió de manera irónica.

—No puedo creerlo.

Dicha puerta se encontraba entreabierta. Deslizó su mano para revelar una silueta humana, observando la ventana. La luz de luna caía directamente en su rostro, bañándose en la luz de la luna.

—Que sorpresa, no esperaba tu visita. Hace mucho que no nos vemos, Ichijouji.

Tras ingresar en la habitación, Ken saca un pedazo de cartón del bolsillo. Era una tarjeta con la palabras Permiso Especial impresas en rojo. Una tarjeta o mejor dicho pase especial para aquellas personas con relativos cercanos en estado crítico, para poderlos visitar en cualquier momento.

—No tengo motivo alguno para visitarte—replica de manera venenosa—No es como si fueras parte de mi familia.

—Vaya, eso puede ser cierto pero, aun así hay cierto grado de responsabilidad, Emperador— una risa juguetona se escapa de sus labios, —Sabes que la vida de Daisuke peligra, por eso viniste. Sabes que tiene que ver conmigo y … con ella.

Hizo un gesto de disgusto, apretando sus dientes.

—Es suficiente, Tokino. Dime todo lo que sabes.

—Pero, Ichijouji… te dije todo. Tu sabías perfectamente lo que le iba a suceder a Daisuke si Hikari y Takeru seguían actuando de esa manera—su tono de voz bajó varios decibeles, para sonar amenazadora—Te advertí.

El silenció volvió a reinar, para que la persona lo rompa.

—Dejando eso de lado, ¿cuándo vas a empezar a llamarme por mi nombre luego de tantos años? ¿O acaso es parte de tu negligencia al evadir esta responsabilidad?

—Jamás. Para empezar, no esperes ese trato luego de que tu hagas lo mismo—responde él—Sé que fue una advertencia pero...

—No se lo dijiste a Daisuke, ¿cierto? Ah, Ichijouji. Nunca vas a poder escapar de la oscuridad con esa actitud. Sabes muy bien que Daisuke se está corrompiendo todo gracias a esos dos amiguitos tuyos de niños elegidos… ¿alguna vez te has preguntado sobre esa fiesta que hizo su líder? ¿No notaste algo inusual ese día?

¿Algo inusual? Daisuke se comportaba como siempre, los demás chicos también… aunque ahora que lo dice, ese día cuando andábamos en el supermercado buscando algo para beber que contuviera alcohol, Daisuke habló de manera muy peculiar hasta que lo perdí de vista. Luego en la fiesta dijo que fue para conseguir algo de tequila… ¿cómo pude ser tan ciego y no notar que algo pasaba por su mente? Soy un pésimo amigo, lo siento, Daisuke.

—Creo que estás empezando a darte cuenta. Y ahora que Hina entró al escenario. Ella, ella la causante de todos los problemas, va a hacer que Daisuke finalmente se pierda, ¿vas a hacer algo al respecto? ¿O lo dejarás en mano de esos dos chiquillos que juegan a pretender al igual que tu mejor amigo?—ladea su cabeza a un lado—En fin, ese no es mi problema. Tan solo soy una porta voz. Ese mundo está inusual. La persona que debería protegerlo no parece poder controlarlo más tiempo. Si nadie actúa pronto va a terminar tragándolos a todos por sus relaciones, incluyendo a los hermanos de ellos dos, la chica a quien aman… inclusive a tu persona especial.

—¡No metas a Miyako en esto!—exclamó desde lo más fuerte de su ser.

—Como te dije, eso no es problema mío, Ichijouji. Si la luz y la esperanza no hacen las paces una nueva catástrofe vendrá. Eso es todo lo que puedo decir. Y también si no se apresuran pueden perder a su líder ante este poder tan tentador. Me pregunto cómo se vería Daisuke sumido en la oscuridad.

Ken se mantuvo en silencio, analizando la situación. Volviendo a sentir como incrustaban su corazón con filudos cuchillos al escuchar a la persona referirse a él como Emperador.

Nunca creí que el mundo de la oscuridad se encontrara tan interesado en todos nosotros. Tanto así para influenciar nuestras amistades. Si no fuese por eso, ¿Kari y Tk se hubieran amistado de manera rápida? ¿Tan necesaria es su unión para acabar de una vez por todas ese poder y salvar a Daisuke de su perdición?

—Fue un gusto volver a hablar contigo después de tiempo, Emperador. Si sigues con esa actitud nada va a dar resultado. Espero vengas más seguido. Estoy segura que Osamu querría lo mismo.

La oscuridad se apoderó de la habitación, sin dar espacio a la luz de luna.


Por más que parezca innecesario, la inclusión de Ken en la historia es relativamente importante. Ahora las cosas están tomando otro giro. Quién será esta persona y por qué dice que la ruptura entre Tk y Kari estuvo planeada? Qué cosa sabía Daisuke cuatro años atrás antes de la fiesta? Además, qué es de ese Digihuevo? Espero la historia siga siendo de su agrado y sientan que no ha perdido sentido. Ah por cierto, la persona se refiere a Ken como —Ichijouji-kun— con una voz delicada pero ya sería muy extraño dejarle ese honorífico. Si es así tendría que usarlo en todos los personajes. Nos leemos pronto!